jueves, 16 de febrero de 2012

DSM cap 8

Ash se despertó con un sudor frío como fragmentado, desplazando las imágenes como un calidoscopio roto. Sentándose desnudo en la cama, podía oír desesperadas voces gritando por él con tácitas súplicas.
Y entonces lo sintió. La fría, exigente mano sobre su hombro desnudo que sacudió con fuerza sus sentidos fuera de la pesadilla.

- Regresa a la cama, Acheron.

Ash pasó la mano a través de su largo cabello rubio mientras trataba de centrar su atención en la voz más fuerte que él había oído. Pero ya se había perdido… ahogada por todas otras súplicas que no eran más que un aburrido ronroneo en sus oídos.

- Algo está sucediendo.

Artemisa hizo un sonido de profundo disgusto salido de su garganta un sonido que era completamente inapropiado para una diosa que había creado un ejército supuestamente para protegerle a la humanidad de los Apolitas y Daimons que su hermano gemelo habían modelado a su propia imagen y luego investida con poderes divinos. No obstante, ella inmediatamente había abandonado a ese ejército en las cautelosas manos de Acheron y luego los había utilizado para atarlo a ella por siempre.

- Siempre está ocurriendo algo- . Dijo ella en tono agravado. - Cuando el gato está fuera, los roedores se escurrirán.

Él dejó escapar un exasperado suspiro cuando se volvió a mirarla por encima de su hombro. Ella estaba tendida de espaldas en la cama, su cuerpo cubierto por la blanca, sábana que era más suave que la más fina seda, y no dejaba nada de su cuerpo oculto de su mirada. Su pelo rojo se desplegaba alrededor de ella a la perfección, pero a pesar de ser una diosa, ella era la cosa más remota posible a la perfección.

- Los ratones jugarán, Artie.

Ella se volvió instantáneamente enfadada con él cuando intentó jalarle de vuelta a sus brazos.

- Lo que sea.

Ignorándola, Ash se levantó y se dirigió hacia la puertaventana que se abrió sobre una terrada de oro cercana a él. Él pasó a través de ellos para apoyarse contra el frío pasamanos de piedra y se quedó mirando el arco iris en la cascada. Era realmente hermoso estar allí en el Olimpo y aún así a él no podía importarle menos.
Sus pensamientos estaban sobre el que se burlaba de él con diseminadas imágenes que no podía enfocar no importa cuán duramente lo intentase.
Algo estaba ocurriendo y afectaría a esos que eran cercanos a él. Él lo podía sentir con cada fibra de su ser. Maldita sea.

- ¿Qué estás haciendo, Stryker? - preguntó en apenas un susurro apenas perceptible, sabiendo que no habría respuesta del otro lado.

Stryker había puesto algo maligno en movimiento. Durante cientos de años el Señor de los Daimons había permanecido inactivo. Pero algo había sucedido cuatro años atrás para traerle de vuelta. Ahora él estaba decidido a herir a Ash de cualquier manera que pudiese.
Artemisa se trasladó detrás de él. Posó una mano fría en su hombro derecho mientras ella acariciaba con la nariz su mejilla izquierda antes de que mordisquease su piel con sus dientes.

- Regresa a la cama, amor…

Esa era la última cosa que él quería en ese momento…bueno, honestamente, era lo último que quería continuamente. Pero hacía mucho tiempo, él se había resignado al hecho de que nunca sería libre de la prisión a la que Artemisa le había condenado.
Cerrando los ojos, respiró profundamente y contó hasta diez antes de que depositase la súplica que se resistía a salir de su garganta. Él nunca había sido el que mendigase algo a nadie y aún así ella se las ingeniaba para degradarle con eso cada vez que estaban juntos.

- Déjame ir, Artie. Mis hombres me necesitan. -

Ella clavó sus uñas profundamente en su espalda cuando su temperamento se encendió y lo chamuscó a él.

-  Me prometiste una semana de servicio si dejaba ir el alma de esa mujer, aunque por qué querías el alma de una sombra, nunca lo entenderé.-

Eso es porque ella no entendía el concepto de la compasión y nunca lo haría.

- Y tú puedes liberarme de mi palabra- . Él volvió su cabeza para mirarla con una expresión poco afectuosa.

Ella bajó arrastrando sus uñas dolorosamente por su columna vertebral, sin duda cortando su carne abierta en horribles verdugones. Esos verdugones se cerrarían instantáneamente de no ser por que ella usaba sus poderes para asegurarse que permanecerían frescos y dolorosos. Su cara estoica, Ash se puso rígido cuando su espalda empezó a arder. Él sabía que siempre habría un sobre sentido entre ellos. Ella odiaba el hecho de amarle, y por toda su completa relación ella le había lastimado, por que en su mente, ella no podía vivir sin él. Si bien a él realmente, realmente le gustaría que ella hiciese un intento.
Ella sumergió su mano en su largo cabello rubio y dio un fuerte tirón.

Aburrido con sus juegos infantiles, él suspiró.

- ¿Has terminado?

Ella dio otro tirón antes de soltarlo.

- Debería haberte azotado por tu insolencia.

¿Por qué no? Su espalda todavía escocía de la última paliza – parte del precio que le obligaba a pagar por el alma de Danger. Ella siempre había sido así de sádica. El hecho de que él pudiera recibir una paliza sin sobresaltarse siempre la había encendido. Pero entonces, él había sido destetado en la brutalidad. Reaccionar a eso sólo habría servido para empeorar sus castigos, así que él había aprendido desde su primera hora de vida a aguantarlo y seguir adelante.

- Lo que te haga feliz, Artemisa.
- Entonces vuelve a la cama con conmigo- . Ella apartó su pelo de su cuello. Su larga, graciosa mano acarició la única parte de su cuerpo que tenía alguna atracción para él.-  Dejaré que te alimentes si lo haces…

Él podía sentir sus incisivos creciendo ante su invitación mientras su estómago retumbaba con necesidad. Había pasado casi un mes desde la última vez que se había alimentado. Eso más que ninguna otra cosa había sido lo que lo había obligado a quedarse con ella por una semana. Él tenía que alimentarse de ella pronto o se acabaría convirtiendo en la misma cosa que él cazaba.

-  No juegues conmigo, Artemisa. Estoy demasiado hambriento para eso.

Ella se movió más cerca de él. Tan cerca que él podía oler la sangre fluyendo a través de heladas venas. Ella mordisqueó la línea de su mandíbula mientras lo cogía gentilmente en su mano, y todavía su cuerpo no se inmutó en lo más mínimo

- Dame lo que quiero y te daré un pequeño receso para que vayas a verlos.

Ash apretó con fuerza sus dientes. Él verdaderamente odiaba eso cada vez que ella hacía tratos con él a cambio de sexo. Él acabaría golpeado. Otra vez.
Pero entonces él no era nada más que su puta.  Por algo semejante al afecto, por la novedad de una caricia gentil en su piel, él se había vendido a si mismo a ella once mil años atrás. No importaba cuanto odiase esto, no importaba cuanto la odiase a ella, él sabía que no podía existir sin ella. No si quería mantener su compasión y vivir con sus emociones bajo su control y no convertirse en un instrumento para una diosa aún más egoísta.

Verdaderamente se había condenado a sí mismo por algo tan trivial que él ahora se preguntaba por qué eso había parecido ser tan importante hace todos esos siglos.

-  Quiero tu palabra de que puedo alimentarme y luego marcharme por veinticuatro horas.

Ella se relamió los labios cuando pasó su mirada ardiente por su cuerpo desnudo.

-  Dame seis orgasmos en el plazo de una hora y usted podrás irte durante diez. Lo juro sobre el río Styx.

Ash se rió suavemente de eso. Aun después de todos estos siglos, ella todavía subestimaba sus habilidades. Seis orgasmos y una comida. Bien. Él habría terminado con ella en menos de quince minutos…





Susan se sentó, bañando la frente caliente de Ravyn mientras él murmuraba ininteligiblemente en su sueño. Otto la había ayudado limpiar el anterior desorden y ahora estaban otra vez solos mientras Ravyn iba y venía entre la conciencia y la inconsciencia y ella examinaba ligeramente más información en el manual que Otto también, le había traído.

Los Escuderos parecían tener una afinidad por la monstruosidad y insistían en que ella aprendiese cada matiz de ello, y ella estaba ansiosa por aprender absolutamente todo. Pero ella no podía dejar de tomarse un respiro cada vez que Ravyn recuperaba el conocimiento.

La parte más dura era cada vez que él estaba despierto, él la buscaba a tientas o dirigía la mano de ella a partes de su cuerpo que ella realmente había querido explorar – pero no mientras él estuviese yendo así de lejos. Algo acerca de eso solo no era correcto. Aun así, ella tenía que admitirlo, él  era insistente y mientras estaba bajo la influencia de la droga, también era sumamente cariñoso. Muy gatuno.

Él abrió esos profundos, ojos oscuros para inmovilizarla con una lujuriosa mirada otra vez. Él cogió la mano de ella de su frente a fin de que él pudiese mordisquear la punta de su dedo, luego la parte de atrás de sus nudillos. Cada pasada de su lengua enviaba un filoso ramalazo de placer a través de ella. Este hombre conocía su camino alrededor de los sentidos de una mujer y cómo producir una respuesta con un leve movimiento o golpe. Esto hacía que apartarlo fuese tan difícil. Ese diablo en la parte más recóndita de su mente se moría por saber como sería estar desnuda en sus brazos.

- Acuéstate conmigo, Susan ojos morados.

¿Cómo se podía resistir una chica a una frase así?

Oh espera, muy fácilmente. Él todavía estaba medio ido. Sí, ¿Y eso debería lastimarlo?

No, ella no podía aprovecharse de él. Ella no era el tipo de mujer que se aprovechaba de las personas mientras estaban indefensas. Sin mencionar el pequeño hecho de que él nunca había parecido estar interesado en ella mientras estaba bien. Si, cuando él se despertara, todavía estaba interesado, quizás pudiesen llegar a alguna clase de acuerdo. Pero por el momento, esas conversaciones estaban descartadas.

Ella sacó el paño de su frente con su mano izquierda mientras intentaba liberar la derecha de esa lengua deliciosamente erótica suya.

-  Está bien, Hombre Leopardo. Solo te humedeceré la frente.
- Eso no es lo que quiero que acaricies- él tiró de su cabeza hacia la de él.

Cansada de pelear con él, ella dejó que la besara sólo para darse cuenta de que había sido un serio error. Su mundo entero giró ante el decadente sabor de él. Él hacía algo con su lengua que debería ser ilegal y probablemente lo fuese en algunos estados. Ella había sido besada un montón de veces en su vida, pero nunca igual que esto. Esto era fuerte y poderoso y la dejaba completamente sin aliento.
Él llevó la mano de ella de vuelta a la protuberancia abotagada en sus pantalones vaqueros. Él mantuvo la mano de ella allí mientras se frotaba a sí mismo contra su palma abierta.

Apretando sus dientes, ella solo podía imaginarle haciendo eso en su interior. Sintiéndole duro y profundo, acariciándola hasta ella finalmente tuviese su última satisfacción…

Pero ella había pasado un año sin un tío. Ciertamente podía pasar un poco más.

A regañadientes, ella se libró de su beso.

- Cálmate, Gato con Botas- se apartó ella.

Él realmente lloriqueó cuando apartó su mano. Haciendo pucheros, él tiró de ella otra vez, sólo que en lugar de besarla, acarició con la nariz su cuello. Susan siseó ante el calor de su boca en su piel hasta que algo extraño ocurrió…

Sus ojos comenzaron a llorar y su nariz inmediatamente se congestionó. Cuanto más le acariciaba, peor se ponía hasta que ella estornudó.

- Oh Dios mío,-  dijo ella, incorporándose para frotar sus ojos. – Creo que soy alérgica a ti.

Él se levantó y la acechó a través del colchón.

-  Yo soy adicto a ti.
- ¡Ravyn! – chasqueó ella, deteniéndole. – Hablo en serio. Aunque ahora estaba mejor. Tal vez ella estaba equivocada.
- No eres alérgica a mí,-  dijo él, agarrándola juguetón. Él la volteó encima del colchón y la inmovilizó bajo él.

Susan estaba bien hasta que él sumergió su cabeza de nuevo hacia la de ella para besarla otra vez y su pelo cayó sobre su cara. Ella inmediatamente acabó otra vez congestionada.

Aclarándose la garganta, ella le volteó hasta que él estuviese inmovilizado bajo ella. Él le dedicó una sonrisa abierta tan taimada que solo podía hacerla arder. Él levantó sus caderas, frotándose contra ella otra vez.

-  Deja eso y escúchame. Soy alérgica a ti, - dijo ella severamente.

Al menos a su pelo, lo cual tenía completo sentido según suponía, ya que era el pelo de un gato. Pero la peor parte era que en lo más profundo, ella estaba sumamente desilusionada. Lo que no tenía ningún sentido para ella.

No era como si ella pudiera incluso tener alguna vez una relación con un hombre que era un gato, o esa cosa de un no muerto Dark-Hunter.

- Vamos, Susan,-  dijo él en esa voz profundamente provocativa mientras levantaba sus caderas para frotarse con esa parte de ella que estaba mucho más que interesada en esa parte abotagada de su cuerpo. - Te necesito.

Ahogando al duendecillo malvado que quería que se desnudase y desnudarle a él y saciar los más bajos instintos de ambos, ella negó con la cabeza.

- Lo que tú necesitas es una ducha fría.
- Toma una conmigo y te lavaré la espalda.

¡Él era implacable!

De repente, llamaron a la puerta.

Agradecida para la interrupción, Susan inmediatamente se escabulló de Ravyn, se puso en pié, y enderezó sus ropas arrugadas.

- Adelante.

La puerta se abrió para mostrar a Erika, quién miró de pasada a Ravyn estirado en el colchón.

Ravyn bufó cuando se giró de lado y se encogió en una pose muy gatuna.

            - Hey, gatita. ¿Ha habido algún cambio?- la saludó él

Erika arrugó su nariz cuando pasó delante de Susan a la habitación.

-  ¿Cómo está? ¿Grave?
-  Sí. Mucho - contestó ella, duplicando el tono recortado de Erika.

Eso parecía divertirla bastante.

- ¿Hombre, alguna idea de lo que és?

Susan plegó sus brazos sobre su pecho mientras observaba a Erika acercarse lentamente a Ravyn, quien ahora estaba cantando algo que parecía sonar como una “nana” en un idioma extraño, mientras se descansaba sobre un lado.

- No estoy segura al cien por cien. ¿Por qué?
- Por lo que quiera que sea eso, le han dado una buena dosis. Él no me ha llamado gatita desde que tenía diez años.- Erika le sonrió abiertamente, muy contenta, lo cual habría divertido a Susan si se hubiesen conocido en mejores circunstancias. Pero dada la actitud indiferente de Erika hacia ella y Ravyn, Susan no sentía excesivamente caritativa hacia la chica.
- ¿Hay alguna razón para tu visita? -
-  Solo quería asegurarme de que él estaba bien.- había un pequeño temblor en su voz que hizo que a Susan le diese un vuelco el estómago por ser tan seca con ella. Después de todo, Erika le había conocido toda su vida y con su padre ausente en Hawai, Ravyn era la única familia que ella tenía aquí.
- Él está bien,-  dijo Susan, suavizando su tono. - ¿Tú estás bien?

Ella asintió, pero hay algo en sus ojos que estaban tristes y heridos.

- ¿Es solo que no me gusta que mueran las personas que están cerca de mi, sabes?
- Sí, estar sola es duro.
Erika se metió un mechón de pelo tras de la oreja. Con esa, vacilante acción, ella  pasó de ser la mocosa adolescente a la niña que necesitaba que alguien le dijese que todo iba a salir bien.

- No tienes idea.
- Realmente,-  dijo Susan, acercándose más a ella, -  la tengo. Para cuando tenía tu edad, ya era huérfana y he estado sola desde entonces.
-¿Es duro estar solo?

Susan tragó cuando los viejos recuerdos la hechizaron.

 - Sí, la mayoría de las veces. Permaneces allí sola en la graduación mientras todos tus amigos están rodeados de sus familias. Tienes que estar sola el primer día de universidad sin un  papá y una mamá risueña que bromea contigo mientras buscas tu dormitorio universitario. A menos que alguien sienta lástima por ti, no hay ningún lugar al que ir cuando los dormitorios universitarios se cierran. Pero lo peor son las vacaciones, especialmente Navidad. Te sientas en tu casa, mirando el único regalo bajo el árbol que tu misma te has comprado, y te preguntas lo que sería tener un padre o una madre o simplemente alguien a quién llamar.

Ahora ella ni siquiera tenía a Angie y Jimmy. Angie siempre había sido la única que la había invitado a su casa. Ella siempre se había encargado de llamarla en el Día de la Madre y Pascua para asegurarse que estaba bien. Y ella siempre mentía y decía que estaba bien, incluso aunque interiormente todavía le doliese no tener a nadie.

Ella miró hacia Ravyn. ¿Cuán más duros debían de ser esos momentos cuando sabías que tu familia estaba viva, pero no para ti?

Eso explicaba por qué él era tan comprensivo con Erika. Por muy molesta que ella pudiese ser, era mejor que estar solo. Mejor que ver como el mundo da por hecho cosas por las que tú venderías tu alma para tenerlas.

Ella vio un ligero respeto en los ojos de Erika cuando la chica inclinó la cabeza en señal de mutuo.

-  Lamento lo de tus padres. Yo perdí a mi madre hace unos cuantos años… todavía duele.
-  Lo sé. Lo siento, también.
- Gracias- . Erika miró a Ravyn, luego frunció el ceño. - ¿ necesitas algo? ¿Una jaula o repelente para pulgas?




Sonriendo, Susan hizo una pausa cuando observó a Ravyn mover sus manos como si cantase - Itsy Bitsy Spider[1]-  en ese idioma lírico de él.

- Un antídoto sería agradable
- No sé,-  bromeó Erika. -  Es divertido verlo así. Es como tener a un niño grande o algo parecido

Ravyn se giró sobre su estómago y trató de incorporarse. Susan corrió a su lado para mantenerlo sobre el colchón.
-  Tengo que ir,-  dijo Ravyn, intentando hacerla a un lado.
-  No, no. Tú estás justo dónde tienes que estar.
- No,-  dijo él en un tono lloriqueante que la sorprendió. Ella nunca había pensado que tal sonido pudiese hacer sido hecho por un hombre con una voz tan profunda.- Yo tengo que ir.

¿Por qué estaba siendo tan terco?

-  No, Ravyn. Tienes que quedarte aquí mismo.
- Pero yo no puedo quedarme aquí, realmente tengo que ir.

Erika hizo un extraño ruido de siseo.

-  Susan, creo que lo que él está diciendo es que necesita su caja de arena.

Un sentimiento de temor la consumió. No… ni siquiera su suerte podía ser tan mala.

- Oh, seguramente no.

Él se soltó de ella solo para caer otra vez. Él miró el colchón como si estuviese desconcertado de verlo.

 - Éste no es el cuarto de baño…

¡Oh, disparadme, por favor!

Pero no tenía tanta suerte. Si él realmente tenía que ir, ella no podía dejarle hacerlo allí. Eso era vulgar y repugnante.

-  No puedo creer que tenga que hacer esto.

Erika indicó la puerta con su pulgar.

- ¿Quieres que vaya a pedir ayuda a alguno de esos tipos?

Susan dejó escapar un largo suspiro mientras lo consideraba un segundo.

- No. No dudo de que ellos estuvieran más encantados de hacer esto que lo estoy yo.

No dudaba que lo asesinarían si tuvieran que ayudarle con esto. Teniendo eso presente hasta la parte más profunda de su ser, ella ayudó a Ravyn a ponerse en pie y casi cae con su peso. El hombre estaba tan sólidamente construido que era como levantar un coche.

- ¿Me puedes ayudar a llevarlo al cuarto de baño?
- Claro.

Con ayuda de Erika, Susan fue capaz de llevarle por el pasillo hasta el pequeño cuarto de baño. El espacio era pequeño y apretado. Ella empezó a esperar fuera con Erika pero después cambió de opinión. En su actual estado, Ravyn podía caerse y hacerse daño. Lo último que necesitaban era que él se diese con algo o se golpease en la cabeza.

Ella observó como él jugaba nerviosamente con el cierre del pantalón como un niño de dos años.

- Mi cremallera está rota.

Ella puso los ojos en blanco.

- No, no lo está…

Él le dio una exasperante mirada.

- Sí, lo está.

¿Qué hice yo para merecer esto?
Ella creyó que esto era un retribución divina por algo. No había otra razón para que su día se hubiese vuelto tan cruelmente contra ella. Maldiciendo su destino, ella se adelantó para apartar las manos de él a fin de que ella pudiese desabrochar sus pantalones. Lo cuál consiguió cuando el botón salió volando. No era extraño que no pudiese bajar la cremallera. Desabotonando los botones uno a uno, su cara se incendió cuando se dio cuenta de que él no llevaba nada puesto como ropa interior. No era que ella no lo hubiese visto ya desnudo, pero esto era algo diferente. Más privado. Con una profunda respiración para darse el coraje, ella le ayudó a bajar los pantalones, luego le dio la espalda mientras él se encargaba de sus necesidades.

Éste tiene que ser el momento más extraño de mi vida. Ella nunca había hecho algo así antes y menos para un desconocido. Pero de todas formas, si alguna vez, ella se encontraba en cierta forma en una situación como esta, sólo esperaba que alguien tuviese la misma misericordia con ella y la ayudase. Por lo poco que sabía de Ravyn, ella estaba segura de que se había muerto de vergüenza acerca de estar así de indefenso. A él enorgullecía su propia independencia.

Y dada la manera en que su familia le trataba, era obvio que él había estado solo mucho más que ella.

Cuando terminó, ella le ayudó a vestirse y a lavarse las manos. Susan se detuvo mientras se las enjabonaba. La de él no eran manos consentidas. Eran grandes y callosas, llenas de brutales cicatrices de peleas en contra de solo quién él sabía. Una en particular era ancha y profunda y corrió hasta arriba de su antebrazo. Otra parecía como si algo le hubiese dado un cruel mordisco. Su estómago dio bandazos ante la vista de ellas. Sí, su vida y sus problemas parecían tan insignificantes en contraste.

- Su tacto es tan suave,-  susurró él. – Igual a las alas de una mariposa.

Era estúpido, pero esas palabras tocaron algo dentro de ella. No, no tanto las palabras como la emoción que ella oyó en su voz. El tono que le decía que él no estaba acostumbrado a ningún contacto tan gentil.

- Gracias,-  dijo ella, enjuagándose sus manos, luego se las secó con una toalla.

Colocando su mano húmeda en su barbilla, él tiró de su cabeza hasta que sus miradas se encontraron.

- Eres tan increíblemente hermosa.

Oh, sí, el hombre estaba definitivamente drogado. No es que ella fuese Quasimodo o cualquier cosa, pero Susan no fue estúpida. Ella no era el tipo de mujer en la que los hombres pensaran como hermosa.

-  Si, si. Lo único que quieres es que me acueste contigo.
- No,-  dijo él en una voz más profunda. – Eres hermosa… como un ángel.

 Él presionó su frente en contra de la de ella antes de que él le diese el beso más gentil que jamás había conocido. Algo dentro de ella se derritió como él la rodeó con sus brazos y la sujetó no como un hombre ardiente, sino como alguien que realmente sentía algo por ella. Y eso sacó a la luz un dolor profundo tan grande que la dejaba sin respiración.
Toda su vida, todo lo que ella había querido alguna vez era ser amada. Tener una familia otra vez, y ese beso sólo le  recordó a ella lo que no tenía.

De lo que ella más probablemente nunca tendría. Y el dolor de ese pensamiento hizo que patinase sobre su propio hielo.

- De acuerdo, Ravyn, necesitamos llevarte de vuelta a la cama- . Ella esperó que él discutiera. En lugar de eso, él meramente asintió antes de apartarse de ella, entonces abrió la puerta.
- El gatita,-  dijo él cuando vio a Erika otra vez. - ¿Cuándo creciste tanto?

Ella miró a Susan con extrañeza antes de responder

-  Crecí mientras estabas en el cuarto de baño.
- ¿De veras?

Erika bufó.

- Sabes, ésta es una seria mejora sobre su temperamento normal. Creo que me gusta. Definitivamente necesitamos encontrar lo que es eso y metérselo con la comida.


Cuando Susan trató de guiarle de regreso a su cuarto, Ravyn atrapó el marco de la puerta con su mano y se negó a entrar. Él le miró con una mirada fija y ruda cuando ella intentó empujarle hacia delante.

- Tengo que regresar a casa.
- Sí,- dijo ella lentamente, -  que es ahora este cuarto.
- ¡No! -  Él gruñó en un tono feroz. -  Zatira me necesita. Tengo que ir con ella.

¿Quién era Zatira? Susan intercambió una mirada con Erika, quien se veía igual de perpleja por el nombre como lo estaba ella.

- No, no tienes.

Él la apartó a la fuerza y se dirigió pasillo abajo.

-  Tengo que salvarla. Él dio tres pasos antes de que se congelase.

Él clavó los ojos en el piso como si fuera una pantalla de TV. El increíble dolor retorció su frente como si volviese a vivir alguna clase de pesadilla. Ella nunca había visto una expresión más atormentada.

- No,- gruñó él, golpeando la pared. - ¡Zatira! ¡Mamá! ¡Dios mío, no! No más sangre. No están muertos. ¡No son lo están!

Él pasó ambas manos a través de su pelo antes que se echase a sí mismo contra la pared y deslizase hacia el suelo.

Susan fue a él. Tomando sus manos en las de ella, lo obligó a aflojarlas de su pelo.

- Ravyn, mírame.

Él lo hizo, pero ella podría jurar que él no la veía. Él estaba todavía siendo atormentado por algo de su pasado.

- ¿Zatira?
- Soy Susan.

Él comenzó a apartarse de ella.

-  Tengo que salvarla. No puedo dejar que muera. No puedo.

Susan trató de detenerle sin que la lastimara a ella.

De repente, una sombra cayó sobre ellos. Susan miró hacia arriba, esperando que fuese Erika.

No lo era. Era Dorian o Phoenix.

- Levántate,-  le gruñó a Ravyn. No había una huella de compasión o simpatía en su cara.
- Jódete.-  Ravyn trató de pasar de él gateando, para acabar su hermano agarrándolo por el brazo y poniéndolo en pie.
- No tan brusco – jadeó Susan - No hay necesidad de lastimarle.

Ravyn se apoyó contra la pared mientras clavaba los ojos en su hermano. Su cara estaba enojada y fiera, pero sus ojos hablaban de toneladas de dolor y heridas.       

- ¿Vas a matarme otra vez?

Por una vez, la expresión de su hermano se suavizó.

-  Soy Dorian, Rave. No Phoenix.
- Dori… - La cólera se desvanecieron de la cara de Ravyn y fue reemplazada por una profunda agonía. – No quise decir eso, Dori. No quería. Tienes que creerme. No quise hacerles daño - . Él agarró a su hermano por la camisa y se aferró.- No se suponía que tenía que morir nadie.
Dorian rodeó con su mano la muñeca de Ravyn antes de que él se quitase su agarradera.

-  Lo sé.

Ravyn dejó caer tan fuerte la cabeza de nuevo contra la pared que realmente agrietó la escayola.

- Podemos salvarlos,- dijo él, dando un paso hacia la puerta que llevaba escaleras arriba. – Podemos regresar y arreglarlo.
- ¿De qué está hablando? – preguntó Erika.

Dorian no contestó. En lugar de eso, él le lanzó una seca orden.

- Ve arriba, Erika.

Era obvio por su cara que ella quería discutir, pero por una vez obedeció.

-  Tenemos que ir,-  insistió Ravyn.

Pero no hubo alivio temporal en la expresión severa de su hermano.

- No seas estúpido otra vez- . Él apartó de un empellón a Ravyn.

Susan taladró con la mirada a Dorian cuando Ravyn se tambaleó y casi cayó.

- Tú, pedazo de asno.-  le soltó ella, atrapando a Ravyn contra ella

Ravyn se detuvo cuando sus miradas se encontraron y se mantuvieron. Por primera vez desde que este episodio había empezado, él la vio a ella y no a Zatira. Sus facciones se relajaron. Una pequeña sonrisa gravitó sobre sus labios.

- Pareces un ángel…

Sus ojos se cerraron antes de que perdiese el conocimiento.

Dorian dejó escapar un grave suspiro cuando Ravyn se cayó al suelo. Sin ninguna gentileza, Dorian lo recogió y le llevó de regreso al colchón. Susan quiso protestar su ayuda, pero no había manera de que pudiese mover a Ravyn por sí misma. Condenado fuese su hermano por ser tan frío.

- ¿Cuánto tiempo lleva así? – preguntó Dorian mientras se enderezaba.
- Aproximadamente dos horas.

El Dorian negó con la cabeza cuando volvió a mirar a Ravyn, quien permanecía quieto y en silencio.

            - ¿Necesitas un respiro?

Ella se cruzó de brazos mientras le miraba con cierta sospecha.

- Depende. ¿Vas a golpearle mientras no estoy?

La mirada de su cara decía que la pregunta no le hacía gracia, lo cual estaba bien ya que ella no estaba bromeando.

- No.

Ese hecho la hacía sentirse un poco mejor… pero solo un poco. Ella todavía no confiaba en Dorian. Por lo que había leído en el manual, Dorian era un Were-Hunter Arcadio. Humano en teoría, él era capaz de cambiar a animal. Había otras clases de Were-Hunters que tenían corazones animales. Eran los llamados Katagaria. A diferencia de Ravyn y su familia, eran verdaderamente animales que podían tomar forma humana. Pero desde dónde ella estaba, no veía mucha diferencia desde que la así llamada raza “humana” parecía ser tan fría como cualquier animal que alguna vez se hubiese encontrado en estado salvaje.

No obstante, como periodista, ella había conocido a bastantes humanos que definitivamente clasificaría como animales. Algunos  eran incluso amebas.

Y el periodista en ella tenía algo que era extremadamente curioso.

- ¿Quién era Zatira?

El dolor hizo más oscuros los ojos de Dorian antes de que él contestase.

- Mi hermana.
- ¿Debo suponer que también era la de Ravyn?

Él le dedicó una mirada cortante que decía que sí, pero Dorian no quería admitirlo.

Lo cual implicaba la siguiente pregunta.

- ¿Que le sucedió a ella?

El dolor de sus ojos rezumó por todo él. Se notaba que él sentía su pérdida igual de profundamente que lo hacía Ravyn.

- Ella fue asesinada hace trescientos años.

Susan se sobresaltó ante lo que eso significaba.

- ¿Asesinada por quién?
- Por humanos- . Él expulsó la palabra como si los humanos fuesen la peor cosa en la que podía pensar. Él la miró con más odio del que Susan nunca había visto en su vida.-  Ellos la asesinaron brutalmente a ella… a los niños, y a todo nuestro pueblo.

Susan se cubrió la boca cuando el horror de todo aquello la abrumó abrumado. ¿Pero que había esperado ella entonces? Los Dark Hunter habían nacido de hombres y mujeres que habían sufrido una injusta tragedia y que querían venganza contra los que los habían agraviado. Era el grito desgarrador de sus almas el que convocaba a Artemisa ante ellos, y si aceptaban el pacto, Artemisa los traería de regreso a la vida y les daría veinticuatro horas para llevar a cavo su venganza. Después de eso, se convertían en soldados en su ejército que estaba dedicado a proteger a la raza humana de los Daimons. La naturaleza de su creación garantizaba que todos ellos tuviesen al menos una tragedia importante en su pasado.

- ¿Asumo que sus muertes fueron el hecho de que se convirtiera en un Dark Hunter? – contestó Susan.
- Él quiso vengarse de los humanos que los habían matado.- asintió él.
- ¿E Isabeau? ¿Ella era también de vuestro pueblo?

La mirada de odio en su cara la sacudió.

 -  Ella era la compañera de Ravyn… una despiadada, perra humana. Él le habló a ella sobre a nosotros y ella a su vez se lo dijo a su gente. Ellos fueron los que vinieron por nosotros. Pensaron que éramos siervos del diablo y en su ignorancia, mataron a nuestros miembros más débiles mientras nosotros estábamos fuera protegiéndonos de los Katagaria que habían estado asaltando su pueblo.

Los Katagaria eran la rama animal de su gente que estaba en guerra con los “humanos” Arcadios. Susan se sobresaltó compasivamente cuando el dolor de todo lo ocurrido pasó a través de ella. Qué horrible ironía ser traicionado por las mismas personas a las que tratabas de ayudar. Pero por lo que acababa de decir Dorian, Ravyn sonaba como víctima, también… todo por que había confiado en la persona equivocada. ¿Por qué le odiarían por un error que ninguno de ellos había podido detener?

- ¿Por qué lo habéis desterrado?
-  No lo desterramos, mujer.- bufó Dorian.- Phoenix lo mató tan pronto como encontramos a nuestras familias asesinadas… y el bastardo debía haber permanecido muerto.

Ella estaba horrorizada por sus palabras y por el veneno en su voz.

- ¿Cómo habéis podido hacer tal cosa… a tu propio hermano?
- ¿Cómo no podríamos? – preguntó él como si estuviese perplejo por su pregunta. Él señaló a Ravyn. - Cada vez que le miramos, recordamos que él es el causante de sus muertes. Él es una abominación para nosotros. Y odio que nos veamos forzados a llevar un santuario en la ciudad dónde él está situado. Malditos los destinos por ello.

Oh, eso era estúpido.

- No fue culpa suya.
- Fue todo culpa mía… nunca debía haber confiado en ella.

Sorprendida de que él se hubiese despertado, Susan miró a Ravyn, quien se había girado sobre su espalda. Al principio ella pensó que él estaba todavía delirando, pero su mirada parecía más clara ahora.

Su cara sombría, él se incorporó y trató de alcanzar a su hermano.

- Dori…
- No me toques, Ravyn- . Él frunció sus  labios ante Susan. -  Tan pronto como haya recuperado sus fuerzas, tendrá que salir de aquí antes de que los demás se vuelvan otra vez contra él. ¿A quedado claro?
- Sí,-  dijo ella, regañando su propio labio en respuesta, -  completamente claro. Eres un despiadado bastardo y el resto de vosotros no sois leopardos, Sois cerdos.

La cara de él se endureció.

- Alégrate de ser humana y de que estés ahora mismo en un Santuario. De otra manera te arrancaría la garganta. Él le lanzó una última mirada deslumbrante aborrecedora a Ravyn antes de desvanecerse del cuarto.

Incapaz de creer tal descaro de su parte, Susan se volvió a Ravyn, quien permanecía tumbado completamente quieto. Al principio pensó que se había desmayado otra vez, pero cuando le apartó el pelo de la cara, vio que sus ojos estaban abiertos.

La mirada que le dedicó la chamuscó en el lugar. Había tanta angustia y odio hacia si mismo que le robó el aliento.

-  No quería estar ya más solo. ¿Eso era tan malo?

El corazón de ella se encogió ante esas sinceras palabras. Ella sabía exactamente cómo se sentía él.

- No, Ravyn, eso no es malo.

Él comenzó a temblar incontrolablemente cuando alcanzó la manta.

- Tengo tanto frío.

Susan jaló la manta sobre él, pero sus dientes continuaban castañeando. Ella nunca había visto a nadie tan frío. Imaginándose que él estaba en bastante dolorido por las crudas emociones que las drogas sacaban a fuera, ella se tumbó contra él tratando de calentarlo con el calor de su cuerpo. Pobre hombre. Y ella estúpidamente había pensado que estaba completamente sola en el mundo. Probablemente era mejor no tener familia que tener la mitad de ella muerta y la otra mitad odiándote por causar sus muertes.

Ella no podía imaginar nada peor. Bueno, puede vivir con Erika, lo cual él ya hacía.

Ravyn continuó temblando en sus brazos. Él cubrió las manos de ella con las suyas mientras ella lo sostenía en la ligera iluminación del cuarto.

- ¿Susan?

Ella abrió sus ojos ante su tono apenas perceptible.

- ¿Sí?
- Siento mucho lo de tus amigos. Desearía que no hubiese sucedido.
- Gracias.

Él se quedó repentinamente flojo en sus brazos como si se hubiese desmayado otra vez. Su primera inclinación era apartarse de él, en vez de eso ella posó su cabeza sobre el brazo de él. Cuan extraño que dos desconocidos se encontraran tendidos en un colchón en el sótano de un popular club popular de solteros en el corazón de Pioneer Square. Ambos siendo perseguidos por un crimen que no habían cometido y atrapados en un lugar dónde nadie los quería.

Dios, qué día.

Cerrando sus ojos otra vez, ella dejó escapar un lento y cansado suspiro. Lo que les esperaba por delante era aún más intimidante que cuando había escrito la historia acerca del Senador Kelly y su dudosos gastos sólo para enterarse de que su fuente era completamente falsa. Aún ahora se encogió de miedo ante el recuerdo de ese día cuando su jefe le había lanzado el papel con la historia en él a la cara y la había acusado de hacerlo.
Después había estado bajo el fuego de todos sus compañeros periodistas que escribieron la noticia a raíz de la historia de ella. No había habido bondad o perdón. Nada excepto la hostilidad y el regocijo cuando la derribaron, y todo porque ella, también, había confiado en la persona equivocada.

Y entonces allí habían estado las acciones legales. Calumnia. Líbelo. Difamación. No sólo la había demandado el senador, su periódico también lo había hecho. Había sido el peor momento de su vida.

Hasta este preciso momento. Ahora ni siquiera tenía a Angie para aguantar su mano mientras pasaba por eso. Ningún Jimmy amenazando con matar a las personas que la lastimaban.

Solo dí la palabra Sue, y los arrestaré por violación de intimidad…

Ella estaba completamente sola.

Igual que Ravyn.

Susan parpadeó para contener las lágrimas mientras jugueteaba con el pelo sedoso de él que le hacía picar la piel. Pero no le importaba. Necesitaba sentir su presencia. Éste no era momento para la debilidad. Ella necesitaba su fuerza. Especialmente desde que ella no tenía ni idea de cómo acabaría esto. Cómo volvería otra vez a su vida.

¿Qué se suponía que debía hacer?

Eres periodista, Sue. ¿Qué haría un buen periodista?

Descubrir la verdad. La única manera de recuperar su vida era sacar a la luz a quién quisiera que estuviese detrás de todo esto. Concedido, ella no podía exponer a los vampiros sin convertirse en un hazmerreír, pero Jimmy había hablado de un encubrimiento, y ella confiaba en él. Él no la habría mentido. Nunca. Alguien en su departamento estaba definitivamente trabajando con los Apolitas y los Daimons en silenciar las desapariciones, lo cual eran probablemente todos asesinatos. Ahora que ella sabía que estaba pasando, podría encontrar una prueba y exponer a él o ella… Ellos podrían ser expuestos a un tribunal humano. Entonces los apolitas ya no tendrían más ayuda de los humanos.

No seas estúpida.  Todo esto era ridículo y ella estaba viviendo. ¿Cómo podía convencer a las personas que ni siquiera podían ver eso por si mismos?

Por no mencionar el pequeño hecho de que ir tras un funcionario público quién estaba supuestamente en el asunto, acabaría siendo su deshonra.

-  Soy demasiado vieja para empezar otra vez.

Más que eso, ella estaba demasiado cansada.

Pero incluso cuando pensaba en esto, la hermosa cara de Angie revoloteaba en su mente. Podía ver a Angie y Jimmy el día de la boda, riéndose mientras le decían adiós desde la limusina que les llevaría a su luna de miel. Se suponía que se harían viejos juntos y que la harían a ella una fabulosa tía de todos sus ruidosos chiquillos.

Ellos habían sido su familia.

Esta vez no detuvo las lágrimas que caían de sus ojos. Ellos – la única familia que había tenido – se habían ido y nunca tendría esos niños a los que consentir. Nunca habría otra llamada de Angie quejándose de los constantes partidos de fútbol de Jimmy en televisión en TV. Ningún Jimmy bromeando con Susan acerca de haber arrestado al hombre perfecto para ella.

Ya no más películas nocturnas, no más risas. No más cenas de Navidad…

Se habían ido y esos bastardos los habían matado sin razón.

Una aguda cólera, creció desde lo más profundo de su alma extendiéndose a través de su cuerpo. Ella no podía dejar que las personas responsables de sus muertes se escaparan con eso. Sin mencionar que cada noche que ellos estuviesen ahí fuera, acabarían con los sueños de otras personas. Las vidas de otras personas. Arrebatarían la familia a personas que la amaban.

Tenía que detenerlos. De alguna manera. Ella solo no podía quedarse sentada y ver como alguien perdía a sus seres queridos. No si ella podía detenerlos.

Susan hizo una pasusa en su acalorada perorata mental cuando una idea la golpeó.

- El diario de Jimmy…

Tanto como podía recordad, Jimmy había guardado notas anuales en su diario. Ambas ella y Angie le habían hecho interminables bromas acerca de eso. Esa necesidad incesante de escribirlo todo era lo que lo había hecho tan buen investigador.

Cualquier prueba o pista que él hubiese revelado estaría en su cuaderno de apuntes. Ella lo sabía. No había duda de que él hubiese dejado pistas que ella pudiese seguir.

¿Pero como podía llegar a su casa mientras la policía la estaba buscando? Por no mencionar que ellos debían de haber averiguado eso mismo ya.

No tenía importancia. Ella iba a encontrar la forma de entrar de alguna manera, y conseguiría esas notas costase lo que costase, y acabaría esa investigación. Aún si moría en el intento.


[1] Itsy Bitsy Spider: es una canción infantil popular la cual narra las aventuras de una araña mientras sube y baja una y otra vez por su tela de araña. La canción suele enseñarse a los niños pequeños con una serie de graciosos movimientos. Es el equivalente a la canción de la “Tetera”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario