Al final del corredor en su piso superior, Danger abrió de un empujón la puerta del cuarto de huéspedes para encontrar a Alexion estudiando uno de los huevos Fabergé que coleccionaba. Ella había comenzado la colección hacía aproximadamente cuarenta años, porque le recordaron a los huevos Malowanki que su padre siempre traía para ella de sus viajes anuales a Prusia a visitar a su abuela. Hasta el año en que ella murió, Babcia siempre se cercioraría de haber creado los huevos Malowanki para que todos ellos recordaran su herencia prusiana y la belleza de la Pascua.
Ninguno de esos preciosos y coloreados huevos que Danger había guardado con tanto cuidado cuando era humana había sobrevivido. Llamándolos frívola basura de la aristocracia, su marido había tenido el gran placer de destruirlos después de que ella había muerto.
Como odió a ese hombre. Pero, más que nada, se odió a sí misma por depositar su confianza en alguien y permitirle engañarla tan completamente.
Nunca sería tan estúpida otra vez.
Estrechando sus ojos sobre Alexion, abrió más la puerta para mirarlo. Su ropa moderna lucía bastante fuera de lugar en un cuarto en el que había recreado una copia exacta del en que ella había crecido. La cama barroca tallada a mano había sido importada de París y estaba adornada con almohadones y un cobertor color rojo sangre y dorado. Drapeadas colgaduras doradas caían del medio dosel. Había pasado mucho tiempo escogiendo las antigüedades para este cuarto.
Era lo último de su mundo y, de alguna manera, una cápsula del tiempo. Ahí muchas veces pensaba que podría vislumbrar a su padre… oír débil la risa de sus hermanos.
Mon Dieu, cómo los echaba de menos a todos.
La pena brotó dentro de ella, pero la contuvo. No había ninguna necesidad de llorar. Había derramado durante los siglos suficientes lágrimas para llenar el Atlántico.
El pasado era el pasado y este era el presente. Las lágrimas no le devolverían a su familia y no cambiarían su vida de ningún modo. Todo lo que podía hacer era seguir hacia delante, y asegurarse de que nadie jamás la engañara otra vez.
Por ahora, Alexion era el presente y era su enemigo.
Él estaba de pie ante el pequeño tocador estilo neoclásico, sosteniendo el huevo con cuidado en su gran mano como si comprendiera cuánto amaba ella su colección. A pesar de sí misma, fue golpeada por la suavidad de su toque mientras lo cerraba y lo devolvía a su soporte.
Él estaba increíblemente apuesto de pie allí y su cuerpo reaccionó con una intensidad que la sorprendió. No era común en ella sentirse atraída por alguien que acababa de conocer. Ni siquiera por atractivos actores de Hollywood en películas y revistas, ella normalmente tenía que estar cerca de un hombre un largo rato antes de sentir un deseo tan fuerte y potente en su cuerpo. Si sentía deseo por él alguna vez. La mayor parte del tiempo, podía tomar o dejar a cualquier hombre.
Pero en realidad quería extender la mano y tocarlo. Y eso nunca le había pasado.
Alexion sintió su presencia como una caricia que chisporroteaba. Era como si ella entrara en contacto con su alma siempre que se acercaba. Algo que era completamente imposible ya que él no había poseído un alma en más de nueve mil años.
No sabía qué pasaba con ella, pero su cuerpo reaccionaba desordenadamente a su presencia. Girando, la encontró en la entrada, mirándolo con una expresión cautelosa, casi enfadada.
Ella tenía miedo de él y estaba cabreada consigo misma por temerle, podía sentirlo profundamente dentro de sí. Pero intentaba con fuerza disfrazarlo.
Él pudo respetarla por eso.
Al final, era sabia por temerle. Él podría matarla tan fácilmente como parpadeaba. Aún así, no deseaba hacerle daño.
Por alguna extraña razón, ni siquiera quería que ella le temiera, y eso era algo que nunca había experimentado antes. Por lo general, cuando estaba en forma humana, él usaba ese miedo como ventaja para intimidar a los Cazadores Oscuros y ponerlos en línea. Tenía los poderes de un completo dios dentro de él. La capacidad de tomar cualquier vida que eligiese…
Él podía oír y ver las cosas que estaban lejos, más allá de la comprensión de un hombre, un Apolita, o de un Cazador Oscuro.
Y aún así, mientras estaba parado allí, sólo una cosa hacía eco en su cabeza, el sonido de la risa de ella. Él había oído su risa antes esta misma tarde, mientras ella luchaba con los Daimons. Era un sonido lozano, musical que fluía de ella. Franco.
Quería oírlo otra vez.
—No tengo la intención de hacerte daño, Dangereuse.
Ella se puso rígida desafiantemente.
—El nombre es Danger —lo corrigió ella—. No he sido Dangereuse por mucho tiempo.
Él inclinó su cabeza hacia ella. Sabía por su profunda investigación que había sido llamada así por la abuela de Eleonor de Aquitania, a quien su madre había adorado. Una gran duquesa que había vivido la vida únicamente bajo sus propios términos y que había desacatado las reglas sociales. Era un nombre que sentaba a la mujer menuda delante de él.
—Perdóname.
Su disculpa no hizo nada para calmarla.
—Y sólo para que sepas, no tengo miedo de ti.
Él se rió ante sus valientes palabras. Era una mujer resistente, sensata y se preguntó si ella se había parecido a esta cuando era humana. Pero de algún modo dudaba de ello. El mundo en el que ella había nacido no habría tolerado semejante torbellino de personalidad en el bello sexo.
Sin duda ellos habrían anulado su rebeldía, no fomentado.
Ella dio un paso dentro del cuarto. Sus ojos oscuros perforando mientras buscaban en él alguna debilidad.
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —preguntó ella—. Dices que eres el Escudero de Ash. ¿Eres un Sangre Azul, Rito de Sangre, o qué?
Alexion reprimió una sonrisa ante su pregunta. Los Sangre Azul eran Escuderos que provenían de largas generaciones de Escuderos. Los Rito de Sangre eran Escuderos que fueron cargados con asegurar que las reglas de su mundo fueran seguidas. Ellos protegían a los Cazadores Oscuros y eran una fuerza de policía para otros Escuderos. Desde luego, él había estado sirviendo a Acheron desde antes de que el Consejo de Escuderos existiera. Él no era un verdadero Escudero. Él era el Alexion de Acheron, un término Atlante que no tenía ninguna verdadera traducción al inglés.
Básicamente, él haría lo que fuera necesario para proteger a Acheron y a Simi. Y él realmente quería decir “cualquier cosa”.
No tenía conciencia. Ni moral. En su mundo, la única ley era la voluntad de Acheron. Éste gobernaba todo a su alrededor. Sí, él podía y en verdad discutía con Acheron de vez en cuando, pero al final de todo, era el protector de Acheron. Siempre haría lo que fuera para el mejor interés de Acheron, no importaba el costo físico o personal para sí mismo.
Sin embargo, no podía decirle la verdad de su situación. Sólo él, Simi, Artemisa, y Acheron sabían su verdadera relación con el jefe.
—Soy una astilla de percebeÀ —contestó en la jerga de Escudero, dando a entender que Acheron lo había reclutado para ser su Escudero.
De cierta forma, eso era casi verdad.
—¿Desde cuándo lo has servido?
Él lanzó una risa corta ante esto.
—Me parece que desde siempre.
Los ojos oscuros de ella brillaron con sospecha e inteligencia. Era, por lejos, demasiado brillante para su propio bien. Y por lejos, demasiado atractiva para el de él.
Ella todavía no había acabado de interrogarlo mientras se acercaba a él… tan cerca que él ahora podía olerla. Su olor era dulce impregnando su mente y creando imágenes de ella desnuda y flexible en su cama.
—¿Cómo haces ese pequeño truco con la daga donde reapareces después de que yo te apuñalara?
Un lado de su boca se curvó hacia arriba ante su pregunta y él se inclinó aún más cerca para poder oler la fragancia de su cabello y su piel. Esto lo atravesó como un whisky tibio, conmocionando y vigorizando.
Esto hizo a su sangre calentarse, a su pene endurecerse.
—Pregúntame lo que realmente tienes en mente, Danger —dijo él, su voz profundizada por su lujuria—. No me gustan los juegos. Ambos sabemos que no soy humano, entonces no vamos a hacer toda una historia mientras tú andas de puntillas a mi alrededor, tratando de entenderme.
Danger pareció apreciar su franqueza incluso mientras temblaba por su proximidad. Alzó la vista y lo miró por debajo de sus pestañas. Aquella mirada le hizo sentir cosas que él no había sentido en un largo tiempo. En realidad le preocupaba que ella estuviera confundida y vacilante. Quería tranquilizarla, y eso estaba más allá de conmocionarlo.
—¿Estás aquí para espiar para Acheron?
Él se rió ante la misma idea.
—No. Confía en mí, él no necesita que nadie espíe para él. Si quiere saber algo, lo sabe.
—¿Cómo?
Le tomó toda su voluntad no extender la mano y tocar su mejilla para ver si era tan suave como parecía. Su piel era impecable y tentadora. Sin duda sería aún más suave contra su lengua…
—Quiere decir lo que dije, Danger. Acheron es capaz de averiguar cosas por sí mismo. El espionaje es para lo último que me necesita.
Danger se estaba poniendo muy irritada por su atracción por este hombre y la incapacidad de él de contestar sus preguntas. No estaba segura si besarle o patearlo.
El calor de su mirada era abrasador. Inquietante. Era tan intenso que casi podía sentir sus manos sobre ella.
Ella tenía el deseo más inexplicable de frotar su nariz contra él. Sin aliento, decidió usar el hambre de él contra sí mismo. Se levantó en puntillas y se movió tan cerca de él que sus mejillas casi se tocaron. Vio cómo él cerraba sus ojos y contenía el aliento.
Cuando él no se retiró, ella le susurró en su oído.
—¿Por qué estás aquí realmente?
La voz de él fue profunda y espesa cuando le contestó.
—Para protegerte.
Danger no podría haber estado más sorprendida si él hubiera admitido que era el destructor de Acheron. Se alejó de él para poner más distancia entre ambos. Era realmente difícil pensar mientras un hombre la miraba a una fijamente como si la imaginara desnuda.
—¿Protegerme de qué?
Todavía esos misteriosos ojos verdes la perforaban con su hambre intensa.
—De aquellos que quieren verte muerta. Estás en un lugar precario, Danger. El que se ha vuelto rebelde te matará al instante si sabe que lo has traicionado.
Gracioso, Kyros había sido extraordinariamente comprensivo con respecto a eso.
—Él no puede matarme y lo sabes. Ningún Cazador Oscuro puede dañar a otro.
Él arqueó una ceja mirándola.
—¿Tú realmente crees eso? No hay nada que diga que un Cazador Oscuro no puede esposar a otro a una puerta, un coche, o cualquier otra cosa, y dejarlo fuera hasta la salida del sol. Ustedes no pueden hacerse daño el uno al otro, verdad. Pero hay muchos modos de exponer a tu enemigo al día sin ponerse en peligro.
Oh, ahora había una endemoniada escapatoria en la que ella nunca había pensado. Pero obviamente él sí.
—¿Y cómo adquiriste esta información? ¿Cuántos Cazadores Oscuros has expuesto a la luz del día después de que ellos confiaron en ti?
Él se rió amargamente.
—Si te quisiera a ti o a alguien más muerto, Danger, difícilmente tenga que esperar al sol.
—¿Entonces de qué quieres protegerme?
Él apartó la mirada de ella.
—No puedo decirte eso.
—Pruébame.
—No —dijo él con los dientes apretados—. Incluso si lo hiciese, no me creerías.
Estaban en un callejón sin salida. Ella no confiaría en él hasta que le diera una razón, y probablemente ni siquiera entonces, y lo último que ella quería era un tipo en su casa en el que no podía confiar.
—En ese caso, ¿entenderás si te pido que te quedes en un hotel mientras estés por aquí espiando para Acheron?
Con expresión divertida, él lanzó una risa corta, siniestra.
—Te encontraste con Kyros esta noche y él intentó atraerte a su causa rebelde. ¿Le creíste?
¿Cómo lo sabía? Eso no era exactamente algo que ella había difundido. Jesús. Él parecía casi tan omnisciente como Acheron y esto comenzaba a enojarla.
—No sé de qué estás hablando.
Él cerró la distancia entre ellos. Su presencia era colosal en el cuarto, dominante y aún, de una manera extraña, reconfortante. Era como si algo dentro de él despidiera vibraciones tranquilizadoras. Por no mencionar que tenía feromonas que deberían ser embotelladas y vendidas. Era sumamente irresistible, de la manera más sexual. Acheron era la única otra persona que ella conocía que tenía ese extraño factor “házmelo” que tentaba a todo el que andaba cerca de él a sacarle la ropa y arrojarlo al piso para una perversa noche de juegos.
¿Qué pasa conmigo?
Ella nunca había sentido lujuria como esta.
—Sabes —dijo Alexion en un profundo tono que en realidad la hizo temblar—, para ser una actriz, ciertamente no sirves para mentir.
Ella se puso rígida con sus palabras.
—¿Perdón?
—Me oíste. Entonces, ¿qué mentira te dijo Kyros? Espero que fuera al menos más creativo que “el viejo Acheron es un Daimon” de siempre.
Ella no sabía qué la sorprendió más. El hecho de que supiera lo que ellos habían dicho sobre Acheron o el hecho de que hablara de Kyros como si conociera al hombre personalmente.
—¿Cómo sabes sobre Kyros?
—Créeme, sé todo sobre él.
Danger estaba incluso más confundida ahora. ¿Alexion le decía la verdad? ¿O usaba la verdad sobre que Acheron era un Daimon para distraerla? Qué mejor modo de despistarla que ridiculizar lo que muy bien podría ser la realidad.
¿A quién le creería? A Kyros que parecía engañoso, o al hombre ante ella que parecía un homicida.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho y lo miró con atención.
—Entonces, dime, ¿Acheron es un Daimon?
Aquellos misteriosos ojos color verde—avellana se estrecharon sobre ella.
—¿Qué piensas tú?
—No lo sé —y eso era la honesta verdad—. Eso tiene sentido. Él es de la Atlántida y sabemos que los Daimons son de allí originalmente.
Alexion se mofó de ella.
—Acheron nació en Grecia y creció en la Atlántida. Eso difícilmente lo haga un Daimon o un Apolita.
De todos modos, había más evidencias para ser consideradas.
—Él nunca come comida.
—¿Estás segura? —se burló él—. Sólo porque no come delante de ti, no significa que no coma en absoluto.
Bien, ahí tenía su propio punto para ella. La hizo sentir algo mejor saber que Kyros podía ser un idiota.
Pero había todavía una pieza en todo esto que no tenía sentido. Una pieza que Alexion aún tenía que explicar.
—Entonces, ¿en cuanto a ti? Si Kyros está equivocado, ¿cómo sabía que ibas a venir aquí usando tu abrigo blanco y tratando de juzgarnos a todos nosotros, eh?
Alexion se congeló ante su pregunta. Eso lo atravesó como trozos de cristal.
—¿Perdón?
Una mirada satisfecha apareció en la cara de ella.
—No tienes ninguna respuesta para esta, ¿verdad?
No, no la tenía... Era imposible que Kyros supiera sobre él.
—¿Cómo podría él saber sobre mí? Nadie sabe que existo.
—Entonces él tiene razón —dijo ella de manera acusadora—. Me estás mintiendo sobre tu objetivo. Estás aquí para matarnos a todos. Eres el asesino de Acheron.
Alexion no podía respirar cuando sus palabras pasaron por él. ¿Cómo alguien podría saber eso? Eso no era posible. Acheron se había tomado gran cuidado para asegurarse que nadie supiera que él existía.
—No, no lo soy. Estoy aquí para salvar a tantos como pueda.
—¿Y cómo se supone que te crea, por qué?
—Porque te digo la verdad.
La duda aparecía en las profundidades oscuras de sus ojos.
—Entonces demuéstramelo.
Eso era más fácil de decir que de hacer.
—¿Probártelo? ¿Cómo? El único modo de demostrarte que no voy a matarte es no matándote. La última vez que lo verifiqué eras tú quien me arrojaba dagas, no yo.
Danger le dirigió una mirada hostil.
—¿Qué se suponía que pensara? Entré en mi casa para ver a mi normalmente exuberante Escudero intimidado en mi sofá, luciendo golpeado, y mi TV enviada al otro mundo. Entonces este hombre rubio, y uso el término “hombre” libremente, el cual me dijeron vendría a matarme, se pone de pie llevando el exacto abrigo blanco que me dijeron que usaría. ¿Qué habrías hecho?
—Yo habría dicho, ¡hola!, ¿puedo ayudarte?
Ella puso sus ojos en blanco.
—Seguro, lo harías.
En realidad, lo haría, pero claro, él tenía una indudable ventaja sobre ella. No podía morir. Al menos no de algo nacido en esta tierra.
—Mira, Danger, sé que no tienes absolutamente ninguna razón para confiar en mí. Antes de esta noche nunca ni siquiera habías oído hablar de mí. Pero conoces a Acheron. ¿Alguna vez lo has visto hacer daño a un Cazador Oscuro? Piensa en ello. Si Ash realmente fuera un Daimon, ¿por qué ayudaría y protegería a los Cazadores Oscuros?
—Porque él nos usa para luchar contra los de su propia clase para que su madre no lo mate.
Alexion se quedó helado. ¿De dónde demonios había venido esta mentira?
Acheron se volvería loco si oyera estas palabras. Más exactamente, no habría salvación para ningún Cazador Oscuro aquí. Acheron los destruiría a todos sin parpadear. En cuanto a la existencia de su madre, Acheron no tenía opciones.
Y no mostraría ninguna piedad.
—¿Qué es lo que sabes de su supuesta madre? —preguntó, y esperaba que Acheron no escogiera ese particular momento para espiarle.
—Que ella lo echó del reino de los Daimon y ahora él nos usa para vengarse de ella y de su gente.
Él resopló sarcásticamente.
—Esta es la cosa más ridícula que jamás haya oído, y créeme, he oído mucha mierda en mi existencia. Confía en mí, eso es una completa mentira.
Ella duplicó su resoplido.
—El problema es, no confío en ti. En absoluto.
—¿Pero confías en Kyros?
Él vio la respuesta en sus ojos oscuros. No, no lo hacía. Pero hablaba mucho de ella que no se hubiera puesto en contra de su hermano Cazador Oscuro. Ella todavía protegía a Kyros. Él podía admirarla por esto.
—Mira, Danger. Abre tu corazón y escucha con tus sentimientos. ¿Qué te dicen tus entrañas que hagas?
—Salir corriendo para las colinas con mi Escudero y dejar que ustedes se peleen por sí mismos.
Él se rió misteriosamente de esto.
Danger sólo deseaba poder reírse sobre ello también, pero no era gracioso en lo más mínimo para ella.
—Sin embargo, no puedo hacer eso, ¿verdad? Entonces no sé a quién creer y soy lo bastante mujer como para admitirlo. Hay grandes, profundos agujeros en ambas historias. Entonces la pregunta que tengo que contestar es quién está excluyendo la parte de “sirvo al mal”.
Alexion estaba divertido.
—Entonces déjame ponértelo de esta manera. Pocas veces las cosas son en blanco y negro en nuestro mundo. A veces las cosas que percibimos como buenas tienen momentos de profunda maldad, pero el mal profundo siempre te dirá que es siempre bueno. Nunca admite, de ninguna manera, que podría ser malo.
Danger ladeó su cabeza. Él sonaba como el Padre Anthony, su sacerdote cuando ella era una joven en París.
—¿Entonces si yo te preguntara si estás del lado bueno?
—Lo estoy. Pero no vacilaré en hacer lo que sea necesario para proteger a los humanos y a Acheron. Estoy aquí para salvar a aquellos que pueden ser salvados.
—¿Y el resto? —Él apartó la mirada de ella—. Nos matarás —esa era la declaración de un hecho.
Su mirada se encontró con la de él y esta vez sus ojos brillaban en un profundo y vibrante verde. Eran sobrenaturales, escalofriantes, y de ninguna manera parecían humanos.
—No. Se condenaron ustedes mismos por su propia estupidez. Admito que no podría importarme menos quién vive o muere, eso realmente no me concierne. Estoy aquí para hacer lo que debe ser hecho y es proteger el orden de las cosas.
—¿El orden de qué cosas?
—De nuestra existencia. Nuestro universo. Llámalo como quieras, pero en el final, aquellos que traicionaron a Acheron y quienes acosaron y cazaron a la humanidad morirán y sí, será por mi mano.
Esto era increíble. Él admitía lo que era, de verdad, él era quien los mataría a todos.
—¿Entonces eres nuestro juez?
Su cara era severa, sincera.
—Juez, jurado, y verdugo.
Esas palabras encendieron el carácter de ella mientras se movía para estar codo a codo con él.
—¿Qué te hace tan sabio para poder decidir alegremente quien vive y quien muere? ¿Cómo sabes lo que está bien?
Él se burló.
—Todos ustedes saben lo que está bien. No me necesitan para eso. En la noche que te hiciste Cazador Oscuro juraste servir eternamente a Artemisa y combatir a los Daimons por ella. A cada uno de ustedes le fue dada riqueza, privilegio, y sirvientes. Todo lo que tienen que hacer a cambio es proteger a los humanos y sobrevivir. Mientras que ustedes cumplan su mandato, son dejados tranquilos para que encuentren la felicidad que puedan. Todos ustedes conocen las reglas. Yo sólo estoy aquí para hacerles cumplir a aquellos que cándidamente piensen que él o ella son inmunes.
Eso lo hizo. Ella no quería a nada ni a nadie tan insensible en su casa. A él realmente no le preocupaba a quien matara. Los Cazadores Oscuros no eran nada para él. Pero sus hermanos lo eran todo para ella.
Él podría matar o morir para proteger a Acheron y ella mataría o moriría para proteger su familia Cazador Oscuro.
Eso era tan simple y tan complicado.
—Entonces puedes salir de mi casa.
Él sacudió su cabeza.
—No es así como funciona. Cuando Acheron me envía, él me instala con un Cazador Oscuro que le gustaría que fuera salvado. Lamentablemente, esto no siempre se resuelve así, pero en teoría, si tú cooperas, deberías sobrevivir al último levantamiento. Te usaré como una amigable y confiable cara para presentarme a los traidores para que yo pueda decidir quiénes merecen ser salvados entre ellos.
—¿Y si me niego?
—Tú mueres.
No había más emoción en su tono que la que había en su cara. A él realmente no le preocupaba si la mataba o no.
Danger lo miró airadamente mientras su corazón latía fuertemente con la rabia.
—Entonces espero que hayas venido con un ejército, porque se va a necesitar más que a ti para matarme.
Ella arremetió contra él sólo para entrar corriendo en lo que pareció ser una pared invisible que la rodeó. Embistió contra ella, pero esta no se movió.
—No puedo morir, Danger —dijo él siniestramente mientras la miraba desde atrás de su campo de fuerza—. Pero tú puedes, y créeme cuando digo que morir como un Cazador Oscuro apesta seriamente.
Ella golpeó su mano contra la pared invisible, haciéndole una mueca.
—¿Me pides traicionar a mis hermanos por mi salvación personal? Olvídalo. Jódanse tú y Acheron.
—No —dijo él en un tono sincero mientras sacudía su cabeza—. Te estoy pidiendo que los salves. Si podemos convencerlos para que confíen en ti y me crean, y acepten que Kyros está mintiendo, entonces ellos podrán irse a casa y todo esto no será nada más que un mal sueño.
—¿Y si no lo hacemos?
—Ellos serán historia.
Asqueada de él, ella se retiró.
—¿Sabes? Podrías mostrar un poquito más de compasión cuando dices esto. ¿No significamos nada para ti? ¿Para Acheron?
Ella sintió un leve cambio en el aire, como si la pared ahora se hubiera ido. Alexion la miró fijamente con aquellos misteriosos ojos verdes.
—Es a Acheron a quien definitivamente le preocupa. Si no lo hiciera, yo no estaría aquí ahora, y todos ustedes estarían muertos ya. Él no me necesita para matarlos. Él puede hacerlo sin siquiera transpirar. Créeme, no obtengo ningún placer personal en la matanza tampoco. De la misma manera que soy ambivalente en cuanto a quién sobrevive y quién no lo hace. Esto no es un juego para mí. Tampoco es el final del mundo.
Ella tragó el doloroso nudo que tenía en su garganta, el que había aparecido ante la idea de sus amigos muriendo.
—Todos ellos merecen ser salvados. Todos ellos. Tú no tienes ni idea de cuán duro es ser uno de nosotros. Nosotros fuimos creados y luego abandonados. Algunos de nosotros llevan décadas, aún más tiempo, sin una sola palabra de Acheron. Ninguno de nosotros jamás volvió a ver a Artemisa...
Él resopló malvadamente, interrumpiéndola.
—Da gracias por eso.
Ella hizo una pausa ante su rencor mientras las palabras de Stryker sobre la muerte de Artemisa volvían a ella.
—¿Artemisa todavía está viva?
—Oh, sí. Créeme, ella está viva y bien y en la cara de Acheron diariamente.
Por alguna razón, esto la hizo sentir más predispuesta a que Alexion no mentía.
—Entonces ella realmente se preocupa por nosotros.
—No —dijo él amargamente—. Ella se preocupa por Acheron. El resto de ustedes está aquí para que ella pueda controlarlo. Es por eso que ella sigue creando Cazadores Oscuros nuevos para sustituir a los que se liberan. El día que Acheron deje de preocuparse por ustedes será el día que Artemisa les dará la espalda y muy probablemente la mayoría de ustedes caerán. Entonces jamás digas que a Acheron le importan un comino, cuando yo veo lo que le cuestan ustedes cada día.
Sus palabras daban vueltas en su mente. ¿Eso podía ser verdad?
Conociendo a Ash, esto parecía mucho más plausible que lo de ser Daimon.
Bueno, en cierto modo. Pero por otra parte, la teoría del Daimon sonaba notablemente bien también.
Si solamente ella supiera en quién confiar.
Alexion se movió para pararse ante ella, tan cerca que podía sentir el aliento de él cayendo contra su mejilla.
—Tienes que tomar una decisión, Danger. ¿Vas a ayudarme a salvar a unos Cazadores Oscuros o los mato a todos ahora y me voy a casa?
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