Alexion miró completamente estupefacto al demonio Caronte mientras volaba hacia ellos. ¿De dónde infiernos había venido? Se suponía que Simi era la última de su clase, y ahora no se podía negar que este demonio era un Caronte. Nada más sobre esta tierra o más allá se parecía a eso.
—¿Qué es eso?
Él no respondió a la pregunta de Danger mientras se alejaba de ella para mantener la atención del demonio sobre él.
—¿Qui’ esta rahpah? —preguntó al demonio, queriendo saber de dónde había venido.
Haciendo una pausa momentáneamente, el demonio mostró su propia sorpresa ya que Alexion habló en su lengua materna. Pero eso no lo detuvo de atacarle.
Antes de que Alexion pudiera moverse, bajó en picada, agarrándolo por la garganta, y lanzándolo al piso. Él golpeó el suelo con tanta fuerza que, si hubiera sido humano, cada hueso en su cuerpo se habría roto.
El demonio lo rasgó con sus garras. Alexion levantó una pierna para quitarse de una patada al demonio de encima.
Eso no funcionó.
Él destelló para alejarse, pero de algún modo el demonio previó la acción, y cuando reapareció, lo agarró otra vez. Esta vez lo aporreó de cara contra el suelo. Sus dientes repiqueteaban mientras el demonio lo agarraba por el pelo.
Por la esquina de su ojo, él vio a Danger agarrar una espada que ella había ocultado bajo su sofá.
—¡Quédate atrás! —gritó él un instante demasiado tarde.
El demonio la cogió con su cola y la levantó por el aire. No había ningún modo de ganar una lucha contra un Caronte. No a no ser que uno fuera un dios; y aunque Alexion pudiera apelar a los poderes de Acheron, estos realmente no eran suyos.
Esto lo dejaba seriamente en desventaja.
El demonio rodó con él. Alexion se destelló para alejarse otra vez sólo para hacer que el demonio lo agarrara mientras era invisible.
Déjalo, Lex. La maldita cosa obviamente puede verte transmutando. Maldición.
Él golpeó al demonio, quien no sentía sus golpes en absoluto. Pero Alexion sí. Su mano palpitaba como si estuviera rota. El demonio se rió mientras lo alzaba para dejarlo caer sobre el suelo, y aporreaba su cabeza con mucho dolor contra el piso. Sintió como si sus sesos realmente repiquetearan en su cráneo. Él podía sentir el sabor de la sangre en su boca, sentirla corriendo de su nariz.
Si no conseguía que el demonio lo soltara pronto, esto lo mataría. Y esta vez, Acheron no sería capaz de devolverlo.
Alexion intentó invocar el campo de fuerza para bloquear sus golpes. Eso fue menos eficaz que un matamoscas contra un rinoceronte. No era asombroso que los dioses griegos vivieran con miedo de esta especie. Ellos eran horriblemente poderosos. La única verdadera pregunta era, ¿cómo los dioses Atlantes los subyugaron?
—Bájate de mí, culo grasiento, halitosis, desecho pulguiento de película de horror —gruñó en Caronte.
Esto fue seguido por otro golpe de cabeza contra el piso. El Caronte se echó hacia atrás y se envolvió alrededor de él como una boa constrictora. Y como la serpiente, él sabía que este era su movimiento final antes de desgarrarlo y terminar con su existencia.
Alexion intentó apartarle los brazos.
Sí, eso va a funcionar. ¿Por qué no escupirle mientras estás en eso?
Lo que necesitaba era a Simi.
Pero en lugar de eso…
Él estaba bastante jodido.
Danger estaba aterrorizada mientras miraba al demonio vapulear a Alexion, que estaba desvalido contra él. Hasta este momento, ni siquiera había sabido que él podía sangrar. Era espantoso ver a algo hacer tanto daño a alguien, ella tontamente había asumido que era invencible.
Ella alcanzó su espada.
El demonio dejó ir a Alexion para arremeter contra ella. Ella agarró la espada y la hundió profundamente en el demonio al mismo tiempo que Alexion gritaba:
—¡No!
Ella rápidamente entendió por qué lo decía cuando el demonio le arrebató la espada de sus manos, removiéndola de su cuerpo, para luego arremeter con ella contra Danger.
Ella se preparó para luchar y morir, pero en cuanto el demonio la alcanzó, Alexion se precipitó y volvió a golpearlo. Los dos giraron y se alejaron de ella.
—¡Protula akri gonatizum, vlaza!
Ella no tenía idea de lo que esas palabras significaban, pero el demonio inmediatamente lo liberó. Para su completa conmoción, este en realidad cayó sobre una rodilla, cruzando los brazos sobre su pecho, e inclinando su cabeza reverentemente.
—¡Guau! —suspiró ella, sobrecogida por lo que había sofocado lo imparable—. ¿Qué dijiste?
Él no contestó mientras con cuidado la tomaba del brazo y la conducía hacia la puerta. Él se pasó la mano sobre la cortadura en su labio y la sangrienta nariz, y la apresuró por la casa.
—¿Qué estamos haciendo? —preguntó ella.
—Yéndonos de aquí mientras somos malditamente capaces —susurró.
—Pero eso se detuvo.
—Sí, lo atonté con una orden que estoy seguro de que no escucha mucho. La cosa es que no soy el que en realidad tiene el poder de hacer que me obedezca, y no estoy seguro de cuánto tiempo le tomará darse cuenta de esto. Por lo tanto, voto por echarnos a volar antes de que ese demonio nos haga pedazos.
Escapar le sonaba bien a ella. Miró hacia atrás sobre su hombro para asegurarse de que eso no los seguía por su casa.
—¿Qué era aquella cosa?
—Es un demonio Caronte.
—¿Un qué?
Él la condujo al garaje y abrió la puerta del BMW Z4 color rojo merlot de ella.
—Entra.
Ella se puso rígida ante su tono de orden. Nadie le decía qué hacer.
Nadie.
—No me des órdenes.
Él le dirigió una mirada suave.
—Bien. Entonces quédate y lucha tú sola. Yo estoy afuera.
Ella lo fulminó con la mirada antes de cumplir con la orden. Sí, si el demonio podía hacerle eso a él… Bien, si ella quería que le rediseñaran la cara, llamaría a un cirujano.
Al menos entonces estaría inconsciente para la peor parte de ello.
No fue hasta que se unió a él en el coche que se le ocurrió.
—¿Sabes cómo conducir?
Él le contestó poniendo el coche en marcha sin usar las llaves y dando marcha atrás. La puerta de garaje estuvo abierta en tiempo récord. Alexion hizo un giro impecable en el camino de entrada hacia la calle.
—Supongo que sabes —dijo ella en voz baja. Él conducía el coche como un profesional—. Entonces, MagullanÀ, ¿adónde vamos?
—Lejos. Estoy abierto a cualquier locación, mientras que eso no implique volver a tu casa mientras la Cabeza de Verruga esté allí.
Ella no podía estar más de acuerdo.
—¿Cuánto tiempo crees que el demonio esperará antes de que venga detrás de nosotros?
—No tengo ni idea. Eso podría depender de quién tira de su cadena o cuáles eran sus órdenes. Esperemos que el tiempo no signifique nada y que se quede allí unos siglos.
—No sé sobre eso. Esa es mi casa, ¿sabes? Me gustaría volver en un día o dos. Tú realmente no crees que aún estará allí por días, o Dios no lo permita, más, ¿verdad?
Alexion suspiró cansadamente.
—No sé. Realmente no sé.
Genial. Ahora ella tenía una imagen de su casa luciendo como la de la señora Haversham de Grandes Esperanzas de Dickens, con telarañas y ratones corriendo. Ella tembló.
—¿Al menos me dirás qué le dijiste para hacerlo dejar de atacarte?
Él le dirigió una sonrisa burlona y sardónica, lo que era extraño viniendo de él.
—Básicamente, le dije, “Inclínate delante de tu amo y maestro, pelota de lodo”.
Ella se rió. Sólo Alexion intentaría con eso.
—¿Qué idioma usaste? Nunca lo he oído antes.
—Atlante.
Esto no tenía sentido. Él había admitido ser un griego antiguo, no un Atlante.
—¿Cómo hablas la lengua de una nación que desapareció mucho antes de que hubieras nacido?
Él lanzó una risa baja.
—Vivo con Acheron. Es todo lo que habla cuando está en casa.
—¿En serio?
Él asintió.
Wow. A ella le gustaría oír una conversación en Atlante. Las palabras eran extrañas, pero había una maravillosa calidad lírica en el lenguaje que era sumamente musical.
Pero ella tenía otras cosas mucho más importantes que pensar que en una lengua muerta hacía mucho. Como desalojar al demonio de su casa. Sólo esperaba que él no tuviera algunos amigos que quisieran venir y hacer una fiesta en su sala de estar usándolos a ella y a Alexion como pogosÀ.
—¿Crees que hay más de ellos?
—No lo sé. Creía que Simi era la última de ellos. Es lo que le dijeron a Acheron y es lo que él me dijo. Al parecer alguien mintió.
—¿Simi? ¿La amiga imaginaria con la que has estado hablando es una de esas cosas escamosas y repugnantes?
—No —dijo él en tono ofendido—. Simi es preciosa. Ella es hermosa… —hizo una pausa antes de agregar—, en un estilo muy demoníaco.
—Claro —dijo ella, su voz cargada de incredulidad—. ¿Ella aporrea tu cabeza contra el piso también?
—No intencionadamente… mucho. Solamente a veces olvida lo fuerte que es.
—Ahá. Creo que ella dañó tu cerebro una de las veces que aporreó tu cabeza.
Él la fulminó con la mirada de manera amenazante, y cuando habló, su tono estaba a la defensiva y enfadado.
—Simi es como una hija para mí, entonces espero que muestres algún respeto cuando hablas de ella.
Ella levantó sus manos en fingida rendición.
—Bien, si quieres reclamar a un demonio escamoso como hija, eso es asunto tuyo. Mientras tanto, ¿alguna idea sobre cómo matar a uno de aquellos?
Él sacudió su cabeza.
—El único modo que conozco para matar a uno es usar una daga Atlante.
—¿Dónde encontramos una de esas?
Él apretó el volante mientras conducía.
—No lo hacemos. Acheron las destruyó todas para asegurarse de que nadie pudiera hacer daño a Simi.
—Bien, eso fue bastante omnipotente de parte de él, YorickÀ. ¿Y qué pasa con los otros demonios que quieren jugar al baloncesto con tu cráneo? ¿Nunca pensaste en que deberías guardar una daga, por si acaso?
—Eso no merecía el riesgo de que alguien hiciera daño a Simi. Además, Acheron puede matarlos sin una daga.
Bien, esto sería de mucha ayuda si Acheron estuviera aquí, pero hasta que eso pase…
—Lucille seguramente escogió un buen momento para abandonarnosÀ, ¿verdad? Sólo desearía que nuestro único problema fueran cuatro niños hambrientos y una cosecha en el campo.
Alexion redujo la marcha del coche mientras giraba su cabeza para dirigirle una mueca.
—Sabes, tu sarcasmo no ayuda más que tus comentarios bizarros y tus dispersas referencias de literatura y malas canciones country.
—No, verdad, eso me ayuda a mantener una apariencia más tranquila de lo que definitivamente me siento.
—Bien, estás comenzando a cabrearme.
—Oooh —suspiró ella—, casi me asustas cuando dices eso. —Él gruñó mientras aceleraba el coche en la carretera que conducía hacia Aberdeen—. ¿Dónde decidiste llevarnos?
—Estoy aquí para ver a Kyros, entonces calculo que no hay ningún mejor momento que el presente.
Ella lo suponía, pero había un hecho importante que él pasaba por alto.
—A Kyros muy probablemente le va a dar un ataque.
—Probablemente. Espero meterle algo de sentido —él le echó un vistazo—. Me estabas contando de Stryker antes de nuestra grosera interrupción demoníaca. ¿Te importaría terminar esa discusión?
Danger abrió su guantera para sacar un paquete de pañuelos de papel. Agarró dos, entonces con cuidado los usó para limpiar la sangre que estaba todavía alrededor de la nariz de Alexion.
Él le lanzó una mirada extrañada antes de tomar el pañuelo por él mismo para limpiar su cara. Había algo casi como infantilmente encantador en el modo en que se movía. Era asombroso que hubiera tenido semejante paliza y se hubiera puesto en marcha sin una sola queja.
No importaba lo que él dijera, eso tenía que doler mucho.
Compadeciéndole, ella deslizó su mano por su cabello, retirándolo de su mejilla. Él no dijo nada, pero la expresión de su rostro mostró que su ternura lo tocó.
El aturdimiento la consumió. Ella dejó caer su mano y volvió a su conversación.
—No hay mucho para contar —dijo ella mientras cerraba la guantera—. Él expuso su reclamo de ser el hermano de Acheron. —Alexion se echó a reír—. No te rías —dijo ella, ofendida porque él se riera amablemente porque ella hubiera comprado brevemente la idea de que ellos fueran familiares—. Él tiene el mismo cabello negro y los cambiantes ojos plateados como Ash. Maldición si no se parece a Acheron. Mucho.
—No lo es. Confía en mí.
—Entonces, ¿por qué ellos tienen los mismos ojos?
—No los tienen. Sus ojos son muy diferentes. Acheron nació con los suyos. A Stryker se los dieron después de que él despreció a su padre, Apolo.
Ella frunció el ceño.
—¿Cómo sabes eso?
Él se encogió de hombros.
—Vivo con una sfora, una esfera que puede decirme cualquier cosa que pase aquí en el reino humano. Para no mencionar que Simi es una fuente de información sobre lo que pasa en Kalosis, el reino de donde…
—Es Stryker. Él me lo mencionó. ¿Entonces dices que Ash no es su hermano?
—Demonios, no. Sólo en los sueños de Stryker. Confía en mí —Alexion se quedó en silencio mientras consideraba sus palabras. Deslizó el pañuelo en su bolsillo mientras continuaba conduciéndolos por la oscura carretera—. Entonces, ¿por qué Stryker le miente a Kyros? En realidad, ¿qué diablos está haciendo aquí? No es que él se moleste con cosas como estas. Normalmente va a Acheron, directamente.
Ella esperó que eso fuera retórico.
—No lo sé. Pero él le ha vendido completamente la idea a Kyros. Por un rato, también a mí.
Alexion soltó un bufido.
—Tú no lo conoces bien, pero Kyros debería —un músculo se crispó en su mandíbula mientras él mantenía su mirada enfocada en el camino—. Bien, independientemente de Stryker, esto no es bueno. Y si él es quien ha soltado y da órdenes al Caronte de que vaya tras nosotros, estamos en verdaderos problemas.
—¿Tú crees?
Él asintió con su cabeza.
—Sarcasmo aparte, no tienes ni idea de cuánto poder maneja Stryker. ¿Crees que estoy aquí para matarte? Al menos no disfruto al hacerlo. A Stryker le gusta torturar a la gente. La última vez que salió de su agujero, hizo que un Daimon Spathi poseyera a un Cazador Oscuro y causaron estragos por toda Nueva Orleáns.
—¿Qué es un Spathi? —preguntó ella.
Ese era un término que nunca antes había oído.
—Ellos son una antigua clase de guerreros Daimons que han estado por ahí por cientos, si no miles, de años. Y en ese tiempo, han aprendido a estar seriamente enfadados. A diferencia de los Daimons más jóvenes con los que estás acostumbrada a luchar, estos tipos no escapan. Ellos corren hacia ti.
—Ah, bueno. Esto sólo mejora y mejora. Un semidiós regañón, un demonio, y ahora Daimons guerreros que nos poseen y nos matan. ¿Hay algo más sobre lo que tienes que advertirme?
—Sí. Enlata el sarcasmo antes que decida que no necesito una guía después de todo.
Stryker miró airadamente al Caronte que estaba de pie delante de él. Él y Trates estaban en la gran sala de Kalosis, bebiendo sangre Apolita en sus copas mientras celebraban la muerte de Alexion.
Al menos hasta que el demonio había regresado con noticias que Stryker no quería oír. Trates se había alejado, previendo la ira de Stryker, que ya se cocía a fuego lento y hervía cuando se puso de pie para enfrentar al demonio.
—¿Quieres decir que lo dejaste ir?
Las pupilas de Caradoc se movieron en espiral mientras se estrechaban sobre Stryker.
—Mide tu tono conmigo, Daimon —dijo en el extraño acento cantarín que tenía su raza—. No eres digno de sonar mi nariz con tu débil tejido. Sólo estuve de acuerdo con esto porque dijiste que podías liberarme de la diosa. No me dijiste que me enviabas contra otro de su clase.
Stryker se quedó frío con esas palabras.
—¿Qué quieres decir con “otro de su clase”?
—No era ningún hombre al que me enviaste, mejor dicho algo más. Él hablaba mi idioma y hablaba Atlante. Él sabía la orden que nos daban los dioses Atlantes para controlarnos. Ningún humano conoce esas palabras. Sólo los dioses lo hacen.
Él se mofó del demonio.
—Alexion no es un dios. Como tú, sólo es un criado.
—Él no habló como un sirviente —argumentó Caradoc—. Tampoco se rompió como un humano debería haberlo hecho. Le di golpes mortales y de todos modos luchó.
Stryker le gruñó, luego se alejó mientras el demonio se movía hacia él. Le gustase o no, sabía que si llegaban a pelear, el Caronte ganaría.
—Tú no tienes que obedecerle. Te lo prometo. Él no es un dios y es incapaz de hacerte daño.
Caradoc inclinó su cabeza mientras digería esto. Finalmente, sacudió su cabeza.
—No iré por él otra vez. El riesgo sobrepasa por lejos la posible ventaja. La diosa me mataría si dañara a uno de su familia. Incluso desde aquí, ella me perseguiría y asesinaría mi existencia entera. Encuentra a otro tonto para tu encargo.
El demonio puso sus alas alrededor de su cuerpo y salió caminando con arrogancia del cuarto.
Stryker maldijo. Realmente odiaba a esas cosas. Incluso le repugnaban más que la gente.
Un día, destruiría a ambas razas.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Trates.
—Trae a Xirena.
Trates rió nerviosamente ante la orden.
—¿Xirena? ¿Por qué? Ella es la más feroz de los Carontes. Apenas acepta órdenes de Apollymi, menos de uno de nosotros. No creo que nadie pueda controlarla.
Stryker sonrió despacio.
—Lo sé. Es por eso que la quiero. Ella no tendrá miedo de un mero criado. Ella volverá con el corazón de él para mí y a ella no le preocupará lo que Apollymi piense.
À Magullan: Sistema de navegación para automóviles. Consiste en una pequeña pantalla que se coloca en el tablero de los autos donde se ingresa la dirección de destino y da la información de la ruta que debe seguirse.
À Pogos: palos saltarines donde se suben los niños y saltan.
À Se refiere al personaje del Espectro en Hamlet. También se dice de los narradores o juglares de las obras de Shakespeare.
À Lucille: Hace referencia a la letra de una canción de Kenny Rogers basada en una historia real de la casquivana mujer de un granjero, madre de cuatro hijos a la que su marido encuentra en un bar con otro hombre y la mata. El hombre va a la cárcel y los niños quedan bajo la custodia del estado. La letra de la canción dice: “You picked a fine time to leave me, Lucille / With four hungry children and a crop in the field." (Elegiste un buen momento para dejarme, Lucille / Con cuatro chicos hambrientos y una cosecha en el campo)
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