domingo, 19 de febrero de 2012

DH cap 11

Geary se despertó al amanecer sintiéndose tonificada. Había dormido realmente bien la noche anterior y ahora estaba ansiosa por la excavación. Era hora de poner manos a la obra y prender fuego al mundo.
Tory ya estaba en pie y vestida, sentada en una esquina con una linterna, mientras repasaba las imágenes de su yacimiento. Parecía un misterioso espectro en la oscuridad.
            “¿Que estás haciendo?” preguntó Geary.
            Tory se subió las gafas y le dedicó a Geary una melancólica mirada. “Ojalá pudiese bucear contigo. Sería increíble estar allí abajo y ser la primera en el yacimiento, en tocarlo todo.”
Geary asintió, a sesenta metros de profundidad, era demasiado para que bajara Tory, ella solo era una submarinista aficionada. Por no mencionar que era demasiado peligroso para que lo intentase. Ambos Jason y el padre de Tory habían muerto durante accidentes de submarinismo. Esa era la única herencia de su familia que Geary no tenía intención de legar a nadie.
            “La próxima vez.”
            Tory suspiró. “Sip. Solo mantén la transmisión funcionando para que pueda verlo e imaginarme que estoy también allí.”
            “Sí, mi reina. ¿Queréis alguna cosa más?”
            Tory sonrió abiertamente. “Un millón de dólares y a Brad Pitt”
            Cuando Geary apartó las mantas y dejó la cama se rió ante la respuesta de Tory.
            “Olvidas la paz en el mundo.”
            “Hoy me siento un poco egoísta. Sobredosis hormonal adolescente, creo. O sólo entusiasmo general.”
            Geary puso sus ojos en blanco, mientras se iba a cepillar los dientes. No le llevó mucho tiempo vestirse. Tan ansiosa por comenzar como lo estaba Tory, lo arregló todo rápidamente antes de subir a cubierta. El cielo estaba comenzaba a iluminarse. El rosa se mezclaba con el azul cuando el naranja los rompía en jirones haciendo espirales sobre ella, prometiéndole un buen tiempo para la inmersión y excavación. Cerrando sus ojos, inhaló el salado aroma del mar y sonrió.
            Era un buen día para estar vivo.
            Y agradecida con el hombre que le había dado su sueño, se dirigió a la hamaca para despertarlo.
            Solo que Arik no estaba allí. Estaba tendido sobre la cubierta de espaldas hacia ella. Temiendo que estuviese enfermo, se apresuro en llegar hasta él y se arrodilló a su lado.
            “¿Arik?”
Él le respondió con un ligero gemido cuando lo sacudió. Girando sobre su espalda, abrió sus ojos, y ella vio un ligero hematoma sobre su frente.
            “¿Qué estás haciendo en el suelo?”
            Arik indicó la hamaca cercana a él. “Me caí de la hamaca mientras dormía.”
            “¿De cabeza?”
            “Eso parece. Menos mal que es dura, ¿huh?”
            Ella sonrió ante su humor tan fuera de lugar.
            Arik contuvo la respiración cuando ella retiró suavemente su cabello del rostro para examinar su mejilla y frente. La mirada preocupada de su cara era suficiente para hacer que quisiera hacerse daño otra vez para ver si ella se preocupaba aún más.
            Afortunadamente, no era tan masoquista.
            Aún.
            “Tienes que tener más cuidado.”
            “Lo intentaré”, dijo honestamente. No iba a permitir que los Dolophoni le dieran otra paliza. Mientras estuviera en el barco estaría semiprotegido, ya que no podían causar una conmoción en frente de un grupo de humanos.
            Al menos esa era la mentira que se decía a si mismo. El problema con los Dolophoni era que no tenían realmente reglas que seguir que alguien supiera. Simplemente esperabas que se rigieran por lo que quiera que fuesen sus normas.
            Al final, ellos, eran como los Chthonians, una ley en si mismos. La única diferencia era que los Chthonians no tenían a nadie que sujetase su cuerda. Al menos con los Dolophoni, los Erinyes[1] podían llamarlos. No es que lo hicieran a menudo. Las Furias tenían tendencia a deleitarse con los conflictos, y no había nada que les gustase más que un buen baño de sangre.
            Megeara se reclinó sentándose sobre sus talones para observarle. La luz del amanecer iluminaba su pelo y hacía que brillase. Sus mejillas estaban rosadas, y todo en lo que podía pensar era en las horas que había pasado besando esos labios.
            Y las horas que había pasando haciéndole el amor.
            Ya estaba duro por ella, deseando probarla otra vez. ¿Por qué no podía tomarle en este reino de la manera en que lo hacía en el otro?
            “Eres tan hermosa.”
            Ella le dedicó una dudosa mirada. “Tío, te has golpeado con fuerza en la cabeza, ¿verdad?”
            Él frunció el ceño. “¿Por qué no puedes aceptar un cumplido?”
            “Por que no estoy acostumbrada a ellos. Vengo de una familia que no cree en dar palmaditas a la gente por la espalda. El asunto es, si nadie te oye gritar, es que estás haciendo un buen trabajo.  No nos halagábamos unos a otros por la apariencia. Eso son trivialidades. Es lo que está dentro lo que importa.”
            Su sonrisa se volvió amable y cándida. “Y tú eres incluso más hermosa ahí.”
            Geary simplemente se le quedó mirando. ¿Qué podía decir una mujer ante eso? “Gracias”. Pero eso era extremadamente inadecuado para lo que ella sentía. Todo en Arik la tocaba profundamente y hacía que quisiera quedarse con él.
            “¿Hey, Gear?”
            Ella se volvió ante la llamada de Teddy. “¿Sip?”
            “Tenemos un nudo en la draga. Justina está trabajando en ello ahora mismo. Quería que lo supieras.”
            “Gracias”
            Geary se levantó y sonrió a Arik. “Tenemos mucho que hacer. ¿Te sientes bien para empezar?”
            “Absolutamente. Estoy aquí para ayudar.”
            Y una hora después cuando ellos prepararon el barco y el equipo, él probó que tan ciertas eran sus palabras. Sin importar cuan dura o sucia fuera la tarea, él se prestaba sin protestar.
            Estaban a punto de levar el ancla cuando Solin apareció en los muelles viéndose perfectamente peinado y ligeramente ofendido.
            Sus ojos ardían cuando subió al barco y se dirigió directamente hacia Geary. “¿No iba a abandonarme, verdad, Doctora?”
            Geary no sabía que decir. Honestamente, se había olvidado de él.
            Afortunadamente, Arik apareció en ese momento y distrajo a Solin de su castigo verbal. Solin frunció en ceño con creciente preocupación cuando notó el ligero hematoma sobre la frente de Arik. “¿Qué te ha pasado?”
            “Se cayó de la hamaca esta noche,” explicó Geary. “Y si me disculpáis, quisiera bajar inmediatamente.”
            Arik no habló hasta que estuvo a solas son Solin.
            “¿Hamaca?” Dijo Solin con una burlona sonrisa. “Más bien parece que te hubieses golpeado con algo más duro”
            “Lo hice. Los Dolophoni se aparecieron anoche en mis sueños.”
            Solin se quedó completamente inmóvil. La rabia irradiaba de él con tal ferocidad que realmente chamuscaba a Arik. Uno pensaría que le habían atacado a él. “¿Cuántos?”
            “Diez”
            Solin arqueó una atónita ceja. “¿Y estás vivo? Tengo que decir que estoy sorprendido.”
            “No me dejo caer tan fácilmente”
            “Aparentemente. ¿Cómo hiciste para escapar de ellos?”
            “Retrocedieron después de que asesinara a uno de ellos, entonces—”
            Solin jadeó. “¿Tú qué?” preguntó él con incredulidad.
            “Maté a uno de ellos.”
            Solin lo miró con enorme respeto. “¿Cómo te las arreglaste?”
            “Soy realmente bueno en lo que hago.” No lo dijo con arrogancia, sólo constató un hecho.
            “Ya, ¿Y tienes alguna idea de la tormenta que acabas de desatar sobre ti mismo? A los Dolophoni no le gusta la gente que consigue ser mejor que ellos.”
            “Lo sé y estoy seguro que lucharemos otra vez.”
            Solin negó con la cabeza cuando miró hacia el agua.
            Una esquina de su boca se elevó en una diabólica sonrisa. “Así que, ¿A cual de los bastardos pillaste?”
            Arik no conocía sus nombres, pero tenía el presentimiento de que Solin había tenido más que su justa parte de disputas con ellos para estar tan interesado. “El único con bastón”
            Solin se rió. “Erebos. Oh tío. Ojalá pudiese haberlo visto. Zeus sabe que he estado esperando siglos para meterle este bastón por el culo.” Él señaló el rostro de Arik. “¿Tú también estás dolorido?”
            “Sí.”
            “Asombroso.”
            Y lo era. Nada de esto tenía sentido. No debería haber rastro alguno de su batalla en él. Con excepción de la muerte ocurrida en el reino de los sueños, las cosas no se transferían al plano humano. Eso sólo no sucedía. “Todo lo que puedo suponer es que esto tiene algo que ver con el hecho de que soy un Skoti y no pertenezco a este reino. Quizás es por eso que puedo sentir el dolor del sueño en este mundo.”
            “Quizás”.
            De repente el sonido de un silbido metálico agitó el aire cuando los motores del barco empezaron a moverse. Arik inclinó la cabeza cuando alguien empezó a tocar una melodía Irlandesa. Unos segundos después, oía una bella voz cantando la canción folklórica “Soy un hombre que no encontrarás todos los días.” El resto de la tripulación siguió la canción mientras se alejaban del muelle y se dirigían fuera del puerto.
            Cada uno de ellos estaba junto a los demás, y el verlos así le hizo sentir una calidez.
            Arik sonrió ante la camaradería. “Son increíbles, ¿Verdad?”
            “¿Qué? ¿Los humanos?”
            Él asintió.
            “Pueden serlo, supongo.”
            Arik vio como Solin se mantenía apartado de los otros, y no podía evitar maravillarse respecto a lo que sería tener lo mejor de ambos mundos. El ser capaz de sentir y caminar como humano en este mundo y en el de los sueños. ¿Cómo podía Solin ser tan indolente acerca de esto? Seguramente el había apreciado la belleza de este mundo. “¿Cómo es?”
            “¿Cómo es qué?”
            “Ser humano.”
            Él dejó escapar un molesto bufido. “Básicamente apesta. Te recomiendo encarecidamente que regreses a tu divinidad tan pronto como puedas.”
            Arik no lo entendía. Había tanto encanto allí. Tanto de todo. “Escucha su canción… mira el paisaje. ¿Cómo puedes no amar el estar aquí?”
            Solin hizo una mueca. “Enfermedad. Suciedad. Basura. Crimen. Brutalidad. ¿Cuál prefieres?”
            “En el Olimpo hay brutalidad.”
            “Cierto, pero odio a la humanidad tanto como odio a los dioses. Ambos grupos son unos bastardos egoístas que destruyen todo a su alrededor. Les dieron un mundo perfecto y suficiente para que disfrutaran de él, y prefieren destruirse los unos a los otros. Perdona si no los veo con amor en mis ojos sino más bien con desprecio en mi corazón.
            Arik inclinó la cabeza ante el acalorado rencor que sangraba por cada parte de Solin. “Aún así me estás ayudando. ¿Por qué?”
            Con sus facciones sin emoción, Solin se encogió de hombros despreocupadamente. “No tengo nada mejor que hacer. La eternidad es aburrida. Solo estoy esperando que cuando hagas saltar el sello de la Atlántida, haya una explosión gigante que añada algo de humor e interés a mi vida. Si tenemos realmente suerte, Apollymi saldrá y nos entretendrá con una masiva demostración de fuegos artificiales. ¡Demonios! si ella hace la mitad de lo que hizo la última vez, habrá danzas del vientre[2] en abundancia para todos aquellos de nosotros que odiamos a los Olímpicos y a la humanidad.”
            Arik no entendía como alguien podía llegar a aburrirse con las sensaciones de la existencia humana. Nunca pensó en que alguien pudiese odiarlo hasta tal punto. Pero Solin había estado allí durante siglos. Quizás, considerando el tiempo, él también se habría cansado.
            Cuando la canción acabó, la tripulación continuó con “Revolución 1” de los Beatles.
            “¿Hey, Arik?”
            Él se volvió para ver a Tory corriendo hacia él con una pequeña bolsa de papel de aluminio. “Frosted Pop-Tarts[3]. Réhuyelas. Confía en mí.” Entonces ella se fue otra vez dando saltos.
            Sonriendo, él se dio cuenta de que debía ser más comida. Ella parecía dispuesta a corromperlo.
            Solin vagó por ahí mientras Arik rompía el paquete y se daba cuenta de que Tory tenía un gusto excelente. Esas cosas eran deliciosas. Mientras los Beatles se mezclaban con los Bee Gees, el barco ganó velocidad como si corriera hacia el punto donde hacía once mil años una muy cabreada diosa había destruido a su propia familia y envió un continente entero al fondo del mar.
            La leyenda popular decía que había sido Apolo quien había destruido la Atlántida porque su reina había ordenado la muerte de su hijo y su amante. Esto había sido una buena propaganda para el Panteón Griego, que querían que se pensara en ellos como el más amenazador. Pero la verdad era muy diferente.
            Ellos eran neófitos comparados con los Atlantes. Su poder no era nada.
            Apollymi, la Destructora, había barrido la tierra entera hasta que nada quedara en pie, hasta que ella no fue aprisionada en medio de su sangriento estallido por un truco del destino. Ahora ella estaba atrapada en su mundo subterráneo, Kalosis, observando, esperando a alguien que la libere.
            Incluso aunque Arik carecía de sus poderes de dios, podía oír la diosa Atlante clamando por su liberación. Ella era igual que un faro, atrayendo a la gente hacia ella. Probablemente por eso eran tantos los que buscaban la Atlántida.
            Los otros dioses eran la causa de que las búsquedas fallasen. Ninguno quería que Apollymi fuese liberada.
            Él levantó la mirada para encontrarse con la de Kat desde donde ella estaba en la proa.  Ambos estaban de acuerdo sobre esto, siempre que Megerara no perturbara el sello, ¿Qué daño habría en que investigara alrededor de las ruinas? Encontraría algunos fragmentos de cerámica y quizás algunas joyas. Nada que interfiriese con la prisión de Apollymi.
            Estarían a salvo.
            Al menos esa era la mentira que quería creer.


Solin se congeló cuando se movió por la cubierta y vio a la excepcionalmente alta mujer apoyada en el pasamano. Ágil y graciosa, era completamente asombrosa. Pero más grande que su belleza era el poder que emanaba de ella. Era un aura que él conocía bien. Era una Olímpica.
            Y no había nada que él odiase más que los Olímpicos.
            Él se aproximó a ella cautelosamente, evaluándola y preguntándose cuanto poder poseería. “Tienes la presencia de un dios, pero no te conozco.”
            Sus ojos verdes se entrecerraron sobre él, y supo que estaba sintiendo sus poderes para medirlo al igual que había hecho él con ella. “Soy una sierva de Artemisa.”
            Él se rió ante esas palabras. ¿ una sierva? Tienes mucho más poder que eso y ambos lo sabemos.”
            “Y tú tienes mucho jugo para un semidiós. Hace que me pregunte si tú mismo no habrás hecho un pacto con alguien.”
            Solin le dedicó una arrogante sonrisa de satisfacción mientras echaba un vistazo para asegurarse que los humanos no podían oírlos. “Me gusta dejar a la gente preguntándose sobre mí”.
            “Apostaría que sí. Así que ¿Qué te trae por aquí? ¿No es insólito que dos Dream-Hunters trabajen juntos?”
            “No realmente. Hay muchos Skoti por ahí fuera que han hecho un hábito el trabajar juntos.” Él la miró de arriba abajo, recorriendo su delicioso cuerpo. Ella era material de primera calidad para los de su tipo que jugaban en sueños. “Me sorprende que no hayas sido visitada.”
            “Oh, yo no. Artemisa hizo de la última persona que se atrevió a intentar a ligar conmigo alimento para jabalí. Cuando esto sucede en mis sueños, ella es incluso peor. Solo los más suicidas se atreverían.”
            “Oooh.” Él contuvo la respiración ante su advertencia, la cual realmente hizo que sonriera con anticipación. También hizo que se endureciera instantáneamente. “Tú haces todo eso de lo más tentador”
            Ella le devolvió la sonrisa, solo que la suya era engañosa, con una indirecta de maldad y desafío. “Y tú todavía no has respondido a la pregunta del día. ¿Por qué estás aquí, Skotos?”
            Él se encogió de hombros con indiferencia. “Originalmente, iba a fastidiar un poco a Arik. Pero ahora me lo estoy replanteando. Quiero decir, francamente, toda esta situación no sería ni de lejos interesante, pero contigo aquí eso quiere decir que Artemisa está extremadamente interesada. Y cualquier cosa en la que ella esté interesada lo estoy yo también, lo cual quiere decir que las cosas por aquí se van a poner realmente interesantes. ¿No te parece?”
            “No realmente. ¿Por qué no te ahorras el dolor de cabeza y te pierdes?”
            “Oh veamos, esa no es la manera de hacer que me vaya.  Me estás haciendo a un lado. ¿Por qué?”
            “Te encuentro irritante.”
            Él se rió ante eso. “No he empezado a irritarte todavía. ¿Te imaginas lo que podría hacer si me aplicara?”
            Sus ojos se estrecharon peligrosamente. “Puedo imaginármelo. También puedo imaginarme rajándote la garganta y atando mis zapatos con tu laringe.”
            “De veras, kori, tienes que detenerte. Me estás encendiendo de veras.”
            Ella elevó su cara a la de él. “Eres un enfermo bastardo, ¿verdad?”
            “¿No es esa la mejor definición de un Skotos?”
            Ella se distanció de él antes de echar una ojeada alrededor del barco para asegurarse que nadie los estaba escuchando. Su mirada se detuvo sobre Arik. “Como puedes ver, ya tenemos uno de vosotros abordo. No necesitamos otro.”
            “Eso es lo que piensa todo el mundo, pero nosotros somos una oferta especial. Dos Skoti por uno, así que aquí estoy yo en toda mi gloria para meterme bajo tu piel o tu falda. No tengo preferencia.”
            “Sí, pero hay una ley que dice que puedes devolver mercancía defectuosa. Y no puedo pensar en algo más defectuoso que tú.”
            “Yo puedo. Una inmortal que posee los poderes de un dios y que se hace pasar a si misma por una sierva y espera que el resto de nosotros no nos demos cuenta. Definitivamente defectuoso, ¿No crees?”
            “Creo que no es asunto tuyo.”
            “Hmm…” Realmente estaba empezando a intrigarse por ella, y eso era realmente inusual en él.
            Ella inclinó su cabeza y lo miró. “¿Por qué odias a Arik de todas formas?”
            La pregunta fue inesperada y lo sorprendió. “¿Disculpa?”
            “Tengo los poderes de un dios, ¿recuerdas? Puedo sentir tus emociones y ellas están bordeadas de malicia. ¿Por qué lo odias?”
            Él le sonrió con satisfacción. “Si sabes eso, entonces deberías saber la respuesta.”
            “Sólo puedo sentir las emociones, no puedo rastrear sus raíces. Y tú te estás comiendo vivo por lo que o noto, lo cual trae también la pregunta de cómo un Skotos tiene emociones tan fuertes.”
            Solin se encogió de hombros. “Solo soy un bastardo, ¿recuerdas? Nosotros somos inmunes a la maldición.”
            “Ah,” dijo ella como si finalmente lo entendiese.
            Él estaba intrigado por su tono. “¿Qué?”
            “Me equivoqué. No es odio. Es envidia.”
            Él se rió ante la idea. ¿Él celoso de un Skotos? Por-fa-vor. “No sabes lo que estás diciendo.”
            Podía decir por el tono de ella que le divertía su negación. “Sí, lo sé. El aroma de ésta está sobre ti. Estás rodeada de ella. La envidia te corroe igual que un gusano dentro de una manzana jugosa.” Ella chasqueó la lengua. “Sip, no hay suficiente desodorante en el mundo para enmascarar el hedor.”
            Estaba siendo ridícula y él se estaba cansando de lidiar con ella.
            “Esta discusión se ha terminado.” Él empezó a alejarse de ella.
            “Espera.”
            Él se detuvo para volver a mirarla. “¿Sí?”
            “Ya se lo dije a Arik y ahora te lo digo a ti, no le permitiré que él, Geary, o cualquier otro descubra la Atlántida. Jamás.”
            Él se mofó de su preocupación. “Como si me importase una mierda la Atlántida. Tengo intereses mucho más egoístas en el fondo.
            “¿Y cuales serían esos?”
            “Como tan elocuentemente expusiste, no es asunto tuyo. Buen día, Diosa. Y buena suerte.”

            Arik hizo una pausa cuando se acercaban a su destino. La voz de Apollymi se hacía más alta a medida que el barco se movía. Estaban a sólo unos pocos metros del lugar en el que había estado una vez el puerto principal de la Atlántida. Si Arik cerraba sus ojos, todavía podía verlo en su mente.
            Había sido un puerto bullicioso, lleno de comerciantes, piratas y pescadores. Prostitutas, marineros, y oficiales que imponían orden en los muelles que siempre estaban atestados. El olor de pescado, especies y perfumes había estado tan presente allí como en el capitolio[4] de la ciudad que había brillado sobre la montaña tras unos muros de piedra.
            Sumamente avanzados, los Atlantes habían sido una raza pacífica quienes sólo deseaban ayudar a los demás. Pero Zeus y Apolo se habían negado a dejarles vivir de esa manera. Lo dioses Griegos habían hecho la Guerra contra el Panteón Atlante por manipular a su gente.
Al final, habían sido esas personas las que más habían sufrido.
            Haciendo a un lado ese pensamiento, Arik echó una mirada al barco que estaba atestado con personas que querían aprender las verdades que él ya sabía. La humanidad estaba mejor con la Atlántida en el fondo del mar.
            La tripulación corría de un lado para otro cuando llegaron al lugar de su excavación. Arik cruzó la cubierta hacia Solin, el cual estaba de pie al lado de la bomba. “Necesito un favor”.
            “¿No he hecho bastante por ti?”
            Arik bufó. “Considerando lo que me hiciste, no. O más exactamente, infiernos no.”
            “Discreparía de eso, pero la curiosidad me tiene por la garganta. ¿Qué es lo que quieres ahora?”
            “Conocimiento.” Dijo Arik simplemente.
            “¿De qué?”
            “Submarinismo”
            Solin entrecerró los ojos especulativamente. “¿Por qué?”
            Arik le dedicó una seca mirada. “¿Por qué crees? Quiero asegurarme que ellos no se adentran en el área equivocada y molestan a cierta diosa. No puedo hacer eso a sesenta metros por encima de ella, ¿no?”
            Solin parecía todavía menos que convencido. “Megeara no te dejará ir.”
            “¿Si sé lo que estoy haciendo, como puede detenerme?”
            Solin sonrió. “Tienes mucho que aprender acerca de las mujeres.” El entrecerró sus ojos antes de poner sus manos sobre la cabeza de Arik.
            Arik sintió un aguijoneante dolor un momento antes de que tuviese todo el conocimiento que necesitaba para bucear como un profesional. Lamentablemente, también sangraba por la nariz. “¿Qué diablos?”
            Solin lo miró burlonamente. “Eres humano y solo he renovado la instalación de tu cerebro. No es agradable. Como dioses, podemos aceptar esas cosas. Como un humano…” Sacó un pañuelo y se lo dio a Arik.
            Fantástico. Sencillamente fantástico. Arik se limpió la sangre antes de ir hacia Megeara, quien estaba comprobando las gomas del aire comprimido. “¿Dónde está mi traje?”
            Geary realmente  jadeó ante la inesperada pregunta. “¿Disculpa?”
            Él indicó los trajes de neopreno que estaban tras de ella. “Tengo la intención de ir contigo.”
            Ella boqueó durante algunos segundos antes de que el sonido saliera realmente. “Uh…no. Esto no es un juego, Arik”.
            “Y yo no estoy jugando. Pretendo ir contigo y ayudar. Confía en mí. Sé lo que estoy haciendo.”
            Geary estaba escéptica. La última cosa que necesitaba era un aficionado abordo.
            “No está mintiendo,” dijo Solin cuando se unió a ello. “Puedo asegurártelo, él es en parte pez. Jacques Cousteau no es nadie a su lado. Ni siquiera Aquaman.”
            Aún así, ella no estaba segura cuando frunció el ceño ante Solin. “¿Sabes lo peligroso que es esto?”
            “No lo enviaría ahí abajo si no creyese por completo que volverá a salir para fastidiarme.”
            Solin tenía un humor tan seco, que podría alquilarlo como deshumificador.
            Geary vaciló. No quería a nadie de su equipo herido.
            Ni siquiera Arik. “Si puedes nadar igual que un pez, ¿Cómo es que te estabas ahogando cuando te encontramos?”
            Arik se tensó. Había olvidado el pequeño detalle de su encuentro. Afortunadamente fue rápido con su respuesta. “Había estado nadando durante tanto tiempo que para cuando me encontraste estaba cansado. Normalmente, no tengo ningún problema. Ese día solo tuve suerte… en más de una manera.”
            Su escepticismo no había desaparecido.
            Kat se acercó a ella. “¿Qué está pasando?”
            “Arik quiere bucear con nosotros. Y yo no estoy segura.”
            Kat y Arik intercambiaron una mirad que era hostil y respetuosa. “¿Sabes lo que estás haciendo?” preguntó Kat.
            “Sí.”
            “Entonces déjale ir con nosotros. ¿Qué es lo pero que puede suceder?”
            Geary bufó ante la indiferencia de Kat. “Morir.”
            Kat se encogió de hombros. “Puedes morir cruzando la calle, y no hay demasiados coches a sesenta metros de profundidad.”
            Ella tenía razón
            Kat arrugó su nariz ante Geary. “Déjale ir. Yo lo vigilaré. Créeme.”
            Kat era la única persona que Geary sabía era una nadadora fuerte, incluso más que ella. Si Kat decía que estaba bien, entonces lo estaría. Geary volvió a mirar a Arik. “De acuerdo. Puedes vestirte.”
            Geary observó a Arik de cerca para asegurarse de que no estaba mintiendo acerca de su experiencia mientras se preparaba para la inmersión. Tenía que darle crédito. Manejaba el equipo como si hubiese nacido para ello y sabía como ponerse el traje. No había vacilación en sus movimientos.
            Pero eso la confundía. “¿Dime como alguien que ha crecido en las montañas ha estado buceando? “
Arik se congeló ante la pregunta mientras intentaba pensar en una historia plausible. “Te lo dije, he estado buscando la Atlántida. Es difícil hacerlo en la superficie. He pasado mucho tiempo en barcos de investigación en el Egeo.
            “Hmm… sabes hay algo acerca de ti que no tiene sentido. Pero no puedo imaginarme que es.”
            Él le ofreció una sonrisa tranquilizadora. “Todo lo que necesitas saber es que estoy aquí para ayudarte.”
            Sus palabras en lugar de acercarla, la alejaron de él, retrocediendo un paso lo miró con suspicacia. “Claro”.
            Arik quería maldecir con frustración, pero no tenía tiempo.  Ellos estaban listos para bajar. Serían cuatro los que bajasen. Geary, Kat, él y Scott.
            Geary los condujo a la plataforma que los bajaría con una draga al agua. Ninguno habló hasta después de haberse sumergido. Arik podía oír su propia respiración mientras los seguía hacia abajo, lejos de la luz de la superficie.
            Esto era turbio y oscuro. Pero era la presión del agua contra su cuerpo la parte más extraña de todo. Y cuanto más profundo, peor se volvía. Era casi opresivo, y una parte de él estaba aterrorizado. Pero eso era ridículo. Sólo era agua, estaba con personas que sabían lo que estaban haciendo.
            Geary se detuvo en la primera estación de inmersión dejando que su cuerpo se ajustara a la presión y a la profundidad. “¿Cómo os va a todos?”
            Scott sonrió. “Fantástico, jefa.”
            Kat asintió. Ella miró a Arik.
            Él asintió con la cabeza. “Bien”
            Pero algo le decía que no era verdad. Era una sensación que tenía, y no sabía por qué. “¿Estás seguro?”
            “Sip. Acabo de tener una visión de lo que sucedería si alguien nos arrancara nuestros cascos a sesenta metros de profundidad.”
            Geary levantó la cara en un gesto de aversión.
            “Ew” respondió Kat.
            Geary estuvo de acuerdo. Esas eran el tipo de cosas en las que nadie quería pensar.
            Scott se aclaró la garganta. “¿Es demasiado tarde para que regrese?” No estoy seguro de querer bajar allí con Freddy Kruegar teniendo ese tipo de visiones. ¿Qué le impide hacer el experimento?”
            Geary negó con la cabeza. “Arik solo estaba bromeando. ¿No es cierto?”
            “Absolutamente. Pero—”
            “Nada de peros,” dijeron los tres al unísono.
            Geary palmeó a Arik sobre el hombro. “Tengamos solo pensamientos felices, ¿vale?”
            “Sabes,” se oyó la voz de Tory por los altavoces de sus cascos. “Ahora que Arik lo menciona. A sesenta metros, dada la presión sobre el cuerpo humano—”
            “¡Tory!” ladró Geary.“ Por favor no me des puntos o estadísticas ahora mismo, ¿vale?”
            “Aguafiestas.”
            Ignorando el puchero en el tono de voz de Tory, Geary comenzó a descender a la próxima estación. Había establecido cuatro paradas para ayudarlos a adaptarse. Pero honestamente, ella quería ser capaz de bucear directamente al sitio.
            Si sólo pudiese.
            Les llevó un poco más de tiempo llegar al área y después asegurarse en ella. Tuvieron que ser cuidadosos al anclar la red para no dañar accidentalmente algo que quizás estuviese oculto bajo las algas y el sedimento.
            El padre de Geary le había insistido hasta la saciedad que la mayoría de los legados históricos de Troya se habían perdido debido al fervor de Heinrich Schliemann por encontrarlos. Él había dañado más de lo que había salvado.
            Ella no quería cometer el mismo error.
            Una vez fue datada y fotografiada, se reagruparían.
            “¿Cómo lo estáis llevando?”
            Cada uno levantó los pulgares.[5]
            “¿Todo el mundo ha comprobado el aire de reserva?” Ella hizo una doble comprobación.
            Scott asintió. “Va bien, jefa.”
            “Estoy bien” intervino Kat.
            Arik sonrió abiertamente a Geary. “Vamos a cavar.”
            Algo cálido la atravesó ante su impaciencia. Él parecía reflejar realmente su entusiasmo. Geary se dirigió a la primera sección que quería explorar. Ellos limpiaron el área cuidadosamente hasta que pudieron encontrar lo que parecía ser una pared incrustada.
            Su mano realmente tembló cuando la tocó. Sólo deseaba no llevar guantes, de modo que pudiese sentirlo al tacto. “Esto no es un objeto natural,” dijo ella, buscando la verificación de Scott.
            “No. Es demasiado preciso.”
            Geary le sacó una foto mientras Scott tomaba una muestra del sedimento.
            “Te veo…”
            Ella se quedó congelada ante el sonido de baja, seductora voz femenina en su cabeza.
            “Estás tan cerca, pequeña rosa. Jugando con la pared. Pero eso no es lo que tú quieres, ¿Verdad?”
            Geary miró a los otros, pero ellos no parecían oír la voz. ¿Quién eres? Preguntó en su cabeza.
            “Soy lo que estás buscando, Megeara. Yo soy la Atlántida. Acércate a mí, niña. Un metro por encima. Excava bajo los sedimentos. Hay una caja esperándote…”
            Era una locura, incluso, considerar la idea de obedecer la voz… ¿Qué podría saber ésta?
            E incluso, aunque se decía a si misma que la ignorase, se encontró haciendo lo que la mujer había dicho.
            “¿Geary?”
            Ella ignoró la voz de Kat mientras excavaba en los sedimentos. Estos la rodearon como una brumosa niebla. Aunque excavó más hondo, no encontró nada.
            Estoy loca.
            “¡Geary!” la voz de Tory irrumpió a través del comunicador. “Deja de moverte.”
            Ella se quedó quieta.
            “Mueve la cámara unos centímetros a la derecha.”
            Geary hizo como le ordenó. “¿Por qué?”
            Antes de que Tory pudiese responder, Geary vio lo que su prima había visto sobre el sedimento. Era la esquina de lo que parecía ser una caja.
            No…
            Geary contuvo la respiración mientras tiraba de ella con suavidad hasta liberarla. Estaba recubierta con sedimentos marinos. Pero eso no era lo que más la fascinó.
            La caja era antigua, con un claro diseño de leones tirando de un carro en el que un alto dios sostenía un bastón, dirigiéndolos. Esto, al igual que su colgante, tenía una extraña e indescifrable escritura.
            Con manos temblorosas, levantó cuidadosamente la tapa para ver que contenía la caja.
            “¿Qué es?” preguntó Tory, su voz bordeada con anticipación. “No puedo verlo, Geary. ¿Qué hay dentro?”
            Geary dejó escapar un suspiro de frustración cuando se dio cuenta de que la caja estaba vacía. Nada, Tory. Pero la caja es antigua.
            Ella se la tendió a Scott de modo que él pudiera preservarla para examinarla después.
            Esperando encontrar algo incluso mejor, Geary se había inclinado para continuar su búsqueda cuando oyó algo que sonaba como si Tory hubiese dejado caer algo. Había murmullo de voces de fondo como si alguien estuviese discutiendo, pero Geary no podía imaginarse que estaba pasando.
            “¿Estáis bien, tíos?”
            No hubo respuesta.
            “¿Tory? ¿Christof?”
            Dos segundos después algo explotó con estruendo en sus oídos. Esto fue seguido por nada más que estática.


[1] En la mitología griega, las Erinias o Furias eran demonios femeninos de la justicia y la venganza, personificaciones de un concepto de castigo muy antiguo.
[2] La expresión origina es “belly rolls”, algo así como mover el vientre o estómago, movimientos que se realizan en algunas comedias americanas para indicar festejo, el clásico “¡yes!”.
[3] Frosted Pop-Tart: Son dos finas galletas a modo de sándwich rellenas de helado, en el caso de las “Frosted”, o de caramelo, mermelada, chocolate, etc. en las otras variedades. Son el nuevo invento de la compañía Kellogs.
[4] Edificio majestuoso y elevado.
[5] En Submarinismo se suelen guiar por señas hechas por las manos. El levantar el pulgar es la señal para decir “OK”.

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