jueves, 16 de febrero de 2012

DSM cap 7

 

Ravyn permanecía en el umbral de la puerta con la boca abierta, con total estupefacción cuando vio a Cael entrelazado con una mujer apolita en la cama.

Completamente en flagrante delito.

- Creo que no necesito ver esa luna llena peluda esta noche.- dijo Ravyn dándoles la espalda. - Gawd, creo que me he quedado ciego.

Susan jadeó mientras Otto y Leo se reían, después de retroceder unos pasos de vuelta al vestíbulo lejos de la pareja desnuda.

Cael escupió una fétida maldición.

- ¿Qué diablos es esta mierda? exigió coléricamente en un marcado fuerte acento irlandés que era una extraña mezcla entre Irlandés y Escocés.

Ravyn podía oírlos a ellos arrastrándose de la cama, sin duda tratando de cubrirse.

- Y para que conste, no soy el único con el culo peludo. Ese deberías ser tú. ¿Es que no sueles llamar a la puerta?
- Normalmente sí, - dijo Ravyn sarcásticamente. - pero no cuando pienso que estás siendo atacado.
- Estaba siendo atacado… de la forma más deseable. Deberías probarlo de  en cuando, Rave, y tal vez no serías tan bastardo.

Ravyn puso los ojos en blanco.

- No sé. Tú eres el único que parece obsesionado por  mi trasero peludo. ¿Qué dice eso acerca de ti, tío?

Un zapato golpeó la pared no lejos de la cabeza de Ravyn.

- Tu punterías es bastante mala, Cael.
- No fue Cael, - dijo una voz suave, venenosa en un tono inquieto. - Y la próxima vez apuntaré mejor.

Antes de que Ravyn pudiese responder, Cael se aclaró la voz.

- ¿Por qué estás aquí de todas formas, Chico Gato?
- Es Hombre Gato para ti, y necesito hablar contigo.

Cael dejó escapar un agravado suspiro.

- Espera afuera mientras Amaranda y yo nos vestimos.

Ravyn miró sobre su hombro para ver a Cael y Amaranda envueltos en una sábana antes de que se uniera a los demás en el pasillo y cerrase la puerta.

-  Creo que esperaré arriba,-  dijo Leo, dirigiéndose hacia el corredor. - Llámame si necesitas ayuda para incordiar a parejas calientes.
- Cállate, Leo,-  gruñó Ravyn. – No eres tan necesario para mi mundo como para que abras la boca y no puedas acabar herido.
- Sí, sí,-  dijo él despectivamente cuando le dio la espalda y se dirigió hacia las escaleras y desapareció de vista.
- Bueno, eso fue ciertamente embarazoso,-  dijo Susan en un tono que debería entrar en el Sarcástico Hall de la Fama.  Mirándole con esos ojos azul claro, ella cruzó los brazos sobre su pecho. - Ahora que he visto los rituales copulativos de los Dark Hunter de cerca y en persona, ¿Tienes algún lugar más divertido al que llevarme esta noche? Sabes, no he estado tan avergonzada desde que el elástico de mis pantalones cortos de gimnasia se me rompieron el la escuela secundaria y descubrí de la forma más horrible que tenía un agujero en la parte de atrás de mis medias.

Y por alguna razón eso no tenía ningún sentido en absoluto para él, el pensamiento de su trasero asomando a hurtadillas por un desgarro de sus pantalones realmente le encendía…, yeah, él se estaba perdiendo.

Antes de que él pudiese hacer algún  comentario sobre su causticidad, la puerta se abrió para mostrar a Cael trayendo puesto nada menos que una falda escocesa a cuadros roja y negra envuelta baja alrededor de sus delgadas caderas. Rastrillando sus manos a través de su pelo negro ondulado para colocarlo en lugar, él les dedicó una mirada antes de que cruzase los brazos alrededor de su pecho desnudo, el cual tenía unos cuantos arañazos rojos.

- ¿Así que, a que debo la inesperada y poco placentera interrupción? Es mejor que la respuesta sea ' Armagedón ' si quieres vivir.

Susan intentó no mirarle estúpidamente, pero era difícil duro. Al igual que Ravyn, el hombre tenía la constitución de un musculoso gimnasta… con ocho paquetes de abdominales. Él, también, tenía el tatuaje de la flecha y el arco, sólo que él lo tenía en la cadera izquierda mientras otro tatuaje de un corazón perforado por una daga bajaba por uno de sus brazos. Una larga línea de hojas de vid se elevaba desde este enroscándose alrededor de un hombro y bajar hasta sus pectorales en el lado derecho. Su enmarañado pelo negro caía sobre sus hombros en ondas de perfección masculina. Al menos un día de barba cubría su atractivo rostro, y tenía unos ojos negros rodeados de largas pestañas que debían ser ilegales.

Ravyn tenía un tic en su mandíbula cuando encaró a su amigo.

-  Seré breve. Vine a decirte que los Apolitas van a intentar asesinarte.

Cael le dedicó una sonrisa afectada ante el significado de eso.

- Llegas tarde. Amaranda ha estado intentándolo todo el día, pero no lo ha conseguido- . Él arqueó sus cejas un par de veces.

Susan se encogió ante el doble sentido de sus palabras.

Las fosas nasales de Ravyn se dilataron cuando dirigió una mirada abrasadora hacia la puerta cerrada.

- No es una broma, Cael. Esto es en serio. No puedo creer que estés recluido, jodiendo con el enemigo. ¿En qué diablos estás pensando?

Todo el humor huyó de la cara de Cael cuando él apretó sus manos en sus brazos.

-  Cuidado, braither[1].  Pon más respeto en tu tono cuando hables de ella, ¿ok?

La puerta del dormitorio se abrió para mostrar a Amaranda. Alta y etéreamente bella, ella era el tipo de mujer que Susan había pasado toda su vida envidiando. No había un solo gramo de grasa en ella, y esto era obvio, desde que traía puesto unos pantalones vaqueros  muy ajustados que apenas subían sobre su área púbica y un top rojo sin hombros ceñido que dejaba la mayor parte de su cuerpo superior desnudo. La parte superior de su delgado brazo izquierdo estaba ceñido por un brazalete de una serpiente de oro que hacía juego con un par de pendientes de oro, y una luna roja de color rubí colgaba del piercing que ella tenía, en su ombligo.
Cuando se volvió hacia Susan, ella reparó en que Amaranda también tenía un pequeño aro rojo en la ventana derecha de su de nariz.
Susan empezó a preguntarse de si descubriría otro si sacaba la lengua. Tal vez la mujer se resfriaría y ganaba algún peso… al menos ella había cubierto ese perfecto cuerpo de modo que Susan no se sintiese bastante inadecuada.
Nota personal: Iniciar una nueva dieta mañana...
Apartando su pelo largo hasta la cintura, de un perfecto rubio blanquecino de su hombro, Amaranda los recorrió rápidamente con la mirada antes de mirar a Cael. No había error de interpretación, en el adorado amor con que lo miraba. Fue solo por una parte por que lo único que Cael le devolvió fue una sonrisa al girarse a ella. Él dijo algo en un idioma que Susan no reconoció.

Amaranda respondió del mismo modo. Al igual que Cael, ella también enseñaba un poquito de los colmillos al hablar.

Ravyn frunció los  labios cuando Amaranda se apartó de ellos.

- ¿Tú incluso hablas su idioma?

Inclinando la cabeza hacia abajo, Cael se frotó su ceja con el dedo medio.

- Bien.- gruñó Ravyn.-  Pero déjame contarte lo que ha sucedido mientras tú lo pasabas bien con tu pequeña novia.

Cael le dio una mirada irritada.

-  Al amanecer, fui cogido por los Apolitas y llevado a un refugio de animales donde estuvieron peligrosamente cerca de matarme. Después de que me librara de esa por los pelos, enviaron un grupo de humanos y un medio Apolita para matarme durante el día. Ya han asesinado a un hasta ahora sin identificar Dark-Hunter y después, esta misma noche atacaron a los Addams en su base. Patricia puede que ni siquiera sobreviva a esta noche.

Con cada palabra que Ravyn decía, la cara de Cael se volvía más mortalmente seria.

- ¿Qué?
- Es verdad,-dijo Susan en defensa de Ravyn. - La policía y los Apolitas están trabajando con los Daimons y ellos están fuera para cazaros a todos vosotros.

Incluso cuando esas palabras abandonaron sus labios, sonaban ridículas. Cómo desearía ella que realmente lo fuera.

- Sí,-  de sumó Otto.- Nosotros enviamos a un Escudero para aquí hace tres horas, antes del ataque a los Addams, para advertirte.

Cael miró con ceño ante eso.

-  Ningún escudero vino aquí. Kerri me lo habría dicho.
- ¿Kerri? Ravyn preguntó.
Cael vaciló cuando dirigió la mirada hacia la escalera que ascendía hacia el club. Por su cara ella podía decir que él se debatía con algo sumamente importante. Él se vio altamente incómodo antes finalmente contestase.

- Mi cuñada.

Ravyn no podía respirar cuando esas palabras le atravesaron como un cuchillo ardiendo. ¿Qué diablos estaba él pensando?

- ¿Tu Qué?

Sus facciones se pusieron tirantes.

- Amaranda es mi esposa.

La rabia y la incredulidad hicieron una mezcla hostil dentro de Ravyn.

- ¿Has perdido tu frígida mente?

Cael comenzó a apartarle de un empujón, entonces lo pensó mejor. Después de todo, lo que fuere que un Dark-Hunter le hiciese a otro, el antagonista lo sentiría diez veces peor. Un simple empellón para Ravyn repercutía para Cael en un asombroso golpe.

- Sé exactamente lo que estoy haciendo.

Sí, claro. Enredarse de esa manera con una apolita era como ordeñar veneno de una serpiente para ganarse la vida. Tarde o temprano, uno de ellos se daría la vuelta y le mordería – era simplemente la naturaleza de la bestia.

- ¡Tú jodido idiota! Tienes alguna idea…
- Por supuesto que la tengo, Rave,-  dijo él entre dientes. – No has pensado ni por un minuto lo que esto hubiese sido incluso fácil para cualquiera de nosotros. No lo ha sido. Nosotros somos bien conscientes de lo negativo y de los reversos de esta relación - . El dolor en sus ojos era crudo y poderoso.

Parte de Ravyn sentía pena por él. La otra parte simplemente buscaba para darle una buena paliza hasta que él entrase en razón. Esto no era un juego lo que estaban jugando. Era una guerra. ¿Y cómo podía luchar un hombre mientras sus lealtades hacia el hogar era con los mismos enemigos a los que tenía que matar?

- ¿Qué edad tiene ella?- preguntó Susan quedamente.

El dolor dio una llamarada aun más brillante a los ojos de Cael.
- Ella cumplirá los veintiséis en un par de semanas.
- Maldición Cael,-  dijo Ravyn en voz baja.

Él quería discutir con él, pero ¿De qué servía? Ya estaban casados. Si bien este tenía que haber sido el movimiento más estúpido acerca del que Ravyn alguna vez había oído, Cael no era un niño. Él conocía el resultado y era el único que tendría que vivir con las consecuencias de eso. Habiendo echado a perder su vida por una mujer, Ravyn no ni lejos de sermonear a cualquier otro acerca de su vida amorosa. Pero nunca dejaba de asombrarle qué tan estúpido podía ser un hombre por una mujer.

- Bueno, al menos ahora entiendo por que los Apolitas toleran que vivas aquí.- dijo Ravyn.- ¿Cuánto tiempo llevas casado?
- Cuatro años.

Ravyn dejó escapar un suspiro asqueado mientras intercambiaba una mirada  de incredulidad con Otto. Le asombraba que Cael se las hubiese ingeniado para mantenerlo oculto durante tanto tiempo. Pero claro, los Dark-Hunters normalmente no visitaban unos las casas de los otros y Cael nunca había pedido un Escudero.
Incluso antes de que se hubiese trasladado al edificio propiedad Apolita hace diez años, Cael había estado solo, así que habría sido relativamente fácil mantenerles oculto su matrimonio.

Desde que los Dark-Hunters tenían prohibido tener citas o tener cualquier clase de relación romántica muy larga no era algo que hubiese surgido o preguntado siquiera.

Pero entonces eso implicaba una pregunta en particular.

- ¿Lo sabe Ash?

Cael se encogió de hombros.

 - Si lo sabe, no ha dicho nada.

Ravyn tuvo que otorgarle crédito a Cael – él era hábil rodeando una pregunta.

- ¿Se lo dijiste?
- No, - admitió Cael, -  pero tampoco lo he escondido. No tengo vergüenza de mi esposa o de mi matrimonio. Pero me imaginé que ya que nadie preguntaba, no tendría que hablar de eso. 
- ¿Qué hay de su familia?-  preguntó Otto. -  Desde que los Apolitas tienden a criar un montón de niños, estoy seguro de que ella tiene más de una hermana. ¿Qué haces cuando se vuelven Daimon?
La postura entera de Cael se volvió defensiva.
- ¿Quién dice que se vuelven Daimons?

Ambos Otto y Ravyn le dieron una mirada fija escéptica.

- ¿Estás diciendo que todos ellos han muerto? preguntó Otto.

Cael replegó sus brazos sobre su pecho cuando su expresión se volvió un poco tímida.

- No exactamente. Algunos de ellos se han desvanecido.
- Desvanecidos…- se burló Ravyn. – Querrás decir que se volvieron Daimon.
La cara de Cael era de piedra.
-  Quiero decir desvanecido.

La mirada de disgusto en la cara de Otto era tangible. Había tanta tensión en el aire que hizo que el pelo de los brazos de Susan se pusiera de punta. Ella seguía esperando que uno de ellos se lanzase sobre el otro, pero para su crédito ninguno había dado muestras de querer ser el primero.

- No preguntas, no te cuentan, ¿verdad? – preguntó Otto.
- Son mi familia, Otto,-  dijo Cael entre los dientes apretados con fuerza. – No voy a ir tras ellos cuando pasen al otro lado. Hay suficientes Dark-Hunters aquí para encargarse de ellos si pasan al lado oscuro.

Otto soltó largo suspiro, cansado.

- ¿Familia? ¿Estás seguro de que ellos sienten lo mismo acerca de ti? Dime que vas a hacer cuando te despiertes con la cabeza separada del cuerpo por que los que tú llamas familia se han puesto nerviosos… No te engañes a ti mismo, Cael. Sois enemigos. Siempre. Tarde o temprano, uno de ellos te venderá. A ti. Fuera.
-  Creo que él tiene un problema mayor que ese,-  dijo Ravyn, atrayendo la acalorada atención hacia él. ¿Qué vas a hacer cuando Amaranda cumpla los veintisiete?

La agonía en esos ojos oscuros estrujó el corazón de Susan cuando él apartó la mirada.

-  No hablamos de eso.
- ¿Por qué? Preguntó Otto. - ¿Planeas sostener su mano mientras se alimenta de los humanos?

Eso causó el quiebro de la tregua. Cael agarró a Otto y lo apartó de un empujón contra la pared con tanta fuerza, que Susan estaba asombrada de que no se agrietara el yeso. Sus colmillos quedaron al descubierto, ella mitad esperaba que Cael arrancase la garganta de Otto.

-  No es problema tuyo, humano. 

Ravyn los separó y puso su cuerpo entre Cael y Otto.

-  Es el problema de todos, Cael. De todos nosotros.

Cael frunció sus  labios en una maraña fiera.

- Sabes quizás no esté todo perdido,-  dijo Susan, llamando la atención sobre ella. - ¿Cael les puede preguntar a ellos que está pasando, no es verdad?

Cael negó con la cabeza cuando Ravyn lo miró fijamente con curiosidad.

- No,-  dijo él firmemente. -  No pido esa clase de favores. Ellos no me preguntan acerca de los Dark-Hunters y de lo que hacemos, y yo no les pregunto acerca de otros Apolitas u otros Daimons.
- Increíble.

Cael desdeñó con sarcasmo a Ravyn.

- No uses esa actitud superior conmigo, cabeza hueca. No es como si no estuvieses cazando también a la familia. Por lo menos yo no tengo ninguna sangre apolita en mí. ¿Cómo puedes cazar a los de tu propia especie?

Susan atrapó a Ravyn cuando se movió hacia Cael.

- Basta, chicos.
- Ella tiene razón,-  dijo Otto, respaldándola. -  Además, vosotros dos deberías estar debilitándoos el uno al otro en estos momentos.
- Lo estamos.- dijeron al unísono.

La puerta al final del pasillo se abrió para mostrar a Amaranda de regreso hacia ellos, llevando un pequeño saco de algo que olía como a comida. Cuando pasó caminando ante ellos, Susan advirtió un pequeño tatuaje de un arco y una flecha como el de los Dark-Hunters entrelazado con una rosa en la espalda de la mujer.

Amaranda miró con mordacidad a Ravyn, quien en cierta forma logró conservar su cara completamente estoica.

- Cael necesita su fuerza. Tienes que irte.
Ravyn entrecerró los ojos cuando vio el tatuaje en la mano que Amaranda colocó en el brazo de Cael.

- ¿Ella es Spathi?

Las facciones de Cael se endurecieron otra vez.

- Ella no es un Daimon.
- Pero está entrenada para pelear contra nosotros.

Amaranda levantó su barbilla para permanecer firme contra Ravyn y su crítica.

-  Estoy entrenada para protegerme a mi misma y a los que amo.
- ¿De qué?- Preguntó Otto en un tono seco.

Ella lo miró con desdén.

- De lo que haga falta.

Otra vez el aire se llenó de hostilidad y fiereza. La hostilidad de esto bajó por la espalda de Susan como si un fantasma la hubiese tocado.

Esto solo disminuía cuando Cael miraba a su esposa y su cólera parecía desvanecerse inmediatamente en una emoción mucho más suave.

- Cariño, ¿Vino algún escudero más temprano a hablar conmigo?
- No.- Su expresión era totalmente sincera y abierta.
- ¿Está segura? Preguntó Otto.
-  Kerri me habría avisado si lo hubiese. Ella no habría mantenido algo así en secreto.- asintió ella.

Otto parecía contrariado.

- Él no ha regresado, y tampoco ha venido aquí. Han debido interceptarlo. Maldición. Me pregunto cuando encontraremos el cuerpo.

Ravyn soltó un pesado suspiro. Su excesivo cansancio y tristeza alcanzaban a Susan. Ella quería colocar una mano reconfortante sobre él pero decidió que eso no era prudente. A diferencia de Cael y Amaranda, no eran pareja. Y ella no le conocía lo bastante bien para sopesar si Ravyn le daría la bienvenida a su consuelo o lo rechazaría.

- Al menos sabemos que Cael está a salvo, así es que podemos relajarnos. - Ravyn entrecerró sus  ojos en el otro Dark-Hunter. – Mantente en contacto y recuerda lo que dije. Tarde o temprano, esta batalla llamará a tu puerta.
La preocupación oscureció el semblante de Amaranda cuando miró a su marido.

- ¿Qué batalla?

Él le cogió la mano.

-  Nada, pequeña. Ellos están paranoicos.

Otto se mofó de sus palabras.

- Y los asesinos están de broma.
- Vamos,-  dijo Ravyn a Otto, empujándolo hacia las escaleras. - Tenemos otros lugares a los que ir y otras personas a las que molestar.

Otto se desentendió de su contacto mientras se dirigía por el corredor, alejándose de Cael y Amaranda. Ravyn fue detrás de él.

Susan les siguió, pero cuando alcanzó las escaleras, se volvió para ver a Amaranda dejando caer la bolsa de comida al suelo mientras Cael la cogía entre sus brazos y ahuecaba su cara en sus enormes manos, antes de darle un apasionado beso.

Toda su dureza se había ido y en su lugar quedaba toda la mansedumbre de un hombre que estaba obviamente locamente enamorado de su esposa.

- Tienes que comer algo,-  dijo Amaranda cuando se separó de sus labios.

Él le sonrió con dulzura.

-  Créeme, voy a comer ahora mismo… la comida puede esperar hasta más tarde.

Amaranda se rió cuando la cogió y la llevó de vuelta a su dormitorio.

Un dolor agridulce pasó a través de Susan cortándola en rodajas al verlos. ¿Dios, que se sentiría a estar enamorado? Ella ni siquiera podía imaginárselo. Lo más cerca que ella había estado alguna vez de eso había sido cuando volvió Alex cuando ella era periodista. Él había trabajado para un periódico de la competencia y habían estado saliendo durante casi tres años – Ellos incluso habían hablado de casarse.

Hasta que ella acabó deshonrada. Entonces él había abandonado su vida tan rápido, que ella todavía tenía una marca en su corazón.
No puedo quedarme contigo, Sue. ¿Puedes imaginarte los cotilleos? Nadie confiaría nunca en mí. Tú arruinaste tu carrera. No dejaré que arruines la mía, también.
Lo verdaderamente triste era, que ella lo entendía y, honestamente, sabía que si la amase lo suficiente no se habría ido de su lado.
Pero entenderlo no hacía que dejase de doler, incluso después de tanto tiempo. Cómo envidiaba a Cael y Amaranda por amarse aún cuando todos los demás los condenaban por ello.
Pero eso estaba templado por lo que le ocurriría a Cael al año siguiente cuando su esposa estuviese destinada a morir…
Su corazón sufría por ellos, Susan subió corriendo las escaleras después de Ravyn y Otto, quienes ya estaban con Leo. El club estaba todavía atestado con los estudiantes de universidad y los Apolitas que se mezclaban y bailaban. Ella pasó al lado de un grupo de altos rubios cuyos ojos negros los miraban con tangible malicia. Susan se sentía como un pececillo en el tanque de un tiburón. Había algo sumamente desconcertante acerca de la forma en que los rubios los observaban, y la periodista en ella se puso completamente en alerta.
- ¿Ravyn? – Ella le jaló para detenerlo.- Tengo un mal  presentimiento.
- ¿Sobre qué?
-  No lo sé. Algo no va bien. No puedo explicarlo- -
Una luz bromista pasó por sus ojos.
-  No te preocupes, mi sentido arácnido está apagado, también. Creo que es mejor que salgamos de aquí lo antes que podamos.
Ella asintió cuando siguió a Leo y Otto fuera del club, de regreso a la calle.
Ravyn no podría sacudirse el  mal sentimiento que Susan había mencionado. Él no había estado bromeando. Había una esencia en el aire que no podía identificar. Esto no era Daimon o Apolita. Ni siquiera era humano. Era algo… algo siniestro y poderoso, y eso lo preocupaba. Él necesitaba llevar a los humanos de vuelta a lugar seguro antes de lo que quisiera que fuese eso notase su presencia.
- ¿Ahora qué? – preguntó Leo tan pronto como estuvieron fuera del club.
- ¿Están todos los Dark Hunters avisados de lo que está pasando?- preguntó Ravyn.
Leo asintió.
- Entonces- - la voz de Ravyn se quebró cuando sintió una puñalada afilada en su hombro. El aguijón de eso hizo que su brazo comenzar a zumbar y quemar inmediatamente. - ¿Qué fue eso?
Él se encontró con el semblante ceñudo de Otto.
- ¿Qué?- preguntó Leo.
Ravyn no podía hablar. Sentía como si su lengua estuviese tan entumecida que no podía moverla. Su cabeza comenzó a latir. Su vista se nubló y se oscureció.
- ¡Le han dado! – gritó  Otto. Él le dio a Susan las llaves de su Jaguar antes de que él agarrase a Ravyn alrededor de la cintura y tirara de él hacia el coche. -  Salgamos de aquí. Ahora. Leo, coge el coche de Ravyn y corre.
Susan pescó las llaves del bolsillo de Ravyn y se las lanzó a Leo.
Leo se apresuró a obedecer.
Susan apenas tuvo tiempo de recuperarse antes de que ella viese la brigada de cinco Daimons saliendo del callejón de su izquierda. Cuatro hombres y una mujer, caminaron con determinadas zancadas en la formación asesina con el viento afilado de Seattle ondulando sus largos abrigos. Cada uno traía puesto un par de gafas de sol y traían una severa cara que decía que ellos estaban allí por sangre.
Su sangre.
Con el corazón latiendo acelerado, ella se metió en el coche y puso la llave en el contacto al mismo tiempo que Otto metía a Ravyn de un empujón en el asiento trasero. Algo duro impactó en el capó.
Alarmada, ella levantó la mirada para ver a un masculino Daimon de pie sobre el capó, dejando al descubierto sus colmillos ante ella mientras extraía un arma de los pliegues de su abrigo y disparaba contra el parabrisas.
- Jódete, cabrón – gruñó ella, poniendo el coche marcha atrás y haciendo rechinar la rueda si bien Otto todavía tenía la puerta abierta.
El Daimon salió volando cuando el coche derrapó de lado. Ella pisó el freno, causando que la puerta del coche se cerrase de golpe mientas Otto dejaba escapar una maldición desde el asiento trasero.
 – Abróchate el cinturón y aguanta,- le advirtió ella, cambiando de marcha.

Ella pisó el acelerador y se dirigió a los otros, quien rápidamente se lanzó fuera de su camino.

– Mierda, los perdí.
- ¿Dónde aprendiste a conducir así?- Preguntó Otto.
-  Fui periodista, Otto. ¿Nunca te has dado cuenta que los periodistas están al mismo nivel que los políticos y los abogados en términos de opinión pública? Abundan las personas en este mundo que quieren lastimarlos. Tan pronto como obtuve mi primer trabajo al salir de la universidad, Jimmy me hizo tomar clases de autodefensas en ambas artes marciales y conducción. Créeme, yo puedo J- y K- como el mejor de ellos. Ella echó una mirada en el espejo retrovisor para ver a Ravyn tratando de permanecer consciente.-  ¿Qué sucede ahí atrás? ¿Está bien?
Otto sacó pequeño dardo del hombro de Ravyn, luego lo olió.
- Aparentemente, ellos lo han sedado con un tranquilizante.
- ¿Pueden hacer eso?
Él encontró su mirada en el espejo retrovisor
-  La respuesta debería ser no. Los Dark Hunter son por regla general a prueba de drogas de cualquier clase, pero desde que él es en parte animal, parece que es un poco diferente, y lo que quiera que fuese la droga, funcionó en él.
Susan echó una mirada alrededor del coche para asegurarse de que no estaban siendo seguidos por los Daimons, luego aminoró para no atraer la atención de la policía sobre ellos. El tráfico parecía normal, pero entonces ¿Qué sabía ella de normalidad? Todas sus preconcebías nociones se habían hecho trizas en el mismo momento en que Ravyn entró en su vida.
- ¿A dónde me dirijo? - le preguntó a Otto.
Él suspiró.
- Buena pregunta. Sólo desearía  que tuviese una respuesta. Estoy seguro de que entre la policía y los Daimons, tienen a ambas la casa de Ravyn y la tuya vigiladas.
Sin mencionar, que su era la escena de un crimen. Ella no podía ir a la casa Addams. La casa de Leo estaba demasiado lejos…
- ¿Dónde está tu casa, Otto?
- En Nueva Orleáns- .
Ese era el último lugar que ella esperaba que le contestase.
- Eso no es realmente útil.
- Lo sé.
- ¿Dónde estabas viviendo aquí?
-  Estaba viviendo con los Addams.
Eso era aún menos útil. Bien. Ella solo conocía un lugar en el que estarían a salvo.
Ella miró a los hombres en el asiento de atrás. Otto observó el tráfico aun más cuidadosamente de lo que ella lo estaba haciendo mientras jugueteaba con su axila bajo su chaqueta.
- ¿Tienes alguna clase de sarpullido ahí, Otto?
Él frunció el ceño.
- ¿Qué?
- Si sigues rascándote así el brazo las personas van a pensar que has perdido la razón o algo.
Él bufó.
- Quiero mantener mi mano cerca de mi arma… por si acaso.
Eso debería haberla asustado, pero en lugar de eso la hizo sentirse un poco menos tensa. Ella miró a Ravyn, quien estaba caído contra la otra ventanilla. Su pelo negro oscurecía su cara pero ella todavía podía ver las magulladuras en su cuello donde el collar casi lo había matado. Si alguien había tenido un día peor que ella, ese era Ravyn. Y él todavía no había expresado ni una sola queja. Eso la asombraba. Él tenía más fuerza y coraje que cualquiera que incluso hubiese conocido antes, y eso la hacía preguntarse como había podido volverle la espalda su familia.
Tal vez era por que ella no tenía familia y por eso entendía su valor, pero una cosa era cierta; Si ella tuviese alguna vez a alguien como él en su vida, ella pelearía por conservarle, costase lo que costase.
- ¿Cómo lo está haciendo Gato con Botas? - le preguntó a Otto.
- Aguanta.
Susan dejó escapar un cansado suspiro. El día realmente comenzaba a llegarle y ella solo quería sentarse un momento y tener cinco segundos de paz. Un momento para recobrar el aliento antes de alguna otra cosa le fuese lanzada. Desde el almuerzo, su vida había estado viajando alocadamente fuera de control.
¿Eso era lo que ella tenía que afrontar como Escudero? Si lo era, entonces Leo podía quitarse de en medio. Concedido, como periodista, ella amaba la emoción de la persecución, pero esto era completamente diferente. Dale a ella un asesino común de los de todos los días que no pudiese atacarla sin previo aviso y dejar de existir sin dejar rastro.
Si esto era normal, entonces le llevaría demasiado explicar por qué Leo era un sapo la mayoría de las veces en el trabajo.
- ¿Así es como vosotros vivís vuestras vidas? ¿Un mayor desastre después de otro?
Otto se rió brevemente.
-  No. No realmente. Esto suele ser normalmente muy tranquilo. Hay algo aquí en Seattle específicamente que está detrás de este gran alboroto.
Eso hacía que ella se sintiese un poco mejor…  bueno no realmente. Ella todavía se sentía un poco perdida.
- ¿Alguna idea de quién anda detrás de esto?
- Los Apolitas.- dijo él secamente.- Principalmente ellos, con algunos Daimons detrás para fastidiar.
-  Ja, ja, Otto. Hablo en serio - . Susan agarró con más fuerza el volante cuando recordó la mirada en la cara de Jimmy en el refugio. -  Mi amigo Jimmy esta mañana que alguno de los policías están trabajando con los vampiros. Pensé que estaba chiflado, pero ahora no estoy tan segura .
-  Eso no tiene sentido, sin embargo. ¿Puedo entender que la generación de Hollywood caiga en ello, pero los policías? Tienen más sentido que eso.
-  A menos que alguien más arriba de la cadena de mando lo emita. Piensa en ello. Vi la lista antes. Vuestra gente tiene personas por todo el gobierno. ¿Por qué no podrían ellos?
- Por una cosa, no hay muchos de ellos que puedan caminar a la luz del día.
-  Sí, pero abundan los policías en los turnos de noche. ¿Cómo sabes que no son apolitas cubriendo los asesinatos que cometen su gente?
-  Ahora eso no es tan raro. Muchos de ellos lo hacen. Pero esto tiene mejor organización que eso. No son simplemente Apolitas y Daimons atacando. Tienen a los humanos trabajando con ellos.
-  Que concuerda bien con lo que decía Jimmy. Él me dijo que esto corría por las altas esferas. Tiene que ser un humano el que los esté dirigiendo desde allí.
Otto acarició su barbilla pensativo.
- ¿Qué averiguó exactamente Jimmy?
Susan aspiró profundamente mientras trataba de recordar todo
-  Esto empezó hace un par de años. Él tenía estos aislados accidentes de estudiantes de universidad o fugitivos que acabaron desaparecidos. De vez en cuando, aun encontraban algún cuerpo. Los casos estaban resueltos, pero él nunca veía los informes. Al principio él no pensó nada acerca de eso. Pero hace algunos meses, comenzaron volverse más frecuentes, y ahí fue cuando él empezó a sospechar.
- ¿Lo investigaste alguna vez?
EL dolor la atravesó cortándola en rodajas.
-  No. No puedo mostrar mi cara por City Hall. Yo me había estado riendo desde fuera antes incluso de que empezara mi investigación.
Ella encontró la mirada compasiva de Otto en el espejo, pero él no hizo comentario alguno.
- ¿Estaban todas las desapariciones en el mismo área?
-  En Ravenna. Dentro y alrededor del área donde está el Happy Hunting Ground.
- Eso tendría sentido, ¿verdad?
Ella asintió.
-  Creo que Jimmy tenía razón. Alguien de arriba está interfiriendo y ayudando a los Daimons. Alguien igual al alcalde, tal vez.
Otto hizo un ruido de desacuerdo.
-  Él está demasiado arriba. Él no podría manejar a tantos miembros del departamento de policía sin que alguien sospechase.
- Sí, por no mencionar que esto empezó antes de que él tomase el cargo. Susan se mordió el labio mientras consideraba a más sospechosos.
- ¿Qué hay acerca del comisario?
-  Esa  es una posibilidad. ¿O tal vez un detective?
- No, Jimmy dijo que venía desde más arriba que eso.
- Él era el que debía saberlo.- asintió Otto
Su corazón se encogió al darse cuenta de que Jimmy ya no les podría decir nada ahora.
Maldición, si solo tuviera una pista de alguna clase.
-  Tiene que haber una razón para esto. ¿Estás seguro de que nunca han intentado algo así antes?
-  Positivo. Y en mi mente, no puedo imaginarme qué instigaría a un policía a ayudar a un vampiro a hacer presa de otros humanos, especialmente un alto cargo.
- Pero ocurre.
Otto asintió
-  Sea lo que sea lo que está ocurriendo, creo que Cael necesita ser reemplazado desde que él está obviamente distraído y no está prestando atención a lo que los humanos y los Daimons están haciendo. 
Ella podía entender eso.
- ¿Es normal que un Dark-Hunter salga con una apolita?
-  No. Diablos, no. Nunca he escuchado antes que un Dark Hunter se hubiese liado con una Apolita. La única vez que ocurrió al parecido fue con Wulf, y él no era técnicamente un Dark-Hunter. Él fue simplemente un humano que se vió atrapado en esto por un dios escandinavo. Se supone que los Dark Hunter no pueden tener una relación permanente con nadie. Y el matrimonio está estrictamente prohibido.
Eso tenía que apestar. Ella ni siquiera podía comenzar a envolver su mente en ese concepto
- ¿Así que viven eternamente, pero tienen permiso de tener nada significativo de ninguna clase?
- Ese es el trato.
- Eso apesta.
- Sí.- Otto estuvo de acuerdo. - Lo es, pero como diría Ash, cuando firmas con el diablo, acabas por quemarte.
- ¿Ash?
- El líder de los Dark-Hunter, Acheron.
Ella recordó haber leído algo de él antes. Aunque no había mucho de él aparte de que era bastante excéntrico y difícil para que tuviese un escudero.
- ¿Qué tal viejo es?
- Algo más de once mil años.
Se quedó con la boca abierta mientras se imaginaba a un anciano igual que Merlín  de la película del Rey Arturo.- Eso es muchísimo tiempo.
- Sí, - dijo Otto con una ligera sonrisa – lo es- .
Se quedaron en silencio mientras Susan procesaba toda la información en su mente, pero honestamente en ese punto, ella empezaba a tener sobrecarga de información.
Ella aminoró cuando se acercó al Serengeti. Otto maldijo cuando se dio cuenta de su destino.
-  No puedes llevarle allí otra vez, Susan.
Ella aparcó en la cuneta, cerca de la puerta trasera.
- ¿Tienes una mejor idea?
Ella esperó que él discutiera. En lugar de eso, él sostuvo en alto una mano para decirle que esperara, mientras sacaba su teléfono y presionaba un botón.
- ¿Oye, dónde estás? Él la contempló mientras escuchaba. -  Estamos justo  detrás del club con Ravyn. Él está k.o. por cierto. ¿Te importaría venir aquí y echarme una mano para meterlo dentro? Él mantuvo el teléfono alejado de su oreja y ella oyó la conmoción del otro extremo antes de que lo llevase de vuelta a su cabeza.- Lo sé, ¿Pero dónde lo llevamos sino?- él hizo una pausa.- Sí, te veré en un momento.
Susan se recostó sobre el asiento.
- ¿Ese era Kyl?
- Sí, y para que conste, él también piensa que estás loca.
-  Oh, tío. Supongo que eso es justo desde que yo pienso que él es un sicótico.
Los ojos de Otto se estrecharon.
-  No hay nada que pensar, él es un sicótico. Lo cual le hace fantástico en una pelea. Vamos, veamos que podemos hacer.
Susan miró alrededor de la calle oscurecida antes de que saliese. La puerta trasera del club se abrió para mostrar a Kyl reuniéndose con ellos. Susan mantuvo abierta la puerta del coche a fin de que él y Otto pudieran sacar a Ravyn fuera. Los dos tuvieron que vérselas con el peso de él y no fueron exactamente suaves. De hecho, ellos golpearon su cabeza contra el techo, tratando de sacarle.
Ella se encogió en forma solidaria.
- Eso dejará una marca que no tengo intención de explicar.
Otto la miró con rudeza cuando gruñó. Leo estacionó el coche de Ravyn cerca del  de ellos, luego fue a mantenerles abierta la puerta de atrás.
Kyl se tambaleó adelante con Ravyn entre él y Otto.
- ¿Qué le ha sucedido?
-  No tenemos ni idea,-  dijo Susan mientras cerraba la puerta del coche. - Los Daimons le dieron con alguna clase de dardo tranquilizante.
Kyl se detuvo un instante hasta que Otto arrastró a Ravyn. – Yo suponía que los Dark Hunters podían bajarse un tranquilizante.
Otto lo miró con sequedad.
- Pues bien, aprendemos algo nuevo todos los días.
Susan dio un paso hacia atrás cuando alcanzaron la puerta para darles espacio suficiente para entrar.
Apenas habían pasado la parte de atrás del edificio cuando su camino se vio cortado completamente por el padre de Ravyn.
- ¿Qué diablos significa esto? – gruñó él coléricamente.
Fue Otto quien contestó.
- Ravyn está herido.
- Pues tíralo en la calle con el resto de basura.
Otto dejó escapar un cansado suspiro mientras hacía una mueca ante el peso de Ravyn.
- No podemos hacer eso, Gareth, y lo sabes.
Dos Were Hunters más aparecieron de la nada detrás de Gareth.
-  Él tiene prohibida la entrada en el Serengeti. Permanentemente.
Esas palabras golpearon con dureza algo dentro de ella. Malditos fueran por ser tan fríos. A ella le había arrebatado su familia y si ella pudiese tener a alguno de ellos de vuelta aunque solo fuese por un minuto, no lo duraría ni un instante. ¿Cómo podía Gareth volverle la espalda a su hijo, especialmente cuando estaba herido?
Eso la hizo arder cuando pensó en su propio padre. Y eso hizo que su ira contenida se enfocara en Gareth.
- Espera un segundo,-  dijo Susan. - ¿Esto es un santuario, correcto?
Gareth la fulminó con una mirada enojada.
- ¿Tu punto, humano?
Ella se cruzó de brazos y le devolvió la misma mirada.
-  Entonces no tiene permiso de decidir quien puede o no puede quedarse aquí. Leí en mi manual que era realmente difícil para un lugar convertirse en un… lemony--
- Limani,-  la corrigió Otto.
-  Sí, Eso. Y una vez que le fue concedió ese estatus, tiene que darle la bienvenida cualquiera que necesite ayuda. Cualquiera. Humano, apolita, Daimon, o Hunter.
Ella vio respeto en la cara de Otto cuando él le dirigió a Gareth una mirada que decía “chúpate esa”.
- Ella tiene razón.
La cólera colocó un tic agudo en la mandíbula de Gareth.
- Él violó nuestras leyes.
-  No hay nada en el libro acerca de excepciones. De acuerdo con las reglas, tiene que acogerle a menos que alguien llamado Savitar haya dicho lo contrario. ¿Ese Savitar lo ha censurado?
Gareth la atravesó con una fea mirada.
- ¿Qué es usted? ¿Un jodido abogado?
-  Peor. Soy periodista.
Gareth soltó un gruñido medio animal medio rabia.
            - ¡Phoenix!
El hermano de Ravyn apareció inmediatamente en medio de un destello. Susan frunció el ceño cuando un extraño tatuaje borgoña apareció en la mitad de su cara unos segundos antes de que se desvaneciera.
- ¿Sí, Padre?
- Muestra a estas personas un cuarto de los de arriba.
Otto frunció sus  labios con repugnancia.
-  Él no puede estar a la luz del día, Gareth, y lo sabes.
Si las miradas pudiesen matar, todos ellos no serían más que polvo.
- Bien. Deshazte de él en el sótano entonces. En la habitación de aislamiento.
¿Bueno, no sonaba eso a todas luces cálido y acogedor?
-  Supongo que he tenido suerte de no tener padre, si después de todo, es así como actúan.
Nadie dijo nada cuando Phoenix obedeció a su padre y los condujo a una escalera que estaba hacia la derecha encubierta por una puerta. Pero ella medio esperaba que los animales se volvieran sobre ellos en cuando se abrieron paso hasta el cuarto.
Y era pequeño. Esto apenas podía acomodar el colchón del tamaño de una sola plaza en el suelo. Las paredes estaban pintadas en un gris desafilado y el cuarto mantenía un agradable olor, a moho. Encantador… un pedazo de pan mohoso.
- ¿A quién mantienen aquí dentro? Preguntó Susan tan pronto como Otto y Kyl echaron a Ravyn en el colchón.
- A los clientes problemáticos,-  dijo Otto, estirando sus brazos, como si los hubiesen agarrado. -  Si alguien o algo se pasa de la raya, tienen que retenerlos hasta que puedan obtener una orden del consejo para acabar con ellos.
Eso no sonaba agradable.
- ¿Órdenes de quién? ¿El Concejo de Escuderos?
Kyl negó con la cabeza.
-  No, el Omegrion. Es el cuerpo gobernante para los Were Hunters.
- Por cierto,-  dijo Otto, mirando a Phoenix. -  Gracias por ayudarnos a traerle aquí abajo.
- Que te jodan, humano- . Y luego él dejó de existir sin dejar rastro.
Susan fingió felicidad cuando dio un par de palmadas como un maestro de preescolar antes de su clase.
- Woh, niños y niñas, ellos han sido tan amable, ¿verdad? Martha Stewart estaría orgullosa.
Otto se rió mientras Kyl negaba con la cabeza ante ella. Leo incluso bufó.
- Los Were-Hunter pueden ser belicosos, -  dijo Kyl, -  pero rara vez son cálidos.
Y eso era definitivamente una vergüenza.
Susan recorrió con la mirada al pobre Ravyn, quien estaba tendido en una mala postura en el colchón.
- ¿Podría alguno de vosotros al menos conseguir una almohada y un sábana para él?
Otto asintió.
- Volveré en unos momentos.
Los hombres retrocedieron unos pasos y la dejaron sola con su cargo. Aunque cómo había acabado siendo él su responsabilidad no estaba segura. No obstante, casi se estaba acostumbrando a eso.
Susan se sentó al lado de Ravyn. Cuando trató de hacer que estuviese más cómodo en el camastro, ella se dio cuenta de que él no estaba completamente inconsciente.
- ¿Ravyn?
Él emitió un ligero parpadeo pero realmente no respondió. Estaba tan indefenso como un bebé, y eso la asustaba. Si le hubiesen impactado con eso estando a solas, él habría estado completamente indefenso antes de sus enemigos.
Este era su propio talón de Aquiles. Y ahora sus enemigos lo sabían.
Su estómago se encogió ante tal pensamiento, ella cepilló el pelo de regreso aparatándolo de su hermosa cara. Si bien estaban medio cerrados, esos ojos eran todavía impresionantes y perturbadores y derritieron una extraña parte de ella. Ella nunca había sido el tipo de mujer que perdía la cabeza por una buena apariencia. Pero algo en ella se sentía definitivamente atraído por él.
Era difícil de creer que no hubiesen pasado ni veinticuatro horas desde que lo conocía.
Otto regresó con una manta y una almohada.
- ¿Cómo lo está haciendo?
-  No tengo ni idea.
Él suspiró.
-  Traté de obligar a uno de los doctores de aquí a que le examinases, pero, sorpresa, se negaron.
Ella apretó los dientes con furia ante lo que eso se refería mientras colocaba gentilmente la almohada bajo la cabeza de Ravyn.
- ¿Por qué le odian tanto?
-  Los maté a todos ellos.
Susan frunció el ceño ante las palabras susurradas de Ravyn.
- ¿Qué?
-  Maté a mi familia,-  repitió él, su voz distante y mal articulada. -  Isabeau mintió. Ella se lo dijo a ellos y vinieron por nosotros--
- ¿Quién es Isabeau?
Pero no hubo respuesta cuando los ojos de Ravyn se cerraron y el se quedó flojo. Otra vez.
Otto se encogió de hombros.
-  No tengo idea de qué estaba hablando. Ni por que lo odian. Estoy seguro que tiene algo que ver con su ser un Dark-Hunter, pero cualquier cosa aparte de eso sería una suposición por mi parte.
Compadeciéndose de Ravyn, Susan extendió la manta sobre él.
- ¿Quieres que te traiga algo de comer mientras le atiendes?- preguntó Otto - Es decir, asumiendo que tengas la intención de quedarte aquí con él.
¿Dónde si no iría ella? Además, ella había estado las suficientes veces enferma en su vida adulta como para que quisiera estar sola. No había nada peor que atenderte a ti misma cuando estaban tan mal que no podías ni moverte.
-  Sí, me quedaré con él. Y por lo que respecta a la comida, comeré cualquier cosa que no me coma a mí.
Otto asintió antes de salir.
Tan pronto estuvieron solos Ravyn se volvió hacia su lado como si intentara incorporarse.
Susan lo cogió y tiró de él de regreso hacia el colchón.
- Tienes que quedarte echado.
Él se encogió.
- No me grites.
Oh, jeez, él estaba con ketamina. ¿Qué debería usar en un cambiador de formas? Ella debería saberlo. Ella había tenido un compañero de cuarto de la universidad que había amado experimentar con todo lujo de drogas recreativas, y Special K, un tranquilizante animal, había sido justamente su favorito. Si Susan recordaba correctamente, a menudo dejaba a su compañero de cuarto altamente sensible a la luz, al ruido y al tacto.
Queriendo comprobar la teoría, ella  extendió la mano de golpe al pelo de Ravyn. Igual que un gato, él arqueó su espalda y realmente ronroneó. Esto estaba fuera de su carácter lo que le hacía preguntarse que diría él si no estuviese bajo la influencia de la droga.
Él levantó su mano para ahuecar su mejilla.
- Eres tan suave,-  él respiró. Hizo una mueca como si algo le atormentase. - No me siento bien.
Susan miró rápidamente a su alrededor hasta que divisó un pequeño cubo de basura cerca de la puerta. Soltándole, ella la agarró y apenas logró regresar antes de que él descargase el contenido de su estómago en ello.
Ella se encogió. Ellos le habían dado una sobredosis. A su compañero de habitación a menudo le había dado asco la droga, pero Susan rara vez podía recordar haberlo visto tan enfermo – solo muy estúpido y sumamente cariñoso.
Cuando finalmente terminó, volvió a recostarse en el colchón, dónde jadeó y gimió.
Susan suspiró cansadamente mientras se preguntaba que hacer con el cubo de basura.
- Qué fin tan perfecto para un día perfecto.


Stryker estaba en un callejón fuera del Serengeti con tres de sus hombres y Satara. Él atravesó con la mirada a Trates, quien había permitido que Ravyn se escapara de ellos una vez más.
El segundo de Stryker le dio una mirada tímida cuando supo exactamente qué tan disgustado estaba Stryker con él.
- Al menos sabemos que el tranquilizante funciona y actúa un poco más rápido de lo que Theo prometió.
Esa era una pequeña consolación.
Stryker se lamió sus colmillos significativamente.
-  ¿Y dónde está el buen doctor ahora?
Su cara palideció, Trates retrocedió.
- Recojamos la pelota, Stryker,-  dijo Satara mirando irritada hacia el club.
– Entra y sácalo de allí.
-  Piensa un poco, hermanita. Invade un santuario y te crearás un problema que ni siquiera tú podrás afrontar.
- ¿Cómo así?
Acercándose de modo amenazador a ella, Stryker la apretó contra la pared.
-  Me doy cuenta de que como criada de Artemisa te crees que eres inmune a todo. Suerte para ti. Pero el resto de nosotros no somos tan afortunado. Entra allí tras Ravyn y habrás descendido la furia de Savitar sobre todos nosotros. Sin mencionar que se convertiría en una caza abierta sobre los Spathi. Nosotros usamos estos lugares para refugiarnos tanto como los Were Hunter lo hacen.
Sus fosas nasales se dilataron, ella le empujó de regreso.
- Entonces ¿Qué quieres hacer? ¿Renunciar a tomar Seattle?
- No,- gruñó él. -  Hemos ganado demasiado aquí, y hasta ahora los humanos han probado que sirven de algo. Esperaremos fuera y los mataremos cuando salgan.
Ella dejó escapar un asqueado suspiro.
- ¿Sabes cual es tu problema, Stryker? Piensas como un hombre de once mil años de edad.
- ¿Qué se supone quieres decir con eso?
-  Estás asentado en tus maneras. Dame un grupo de hombres al que liderar.
Si, claro. ¿Se creía que confiaba en ella? Ella era demasiado impulsiva para actuar y también lenta para pensar.
- ¿Estás loca?
- No, pero a diferencia de ti, pienso fuera de la caja. - Ella gesticuló hacia los edificios que tenía en frente. - ¿Quieres Seattle? Yo puedo dártelo.
Stryker vaciló mientras consideraba su proposición. Durante siglos, Satara se había mantenido aislada y sólo le había visitado cada vez que Artemisa no la necesitaba. Fue solo en los dos últimos años que ella se había convertido en una visitante asidua a Kalosis. Y con cada visita, era parecía agitarse más y más. Algo había sucedido en el Olimpo para enfurecerla, pero ella nunca habló de eso.
Pero entonces quizás ella tuviese razón. Él estaba viejo y cansado. Y se asentaba en sus maneras. Quizás ella tuviese una idea que los Dark-Hunters y Acheron no verían venir.
- Bien.- él se volvió hacia su segundo al mando. -  Trates, ve con ella. Si hace algún ademán de comprometernos de cualquier forma, mátala.
Satara le dedicó una mueca sarcástica.
-  También te quiero, Hermano- . Ella sacó la daga de su bota. -  Pero no te preocupes... las cosas están a punto de ir deliciosamente por nuestro camino.


[1] Braither= Hermano en gaélico

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