La mirada de Danger se estrechó con ira ante el sonido de los Daimons insultando. Qué raro que no trataran de correr y escapar. ¿Esos podrían ser los Spathis que Alexion había mencionado?
Por otro lado, si ellos realmente ya habían asesinado a un Cazador Oscuro, probablemente habían bebido su poder y buscaban matar más.
—Oh, no me gustan, gente —gruñó ella.
—El sentimiento es completamente mutuo —dijo el líder Daimon. Echó un vistazo al cuerpo de Marco—. Hicimos un buen trabajo, ¿o no?
Ella se encogió de hombros, no dispuesta a darles cualquier tipo de recompensa o alabanza por su barbarismo, que la regresaba a demasiadas pesadillas de su vida humana.
—Parece como si se hubiera suicidado. Probablemente le echó un vistazo a tu fea cara y se quedó ciego, entonces decidió que era mejor estar muerto que tener como última imagen tu atroz forma.
Alexion se rió a carcajadas de eso.
El Daimon frunció el ceño.
—Te aseguro que él murió gritando como una muchacha.
Ella miró a Alexion y sacudió su cabeza con repugnancia.
—Oh, estoy tan ofendida por eso. ¿Cuál es el trato por esa declaración sexista? Soy una mujer y no grito. Pero he matado a muchos Daimons hombres que lo hicieron.
Alexion no contestó.
Danger se volvió hacia los Daimons, que todavía la miraban como si ella fuera el plato principal. Definitivamente les iba a quitar la vida, pero antes que lo hiciera, tenía una pregunta.
—Entonces, ¿por qué lo mataste?
El Daimon se encogió de hombros.
—Él tenía una víctima que no quiso compartir. Parece que pensó que podría tomar el alma en su propio cuerpo como nosotros lo hacemos. Pensamos que darlo vuelta era jugar limpio, entonces lo estacamos para liberarlo. Sabes, los Cazadores Oscuros no explotan cuando un alma es liberada. ¿Por qué será?
—¿No somos escoria? —Alexion se rió otra vez. Ella lo miró sobre su hombro—. Disfrutas de todo esto demasiado —ella señaló hacia los Daimons—. Keller dijo que tú podrías hacerlos pufÀ.
—A los Daimons normales, sí.
—Y déjame adivinar, ¿estos son los Daimons tipo Abby Normal?
Él sacudió su cabeza.
—Miras demasiados DVDs, y sí, son Abby Normales.
—Oh, bien —dijo Danger, arrugando la nariz con disgusto—. Y estoy aquí sin mi estaca favorita, ¿y por qué? Porque un feo demonio volando, literalmente, desde el infierno vino tras nosotros —ella miró de nuevo a los Daimons y suspiró pesadamente—. Ahora encontramos a estos tipos para luchar. Bien, al menos estos no son escamosos.
—Y ellos son rubios —agregó Alexion. Danger lo encontraba divertido cuando adoptaba el tono ligero de ella—. Te gustan los rubios.
—Cierto, pero después de mirarlos, creo que mis gustos han cambiado. Creo que preferiría hacérselo al demonio antes que a uno de ellos.
Danger giró y agarró la daga de las manos de Alexion, luego se lanzó a los Daimons con ella.
Alexion miró sobrecogido como la emprendía contra los Spathis. Era una luchadora increíble con más osadía que habilidad. No es que careciera de la habilidad de todas formas. Era solamente que su atrevimiento dejaba atrás todo lo demás.
Ella cortó a un Daimon a través del pecho mientras esquivaba a un segundo. Su tamaño más pequeño le daba una ventaja distinta sobre los Daimons mucho más grandes.
Apuñaló a uno.
Él estalló en polvo.
Y fue entonces cuando ella se dio vuelta para enfrentar a Alexion con el ceño fruncido.
—¿Solamente te vas a quedar allí parado luciendo impresionado o en realidad vas a ayudarme con esta pequeña situación?
Él se encogió de hombros despreocupadamente.
—Pareces tenerlo bajo control.
Ella lo miró airadamente mientras saltaba para alejarse de otro Daimon que la atacaba. Lo pateó.
—Realmente odio a los hombres la mayor parte de las noches —masculló.
No fue hasta que uno de los Daimons fuera por detrás de ella que Alexion se precipitó. Él le dio una trompada al Daimon en la mandíbula.
Danger giró como si fuera a apuñalarlo. Alexion cogió su mano, besando su puño apretado, luego le quitó la daga.
—Enseguida te la devolveré —le dijo, un instante antes de clavarla en el Daimon.
El polvo dorado se esparció sobre él antes de caer al suelo.
Él se dio la vuelta y luego asestó la daga en el pecho de otro Daimon que estaba a punto de atacar a Danger.
El Daimon se congeló a la mitad del movimiento, articulando la palabra “maldición”, luego explotó.
El último Daimon restante corrió.
Danger agarró la daga del suelo, luego la lanzó a su espalda. Esta le dio en la mitad de los hombros, matándolo. Como los demás antes que él, explotó en polvo.
Alexion extendió su mano para que la daga volviese a él. Esta voló por el aire hasta que la tuvo firmemente agarrada.
Danger le dirigió una mirada de fastidio.
—Sabes, esos trucos de salón serían mucho más impresionantes si en realidad me hubieran ayudado.
Con una torcedura sardónica en sus labios, él le dio la daga.
—Quería ver que tenías dentro de ti.
—Pis y vinagre. La próxima vez que no me ayudes, me la agarraré completamente contra ti.
Él tuvo que admitir que le gustaba ver el fuego en sus ojos siempre que estaba enfadada. La pasión coloreaba sus mejillas y hacía que se preguntara como se vería desnuda debajo de él. Definitivamente sería una gata salvaje, y esto lo hizo sonreír hasta contra su voluntad.
Qué no daría por probar a Danger.
—No lo encuentro gracioso —dijo ella con irritación.
—Créeme, tampoco encuentro la idea de que salgas lastimada graciosa.
—¿Entonces por qué estás sonriendo?
—Estoy sonriendo porque eres absolutamente hermosa.
Danger no podía haber estado más atontada si él le hubiera dicho que saltara volando de la Torre Eiffel. Había pasado mucho tiempo desde que un hombre, sobre todo uno tan hermoso como Alexion, le hiciera un cumplido. Casi había olvidado el extraño revoloteo que tal cosa causaba en el estómago. El poquito de vergüenza que se contrarrestaba con una parte de orgullo y gratitud.
—Gracias.
—De nada.
La parte más extraña era que, en ese momento, ella quería besarlo. Terriblemente.
Pero eso era loco y ella lo sabía.
Ni siquiera es humano.
Tampoco tú.
Bien, su mente tenía un punto, pero aún así… Este no era, ni el momento, ni el lugar.
Alexion echó un vistazo a Marco, luego en la dirección en que Kyros había escapado. La familiar mirada atormentada volvió a sus ojos color verde avellana, como si quisiera ir detrás de su amigo. Esta fue seguida por una mirada de reserva que decía que él sabía cuán en vano sería hacerlo.
—Dale tiempo para meditarlo —dijo ella con cuidado, compadeciéndole—. Él vendrá.
—¿Y si no lo hace?
Estaría muerto, muy probablemente por la mano de Alexion. Y tan desagradable como ella lo encontraba, sólo podía imaginarse cuánto más entonces lo sentiría él. Por lo tanto, sólo sería cruel indicárselo, y tenía la sensación de que Alexion había tenido bastante crueldad en su vida.
—¿Ash no puede decirte lo que pasará? Sé que él puede ver el futuro.
—Sí y no. Ni él ni yo podemos ver el futuro cuando este se relaciona con nosotros o con alguien cercano a nosotros.
Eso no le pareció bien. ¿De qué servía ver el futuro si no puedes ayudar a la gente más cercana?
—Debe apestar conocer el futuro de todo el mundo, menos el propio.
Él lanzó un suspiro cansado.
—No tienes ni idea. Eso es, en mi opinión, realmente cruel. Por otro lado, tal vez eso no importa después de todo, ya que el futuro puede ser cambiado. Algo tan simple como que se supone que debes girar a la derecha en una calle un día… en tus huesos lo sabes, y aún por motivos que nadie entiende, decides desafiar el destino e ir a la izquierda. Entonces en vez de encontrar al esposo de tus sueños y tener una casa llena de niños, eres aplastada por un camión de helado y pasas los próximos cinco años en fisioterapia para recuperarte de las heridas; o peor, mueres allí. Y todo porque ejercitaste el libre albedrío y giraste en la dirección contraria por un capricho.
Eso era algo para provocarle pesadillas. Realmente no soportaba la idea de cuestionarse qué había ido tan trágicamente mal en su propia vida. ¿Había sido el destino o el libre albedrío lo que la había jodido?
—Eso es realmente morboso, Doctor Alegría de Vivir. Gracias por eso.
Él hizo una pequeña mueca, como si se diera cuenta de la fatalidad y tristeza que había traído.
—Esto también puede funcionar al revés.
—Sí, pero noto que no piensas primero en positivo. Freud tendría un festival contigo, ¿verdad?
—Probablemente más —dijo él impertinentemente—. Tendré que preguntarle cuando regrese.
Ella hizo una pausa ante sus palabras y lo que significaban.
—¿Conoces a Sigmund Freud?
La sonrisa burlona que le brindó fue absolutamente deslumbrante en su encanto y belleza.
—No, pero te hice creerlo por un minuto, ¿verdad?
Danger sacudió su cabeza. Había algo tan extrañamente contagioso en él. Ella odiaba la idea de poder ser encantada tan fácilmente, y aún así él lo estaba haciendo poco a poco.
—Entonces, ¿qué deberíamos hacer con Marco? —preguntó ella, volviendo al asunto que tenían entre manos.
Alexion miró el cuerpo.
—No hay mucho para hacer ahora.
Danger reaccionó tardíamente mientras comprendía que el cuerpo ya se había descompuesto. Miró fijamente la marca blanca donde él había estado yaciendo solamente unos minutos antes. La única cosa que había quedado marcando el lugar donde había estado eran sus ropas.
—Mi Dios —suspiró ella—. ¿Hacemos eso?
El tono de Alexion fue impasible.
—Toda la gente lo hace eventualmente.
—Sí —dijo ella, su voz llevaba el peso de la cólera que iba creciendo dentro suyo al pensar en evaporarse así—. Pero eso por lo general toma más de cinco minutos.
—No para un Cazador Oscuro.
Danger continuó mirando fijamente la marca. Esto era sumamente inquietante. No estaba ni siquiera segura por qué. Sólo que le parecía que un cuerpo tan fuerte como los suyos, que eran inmunes a tanto, no debería desmoronarse en cuestión de minutos.
El carácter definitivo de la muerte la golpeó duramente.
Alexion la atrajo hacia sus brazos. Su primera reacción fue apartarlo, pero francamente, ella necesitaba su contacto ahora mismo. Necesitaba algo para conectarse a tierra y mantenerla alejada del pánico sobre una realidad que nunca antes la había golpeado.
La muerte definitiva.
Ninguna Artemisa para traerlos de regreso. Ningún cielo. Solo total aniquilación y desolada pena. Ella podría parecerse a aquel hombre que Alexion le había mostrado antes. Sin esperanza. Sin nada en absoluto.
—Está bien, Danger —dijo él suavemente contra la coronilla de su cabeza mientras la acunaba—. No sé si esto te hará sentir mejor, pero él había comenzado a matar a la gente.
En cierto modo lo hacía, en otro no.
—No quiero morir así, Alexion.
Y luego comprendió algo…
Él lo había hecho. Él había muerto solo, con la mujer que había amado dejando caer su alma y rechazando ayudarlo.
¿Cómo pudo su esposa haber hecho tal cosa? Eso era tan frío. Tan insensible.
Danger se apartó ligeramente para alzar la vista hacia él.
—¿Esto es lo qué pasó con tu cuerpo?
Él asintió.
—Es por eso que no tengo uno ahora.
Pero él se sentía tan real, tan sólido.
—¿Entonces cómo puedes estar aquí para sostenerme?
Había una ternura en sus ojos que encendieron la sangre de ella. Él podría ser un destructor pero entendía la compasión, y ella realmente apreciaba que se la mostrara cuando más lo necesitaba.
—Acheron tiene muchos poderes y por suerte la reencarnación es uno de ellos. Este cuerpo temporal es idéntico al tuyo, excepto que realmente es indestructible. Corta mi cabeza y todavía puedo destellar de regreso aquí.
Esto no tenía sentido para ella.
—No entiendo. Entonces, ¿por qué temes al Caronte?
Él lanzó una risa nerviosa.
—Los Carontes no sólo destruyen el cuerpo. Ellos destruyen la ousia.
—¿La qué?
Él le retiró el cabello de la cara mientras le explicaba.
—Es la parte de nosotros que existe más allá del cuerpo o del alma. El alma es nuestra parte espiritual. La ousia es la que nos da nuestra personalidad. Esa es nuestra esencia, nuestra fuerza de vida si quieres. Sin ella, no hay nada más de nosotros. Esa es la última muerte, de la que no hay regreso de ningún tipo. Un Caronte es una de las pocas cosas que fácilmente pueden terminar la poca existencia que me queda. Y aunque mi existencia pueda apestar, la tomaré, con todas sus desventajas, sobre la destrucción total cualquier día.
Ella todavía no entendía.
—Pero si Acheron es tan poderoso que puede concederte un cuerpo temporal, ¿por qué él no puede darte uno permanente? —Alexion se tranquilizó y dio un paso atrás. Su cara se había vuelto de piedra otra vez, dejándole saber que había mencionado un asunto muy sensible—. Vamos, Alexion, lárgalo. Hay algo aún más extraño sobre ti, ¿no es así? Algo que te asusta.
Podía verlo en sus ojos.
Él se alejó de ella, de regreso al coche. Danger fue detrás de él, realmente no esperando una respuesta.
Pero después de unos segundos le dijo:
—Acheron era joven cuando me trajo de vuelta. En aquel tiempo, él no tenía un conocimiento completo de sus poderes, y los dioses saben que Artemisa no es comunicativa con las instrucciones. Si ella se hubiera salido con la suya, él no habría aprendido nada.
Una mala sensación la recorrió.
—Entonces básicamente me estás diciendo que él la jodió contigo.
Él asintió sin mirarla.
—Si yo hubiera muerto siquiera cien años más tarde, habría sido una historia diferente para mí. Pero lo que me fue hecho es irreversible hasta para Acheron. Nunca podré ser humano otra vez o vivir como un hombre. No hay nada que se pueda hacer por mí. Jamás.
Él tomaba esto con una dignidad notable, pero había tenido un largo tiempo para acostumbrarse a la idea. Ella, ella misma, todavía estaba enojada porque Acheron lo había jodido.
—Realmente lo siento, Alexion.
—Está bien. Al menos le importé lo suficiente como para salvarme. Si él no lo hubiera… —echó un vistazo a donde Marco había estado.
Mierda. A ella no le gustaba pensar en él muriendo así en absoluto. Supuso que él tenía razón. Lo que tenía ahora era mucho mejor que la alternativa.
Danger inclinó su cabeza para indicar la dirección del coche.
—¿Por qué no vamos a conseguir algo para comer? Realmente estoy hambrienta.
—Seguro.
El coche se abrió por sí mismo al instante en que ellos se le acercaron. Danger sacudió su cabeza ante los poderes de él. Era a veces tan espeluznante como Acheron.
Ella entró en el coche por el lado del conductor mientras él entraba por el lado del pasajero.
—Entonces, ¿cómo debería llamarte? —preguntó ella mientras salían del aparcamiento—. ¿Ias o Alexion?
Él le brindó una diabólica sonrisa burlona que encendió fuego en sus hormonas.
—Yo preferiría que me llamaras “amante” —él movió sus cejas juguetonamente mirándola. Danger puso los ojos en blanco. Como todos los hombres con una idea fija, él era incorregible—. No me culpes —dijo Alexion en un tono casi ofendido—. No lo puedo remediar. Deberías ver el modo en que luchas. Realmente me encendiste.
—¿Podrías decirme cómo apagarte?
Él resopló.
—Pasa doscientos años sin sexo y luego hazte esa pregunta. No hay una ducha lo bastante fría —su mirada se deslizó por las canchas de tenis por las que pasaban, donde un puñado de estudiantes jugaba—. ¿No se supone que las estudiantes son libertinas...?
Ella hizo un sonido de repugnancia con su garganta.
—Ni siquiera se te ocurra ir allí.
—Bien, si no me quieres…
Ella lo cortó con una mirada traviesa.
—Nunca dije eso. ¿Ahora lo hice?
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