lunes, 13 de febrero de 2012

SON cap 13

Kyros entró en su casa, sus manos todavía temblaban. No podía creer lo que había visto esa noche. Lo que había oído. Marco había sido asesinado.
Ias estaba vivo.
Ias había estado vivo durante todos estos siglos.
La rabia y la pena combatían al alivio y la felicidad. Él estaba tan confundido por sus emociones que no sabía qué sentir o qué pensar. Una parte de él quería abrazar a su viejo amigo.
Como hombres, habían sido más cercanos que meros hermanos. Había una unión especial que venía de confiar su vida a las manos de otro hombre, una unión que venía de confiarte a él. Era recíproca e irrompible. Ellos habían compartido eso.
¿Cuántas veces habían luchado juntos? Hambrientos en las largas marchas hacia las batallas y de regreso. Cuando uno se había caído por las heridas, el otro había estado con él y combatido a los atacantes hasta que la lucha terminaba. Entonces, el que se mantenía de pie había dado ayuda médica al otro.
Espalda contra espalda, habían luchado incontables veces, manteniéndose uno al otro a salvo.
Le debía a Ias más de que lo que alguna vez podría ser pagado con dinero o acciones. Ésa era aquella parte de él que estaba extasiada porque Ias estuviera vivo.
Pero la otra parte de él estaba tan traicionada, tan lastimada. ¿Cómo pudo Ias haber sobrevivido y no decírselo?
¿Cómo?
¿Por qué Acheron jamás lo había mencionado? Él, más que cualquier otro, sabía cuánto lo había lastimado la muerte de Ias. Al principio, la pérdida de Ias había sido más de lo que podía soportar. Se había sentido tan responsable. Si le hubiera dicho a Ias sobre su esposa, entonces su amigo no habría cometido el trágico error de pensar que ella lo amaba. Pero había sabido que ese conocimiento hubiera destruido a Ias, que amaba a Liora más que a cualquier cosa.
Incluso su propia vida había sido perdida porque había guardado silencio. Él había muerto protegiendo a Ias de Lycantes, quien había sido el amante de Liora, la primera vez que Lycantes había ido tras Ias.
¿Por qué jamás se lo dije?
Durante siglos había llevado aquella culpa, cargándola sobre sus hombros, como Atlas. Hubo muy pocas noches durante los pasados nueve mil años cuando el remordimiento no lo había roído.
Siempre que un Cazador Oscuro había hablado de la posibilidad de liberarse, de tener una amante dejando caer el medallón que contenía su alma antes de que esta le fuera devuelta, él había recordado a su amigo.
Más que eso, había sido Ias el que les había dado a todos los Cazadores Oscuros sus cláusulas de salida. Sin Ias, Artemisa o Acheron o quienquiera que se acercara con eso no les habría permitido recuperar sus almas o liberarse. Jamás.
Pero a pesar de todo eso, Kyros sabía una cosa, Ias no le mentiría. No estaba en su amigo hacer tal cosa. Su amigo nunca había sido nada más que honorable.
¿Pero este Ias era el mismo que había sido mortal?
—¿Qué estás haciendo?
Kyros miró para ver a Stryker de pie dentro de la entrada de su oficina, donde él se había dirigido. Con una despreocupación que no sentía, Kyros lo empujó para pasar y se sentó detrás de su escritorio de caoba tallada en una silla de cuero color borgoña.
—Reflexionando.
—¿Reflexionando sobre qué?
Él clavó en el Daimon una mirada asesina.
—¿Sabías que el destructor una vez fue mi mejor amigo?
Stryker hizo una pausa mientras esas palabras lo golpeaban como piedras arrojadas. Ahí había algo que no había visto venir. Él siempre se había preguntado de donde había venido el Alexion.
Pero enfrentémoslo, Acheron no era de compartir ninguna clase de información con él, sobre todo nada que Stryker pudiera ser capaz de usar contra él. Eso era lo malo con los enemigos. Siempre eran herméticos.
Pero su mente giraba con este conocimiento recién descubierto. Entonces el Alexion había sido una vez humano… Y había conocido a Kyros…
Bueno. Él podría trabajar con eso.
—Te debes estar sintiendo muy traicionado ahora mismo —dijo Stryker con una voz deliberadamente comprensiva—. ¿Él te dijo algo?
—Dijo que vino para salvarme de seguirte.
Stryker mantuvo su cara en blanco. Él tenía que manejar esto con cuidado si quería apartarlo del fuego que estaba esperando para tragarlo y arruinar todos sus planes.
—Interesante.
Entonces, el Alexion quería salvar al títere de Stryker de la muerte. Esto podría ser sumamente beneficioso. El Alexion pensaría dos veces antes de condenar a su amigo al Shadedom y esto daría a Stryker un peón para usar contra él. Seguramente el Alexion no mataría al mismo hombre al que había venido a salvar.
Oh, sí, estas eran muy buenas noticias, de verdad.
—Sabes que te está mintiendo, ¿verdad?
Kyros sacudió su cabeza mientras se echaba atrás en su silla.
—No lo creo.
—¿No? —preguntó Stryker mientras avanzaba para apartar el lapicero negro de cuero. Él se sentó sobre una esquina del escritorio—. Usa tu cabeza, Kyros. Él proclama ser tu amigo, ¿pero dónde ha estado todos estos siglos?
—Él dijo que no podía entrar en contacto.
—¿No podía o no quería?
Los ojos de Kyros se estrecharon sobre él.
—Sólo di lo que vas a decir, Stryker. No estoy de humor para tus tonterías en este momento.
—Bien —dijo él, echándose hacia delante para encontrar la mirada de Kyros—. Lo que tengo que decir es esto. Si él realmente es tu amigo, ¿dónde ha estado todo ese tiempo mientras has estado languideciendo en el quinto infierno? ¿Cuántas veces has pedido a Acheron que te cambie de Mississippi a un área urbana donde pase algo más que fiestas de borrachos de fraternidades? ¿Y cuántas veces tu petición ha quedado sin contestar?
Kyros alejó la mirada. Ash tenía sus motivos.
El pobre y patético pequeño idiota. Él no tenía ni idea con lo que trataba cuando eso venía de Acheron o de él.
—¿Él? —preguntó Stryker—. ¿O fue tu amigo quien rechazó tu petición? Piensa en eso, Kyros. Acheron es un hombre ocupado que no tiene tiempo para supervisar a todos los miles de Cazadores Oscuros que hay por ahí que él ha creado para destruirnos. ¿A quién delegaría tales asuntos? ¿¡Hmm!? —Stryker no le dio tiempo para contestar. Él no quería que Kyros formulara un argumento lógico antes de plantar dudas en su mente—. A su mano derecha, es a quien. En quien confía por encima de todos los otros para cumplir sus órdenes. —Él chasqueó la lengua—. Demonios, el Alexion hasta tiene la capacidad de manejar parte de los poderes de mi hermano. Hay algunos de nosotros que creemos que tu amigo, el Alexion, hasta comparte la sangre de Acheron. Entonces sabes que es tu supuesto amigo quien ha sido responsable de tus asignaciones. Él era quien no creía que tú merecías estar cerca de más personas. E incluso si él no fuera el que tomó la decisión, seguramente ese amigo tendría la capacidad de influir en la mente de Acheron e intervenir para salvarte mucho antes de ahora. ¿No? —Él vio la incertidumbre en los ojos de Kyros y se obligó a no reír ante la victoria—. Ambos están jugando contigo, Kyros. Piensa en ello. Esta es solamente otra mente para joder. Ellos se están riendo de ti ahora mismo. En este instante. Ambos. El Alexion está aquí para matarlos a todos ustedes, no para salvarte. Si él realmente hubiera querido salvarte, te habría dado una asignación decente en una ciudad próspera hace mucho. Pero no lo hizo, ¿verdad? —Stryker intentó parecer comprensivo—. Confía en mí, no habrá un solo Cazador Oscuro que salga vivo en esta área una vez que él regrese a Acheron, a no ser que mates al Alexion primero. —Stryker se deslizó del escritorio, acercándose a él—. Ya has visto su trabajo. ¿No estaba Marco dónde te dije que estaría?
—Sí.
Bueno, sus Daimons habían hecho lo que se suponía.
—¿No estaba muerto cómo te dije?
—Sí.
—¿Y no estaba allí el Alexion?
Kyros asintió.
—Todo lo que me habías dicho que iba a pasar.
—Entonces, ¿quién te miente?
Su respuesta fue automática.
—Ellos.
—Sí —dijo Stryker, finalmente sonriendo—. Ellos están mintiendo... entonces, ¿qué vamos a hacer sobre eso?
Kyros le lanzó una dura y siniestra mirada.
—Matarlo.

Danger miró a Alexion mientras se sentaba en la pequeña mesa redonda luciendo completamente derrotado. Para un hombre que proclamaba no tener emociones de ninguna clase, él estaba ahora, definitivamente, mostrándolas.
Ante su insistencia en no regresar a la casa de ella donde podrían ser encontrados otra vez por el demonio (o por todo lo que sabían, el demonio todavía podría estar esperándolos), habían alquilado un cuarto de hotel.
Sinceramente, Danger estaba un poco inquieta sobre permanecer ahí. No le gustaba sentirse expuesta. Si una mucama abriera la puerta durante el día y dejara entrar la luz del sol…
Alexion, según su propia admisión, no explotaría en polvo, pero ella sí. Y sin ofender, ser asada no era algo que quisiera experimentar a no ser que implicara que uno de sus amigos estuviera contando historias vergonzantes sobre ella.
Pero Alexion le había asegurado que él no dejaría que ningún daño le aconteciera.
Supongo que esta es la prueba entonces.
Si ella sobrevivía el día, él era honesto. Si no lo hiciera… estaría seriamente jodida.
Y muerta.
Mientras tanto, estaban sólo ellos dos en el pequeño cuarto de hotel. Y para ser honestos, Alexion parecía cansado y golpeado por lo que había pasado con Kyros. El pobre hombre había estado tan alterado que ni siquiera había tocado su cena.
—Él vendrá —dijo ella mientras se quitaba las botas y los calcetines.
Él alzó la vista hacia ella.
—Desearía tener tu fe.
—Entonces ten fe en Acheron. Eso es lo que me dijiste que hiciera. ¿Él te habría enviado aquí para fallar?
—Sí —dijo él, su voz cansada y aún así extrañamente determinada.
Su respuesta la sorprendió.
—No, él no lo haría. Esto sería cruel.
—Sí —insistió Alexion—. Él lo haría. Como Acheron diría, a veces tienes que fallar para tener éxito. Lo queramos o no, hay un orden en el universo. Es difícil de entender y muchas, muchas veces es difícil de tragar, pero está allí y nuestras opciones nos pertenecen. El fracaso es parte de la vida y nadie puede tener éxito siempre en todo lo que intenta.
Ella resopló ante esto.
—Bien, eso apesta.
Él asintió en acuerdo.
—Pero el fracaso es el precio de tener libre albedrío.
—Tal vez nosotros estaríamos mejor sin eso entonces.
Él lanzó una risa corta.
—Eso es lo que Acheron piensa la mayor parte del tiempo. Él realmente odia el libre albedrío, pero nunca interferirá con ello.
—¿Cómo podría?
Alexion se puso tranquilo otra vez.
Ella podía sentir su agitación, aunque él estaba sentado ahí perfectamente inmóvil. Ella había comido dos veces durante la noche. Él no. Sólo diría que no tenía hambre. Pero por otro lado, dado el hecho que realmente no podía saborear los alimentos, ella podía entender eso.
—¿Vas a venir a la cama?
Él soltó un largo suspiro antes de contestar.
—Dormiré más tarde.
—Alexion…
—Estoy bien, Danger. En serio.
No, no lo estaba. Ella no necesitaba una sfora para ver eso.
Compadeciéndole, ella fue a pararse al lado de su silla.
—Tú no estás realmente bien.
Él alzó la vista. Aquellos ojos verdes suyos eran inolvidables con su belleza y dolor.
—No, no lo estoy. —Su confesión la tomó con la guardia baja—. Sabes —dijo él tranquilamente—, soy el que supervisa la cuenta del correo electrónico de Acheron. Estoy allí en Katoteros cuando su teléfono celular comienza a sonar con todos ustedes queriendo hablar con él, día y noche. Hay veces en que eso lo vuelve completamente loco. Pero le envidio el caos. El contacto “humano”. Creo que por eso él nunca se queja verbalmente de eso cerca de mí. Él sabe que mataría por ello. —Su corazón sufrió por él y por la perdida tristeza que vio en las profundidades de aquellos brillantes ojos verdes—. Mi vida es tan infinita —dijo él, su voz llevaba el peso completo de su miseria—. El único contacto que tengo fuera de Acheron y Simi son las otras Sombras. Los que están condenados a gritarme para que los ayude porque saben que soy uno de los pocos seres que pueden oírlos. Aquellos que viven en la Isla de Padesios no están interesados en trabar amistad conmigo. Ellos me evitan siempre que estoy cerca de ellos.
—¿La Isla de qué?
Él suspiró.
—Es una región en Katoteros donde Acheron permite a las Sombras una réplica del Paraíso. Su existencia, como la mía, es limitada, pero ellos no sufren. No como los demás lo hacen. Aunque creo que saber que nunca otra vez podrán ser humanos es suficiente castigo. Creo que es por eso que ellos me odian así. Al menos tengo una semejanza de forma corpórea. Ellos no y nunca van a tenerla otra vez.
—¿Por qué Ash no se las da?
—Por la misma razón por la que no me envía a la tierra a no ser que tenga que hacerlo. Es cruel estar así de cerca de ser humano y saber que no lo eres. Que nunca lo serás otra vez. Eso sólo se lleva a casa.
La angustia que él sufría la atravesó. Él parecía perdido, solo. Ella entendió ambos sentimientos. Los había sentido mucho durante los últimos doscientos años. Sólo podía imaginarse cuanto peor sería experimentarlo por más de nueve mil años.
Danger puso su mano contra la mejilla barbuda. La barba reciente jugueteó en la palma de ella, enviando un escalofrío por su brazo.
Él cerró sus ojos e inhaló profundamente como si estuviera saboreando el aroma de su piel. La sensación de su contacto.
Su soledad tocó una parte interior, extraña de ella. Tocó la parte de ella que se parecía a él. Eternamente sola.
Con el corazón palpitando, ella inclinó la cabeza para probar sus labios.
Alexion estaba atontado por su beso. Deseaba realmente poder saborearla. Conocer realmente la sensación completa de su aliento que se mezclaba con el suyo mientras su lengua acicateaba su boca.
Su cuerpo rugió a la vida, queriendo sentirla desnuda contra él. Él profundizó su beso un momento antes de retirarse para alzar la vista hacia ella.
—No me hagas esto, Danger. Es cruel cuando no sabes cuánto tiempo he estado sin una mujer.
Su aliento entrecortado cayó contra su mejilla un momento antes de que ella se quitara la camisa por sobre su cabeza.
El corazón de él se detuvo al ver su sostén de encaje negro que dejaba muy poco de sus pechos cubiertos. Sus pezones rosados estaban tensos, pidiendo por su boca.
Era la cosa más hermosa que él jamás había visto.
Danger sabía que no debería estar haciendo esto y aún así no podía detenerse. Como él, había pasado demasiado tiempo desde que había tenido sexo. Pero más que eso, ella sentía una extraña conexión con él. Bien o mal, quería ese momento. De un modo extraño, lo necesitaba tanto como él.
Tomando la mano de él en la suya, la condujo hasta su pecho.
Él contuvo su aliento bruscamente antes de sumergir sus dedos bajo el encaje para tocarla. La piel de él era áspera, pero su contacto era suave mientras ligeramente amasaba su pecho.
Ella se elevó muy ligeramente para besarlo febrilmente mientras comenzaba desesperadamente a desabotonar su camisa. Cada pulgada de carne que exponía era perfecta. No había una cicatriz o defecto en ninguna parte sobre su cuerpo ásperamente masculino. La única señal que él llevaba era un extraño tatuaje sobre su hombro izquierdo de un sol amarillo que estaba perforado por tres relámpagos blancos. Ella lo tocó ligeramente, preguntándose qué quería decir lo que parecían una serie de letras en el medio. Este era un alfabeto que ella nunca antes había visto.
—¿Qué es esto? —preguntó mientras lo recorría.
—Solamente un tatuaje —dijo él, su voz entrecortada—. Estaba sobre mí cuando desperté en esta forma.
Dejándolo de lado, liberó la camisa, luego la empujó junto con el abrigo de sus hombros.
Él separó su mano de su pecho para dejarla desnudarlo.
Alexion en realidad temblaba ante la ansiosa velocidad de ella. Había pasado mucho tiempo desde que él había saboreado un deseo como este. Danger literalmente gateó a su regazo mientras regresaba ávidamente a besar sus labios.
Él gruñó ante la ferocidad de aquel beso, ante la manera en que su cuerpo endurecido quería probar el de ella. El aliento de Danger se mezcló con el suyo mientras ella deslizaba sus cálidas manos sobre su espalda desnuda. Él se estiró para poder desabrochar su sostén. El encaje negro cayó libre, permitiendo que sus pequeños pechos provocaran su pecho desnudo.
Su cabeza giró ante la sensación de sus duros pezones contra su carne. Él nunca había deseado a ninguna mujer más de lo que la deseaba en este momento.
Ella abandonó sus labios para deslizar su boca a la oreja de él. Alexion juró que vio estrellas mientras su lengua acariciaba la carne sensible allí. Incapaz de soportarlo, se levantó, llevándola con él.
Ella enroscó sus piernas alrededor de su cintura mientras la llevaba hacia la cama. Él necesitaba a esa mujer más de lo que necesitaba vivir. No sabía por qué era tan importante tenerla. Pero lo era, y si alguien hubiera intentado pararlos justo en ese momento, les habría hecho mucho daño.
Apresuradamente tiró de las cubiertas antes de depositarla sobre las sábanas. Con el corazón martilleando, desabrochó los pantalones de ella, queriendo ver la completa y sencilla belleza de su cuerpo.
Danger gimió mientras Alexion hundía su mano bajo sus bragas para tocarla donde estaba ardiendo por él. Siseando, se arqueó y extendió sus piernas para que él pudiera aliviar el agridulce dolor que ansiaba su contacto. Mientras la mano de él le daba placer, Alexion se retiró ligeramente para mirar su cara.
Los ojos de él estaban oscuros por la pasión y llenos de admiración. Llamearon con un extraño matiz de verde un instante antes de quitarle los pantalones y las bragas de su cuerpo y arrojarlos al piso. Antes de que ella pudiera moverse, él volvió a colocarse entre sus muslos abiertos. Su cálido aliento le quemó la parte superior de la pierna, mientras la mano de él volvía para atormentarla.
Ella directamente no podía pensar mientras él retiraba su mano y la reemplazaba por su boca. Danger gritó en éxtasis. Hundió su mano profundamente en las doradas hebras de su cabello. Él se tomó su tiempo complaciéndola. Ningún hombre jamás la había hecho sentir tan deseada, tan necesitada como él lo hacía, y ella no lo comprendía.
Los pensamientos y sentimientos se arremolinaban en su mente mientras su lengua le daba profundo placer, con profundas e inquisitivas lamidas. Y cuando ella acabó, juró que vio las estrellas.
Alexion cerró sus ojos mientras la sentía estremecer. No había nada que jamás hubiera disfrutado más que provocar el cuerpo de una mujer, verla disfrutando la sensación de él. Y Danger era la mujer más dulce que jamás hubiera conocido. Puso su cabeza contra su muslo mientras su cuerpo todavía palpitaba por desearla.
Pero él no quería que esto se terminara. Por cualquiera razón, quería tomarse su tiempo sólo para sentir su piel contra la suya. Había algo en ella que llegaba profundamente dentro de él y de algún modo lo hacía vivir otra vez.
Esto no tenía sentido, pero podía sentir cuando estaba con ella. Por primera vez en siglos, realmente tenía emociones en un estado humano. Ella lo hacía sentir incluso cuando él no quería.
Sus ojos negros lo quemaban mientras se sentaba lentamente, como una leona hambrienta. Ella se puso de cuclillas sobre la cama en lo que tenía que ser la postura más sexy que él había visto.
—¿Qué estás…?
Ni siquiera tuvo la posibilidad de terminar su pregunta antes de que ella lo tuviera tendido de espaldas, quitándole los pantalones. Alexion no discutió mientras lo liberaba. Casi se ahogó mientras ella lo tomaba en su mano. Había pasado tanto tiempo desde que alguien lo había tocado así…
Danger hizo una pausa para mirar la cara de Alexion. Nunca había conocido a nadie que estuviera tan complacido por algo tan pequeño como el toque de un amante. Aquello solo le decía cuán realmente solo estaba él. Era casi un crimen tener a un hombre como este alejado de sí mismo.
Él tomó la cara de ella entre sus manos y la besó profundamente, con amor. Ella pudo saber cuánto significaba esto para él. Cuánto necesitaba sentirla.
Eso le hizo algo. Le hizo sentir una ternura por él que no había pensado que fuera posible.
Alexion la levantó y la acomodó sobre él. Danger se mordió el labio ante la plenitud de él dentro suyo. Se inclinó hacia delante sobre sus manos, las que había afianzado sobre su pecho, mientras lo montaba lenta y fácilmente.
Alexion arqueó su espalda para impulsarse aún más profundo en su cálida y húmeda calidez. Él tomó una de sus manos en la suya y besó su palma. Era tan preciosa para él. La sensación de ella, el calor de su piel. Él colocó su palma abierta contra la mejilla, deleitándose en la suavidad, el aroma de su carne.
Él quería devorarla con un salvajismo que lo asombraba. Su cuerpo ágil deslizándose sensualmente contra el suyo, prendiendo fuego a cada centímetro de él.
Alexion tiró su cabeza hacia atrás mientras sobrevenía una ola de feroz placer.
Los ojos de Danger en ese momento se llenaron de lágrimas al ver llegar a Alexion al clímax. Era como si él fuera atravesado por ello. Y cuando su mirada se encontró con la suya, ella se derritió.
Él ahuecó su cara entre sus manos, entonces, con cuidado, tiró de ella para darle el más dulce y tierno beso que ella jamás hubiese experimentado. Él no habló, pero tampoco tenía que hacerlo. La gratitud y la admiración en su cara le dijeron todo.
Danger le sonrió mientras se deslizaba lentamente de su cuerpo. Yació en la cama con el aroma de Alexion fuerte en su cabeza. Le gustaba la intimidad de tener su cuerpo desnudo envuelto alrededor del suyo. Su cabeza descansaba sobre sus bíceps mientras su aliento cosquilleaba su cuello.
—Gracias, Danger —susurró él suavemente.
Ella giró ligeramente para poder verlo en la temprana luz de la mañana. No había pasado una noche completa con un hombre desde que había sido humana. Era muy extraño estar con uno ahora.
Y había una sencilla tranquilidad en Alexion que no había estado antes allí.
—De nada —dijo ella, tomando la mano de él en la suya y levantándola para poder mordisquear ligeramente sus dedos—. Tengo que decirte que eres increíble.
—Sí, bueno, pues ellos no me dejan salir mucho.
Ella se rió de eso mientras recorría el duro pezón de él.
—Creo que estoy contenta por eso.
Él la besó con cuidado, luego la impulsó de nuevo hacia el colchón.
—Deberías tener un buen día de sueño.
Ella arrugó su nariz ante esto.
—Es muy difícil. No he dormido fuera de mi casa en siglos. Tampoco estoy segura sobre esa luz del día que comienza a filtrarse por las cortinas. Eso me pone un poco nerviosa.
Él envolvió sus brazos alrededor de ella y se acurrucó cerca.
—No dejaré que nada te lastime.
La calidez se extendió por ella.
—Esa es una idea agradable, pero incluso con tus poderes, creo que Apolo podría ganar.
El cuarto se volvió negro como la boca de un lobo. Ahora no había ningún signo de un solo rayo de luz de sol.
—Duerme en paz, Danger. No dejaré que nada malo te pase. Lo prometo.
Y esa fue la cosa más amable que alguien jamás había hecho por ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas por la extraña ternura que la inundó; ella movió su cabeza para besar el brazo de él, luego se acurrucó para descansar.
Se durmió con la sensación de la mano de él acariciando gentilmente su cabello mientras le susurraba suavemente en una lengua que ella no entendía.
Alexion la sintió relajarse. Una lenta sonrisa curvó sus labios mientras recordaba el modo en que había hecho el amor con él.
Había estado magnífica. Los labios de él todavía estaban en carne viva por los besos y los colmillos de ella, y él no la tendría de ninguna otra manera. Pero con esa sensación de total saciedad vino el conocimiento de que lo que ellos tenían en ese momento era tan breve... no era nada más que un mero parpadeo.
Él la recordaría siempre y ella lo olvidaría completamente una vez que él se marchara de ahí.
Ese era el mandato de Acheron. Ningún Cazador Oscuro jamás podría recordar que lo había visto. A los que eran salvados siempre se les purgaban los recuerdos.
Su vida continuaría sin él. Eso nunca le había molestado antes, pero hoy…
Hoy quería más.
El deseo de más es la raíz de todo mal. El concepto ha arruinado más vidas que las que alguna vez ha hecho.
Si no fuera por el hecho de que él sabía que éstas eran el eco de las palabras de Acheron, casi juraría que su jefe estaba en su cabeza otra vez.
—¿Dónde estás, Ash? —susurró él—. Realmente podría usar tu guía justo ahora.
Pero eso era en vano. No había nada que Acheron pudiera decirle que él quisiera escuchar y lo sabía. Él no tenía cláusula de salida. Era un cuerpo sin alma. Literalmente, no tenía nada para ofrecerle a ella. Jamás.
No tenía nada para ofrecer a ninguna mujer.
Todo tiene un precio. Nada jamás es gratis. Su precio por no estar condenado era estar solo por la eternidad.
Al menos tengo este momento.
Por eso estaba agradecido y no lo lamentaría. Él no.
Alexion se tensó mientras sentía la extraña sensación de la sfora otra vez.
—Si eres tú, Stryker, entonces haz lo que quieras.
Si no lo conociera mejor, juraría que oyó una voz en su cabeza que decía las palabras: “eso intento”.

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