jueves, 16 de febrero de 2012

DSM cap 6

Susan estaba un poco confundida por la inmensa propiedad de los Addams. No se necesitaba demasiado para perderse en los diez mil metros cuadrados de la construcción que tenía algunas áreas de seguridad y algunas abiertas al público.
Una de las primeras cosas que hizo Leo fue hacerle un escáner electrónico de una mano y la impresión de retina que le permitiría acceder a las áreas cerradas. También les permitiría encontrarla si se escapaba, o, su parte favorita de todas, identificar sus restos si los Daimons llegaban a ponerle las manos encima para torturarla y acabar con ella. Ella también necesitaría obtener una copia de sus registros dentales para sus archivos… solo por si acaso.

Sí, ella realmente disfrutaba el prospecto de ser parte de este mundo. ¡Quizás pudieran manejar algunos rituales de caza simplemente para divertirse y practicar!
Pero una de las partes más interesantes del edificio era el frente, la cual era un pequeño café  y una pastelería en Pioneer Square. Este era en tono oscuro, con paneles revestidos de pino y un techo negro. Aun así, todavía se las ingeniaba para tener un pasado estilo de moda hogareña. Y bastante espeluznante, ya que era uno en los que ella había comido en varias ocasiones en el pasado con Angie y Jimmy cada vez que bajaban por aquí a la tienda de antigüedades de la esquina que Angie adoraba.

Mientras ellos le mostraban los alrededores de la tienda, desde atrás las escenas de personas inocentes iban y venían sin darse cuenta de lo que pasaba en el área comercial Twinlight Zone. Apenas unas horas antes, ella había sido una de ellos, también.

De hecho, con excepción del pequeño comedor, el mostrador, el área de la panadería, y un pequeño almacén, el resto del monstruoso edificio era esencialmente el centro de mando para los Escuderos con base en Seattle. Había computadoras de alta tecnología que mantenían virtualmente el control de todo. Dónde vivían, compraban, y patrullaban. Había bases de datos de los negocios locales que poseían. Listas de quienes trabajaban para la ciudad, estado, y el gobierno federal, y esos que eran asignados a algún particular Dark-Hunter en el área.

Aparentemente, había nueve principales Dark Hunters en diversas partes de la ciudad mientras otros seis estaban asignados a las áreas alejadas del centro como Bainbridge Island, Bremerton, y Redmond.
Allí también había un hospital que se encargaba de los Dark Hunters o Escuderos que fuesen heridos de manera que no pudiesen curarse a si mismos pudiesen visitar a un médico sin extrañar a los -ords-. Ords era el término que utilizaban para -ordinario- que eran las personas que no tenían ni idea de la existencia de su mundo. Personalmente, Susan quería volver a ser un ord, pero ella sabía que era mejor no preguntar.

Pero lo que la fascinó mayormente fue el único hombre solitario quien sentado en una oficina monitoreaba todas las bandas de emergencia locales. Él había sido el único en decirle que nadie había llamado a los policías que habían llegado a su casa, cuando ella y Ravyn habían sido atacados. Si hubiese sido, él lo habría sabido. Ellos habían sido envidados desde otra parte, lo cual dejaba la pregunta, ¿Quién los había enviado?

-Aquí, Sue.

Ella se volvió para encontrar a  Leo detrás de ella con lo que parecía ser una guía telefónica encuadernada en cuero en su mano.

-¿Qué es eso?
-El manual del Escudero sobre el que te hablé.
           
Él se lo tendió y ella casi lo deja caer. Aquella cosa enorme debía pesar al menos quince libras y olía a las bolas de alcanfor que infestaban el viejo armario de cedro de su abuela.

-Tienes que estar de broma-.

Él le dedicó una mirada sombría.


- Y también se te examinará de esto-.

Ella boqueó.

- Solo bromeaba-. Sonrió él. -Pero te aclarará exactamente quienes y que somos. Ahí dentro también hay mucha información sobre los Daimons, Apolitas, y los números de emergencia para ciudad importante-.

- ¿Y los Dark-Hunters? ¿Hay algo acerca de ellos?

-Oh, claro. Montones de cosas acerca de ellos. Su historia y orígenes. Si vas a nuestro sitio Web, Dark Hunter.com, hay una base de datos on-line que te dice los nombres de todos los Dark-Hunters, así como también una página de su perfil y edad-

- ¿De veras?

Él sintió.

Ahora eso podría ser útil.

- ¿Es seguro? Creo que tener todo eso vía on-line sería una invitación para los Hackers.

Arrugando el ceño, él negó con la cabeza.

-No realmente, pero tenemos nuestros propios Hackers  que mantienen a raya al resto. Y si alguien, quizás, encuentra la manera de traspasar nuestras defensas, se encontrará con que tienen una grosera visita.

- ¿Déjame adivinar, de Otto?

- No… estas personas hacen que Otto parezca educado.

Ahora eso era algo que le encantaría ver, pero no llamando a su puerta.
Susan trató de balancear el libro en una mano para hojearlo, pero era demasiado grande para eso. Así que recurrió a hacer más preguntas.

-¿Que hay acerca de los Escuderos? ¿Habla la Web de ellos?

-Solo de un puñado. Mantenemos un perfil inferior por regla general. Y hay muchos más de nosotros que Dark-Hunters. Se cuentan por miles desde que somos diez mil en todo el mundo-. Él golpeó ligeramente la cubierta del tomo y le guiñó el ojo. -Feliz lectura.

Susan le gruñó

- Te odio Leo.

Él le dedicó una traviesa sonrisa.

-Yeah, lo sé.

Suspirando, Susan decidió encontrar una habitación tranquila en la que leer. Ella abrió la primera puerta que alcanzó y se detuvo en seco cuando se encontró a Ravyn en suelo, quien dormía sobre un futón rojo.

Esto era todo lo que ella podía hacer para contener el aliento mientras lo veía tendido boca abajo, envuelto en las sábanas blancas que no hacían sino realzar el color café claro de su piel. Y el hombre era café claro en todas partes. Esa oscura, sombra leonada parecía ser su tono de piel natural.
Fue suficiente para poner su corazón a mil. Él era puro músculo. Todo hombre –un transformista… leopardo… de alguna manera. E incluso por extraño que fuese, la mayor parte de las heridas de bala en su espalda no eran ya nada más que fruncidas cicatrices. Leo le había dicho que los Dark Hunters se curaban rápido, pero diablos, realmente no desaprovechaban ninguna hora en reparar esas heridas.
Él abrió un ojo negro para mirarla.

-¿Necesitas algo? Su voz le tuvo una calidad retumbante para alguien que estaba profundamente dormido
-Pensé que este cuarto estaba vacío. Lo siento.

Él se desperezó antes de que él se diese vuelta, y la sábana resbaló para darle a ella una agradable vista de una cadera desnuda y una huella de pelo negro que corrió de su ombligo hacia una zona de pelo más espeso. Una parte malvada de sí misma esperaba que la sábana se deslizase abajo otros pocos milímetros a fin de que ella pudiese vislumbrar al resto de él.
De acuerdo, ella sabía que él se veía realmente bien desnudo, pero antes había estado demasiado ocupada para notar los detalles más finos de su cuerpo. Ahora ella sentía un poco ávida y si el hombre quería correr de un lado a otro desnudo…
Pues bien, lejos de ella el quejarse.

-No hay problema-. Bostezó él mientras se rascaba el brazo que hacía poco tiempo había tenido alojado una bala. Ahora parecía tan sano como el resto de él. -¿Te encuentras mejor?

Su pregunta y la preocupación que oyó en su profunda voz la sorprendieron. Por qué debería incluso preocuparse, y todavía una parte de ella estaba agradecida de que incluso si él no lo hubiese hecho, al menos lo fingiese. Habiendo pasado toda su edad adulta a solas, ella realmente deseaba tener a alguien solo para ella.
Alguien a quién amar y que no tuviera que compartir. Era egoísta, pero ella realmente quería encontrar a esa persona que la pudiese amar incondicionalmente.

-Honestamente no lo sé. ¿Qué tal estás tú?

Él bajó la mirada y pasó la mano por su musculoso y perfecto pecho, perfecto.

-Bastante recuperado.

Era tan extraño tratar de reconciliar este hombre el que ella había visto asesinar cruelmente al medio apolita tiempo atrás. Un escalofrío bajó por su columna vertebral ante el recuerdo. Ravyn quizás estuviese actuando amistosamente con ella por el momento, pero él era un asesino cruel. Ni siquiera había parpadeado o vacilado en tomar las vidas de esos hombres en su casa. Justificado o no, era un desalentador pensamiento el saber que la vida significaba tan poco para él.
Repentinamente inquieta, retrocedió hacia el pasillo.

-Bien, no te entretendré. Probablemente necesitas dormir más.

Él levantó la sábana y dobló su expuesta pierna bajo ella.

-Sí.

Asintiendo, cerró la puerta y regresó hacia la sala en la que había estado antes que contenía las computadoras que Leo le había dicho que eran para el uso general de los Escuderos.
Kyl estaba allí solo, escribiendo furiosamente en uno de ellos.

- ¿Puedo utilizar uno?- preguntó ella con vacilación. Kyl, al igual que Otto, todavía actuaba como si quisiera matarla.

Él levantó la mirada pero no dejó de teclear.

-El que está a tu izquierda.

Ella se sentó, colocó el libro a su lado, entonces utilizó el ratón. Tan pronto como la pantalla se encendió, intentó probar el sitio que Leo le había mencionado, sólo para acabar en una página porno.

-Cielo santo. No creo que sea esta.

Kyl la miró ceñudamente a ella.

- ¿Qué?
-Leo dijo que había una web Dark-Hunter, pero creo que no tengo el URL correcto.

Él se rió de ella.

-¿No pusiste el guión entre Dark y Hunter, verdad?

Ella miró el campo y se percató de que él estaba en lo cierto.

- No.
-Pongo y prueba otra vez.

Susan lo hizo y respiró un poco más tranquila cuando la página correcta subió. Era toda blanca y negra.

- Qué tan monocromático.

Kyl bufó.

-Es más cómodo para los ojos de los Dark-Hunters. Son bastante más sensitivos que los ojos humanos. Con el fondo negro les es más fácil de leer.

Hmmm, eso era interesante.

- ¿Por qué es diferente su vista?
- Si leíste tu manual, el cual deberías utilizar para buscar información y no como tope para la puerta, habrías visto que puesto que cazan durante la noche, tienen una vista especial nocturna. Sus ojos están todo el tiempo dilatados, así que la luz brillante es molesta para ellos. Es por eso qué muchos de ellos traen puestas gafas de sol oscuras incluso adentro.

Archivado eso en su cerebro solo en caso de que tuviese que cegar a alguno de ellos, Susan hizo clic en los perfiles de Dark-Hunter y se detuvo cuando vio el nombre de Ravyn Kontis. Oh, era demasiado para resistirse. Haciendo clic sobre eso, leyó rápidamente lo que decía sobre él.
Esto era realmente fascinante. Él nació en la Antigua Grecia –  en el 304 a.c. para ser precisos. Diablos, él era una vieja momia. Ella esperaba que se viese así de bien con dos mil años encima.

Ella sin embargo lo dudaba.

Pero a medida que leía, se dio cuenta de que los Were Hunters, los transformistas en todo esto, no tenían una duración de vida normal. Más bien, vivían durante cientos de años y, a diferencia de los humanos, no tenían que vivir cronológicamente. Ellos podían moverse a través del tiempo.
Impresionante, pero eso también implicaba una pregunta importante.

- ¿Está la familia de Ravin todavía viva?

Kyl hizo una pausa en su mecanografía.

-Técnicamente sí, pero no, no realmente-.
- ¿Qué quieres decir?

-Ravyn es un Were-Hunter. Son primos de los Apolitas y de los Daimons que son cazados por los Dark-Hunters. Desde que comparten la misma línea de sangre, muchos de los Were-Hunter llevan santuarios para proteger a los Daimons de los Dark-Hunters. Por eso, Ravyn fue denunciado cuando se convirtió en un Dark-Hunter. No le está permitido acercarse a sus parientes en ninguna reencarnación.

El corazón de Susan se encogió. Habiendo haberle vuelto la espalda su padre, ella entendía completamente el dolor del rechazo. Pero al menos ella nunca había conocido a su padre. ¿Cuánto peor debería ser el que alguien a quien quisiera le volviese la espalda?

-Aquí en Seattle. Su padre posee uno de los santuarios simplemente algunos bloques más arriba.

Se quedó con la boca abierta ante lo que a eso se refería.

- ¿Y ninguno de ellos ha hablado siquiera con él?

Él le dio una risa medio extraña.

- Nooo-. Él alargó la palabra significativamente. -Ellos ni siquiera pronuncian su nombre. Él está completamente muerto para ellos.
-Si se sintieron tan mal acerca de esto, ¿Por qué se convirtió en un Dark-Hunter?

Kyl se encogió de hombros.

-Tendrás que preguntárselo a él.
- ¿Oye, Kyl?

Ambos se volvieron hacia la puerta donde Jack estaba.

- ¿Has oído alguna cosa acerca de Brian?
- ¿No, por qué?
-Lo enviamos para averiguar sobre Cael, pero aún no ha regresado y no contesta a su teléfono-.

Kyl miró con ceño.

-Eso es extraño-.

Jack estaba de acuerdo con él.

-Nosotros pensamos lo mismo, también, y ya está atardeciendo. ¿Deberíamos enviar a alguien tras él?

Kyl vaciló.

- ¿Se ha puesto ya el sol?
-Hace diez minutos.

Él maldijo.

Susan estaba perpleja por su hostilidad.

- ¿Eso es malo?

Ambos hombres la miraron con estupefacción. Pero fue Kyl quien contestó.

-Solo un poco. A la puesta del sol, los Daimons están libres de salir-. Él dejó escapar un cansado suspiro. -Tío, a veces realmente extraño mi casa.
- ¿Tu casa? preguntó ella.
-Nueva Orleans. Allá abajo, los Daimons son bastante más tranquilos y suelen tomarse su tiempo antes de cazar. Aquí arriba, son demasiado hiperactivos. Tan pronto como el sol se pone, demandan fiestas-. Él miró a Jack. -¿Cuántos de los Ritos de Sangre están cerca de aquí ahora mismo?
- Tú y Leo. Otto debería volver en un rato y Jessica más tarde esta noche.

Kyl acarició su barbilla mientras consideraba eso. -Avísame en el mismo momento en que Otto regrese y nos pasaremos a ver que pasa con Brian.

Había algo en su conducta que la sobresaltó. Él estaba asustado y trataba por todos los medios no mostrarlo. Después de que Jack saliese, ella se levantó y se acercó a él.

-¿Qué no has dicho?

Su cara se volvió estoica y fría.

- Nada.

Sí. Claro. Susan ladeó la cabeza y entrecerró sus  ojos en él.

-Mírame, Kyl. No me engañas. Solía ser una de las mejores periodistas de este país y si hay una cosa que conozco, es el lenguaje corporal. Y el tuyo me dice que mientes en eso de -nada-

Él bajó la mirada y suspiró. Una profunda tristeza oscureció sus ojos mientras se restregaba su bíceps derecho.

-Probablemente no debería decirte esto ya que sólo te asustará, ¿Pero qué diablos? Si estoy en lo cierto, necesitarás saberlo-. Él se detuvo algunos segundos como si reuniese sus pensamientos antes de hablar otra vez. -Tuvimos una mala situación hace aproximadamente dieciocho meses en Nueva Orleans. Una situación realmente mala. Perdimos un montón de buena gente en el transcurso de una noche, incluyendo uno de mis mejores amigos y su madre.

Era obvio que todavía estaba embrujado por esa noche y su corazón saltó por él. No había nada peor que ocuparse de una tragedia.

- ¿Y crees que esto va a ser lo mismo?

Su mirada fija la quemó.

- Es solo un presentimiento que tengo. Sé que suena absurdo. Pero soy un criollo con una larga línea de personas que conocen el mojo. Como diría mi abuela, ' puedo sentir el mal en el viento.' Es lo mismo que sentirías si alguien caminase sobre tu tumba.

De acuerdo, ahora él estaba realmente empezando a asustarla.
De repente, hubo un fuerte estruendo afuera que sonaba como si alguien estuviese tratando de destruir la pared.
Susan saltó cuando su corazón se alojó en su misma garganta. ¿Dios mío, qué ocurría ahora?

Kyl se deslizó de su asiento, fuera cuarto. Susan lo siguió pisándole los talones cuando la dirigió de regreso al muelle de carga donde había un Saleen S7 rojo que alguien había chocado en un Dumpster.
La puerta del caro coche deportivo se abrió para mostrar a una joven alrededor de los veinte, vestida en forma gótica. Iba toda de negro excepto por sus medias rojo sangre y sus botas de motero con llamas dibujadas en ellas, ella estaba bastante mona cuando se lanzó del coche con los ojos azule brillante mirando despavorida a su alrededor.

- ¡Maldición, Erika! - gritó Ravyn desde atrás de Susan cuando se unió a ellos. - ¿Qué le has hecho a mi coche?

Susan se tapó el oído con el dedo y se encogió de miedo mientras Ravyn bramaba como si se estuviese muriendo de dolor. Ella se volvió para verlo vestido con un par de vaqueros negros y una camisa negra abierta en el cuello. La mirada en su cara prometía el Armagedon a la chica que había dañado lo que parecía ser una preciada posesión.
A Erika le traía sin cuidado su rabia cuando recorrió el muelle y lanzó su peluda bufanda negra sobre su hombro antes de enfrentarlo.

-Métete tu coche, Rave, exactamente por encima del esfínter. Te puedes comprar otros. Yo, por otra parte, soy completamente irreemplazable.

Sus ojos realmente volvieron rojos cuando un músculo en su mandíbula empezó a palpitar.

-Para mí no lo eres. No soy tu papaíto, niñita.
-Oh, cállate,- dijo Erika en un tono que recordaba a una chica de pueblo de los ‘80.
- ¿Por qué no me preguntas por qué estoy conduciendo el coche de setecientos cincuenta caballos de fuerza y no mi pequeño y adorable Escarabajo, huh?

Ravyn la ignoró cuando se acercó a su coche el cual toda la parte izquierda de la defensa hundida. Él se pasó las manos a través del pelo como para no envolverlas alrededor de su pequeño y delgado cuello y estrangularla.

-¿Por qué diablos estabas en mi coche?

Todavía en el muelle no lejos de Susan, Erika puso las manos en sus caderas mientras miraba a Ravyn, quien ahora inspeccionaba el interior de su coche.

-Por que los Daimons intentaron comerme, ¿vale? Alguien vino a casa y tocó el timbre solo algunos minutos después de que se pusiera el sol… Pensé que eras tú, así que abrí la puerta, y allí estaba, así que cerré de golpe, me di la vuelta, y había tres de ellos. Dentro. de. casa-. Ella intercaló cada palabra con una palmada.

Cerrando la puerta del coche, Ravyn clavó los ojos en ella.

- ¿Me estás oyendo, Rave? preguntó Erika cuando él no respondió. -Estaban en tu casa. Tu. Casa. Y solo dime, ¿Cómo diablos lograron entrar, eh? Pensé que tenían que ser invitados a entrar.

Ella miró a Susan, luego a Jack, antes de volver a Ravyn.

- ¿Los has invitado a entrar y has olvidado decírmelo? Sé que yo no lo hice. No soy tan  estúpida. Pero entraron y quiero saber cómo.

Ravyn estaba consternado como se dirigió hacia la escalera de metal.

- ¿Cómo escapaste?

-Agarré esa arma redonda que tenías en la pared y la lancé al que tenía más cerca, luego corrí gritando como un demonio para el garaje. ¡Tienes suerte de tenerme todavía!

Susan sintió el grotesco dolor que Ravyn tenía en su cara cuando él le dio a Erika una mirada que decía que él no se sentía particularmente afortunado de que no se la hubiesen comido.

-Pregunta,- Susan preguntó a  Ravyn. -¿Esta es la misma Erika que Dark Angel?

Erika le dio a ella una mirada que lo confirmaba.

Rabia, oscura y severa, se cernió sobre Susan instantáneamente. De no ser por esta pequeña gótica energúmena, su vida no habría terminado en la rampa sin retorno de esa tarde

- Oh, olvídalo, Ravyn. ¡La voy a matar por ti!

Kyl la agarró cuando se lanzó hacia la chica

Chillando, Erika se retrocedió tres pasos.

 - ¿Quién eres tú?

Ella peleó contra el agarre de Kyl, pero el pequeño sodomita era más fuerte de lo que parecía.

- Psycho Susan y yo tengo una obsesión por tu pequeña cabeza egoísta
- Coge número,- gruñó Kyl en su oreja.

Erika levantó la barbilla como si se acabase de dar cuenta de algo realmente malvado

- ¿Psycho Susan? ¿La lunática que me envió un correo electrónico más temprano? ¿Esa eres tú?

De repente alguien silbo.

-Señoras,- gruñó Leo desde donde estaba al lado de Jack y Patricia. -Céntrense un minuto. Ravyn, deja el coche. Tenemos un problema más importante aquí. ¿Cómo eludió Erika, Miss No Puedo Conducir un Coche Si Mi Vida Depende de ello, un grupo de Daimons?

Kyl finalmente soltó a Susan.

- No podría.

Todos maldijeron cuando se dieron cuenta de que era una trampa.

-Entrad dentro,- dijo Leo rápidamente.
-Es un lugar público,- gruñó Kyl. -Aquí no tenemos protección. Ellos pueden entrar.

Leo lo atravesó con la mirada.

- ¿Tienes una idea mejor?
- No.

Erika y Jack ya corrían hacia la puerta que Patricia les abría.
Cuando Kyl y Leo hicieron lo propio para unirse a ellos, Susan, quién advirtió la mirada en la cara de Ravyn, se detuvo en el muelle.
Patricia cerró la puerta.

- ¿Qué?-  preguntó Susan cuando Ravyn volteó su cabeza como si él escuchase algo.

Cuando habló, su voz sonaba un tanto distante.

- Aquí hay algo extraño.

Esa tenía que ser la declaración del año.

-¿Tú crees? Para tu información, no he visto normalidad desde que dejé mi casa esta mañana.

Él le dedicó una falsa sonrisa irritada.

 -No. Quiero decir que hay algo realmente equivocado con esto

Antes de que pudiese preguntar que quería decir, una brillante bola de luz parpadeó intermitentemente cerca de su coche. Dos segundos después, una docena de hombres y mujeres salían de esto como en una mala película de extraterrestres.
Todos eran altos, rubios, y además impresionantemente hermosos. Vestidos todos de negro, parecían ángeles excepto por el hecho de que inmediatamente atacaron a Ravyn.

-Supongo que esos son Daimons.

Ravyn gruñó cuando lanzó al primero en atacarle al suelo. Sacó un cuchillo de su bota, para luego clavárselo al Daimon en medio del pecho. Gritando, el Daimon se desintegró en un polvo de oro que manchó las botas de Ravyn.
Él la miró con sequedad cuando Otro Daimon se le acercaba por detrás.

-No, son señoras de Avon-. Él codeó a aquél en la garganta, luego se volvió para enfrentarle.

Susan echó a correr hacia el interior para conseguir ayuda, sólo para encontrar su camino bloqueado por otro Daimon. Él abrió su boca y le siseó.

-Oh, usa algo de Listerine,- gruñó ella antes de patearle con dureza en la zona que sabía se haría más daño.

Encogiéndose, se tambaleó de vuelta.
Aliviada de que esa maniobra surtiese efecto tanto en los no muertos como en los vivos, ella alcanzó la puerta solo para darse cuenta de que Ravyn estaba en problemas. Le tenían sujeto contra la pared. Su boca y su nariz sangraban profusamente.

-Sujetadle,- dijo una de las mujeres alegremente cuando sacó una empuñadura.  Presionó un botón y esta se extendió hasta convertirse en una espada.
Reaccionando por puro instinto, porque si hubiese pensado en ello un instante lo habría hecho de otra manera, Susan se lanzó sobre la hembra Daimon, golpeándola para apartarla de Ravyn. Maldiciendo, la mujer balanceó la espada hacia ella. Susan saltó hacia atrás, a los brazos de otro.

Ella oyó un agudo gruñido antes de quedar libre. Ravyn había hecho trizas al Daimon que la había estado sujetando, luego fue a por la mujer con la espada. El Daimon hembra se balanceó y atinó mal. Como ella trató de recobrar el equilibrio para dirigirle otro golpe, Ravyn la cogió por el antebrazo y se lo dobló tras ella.
La espada voló de su agarre y traqueteó por el suelo yendo a parar no lejos de los pies de Susan. Ella rápidamente la recogió y cambió de dirección hacia el hombre que se abalanzaba sobre ella. Giró en espiral la espada, y la clavó directamente en su corazón. Él se desintegró en polvo de oro.
Con el corazón martilleando, se giró para enfrentar al próximo.

-¡Retirada! gritó una segunda hembra. Ella agitó su mano para formar otra bola de luz.
           
Los Demonios que quedaban entraron precipitadamente en eso.

Susan echó a correr tras ellos pero se detuvo al darse cuenta de que Ravyn no estaba preocupado en absoluto en seguirlos.

- ¿No deberíamos ir tras de ellos?

Negando con la cabeza, se limpió la sangre de los labios antes de volverse hacia Susan. -No. Confía en mí. Tú nunca querrías seguir a un Daimon al interior de un bolt-hold[1]. Eso te hace pasar directamente a un banquete en el vestíbulo central de los Daimons, dónde el pobre tonto que les siga es rápidamente servido como aperitivo-.

-Oh, eso sería malo.
-Sí. Sí, lo sería-. Ravyn sonrió a pesar de que todo su cuerpo le dolía. Tenía que otorgarle crédito, se había defendido a si misma realmente bien y incluso había logrado mantener su humor. -¿Dónde aprendiste a pelear con una espada?

Ella giró en espiral la espada alrededor de ella como una experta, y ya que él había vivido una vez a mediados de la Edad Media y las Edades Oscuras, él tenía mucho conocimiento de primera mano de los aficionados a la espada.

-La Sociedad de Anacronismo Creativo. Viví en el Reino de Meridies durante seis años.

Él se rascó la mandíbula cuando reconoció el área del sur de Estados Unidos. Allí abundaban los escuderos e incluso algunos Dark Hunters quienes eran miembros de la SCA.

- Sí, pero Un Tir patearía vuestros traseros en Pensic.
- No mientras yo luché para ellos, no lo hacían-. No había pronunciado esas palabras cuando la espada se le resbaló y casi se rebana un trozo de su pierna. Ella se enderezó inmediatamente y sujetó la espada todavía en una indignante manera que decía, tenía la intención de hacer eso.

Él se rió a pesar de sí mismo. Ella ciertamente tenía mucha de sal y vinagre en su personalidad, y le cautivaba. No había nada que él apreciase más en la vida que alguien que podía mantener su espíritu cuando todas las probabilidades estaban en su contra.

-Vamos, Xena Princesa Guerrera, necesitamos entrar.

Ella le hizo una pedorreta antes de apoyarse la espada sobre el hombro y unirse  emocionada para unírsele a él. Él abrió la puerta y la dejó entrar a ella primero.

Tan pronto como entraron en el edificio oyeron los gritos y sonidos de gente peleando en el interior.
Ravyn se apresuró a adelantarla, hacia la sala de mando. Había Daimons en todas partes. Él agarró al que tenía más cerca, el cual peleaba con Jack, lo hizo girar a su alrededor, y lo golpeó ruidosamente contra la pared. Ravyn hizo aparecer un cuchillo en su mano a fin de que pudiese apuñalar al Daimon.
Después fue a por el que estaba con Patricia. Antes de que él la pudiese alcanzar, el Daimon hincó sus dientes en su cuello y se lo desgarró. Maldiciendo, Ravyn disparó una explosión psíquica desde su mano para golpear al Daimon haciéndolo retroceder. Patricia calló al suelo cuando Ravyn se lanzó a sí mismo y atrapó al Daimon por la cintura.
Los dos cayeron al suelo.
Cuando forcejearon, el Daimon hincó sus dientes en el hombro de Ravyn. El siseo, lo apuñaló, luego lo lanzó de una patada. El Daimon empezó a escupir fuera la venenosa sangre del Dark-Hunter, pero era tarde. El Daimon estaba muerto tres segundos después.

Ravyn se volvió justo cuando otro Daimon explotaba detrás de él. Su mirada encontró de Susan.

- Gracias.

Ella le asintió con la cabeza.
Los ojos de Ravyn ardieron cuando vio a otro Daimon dirigiéndose hacia Susan. Reaccionando por instinto, él lanzó su cuchillo, directamente al corazón del Daimon.
Susan se volvió con un jadeo justo para ver al Daimon explotar.

- Gracias a ti, también,- dijo ella en un tono jadeante.
- En cualquier momento.

De repente, Erika se lanzó a sí misma a Ravyn, quien la atrapó contra su cuerpo cuando el Daimon que la había estado persiguiendo dio un patinazo al detenerse. Haciéndola a un lado, Ravyn se abalanzó sobre él, solo para que se desvaneciese en otro bolt-hold. Todos los Daimons restantes apoyaron su causa.

-¿Cómo hacen eso? Preguntó Susan.

Ravyn devolvió su cuchillo a la bota.

- Magia. Ciertos miembros pueden llamar o convocar un bolt-hold desde Kalosis y si su guardián los necesita o los cree dignos, entonces lo abren.
- Eso me recuerda a un hombre viejo al mando, riéndose de ellos-.
Ravyn bufó. -No. Imagínate que una hermosa diosa de hielo que quieran ellos o no decide tenerlos en su mundo.

En cierta forma a Susan le gustaba más la idea del hombre viejo.

Ravyn frunció el ceño cuando vio a Patricia, tendida sobre la tierra mientras su hijo, Jack, trataba de detener el flujo sanguíneo de su cuello. Él se abrió paso hacia ellos.

-Tenemos que poneros a todos vosotros a salvo.

Jack le miró dudosamente.

- ¿Dónde es a salvo? Ellos entraron aquí como si no fuésemos nada-

La cara de Ravyn se volvió de piedra.

- El Serengeti. Como santuario, es el único lugar en el que no pueden abrir una brecha-. Él recogió a Patricia en sus brazos. - Os encontraré a todos allí, y si fuese vosotros, me daría prisa.
- ¿Necesitas ayuda? le ofreció.

Ravyn vaciló.

- Será un poco apretado, pero bueno, necesito a alguien que presione sobre la herida.
- No soy claustrofóbica.

Por su cara ella podía decir él estaba agradecido.

- Entonces, retracta esa espada y vámonos.

Susan hizo lo que él le dijo, entonces lo siguió a su destrozado coche. Ella entró primero. Ravyn colocó cuidadosamente a Patricia en su regazo.

- No presiones demasiado fuerte.

Su corazón perdió el ritmo ante la vista del cuello de la mujer inconsciente. Honestamente, ella no sabía cómo podía estar todavía viva.

- ¿Lo conseguirá?
- Espero que sí por el bien de su familia. Los Addams son una de las más importantes familias de Escuderos, y ella es su cabeza de familia.

Ravyn se trasladó al otro lado, entró, y puso en marcha el coche. Él ciertamente sabía como manejarse en una crisis. Y podía rivalizar con la habilidad de cualquier conductor de carreras cuando metía y sacaba su coche del tráfico.
Gracias a Dios, no tuvieron que ir más allá de diez bloques antes de que alcanzaran el afamado Club Serengeti de Seattle. Las ventanas estaban tintadas de negro de modo que ella no podía decir si había alguien dentro o no. No parecía haber ningún coche en la zona que pudiese pertenecer a los clientes o trabajadores

- ¿Está abierto?

Ravyn metió su coche en el aparcamiento y salió. Él no le contestó hasta que abrió la puerta de ella.

-Abre al atardecer y los dueños viven aquí.

Antes de que ella pudiese indagar acerca de la extraña nota en su voz, él quitó a Patricia de su regazo y la llevó a través de la puerta trasera del club.
Preguntándose por que la puerta no estaba cerrada con llave, Susan lo siguió por un pequeño corredor, hacia un área de oficinas.

- ¡Disculpadme! chasqueó una atractiva pelirroja cuando los vió .
- ¿Quienes son ustedes y que hacen aquí?

Ravyn no vaciló o se detuvo en llevar a Patricia hacia una puerta a su derecha.

-Tráeme a Dorian. Ahora.

La mujer lo desdeñó con sarcasmo.

- ¿Y quién eres tú?
- No te preocupes por eso. Simplemente ve a por Dori.

Con los brazos en jarra, la mujer parecía que quisiese darle de latigazos. Ella le dedicó una directa mirada -vete-al-infierno- a Susan antes de salir.
Ravyn se detuvo ante una puerta. Susan lo rodeó para abrirle, luego se apartó para dejarle pasar a lo que parecía ser una clínica. Él puso a Patricia muy cuidadosamente en la cama del hospital que estaba más cercana a la puerta.

- ¿Hay un médico aquí? preguntó Susan.
-Sí.

Justo cuando ella empezó a parpadear, un hombre apareció directamente frente a ella. De la nada. Él simplemente se ¡poof! en el cuarto como algún extraño efecto de programa de televisión. Con pelo negro hasta los hombros, él tenía un notable parecido con Ravyn.

- ¿Qué estás haciendo aquí? Exigió él hablando entre dientes.

La cara de Ravyn era completamente estoica.

-Los Addams han sido atacados por Daimons. Patricia necesita atención médica inmediatamente o se morirá. Los demás llegarán aquí tan pronto como puedan.

El hombre, quién se suponía debía ser Dorian, clavó una irritada mirada en Susan.

- No la conozco.
-Ella es una Escudera nueva.

Hubo una fuerte conmoción en el exterior antes de que se abriese la puerta. Jack entró junto a una mujer afro americana  que corrió hacia la cama. La mujer empezó a examinar a Patricia, Susan creía que era ella la doctora.

- ¿Quién más está herido? le preguntó la doctora a Jack.
- La mayoría de nosotros. Pero mamá es la única que está seriamente herida. ¿Se pondrá bien? Necesitas esperar fuera con los demás, Jack-.

Él se puso pálido.

El hombre, quien todavía no se había identificado, cogió a Jack del brazo y lo condujo hacia la puerta.

- Creo que todos debemos salir y dejar que Alberta haga su trabajo.-Susan lo sintió por el chico cuando las lágrimas inundaron sus ojos.
-Estará bien, Jack,- dijo ella, rezando que tuviese razón. Habiendo perdido a su madre con la edad de Jack, ella no podía soportar pensar que él perdiese a la suya.
Ravyn lo miró.
-Si, Jack. Alberta no dejará que nada le ocurra a tu madre. Ella estará de nuevo en pie, gritándote, realmente pronto-.

Jack asintió valientemente con la cabeza cuando salió andando del cuarto.
Susan siguió a Ravyn al pasillo donde se paró en seco. Mirando alrededor de él, ella contuvo el aliento al ver a un grupo de hombres extremadamente guapos pero cabreados.

Un hombre mayor quien parecía rondar los sesenta frunció sus labios al ver a Ravyn antes de que escupiese a sus pies.

-Sabes que no eres bien recibido aquí. Nunca.

Un aire de excesivo cansancio cayó sobre Ravyn, como si él no quisiese tratar con esto ahora mismo.

-Era una emergencia.

Eso no pareció aliviar al hombre en absoluto, y fue entonces cuando se dií cuenta de que era el santuario que poseía su familia.

-Deberías haber dejado que los humanos la trajeran.

-Papá.

Él siseó al hombre que se había unido a ellos en la clínica.

- No lo defiendas, Dorian. De no ser por las leyes del santuario, ya saborearía su sangre.

Las facciones de Ravyn se endurecieron cuando se se acercó a su padre. La cólera se mezclaba muy dentro de él hiriéndolo. No se habían visto el uno al otro en más de un siglo, y todavía su padre no podía mirarle sin fruncir los labios. Ravyn recordó un tiempo cuando él había respetado a este hombre. Cuando él se habría desvivido por él.
Parte de él odiaba a su padre por el hecho de que él solo se había quedado allí de pie mientras Phoenix lo mató hacía ya tantos siglos. Pero otra parte era el niño que una vez había admirado muchísimo a ese hombre. El niñito que solía montar sobre sus hombros y jugar con él. Esa parte había querido algún tipo de consuelo por la muerte de su familia.
En lugar de eso, le habían matado, también. Su padre incluso le había pateado en el suelo y le había escupido. Él miró el escupitajo al lado de su bota. Su padre todavía le despreciaba.
Y eso despertaba una potente rabia dentro de él. Fue en lo que él enfocó la atención ahora.

-¿Qué te corroe más, viejo? ¿El hecho de que te traicioné, o el hecho que tuve las pelotas para corregirlo cuando tú no lo hiciste?

Él se lanzó sobre Ravyn sólo para que Dorian le detuviese.

-No lo hagas, Papá. Él ya no vale la pena-.

Ravyn sonrió siniestramente. Dorian no tenía ni idea de lo acertado que había estado.

-Sí, Papá, el que yo esté aquí no merece la pena-.
-Fuera- gruñó su padre, su voz gruesa con el odio, -Y no regreses jamás.
- No te preocupes.

Ravyn se dirigió hacia la puerta para darse cuenta de que Susan todavía iba detrás de él. ¿En qué diablos estaba pensando ella?

-Tienes que quedarte aquí con los demás.
-Me parece que no.
-Susan…
-Mira,- dijo ella severamente, -tú has sido el único que me ha metido en todo esto. No te ofendas, Otto, Kyl, y Jessica me miran como si quieran matarme. Yo quiero matar a Erika y tú eres el único de ellos que parece ser inmune a las balas. Así que puestos a escoger, tú pareces mi apuesta más segura de continuar mi supervivencia.

Aunque sus facciones eran fieras, había un destello de humor en sus ojos negros.

- Confía en mí, no lo soy. Voy a salir de aquí para meterme en la guarida del león. Si te quedas aquí, esos tipos malos no te podrán coger. Pero si vienes conmigo, pueden hacerlo-.

Tal vez él tenía razón, pero algo en su interior le decía que tenía que quedarse con él, y si había una cosa en su vida en la que ella había aprendido a confiar, era en su interior.

            -Ravyn.
-Escúchale, humana,- dijo una voz quebradiza detrás de ella. -Conseguir que mueran personas inocentes es lo que se le da mejor.

Una pena tan profunda que le llegó a ella inundó los ojos de Ravyn antes de que él la escondiese.

-Vete al infierno, Phoenix.

Susan se volvió para ver a un hombre detrás de ella que era el doble exacto de Dorian. La única razón por la que supo que no era él era por que llevaba un par de pantalones vaqueros y una camisa color denim abotonada baja en lugar de los pantalones plisados y la camisa negra que Dorian había tenido puesta.
Phoenix entrecerró sus  ojos antes de que Ravyn abriese la puerta y saliese por ella. Susan salió detrás de él justo cuando Otto y Leo llegaban desde atrás del callejón.

- ¿A dónde vas, Ravyn? preguntó Otto.
-A averiguar sobre Cael.

Leo frunció el ceño.

-Nosotros íbamos a ir allí tam—
- No,- dijo Ravyn en un tono que no admitía discusión. -Tenemos ya a un Escudero desaparecido y creo que está muerto. No hay ninguna necesidad de hacer que muera otro de ustedes. Yo me encargaré de esto.

Otto se mofó.

- ¿Estás loco? No puedes pelear al lado de Cael. Solo os debilitaríais el uno al otro.

Eso no pareció afectar a Ravyn en absoluto.

- Tendré unos buenos quince minutos antes de que estar en su presencia me debilite. Lo mismo que  Cael. Créeme, cualquiera de nosotros dos puede hacer una gran cantidad de daño a cualquiera que nos pudiese atacar en esa cantidad de tiempo. Estoy convencido de que estaremos bien-.

Otto negó con la cabeza.

-Entonces voy contigo.
-Yo también,- dijo Leo.
                                                        
Ravyn gruñó ante su irrazonable insistencia de unirse a él. Él no podía soportar la idea de que alguien muriese innecesariamente. Si tuviese más de tiempo, él lo perdería discutiendo con ellos. Pero él ya tenía un mal presentimiento acerca de uno de los muy pocos amigos que él había tenido todos estos siglos. Lo último que él quería era ver a Cael muerto, y él estaba demasiado cansado para discutir más ya. Él necesitaba ir allí y enterarse si Cael seguía con vida. Y si Cael estaba muerto, entonces él quería ir en busca de los que responsables.

-Bien.

Sin otra palabra, él se metió en su coche, sólo para encontrar a Susan acomodándose en el lado del pasajero.

- ¿Qué estás haciendo?

Ella le dio una mirada indiferente.

-Te lo dije. Voy contigo.

Como si él realmente quisiera eso. En verdad, todo lo que quería ahora mismo era estar solo para ocuparse del revuelo de en este mismo día.

- Creí que irías en el coche con Otto ya, en contra del sentido común, ellos también van.

Ella dejó escapar un bufido muy poco digno.

-Y yo te dije a ti que ese hombre busca una razón para matarme. Sin mencionar que él, a diferencia de ti, no es Kevlar[2].

Ravyn suspiró como puso el coche en marcha y lo sacó del aparcamiento. Él podía ser inmune a las balas, pero no era completamente invencible. Podían cortar de un tajo su cabeza y matarle con bastante facilidad. Pero optó por no preocuparla con semejantes trivialidades.

-¿A dónde vamos? Preguntó Susan.
-A Rabean.

Cael vivía arriba de la universidad, en el sótano de un menos que refinado club que era propiedad de una familia de Apolitas. Ravyn había estado diciéndole a Cael durante años que él jugaba con nitro teniendo el enemigo tan cerca.

-Al carajo-, decía el siempre. -Me gusta el peligro. Además, todo lo que tengo que hacer es vestirme, subir las escaleras, matar algunos Daimons, y volver a casa. No puedes desaprovechar eso.

Ravyn sólo esperaba que su amigo no pagase ahora por su arrogancia

-¿Estás bien?

Él se volvió hacia Susan.

-Bien.
-Sabes, cuando las personas dicen estar bien, generalmente quieren decir  “déjame en paz que no tengo la más remota gana de hablar de lo que me pasa”
- Y algunas veces solo quiere decir que estás bien y no hay nada más que hablar

Ella frunció la cara cuando consideraba eso. Él podía decir que ella no compraba eso.

-Tal vez, pero ¿Puedo hacer una pregunta?

Ravyn se encogió de hombros.

-Es un país libre, lo cual quiere decir que no tengo que contestarla.

Por su cansada cara él supo que no le había gustado su respuesta. Pero después de algunos minutos, ella se volvió hacia él.

- ¿Sabiendo cómo te tratan, por qué llevaste a Patricia con tu familia cuando podrías haberla llevado a un hospital?

Irritado al recordar lo mucho que su familia le odiaba, Ravyn apretó sus manos sobre el volante. Había olvidado el hecho de que Susan era periodista, lo cual la hacía observadora y curiosa – dos cosas que eran letales para un hombre que no le gustaba hablar de su pasado o su presente. Demonios, él tendría mantenerse en guardia cerca de ella.

También sabía que cuando se trata con tales bestias, no tenía sentido sopesar los riesgos. Ella lo perseguiría hasta que le diese una respuesta… o él la matase.
Nah, ellos ya tenían bastantes problemas sin hacer eso. Además, ella le atraía de una rara manera. Especialmente la curva suave de sus labios y la forma en que subían muy ligeramente cada vez que esperaba que él le contestase.
Eso era casi suficiente para hacerle sucumbir…

Pero al final, él le respondió con la verdad

-Uno, ella no habría estado a salvo en un hospital. Los Daimons pueden entrar una y otra vez allí desde que es dominio público, y tengo el presentimiento de que habrían vuelto para acabar con ella desde que ella es alguien de importancia en el mundo de los Escuderos. La única protección que tiene un humano contra ellos es la protección de su casa. Ningún Daimon puede entrar en una residencia privada a menos que se les invite. Dos, y lo más importante, ¿Puedes imaginarte alguna explicación para el desgarro de su cuello? Creo que un médico común podría preocuparse un poco al ver que parecen ser dientes humanos y sin ser todavía humanos en el cuello de una mujer. Esta era la manera más fácil de conseguir ayuda lejos de atraer atención no deseada de alguien como, oh digamos, una periodista.
- Quizás puedas tener un punto con eso,- admitió ella en un gruñido.

Susan se cayó cuando vio la luz de las farolas cruzar la cara de Ravyn. Él era realmente un hombre atractivo. Pero no se trataba solo de su apariencia. Había algo más en él. Algo doloroso y al mismo tiempo fiero. Eso hacía que ella quisiese consolarle, especialmente desde que ella entendía perfectamente que era estar sola en el mundo.
No pienses en ello. Su mente tenía razón. Ella tenía muchas más cosas importantes en las que enfocar su atención en el presente que en lo bueno que estaba y en lo atraída que se sentía por él.

Sus pensamientos fueron a Erika.

- ¿Así que, Cómo crees que se metieron en tu casa?
- Diablos si lo sé. Alguien habría tenido que estar dentro de la casa para invitarlos a entrar. Ella jura que no lo hizo, y eso maldición no es seguro para mí.

Eso no era reconfortante.

- ¿Tienes alguna idea de qué buscaban los Daimons esta noche? ¿Es esto normal para ellos?
- No,- dijo él sinceramente. -Es altamente inusual en ellos atacar de esta manera. Normalmente ellos atacan a algunos humanos y nosotros los matamos antes de que crezcan mucho más. Desde que su meta es seguir viviendo, normalmente se escapan de nosotros, no hacia nosotros. Y nunca los he viso atacar antes a los Escuderos con tal facilidad-.

Ella digirió eso y se preguntó por qué era ahora diferente. ¿Cuál era el catalizador? ¿Podía ser ese tal Stryker que Kyl había mencionado antes o era alguna otra cosa?

- ¿Qué hay acerca de Cael? Supongo que es amigo tuyo.
- Sí.
- ¿Cuánto tiempo hace que lo conoces?
- Casi trescientos años.
- Wooh. Estoy impresionada. Deduzco que las relaciones a largo plazo no te asustan, ¿huh?

Él la miró ceñuda ante su broma.

- ¿Y eso que se supone que quiere decir?
- Nada.

Él todavía se veía perturbado y ella extrañamente encontraba eso divertido, también. Ella normalmente no bromeaba con las personas que no conocía. Aún así había en el un aire que le rogaba que lo irritase. Esta debía ser la misma tendencia suicida que tenían los humanos siempre de saltar cuando se encuentran sobre el borde de un acantilado.

O quizás era el hecho de que a ella le gustaba la manera en que se suavizaba su cara cuando bromeaba con él. Era sumamente seductora y le hacía preguntarse si él habría sido siempre tan severo y serio como lo era ahora.

Ravyn aminoró cuando se acercó al Happy Hunting Ground.[3]Yeah, él siempre había adorado ese nombre a modo de broma para un bien establecido bar Apolita/Daimon que proveía de comida y bebida a los estudiantes de la universidad. La gente de la universidad pensaba que era un bar de solteros. Lo que no sabían era que la sombra de un dragón negro volando sobre un sol amarillo que era el símbolo del club era una alfombrilla de bienvenida para que un apolita o sus hermanos Daimon, supiesen que allí estaban seguros. Originalmente Cael había sido envidado a cerrar el local, pero los apolitas rápidamente se habían ofrecido a cerrar un buen trato con él. Ellos serían tolerantes siempre y cuando él los protegiese. Incluso habían invitado a Cael a vivir en el local. Por razones desconocidas, Cael había aceptado. Ahora los Daimons tendían a mantenerse alejados. Y estaba abierto a ocuparse de esos Daimons que no sabían que en el sótano había un Dark-Hunter, y que eran lo suficientemente desafortunados de entrar en el Happy Hunting Ground para merendar a algún joven universitario.
Ravyn justamente esperaba que Cael todavía viviese en el sótano y no se hubiese convertido en una víctima de su confiada estupidez.

- Conozco este lugar,- dijo Susan cuando aparcó a la vuelta - me encantan las esculturas de basura reciclada del frente. Traté de descubrir quién era el artista, pero nadie me lo dijo. De hecho, la gente que trabaja aquí es realmente grosera.-

Ravyn dejó caer su coche en aparcamiento cuando Otto detuvo su Jaguar al lado de ellos.

-El artista debe de ser Cael. Las personas groseras que llevan este lugar debían de ser los Apolitas.
- ¿De veras?
-Sí-. ¿Eso no sería como jugar con la comida o algo así?
-Algo. Definitivamente algo. Pero a Cael le gusta esto y los apolitas parecen tolerarle. ¿Quién soy yo para cuestionarlo?

Ravyn salió del coche y se tomó un minuto para orientarse mientras Otto se les unía. La música del club era ruidosa y fuerte. Susan incline su cabeza, eran Black and Peace -Don´t Phunk with My Heart-.

-¿La puerta de atrás? preguntó Susan.

Ravyn negó con la cabeza.

-¿Todavía conservas esa espada?
-Sí.

-Mantenla cerca. Vamos a entrar en la guarida del dragón y no sabemos que nos vamos a encontrar-. Él intercambió una mirada de advertencia con Otto. -Si surge cualquier problema, quiero que los dos corráis hacia la puerta y os llevéis a Susan con vosotros-.

Otto le dio una cruel mirada que enorgullecería a un asesino en serie.

-Sin ofender, yo no corro.
-Yo tampoco,- dijo Susan firmemente.

Leo levantó la mano.

-Para que conste en acta, yo sí.

Cuando Otto lo miró con ceño, Leo rodó sus ojos.

-Era un chiste, Carvalleti. Búscate un sentido del humor.
-Realmente no lo necesito, y no pongas un  Gilligan sobre mí. Tiendo a disparar contra los Gilligans.

Leo le dio la vuelta.

-No te preocupes. Yo estoy aquí por el enorme botín-.

Ravyn hizo un sonido de disgusto. 

-Bien. Vuestras muertes son cosa vuestra. Solo recuérdame que te diga como no ser un Gilligan. - Él metió su cuchillo en la parte de atrás de sus pantalones.

Ellos se dirigieron hacia el frente. El edificio del ladrillo debía de tener unos cien años. Pintado de azul pálido con ventanas negras que habían sido decoradas con símbolos hippies, se parecía a un millón de clubes de otras universidades. Esa tarde, no estaba particularmente ocupado de personas arremolinadas alrededor del frente, charlando y mendigando.

Había un café y una librería, Ravenna Third Place Books y Money Bear Bakery, cerca de la puerta donde había un mayor número de personas. A diferencia del club, era brillante e invitador. Había un aire de sexo y desaseo que pegaba al Happy Hunting Ground, pero entonces quizás eso fuese lo que atraía a los habituales clientes.

Intendo no pensar en cuántas personas habían perdido sus vidas porque tontamente se habían aventurado aquí para beber con sus amigos o una función de una sola noche, Ravyn abrió la puerta del club y fue a encontrarse cara a cara con un enorme apolita que esperaba en una pequeña área del vestíbulo para comprobar las identificaciones. Él era de un casi metro noventa y debía de pesar unas trescientas libras. No era a menudo que él tuviese que levantar la vista hacia alguien.

Diablos. Por regla general, los apolitas no eran más altos que la mayoría de los humanos, pero debido a su dieta líquida, eran normalmente flacos. Los apolitas de allí podían fácilmente alquilar a ese tío como portero principal…
O como reserva de Macy el  Día de Acción de Gracias – excepto por que la luz del sol lo mataría. Reserva y fuegos artificiales. Tú no podías golpear eso.

El apolita se tensó tan pronto los vio.

-¿Qué buscas aquí, Dark-Hunter?
-Simplemente visitó a un amigo.

El apolita movió para bloquear su acceso al club.

-Tú no tienes amigos aquí.

Ravyn le dio una mirada fija desdeñosa.

-Mejor que tengo al menos uno.

Todavía el apolita no lo dejaba pasar.

-Entonces llámalo por teléfono. Los de tu clase no son bienvenidos aquí. ¿Eso también va por Cael?

La cara de apolita se volvió de piedra.

-Él no es asunto tuyo. Ahora vete.

Ravyn empezó a pasar junto a él solo para que el apolita le enviase un golpe. Él lo evadió, luego agregó uno suyo. El Apolita se tambaleó hacia atrás.
De la nada aparecieron tres apolitas más. Formaron una línea entre él y la segunda puerta que conducía al club.

-No tienes nada que buscar aquí, Dark-Hunter. Vete a casa.
-No hasta que vea a Cael.

Otto sacó un cuchillo de mariposa.

-Sabéis, vosotros tíos tenéis una vida patéticamente corta. Sería una lástima perder aunque solo fuese un día de esta.
-¡Aparta eso! dijo una mujer rubia sumamente atractiva cuando pasó alrededor de los porteros. Ella estaba vestida en un traje verde lima de go-go completo con unas botas blancas de vinilo y lápiz labial blanco. A diferencia de los hombres, ella no se molestó en esconder sus colmillos mientras hablaba.
-No se permiten las armas en este club, nunca.

Ella les dio a Otto, Leo, Susan, y Ravyn una mordaz mirada.

-¿Por qué están ustedes aquí?

Ravyn aspiró profundamente buscando paciencia.

-Realmente estoy cansado de decir esto. Quiero ver a Cael y si tengo que decir eso una vez más, voy a empezar a cazar Daimons practicando sobre todos vosotros.

La mujer apolita se cruzó de brazos.

-Estoy segura de que él no quiere verte.

Otto estrechó su mirada en la mujer.

- Creo que él ya está muerto, Ravyn.
-Él no está muerto,- dijo la mujer dijo, su ofendido -Pero no tienen nada que tratar aquí con él. Él no les ha puesto en la lista de invitados y la última vez que chequeamos, él no era exactamente social con la mayoría de ustedes. ¿Cómo sabemos que sois sus amigos?

Ravyn le dio una mirada tóxica de su propia cosecha.

-Los enemigos no vienen por la puerta principal, pequeña-.

El portero le dijo algo a ella en apolita. Ella se vio un poco nerviosa cuando recorrió con la mirada a Ravyn.

-Los enemigos listos podrían. Que yo sepa, no eres tan estúpido como aparentas. Tal vez estás aquí para matar a Cael-.

Ravyn estaba cansado de jugar a eso con ella. -Ahí es donde te equivocas. Y a menos que quieras que este club acabe en llamas esta noche, sugiero que nos dejes pasar-.
Ella se puso rígida ante su amenaza.

- No puedes hacernos daño, va en contra del código. Ningún Dark-Hunter tiene nunca permitido dañar a un apolita hasta que nos volvamos Daimon-.
- Que se joda el código,- dijo él entre dientes. -Si mi amigo está muerto, no honraré nada excepto lo que me dio vida… venganza-.

El hombre le habló a ella otra vez.

Ella vaciló antes de contestarle. Con ojos preocupados, se volvió hacia Ravyn.

-Tienes quince minutos con él antes de que tú reduzcas drásticamente sus poderes. Después de eso, quiero que te vayas.

Para su completo shock, los Apolitas realmente se apartaron para dejarles pasar.
Esperando una trampa, Ravyn se aseguró de que Susan estuviese entre él y Otto mientras Leo cerraba la retaguardia cuando seguían a la mujer a través del club, el cual tenía realmente gente, bailando al son de la música hip-hop. Las luces estroboscopias que emitían se reflejaban en las tres diferentes bolas de espejos que había a gran altura por encima de ellos. A los lados estaban las mesas cubiertas de manteles negros con símbolos hippie pintados en colores de neon. Las luces negras ayudaban a los colores a brincar en la oscuridad. También servían para el doble propósito de hacerle doler los ojos a Ravyn.
El movimiento y luces deberían debilitar a un Dark-Hunter mientras que no afectaba a los Daimons y Apolitas. Inteligente pensamiento de su parte.
La mujer los llevó pasando el área del bar, directos a una cocina industrial, a una puerta que se abría sobre un corredor hacia el sótano.
Ella la mantuvo abierta con un brazo y dio un paso hacia atrás para que ellos entrasen sin ella.

-Su cuarto es el último a la izquierda-.

Ravyn bajó primero.

-¿Crees que es una trampa? preguntó Susan después de que la mujer cerró la puerta detrás de ellos. La luz en el sótano era muy débil, pero realmente se sentía bien para sus ojos después del hostil alumbrado de arriba. Aquí, él podía ver perfectamente.
-Llegados a este punto,- dijo Ravyn seriamente, -nada debería sorprenderme.

Ravyn se detuvo cuando se acercó a la puerta que le había dicho la mujer llevaba al cuarto de Cael. Él podía oír a alguien gruñendo como si estuviese sufriendo, entonces de repente, Cael dejó escapar un angustiado grito.

Con su corazón martilleando, Ravyn no dudó en patear la puerta y entonces realmente reevaluó su anterior comentario acerca de la sorpresa.

Esto… esto sacudió el completo infierno dentro de él.


[1] Agujero entre dimensiones que usan los Daimons para trasladarse de Kalosis a otros lugares.
[2] Chaleco antibalas.
[3] Feliz Cazador de Campo, un nombre muy apropiado ¬¬

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