Geary estaba riéndose con triunfo por su día cuando el agua golpeó contra su cuerpo. Estaba a punto de ir a bucear al océano sin equipo para encontrar la Atlántida , cuando sintió que alguien le tocaba le brazo.
Se giró para encontrar a Arik.
La alegría la atravesó con embriagador entusiasmo e hizo lo que había estado deseando hacer todo el día—lo atrajo hacia sí y lo besó con todas sus fuerzas. El oleaje chocó contra ellos y los salpicó, pero en vez de ser frío, era cálido y suave.
Ella gruñó ante el sabor de su boca sobre la de ella, ante la sensación de sus duros brazos envolviéndola mientras sus lenguas bailaban juntas. Sus definidos músculos se ondulaban bajo sus manos mientras se acercaba tanto a él que ellos eran virtualmente una sola persona.
Oh, se sentía tan bien ser sostenida por él. Tener todos esos músculos presionando contra su cuerpo. Ella enterró sus manos en su pelo, tirando ligeramente él para que pudiese sentirlo incluso más cerca.
“Eres absolutamente el mejor,” jadeó contra sus labios, antes de mordisquearlos con sus dientes. “Gracias por los permisos.”
Él frotó su nariz contra su cuello, enviándole escalofríos. “No hay de qué.”
Ella se separó de él y le quitó literalmente la camiseta de su cuerpo antes de tirarlo al suelo y montarlo ahorcajas.
La playa se extendió de modo que las olas ya no debieran llegar hasta ellos. En vez de eso, el mar se retiró, dejándoles la playa húmeda, la cual no era arenosa. Al contrario, era igual que tumbarse en una cama de pétalos de rosa.
Arik se quedó completamente atónito por su comportamiento cuando lo recorrió a tientas como si se consumiera de hambre por su cuerpo. Esta era la Megeara que había esperado encontrar en el reino humano. Pero había sido tan reservada todo el día que no había tenido la esperanza de que lo recibiese de esta manera otra vez.
Ahora era feroz en su lujuria. Su cabeza fue a la deriva cuando ella enterró los labios contra su cuello y lo lamió hasta que pensó que terminaría muriendo de placer.
La carcajada ascendió desde lo profundo de su garganta. “Esta noche estás realmente alborotada”
Ella se deslizó por su cuerpo mientras continuaba lamiendo y saboreando cada parte de él. “No tienes idea. Me ha estado matando estar todo el día tan cerca de ti y no poder tocar este cuerpo. Dios, eres magnífico y sexy.”
Él tembló mientras ella seguía su camino desde su cuello hasta sus pezones y entonces bajó a su abdomen hasta llegar a la cinturilla de sus vaqueros. Normalmente, Arik los habría disuelto para sacárselos, pero tenía curiosidad de que haría ella de ese humor.
Prácticamente le rasgó los pantalones en un esfuerzo por tenerlo. Arrancó trozos de la tela vaquera y los lanzó por encima de su hombro hasta que él estuvo completamente desnudo. Lo atacó con fervor, y él adoró cada segundo de ello. Si antes ya había sido bueno cuando simplemente sentía las emociones de ella, ahora era incluso mucho mejor ya que tenía las suyas.
Él siseó cuando ella encontró el hueso de sus caderas y pasó su boca sobre él, mientras lo cogía en sus manos y lo acariciaba hasta que estuvo más duro que una piedra. Tembló literalmente por el éxtasis de esto.
Él trazó la línea de su espalda con las manos, arrastrando sus uñas suavemente sobre su piel hasta que los escalofríos estallaron en todo su cuerpo. Necesitando más de ella, hundió su mano para acariciarla a través del suave triángulo de rizos en la unión de sus muslos. Se lamió los labios, listo para probarla, antes de hundir sus dedos en su interior.
Ella estaba mojada y lista. Jugó con ella, tomándose su tiempo hasta que pudiera hundirse en ella completamente.
Geary no podía espera para saborearle. Sus ojos estaban semicerrados, observando el placer sobre su rostro mientras jugaba con su pene y él la acariciaba donde más le dolía. Amaba la sensación de su duro cuerpo contra sus curvas. La manera en que su vello cosquilleaba en su piel.
Pero ya era suficiente de juegos.
Conteniendo su aliento en una dulce expectativa, se movió para capturar la punta de su pene en su boca, donde lo lamió suavemente. El sabor dulce-salado la atravesó mientras se movía más abajo. Le sintió estremecerse bajo ella. Alentada por esa sensación, lo tomó incluso más profundo queriendo probarle y complacerlo por el resto de la noche.
Arik tomó su cara en las manos para mirarla. Él lo adoraba siempre que ella lo hacía. No sabía que había en ese único acto, pero no había nada que lo agradase más. Con sus manos sobre las mejillas de ella, sintió como su mandíbula trabajaba bajo sus dedos mientras ella le consumía. Su cuerpo estaba en llamas, y en un rincón de su mente se preguntaba cuanto mejoraría aquello si ocurría mientras estaba despierto.
¿Sentiría su boca realmente de la misma manera sobre él?
Era extraño pensar en ello, pero era técnicamente virgen. Nunca había tomado a una mujer fuera del mundo de los sueños. Hasta Megeara, nunca se había preocupado realmente por ello.
Pero ahora lo hacía. Quería saber lo que sería compartir realmente su cuerpo con ella. Tenerla tocándolo de esa manera mientras ambos estuvieran despiertos.
Geary levantó la mirada para ver a Arik observándola. Había una mirada de extremo placer y una de asombro en sus ojos. Como desearía poder ver aquella mirada procedente de un hombre en la vida real. Realmente nunca había tenido novio por mucho tiempo. Eso era por lo que mantenía a los hombres a distancia. No quería salir herida. No quería que la decepcionaran.
Era mucho más seguro estar sola, y aún así cuando se acostaba con Arik quería saber lo que sería tener a alguien así con ella. Alguien que fuese una parte de ella.
Alguien en quien confiar.
En menos de un día, el hombre, Arik, le había dado más de lo que nunca nadie le hubiera dado. Le había dado su sueño. Y ahora él estaba aquí en sus sueños, amándola.
Queriendo sentirse incluso más cerca de él, ella se apartó para tenderse bajo su cuerpo.
Arik cerró sus ojos al notar lo bien que se sentía Megeara contra él. Su piel era cálida y suave contra él. La sentía cerca, deleitándose en la sensación de ella pegada a su cuerpo. Ella se inclinó hacia atrás para besarlo antes de deslizarse en él.
Él aspiró bruscamente cuando el placer perforó cada parte de su ser. Ella le hizo el amor furiosamente mientras el oleaje se estrellaba alrededor de ellos. Las olas se alzaban pero no lo bastante para alcanzarle.
No podía centrarse en nada que no fuese la llana sensación de su cuerpo cuando ella lo tomaba entero. Él sostuvo sus caderas, urgiéndola a ir más rápido.
Geary meció sus caderas contra las suyas, buscando la paz y cercanía. El estaba tan profundo en su interior que le dolía. Amaba tener sexo con este hombre, y no podría dejar de preguntarse si el verdadero Arik sería tan tierno como su amante de ensueño.
Podrías descubrirlo.
Sí, pero eso la haría vulnerable y eso era la última cosa que ella quería. Geary Kafieri no deseaba ser herida por nadie. No valía la pena. Especialmente desde que sabía que Arik moriría pronto. Dejarle entrar sería invitar a la agonía dentro de sí misma, y ya había tenido demasiado dolor a su alrededor. Todos lo que amaba morían. Todos.
A excepción de Tory. Eso era por lo que Geary era tan protectora con ella. Dios ayudase a Geary si algo le sucedía a su prima. No sería capaz de vivir y lo sabía.
Pero ahora que sentía a Arik en su interior, quería un futuro que sabía que nunca tendría, y eso le rompía el corazón.
Era mucho mejor para ella estar sola en la vida. No había nada por que luchar.
Al menos le tenía en sus sueños.
Sonriéndole, aceleró sus embates hasta que finalmente sintió el momento de absoluto placer justo antes de que su cuerpo se relajase y la dejase ciega por el éxtasis.
Arik echó su cabeza hacia atrás cuando sintió el cuerpo de ella agarrándole. Elevando sus caderas, se enterró profundamente en su interior antes de que su propio orgasmo lo reclamara y ella se derrumbara encima de él.
Pero esto… esto era lo que había querido. Verdaderamente, no había nada más espectacular en este mundo o cualquier otro que Megeara. La sostuvo apretada contra él mientras su corazón continuaba latiendo acelerado. Nunca había estado más contento.
Ella se inclinó sobre un brazo para contemplarle al tiempo que se recogía un mechón de pelo detrás de la oreja. Él nunca había visto una mujer más hermosa.
Arik ahueco su mejilla en su palma, observándola mientras él se reía de su propio agotamiento. Los ojos de Megeara resplandecieron a la luz de la luna cuando le besó la línea de su mandíbula,
“Ahora si sólo pudiera conseguir que hicieses esto mientras estamos despiertos…”
Ella se rió, lo cual hizo que sus pechos que rozaran contra su pecho. “Nunca. No puedo permitirme ser así estando despierta, Nadie respeta a una mujer de fácil virtud.”
“Oh, te aseguro que eso no es verdad. Yo siempre te respetaría.”
“Sí, claro”. Ella se apartó para sentarse.
Arik no podía respirar al verla sentada sobre sus caderas mientras la luz de la luna creaba sombras sobre su cuerpo desnudo. Él se estiró para trazar el contorno de su pezón mientras ella miraba hacia el océano.
Él observó su cara cuando ella empezó a fruncir el ceño. “¿Qué va mal?”
“El mar…”
El se volvió para mirar y se congeló en el acto. La marea estaba retorciéndose contra la orilla, pero lo que llamó su atención fue el extraño movimiento de esto. Las capas blancas empezaban lentamente a formar caras, y esas caras empezaban a emerger del agua en líquidas formas que se hacían sólidas.
Los Dolophoni.
Hijos de las Furias, los Dolophoni eran esencialmente asesinos de los Dioses. Los que se habían lanzado sobre los Oneroi hacía siglos por mandato de Zeus.
Ahora alguien había desatado a los Dolphoni contra Arik. Lo sabía. No había otra razón para que ellos estuviesen allí. Ellos no eran algo que Megeara pudiese conjurar, y podía sentir en su interior que no provenían de los sueños de ella.
Estaban allí para matarle a él.
“Tienes que irte, Megeara.” Él se deslizó desde debajo de ella.
Geary se congeló en el acto, cuando diez personas emergieron desde las olas, completamente secos. Dos mujeres y ocho hombres. Todos tan altos o incluso más que Arik, dejaron el mar igual que un puñado de perros rabiosos listos para atacar.
Sus cabezas estaban inclinadas hacia abajo cuando se dirigieron directamente a Arik con un paso mortal. No se podía oír ninguna palabra o sonido. Si siquiera el del oleaje. El aire ya no se movía. Era estático y cargado con el conflicto que se avecinaba.
Arik se puso en pie cuando una ajustada armadura de cuero negro apareció sobre su cuerpo y su pelo mágicamente se recogió en una cola de caballo. Unas puntas salieron de sus antebrazos y de su rodilla izquierda.
Uno de los hombres que era al menos unos quince centímetros más alto que Arik, tenía la cabeza rapada con una tatuaje de un fénix sobre uno de los lados de su cara, cuya cola se enroscaba alrededor de su cuello. Llevaba una camiseta negra sin mangas que acentuaba los hinchados músculos de sus brazos, pantalones negros de cuero, y un collar de tachuelas. Sus antebrazos estaban cubiertos con protectores de metal, y llevaba un hacha sobre uno de su hombros.
Otro hombre era cinco centímetros más bajo y delgado y tenía el pelo corto de un verde brillante que llevaba de punta sobre su cabeza y sobre sus ojos. El llevaba un par de oscuras gafas de sol y un objeto negro con clavos plateados saliendo de ambas esquinas. Sus brazos desnudos estaban cubiertos con coloridos tatuajes, y de su oreja izquierda colgaban una fila de nueve aros. Tenía también dos aros más en su labio inferior.
Él siguiente hombre tenía el pelo castaño oscuro muy corto que enmarcaba una cara de perfecta belleza masculina. Sus ojos marrones destellaban rojizos cuando sacó una AK-47 de los pliegues de su largo abrigo de cuero.
El hombre a su lado tenía todo el lado derecho de su torso desnudo. Su largo pelo negro estaba recogido en una cola de caballo mientras su hombro y brazo izquierdo estaba cubierto por una armadura de placa negra. Había cicatrices en sus mejillas, y sus ojos negros se hundían en su cara.
Dos más parecían gemelos. Igualaban en altura a Arik, con el pelo castaño corto, y donde uno tenía tres aros en su oreja derecha el otro los llevaba en la izquierda. A diferencia de los demás, iban vestidos con pantalones y camisas abotonadas abajo, con guardapolvos negros de cuero que flotaban alrededor de sus pies enfundados en botas. Ellos se movían lenta y fácilmente, con una gracia fluida, como si se complementaran el uno al otro. Sus caras estaban perfectamente esculpidas.
Dos pasos detrás de ellos estaba un hombre que era un mínimo de dos metros trece de alto. Su pelo rubio era corto y estaba constituido igual que Terminator, con un comportamiento que haría que el cybor pareciese débil. La cara de este hombre era rugosa y dura, y era obvio que vivía para bañarse en la sangre de los otros.
El último hombre era delgado y nervudo. Llevaba puntas de acero sujetas a sus brazos y sus manos. Llevaba altas botas de motorista con llamas que se elevaban desde los dedos para encontrarse con calaveras en la parte de arriba de estas. Sin camiseta, tenía el cuerpo de un gimnasta.
Todos ellos tenían una expresión que decía que estaban allí para pelear.
Una de las dos mujeres era incluso más alta que Geary, con pelo negro en contraste con unos luminosos ojos verdes. El pelo lo llevaba recogido en una cola de caballo, y lo verde parecían ser serpientes. Estos se deslizaban alrededor de sus hombros, enroscándose sobre su cuello mientras siseaban y chasqueaban.
La otra mujer era más pequeña pero no menos letal. Con buena figura y delgada, era puro músculo y tenía un brillante cabello rojo y facciones agudas.
Geary se peleó con sus ropas, no es que los otros pareciesen darse cuenta siquiera de que ella estaba allí. Su atención estaba solo en Arik.
“¿Quién os envía?” respondió Arik desafiante.
El hombre de la pistola respondió disparando directamente a Arik. Él retrocedió antes de volver a desplazarse a la izquierda y extendiese su mano. Esta funcionó como una pistola y les devolvió las balas. Él “disparó” más balas con su otra mano.
El grupo las esquivó antes que la mujer con pelo rojo lanzase un círculo que explotó sobre Arik. Esto lo golpeó haciéndolo caer de espaldas y envió punzantes lanzas al aire alrededor de ellos.
Arik golpeó la arena con una fuerza tan brutal que le sacudió los huesos. Malditos. Sus sentidos estaban desconcertados, pero había luchado bastante en sueños para saber que estos eran sus dominios. Quizás fuese mortal mientras estaba despierto, pero allí todavía era un dios.
Y ellos estaban jodiendo al peor de los Skotos.
Nadie lo sacaría de su reino.
Gruñendo, se echó hacia atrás y creó un látigo. Él lo lanzó hacia la mujer que lo había atontado y la cogió por la cintura. La cuerda se apretó en ella y la habría cortado por la mitad si hubiese sido cualquier cosa menos un Dolophonos.
Como lo era, solo le hizo un corte profundo y la envió al suelo.
El hombre de pelo verde se detuvo a mirarla mientras se retorcía.
“Eres fuerte,” dijo él, mostrando un par de maliciosos colmillos. “No muchas personas pueden devolverle el tiro a Alera.”
Arik balanceó el látigo otra vez, causando que ellos lo esquivaran. “Primer error. No soy una persona. Soy un dios. Si quieres pelear en este reino, necesitas refuerzos.”
El calvo se lanzó hacia él tan rápido que todo lo que Arik pudo ver fue el rastro de vapor. Este cogió a Arik por la cintura y ambos cayeron al suelo con fuerza. Arik rodó con el, golpeándolo antes de que le golpease para apartarlo. Antes de que Arik pudiese ponerse de pie, la otra mujer lo atacó desde atrás. Él la lazó sobre su cabeza y la golpeó en el pecho. Sin errar un golpe, ella se lazó hacia él con una daga que erró por poco.
La única pega acerca de las armas que los Dolophoni usaban era que estaban hechas por Hefaistos y ese era un dios que sabía como forjar un arma que hiriese.
Más concretamente, el forjaba armas que mataban otro dioses.
Arik le rodeó el cuello con su látigo, pero antes de que pudiera herirla, uno de los hombres lo golpeó desde atrás.
Dejando ir el látigo, Arik giró para enfrentarlo. Pero primero tuvo que esquivar al hombre del hacha. Arik la cogió entre ambas manos y golpeó al gigante.
Él no se movió. Todo lo que hizo fue reírse.
“Ríete de esto, gilipollas,” gruñó Arik, dándole un cabezazo al gigante. Este se tambaleó, liberando el hacha a Arik.
Al instante otro hombre lanzó su artefacto a los pies de Arik, después a su cabeza. Arik lo esquivó, contestándole después con el hacha, la cual esquivó hábilmente el hombre. Él sacó el artefacto y se lo clavó a Arik en las costillas.
Arik sintió el impacto pero no reaccionó de otra manera que no fuese balanceando el hacha. El hombre la esquivó otra vez, pero uno de los gemelos apareció con algún tipo de bloque invisible que hizo el hacha pedazos.
Maldiciendo, Arik apenas rodó apartándose del camino de la oscilación del artefacto. El hombre lo lanzó a los pies de Arik.
Arik saltó, entonces cogió el artefacto con ambas manos. Él se lo arrebató, desestabilizando al hombre antes de que deslizase sus pies bajo él. Tirando del artefacto desde las manos del hombre, Arik hundió uno de sus extremos en el pecho de este.
Gritando, se desintegró sobre la arena.
Uno menos. Quedan nueve.
Arik giró el artefacto alrededor y lo metió bajo su brazo cuando se volvió a enfrentar a los otros, quienes lo trataron con más respeto. Ya no eran tan arrogantes ahora que habían visto a su rival.
Sus caras mostraban su incredulidad al tiempo que parecían estar hablando los unos con los otros mentalmente. Déjalos. Arik no necesitaba oír sus pensamientos para saber que planeaban destrozarlo.
Arik se mantuvo mientras ellos daban vueltas a su alrededor. Lo estaban evaluando y él lo sabía. Distrayéndolo sólo para volver a probar sus reflejos y evaluar sus debilidades.
Él jugó con ellos. Dándoles falsas impresiones. Reacciones falsas. Estaría condenado si fuese tan estúpido. El no había durado tanto en los sueños por permitir que otros fuesen mejores que él.
Uno de los gemelos se acercó a la espalda de Arik. Él giró con el artefacto, agachándose de modo que pudiese golpear los pies del hombre bajo él. Arik se puso en pie para terminar el ataque, pero antes de que pudiera el otro gemelo lo golpeó en la espalda con un puñetazo levantándolo de sus pies y enviarle volando de espaldas en la arena.
Arik balanceó el artefacto al mismo tiempo que se volvía a poner de pie. Esquivó la rodilla del hombre calvo que enviaba hacia él y se apartó de la espada con la que la mujer estaba intentando ensartarlo.
Geary apenas podía pensar mientras observaba la danza mortal de Arik con los otros. Nunca había visto nada igual a esto.
Arik usaba el artefacto para levantarse a si mismo desde el suelo y conducir sus pies hacia el hombre de pelo castaño. Entonces Arik se balanceó para atacar al hombre calvo y los gemelos al mismo tiempo.
Vamos, Arik.
Pero ella no podía dejarle a él solo en esto. Incluso para un sueño, era bastante sangriento, y honestamente, eso no es lo que ella quería en su subconsciente.
Queriendo recuperar el control, Geary se acercó a ellos. “¿Disculpadme?”
Arik se detuvo ante su llamada, lo cual permitió al hombre calvo entregarle un contundente puñetazo en la cara. Él lo esquivó antes de volverse a ella. “Corre, Megeara”.
“¿Correr de qué? Ellos son monstruos de circo, y aunque es medianamente entretenido, me gustaría volver a lo estábamos haciendo antes de que nos interrumpieran.” Ella movió sus manos ante los otros. “Así que tíos, esfumaos.”
Los gemelos se aproximaron a ella lentamente. “Esto no es un juego humana. Escucha al Skotos y vete. Nosotros no estamos atados a las leyes de los Oneroi. Asesinar humanos no es nada para nosotros.”
¿Se suponía que eso tenía que asustarla? Sip. ¿Qué había comido para la cena que se estaba manifestando así?
Oh, sí. Pasteles de cangrejo. Aquellos nunca le sentaban realmente bien. Había comido dos. Quizás eso era por lo que había gemelos. O sólo estaba cansada, lo cual era la explicación más adecuada.
De cualquier manera, estaba cansada de esa parte del sueño.
“Bueno, ¿No estáis todos aterradores en negro? Oooo. ¿De qué estáis disfrazados vosotros dos? ¿Del hombre Diablo y su fiel compañero Chico Malo?” ella dejó escapar un cansado suspiro.”Mirad, esto me está realmente molestando. Quiero volver a mi sueño y eso quiere decir que vosotros tenéis que iros ahora.”
Uno de los gemelos se movió para agarrarla, pero antes de que pudiera, Arik estaba allí. Él la cogió del brazo, apartándola de los otros.
El se detuvo para enviar una ráfaga de fuego hacia ellos mientras se alejaban corriendo. “Tienes que irte, Megeara.”
“No sin ti.”
Arik quería maldecir el hecho de que ella no podía distinguir la realidad de sus sueños. Si ella muriese en ese plano, también moriría en su mundo. Lo mismo que él.
Ella se detuvo y sonrió. “¿Por qué estás jugando con ellos? Sólo congélalos.”
El no entendió lo que ella quería decir hasta que chasqueó sus dedos y encerró a los Dolophoni en bloques de hielo. Él se quedó con la boca abierta cuando esto detuvo a sus mortales perseguidores.
Un humano no podía tener esa habilidad. “¿Cómo has hecho eso?”
“Esto es un sueño, tonto. Siempre he tenido el control de mis sueños. Cuando era niña solía fingir que vía la tele y si no me gustaba el sueño, solamente cambiaba de canal. Así.”
De repente la playa se había ido. Estaban en un prado veraniego sin que hubiese señal de los Dolophoni.
Arik abrió incluso más la boca cuando sintió el penetrante calor del sol y olió el brezo y el trigo. ¿Cómo era eso posible? Los humanos no podían controlar los sueños de esa manera. Si él no la conociera mejor, juraría que ella tenía sangre Oneroi.
Pero no la tenía. Había una esencia y aura que tenían todos los dioses—incluso aquellos que solo tenían un poco de sangre de dios. Megeara no tenía nada de eso. Ella era completamente humana.
Antes de que pudiera preguntarle como había conseguido el control para alejarse de los Dolophoni, ella capturó sus labios. Por un latido todo lo que pudo sentir fue a ella. Con cada parte de él.
Desafortunadamente, tenía más en que centrarse que en lo bien que sabía ella.
“Por favor, Megeara. Me encantaría quedarme contigo, pero no puedo.”
Ella le frunció el ceño. “¿De qué estás hablando?”
El la besó en la frente antes de alejarse. Ella había conseguido alejarles de los Dolophoni, pero ellos estaban todavía allí fuera, buscándole, y no se detendrían hasta que él estuviese muerto. No les importaría a quien se llevasen por el camino. Todo lo que les importaba era completar su misión.
La última cosa que él quería era ver a Megeara herida.
“Estaré pronto contigo”
Y con eso, el salió del sueño de ella.
Arik despertó en la hamaca con el sabor de la sangre en su boca. Le dolía todo el cuerpo hasta el punto de que apenas podía respirar.
¿Qué estaba pasando? Nada de esto debería estar sucediendo.
Él no sabía por que habían enviado a los Dolophoni tras él, pero el por qué no importaba. Todo lo que contaba era el hecho de que no se detendrían hasta que estuviese muerto.
Habían dado con él en el mundo de los sueños.
No tardarían mucho en encontrarle también en el mundo humano.
Conteniendo la respiración, se giró en la hamaca y se cayó al suelo. Gimió cuando el dolor atacó. Intentó levantarse, pero su cuerpo no cooperaría. Sin otra elección, se tendió sobre el suelo, mirando las estrellas que destellaban silenciosamente en la cúpula del cielo.
Y cuando las observaba, una amarga risa estalló en su interior. Cuan absolutamente apropiado.
Su sueño acababa de convertirse en una pesadilla.
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