domingo, 19 de febrero de 2012

DH cap 9

M´Ordant caminó lentamente a través del hall que llevaba al Onethalamos… solo en caso de que alguien estuviese vigilando. Era en el Onethalamos que los tres líderes de los Dream-Hunters, M´Ordant, D´Alerian y M´Adoc, se reunían para hacer política, mantener la paz, y…
Dictar sentencias de muerte.
Protectores de los otros dioses y celosos guardianes, esta sala contenía todos los secretos que los tres matarían y, más importante, habían matado para mantener.
Uno de ellos era el hecho de que los tres ya no estaban sujetos a la maldición de Zeus. Sus sentimientos habían regresado, y con cada año que pasaba esas emociones crecían con fuerza, al igual que la necesidad de esos Dream-Hunters de protegerlos. Pues fuera de las puertas del Onethalamos nadie debería saberlo siquiera.
En el interior de la sala, sin embargo, no hacía falta.
Al momento en que M´Ordant atravesó las enormes puertas de oro, las cerró de golpe con sus pensamientos.
M´Adoc levantó la mirada de su libro arqueando una ceja. “Cuidado, adelphos[1]. La última cosa que queremos es que alguien descubra que tienes temperamento.”
“Si, y en unos tres segundos lo harías tú.”
Poniendo el libro a un lado, M´Adoc se reclinó en su mullida silla para mirar a M´Ordant con suspicacia. “¿Qué quieres decir?”
“Tenemos un renegado.”
M´Adoc se rió. “¿Y qué hay de diferente?”
“Oh, dame un segundo sobre esto,” dijo M´Ordant, acercándose a la silla de M´Adoc. “No estamos hablando de que uno de los nuestros se haya vuelto Skoti. Eso sería demasiado simple. No. Uno de nuestros Skoti sólo se ha convertido en humano.”
El shock tardó varios segundos en penetrar completamente en la mente de M´Adoc. “¿Perdona?”
M´Ordant dejó escapar un ahogado suspiro antes de explicarse. “Arikos ha hecho un trato con Hades. Él quería ser humano durante un par de semanas. El precio. Un alma humana.
El color desapareció de la cara de M´Adoc un instante antes de que la rabia oscureciese sus mejillas. “¿Qué está haciendo?”
“Joder las cosas para el resto de nosotros.” M´Ordant golpeó con su puño sobre la mesa. “Lo juro, Zeus es testigo, que voy a rasgarle miembro a miembro. ¿Cómo ha podido ser tan jodídamente estúpido?”
M´Adoc sacudió la cabeza. “Basta de vulgaridades. Sé que adoras la palabra, pero omítela.” Él gruñó, hacienda saber a M´Ordant que él estaba igualmente dispuesto a romper huevos, cabezas y huesos en esto como lo estaba M´Ordant. “Zeus y los otros se preguntarán cómo pudo Arik haber desarrollado un deseo tan fuerte que lo llevase a pactar con Hades para  conseguirlo.”
“Sí, y se desatará el infierno si vienen a llamar a nuestras puertas. Si descubren que la maldición se está debilitando…” él no acabó la frase. No tenía que hacerlo. Al contrario que Arikos, él, M´Adoc y D´Alerian habían sido los primero que habían encerrado a la orden de Zeus y castigados por la habilidad que tenían los Oneroi de manipular los sueños para su propio beneficio.
Desde ese día, los tres, quienes habían sido inocentes del crimen, se les había utilizado como un ejemplo para los otros, todavía podían sentir el dolor y la humillación de la tortura. Cuando se trataba de un castigo ejemplar, nadie podía igualar a los dioses griegos en lo que se refería a la venganza. Eso era lo que mantenía a los tres levantados por la noche, vigilando a los Skoti para asegurarse que ellos no violaban las leyes que Zeus había decretado para ellos. Los tres harían cualquier cosa por no volver a vivir el despiadado infierno por el que habían pasado—y serían a ellos tres, a quienes los dioses castigarían si descubrían los secretos que M´Ordant, M´Adoc y D´Alerian cargaban.
Ninguno les mostraría piedad, y ellos lo sabían.
“¿Lo sabe alguien más?” preguntó M´Adoc.
“Sólo Hades y nosotros”
“¿Cómo lo has descubierto?”
Enderezándose, M´Ordant mantuvo sus brazos cruzados sobre su pecho. “Hice mi trabajo manteniendo un ojo sobre Hades e Hipnos.” Esos dos habían sido los dioses más malevolentes, quienes habían conseguido que el resto los maldijese. “Cuando duermen, yo estoy allí cada minuto. Sólo no dejo que sepan que les estoy espiando. “
“Bueno hombre. Tenemos que contener esto. Haz salir a los Dolophoni. Necesitamos que ese bastardo muera, entonces si Zeus lo descubre podemos decirle que Arikos era la única aberración de la que nos hicimos cargo.”
“¿Crees que se comprará eso?”
“Si no lo hace, tendremos que hallar alguna manera de vendérselo. “ Los ojos azul fluorescentes de M´Adoc brillaron con malicia. “No sé tú, pero yo no tengo intención de sangrar por otro de esos gilipollas.”
M´Ordant arqueó una ceja ante la elección de palabras de M´Adoc. Él generalmente profanaba lo profanable—lo que le indicaba a M´Ordant lo decidido que estaba su hermano. M´Ordant tendió su mano a M´Adoc. “Te oí, adelphos, y estamos definitivamente de acuerdo.”
M´Adoc envolvió la mano alrededor de las de M´Ordant y la estrechó. “Arikos morirá.”


Geary hizo una pausa en su conversación con Thia y se volvió para mirar como Arik mordía una de las Magdalenas Hotness [2] que Tory había partido para la celebración. Sus ojos realmente brillaban con placer cuando la probó.
Su sonrisa era amplia y encantadora. “Esto es increíble.”
Tory le sonrió. “No puedo creer que nunca hubieses comido una antes. Tío, eso apesta, crecer sin Hostess. Este era el producto básico en la caja de mi comida en la escuela primaria.
Él prácticamente absorbió su olor. “¿Tienes alguna más?”
“Aguarda.” Ella salió corriendo de la sala.
Excusándose ante Thia, Geary se dirigió hacia Arik, quien fruncía el ceño ante el bizcocho de chocolate que se había pegado igual que el pegamento a sus dedos. Geary agarró una servilleta cuando se acercó a él. “Habría sido un descubrimiento en las montañas.”
Él se lamió el azúcar de los labios antes de responder. “Sabían que eran estas cosas, pero nunca había sido capaz de probarlas antes. Igual que este bizcocho. Está realmente muy bueno.”
“Como atestiguará la circunferencia de mis caderas.”
Por la cara que puso, ella pudo darse cuenta que él no entendía que se estaba llamando a si misma gorda. Por alguna razón, ella encontró tan atractivo como asombroso que él no pudiese conseguir quitarse el bizcocho de los dedos fácilmente.
Sonriendo, tomó su mano en las de ella de modo que pudiese ayudarle a quitárselo. Ella se detuvo ante la sensación de su piel contra la de ella mientras limpiaba la yema de sus dedos con la servilleta. Él tenía las manos más hermosas. Largas y masculinas, estas hacían que ella quisiese lamérselas para limpiarlas. En sus sueños, ella habría hecho eso en un abrir y cerrar de ojos.
Él levantó su mano de modo que pudiese depositar un dulce beso sobre el dorso de sus nudillos. “Gracias.”
Geary tragó cuando un frenético deseo se disparó a través de ella. ¿Qué era lo que tenía este hombre que hacía que se fundiese literalmente. “De nada”.
Tory volvió corriendo con su toda su entera caja secreta de chucherías la cual guardaba en una enorme caja de zapatos que normalmente vivía bajo su cama… protegida por el Sr. Cuddles por supuesto. “De acuerdo, Moon Pies [3].”
Geary sonrió incrédula. “¿Vas a compartir una Moon Pie? ¿Ahora? Sabes que no podrás conseguir más hasta que volvamos a los Estados Unidos, ¿verdad?”
“Es por una buena causa. Necesitamos más adictos. Además allí está el Abuelo para enviarme un cargamento de emergencia si estoy demasiado desesperada.” Tory le tendió una Moon Pie recubierta de chocolate a Arik.
Geary sacudió la cabeza. “Oh no, si realmente quieres ser cruel con él, estállasela primero.”
Tory puso una ligera cara de concentración. “Sip, pero dada su reacción con la magdalena, esto quizás sobrecargue sus papilas gustativas de placer y lo mate.”
Eso era verdad. La poderosa Moon Pie podía ser orgásmicamente mortal cuando estallaba… esta rivalizaba con el infame Tim Tam Slam [4] australiano y el totalmente crujiente Twinkie [5]. “Buen punto.  Para estar seguros, lo primero sería comprobar la temperatura de la sala.”
Arik frunció el ceño mientras Tory le quitaba el envoltorio a la pequeña, redonda galleta. Tan pronto como él la probó, se quedó obviamente extasiado. “Oh dios mío, esto es bueno”
Ella intercambió una malévola sonrisa con Tory, “Reese´s [6]” dijeron las dos a la vez.
“¿Reese´s ?” preguntó Arik, confundido.
“Oh, sí”, rió Geary. “Estarás muerto al minuto de morderlo.”
Ella empezó a bucear a través de la caja de zapatos de Tory hasta que encontró uno. Hizo un diabólico sonido de triunfo al sacarlo fuera. “Sabes, Tor, no tengo idea de cómo te mantienes tan delgada comiendo todas estas porquerías. Te juro que yo ganaría cuatro kilos y medio solo por esto.”
“Yo todavía estoy creciendo”
Geary bufó. “También yo, pero esta vez a lo ancho en vez de a lo alto. Recuérdame que mañana empiece la dieta otra vez.”
Arik frunció el ceño mirándola. “Creo que estás preciosa tal como estás. ¿Porqué quería cambiar?”
Algo cálido cosquilleó en su interior ante sus palabras. “Sólo estás intentando halagarme”
“No.” dijo él serio. “Solo estoy diciendo la verdad”
“Awww,” dijo Tory soñadora. “Es tan dulce. ¿Podemos quedárnoslo?”
Geary se rió nerviosamente. “No es un perrito, Tory.”
“Sip, pero lo pescamos sacándolo de problemas. En algunas culturas eso nos haría responsable de él para siempre.”
Arik le dedicó una esperanzadora sonrisa. “Y a mí no me importaría ser retenido por un rato”.
Geary negó con la cabeza ante ambos. “Vosotros dos sois una peligrosa combinación. Parecida a la de gasolina y el fuego.” Ella miró más allá de los hombros de Arik para ver a Kat entrando finalmente en la sala. Tenía una amarga mirada en su cara, como si hubiese algo que no iba bien con ella.
“Hey.” La llamó Geary, captando su atención. “¿Estás bien?”
Con una sonrisa extremadamente falsa, Kat caminó hacia ella. “Sip. Bien”
Tory puso su caja de zapatos a un lado. “¿Dónde esta el maravilloso ZT?”
Geary frunció el ceño al no reconocer el nombre. “¿Quién?”
Tory hizo un ruido con sus dientes igual al de una mujer llamando un caballo. “Kat estaba con ese tío realmente mono en la cubierta cuando me enviaste a buscarla.” Ella se volvió a Kat. “¿No se ha quedado?”
“No, ha tenido que irse”
“¿ZT?” preguntó Arik con un especulativo brillo en los ojos. “¿Cómo en Zebulon?”
Kat le lanzó una mirada cortante.
Tory miraba de uno a otro con curiosidad. “¿También lo conoces, Arik?”
“Él lo conoce, “dijo Kat en un tono extraño. Su mirada era cortante cuando se encontró con la de Arik y la sostuvo. “Te envía sus mejores saludos”
Todas las emociones volaron del rostro de Arik. “Apostaría a que lo hace. ¿Cómo está el viejo ZT, de todos modos?”
“Encantador como siempre”
El sarcasmo entre ellos era tan denso que podía haberse esculpido en él una figura de hielo.
Arik devolvió a la caja el Reese´s sin abrir como si hubiese perdido el apetito. “Es agradable saber que algunas cosas nunca cambian.”
Geary frunció el ceño incluso más. “¿Cómo es que vosotros dos tenéis un amigo mutuo cuando no os habíais visto antes?”
“Este es un país pequeño,” dijo Kat evasivamente. “Las viejas familias tienden a mantenerse juntas y Arik es probable que hubiese conocido a la de ZT desde hace bastante tiempo.”
“Sí”, dijo Arik con una irónica sonrisa. “Él es como una erupción para la que no hay cura. Sólo se va por un ratito antes de regresar inesperadamente para arruinar cada experiencia agradable. Debería haberse llamado Herpes en vez de ZT. O quizás Herpes Z, ya que es especialmente irritante.
Kat se rió. “Realmente muy conveniente, demonios, es griego y espeluznante—te concederé eso. Pero me pregunto si él sabe como te sientes.
“Estoy seguro que sí. Es bastante astuto y yo soy todo menos sutil.”
Muy bien, esto era tener un poco de ventaja y ella quería evitar una discusión sobre el herpes delante de la devoradora de textos médicos de tan sólo quince años. Así que, intentando evitar la animosidad y girar a un terreno seguro, Geary se adelantó. “Y con ese encantador apunte, chicos, creo que deberíamos retirarnos. Este ha sido un largo día y mañana nos espera un día realmente grande.”
“¡Oíd! ¡Oíd!” inquirió Teddy desde el otro lado de la habitación.” Con lo mucho que hemos estado esperando por esta excavación, quiero asegurarme que tenemos todo para que no haya errores. No podemos permitirnos un solo error, chicos.”
Hubo algunos gruñidos, pero al final todo mundo estuvo de acuerdo.  Si tenían intención de salir al amanecer, entonces necesitarían descansar.
“¿Dónde dormirá Arik?” preguntó Tory.
Geary vaciló. No había ningún lugar para ponerle sin incomodar a uno de los chicos. Sus habitaciones estaban llenas en el mejor de los casos, y estaba segura de que ninguno de ellos querría dormir con un extraño.
Arik le dedicó una esperanzadora mirada que trajo una inesperada sonrisa a su cara. “Yo ya tengo un compañero de cuarto.”
No se le había escapado la decepción de Arik. “¿Quién?”
Tory se balanceó hacia delante y hacia atrás sobre sus pies. “Yo y el Sr. Cuddles”
“Sip,” dijo Geary asintiendo. “Y el Sr. Cuddles es terriblemente celoso. No se le da bien compartir.”
Arik no tardó el replicar. “¿Quiere decir eso que tengo que pelear con él?”
“Nunca ganarías,” le dijo Tory con dulzura. “El Sr. Cuddles es un tramposo. Crees que sólo es un adorable oso de peluche, pero él es malicioso, te lo digo yo. Malicioso.”
Kat echó una mirada especulativa a Arik. “Podrías echarlo en una hamaca sobre cubierta.”
Geary lo consideró. No era una mala idea. “Nos levantaremos al amanecer, así que probablemente no le despertaremos una vez que nos hallemos en la cubierta…”
Tory se dirigió hacia Arik. “Apuesto a que estás pensando que deberías irte a casa, ¿huh?
“No” dijo él con sinceridad. “Lo he pasado bien esta noche” Él miró a Tory y sonrió. “Tenías razón. La poderosa Moon Pie es la mejor. Gracias por compartir tus tesoros conmigo”
“Cuando quieras”. Ella se puso de puntillas para besarle en la mejilla. “Buenas noches, Arik. Te veré por la mañana. Dulces sueños.”
“Lo mismo digo, Tory.”
Kath lo miró con extrañeza antes de desearles las buenas noches y seguir a Tory hacia el corredor.
Thia se acercó con un calculador brillo en sus ojos. “Bueno, si nadie lo quiere… yo podría compartir mi litera con él.”
“Vete a la cama, Cynthia,” dijo Geary cortante, “antes de que Justina te mate por llenar su camarote compartido.”
Thia suspiró con cansancio. “Solo estaba intentando ser amigable. Siempre dicen que no deberías dormir solo en una cama extraña”
“Sí, y ellos no tienen a sus primas abordo para vigilarlas, de todos modos. Una que le contará cualquier mal comportamiento a su madre. Buenas noches, Thia.
Echando su cabello con enojo sobre su hombro, los dejó solos.
Geary le echó una ojeada a Arik mientras se daba cuenta de que tendría que dormir con sus ajustados vaqueros y camiseta. “¿Qué vas a hacer con la ropa?”
“Solin dijo que regresaría con algo para que me pusiera por la mañana.”
“Ahh, vale. Bueno, supongo que debo ir a por una hamaca, te veré arriba.”
Arik empezó a ofrecerse a ir con ella, pero ella ya se sentía bastante sofocada por su presencia. Retrocedió un poco aunque era la última cosa que quería hacer. “De acuerdo. Te veré en cubierta.”
Él se dirigió hacia las escaleras que subían a cubierta, mientras ella tomaba otro camino, dentro del barco. Él se detuvo brevemente en la barandilla, sorprendido por la pulida sensación de ésta. Nada allí era lo que se había esperado. Especialmente no la comida. Él no sabía por que los dioses armaban tanto jaleo por la ambrosía y el néctar dado lo maravillosa que era la comida humana.
Quizás los dioses estaban molestos por que se suponía que ellos tenían lo mejor y los incomodaba pensar que la humanidad hubiese perfeccionado algo de su mundo incluso mientras se peleaban unos con los otros.
O quizás los dioses simplemente no sabían hacerlo mejor.
Haciendo a un lado el pensamiento, continuó subiendo hasta llegar a cubierta, donde una ligera brisa susurraba contra su piel. La sensación era exquisita, pero no era nada en comparación con la vista de la ciudad que brillaba sobre un manto de terciopelo negro. El agua golpeaba suavemente contra el barco mientras llegaba hasta él un débil cascabeleo de música y risas. No le extrañaba que ningún humano quisiera morir. Su mundo era impresionante, y sus vidas eran incluso más preciosas por el hecho de que tenían muy poco tiempo para pasarlo allí.
¿Cómo lo hacían? ¿Cómo existían sabiendo que el espectro de la muerte los acechaba constantemente? Era suficiente como para deprimir a cualquiera, y aún así la mayor parte de ellos eran felices con lo que tenían. Ignoraban su inminente condena y marchaban hacia su muerte con dignidad y tolerancia mientras encontraban fragmentos de felicidad con los que se conformaban.
Era realmente asombroso.
Por otra parte, ellos no sabían cuan largas serían sus vidas. Décadas o semanas. Ellos se preparaban para lo peor y esperaban lo mejor. Realmente era algo que los ennoblecía.
Y como de extraño debía ser para Solin y ZT y los otros vivir así de cerca de cadáveres andantes. No le extrañaba que estuviesen tan alejados de todos. ¿Quién querría estirar su mano y hacerse amigo de alguien cuando él o ella podrían abandonarte en cualquier momento? Cuando no había oportunidad de una relación duradera. Todo allí estaba condenado a terminar.
Debía ser horrible para ellos.
Arik se volvió a mirar la entrada por donde había llegado preguntándose que pensaría Megeara si supiese que su vida estaba cerca de terminar.
Por culpa de él.
Se congeló ante el pensamiento. Aquello era algo que no podría aplazar. Había sido tan ingenuo al hacer su pacto con Hades. No había manera de volverse atrás. Como M´Ordant y Wink habían señalado, habría otros que señalarían a Arik de regreso en su mundo, una vez que Megeara se hubiese ido.
Y aún así el lo sabía. Ella era única en ese lugar de abrumadoras emociones. En todos aquellos siglos, nunca había conocido a nadie igual a ella. Dónde vivía, el mundo humano parecía vago e irreal. Pero allí este era vívido y apasionante. Demasiado apasionante quizás…
“Aquí estás.”
Él se giró para encontrar a Megeara dirigiéndose hacia la proa. Su cara era perfilada por la luz de la luna.
“Tienes suerte de que las tengamos. De otra manera tendrías que conformarte con unas tablas sobre cubierta.”
Arik la observó mientras empezaba a deshacer la hamaca. “Te gusta dormir en la hamaca en noches cálidas, ¿verdad?”
Ella alzó la mirada con una expresión de pánico. “¿Cómo sabes eso?”
El lo sabía por sus sueños, pero no se lo diría, desde que su meta  era calmarla y seducirla, no aterrorizarla más. “Por la mirada en tu cara y la habilidad que estás demostrando al colgarla.”
Se sonrojó antes de volver a su tarea. “Si, de noche me gusta mirar las estrellas”
Él se arrodilló para ayudarla cuando desenredó algunos de los hilos. “¿Y qué encuentras cuando las miras?”
Sus manos trabajaron rápidamente para enderezar la lona y pasar las cuerdas por los ojales. “Cuando era una niña, mi padre solía tenderse sobre cubierta conmigo y mi hermano y nos mostraba las constelaciones. Después nos contaba historias acerca de cómo los Dioses griegos las habían formado supuestamente.”
Él podía oír la agonía agridulce en su memoria. Ella había amado y odiado a su padre. Esa era una dicotomía que Arik apenas entendía. Él no guardaba sentimiento alguno por sus padres. De hecho nunca los había conocido realmente. Morfeo había tenido demasiados hijos para prestar atención a alguno y la madre de Arik, Myst, ni siquiera se preocupaba. Era una diosa despreocupada que no guardaba verdadera afinidad por nadie o nada. Al menos nada que él conociese.
Eso no era lo que más le molestaba. Realmente le daba igual. Así era como estaban las cosas en su mundo, no guardaba sentimiento alguno por sus padres, ni siquiera mientras era humano.
Pero le hacía preguntarse como sería amar de la forma en que Megeara amaba. Sentir esa dolorosa traición cuando la persona ya no estaba. Tener esa oleada de alegría cuando la persona estaba…
La ayudó a asegurar una esquina. “Así que cual es tu historia favorita?”
Ella tensó la cuerda para asegurarse que estaba tensa. “Orion. Siempre pensé que fue cruel y trágico que Artemisa lo amase, y que su propio hermano la engañara para matarlo por que Apolo estaba celoso y odiaba el hecho de que estaba enamorada de un simple mortal.”
“Esa es solo una versión de la historia. La otra es que Artemisa lo mató por que raptó a una de sus doncellas.”
“También he oído esa, pero creo en la primera.”
“¿Y eso por qué?”
“No lo sé. Solo me parece correcto.”
Era astuta y parte de él quería confirmárselo, pero no lo haría. Había pasado toda su vida estudiando a los dioses y las civilizaciones antiguas, buscando corroborar que todos ellos habían existido, y allí estaba él, la prueba viviente, justo detrás de ella. Se preguntaba que haría ella si descubriese que el era uno de los dioses, al igual que su amiga “Kat”.
Quizás sería demasiado esperar que Geary lo aceptase sin más.
Geary estaba un poco nerviosa cuando acabó de asegurar la hamaca a los ganchos, esta colgaba a casi un pie de la  cubierta. No demasiado alto, pero tampoco demasiado baja para que no fuese cómoda.
Su única preocupación era que quizás cogiese un resfriado incluso con mantas.
¿Podría empeorar eso su salud? No sabía cual era su enfermedad, pero aún así la última cosa que quería hacer era arrebatarle incluso un momento de su vida con más dolencias.
Lo cual venía a traer la pregunta de ¿Qué enfermedad tendría? Deseaba saberlo pero no quería recordarle lo corta que sería su vida. Parecía algo macabro.
En vez de eso, gesticuló hacia la hamaca. “Toda tuya”
Él chasqueó la lengua dirigiéndose a ella. “Realmente desearía que hablases de ti y no de la hamaca.”
“Si. Apuesto a que lo harías.”
Cuando pasó por su lado, él la atrajo hacia sí, y antes de que se diese cuenta de lo que intentaba la besó. Ella gimió ante su dulce sabor, ante su hambriento abrazo. Por primera vez en su vida, deseó ser incluso un poco más como Thia. Ella no tendría problema alguno en llevarlo a su cama. Pero Geary no era así. Ella nunca había sido una mujer de una sola noche. Prefería que hubiese una relación antes de desnudarse con alguien, lo cual era por lo que rara vez tenía una cita. Su búsqueda le había dejado muy poco tiempo para nada en su vida.
Pero Arik estaba empezando a cuestionarse sus principios.
Empujándole, ella cogió la manta de la hamaca y la sostuvo contra el pecho de él. “Buenas noches, Arik.”
Él dejó escapar un exasperado suspiro cuando cogió la manta de sus manos con una mueca. “Buenas noches, Megeara. Puede que los dioses sean buenos contigo.”
Sintió como la atravesaba un hormigueo ante la manera en que él ronroneó esas palabras. Era como si él supiera que había estado soñando con él.
Apartando ese pensamiento de su mente, lo dejó y se dirigió abajo, pero cuando llegó a las escaleras no pudo evitar volverse a mirarle. El ya estaba tendido en la hamaca mirándola.
En la oscuridad, sus ojos parecían resplandecer.
Juraría que podía oír su silenciosa petición para que volviese con él. Ésta le recordaba a la misma voz incorpórea que la guiaba para cavar en cierto lugar—sólo que esa voz era definitivamente femenina. Y la llamaba incluso ahora, para que encontrase la Atlántida y la liberara.
Me estoy volviendo loca. Quizás debería ver a alguien que supiese de la esquizofrenia…
Pero ella lo sabía. Esto no era esquizofrenia.  Era simplemente su búsqueda que la llamaba para que cumpliese su promesa. Eso lo entendía. Lo que no entendía era esa extraña conexión con Arik. Por qué lo oía y lo veía incluso cuando él no estaba alrededor.
Ve a la cama, Geary, y olvídalo.
Gesticulando un buenas noches hacia él, se fue a su habitación para encontrarse a Tory en pijama y en la cama con el Sr. Cuddles bajo su brazo. Puesto que las gafas de Tory estaban sobre la mesilla de noche junto a su cabecera, miraba a Geary con los ojos entrecerrados. “No esperaba que volvieses.”
“¿Qué quieres decir?”
“Vamos, Geary, puede que sea medio ciega, pero ese hombre es la cosa más fina que he visto nunca… borroso o no.  Si yo fuera tú, no habría vuelto aquí esta noche.”
Geary bufó. “Solo tienes quince años, Tory. No es como si tuvieses un montón de experiencia bajo poder para juzgar hombres calientes.”
“Punto para ti, pero eso no cambia el hecho de que él es magnífico y te gusta. Mucho. ¿Así que por qué no vuelves allí?”
“Por que tenemos que levantarnos a las cuatro de la mañana.”
Tory suspiró y sacudió su cabeza. “Tú eres la única persona que conozco que es más patética que yo. Soy huérfana, Geary. No deberías tener que estar sola todo el tiempo.”
“Oh, silencio y a dormir antes de que secuestre a Cuddles. Y hablando de cosas peludas, ¿Dónde está Kichka?”
“No lo sé. No la he visto. Quizás esté atascada otra vez en la bodega”
Como si lo presintiera, la gata de Geary entró corriendo por la puerta abierta para frotarse contra sus piernas. Una gata de bengala, Kichka había sido el regalo de Navidad de Tory de hacía un año, pero la gata había tomado tal simpatía hacia Geary que finalmente todos decidieron que se quedara con ella, con lo que Kichka era ahora de ella.
“Aquí estás”  Geary cogió a Kichka del suelo y la depositó sobre la cama mientras se desvestía.
Antes de que Kichka se subiese a su almohada para limpiarse una pata, maulló hacia Geary.
Tory se dio la vuelta y Geary le dio la espalda.
Pensando en Arik, Geary apagó las luces, se metió en la cama y cerró los ojos mientras Kichka se trasladaba desde la almohada para dormir sobre la pequeña espalda de Geary. En segundos, la gata estaba ronroneando, Tory sobando, y el suave sonido del barco arrullaba a Geary alejándola de todos sus problemas.
Y antes de que Geary se diese cuenta, estaba dormida.


Arik nunca había dormido como un humano anteriormente. El peso de su cuerpo era extraño, especialmente combinado con el flotante movimiento del barco y la hamaca. Pero no le tomó demasiado tiempo perderse en el mundo de los sueños.
Era tan extraño estar de vuelta donde vivía. Sus sueños eran brumosos y fríos. Al menos al principio, pero después de un tiempo empezaron a aclararse y se dio cuenta de algo.
Sus poderes habían regresado.
Arik hizo una pausa, no muy seguro de si lo que sentía era real.  Flotando sobre el suelo, mantuvo sus manos ante él y conjuró una esfera remolineante de llamas. El calor se intensificó pero no sintió dolor cuando construyó la esfera con su mente a una elevada altura.
Vigorizado, lo lanzó a la oscuridad, dónde estalló incluso más brillante que el sol. Inofensivos fragmentos de ascuas llovieron a su alrededor mientras echaba la cabeza hacia atrás y se reía.
Oh, si, era fantástico ser un dios de los sueños. Tenía emociones y sus poderes.
Lo cual lo dejaba con una única meta.
Megeara.
Era hora de encontrarla. Pero eso resultó ser más fácil pensarlo que hacerlo. Cierto, tenía de nuevo sus poderes, pero no tenía el strobilos y encontrarla sin el resultó ser bastante difícil. También carecía del suero de Wink para mantener a Megeara dormida. Si la encontraba, podría despertarse y dejarlo totalmente solo otra vez.
La mataré. Pero incluso mientras lo pensaba, sabía que era una vacía amenaza. Nunca lastimaría a la mujer que anhelaba.
Durante varios minutos cruzó a través del reino subconsciente, oscilando a través de sueños de músicos desnudos escribiendo en dinero y disparos de Gelatina, un caniche de juguete atacando a un Doberman, una mujer que tenía un extraño parecido a una piruleta que cantaba con las vacas, y un curioso incidente de una hemorroide que perseguía a una mujer alrededor de un bloque de queso hasta que este estalló…
Sip, las personas eran muy extrañas.
No le importaba dejar esos sueños a los otros Skoti. El prefería con mucho la mujer sexualmente creativa.
Arik se detuvo entre los sueños para respirar profundamente. Esto era una pérdida de tiempo, y ya que Megeara planeaba levantarse en la mañana temprano, necesitaba encontrarla rápidamente.
Cerrando los ojos, sintió el éter a su alrededor… escuchándolo como si esto respirase y susurrase a través de su ser. Ella estaba ahí fuera.
Y entonces lo oyó. El débil sonido de una risa. Centrándose en ello, se dirigió hacia su sueño.
Ella estaba otra vez en la playa, bailando al son de la música de surf que solo ella podía oír.
Arik se congeló al verla allí con su húmedo cabello flotando alrededor de su cara.  Su vestido blanco aferrándose a su cuerpo, mostrándole cada lujuriosa y deliciosa curva. Cada centímetro de piel que él quería probar.
Incapaz de permanecer allí, bajó a la playa y caminó hacia ella con las intenciones de un predador.
Respirando entrecortadamente, se acercó por detrás y le tocó el hombro.
Ella se giró entonces y lo que sucedió a continuación desbarató completamente su mente.


[1] Hermano en griego.
[2] Marca de Magdalenas muy conocida en US.
[3] Moon Pies: Dulce compuesto por dos galletas redondas rellenas de merengue blando y recubierto todo ello de chocolate.
[4] Tim Tam Slam: Bizcocho australiano recubierto de chocolate el cual se moja en Té, Chocolate, Leche o Café y se bebe el líquido por él.
[5] Deep-Fried Twinkie: Jugoso bizcocho relleno de crema, cacao, etc. recubierto de mantequilla que al freír queda muy crujiente.
[6] Reede´s: Barrita de crujiente caramelo y cremosa mantequilla de cacahuete, y láminas del mismo recubierto todo ello de chocolate.

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