jueves, 16 de febrero de 2012

DSM cap 5

Limpiándose lo ojos, Susan lo rodeó y le bloqueó el paso.

 - ¿La mejor esperanza para que, hombre gato? ¿La muerte? ¿La bancarrota? Tu sabes, mi vida estaba yendo…- ella se detuvo cuando se dio cuenta lo que estaba a punto de decir. -Bueno, apestaba bastante, para ser honestos, pero al menos nadie estaba tratando de matarme y nadie se moría a mi alrededor. Desde que te conocí, mi vida ha ido por una autopista hacia el Pueblo de la Mierda sin rampa de salida a la vista. Mis mejores amigos están muertos. Te he visto asesinar a un total de cinco personas ahí dentro…
- Cuatro,- dijo él, interrumpiéndola. -Tú dejaste fuera de combate a uno al golpearle en la cabeza con el bate.

¿Tenía que recordarle eso?

- ¿Y por qué estaba yo jugando a ser Hank Aarón, huh? Porque yo estúpidamente me llevé un gato perdido a casa. Ahora estoy sin los ochenta y dos dólares que costó sacarte del refugio, mi casa está destruida, mi coche se ha convertido en queso suizo, y solo Dios sabe lo que le debo a mi vecina por pasar por encima de la cerca que protege su cama de petunias. Gracias, Gato con Botas. Realmente. Gracias.

Él parecía estar consternado ante ella.

- No puedo creer que estés pensando en el dinero en un momento como este.
- ¿Acerca de que se supone he de pensar? Preguntó ella, su voz agravada, -¿El hecho de que las dos personas que significan para mí más que nada en este mundo se hayan ido y yo no pueda ir a su entierro por que todo el mundo piensa que yo los maté?

Ella apretó los dientes cuando la pena y la frustración la abrumaron.

-Si solo hubiese escuchado a Jimmy y los hubiese sacado de allí, ellos estarían ahora vivos. Nunca debí haberlos dejado solos. Están muertos y es todo culpa mía… Sí. Eso es realmente en lo que quiero hacer hincapié.

Ella luchó contra las lágrimas que inundaban sus ojos y su corazón. No podía permitirse el lujo de pensar en Angie y Jimmy ahora mismo. No si quería permanecer funcionando. Ese dolor era demasiado profundo, demasiado fuerte para que ella le hiciese frente.
Pudo ver la compasión en sus ojos cuando ahuecó su mejilla en su caliente palma callosa.

- Mira, realmente siento lo que les ocurrió. Pero tú no eres responsable de ello. ¿Me oyes? Están muertos porque Jimmy descubrió algo sobre los Daimons y fue lo suficientemente estúpido para pensar que podía escaparse de ellos. Confía en mí, él no habría ido demasiado lejos antes de que le encontraran y le mataran de todas formas. Con la información que llevaba, él ya estaba muerto incluso antes de que hubiese llegado allí .

Ella lo miró con ceño.

-Si estás tratando de hacerme sentir mejor, no funciona.
- Lo sé-. Y por la mirada en su cara, podía decir que era todo lo quería decirle mientras acariciaba su mejilla con el pulgar. -Has tenido un infierno de confusión el día de hoy-. Ella vio respeto en sus ojos y algo que no podía identificar. -Te mereces un momento de mandarlo todo a la mierda y dejarte ir, pero créeme cuando te digo que uno momentáneo es todo lo que te puedes permitir. Estás en camino de perder la cabeza y tienes un largo camino todavía por delante.
- ¿Y cómo es eso?
- Estás acostumbrada a tratar con humanos que no tienen habilidades psíquicas. Bien, pequeña, el mundo que conocías simplemente se ha vuelto peor. Todo lo que te dijo Jimmy en el refugio es cierto. Solo que te has encontrado de pronto metida en una guerra que los de tu clase no sabían siquiera que existía. Olvida todo lo que crees de los medicamentos y la ciencia, y ahora imagina un mundo donde el género humano no es sino comida para una raza entera de personas que quieren  subyugarte.

Ella negó con la cabeza.

- No creo en vampiros.

Él abrió su boca para mostrarle su cruel par de colmillos.

-Si quieres vivir después de esta noche, mejor será que empieces a aprender.

Susan quería extender la mano y tocar sus dientes simplemente para asegurarse de que eran reales, pero ella sabía la verdad. Ella realmente los había visto en actividad.

- ¿Qué eres tú? ¿Realmente? Dijiste un Dark-Hunter. ¿Qué es eso?

Ravyn vaciló. Habiendo pasado trescientos años como un Dark-Hunter y hecho un juramento para que aquellos fuera de su grupo cerrado de gente no descubrieran la existencia de un mundo que estaba profundamente incrustado en él. Pero estas no eran circunstancias usuales. Los Daimons la habían introducido en él y si no le decía la verdad, estaría totalmente indefensa contra ellos. Si quería o no estar en esto, era cosa suya.

- No. Los Dark Hunters son inmortales que han jurado proteger a la humanidad persiguiendo a los Daimons que hacen presa de ellos.
- ¿Y los Daimons son?

Él aspiró profundamente mientras pensaba de una manera fácil de explicárselo a ella.

- Hace mucho tiempo, en la antigua Atlántida –-
- ¿La Atlántida existió realmente?- preguntó ella, boquiabierta.
-Sí.

Ella negó con la cabeza.

- ¿Qué será lo siguiente? ¿Unicornios?

Su arrojo lo divirtió.

- No, pero sí los dragones.

Ella estrechó esos ojos azules en él.

- Realmente te odio,- le dijo con una voz cargada de veneno.

Él le dedicó una especie de sonrisa mientras dejaba que la suavidad de su mejilla apaciguase el ardor de sus dedos con ampollas. Él debería estar encargándose de sus heridas y aún así quería tranquilizarla primero. Eso no tenía sentido para él. Esto era contrario a cada cosa que venia naturalmente de él, y todavía aquí estaba él, explicándole a ella un mundo que no dudaría en considerar absurdo.

- No te culpo. Probablemente me odiaría también si estuviese en tus zapatos. Pero volviendo a la Atlántida. Allí había una raza de seres a los que se les llamó Apolitas.
-Dios mío, realmente esperaba que fuese alguna clase de bebida dietética de manzana[1].

Él se rió, entonces se encogió como si un aguijonazo de dolor lo traspasase.

- No, definitivamente no son eso. Su nombre viene del hecho de que fueron creados por el dios Apolo. Su plan era que ellos dominasen a los humanos, pero al igual que con todos los grandes planes, le estalló en su cara. Los Apolitas se volvieron contra él matando a su amante y a su hijo y él los maldijo a todos a morir a la edad de veintisiete. Lentamente. Dolorosamente.
- Apuesto a que les encantó.
- Sí. No hay ni que decirlo, eso no les gustó en absoluto, así un grupo de ellos de alguna manera acabó descubriendo que matando a los humanos y succionando sus almas en sus cuerpos, alargaban sus vidas. Desde ese día, siempre que un Apolita está cerca de su veintisiete cumpleaños, ellos solo tienen una opción – morir o empezar a cazar humanos y convertirse en Daimons. El único problema es que las almas de las que se alimentan no significan nada para ellos. Como consecuencia, el alma comienza a morir tan pronto como la meten en su cuerpo. Si muere y no han ingerido otra, mueren, también.

Ella se apartó de él y se pasó las manos por la cara cuando el horror de esto la impactó.

- Así que ellos están en una constante búsqueda para matar y así  poder vivir.

Él asintió.

- Y ahora parece que han conseguido poner de su parte a cierta cantidad de tu gente para que les ayude.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Tienes que dar las gracias a Hollywood por esto. La mayoría de humanos que los ayudan tienen la equivocada creencia de que los Daimons los pueden hacer inmortales mordiendo sus cuellos y convirtiéndolos. No pueden. O naces como Apolita o lo no eres. No hay manera de que ellos traspasen sus poderes o puedan alargar la vida a un ser humano.

Ella negó con la cabeza como si ella no pudiese creer en lo que él le decía.

- ¿Tienes alguna idea de lo difícil de creer que es esto?
- Sí, bueno, tu quizá ni siquiera creas tampoco en Santa Claus, pero eso no quiere decir que alguien no deje regalos para los niños en Nochebuena.

Ella le miró ceñuda.

- ¿Y eso que se supone que quiere decir?
- Quiere decir que detrás de cada mito, hay normalmente algo de realidad.

Alarmada por la voz nueva, Susan se volvió para encontrar a  Leo de pie en la puerta detrás de ella. No podía creerlo, pero estaba realmente encantada de verle.

- Hola. Ravyn -. saludó Leo.

Ravyn inclinó su cabeza hacia él.
Leo encontró la mirada fija de Susan.

 -Patricia necesita sacar la bala de Ravyn antes de que él se cure sobre ella. ¿Por qué no vienes aquí fuera conmigo mientras se encarga de él?

Su tono indiferente la asombró. Oh claro. ¿Por qué no? Después de todo, hombre o Dark-Hunter o lo que diablos quiera que fuese tenía más plomo en él que su cañería.
Este era simplemente un comentario tan normal…
Forzándose a sí misma a no rodar los ojos, Susan siguió a Leo fuera del cuarto y pasaron a la mujer mayor en el pasillo, quien tampoco les habló a ninguno de ellos. Era obvio que Patricia no estaba más feliz acerca de todo de lo que lo estaba Susan.

Mientras Patricia entraba en el cuarto de almacenaje ellos ya se habían marchado, Leo guió a Susan por una escalera de metal que llevaba a una gran sala de juntas. Él encendió las luces y mantuvo la puerta abierta para ella. Las paredes blancas y el techo negro le daban al cuarto una fría, contemporánea sensación que no ayudaba con el cristal de la mesa de conferencias y las sillas de cuero negro. Esto tenía toda la apariencia de una sala de emergencias y algo en el cuarto la hacía sentirse como un estudiante de la escuela elemental que era llamado a la oficina del director.

-Toma asiento,- dijo Leo antes de que cerrase la puerta.

No estaba en la naturaleza de Susan seguir las órdenes de nadie, pero estaba demasiado cansada y alterada en ese momento para discutir. Ella solo quería cinco minutos de paz a fin de que pudiese lamer sus heridas y recuperarse.

- ¿Estás bien?
- Oh, no lo sé,- dijo ella mientras se sentaba. El cuero rechinó bajo su peso, lo cual realmente solo la hacía sentirse un poco mejor acerca de si misma y su situación. -Me desperté esta mañana, me tomé mis cereales y mi café como siempre. Fui a trabajar para mi sensacionalista periódico y vi que mi preciada historia había sido mutilada y convertida en un sinsentido. Tuve a mi jefe restregándome todo sobre mi trasero por que no puedo dejar la realidad de lado. Así que para ayudarme con eso, él me esta asignación para seguirle la pista a algunos chicos que escriben sobre un hombre gato que ronda el mercado. Entonces mientras estoy contemplando la total absurdidad que es mi vida, mi mejor amiga me llama y me dice que tiene la historia que podría devolverme mi reputación. Solo que la historia se vuelve una sobre unos policías que están ayudando a unos  vampiros a comernos. Adopto un gato al que soy alérgica porque mi amiga es una paranoica. Le llevo a casa para encontrar que se convierte en la única cosa que mi jefe me había dado instrucciones de buscar. Y la siguiente cosa que sé, es que mi casa  es atacada y acaba para la basura. El hombre gato se come a un tipo delante de mí, y mis dos mejores amigos en el planeta están ahora muertos.

Ella hace una pausa para prender una mirada furiosa en la expresión de piedra de él.

- Gezz, yo no estoy segura de cómo debería sentirme ahora mismo, Leo. Si tienes alguna pista, ¿Podrías por favor hacérmela saber? Esto no está dentro del alcance de mis pasadas experiencias. Estoy cansada, aturdida, solo quiero irme a la cama y descubrir que esto es solo una horrible pesadilla. Pero tengo el mal presentimiento de que cuando me levante mañana, esto solo va a ponerse peor.

Leo le dedicó una sonrisa compasiva cuando se acercó a su silla. Él puso una gentil mano sobre su hombro.

-Yo realmente lo siento, Susan. Pero yo quería que tú -

La puerta se abrió par mostrar a un grupo de dos hombres y una mujer uniéndose a ellos. El primero en entrar fue un hombre alto, de pelo oscuro que tenía un aspecto letal. Él se veía increíblemente bien y vestía un caro suéter gris y un pantalón negro de pinzas. El hombre detrás de él se veía igual de peligroso, pero su pelo era medio castaño, mientras que la mujer era alto, atlética, y rubia. Por raro que pareciera, la mujer se parecía mucho a Patricia y Alicia.
Leo se levantño y un aire de autoridad se instaló sobre sus hombros. No era más el extraño jefe que tan bien conocía, él ahora la impactó como un práctico depredador.

-Susan,- dijo él indicando a los tres recién llegados. -Te presento a Otto Carvalletti, Kyl Poitiers, y Jessica Addams.

Ella suspiró.

-Hola.

No respondieron del mismo modo. En lugar de eso, tomaron sus lugares alrededor de ella de una manera parecida a la de la mafia. Cuando Susan bajó la mirada, se dio que cuenta que tenían algo en común con Leo… todos ellos tenían el mismo tatuaje de la Tela de Araña en sus manos.
Un mal presentimiento la traspasó. Pero no iba a dejarles que la intimidaran. Ella había pasado ya por bastante el día de hoy para tener que aguatar esto. Poniéndose de pie, ella les dedicó una mirada de -ni lo intentes- a cada uno. -¿Qué está pasando, Leo?
Él la ignoró para dirigir su atención a los otros tres.

 - Dejad eso de - Gran malo aterrador-, chicos, y tomad asiento. Tenemos mucho que discutir y solo nos quedan algunas horas hasta la puesta de sol.

Para completo aturdimiento de Susan, realmente le obedecieron. Eso era sumamente surrealista y es que le recordaba un Chihuahua dándo órdenes a un paquete de Dobermans.

- ¿Qué hay de ella? Otto hizo un gesto con la barbilla en dirección a Susan. -¿Es segura?

Leo suspiró cuando se sentó al lado de ella.

- Realmente lamento que te hayas visto envuelta en esto, Susan. Nunca quise para ti que averiguases nada de esto. Eso es lo que estaba tratando de decirte cuando entraron. Solo quería que rastreases a Dark Angel. Se suponía que seguirías viviendo en tu bienaventurada ignorancia, no que descubrieses que los vampiros existen.

Ah, Dios, esto se estaba poniendo cada vez mejor

 - ¿Así que todo ese sinsentido sobre el que escribimos en el periódico es real?
- No,- dijo Leo, para su sorpresa. - Es todo, como tú decías, una mentira. Sólo llevo el periódico para asegurarme que ninguna de las verdaderos sucesos aparece. Quiero decir, aceptémoslo, el 'adopté un gato y se convirtió en un hombre en mi sala de estar ' no es una historia que tú relacionarías con el New York Times. Lo harías con un periódico como el nuestro. Durante los últimos sesenta años, mi familia ha llevado el Inquisidor a fin de que de tapar con pequeñas cantidades de dinero cualquier historia que pudiese exponernos al público.

En una manera extraña eso tenía sentido, y el hecho de que lo tuviera la asustaba  verdaderamente.

- ¿Y los otros periodistas del Inquisidor, son igual que tú, silenciando la verdad?
- No,- él dijo, su cara apagada, - Todos ellos están bastante locos. Normalmente contrato a los chiflados porque aun si descubrieran de casualidad la verdad y trataran de exponerla, nadie creería en ellos.

Bueno, eso explicaba bastante bien lo de sus compañeros de trabajo y su propia posición. Tanto que la hirió profundamente.

- Me contrataste por que había perdido toda mi credibilidad como periodista.

Sus ojos ardieron en los de ella.

- No. Te contraté porque fuiste una de los pocos amigos que tuve en la universidad. Sin tu ayuda, nunca me habría graduado, así es que cuando te metiste en problemas, te eché una mano… el hecho de que nadie alguna otra vez te tomaría en serio fue simplemente un bono añadido.

Ella lo miró furiosa.

- Muchas gracias, Leo.

Él desechó enfado con un movimiento de su mano tatuada.

- No voy a mentirte, Susan. Te respeto demasiado para eso .
-Aún así me has estado mintiendo todo este tiempo.

Él parecía ofendido por eso.

- ¿Cuándo? ¿He negado alguna vez que los vampiros fueran reales?
-Tú dijiste que era una estupidez.
- No, lo que dije fue que las estupideces pagaban mi Porsche… y lo hacen. Soy el único, que yo recuerde, que te dijo que abrazases lo absurdo. Que creyeses en lo increíble.

Él tenía un buen punto ahora que pensaba en ello. Ese había sido el discurso que le había soltado desde el día en que se había unido a su equipo. Suspirando, ella volvió a tomar su asiento.

- ¿Así que por qué me enviaste entonces tras Ravyn si no querías que averiguase la verdad?
- Porque esperaba que no fuese de Ravyn de quién estaba hablando el estudiante. Quiero decir, afrontémoslo – hay un montón de Were-Hunters en Seattle, y desde que viven durante siglos, para quién no los conozca podrían parecer inmortales. Esperaba que fueses, me consiguieses un nombre y una dirección, y entonces yo podría limpiar eso si fuese real.
- ¿Por qué no vas entonces tu mismo?

Él se mofó de ella.

- No soy un periodista de investigación. Tengo toda la sutileza de un ladrillo, por lo cual tengo a más de un empleado para ello. Además, sabía que aun si averiguabas la verdad y la veías con tus ojos, nunca creerías en ello. De alguna manera encontrarías una lógica, legítima forma de explicar todo esto de modo que yo pudiera entonces usarlo con otras personas. ¿Ves? Él pasó la mirada sobre ella, a los otros tres, que habían estado misteriosamente silenciosos esa vez. -Ahora tenemos un pequeño problema.

Ella le bufó Leo.

- ¿Tú tienes un problema? Prueba a estar en mis zapatos.

Leo frotó la parte de atrás de su cuello nerviosamente.

- Sí, bueno, tú eres el problema, Sue-.

Su corazón dejó de palpitar.

- ¿Qué quieres decir?
- Los civiles no tienen permiso de saber acerca de a nosotros,- gruñó Otto desde su asiento en frente de ella. -Nunca.
- Uh-hum,- dijo ella lentamente. -Tu sabes con ese tono siniestro deberías buscar trabajo en el IRS[2]. Estoy segura de que están desesperados por personas que puedan persuadir a otras con solo gruñir.

Leo se sentó hacia delante.

- Sue, no tientes a la cobra. Él tiende a morder .

Y por la mirada en la de Otto ella podía ver que Leo no estaba bromeando. Ella volvió la mirada hacia Leo cuando Kyl le entregó una carpeta negra brillante. Él la abrió brevemente, después lo colocó en la mesa.
Leo tamborileó sus dedos sobre ello mientras se dirigía a ella.

- Normalmente, reclutamos a miembros que tengan habilidades que podamos usar. Pero algunas veces suceden cosas inesperadas que se nos escapan, algo parecido a las últimas veinticuatro horas, dónde debido a circunstancias inocentes viandantes se ven involucrados por error. Esos errores tienen que ser corregidos -. Su tono era mortífero y amenazador.
Negándose a dejarse intimidar, se cruzó de brazos y le dedicó una mirada igual de desdeñosa.

- ¿Y cómo planeáis corregirme?
-Tienes una opción,- habló Kyl al final. -Te conviertes en uno de nosotros o…

Ella esperó. Cuando él no terminó, ella le dio una interrogante mirada.

- ¿O Qué? ¿Me matáis?


Fue la mujer quién contestó.

            -Sí.
- No,- dijo Leo severamente. Él volvió la mirada atrás hacia Susan. - Pero no podemos arriesgarnos a que nos expongas, ¿Lo entiendes?

¿Estaba hablando en serio? Pero entonces todo lo que tenía que hacer era mirar a la brigada del destino para saber esa respuesta.

- ¿Y qué eres tú  en todo esto, Leo? preguntó ella, necesitando entender completamente en lo que inadvertidamente había sido succionada. -¿Por qué esos tipos- ella indicó a los otros tres en la mesa con ella, -te escuchan?
- Porque soy el Escudero Regis de Seattle, desde que mi padre se retiró. Desciendo de la rama Theti que, por defecto, me hace el cabeza de todas las ramas de Escuderos en este área.
- ¿Theti?
- Los Ritos de sangre,- dijo Otto en un tono bajo, gutural. -Hacemos otros trabajos de Escudero también, pero somos los que están autorizados para implantar las órdenes del Consejo.
- Y hacemos lo que sea necesario para mantener a nuestro mundo en secreto-. Kyl entrecerró sus  ojos significativamente en ella.

Éste tenía que ser el día más extraño de toda su vida, y dado el hecho de que pasaba el tiempo con su abuela, quien juraba que su perra era el abuelo de Susan reencarnado y llevaba puestas sus ropas del revés para evitar que la luz decolorara el tinte, y con su compañera de trabajo Joanie, quien tenía la manía de poner post-it sobre su escritorio para mantener a los hombrecillos alejados de ella, eso decía algo.
Realmente tenían la intención de matarla.

- ¿Así que cual es tu decisión? preguntó Otto. Él parecía un poco sobreexcitado de oír que ella dijese que no.

- ¿Qué? preguntó ella, incapaz de resistir de bromear con la cobra – esto solo parecía un imperativo moral. -¿Tienes un agudo periodo de matar personas últimamente?

Su cara completamente estoica, él le respondió secamente,

- De Hecho, sí. Si esto no acaba pronto, quizás lo ponga en práctica.
- Dios lo prohíba, - le respondió ella en un falso tono de miedo.

Leo se aclaró la garganta, llamando la atención de vuelta hacia él.

-Sue, necesito una respuesta.

¿Tengo realmente opción?

-No,- dijeron al unísono.

La cara de Leo se suavizó muy ligeramente.

-Sabes más de la cuenta acerca de nosotros.

Susan permaneció allí en silencio mientras su mente pasaba por todo lo sucedido aquel día. Todo esto era solo demasiado. Dios, cómo desearía poder solo volverse loca como su abuela y apartarse de todo eso. Pero la vida no iba a ofrecerle ese tipo de regalo. Su cordura estaba intacta, por que el cielo prohibiese que ella tuviese alguna manera de escape a todo eso.

- Y esta nueva vida que me ofreces. ¿Qué con lleva?

Leo recorrió con la mirada a los demás antes de contestar.

- No mucho. Realmente. Prestas juramento acerca de mantener todo sobre nosotros en silencio y entrarás en nuestra nómina y en nuestro sistema a fin de que podamos monitorearte.

Esas palabras, combinado con su tono, mandaron un escalofrío por su columna vertebral.

- ¿Monitorearme como?
- No es tan ominoso como suena,- Leo la reconfortó. -Solo te vigilaremos de vez en cuando para asegurarnos que no has estado hablando con ningún civil acerca de nosotros. Siempre que guardes silencio, obtendrás un montón de ventajas añadidas al salario base.
- ¿Como por ejemplo?

Leo empujó la carpeta negra hacia ella.

- Aviones privados. Vacaciones exclusivas. Unas 401 (k) opciones de stock. Fondos para comenzar tu propio negocio si lo deseas.-  Él hizo una pausa para mirarla fijamente. -Y lo único que nunca has tenido. Una familia que estará allí cada vez que la necesites.

Esa última parte la había ofendido y Leo lo sabía. Su padre la había abandonado a ella y a su madre cuando Susan solo tenía tres años. Ella no lo recordaba en absoluto, y su madre nunca  había querido conocer ese lado de la familia. Como hija única como Susan, su madre había estado próxima a sus padres, pero ellos, también, habían muerto cuando Susan era pequeña y después su madre había muerto en un accidente de coche tres días antes de que Susan cumpliese los diecisiete años.
Desde entonces había estado sola.
La familia había sido la única cosa en su vida que ella siempre había deseado ardientemente con fuerte pasión, y al igual que su respetabilidad, era tan elusivo como el cuerno de un unicornio. Era la única zanahoria que Leo sabía que podía estar moviendo ante ella.
Suspirando, ojeó la carpeta para ver un contrato y una lista de números de teléfono para diferentes tipos de servicios. Ella lo cerró y miro a Leo con un resplandor muy frío.

- Haces que todo esto parezca muy color de rosa, pero he aprendido una cosa: Si parece demasiado bueno para ser cierto, probablemente es. ¿Así que, cuál es la trampa?
- No hay trampa, lo prometo-. Leo hizo una cruz sobre su corazón. -Puedes vivir tu vida de cualquier manera que te agrade. Solo estarás al tanto de un montón de cosas de las que las otras simples personas no tienen ni idea
- El inconveniente es que tendrás muchos más días como el de hoy,- dijo Jessica en una voz sin emoción. -Como un Escudero, los Daimons se verán atraídos por ti y vendrán detrás de ti de vez en cuando.
- Pero te entrenaremos,- añadió Leo. -No te quedarás sola para enfrentarte a ellos

¡Oh, fantástico! ¿Quién en su sano juicio rechazaría alguna vez esto? Esto era todo lo que ella podía hacer para no reírse de su oferta

- ¿Eso es todo?

Otto le dio a ella una mueca de disgusto seca. ¿No es suficiente eso?

- Oh, sí,- dijo ella con una risa sin humor, - es bastante y aun más-. Susan se quedó quieta mientras sopesaba todo lo que Leo había echado a su regazo. Pero al fin, ella sabía lo que ellos estaban haciendo…

No tenía alternativa.

Con su corazón latiendo deprisa, miró en Otto.

- Parece que voy a arruinar tu vida, Chico Importante. Elijo vivir mi desgraciada vida un poco más.
- Maldición-. Otto dejó escapar un suspiro de resignación.

Leo daba la impresión de estar aliviado. -Bienvenida a Bordo-.

Chistosamente, ella no se sentía bienvenida. Se sentía enferma. Una condición que no mejoró cuando Leo hizo una pausa y dijo,

- Oh, y una cosa más.

Ella no podía esperar.

- Como Escuderos, todos estamos disponibles para los Dark-Hunters. Para los hombres y mujeres como Ravyn y en particular para su líder, Acheron. En esencia, somos sus sirvientes quienes los ayudamos y los protegemos de ser descubiertos.

Ella ensanchó sus ojos con fingida felicidad.

- ¡Oh pámpanos, cáscaras, recórcholis, Sr. Leo! ¿Puedo arrancarme también los ojos?

Otto realmente se rió.

-Sabes, creo que vas a gustarme realmente.

Pues bien, al menos la picajosa víbora pensaba que tenía gracia. Leo, por otra parte, parecía menos que divertido cuando negaba con la cabeza a Kyl y Jessica.
Suspirando, Susan recogió su carpeta y se dirigió a su preocupación más grande ahora que cierta muerte a manos de Otto había sido evitada.

-¿Qué va a sucederme ahora? ¿Cómo vais a esconderme mientras estoy siendo buscada por la policía?
- Nosotros nos preocuparemos de eso,- dijo Jessica. - La policía es el menor de nuestros problemas. Es quién jala de sus cadenas quién nos preocupa.
- ¿E l comisario? Sugirió Susan.

Kyl puso los ojos en blanco.

- Piensa fuera de los parámetros humanos.

Ella le dedicó una seca mirada.

- ¿Claro, pero si hay una tapadera, alguien en el departamento de policía está ayudándoles, cierto?
-Sí,- dijo Leo en un tono tirante, - pero ahora mismo ese no es el problema. Lo que necesitamos saber es quién nos está apuntando. Si son capaces de capturar a un Dark-Hunter, entonces no somos sino pasto para ellos.
- Habla por ti mismo,- dijo Jessica con aire satisfecho. -Te lo aseguro, no estoy en el fondo de esa cadena de comida.

Otto bufó ante su bravuconada.

 - Déjalo, Jess. Cuando Kyl y yo estuvimos hace un año en New Orleans, había un Daimon que nos llevaba la delantera dirigido por un Spathi llamado Stryker.

Susan miró ceñuda ante término poco familiar.

-¿Spathi?
-Una clase guerrera especial de Daimons que son viejos,- dijo Kyl. - Realmente, realmente viejos. Son bastante más fuertes que los típicos Daimon que anda sin rumbo fijo buscando un blanco fácil para dejarlo seco.
-Sí,- Otto estuvo de acuerdo. -Estos desgraciadamente tienen una convincente manera de hincar los dientes en los tipos buenos y los humanos. El año pasado, perdimos una gran cantidad de Dark-Hunters en norte de Mississippi y Nueva Orleans por culpa de ellos. Lo último que quiero hacer es perder más.

Kyl cambió se volvió hacia Otto.

- Crees que deberíamos llamar a Kyros o a Rafael y ver si nos pueden ayudar. Estuvieron más cerca de los Spathis que cualquier otro…  a diferencia de Danger, Euphemia, Marco, y los otros, que realmente sobrevivieron al encuentro. Tal vez pueden recordar algo que pudiese ayudar a poner en evidencia alguna debilidad de la que podríamos sacar provecho.

Otto asintió.

-Buena idea.
-Les telefonearé,- se prestó Jessica como voluntaria.
-Y yo llamaré a Kyrian,- dijo Kyl. -¿Alguien sabe dónde está él ahora?
- Él nunca dejó Nueva Orleans. Ninguno de los Dark-Hunters, actuales o antiguos, se trasladaron por el Katrina. Sacaron a sus familias, pero se quedaron atrás para ayudar. Lo último que oí, es que incluso Amanda y los niños habían regresado. – contestó Otto
-Bien. Los avisaré después y veré si saben algo más sustancial acerca de Stryker o los demás.
- ¿Qué hay de Ash?.- preguntó Leo.

Jessica negó con la cabeza.

- Él ha estado MIA[3] durante los últimos pocos días. Lo último que oí, de todas maneras, es que estaba en Australia.

Sabes, pensó Susan irónicamente, realmente ayudaría si yo tuviese alguna pista acerca de quién y de qué están hablando. Pero estaban tan absortos y serios que ella no quiso cortarles el hilo. Además, lo que discutían parecía ser mucho más importante que su ignorancia y sin duda, si vivía, comenzaría a entender todo eso demasiado pronto.

Leo dejó escapar un suspiro frustrado como si estuviese mucho más cansado. De nuevo de volvió hacia Susan.

- Por cierto, ¿Fuiste capaz de averiguar algo sobre Dark Angel antes de que sucediese todo esto?
- Sí. Ella es una pequeña mocosa desafiante.

Leo pareció ponerse enfermo ante su descripción.

- Oh grugggg, es Erika.

Otto frunció el ceño.

- ¿De que estás hablando ahora?

Leo dejó escapar otro rendido suspiro.

- Alguien local ha estado presumiendo que trabaja para un guerrero inmortal transformista que caza vampiros. Hice salir a Sue a investigarla ella .

Otto se veía aún más perplejo.

- Erika no es un escudero.
- No técnicamente,- dijo Leo, -pero mientras su padre está fuera de luna de miel, ella lo sustituye y se hace cargo de Ravyn.
- ¿Bueno, si piensas realmente que es Erika entonces por qué no avisaste a Tad para que simplemente borrase sus huellas en el blog?

Leo inclinó su cabeza de manera ofendida.

-Por que eso debería involucrarme directamente en hablar con Tad, ¿No?
- ¿Sí, y?

Aclarándose la voz, Leo se volvió hosco. En tono bajo, casi avergonzado, respondió,

- Le debo dinero.

Otto le dirigió una mirada irónica.

- ¿Y eso que tiene que ver?

Leo entrecerró sus  ojos.

 - Le debo mucho dinero.
-Buen Dios, Leo,- dijo Kyl coléricamente, -dado lo que tú tienes, ¿Cuánto podías estar debiéndole?
- Todo, y queremos decir todo. Diablos, aun le debo mi Porsche.

Otto se quedó boquiabierto.

- ¿Nos has puesto a todos en peligro por una deuda? Dime que estás bromeando.
- ¿Parezco estar bromeando? No, él se veía completamente serio. -Además, yo no tengo la culpa. Él hace trampa a las cartas.

Kyl hizo un ruido asqueado.

- ¿Has estado jugando al póquer con él? ¿Estás loco? El cerebro de ese hombre funciona como una computadora.
-Ahora me lo dices.

Otto hizo caso omiso a su interrupción.

- ¿Y por que eso pones a un civil en un caso que debería haber sido entregado a uno de nosotros? ¿Jeez, hombre, en qué estabas pensando?

Leo se puso de pie.

 - Deja de fastidiarme, Otto. Yo soy el único cargo aquí en Seattle.

Otto volvió a sentarse con los brazos cruzados en una conducta que decía que él no respondía ante nadie.

 - No si te mato por incompetente.

Jessica le dedicó una diabólica sonrisa.

- ¿Necesitas que hagamos la vista gorda?

Leo entrecerró sus  ojos en ella.

-Ja, ja. Pero eso no cambia el hecho que todavía necesitamos averiguar si Dark Angel es realmente Erika. Y si no es Erika, entonces necesitaremos averiguar si Dark Angel es alguno de nosotros, o simplemente un lunático local.

Otto sacudió su cabeza con disgusto.

- Yo lo averiguaré.

Leo parecía menos que convencido de que Otto pudiese manejar eso.

- ¿Y qué vas a hacer, Otto?
- Lo que deberías haber hecho tú. Simplemente le preguntaré a ella.

Leo se rió.

-Tú no la conoces, ¿verdad?
- No, ¿por qué?

Él se rió aun más fuerte.

- Lleva un sujetador de Teflón,- dijo Jessica en voz baja.

Otto puso sus  ojos en blanco.

-Oh, por favor.
- Por favor nada,- dijo Leo, - ella es una cruel piraña. Ella ve toda linda y suave, entonces abre la boca y deja salir tanto veneno que podía compararse a un nido de escorpiones.

Todavía Otto parecía menos que intimidado.

- Creo que la puedo manipular.

Leo miró hacia Kyl.

- Llama a la floristería y que envíen flores a la habitación de hospital o a su funeraria.

Otto negó con la cabeza antes de ponerse de pie.

- Parece que todos tenemos nuestras órdenes. ¿Deberíamos reanudar la sesión más tarde esta noche?

Leo asintió.

- A las ocho y treinta. Estad aquí.

Susan se levantó para salir con los demás solo hasta que Leo tiró de ella para detenerla.

-Te conseguiré un manual de Patricia. Tú también te quedarás aquí estancada por algún tiempo.
-Vale-. Su mirada bajó a la mano del tatuaje. -¿Tengo que conseguir uno de esos, también?

Él bufó.

- No-. Él flexionó su mano por donde estaba el tatuaje. -Solo se usa para los Ritos de Sangre.
- ¿Es como una identificación especial?
-Difícilmente.

Ella todavía no podía creer en eso. Por raro que pareciera, era más fácil comprar lo de los vampiros que lo de que Leo pudiese lastimar a alguien.

-Uh-hum, ¿Vas a llamarme a tu oficina para que te mate las arañas por que eres remilgado?
-Eso es diferente,- dijo él defensivamente. -Son asquerosas.
- ¿Y todavía esperas que crea que matarías a un humano?

Sus ojos se volvieron oscuros e imponentes.

-Hice un juramento hace mucho tiempo, Susan, y lo acataré. De la manera que sea. Nos ocupamos de algo más grande que las arañas. Esto es más grande que tú y yo.

Por primera vez, ella vio al hombre detrás del amigo azuzador que ella había conocido todos estos años. Y en verdad, ella añoraba el viejo retentivo-anal, ofensivamente zalamero chico con el que había hecho amistad en la universidad.

- ¿Sabes que quiero, Leo?
-Tu vida de vuelta.

Ella asintió.

-Yo realmente necesito sobrescribir este mismo día. No obstante, realmente podría hacer lo mismo con estos últimos cinco años.
-Lo sé-. Él le dio un gentil abrazo. -Pero esto estará bien, Sue. Te lo prometo. Nosotros cuidamos de los nuestros y ahora tú estás aquí con nosotros. No te preocupes. Estás a salvo.







Stryker se puso en pie con una furia tan cruda, tan potente, a través de él que no estaba seguro de cómo lograba contenerse

- ¿Kontis hizo qué? preguntó en un tono bajo, calmado que desmentía su turbulento estado de ánimo.
-Él se nos escapó, Mi Lord,- el veterinario Apolita, Theo, le explicaba tratando de no encogerse se miedo ante el trono de Stryker en Kalosis. Llevando una bata azul de laboratorio salpicada de sangre, el medio-apolita debería divertirle, pero no había nada divertido en las noticias del hombre.

Stryker encontró la mirada asqueada de Satara antes de que entrecerrase sus  ojos de regreso en el gusano que se había atrevido a darle tales noticias.

-Te lo dije, Theo, que solo tenías una cosa que hacer. Mantenerle en una jaula hasta que yo llegase.

Tragando saliva, Theo se retorció las manos.

-Lo sé y lo hice tal y como usted me dijo. Lo juro. No lo saqué de la jaula. Ni siquiera una vez. Nosotros solo queríamos divertirnos con él hasta que sus Spathis lo mataran-. Él miraba con ojos implorantes. -Fue la humana con la que trabajaba la que lo sacó mientras hablaba con usted al teléfono más temprano. Para cuando me enteré de eso, él ya se había ido.

¿Pensaba honestamente el muy tonto que con involucrar a un humano como cómplice iba a obtener indulgencia? Estos estúpidos despojos eran más tontos y más tontos cada año.

Stryker frunció sus  labios.

-¿Dónde está Kontis ahora?
- Otra humana se lo llevó a casa. La otra veterinaria que matamos dijo que su nombre era Susan Michaels. Tenemos un grupo de humanos fuera, buscándolos ahora a los dos.

Stryker rechinó los dientes cuando todos sus sueños de apoderarse de Seattle como base de operaciones se desplomaban alrededor de él. A estas alturas Kontis sin duda ya habría advertido a  todos los demás Dark-Hunters en Seattle. Cada uno de ellos estaría ahora en máxima alerta. Eso en cuanto al elemento de sorpresa. Su trabajo sería ahora mil veces más difícil.
Él quería sangre por esto.

- ¿Tienes alguna idea de lo qué esto significa, Theo?
- Lo sé, pero todavía tenemos bastante luz del día, deberíamos ser capaces de encontrarlo antes de que avise a los otros.

Stryker se mofó. Él tuvo mejor criterio que ese. Ravyn era como él – un superviviente. Si querían tomar la ciudad, tendrían que moverse con rapidez.
Él se volvió hacia su hermana.

-Reúne a Trates y los Illuminati.
- ¿Planea cazarlos? preguntó Theo, sus ojos mostraban una mezcla entre alivio y esperanza.
-Sí,- dijo Stryker lentamente.
-Bien. Prepararé a mi equipo.
-No te molestes, Theo.

Su nerviosismo aumentó diez veces.

- ¿My lord?

Stryker se acercó a él lentamente, metódicamente. Él extendió la mano y ahuecó la mejilla del hombre en su palma. Era suave y flexible, como todo lo suyo. Perfecto. Esa era la belleza de nunca envejecer.
Theo quizás fuese estúpido, pero era tan hermoso con los ángeles en los que tantos humanos creían.

- ¿Cuánto tiempo me has servido hasta ahora, Theo?
- Casi ocho años.

Stryker le sonrió.

-Ocho años y en todo este tiempo, dime que has aprendido de mí.-

Él podía sentir al hombre estremeciéndose cuando contestó. El perfume de miedo y sudor colgaban en el aire– dioses, cómo amaba ese olor. Era como un afrodisíaco para él.

-Usted es el Rey de los Daimons. Nuestra única esperanza-.
-Sí-. Él acarició la mejilla de Theo. -¿Alguna otra cosa?

Theo se volvió nerviosamente hacia Satara antes de que él regresase a mirar ceñudamente a Stryker.

- No sé lo que quiere decir.

Él hundió su mano en el cabello rubio de Theo y lo envolvió en su puño de modo que el medio apolita no pudiese librarse de él.

-Lo único que deberías haber aprendido, Theo, es que no acepto el fracaso en ninguna manera, forma, o moda. Tu primer error fue dejar escapar al Dark-Hunter. El segundo fue ser lo suficientemente estúpido para venir a contármelo.

Theo trató de apartarse, pero Stryker le mantuvo en el lugar.

-P-por favor, My Lord, tenga piedad. ¡Puedo encontrarlo! ¡Puedo!

Stryker sonrió burlonamente ante sus patéticos gritos por clemencia.

-También puedo yo. De hecho, tengo la intención de encontrar más que simplemente a Ravyn. Antes de que llegue esta noche a su final, tengo la intención de cazar y alimentar el contenido de mi corazón. Pero no será humano.

Él se relamió los labios cuando clavó los ojos en la vena palpitante en el cuello de Theo.

-Esta noche me deleitaré con la sangre Apolita y la carnicería… de ti y toda tu familia.

Antes de que el hombre pudiese volver a hablar, Stryker hincó sus dientes en el cuello de Theo, arrancando la carótida mientras bebía de él hasta saciarse.
Theo sólo peleó por un segundo, antes de que la muerte finalmente le reclamara. Stryker dejó el cuerpo flojo de Theo caer a sus pies antes de limpiarse la sangre de sus labios con el dorso de su mano.

- ¿No has tomado su alma? preguntó Satara incrédula.

Stryker se mofó.

- ¿Para qué molestarse? Él era demasiado débil incluso como aperitivo.
- ¿Así que cual es nuestro plan entonces?

Stryker bajó las escaleras de su estrado para detenerse al lado de su media hermana.

-Hacer correr a los bastardos. ¿Ravyn tiene un Escudero, verdad?

Ella asintió con la cabeza.

-Entonces aterroricemos al escudero y él o ella nos conducirá directamente a Ravyn.
- ¿Cómo hacemos eso?
- Simple, dulce Satara. Tú no eres un Daimon. Puedes entrar en la casa de Ravyn y después invitarnos a entrar. Trates y los demás irán por el Escudero, y ella correrá directa a Ravyn en busca de protección.

Satara consideró eso por un momento.

-¿Y qué si estás equivocado? Los escuderos podrían correr en busca de otros de su clase.

Stryker se encogió de hombros despreocupadamente. -Entonces comeremos hasta saciarnos de escuderos. En el mejor de los casos, asustará a los otros humanos que sirven a los Dark-Hunters y eso será un golpe emocional para ellos. En el peor de los casos, solo tendremos un dolor de estómago por la sangre.


[1]  Juego de palabras entre Apollites y Apple que es manzana en inglés, de ahí el que Susan pensase que era algún nuevo tipo de bebida.
[2] Internal Revenue Service: Servicio Interno de Ingresos, algo parecido a nuestra Hacienda.
[3] MIA: Missing In Arrived, o lo que es lo mismo -Desaparecido en Combate- y digo yo, ¿A alguien le extraña ^-^?

No hay comentarios:

Publicar un comentario