La reacción de Danger ante su “invitado” fue rápida y automática, y pasó sin que mediara ninguna premeditación de parte de ella. Sacó su daga y la lanzó directamente al corazón del hombre.
Para su conmoción, él explotó en polvo dorado como cualquier buen Daimon.
Kyros había tenido razón. El hombre estaba…
¡Entrando en el cuarto desde la entrada sobre su derecha!
Quedó boquiabierta mientras él se deslizaba por el cuarto con un arrogante contoneo y una no menos divertida sonrisa de satisfacción. Él la perforó con una mirada divertida mientras se movía para pararse delante de ella. Su daga salió disparada del piso, donde esta había caído después de que él explotara en polvo, a su mano.
Él se la presentó, la empuñadura primero. Era dolorosamente obvio que no temía que volviese a usarla en él otra vez.
—Por favor, ¿podrías abstenerte del teatro? Realmente odio hacer esto. Realmente me cabrea y arruina una camisa perfectamente buena.
Danger siguió boqueando mientras miraba fijamente el agujero en su suéter de cuello alto negro donde la daga había entrado. No había nada de sangre. Ninguna herida. Nada. Ni siquiera una señal roja. Era como si no lo hubiesen apuñalado en absoluto.
Estoy soñando…
—¿Qué eres? —susurró ella.
Él le dirigió una seca y casi aburrida mirada.
—Bien, si hubieras escuchado antes de apuñalarme, hubieras oído la parte de… “soy el Escudero de Acheron”. Al parecer, eso de algún modo evitó tu oído y me confundiste con un alfiletero.
Ciertamente era un bastardo estirado. No es que ella no mereciera un grado de esnobismo teniendo en cuenta que acababa de intentar matarlo. De todos modos, podría ser un poco más comprensivo, especialmente si Stryker y Kyros fueran a ser creídos, él había sido enviado aquí para matarla.
—Él tiene unos talentos realmente encantadores, Danger —dijo Keller desde el sofá—. Hizo a todos los Daimons explotar sin tocarlos, pero no me dirá como lo hizo.
Danger tomó su daga de la mano de Alexion; entonces, sin pensarlo, tocó el rasgón en forma de lágrima en el suéter negro. Él se sentía sólido debajo. Real. Allí estaba la piel fría bajo el tejido de seda y lana, era duro y masculino.
Aunque los seres humanos no explotaban como Daimons y ningún Daimon reaparecía después de la muerte…
En ese momento, estaba aterrorizada de él, y terror no era algo que Danger St. Richards sintiera. Jamás.
Alexion rechinó sus dientes ante la sensación de sus suaves dedos sobre su carne. Su cuerpo rugió a la vida mientras la miraba examinarlo como una científica con un experimento de laboratorio que había salido trágicamente mal. Ella era muy baja para ser una Cazadora Oscura, lo que significaba que Artemisa le tenía una inusual simpatía a la mujer. La diosa prefería crear Cazadores Oscuros que estuvieran iguales en altura a los Daimons contra los que luchaban.
Con no más de un metro sesenta o poco más, Dangereuse era menuda y atlética. Él la había visto muchas veces últimamente en la sfora mientras vigilaba a los Cazadores Oscuros de Mississippi que se rebelaron.
Hubo algo en ella que atrapó su interés. Una inocencia que todavía parecía estar dentro de ella. La mayor parte de los Cazadores Oscuros estaban hastiados por sus traiciones humanas y muertes, y por los deberes impuestos. Pero ésta… parecía haber evitado el cinismo que la vida eterna a menudo traída.
Desde luego, ella era joven para los años de un Cazador Oscuro.
De todos modos, sería una pena verla perder ese brillo interior que seguía permitiéndole disfrutar de su inmortalidad. Cómo desearía poder sentirlo también. Pero demasiado tiempo y la carencia de esperanza lo habían privado de ello.
Su oscuro, castaño cabello lo llevaba en una larga trenza, colgando en su espalda, pero algunas hebras se habían escapado para rizarse recatadamente alrededor de su pálido rostro. Sus rasgos eran angelicales y delicados. Si no fuera por su porte y seguridad en sí misma, hubiera parecido frágil.
Y aún así, no había nada frágil en ella. Dangereuse podía más que cuidar de sí misma y él bien lo sabía. Como una de los Cazadores Oscuros más nuevos, tenía sólo un par de cientos de años y había muerto intentando salvar a la mitad de su noble familia de la guillotina en Francia durante la revolución. Ésta había sido una tarea monumental que se había impuesto, y si no hubiera sido traicionada, habría tenido éxito.
Por no mencionar que la mujer tenía la boca más besable que él jamás hubiese visto. Llenos y exuberantes, sus labios eran de la clase que un hombre soñaba degustar de noche. Aquella boca lo llamaba ahora con tentación y la promesa de un puro e inalterado cielo.
Ella también olía a magnolias dulces y a mujer.
Habían pasado más de doscientos años desde que había tomado placer del cuerpo de una mujer. Y apenas podía evitar no bajar la cabeza y enterrar su cara contra su tierno y suave cuello e inhalar el aroma de ella. Sentir la suavidad de su piel contra sus labios hambrientos mientras probaba la flexible carne.
Oh, tener su ágil cuerpo presionado contra el suyo, preferentemente mientras ambos estuvieran desnudos…
Pero, considerando su primera reacción ante su presencia, no creía que ella reaccionaría mucho mejor a ser tocada por él.
Qué lástima.
Danger tragó con repentina agitación mientras miraba al hombre ante ella. Él era tal como Stryker había pronosticado… incluso el abrigo de cachemira blanco.
Era verdad. Todo era verdad.
Él era el destructor personal de Acheron que había venido a matarlos por cuestionar la autoridad de Acheron. Ella sintió la repentina necesidad de santiguarse, pero se contuvo justo a tiempo. Lo último que tenía que hacer era alertarlo de que le temía.
Su extremadamente supersticiosa y católica madre siempre le decía cuando niña que el diablo llevaba la cara de un ángel. En este caso, esto era más que verdad. El hombre ante ella era sin una duda uno de los mejores ejemplos de su género. Su cabello rubio oscuro con toques de luz color oro rozando su cuello. Él lo llevaba en un estilo casual, dejando despejada una cara perfectamente masculina. Sus mejillas bien esculpidas estaban cubiertas por un crecimiento de dos días de las patillas que le agregaban una apariencia salvaje, feroz.
Como los de ella, sus ojos eran del color negro medianoche de un Cazador Oscuro, y aún así sintió que no era uno de ellos. En primer lugar, él no drenaba sus capacidades de Cazador Oscuro.
Había un aura de extremo poder y peligro mortal que emanaba de él. Ésta ondulaba y chisporroteaba en el aire alrededor de ellos y hacía que los cabellos de la nuca se le erizaran.
—¿Qué haces aquí? —preguntó ella, obligándose a no traicionarse y no mostrar nada más que despreocupación.
Aunque arrojarle la daga más temprano muy probablemente le diera a él la noción de que no era exactamente indiferente a su presencia.
Sí, eso había sido un movimiento realmente inteligente. Fue todo lo que ella pudo hacer para no poner sus ojos en blanco ante la rapidez con que había traicionado su conocimiento de él. Sólo esperaba no tener que vivir o morir para lamentarlo.
Su risa fue perversa e inquietante.
—Tú me has invitado.
¿Era un juego de Ash parecer un Daimon? Ningún Daimon podía entrar en la casa de nadie sin una invitación.
¿O él solamente hacía un comentario ocioso?
De cualquier manera, ella no estaba lista para darle la bienvenida… no aún.
—Invité a Ash aquí. No a ti. Ni siquiera sé quién eres.
Él no vaciló a contestar.
—Alexion —su voz era profunda y bien cultivada.
Había sólo un rastro más débil de algún acento extranjero, pero ella no sabía de qué nacionalidad era.
—¿Alexion…? —lo provocó ella, preguntando cuál era su apellido.
Él no estaba comunicativo.
—Sólo Alexion.
Keller se levantó de su silla y se les unió.
—Ash le envió aquí por un par de semanas para comprobar lo que decías sobre un Cazador Oscuro rebelde.
Ella arqueó una ceja a Keller.
—¿Es lo que Alexion te contó?
Él se puso tenso mientras comprendía qué podría haber hecho algo mal.
—Bien, sí, pero entonces llamé a Ash yo mismo para corroborarlo.
Buen muchacho que no había aceptado la palabra del hombre.
—¿Ash dijo algo más?
—Sólo confía en Alexion.
Sí, claro. Como confiaría en una cobra inquieta con sus pies desnudos.
Danger envainó su daga antes dirigirse a Alexion otra vez.
—Bien, parece que hablé demasiado pronto. Estuve comprobando el asunto del rebelde yo misma esta noche y todo está bien, así que puedes sentirte libre de volver a Ash ahora.
Los ojos oscuros de Alexion se estrecharon sobre ella.
—¿Por qué me estás mintiendo?
—No estoy mintiendo.
Él bajó su cabeza para poder hablar en un tono bajo solamente para que ella oyera. Su proximidad fue inquietante e intensa. En realidad, enviaba escalofríos por su cuerpo mientras sentía el aliento de él contra su piel.
—Para que conste, Dangereuse, puedo oler una mentira a quince metros.
Ella alzó la vista para ver la profunda curiosidad en esos… frunció el ceño. No más negros, sus ojos habían virado a un particular tono verde avellana que prácticamente resplandecía.
¿Qué diablos era él?
Alexion la taladró con una feroz mirada que, sin duda, esperaba que la intimidaría. Eso no estaba funcionando. Danger rechazaba ser intimidada por alguien o por algo. Vivía su inmortalidad tal como había vivido su vida humana y sería necesaria más que esta… persona para hacer que temblara de miedo. La peor cosa que podía hacerle era matarla, y ya que ella estaba muerta…
Bien, había peores cosas, suponía.
Cuando él habló otra vez, su voz fue apenas más que un primitivo gruñido.
—Mi única pregunta real es, ¿por qué protegerías a un Rebelde?
Ella se alejó sin contestarle.
—¿Keller? ¿Puedo hablar contigo en privado?
Alexion se rió ante esto.
—Los dejaré solos para que puedas decirle cuán descontenta estás con él por haberme dejado entrar —él se dirigió al vestíbulo que conducía a los cuartos de huéspedes.
Danger rechinó sus dientes.
—¡No me digas, Keller, que ya lo acomodaste en mi casa!
Él debería conocerla mejor que eso. ¿Cómo podía hacer tal cosa sin consultarla? Eso es, él está frito, y lo digo en serio esta vez.
Esperó hasta estar segura de que Alexion los había dejado solos y bajó la voz para que él no pudiera oírlos ni por casualidad.
—¿Qué pasó esta noche? Parece como si alguien te hubiera golpeado.
—Lo hicieron. Entré de cabeza en un grupo de Daimons, y cuando les dije que retrocedieran, ellos me dijeron que ahora eran intocables. Dijeron que trabajaban con los Cazadores Oscuros y que si querían comer Escuderos, estaba bien.
La cólera creció rápidamente porque se atrevieron a atacar a su Escudero.
—¿Te atacaron?
Él le lanzó una mirada sarcástica.
—No, me golpeé a mí mismo. ¿Qué crees?
Ella no hizo caso a su sarcasmo mientras comprendía porqué la TV plasma no había estado resonando cuando ella entró. Estaba rota.
—¿Qué le pasó a la TV?
Keller la miró y se encogió de hombros.
—No sé. Alexion no dice mucho, pero yo cambiaba canales después que volvimos para que hubiera algún ruido en la casa. Todo estaba bien hasta que hice una pausa en QVC para ver esa linda videocámara que anunciaban, y lo siguiente que supe fue que voló. No estoy seguro si fue la TV o si Alexion tiene algo contra QVC.
Gracias al Señor y sus santos que su Escudero no había volado también.
—¿Y a dónde se dirigió exactamente Alexion? —preguntó ella.
—Lo puse en el cuarto de invitados que dijiste que Ash usara siempre que nos visite.
Ella apretó su puño para evitar estrangularlo.
—Ya veo.
Él frunció el ceño preocupado.
—No hice nada malo, ¿verdad? Pensé que estaba haciendo lo que tú querías que hiciera. No estabas aquí y no podía preguntarte. ¿Estás furiosa conmigo?
Sí, pero ella no quería entrar en eso con él. Si él ignoraba todo esto, tal vez Alexion lo perdonaría.
De todas formas, se rehusaba a poner a Keller en cualquier peligro. A diferencia de ella, él era mortal, con una familia que lo quería profundamente.
—Está bien, cariño. ¿Por qué no vas a casa antes de que se haga más tarde?
Por suerte su Escudero no discutió, y era demasiado torpe para reconocer el leve temblor de miedo por él en su voz. En caso de que Alexion tuviera la intención de luchar, ella quería a Keller fuera de ahí y lejos y a salvo, metido en su casa.
—Bien, Danger. Te veré mañana por la noche.
—Ahh… —Danger evitó contestar—. ¿Por qué no te tomas unos días libres? Ve a ver a tu hermana en Montana.
Su ceño se hizo más profundo.
—¿Por qué?
Ella le dirigió una sonrisa que no sentía.
—Tengo al Escudero de Acheron aquí. Estoy segura de que él puede…
—No sé —dijo él, arrugando su nariz—. Parece bueno, pero creo que andaré cerca, por sí acaso. Uno nunca sabe lo que puede pasar.
—Keller…
—No me tomes por tonto, Danger. Mi mandato número uno es protegerte. Puedo ser humano, pero soy tu Escudero y esto incluye todos los riesgos inherentes que vienen con la posición. ¿Está bien? Fui criado en este mundo y conozco toda la mierda extraña que esto implica a veces. No voy a abandonarte cuando no sabemos nada más que alguien está trabajando con los Daimons. He oído demasiadas rarezas últimamente para justo salir disparando cuando no hay una razón real.
Ella no podía discutir nada de lo que dijo. Su lealtad la reconfortaba enormemente, y por eso era que, cuando todo esto estuviera terminado, ella solicitaría un nuevo Escudero para reemplazarlo. La última cosa que quería era sentirse ligada emocionalmente a alguien, sobre todo a alguien que moriría de vejez y la destrozaría.
Había perdido a demasiadas personas que le importaban para perder alguna más. El Consejo de Escuderos lo sabía, y desde el día en que ella se había unido a las filas de los Cazadores Oscuros, nunca había tenido un Escudero durante más de cinco años.
Y nunca uno con un hijo. Había algunas heridas que no necesitaban ser sondeadas.
—Bien —dijo ella quedamente—. Ve a casa y me mantendré en contacto.
Keller asintió, luego recogió su chaqueta liviana y se marchó.
Agradecida por que él hubiera escuchado por una vez, Danger suspiró mientras se dirigía al cuarto de Alexion. Realmente no lo quería ahí, ¿pero qué más podría hacer?
Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca.
Mientras él estuviera en su casa, ella podría supervisar su actividad y ver lo que hacía. Por no mencionar que todavía no estaba verdaderamente convencida por Kyros y su orden del día. Ella había oído muchas cosas extrañas últimamente, incluyendo el rumor de que algunos Cazadores Oscuros locales bebían sangre humana. Por todo lo que sabía, Kyros era uno de ellos y la estaba poniendo al corriente por motivos que sólo él conocía.
Hasta que ella tuviera más información sobre todo esto, jugaría tranquilamente y vería por sí misma lo que seguía. Pero incluso mientras pensaba eso, un escalofrío la recorrió. Alexion tenía algunos poderes increíbles con los que ella no estaba segura de poder luchar.
¿Cómo podía una mujer matar a un hombre que no sangraba?
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