lunes, 13 de febrero de 2012

SON cap 11

Bueno, el viaje a la casa de Kyros fue una completa pérdida de tiempo. Él no estaba en casa y su Escudero no quiso dejarlos entrar hasta que Kyros volviera. Danger suspiró mientras estaban de pie en el pórtico reciclado de la mansión azul y blanca prebélica de Kyros.
Aberdeen estaba tranquilo esa noche, con un poco de brisa que susurraba alrededor de ellos a través de los grandes robles que flanqueaban los blancos escalones de madera. La antigua ciudad de Mississippi tenía un encanto muy especial que era el indicativo de una ciudad perdida en una deformación del tiempo. Incluso el centro de la ciudad, donde las aceras estaban cubiertas por toldos metálicos, habían sido recicladas a su forma original varias décadas atrás.
A Danger particularmente le gustaba la pequeña Iglesia católica, que tenía un claro aspecto del viejo mundo. Realmente le gustaba esa ciudad. Era una joya histórica oculta que la mayoría de la gente ni siquiera sabía que existía.
Alexion parecía de una manera extraña fuera de lugar con su elegante y urbano suéter negro de cuello alto, que ya no estaba rasgado por la daga, sus pantalones de lana negros, y el abrigo de cachemira blanco. Él francamente lucía como si acabara de bajarse de una pasarela de Milán. Estaba demasiado increíblemente… masculino, tanto, que era directamente comestible.
¿Qué pasaba con él? Si pudiera embotellar aquella atracción sexual, sería más rico que Bill Gates.
Tienes cosas mucho más importantes en que pensar que cómo luciría desnudo.
Verdad, pero había algo en él que sólo la hacía querer morderlo, y esto comenzaba realmente a irritarla. Ella se quería concentrada y objetiva, su estado normal de funcionamiento.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó, intentando distraerse—. ¿Esperarlo aquí?
—No, podrían pasar horas antes de que vuelva. Creo que deberíamos patrullar. Si los Daimons están aliados con Kyros, entonces cazarán y se alimentarán esta noche. ¿Dónde está la población más cercana para que ellos se sientan atraídos?
Danger pensó en ello durante un minuto. Tupelo realmente era grande, y aunque hubiera algunos clubes en los que los Daimons de vez en cuando acechaban, realmente no había mucha actividad Daimon en la zona. No como había en otras áreas de Mississippi, como la costa, Tunica, y varias ciudades universitarias, por eso había seis Cazadores Oscuros en el área del Triángulo Dorado de Mississippi donde Kyros estaba destinado.
—Hay dos colegios donde ellos golpean mucho. La W, que es la Universidad de Mississippi para Mujeres en Columbus, y MSU en Starkville.
—¿Cuán lejos están?
—No mucho. Columbus está aproximadamente a media hora. Starkville a otros quince o veinte minutos desde allí.
Él asintió como si considerara la información.
—¿Cuál escuela es más grande?
Ella le dirigió una mirada burlona.
—¿Pensé que tenías una esfera mística que podía decirte esas cosas? —Él estrechó sus ojos, avisándole que no la encontraba graciosa—. Alégrate —dijo ella con una sonrisa—. Starkville. Esta tiene más de quince mil estudiantes en la residencia. Los Daimons aman las fiestas mixtas. Kyros, Squid, y Rafael están asignados allí. Tyrell, Marco, y Ephani lo están a Columbus.
Alexion indicó el coche con una inclinación de cabeza.
—Entonces es ahí donde probablemente deberíamos comenzar. Con algo de suerte, Kyros podría estar allí esta noche —él comenzó a bajar los escalones.
Danger lo siguió, intentando no notar el hecho de que tenía un andar asesino. En más de un sentido. Era depredador y mortal. La clase de caminar por el que las mujeres se pararían a mirar y admirar.
Cuando caminó hasta el lado del pasajero del coche, ella le dirigió una mirada perpleja.
—Qué, ¿ningún abracadabra esta vez? ¿No vas a llegar y comenzar a conducir?
—No conozco el camino.
Ella se quedó un poco atontada cuando él admitió eso. Esto lo hizo parecer casi humano. Él había sido tan increíble hasta ahora, que ella había asumido que podría hacer más o menos cualquier cosa.
—Sabías como llegar aquí sin mi ayuda.
—Te engañé. Había señales a lo largo del camino, y una vez que estuvimos en Aberdeen, no fue difícil encontrar esta casa ya que está justo fuera del tramo principal. Reconocí el exterior por lo que vi en la sfora. Pero no vi ninguna señal para Columbus o Starkville.
Danger se rió. Le gustaba un hombre que fuera honesto… y relativamente normal.
—Bien. OnStarÀ está aquí y estás cubierto. Vamos.
Ella entró en el asiento del conductor y se abrochó el cinturón mientras él se le unía. Encendió el coche, sólo para comprender que con su prisa por dejar al Caronte, había olvidado sus llaves.
—Um, un poco de ayuda aquí, ¿por favor?
Él frunció el ceño, luego sonrió.
—Seguro.
El coche arrancó.
Ella sacudió su cabeza mientras lo ponía en marcha.
—Sabes, tan práctico como poderoso, eso también podría conseguir llevarte detenido.
La sonrisa de él la excitó hasta las puntas de los pies. Por no mencionar que le gustaba el modo en que olía… como jabón fresco y todo hombre.
—Entonces seré cuidadoso con el motor de quién enciendo —dijo él en un tono diabólico, indicando que le daba la doble intención que ella había notado.
—Espero —susurró ella en voz baja mientras tomaba por el camino principal.
Realmente deseaba que no la estuviera mirando todo el tiempo. Era difícil mantenerse en el camino cuando su libido literalmente babeaba ante su presencia.
Al menos, en el asiento del conductor ella tenía más para concentrarse que en cuánto le gustaría sacarle la ropa para hacerle una prueba. Jesús, Danger, para con las malas analogías de coche y los tópicos. Estás actuando como una cachorrita cachonda, jadeando tras él.
Eso era verdad, pero parecía que no podía ayudarse. Él era irresistible.
Aclarando su garganta, ella forzó a sus pensamientos a volver a sus asuntos.
—¿Hay alguna forma mágica en la que puedas señalar dónde está Kyros justo ahora?
—Lo desearía, pero no. No sin la sfora.
—¿Por qué no la trajiste contigo?
Él suspiró antes de contestarle.
—Está prohibido. Podría ser muy destructivo que algo tan poderoso cayese en las manos incorrectas.
—¿Lo crees?
Alexion sacudió la cabeza y se obligó a no reír. La última cosa que quería era fomentarla. Ella era la humana más sarcástica que jamás hubiera vivido. Pero él la encontraba, de una extraña manera, divertida.
Más que eso, la encontraba vigorizante. Ella era un cambio tan bienvenido a la monotonía que componía su vida de todos los días. Su mundo era sin color o emoción. Era frío y solitario. Ella, por otra parte, era vibrante y caliente. Deseaba poder tener una parte de ella para llevarse a Katoteros con él.
Pero nunca podría ser.
Demasiado pronto, él volvería a lo que había sido.
Y ella ni siquiera sabría que alguna vez lo había conocido. No sería siquiera el débil recuerdo de un sueño. Todo conocimiento del tiempo en que estuvieron juntos sería quitado de su mente.
Pero él recordaría, y siempre la echaría de menos. Extraño como esto nunca había pasado antes. Él pensó en los Cazadores Oscuros hombres con los que había pasado el tiempo mientras juzgaba a los demás, pero no había ningún pesar en no mantenerse en contacto con ellos.
Él acababa de encontrar a Danger y ya sabía que la echaría de menos.
Qué peculiar.
Miró como ella conducía el coche con total precisión. Por primera vez, se encontraba completamente curioso sobre ella.
¿Qué le gustaba? ¿Qué odiaba?
Normalmente, él no hacía ninguna pregunta personal a nadie. Después de vivir tanto tiempo con Acheron, sabía la inutilidad de ello. Sin mencionar que no le gustaba llegar a conocer a alguien que tendría que dejar y nunca volver a ver.
No lo conviertas en personal. Eso sería un error de enormes proporciones.
De todos modos, no podía escuchar.
—¿Te gusta ser Cazador Oscuro? —le preguntó antes de poder detenerse.
Su respuesta fue automática.
—La mayor parte de los días.
—¿Y los demás?
Para con esto. Pero era más fácil pensarlo que hacerlo. Realmente quería saber lo que ella pensaba sobre todo.
Ella le dirigió una sonrisa encantadora que hizo que su ingle se tensara en reacción. Era realmente encantadora, y no solamente por cómo lucía. Había algo contagioso en ella. Eso lo conmovió, haciéndolo querer algo que sabía que no podía tener.
—Como con cualquier vida —dijo ella—, algunos días son maravillosos y algunos apestan. Se hace realmente solitario tarde por la noche cuando no hay realmente nadie alrededor. A veces te preguntas si hiciste la elección correcta. Si tal vez reaccionaste por cólera demasiado pronto e hiciste un pacto que no debías hacer. No sé. Yo no estuve completamente muerta lo suficiente como para recordarlo o saber si la muerte era preferible a esta vida, entonces tal vez realmente escogí correctamente. —Ella le dirigió una mirada—. Entonces, señor Todo—Conocimiento, ¿quieres darme una pista sobre cuál es la alternativa? ¿Te acuerdas de haber estado muerto?
Él lo meditó.
—Sí, lo hago. Cuando no eres una Sombra, es pacífico. Yo siempre pensaba como hombre mortal que pasaría la eternidad en los Campos Elíseos con mi familia alrededor de mí.
—¿Entonces qué te hizo acudir a Artemisa?
El viejo dolor se abrió paso a través de él. Era extraño que después de tantos siglos todavía le doliera recordar a la esposa que había amado tanto una vez y la forma insensible en la que le había permitido morir. Pero como Acheron tan a menudo decía, había algunas heridas que ni siquiera el tiempo podía curar. La gente aprendía de su dolor. Ese era un mal necesario para el crecimiento.
Sí, correcto. Él a veces se preguntaba si Acheron era un sádico o un masoquista. Pero él lo conocía bien. Acheron entendía el dolor en un modo en que muy pocos lo hacían. Como Alexion, convivía con él constantemente y si pudiera lo hubiera desterrado para siempre.
Miró a Danger, y vio como las luces de la calle iluminaban su frágil rostro. A excepción de Kyros, Brax, y Acheron, nadie sabía sobre él mucho más que su nombre. Él era una vaga leyenda que narraba que fue el primero de su equipo que se convirtió en Sombra.
Era esencialmente el Hombre de la BolsaÀ. Un ejemplo de lo que pasaba si la persona incorrecta intentara restaurar sus almas de nuevo en sus cuerpos. Pero eso era una extensión de lo que les habían dicho.
Ellos no sabían nada sobre la vergüenza por haber confiado en su esposa, o del hecho que ella había tenido un amante. No sabían nada sobre el hecho de que él había sido un ciego, un confiado idiota.
Kyros y Brax habían mantenido su silencio sobre el asunto todos estos siglos. Este era uno de los motivos por el que Alexion había querido volver y salvar a Kyros si podía.
Incluso en la muerte, el hombre había sido su amigo.
Alexion suspiró antes de hablar.
—La primera vez que morí, fui asesinado —dijo simplemente—. Como tú, traicionado por alguien en quien confié.
La frente de ella se arrugó en comprensivo dolor.
—¿Quién te mató?
—El amante de mi esposa.
Ella hizo una mueca.
—Ouch.
—Sí.
—Y luego tu esposa dejó caer el medallón en vez de liberar tu alma —dijo ella, su voz llena de cólera—. No puedo creer que te hiciera eso.
Alexion apreció la rabia de ella en su nombre.
—Infernal forma de descubrir que los hijos que pensabas que eran tuyos no lo eran.
Para el asombro de él, ella se acercó y colocó su mano con dulzura contra la suya. La inesperada bondad de esa simple acción envió escalofríos a través de él. Significaba mucho que ella lo tratara como a un hombre normal cuando ambos sabían que no lo era.
—Realmente lo siento.
Él cubrió su mano con la otra suya y le dio un ligero apretón. Los huesos bajo su piel contradecían la fuerza que él sabía que ella llevaba por dentro.
—Gracias. Siento que tu marido fuera un saco de mierda.
Danger se rió de su inesperado empleo de aquella palabra de jerga. Contra su voluntad, ella sintió que la reserva que tenía hacia él se suavizaba. Había pasado demasiado tiempo desde que había charlado con un hombre de esta manera. La mayoría de la gente con la que hablaba eran otras Cazadoras Oscuras, y a todas ellas las había conocido por décadas. Esto era un agradable cambio de ritmo.
—¿Volviste para matar a tu esposa?
—No —lanzó una corta y amarga carcajada—. Tengo que decir que fue realmente uno de los mejores momentos de mi vida… o de mi muerte. Me sentí como un completo imbécil, yaciendo allí, mirándola mientras ella me observaba morir. No había ni siquiera compasión o la más mínima muestra de pesar en sus ojos. Si de algo estaba contenta era de verme ir.
Pobre tipo. Ella sabía de primera mano que eso no sólo era doloroso, si no humillante haber juzgado tan mal a alguien.
—Entonces... ¿qué le pasó a ella?
Un costado de su boca se levantó con sardónico humor.
—Acheron la convirtió en piedra. Ahora es una estatua que está de pie en el vestíbulo fuera de mi cuarto.
Danger ensanchó sus ojos.
—¿En serio?
—Absolutamente. Le lanzo un sarcástico beso cada mañana cuando paso por delante de ella.
—Hombre —dijo ella, sacudiendo su cabeza—. Eso es frío.
—¿Lo crees?
—¿Francamente? No del todo. Yo habría sido mucho más cruda.
Alexion sintió curiosidad en cuanto a lo que sería un castigo peor que el que le había asignado a ella.
—¿Cuánto?
—Yo la habría puesto en un parque en algún sitio donde los pájaros podrían cagarla entera.
Él se rió. Bien, eso realmente sería mucho peor.
—Recuérdame quedarme en tu lado bueno.
—Sí, bueno pues mi madre solía decir, “no hay peor infierno que la furia de una mujer enojada”.
—Pensé que era “de una mujer desdeñada”.
—Enojada, despreciada, lo que sea. Vengo de una larga línea de mujeres vengativas. Mi abuela habría tenido a Madame Defarge corriendo por su dinero cualquier día.
Él asintió.
—Entonces me aseguraré de no rozar esa parte de tu personalidad. Los dioses saben que he tenido mi cuota de mujeres vengativas.
Danger suspiró ante su tono ligero sobre un asunto que estaba segura que él no encontraba divertido. De hecho, sus palabras hicieron que su corazón se encogiera.
—Supongo que lo tienes. —Ella apretó su mano—. Entonces, ¿qué pasó con los niños después de que Ash convirtiera a su madre en piedra?
—Acheron les encontró un buen hogar. Él no es el tipo de persona que abandonaría a un niño para sufrir por algo que no hizo.
—Sí, lo he notado.
Ninguno de ellos habló otra vez mientras hacían el resto del camino al campus MSU. Era una noche nublada sin mucha luz de luna. Pero la poca luz se reflejaba contra los árboles, formando misteriosas sombras, parecidas a un monstruo.
A Danger siempre le gustaba conducir de noche. Había algo muy pacífico en ello. Bien, excepto cuando un ciervo ocasional se volvía suicida y decidía jugar al gallito ciego con ella en la carretera. Eso podía dejarlo atrás.
Pero al menos ella no tenía que preocuparse por eso en Starkville. La ciudad había crecido demasiado en los últimos años y se habían alejado hacia Tupelo, los ciervos fugitivos no serían un problema.
Alexion miraba por la ventana del coche mientras Danger los conducía por delante de las casas de la fraternidad de mujeres hacia el campus central. Parecía como si hubiera una fiesta de alguna clase en una casa. Él podía ver un montón de coches aparcados con muchachos asomados por las ventanillas mientras otros estaban apoyados contra los marcos, hablando con los que estaban dentro. Los grupos de estudiantes de la universidad estaban diseminados por el pórtico y en el patio mientras más se podían ver adentro, bailando.
—Míralos —dijo él tranquilamente—. ¿Recuerdas ser humana y de esa edad?
Ella dirigió la mirada hacia los alumnos de fiesta.
—Sí, lo recuerdo. En aquel momento de mi vida, pensé que iba a ser una de las mejores actrices de Francia, como mi madre. Pensé que Michel y yo nos retiraríamos ricos, al campo, criando nuestra multitud de niños y mirando a nuestros nietos jugar —ella suspiró como si el recuerdo fuera demasiado doloroso para entretenerse por mucho tiempo—. ¿Y tú?
Alexion dejó que su mente fluyera hacia atrás, a aquellos incontables siglos. Eso no era algo que hiciera a menudo, por muchos motivos. Pero los antiguos sueños realmente nunca morían. Estaban siempre allí, viviendo como excusas por lo que podría haber sido.
—Quería retirarme del ejército. Realmente nunca quise unirme a él en primer lugar. Pero mi padre insistió en ello. Cuando vinieron a nuestro pueblo por muchachos, él nos agarró a mi hermano mayor y a mí, y literalmente nos lanzó a los reclutadores. Quería que nosotros fuéramos más que sólo simples granjeros que intentaban vivir de un suelo miserable que prefería vernos hambrientos que alimentados. Él pensó que ser soldados sería nuestra posibilidad de una vida mucho mejor.
—¿Qué le pasó a tu hermano?
Alexion hizo una pausa mientras recordaba la cara de Darius. Su hermano había estado lleno de vida y nunca había querido nada más que ser un granjero con una buena esposa a su lado. De todo lo que siempre hablaba era de volver a casa otra vez, cuidando el ganado y atendiendo los campos.
Su corazón le dolió por lo que les había pasado a ambos.
—Él murió aproximadamente un año antes que yo lo hiciera. Yo también lo habría hecho, si no hubiera estado en el regimiento con Kyros. Por alguna razón que nunca entendí, él me tomó bajo su ala.
—¿Él era mayor?
—Sólo tres años, pero en ese tiempo parecía que él era un adulto mientras yo solamente era un niño aterrorizado.
Danger podía oír la admiración en su voz. Era obvio que una vez había venerado a su amigo. No era asombroso que quisiera salvarlo.
—Otros muchachos no pensaban mucho en mí —se confió él—. Como Kyros, ellos venían de una larga línea de soldados y pensaban que yo debería volver a la granja. Ellos no querían perder tiempo entrenando y alimentando a alguien que de todos modos pronto moriría. Mejor era ahorrar el alimento para alguien que pudiera mantenerse.
Ella no necesitó su sfora para ver como ellos habían hecho evidente su descontento. Nueve mil años más tarde, todavía podía oír el dolor de su voz.
—Pero permaneciste allí.
—Como Nietzsche dijo, “lo que no te mata…”À
—Sólo requerirá una breve hospitalización. Y si eres un Cazador Oscuro, solamente un buen día de sueño.
Alexion se rió de su humor. Ella definitivamente tenía un modo único de ver las cosas.
Él volvió su atención al campus y a los coches que pasaban rápidamente por delante de ellos con enormes estéreos retumbando y muchachos gritando y riendo solo por la alegría de estar vivos.
Cómo los envidiaba. A excepción de Danger, quien tenía una increíble destreza para tocar sus puntos dolorosos, él normalmente no sentía nada en absoluto.
—No tienes ni idea de lo asombroso que es este mundo. En verdad no ha cambiado demasiado desde tu nacimiento, pero desde el mío…
—Sip, tú eres, ¿de la Edad de Bronce?
Alexion resopló.
—No, soy anterior incluso a eso. Nosotros éramos tan primitivos, que realmente deberíamos haber tenido dinosaurios para montar.
—¿Primitivo cómo?
Por dentro, él se abatió ante los recuerdos de cómo su gente había vivido, lo que se habían visto obligados a soportar sólo para sobrevivir. Eso había sido supervivencia en su forma más pura, más cruda. El hombre “moderno” no tenía ni idea de lo bueno que tenían.
—Nosotros no teníamos espadas, ni metal verdadero, ni cerámica. Nuestras dagas y puntas de lanza estaban hechas de piedra que nosotros astillábamos con nuestras propias manos hasta que estaban ensangrentadas y magulladas por eso. Nuestra armadura estaba hecha del cuero de las pieles de los animales que matábamos para comer. Las hervíamos y modelábamos nosotros mismos. No teníamos ningún gobierno para criticar, ninguna verdadera ley. Si te jodían, no había nadie a quien apelar. Lo manejabas tú mismo o lo dejabas. —Él suspiró ante los ásperos recuerdos de su vida humana—. Demonios, allí no había ningún juez, policía, o político. Nosotros teníamos sólo dos clases de personas: los granjeros que se alimentaban por sí mismos y los soldados que protegían a los granjeros de los que les querían robar su alimento y los mataban. Eso era todo...
—¿No tenían sacerdotes?
—Nosotros teníamos uno. Había sido un granjero que había perdido el uso de su mano derecha en un incendio. Ya que no podía mantenerse, interpretaba señales y los granjeros lo alimentaban por eso.
Danger frunció el ceño mientras intentaba imaginarse el mundo que él describía. Y ella había pensado que su vida sin un cuarto de baño apropiado era primitiva. De pronto su mundo del siglo dieciocho parecía de verdad de muy alta tecnología.
—Mi gente nunca soñó con un mundo como este —siguió Alexion—. De tener tanto sin un agotador y debilitante trabajo. Y a pesar de todas las mejoras físicas, la gente todavía es gente. Se matan el uno al otro para conseguir más o demostrar un punto que sólo el asesino entiende. Todavía se tratan brutalmente y se torturan el uno al otro por cosas que dentro de cien años ni siquiera importarán.
Los ojos de Danger se llenaron de lágrimas mientras sus palabras golpeaban de una forma particular en su propio corazón.
—Dímelo a mí. Como en todas partes del mundo, el rico en Francia todavía es rico. Todavía hay incontables en mi patria que pasan hambre cada día, y no es porque sean anoréxicos o estén ayunando. Es porque no pueden permitirse comida mientras el rico tira el dinero todo el tiempo en cosas triviales. Y aún así mi familia entera fue asesinada, yo fui asesinada, para hacer una Francia mejor donde nadie jamás pasaría hambre otra vez. Siempre que me entero sobre el hambre en París, me pregunto cuán buena fue la supuesta Revolución. Todo lo que hizo fue arruinar miles de vidas.
—Chronia apostraph, anthrice mi achi.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
—Eso es Atlante. Algo que Acheron dice mucho. Aproximadamente traducido, eso significa “el tiempo sigue adelante, la gente no”.
Danger pensó en eso. Era muy cierto, y muy del tipo de Ash.
—¿Puedes imaginarte el mundo que él debe haber conocido? Más retrasado que el tuyo...
—Su mundo fue sumamente avanzado —dijo él, interrumpiéndola—. Los Atlantes muy definitivamente no estaban en la Edad de Piedra.
—¿Qué quieres decir?
—El mundo en que él nació era increíblemente de alta tecnología. Ellos tenían carruajes de todas clases, medicina, trabajo en metales, tú nómbralo. Grecia y Atlántida estaban varios milenios adelantadas a su tiempo.
—Entonces, ¿qué pasó que todo eso se perdió?
—Sucintamente dicho, la ira de una diosa. Atlántida fue barrida al mar, no por un medio natural, sino por la cólera de una mujer que quería vengarse de todos ellos. Ella violó su propio continente y a su gente, luego se movió a través de toda Grecia, lanzándolos de regreso a la era del dinosaurio.
—¿Por qué?
Él soltó un cansado suspiro.
—Ellos tomaron algo que ella quería de regreso.
Danger asintió mientras de repente entendió.
—Le robaron a su hijo.
Él pareció aturdido porque ella hubiera llegado a esa conclusión.
—¿Cómo sabías eso?
—Soy una mujer y esa es la única cosa que haría que una mujer destruyera a su propia gente.
Él no comentó nada. De hecho, pareció estar sumamente incómodo sobre el giro que había tomado su conversación. Si lo conociera mejor, creería que él le ocultaba algo.
De repente, Alexion se puso rígido en el asiento a su lado.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
—Gira a la derecha.
Su tono le dijo que eso era urgente. Decidiendo no discutir, Danger giró por la calle Creelman hasta el pequeño camino que corría delante del Gimnasio McCarthy. Al final del camino había una serie de aparcamientos.
—Para el coche.
En cuanto ella lo hizo, el motor del coche se apagó y Alexion estuvo fuera, del lado del pasajero, dirigiéndose hacia el edificio Holmes. Danger inmediatamente corrió detrás de él.
Ella lo alcanzó detrás del gimnasio. Mientras reducía la velocidad, su corazón martilló cuando vio lo que había allí.
Profundo en las sombras, Kyros se estaba poniendo de pie ante un cuerpo que parecía haber sido Marco, un Cazador Oscuro que era de la región vasca de Francia.
—¿Qué pasó, Kyros? —preguntó ella, su tono sin aliento por la carrera.
Ella sabía que Kyros no había matado a Marco. Ningún Cazador Oscuro podía dañar a otro. Independientemente del golpe o la herida que un Cazador Oscuro le diera a otro, el que lo daba sentía un dolor diez veces mayor que el que lo recibía.
Si Kyros hubiera matado a Marco, él estaría muerto también.
Kyros giró despacio para enfrentarla. Parecía pálido y conmocionado.
—No te metas conmigo, Danger. No esta noche.
—¿Kyros?
Su cabeza giró hacia Alexion. Si ella pensaba que él había estado pálido antes, no fue nada comparado con lo que parecía ahora. Él miró fijamente a Alexion como si estuviera viendo a un fantasma… y esto era exactamente lo que hacía.
—¿Ias?
Alexion caminó hacia él lentamente.
—Tengo que hablar contigo, hermano.
Ella vio la mirada de Kyros estrecharse mientras se fijaba en el abrigo blanco de Alexion.
—¿Tú? —preguntó, su voz asqueada y aún así ella oía una nota herida bajo ella—. ¿Tú eres la mano derecha de Acheron? ¿Tú eres el que entrega su ultimátum? —él sacudió su cabeza con incredulidad—. Eso no es posible. Estás muerto. Has estado muerto.
—No —dijo Alexion con calma, moviéndose otro paso hacia él—. Estoy vivo.
Kyros se alejó.
—Tú eres una Sombra.
Alexion le extendió su mano.
—Soy real. Toma mi mano, hermano, y ve por ti mismo.
Danger contuvo su aliento. Considerando su hostilidad, ella casi esperaba que Kyros atacara a Alexion.
Pero no lo hizo.
Él extendió su mano metódicamente hasta poder estrechar la de Alexion. Pero al instante que tocó la mano de Alexion, la dejó caer y tropezó hacia atrás.
Ella podía decir que Kyros todavía no quería aceptar que estaba justo ante él.
—Está bien —dijo Alexion, mientras se acercaba otro paso hacia el enfadado y aterrorizado griego.
—¡No me toques!
Alexion se detuvo. Ella podía ver en sus ojos el dolor que las ásperas palabras causaban.
Kyros siguió sacudiendo su cabeza como si no pudiera creerlo.
—No puedes ser tú. Tú no puedes ser el destructor de Acheron. No puedes.
—No soy su destructor. Estoy aquí para ayudarte a evitar cometer un error fatal. Todo lo que tienes que hacer es no confiar en Stryker. Él te está mintiendo. Créeme, Kyros. Nosotros fuimos hermanos una vez. Confiabas en mí entonces.
Los ojos de Kyros arrojaron fuego contra su antiguo amigo.
—Eso fue hace nueve mil años. Nosotros éramos humanos.
Alexion buscó en su mente las palabras que harían que su amigo le creyese. Pero podía contar con que eso no funcionaría. Había demasiada cólera y desconfianza. Era como si Kyros buscara una razón para odiarlo.
—Vamos, Kyros. Confía en mí.
—Jódete.
—Entonces confía en mí —dijo Danger, acercándose más a Kyros—. Me conoces desde hace cinco años. Confiaste en mí lo suficiente como para presentarme a Stryker y dejarlo parlotear su mierda sobre Acheron —ella miró a Alexion, quien estaba de pie con un brillo angustiado en sus ojos. Él quería salvar a su amigo y ella quería ayudarlo—. Confía en Alexion, Kyros. Completamente. Stryker nos está mintiendo. Él quiere que mueras.
Kyros miró airadamente a Alexion.
—Me puse enfermo con tu muerte. ¿Por qué jamás me dijiste que estabas vivo y bien? ¿Por qué no lo hizo Acheron?
—Porque no puedo vivir este mundo —explicó Alexion en ese mismo tono racional—. ¿Cuál habría sido el punto de decírtelo?
Kyros le devolvió las palabras incluso con más rabia.
—El punto era que nosotros éramos hermanos. Me debías dejarme saber que estabas bien.
—Tal vez me equivoqué entonces, pero vine aquí ahora para salvarte.
—Mierda. Esto es solo un juego para ti, ¿verdad? —Kyros miró hacia el cielo como si buscara algo—. ¿Estás viendo esto, Acheron? Jódete, bastardo mentiroso. ¿Cómo pudiste no decírmelo?
Kyros comenzó a alejarse de ellos.
Alexion agarró su brazo.
—¿Qué le pasó a Marco?
Él empujó a Alexion.
—¿Qué te importa? Fuiste enviado aquí para matarlo de todos modos.
Eso era verdad. Porque él había asesinado a una estudiante la noche anterior, Marco estaba destinado a morir. Él había atravesado el punto sin retorno, ningún indulto.
—Pero tú… todavía estás a tiempo. Puedo salvarte, Kyros. Si me dejas. No seas estúpido, adelfos.
Kyros hizo una mueca.
—No quiero tu maldita ayuda. No quiero nada de ti.
Alexion refrenó su propio temperamento. Tenía que permanecer tranquilo y racional para pasar por esto. Pero realmente, lo que quería hacer era sacudir a Kyros por ser tan ciego y tan estúpido.
—Acheron no es un Daimon.
—¿Entonces qué es?
Alexion miró a lo lejos, incapaz de contestar. Aunque estaba desgarrado. Una parte de él quería traicionar a Acheron y decir la verdad que necesitaba su amigo para salvar su vida.
Pero si hacía eso…
No, él le debía a Acheron demasiado para traicionar su confianza.
—Él es uno de ustedes —dijo Alexion con una calma que no sentía.
—Sí, justo —dijo Kyros sarcásticamente—. ¿Entonces por qué yo no puedo caminar a la luz del día?
Él tenía que darle eso.
—Bien, entonces Acheron es un poco diferente.
—¿Un poco? ¿Y qué hay contigo?
—Soy mucho más diferente.
—Y yo estoy muy cabreado —Kyros lo empujó y se dirigió hacia el aparcamiento.
Alexion cerró los ojos mientras debatía qué hacer. Qué decir.
¿Qué haría que Kyros lo escuchara?
Entonces, de repente pensó en algo.
—No fue tu culpa que Liora me matara.
Eso tuvo éxito en detener la marcha de Kyros. Él se congeló en el lugar.
—Yo debería haberte dicho que era una puta —dijo sin darse vuelta.
Alexion estaba agradecido de que al menos se dirigiera a él en un tono casi civilizado.
—Yo no te habría creído. Jamás. Te habría odiado por intentar salvarme. Por favor, no cometas mi error, Kyros.
Él se dio vuelta para enfrentarlo.
—No te preocupes —dijo, mientras su mirada negra se fijaba en Alexion quemándolo con su intensidad—. No voy a hacerlo. Tu error consistió en que no habrías creído que tu amigo te dijera la verdad. Mi error sería escuchar a mi “amigo” ahora… Pero, por otro lado, no eres mi amigo, ¿verdad? Mi amigo murió hace nueve mil años, y si hubiera vivido, él me lo habría dicho y no me hubiera dejado vivir siglos con la culpa de su muerte.
Kyros giró y reanudó su paso enfadado hacia el aparcamiento.
—Kyros.
—Dialegomaiana o echeri —dijo Kyros sin siquiera mirar hacia atrás.
—¿Qué idioma es ese? —preguntó Danger.
—Es nuestra lengua natal.
—¿Y qué te dijo?
Alexion soltó un suspiro asqueado.
—Abreviando: “le estás hablando a la pared”.
Ella parecía tan desalentada como se sentía él.
—¿No deberíamos seguirlo?
—¿Para hacer qué? No puedo meterle sentido a los golpes, por mucho que me gustara. La opción tiene que ser suya.
Maldito destino por esto. Él odiaba el libre albedrío de vez en cuando. No era asombroso que Acheron lo maldijera constantemente. Su jefe tenía razón, el libre albedrío apestaba.
Su mirada volvió a Marco. El pobre y desgraciado Cazador Oscuro todavía tenía una daga que sobresalía de su pecho, donde alguien, probablemente un Daimon, lo había apuñalado. Sacudiendo su cabeza apesadumbrado por la insensatez del hombre, Alexion fue hasta el Cazador Oscuro caído y quitó la daga. Desde luego no era la daga lo que lo había matado. Su cabeza decapitada yacía a unos metros de distancia.
Danger se movió solo para pararse detrás de él mientras examinaba el cuerpo también. Él podía sentir su repulsión, pero como una actriz ella se mantenía tranquila y profesional.
—¿Crees que Kyros, lo hizo?
—Él no podría.
—¿Entonces quién?
La voz que contestó su pregunta no fue la de él y esta vino del otro lado de las sombras.
—Sólo tu amigable patrulla vecinal Daimon.
Alexion se inclinó ligeramente hacia atrás para poder ver detrás de Danger.
En las sombras había un grupo de seis Daimons…


À Es un servicio de rastreo satelital que tienen los automóviles especialmente de la marca General Motors y al mismo tiempo indica en forma oral el camino que uno debe tomar para llegar a destino.
À Se refiere al personaje fantástico que se usa para atemorizar a los niños. Varía su nombre según los países por ejemplo: Hombre del saco, Coco o Cuco.
À Friedrich Nietzsche dijo, “lo que no te mata te hace más fuerte” 

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