Danger se despertó con algo cosquilleando su nariz. Sacudiendo la cabeza, trató de eliminarlo, sólo para hacerlo regresar a molestarla.
Exasperada, abrió sus ojos para encontrar a Alexion arrodillado en el piso al lado de ella con una sonrisa burlona devastadoramente magnífica sobre su cara. Él apoyó la rosa con la que la había estado atormentando sobre el colchón delante de ella.
—Buenas noches, hermosa. Tenía miedo que fueras a dormir toda la noche.
Danger le devolvió la risa mientras se estiraba y bostezaba.
—¿Qué hora es?
—Casi las ocho.
Ella se congeló ante sus palabras.
—¿Qué?
Él apoyó su barbilla en el colchón. Había algo muy inocente y dulce en ese gesto. Fue algo totalmente inesperado de un hombre que era capaz del poder que disponía.
—Te lo dije. Estuviste durmiendo toda la noche.
Ella estaba completamente estupefacta. No podía recordar la última vez que se había quedado dormida. Ahora que lo pensaba, nunca había hecho eso antes. Seis horas por noche eran su máximo. Pero esta vez había logrado dormir doce y ni siquiera estaba en su propia cama. ¿Cómo había pasado esto?
¿Tal vez necesitas sexo alucinante más a menudo?
Bueno, eso era una forma de decir.
Bostezando, se sentó lentamente, estirando la sábana hacia ella para encontrar una bonita cena preparada sobre la pequeña mesa junto a la ventana. Esto era demasiado bueno para ser cierto, un hombre que podía ser espantosamente poderoso y protector, imponente en la cama, y todavía ser lo bastante considerado para alimentarla con una comida decente al día siguiente.
Ningún tipo era tan perfecto.
Ella se abatió cuando ese pensamiento la atravesó. Oh, sí, él realmente tenía una seria desventaja. Estaba bastante muerto y era “otro". Pero por una eternidad de esta clase de mimos, ella realmente podría estar dispuesta a pasar por alto ese molesto defecto. Después de todo, ella misma no era ningún premio.
Alexion encendió una lámpara al lado de la mesa.
—Espero que te guste la comida china.
—En realidad, me gusta.
Por alguna razón que no tenía razón de ser, ella tenía un repentino caso de timidez sobre dejar la cama completamente desnuda mientras él estaba de pie allí con esa intensa mirada. Miró alrededor del cuarto torpemente, preguntándose cómo podría vestirse sin que él la viera.
¿Cegándolo?
Esto podría ser un problema, por no decir… grosero.
Él se rascó la barbilla antes de indicar la puerta con su pulgar.
—¿Quieres una Coca Cola para beber? Puedo ir a conseguirte una.
Ella sonrió, aliviada por que él fuera un poco más intuitivo que la mayor parte de los hombres. Realmente era "otro". Ningún simple hombre mortal haría tal cosa.
—Sí, por favor. Sería genial.
Él asintió, luego la dejó sola.
Recogiendo la rosa para inhalar su fragancia, Danger se tomó el tiempo para recostarse en la cama y recordar el modo en que habían pasado las primeras horas de la mañana.
Ser despertada de esta forma era algo maravilloso en verdad.
—Una mujer podría acostumbrarse a esto —suspiró distraídamente mientras una extraña sensación de calor y felicidad la recorría—. Creo que me gusta “otro”.
“Otro” le dio una satisfacción como nunca había conocido antes. Él la hizo sentir cosas que nunca había pensado sentir otra vez. En realidad estaba mareada con la idea de pasar otra noche con él.
¿Mareada? ¿Yo?
Era inconcebible que ella sintiera eso. Aún así, lo hacía. No había forma de negarlo.
Si sólo esto pudiera durar. Pero ella lo sabía bien. Su tiempo juntos era demasiado limitado.
Suspirando, se levantó y fue a tomar una ducha rápida.
Alexion vacilaba dentro del cuarto mientras oía correr el agua en el cuarto de baño. Tenía una imagen perfecta en su mente del agua deslizándose por el cuerpo desnudo de Danger. De ella enjabonándose… Tocando su carne íntimamente.
Una imagen de ella allí, pasando sus manos sobre sus pechos con sus piernas ligeramente separadas.
Su miembro se endureció inmediatamente.
Era más que lo que podía soportar. Con la boca seca, dejó la bebida y fue a abrir la puerta del cuarto de baño.
—¿Necesitas a alguien para fregar tu espalda?
Ella lanzó un chirrido como si él la hubiera asustado.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le dijo bruscamente.
—Deseando verte desnuda en la ducha —dijo él sin vergüenza o vacilación.
Ella abrió la cortina para mirarlo fijamente. Su pelo estaba pegado a su cuerpo, pero algunas hebras se separaban sobre sus pechos, dejando las puntas de ellos desnudas a su mirada hambrienta.
—Tienes que aprender control.
—De eso tengo a paladas.
Ella pasó una mirada igualmente caliente sobre su cuerpo vestido.
—Estoy tentada, pero dormí demasiado. Tenemos que volver a salir por ahí y ver qué pasa con Kyros y su grupo.
Ella tenía razón.
—Bien —dijo él, odiando el hecho de que tenía un trabajo que hacer que no incluía más tiempo desnudo con ella—. Hormonas atadas —soltó un suspiro cansado, luego comenzó a alejarse.
Ella lo tomó de la mano para detenerlo.
—Siempre hay un amanecer, ¿sabes?
Él levantó su mano para poder besar el otro lado de sus nudillos.
—¿Eso es una promesa?
Ella asintió.
Él cerró sus ojos y saboreó la suavidad de su piel antes de liberarla y permitirle terminar su baño. Pero fue duro.
No tan duro como estoy yo.
Eso era, ciertamente, bastante real. Estaba teniendo muchas dificultades para sentarse con la erección que no podía negar.
Mientras ella terminaba de ducharse, él se distrajo preparándole la comida. Impulsivamente, levantó un trozo del pollo para probarlo.
Su corazón se apretó al no saborear nada. Era como las palomitas de maíz. No había ninguna diferencia en absoluto. Sólo la textura distinguía un alimento del otro.
—Olvidé la comida —suspiró, alejándose de los blancos contenedores de alimento.
Como hombre, nada le había gustado más que esos grandes banquetes al final de una batalla. Cordero asado y ternera que habían sido marinados en vino y especias. Copas de rico vino tinto e hidromiel.
Su madre había hecho el mejor pan de miel que hubiera probado alguna vez.
De todas las cosas que había perdido por haber reencarnado, odiaba haber perdido la capacidad de probar lo mejor.
No, eso no era verdad, él odiaba la pérdida de su alma, pero la comida era lo segundo, por poco.
Oyó abrirse la puerta. Volviéndose, vio a Danger dejar el cuarto de baño, totalmente vestida. Ella tenía una toalla blanca rodeando su cabeza.
—¿Cómo está?
—Todavía caliente —eso era todo lo que podía decirle.
—¿Estás comiendo?
—Ya comí —mintió él.
Ella ya sospechaba lo suficiente sobre con qué se mantenía. Lo último que necesitaba hacer era confiarle cómo Acheron lo mantenía vivo. Había algunas cosas que ella no necesitaba conocer.
Cuando ella se sentó, su teléfono celular sonó. Recogiéndolo, Danger miró el identificador de llamada.
—Es Kyros. —Abrió el teléfono, luego contestó—. Sí —dijo después de una pausa breve—. Estamos todavía en Starkville. ¿Tú dónde estás?
Alexion cerró sus ojos y se concentró para poder oír a Kyros en el teléfono.
—¿Dónde te estás quedando? —preguntó Kyros.
—En un hotel.
—¿Está Ias contigo?
Danger se aclaró la garganta antes de contestar.
—¿Por qué quieres saberlo?
—He estado pensando en lo que dijo y quiero hablar con él otra vez.
—Pásamelo —ella le dio el teléfono.
Esperando que su amigo hubiera recobrado el juicio, Alexion acercó el teléfono a su oído.
—¿Sí?
—¿Cómo de cerca estás de Acheron?
—Mucho. ¿Por qué?
—¿Es verdad que él tiene su propio demonio?
Alexion decidió contestar evasivamente. La existencia de Simi era algo que Acheron sólo compartía con unos pocos Cazadores Oscuros, y Kyros no era uno de esos pocos privilegiados.
—¿Qué demonio?
—Sé honesto conmigo, Ias —le dijo, gruñendo—. ¡Maldición! Me debes mucho.
Alexion apretó los dientes. ¿Qué daño podría haber en contestar esa única pregunta? No era como si Simi no pudiese protegerse a sí misma, sobre todo contra un Cazador Oscuro.
—Sí, él tiene un demonio.
—Entonces, si fuera tú, lo convocaría.
—¿Por qué?
Apenas la pregunta salió de su boca, alguien llamó a su puerta.
Kyros cortó la comunicación.
—Esto es extraño —dijo él, apretando el botón para apagar el teléfono mientras Danger iba a abrir la puerta.
Antes de que ella la alcanzara, una pequeña bola de luz atravesó la madera como si no fuera tangible. La puerta misma fue dejada intacta mientras la pelota giraba hasta el centro del cuarto donde se hizo más y más grande hasta que fue del tamaño y la forma de una mujer madura.
Dos segundos más tarde, una explosión de brillante luz estalló en el cuarto y la forma se convirtió en un alto demonio femenino con visibles colmillos.
Tenía cuernos negros, labios negros, alas rojas, pelo negro, y ojos amarillos. Su piel estaba jaspeada con rojo y negro.
Pero lo que lo tomó por sorpresa fue el hecho de que conocía su cara así como conocía la propia.
—¿Simi?
Ella siseó hacia él, luego atacó. Agarró su brazo y lo lanzó contra la pared.
Alexion rebotó, pero se contuvo. ¿Qué estaba pasando aquí? Simi nunca le haría daño. No de esta forma.
Ella se movió para volver a golpearlo.
Él brincó hacia atrás, fuera de su alcance.
—¿Qué pasa contigo, Sim? —preguntó él en Caronte.
—No profanes mi lengua, escoria humana —gruñó ella furiosamente.
Al menos eso es lo que él pensó que dijo. Sus palabras y pronunciación eran diferentes del Caronte que Simi hablaba. Este parecía otro dialecto.
Danger comenzó a acercársele.
—¡No! —estalló él. Tenía que entender esto. ¿Cómo esta demonio podía parecerse tanto a la de Acheron?—. ¿Quién eres? —le preguntó.
Ella alzó su cabeza y lo miró con odio absoluto. Sus colmillos blancos brillaban contra su tono de piel mucho más oscuro.
—Soy muerte y destrucción, y estoy aquí para reclamar tu vida, gusano.
Danger ya le estaba gruñendo.
—Alexion…
—Por favor, Danger, confía en mí. —Las palabras apenas salieron de su boca antes de que la demonio lo agarrara por la garganta y lo lanzara al piso—. ¡Protula akri gonatizum, vlaza!
El demonio curvó su labio.
—Tú no eres un dios para ordenarme, siervo. Xirena no se inclina ante nadie.
Él habría hecho un comentario a esto, pero el apretón sobre su garganta le hizo imposible hablar. Ella rompió de un tirón su camisa como si estuviera a punto de arrancar su corazón.
—Creo que tengo que interferir, Alexion —dijo Danger, moviéndose poco a poco más cerca a ellos—. Desde donde estoy, estás más que perdido.
—¡No! —dijo él sofocándose, temiendo que la demonio la desgarraría si ella intentaba algo.
La demonio sacó una daga de su cintura. Alexion luchó con toda su fuerza. Era lo que más temía, una daga de la Destructora.
Eso lo mataría.
Pero a pesar de sus esfuerzos, no podía separarla de él o hacer que su apretón se aflojara siquiera un poquito.
Hasta que los ojos de ella cayeron en su hombro, donde llevaba la señal de Acheron.
Sus ojos destellaron rojos. Ella soltó su garganta para tirar la tela hacia atrás y poder estudiar la señal más estrechamente.
De todos modos no podía liberarse de ella.
Ella ladeó la cabeza mientras estudiaba el tatuaje atentamente.
—¿Tú sirves al que está maldito?
—Sí.
Ella pareció hasta más perpleja por esto.
—Me llamaste Simi en la lengua de un niño. ¿Conoces a mi Simi?
Alexion tomó alientos profundos, desiguales por su esófago magullado. Ardía y dolía. No estaba seguro si el dolor cesaría alguna vez.
—La madre de Simi está muerta. Nos dijeron que todos los Carontes habían desaparecido. ¿Quién demonios eres tú?
Ella estrechó su mirada de un modo amenazador, como si fuera una ofensa que él no la conociera.
—Soy Xirena, empolladora mayor de Xiamara y Pistriphe, los supremos guardianes del corredor de los dioses. Yo era la protectora de la simi de mi madre… su bebé. Mi simi me fue quitada por la diosa-arpía Apollymi, después de la muerte de mi madre, para ser un regalo para el dios maldito. ¿Tú sabes dónde está mi simi?
Alexion no podía pensar mientras levantaba la mirada hacia la demonio sobre su pecho.
¿Simi quería decir “bebé" en Caronte?
Hijo de puta. Se preguntó si Acheron sabía esto.
—¿Tú eres la hermana de Simi?
Xirena siseó con cólera hacia él.
—Se llama Xiamara, por nuestra madre.
—Ella no sabe eso. Créeme.
Ella se retiró de él ligeramente. Su cara mostrando su confusión.
—¿La conoces?
—Yo me ocupo de ella.
Para su completa sorpresa, lágrimas rojas de sangre llenaron sus ojos.
—¿Tú cuidas a mi hermana?
Él asintió.
—Siempre. Es como mi hija.
Una solitaria lágrima roja cayó por su mejilla.
—¿Mi simi vive? ¿Ella prospera?
—Como una reina sobre un trono.
Ella tiró su cabeza hacia atrás y soltó un grito inhumano que sonó como una mezcla extraña de angustia y alegría. Se bajó de él y se agachó a su lado. Sus alas se rizaron alrededor de su cuerpo, formando una capa.
—Convócala para mí, por favor.
Él encontró la mirada de Danger. Ella lucía tan confusa como él se sentía.
¿Simi no estaba sola en el mundo? ¿Había dos de ellas? No estaba seguro de si esto eran buenas o malas noticias.
—La convocaría para ti, pero eso no es exactamente algo que se hace.
—Sí se hace —dijo ella en un tono muy similar al de Simi—. Tú le dices que venga y ella debe obedecerte.
—Sí —dijo él en un tono que era una mezcla de humor nervioso y duda—. Simi no obedece nadie, sino a Simi.
Xirena sacudió su cabeza.
—Ella obedece a su akri. Debe hacerlo.
—Bien —dijo Alexion lentamente, todavía con miedo a que la Caronte pudiera volver al modo ataque—. En su caso, su akri le obedece a ella. Y ninguno de ellos me escucha en este momento.
Ella frunció el ceño.
—Eso no es natural. Una vez que un Caronte es atado, debe obedecer. Rechacé la obligación y soy libre, pero mi simi fue atada mientras era pequeña al dios maldito. Ella debe obedecerlo. No tiene ninguna opción.
Sí, correcto. Ni una vez había visto Alexion que funcionara así.
—En el caso de Simi, creo que es Acheron el que está más atado a ella, no al revés.
Ella parecía no entender esto.
—¿Pero tú puedes llevarme a mi simi?
—Sí.
Ella lanzó sus brazos alrededor de él y lo sostuvo cerca. Esto duró aproximadamente dos latidos de corazón, antes de que se retirara y lo mirara airadamente otra vez. Lo agarró por la garganta.
—Si me estás mintiendo, gusano, te arrancaré los sesos y me los comeré.
Alexion retorció su cara ante el pensamiento. Sí, era la hermana de Simi. Algunas cosas debían ser de familia.
—Eso es realmente asqueroso y no, yo no te mentiría. No sobre esto.
Ella se dio vuelta para mirar a Danger.
—¿Es ella tu hembra?
—No.
—La mataré de todos modos si estás mintiendo a Xirena.
—No estoy mintiendo.
Danger no entendió una sola palabra de lo que estaban diciendo, sólo el nombre Acheron. Miró aprensivamente cómo la demonio se levantaba, luego ayudaba a Alexion a pararse.
—¿Qué está pasando? —le preguntó ella.
Alexion todavía parecía un poco nervioso y sacudido.
—Parece que tenemos una nueva amiga. Danger, te presento a Xirena.
Xirena se acercó a olerla. Se movía muy parecido a un pájaro, ladeando su cabeza en extraños ángulos y con movimientos espasmódicos.
—Tú no eres humana —anunció la demonio—. No tienes alma.
—Gracias por la obviedad. ¿Sabías que tienes cuernos sobre la cabeza?
El sarcasmo pareció no ser comprendido por la demonio.
—En realidad, ella planteó un buen punto. Xirena, ¿puedes hacerte parecer humana?
La demonio gruñó como si el pensamiento mismo la repugnara.
—¿Por qué Xirena desearía hacer eso?
—Para no causar pánico entre otros humanos —explicó Alexion—. Simi lo hace todo el tiempo.
Ella lo miró horrorizada.
—¿Su akri la hace parecer humana? Esa es la peor tortura. ¡Mi pobre Simi, ser tan abusada!
—No realmente. Simi disfruta con ello.
Ella cubrió su cabeza con las manos, como si tuviera un gran dolor.
—¿Qué le has hecho a mi Simi?
Alexion separó una de sus manos y le dirigió una significativa mirada.
—La hemos amado como si fuera la cosa más preciosa jamás nacida.
Xirena pareció incluso más confundida. Dos segundos más tarde, parecía una hermosa mujer rubia.
Excepto por una cosa.
—Uh —dijo Danger, indicando la cima de su cabeza—, los cuernos tienen que irse también.
Ellos desaparecieron inmediatamente.
Xirena fue hasta el espejo para mirarse. Brincó hacia atrás y curvó su labio.
—Me parezco a la diosa-arpía Atlante —cambió su pelo a negro—. Mejor.
Danger la miró fijamente.
—¿Es sólo a mí o ella se parece mucho a Acheron ahora?
—No preguntes —dijo Alexion—. Xirena, ¿entiendo que has sido enviada aquí para matarme?
—Sí.
—¿Quién te envió?
Ella lanzó un extraño sonido de abucheo.
—El idiota semi-dios Daimon, Strykerius. Él dijo que tú eras un criado, pero no llevas la señal de un criado sobre ti. Llevas la señal de la familia real.
Alexion estaba sorprendido por eso. Acheron nunca le había explicado el signo excepto para decir que tenía que llevarlo para vivir.
—¿En serio?
—¿No lo sabías? —le preguntó la demonio. Él sacudió su cabeza. Xirena suspiró—. Humanos, hasta los que ya no lo son, son estúpidos.
Él no hizo caso de sus palabras al estilo Simi. Había mucho más sobre su presencia aquí y quería entenderlo.
—¿Por qué Stryker me quiere muerto?
—No lo sé. ¿Importa la razón? Muerto es muerto. Qué importa por qué, cuando el asunto es evitarlo, ¿sí?
Ella tenía un punto realmente bueno en eso.
—¿Por qué accediste a matarme?
Xirena se preparó y le dirigió una mirada severa.
—Creí que el dios maldito había abusado de mi hermana. Que él la había dañado o la había maltratado. Ella no era lo suficientemente vieja para ser enviada. La diosa-arpía sabía eso y aún así me la quitó, incluso mientras luchaba por mantener a mi simi segura. Mi simi era apenas más que una niña e incapaz de defenderse a sí misma. He odiado a la diosa por eso desde entonces.
Danger levantó la mano para conseguir su atención.
—Solamente por curiosidad, ¿Acheron es el dios maldito?
Alexion se encogió.
—Sí —dijo Xirena antes de que él pudiera pararla.
—¿Y la diosa-arpía? —preguntó Danger.
—Apollymi.
Alexion le dijo a Xirena que parara en Caronte, pero ella no escuchó.
—¿La reina Daimon? —preguntó Danger otra vez.
—¿Reina Daimon? —Xirena hizo un sonido de completo desprecio—. No. Ella es la Destructora de todas las cosas. Portadora de plagas y pestilencia. Ella es la fuerza que terminará el mundo para siempre. Es lo máximo en poder y destrucción. Su voluntad es ley divina.
Danger pareció estremecerse por eso.
—Oh, qué bien. Eso es justo lo que deseaba oír.
—Relájate —le dijo Alexion—. Apollymi está contenida. Ella no va a destruir algo en un futuro inmediato… espero.
Danger sólo oyó parte de eso. El resto de sus pensamientos volvieron a lo que Xirena había dicho hacía unos momentos.
—Entonces Ash es un dios y no un Cazador Oscuro. ¿Es eso lo que has estado protegiendo? —Un tic se disparó en la mandíbula de Alexion—. Bien podrías admitirlo. Eso es lo que el demonio dijo, y a no ser que yo sea estúpida, que no lo soy, es un dios.
Alexion le dirigió una severa, penetrante mirada.
—Nadie puede nunca saber eso sobre él. Tendrá un ataque de titánicas proporciones, y confía en mí, un dios cabreado no es algo para jugar.
Danger soltó un largo, exasperado suspiro. De pronto todo estaba claro para ella por primera vez.
—Sabes, Ash como un Daimon no tiene mucho sentido. Pero esto… esto explica todo, ¿verdad?
Él apartó la mirada de ella. No es de extrañar que hubiera jurado mantener el secreto.
Pero, ¿por qué Ash no les diría? ¿Cuál era el punto de mantener esto para sí mismo?
Y mientras su mente afrontaba este nuevo bocado, pensó lo que Alexion le había dicho sobre la relación de Artemisa y Ash.
—Es por eso que Artemisa nos necesitaba, ¿huh? No puede simplemente ordenar a otro dios sin tener algo para forzarlo.
—No, no puede.
Tenía que decir que apestaba esto de ser el medio para forzarlo. Pobre Acheron, ser controlado por ellos. Era una maravilla que no odiara a cada uno de ellos. Si no fuera por ellos, sería libre.
—Entonces somos sus prendas mientras ella y Acheron juegan juegos el uno con el otro.
—No —dijo Alexion, su sinceridad ardiendo en ella—. Acheron nunca usa la vida humana como una prenda. Jamás. No encuentra nada divertido jugar con la gente —suspiró—, pero Artemisa no es tan amable. Ella no entiende a la humanidad de la manera que lo hace Acheron.
—¿Cómo es que él es tan afortunado?
—Vivió como humano —dijo él simplemente—. Esa es la parte maldita a la que Xirena se refiere. Nació como un bebé humano y murió brutalmente como un hombre humano.
Esto no tenía sentido para ella.
—Pero él es un dios.
—Un dios maldito.
—¿Por qué fue maldecido? —preguntó Danger.
Un velo cayó sobre la cara de él.
—Eso es algo que es mejor dejar sin hablar. Ya estará bastante enfadado con que este poquito haya salido. No lo pellizquemos más, ¿verdad?
La atención de Xirena fue picada por eso.
—¿Él es un dios enfadado, como la Destructora?
—No —le aseguró Alexion—, él es notablemente tranquilo el noventa y nueve por ciento del tiempo. Es ese uno por ciento, sin embargo, el que es un asesino... literalmente.
La demonio cabeceó mientras tocaba la televisión.
—Tu advertencia es tomada.
—¿Qué vamos a hacer con ella? —preguntó Danger, indicando a la demonio con una inclinación de cabeza.
—Esa es una pregunta realmente buena y no tengo absolutamente ninguna respuesta para ella. Estoy completamente abierto a las sugerencias de cualquier clase —suspiró Alexion.
¿Qué podían hacer ellos con la demonio? Simi había pasado mucho tiempo rodeada de gente y ella era todavía menos que civilizada.
Xirena…
Él hizo una pausa en lo que pensaba mientras ella rompía la televisión.
Xirena lo miró con horror.
—¿Por qué esto se rompió?
—No puedes golpear con tu puño en la pantalla —le explicó él.
—¿Por qué no? —preguntó ella con una voz que sonó misteriosamente parecida a Simi.
—Esto se rompe —contestó Danger.
—¿Pero por qué?
Danger colocó su mano contra su sien, como si comenzara a sentir un dolor allí.
—¿Es este el comportamiento normal de una demonio?
Él asintió.
—Sólo espera. Esto es muy suave. Puede volverse muchísimo peor.
—Genial. Realmente lo estoy esperando.
Xirena recogió el control remoto para colocarlo en su boca. Alexion se lo arrebató.
—El plástico no es bueno para los demonios.
Xirena lo miró airadamente.
—¿Cómo lo sabes?
—Esto le da a Simi dolor de barriga siempre. Confía en mí. No es un buen bocado Caronte.
Mientras Danger miraba a la demonio explorar el cuarto del hotel, se le ocurrió un pensamiento.
—Sabes, pienso que podemos volver a mi casa ahora.
—¿Cómo es eso?
Ella inclinó su cabeza hacia Xirena.
—Tenemos nuestro propio demonio ahora, ¿correcto?
Alexion sonrió mientras entendía lo que quería decir.
—Si el otro está todavía allí, ella puede pelear con él.
—Sip. Vamos a salir de aquí y continuar con la caza del demonio, ¿verdad?
El viaje de vuelta a Tupelo fue positivamente aburrido, excepto cuando la demonio descubrió la radio. Casi hizo que Danger chocara mientras se inclinaba sobre el asiento delantero, para jugar con las estaciones.
Con cada nueva canción, Xirena intentaba cantar las palabras, las cuales no conocía.
Peor, no podía cantar entonada en absoluto.
Danger echó un vistazo a Alexion, quien parecía tomárselo con calma.
—¿No te estás quedando sordo? —le preguntó ella.
Él sacudió la cabeza.
—Estoy acostumbrado, aunque para ser honesto, Simi es al menos afinada la mayor parte del tiempo. Le encanta cantar.
Después de un rato, la demonio se encogió en tamaño y luego se acostó sobre el asiento con sus pies levantados en el aire y su cabeza colgando del asiento, hacia la tabla del piso.
Danger frunció el ceño.
—¿Qué hace?
—Descansar. Ellas duermen así.
—¿En serio?
Él asintió.
—Simi apoya sus pies sobre la pared la mayoría de las noches. No tengo ni idea por qué.
—Es cómodo —dijo Xirena—. Deberías intentarlo.
Y dos segundos más tarde, la demonio estaba dormida.
Danger se encogió ante el horrendo sonido de sus ronquidos.
—¿No me digas que Simi hace esto también?
—No, lo de ella es más fuerte.
—¿Y tú la toleras?
—Considerando que ella es lo que Acheron más ama en este mundo, sí. Francamente, creo que él literalmente moriría si algo le pasara.
—¿Y qué pasa contigo?
—Yo mataría o moriría para mantenerla a salvo.
Danger sonrió ante eso.
—No hay muchos hombres en el mundo que morirían por una demonio.
—Eso es sólo porque no tienen una para amar.
Tal vez, pero se necesitaría una clase especial de hombre para mirar más allá de la rareza escamosa de semejante criatura y ser capaz de amarlo.
—Debes haber sido un buen padre. —La tristeza plegó su frente un instante antes de que él girara la cabeza para mirar la ventana. Danger mentalmente se dio patadas por decir eso en voz alta—. Lo siento, Alexion, no quise decir...
—Está bien —dijo él suavemente—. Simi me dice eso siempre, si no está enojada conmigo por intentar enseñarle modales —él le dirigió una risa ligera—. Dice que soy el mejor “otro” papá que una demonio tuvo jamás.
Aún así, podía decir que eso le molestaba. Pero eso la molestaba también. Ella había deseado tanto niños como humana, y todavía dolía siempre que pensaba en eso.
Esa era una de las cosas agradables sobre ser nocturna, no se cruzaba con niños excepto en películas y por televisión. E incluso eso dolía.
Pero no tanto como ver niños jugando en la vida real, oyendo sus risas.
Qué no daría por sostener su propio hijo en sus brazos, sólo una vez. Estar en una sala de parto con su marido sosteniéndole la mano mientras ella lo maldecía por el dolor de la vida que luchaba para nacer.
Realmente era todo lo que alguna vez había deseado.
Tragó el nudo doloroso en su garganta. Algunas cosas no tenían que ser.
Amor. Familia…
No figuraban en su futuro. Pero al menos ella tenía una semejanza de vida. Alexion ni siquiera tenía eso. A él le fue negado incluso más que lo que le había sido negado a ella y esto la hacía sufrir por él profundamente dentro de su corazón.
Danger dio vuelta en su calle. No habló mientras se acercaban a su casa, que lucía igual a como lo hacía cuando habían huido. Entró en el garaje, pero dejó la puerta abierta en caso de que tuvieran que hacer otra salida precipitada.
Alexion salió primero, luego hizo una pausa.
—¿Xirena?
La demonio resopló, luego rodó sobre su lado.
Ella cambió una mirada divertida con Alexion antes de que él se inclinara dentro del coche y con cuidado sacudiera su hombro.
—¿Xirena?
—¿Qué? —explotó la demonio.
—Ya llegamos, y si deseas encontrar a Simi, necesito que vayas adentro para asegurarme que el otro demonio no está todavía aquí.
Ella abrió sus ojos, que ya no tenían más apariencia humana. Tenían otra vez ese sobrenatural amarillo.
—¿Qué demonio?
—El que intentó matarme antes que tú.
Ella hizo un extraño ruido resoplando.
—No está aquí. ¿Por qué crees que Strykerius me envió? Caradoc es un enclenque felpudo.
—¿Caradoc?
—Ya sabes —dijo ella en ese acento monocorde—. Un Caronte grande, feo y que huele mal. Él tuvo miedo de matarte porque le hablaste en Caronte. Como Xirena dijo… enclenque demonio.
Él finalmente la entendió.
—Ah, bien. Bueno, de todos modos, tenemos que llevarte adentro por el momento, para que podamos ocultarte.
Resoplando con irritación, ella salió del coche y lo siguió adentro.
—Entonces, ¿cuál es nuestro plan de juego? —preguntó Danger, mientras Xirena vagaba por su sala de estar.
—Quiero encontrar a Kyros y hablar con él.
Eso no tenía sentido para ella. Kyros había hecho su posición más que clara. Ella sacudió la cabeza ante su sugerencia.
Alexion era un serio glotón para castigarse.
—¿Por qué?
—Quiero saber por qué me llamó para advertirme sobre Xirena. Si él realmente me hubiera querido muerto, no se habría molestado.
Danger vio la expresión de esperanza en su cara que le dijo que creía que Kyros, de algún modo, había sido persuadido. Ella no estaba tan segura sobre eso.
—Nosotros podríamos llamarlo.
—No. Quiero ver su cara. Pienso que todavía es salvable.
Por su bien, ella lo esperaba.
—Bien. ¿Qué hacemos con Xirena mientras tanto?
—Dejarla aquí.
A ella no le gustó la idea de esto para nada.
—Pero, ¿y si otro demonio viene por ti cuando nos vamos? Ella no puede ayudar si está aquí.
Él inspiró profundamente, como si lo estuviera considerando.
—No creo que se molesten. Dos ya han fallado. ¿Por qué enviar a otro?
—¿Persistencia?
Él se rió de esto.
Danger brincó cuando uno de sus caros floreros caía al piso y se rompía.
—Uh-oh —dijo Xirena en un tono que le recordó a un niño—. Eso era frágil también.
—No podemos dejarla aquí desatendida —le dijo ella a Alexion—. Destruirá toda mi casa.
De pronto, su florero se rearmó y volvió a su chimenea.
Danger le miró con el ceño fruncido.
Él le ofreció una burlona sonrisa ladeada.
—Xirena —le dijo a la demonio—. ¿Sabes cómo escribir?
—Por supuesto que sí. No soy una de esos demonios analfabetos. ¿Qué tipo de Caronte crees que soy?
—Bien —dijo él, ignorando su diatriba. Volvió su mirada a Danger—. ¿Podrías conseguirme un bloc de papel y una lapicera o lápiz?
—¿Por qué? —preguntó Danger.
—Confía en mí.
No segura de si debiera, fue a obedecer mientras Alexion encendía su televisión sin tocarla.
Ella volvió al cuarto para encontrar la TV en QVC. La demonio estaba ubicada delante del aparato como si hubiera encontrado el Santo Grial. Su hermosa cara reflejaba pura alegría. Danger nunca había visto nada como eso.
—¿Qué es Diamonique? —le preguntó Xirena a Alexion en un tono reverente
—Algo que estoy seguro te gustará. Y según Simi, es realmente bueno y crujiente, y afilará tus colmillos —él tomó el bloc de papel de Danger y se lo dio a la demonio—. Aquí. Anota cualquier cosa que veas y que quieras, y...
Él se detuvo cuando un participante habló en el programa de televisión.
—¡¡Hola!! —dijo una animada voz monocorde.
—Hola, señorita Simi —dijo el anunciador a la participante—, estamos tan contentos de volverla a tenerla con nosotros.
—Oh, gracias —dijo Simi—. Es que amo todas sus cosas brillantes. Tengo que conseguirme muchas de ellas. ¿Cuántas tienen esta vez? Dígale a la otra gente que ellos pueden comprar algo más, porque la Simi quiere todo el Diamonique que usted tenga. Tengo toda una nueva tarjeta de crédito que espera ser usada.
La cabeza de Xirena se alzó mientras pura felicidad aligeraba su cara.
—¿Mi simi? ¿Es esa mi simi?
Alexion lucía absolutamente enfermo.
—Akri —dijo él por lo bajo—. Espero que estés por ahí para conseguir sacarla de ese teléfono.
Pero al parecer él no estaba.
—Tomaré siete docenas de esos anillos —dijo Simi—. Ah, y esos collares, también, el que usted levantó hace un ratito. Tengo que tener muchas cositas brillantes en mi cuarto. Son realmente lindas siempre que los dragones entran para jugar. Pero ese pequeño, él sigue comiéndose mi Diamonique. Le digo no. Es para que yo la coma. ¿Pero él escucha? No. Ese es el problema con los dragones, ellos...
—Bien, señorita Simi —dijo el operador, cortándola—, le agradecemos por llamarnos. La transferiremos a un operador y la dejaremos hacer su pedido.
Xirena estaba delante de la televisión ahora, con su mejilla apretada contra la pantalla y su mano extendida al lado de su cara. Parecía como si estuviera tratando de introducirse en el aparato.
—¿Dónde está mi Simi? —la tristeza y el dolor de su voz trajeron un dolor al pecho de Danger.
—Ella está en Katoteros —le dijo Alexion.
—Los dioses están todos muertos allí —dijo Xirena en un tono de regaño—. Ella estaría sola en Katoteros.
—No todos ellos están muertos.
—¡Simi!
Danger se encogió con el grito, que fue tan chillón y ruidoso que estaba asombrada que no rompiera sus ventanas o sus tímpanos. Era un grito de dolor y de felicidad.
Alexion avanzó para tomar a Xirena en sus brazos mientras ella sollozaba y seguía gritando por la vuelta de su hermana. Su anhelo era tan triste que trajo lágrimas a los ojos de Danger.
—Shhh —dijo él, meciéndola en sus brazos—. Está bien, Xirena. Simi está bien y feliz y hace compras como una demonio. Literalmente. Nunca ha conocido un momento de dolor en su vida.
Xirena se retiró.
—¿Nunca?
—Casi nunca, y te aseguro que los que le hacen daño pagaron caro por eso.
—¿Cómo sé que no me estás mintiendo?
Alexion tomó la mano de ella en la suya.
Danger frunció el ceño mientras lo miraba cerrar sus ojos y mecer a la demonio. Se quedaron allí en el suelo durante varios minutos antes de que la demonio abriera sus ojos y alzara la vista hacia Alexion. Había admiración y amor en aquella extraña mirada amarilla.
—Tú eres buena gente —anunció la demonio—. No dudaré nunca más de ti.
Alexion inclinó su cabeza hacia ella antes de que él la liberara y se levantara.
La demonio sorbió fuerte, luego se limpió sus lágrimas.
Danger ladeó su cabeza mientras se acercaba a ella.
—¿Qué es lo que hiciste?
—Le mostré parte de mis recuerdos con Simi para que ella entendiera el modo en que su hermana es tratada.
—¿Podrías compartir recuerdos conmigo?
Él no contestó mientras comenzaba a alejarse hacia la puerta del garaje.
—Necesitamos encontrar a Kyros.
—Contéstame, Alexion.
Él hizo una pausa en su vestíbulo.
—Sí —dijo, sin mirar hacia atrás.
Un temblor la recorrió ante su poder.
—Eres espeluznante.
Él se dio vuelta para enfrentarla. Una esquina de su boca estaba levantada en una sonrisa casi burlona.
—No tienes ni idea.
Tal vez, pero ella tenía el mal presentimiento de que antes de que todo esto estuviera terminado, Kyros experimentaría esos poderes de primera mano. Ella sólo esperaba no terminar recibiéndolos al final también.
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