martes, 21 de febrero de 2012

DCR cap 20


El estruendo de la tumba atravesó a Kat como una corriente eléctrica. Ella y Artemisa se tambalearon hacia Kish cuyos ojos se abrieron tanto como fue posible cuando las paredes a su alrededor  vibraron. Se desprendieron trozos del techo y  cayeron mientras el sonido se hacía más fuerte. Ella encontró la mirada fija de Sin para verle la confirmación de sus miedos en la cara.
Kat se rió nerviosamente.
 ─Por favor dime que la cueva sólo tiene una pequeña indigestión.
Pero cuando retumbó otra vez y oyó un perforador chillido desde el interior de la tumba, supo  la verdad.
Los Dimme estaban saliendo.
Kat  se tensó, preparada para luchar cuando  vio aparecer unos  dedos  femeninos que se asomaban por una grieta en la piedra. Tenían unas largas uñas negras  que empujaban contra la apertura, tratando de ampliarla.
─Regresad, ─gruñó Sin a todos.
─Estoy sin poderes, ─dijo Artemisa.─No puedo luchar contra un demonio ya que le hice a alguien─ fulminó con la mirada a Kat─. Un préstamo temporal de mis poderes. Al menos será mejor que sea temporal...
Kat sacudió la cabeza. Sí, le había devuelto a Sin sus poderes y había tomado algunos para si misma, pero nunca se llevaría los de su madre. Podían discrepar de vez en cuando, pero al final del día, quería a su madre más que cualquier cosa.
Sin sonrió mientras le dedicaba a Artemisa una significativa mirada.
─Creo que encontramos nuestro sacrificio.
─Oh  poo, ─dijo Simi de mala gana, ─no podemos dejar que la diosa vaca muera. Akri morirá también si no puede comer de ella─.  Con los ojos ardiendo, se colocó entre Artemisa y la tumba. ─Vamos, Xirena, tu tienes que ayudar a la Simi a proteger a la diosa—perra ─.
Xirena gruñó disgustada antes de tomar posición al lado de su hermana.
El Kish se movió para estar de pie al lado de Artemisa.
─Pareces el punto de salvación  para un humano que no quiere ser comido.
Artemisa lo miró con desprecio mientras Xypher se acercaba para ponerse  entre Sin y Kat.
─¿Algún plan de acción?─preguntó Xypher a Sin
─No morir.
─Me gusta. Simple, valiente. Imposible. Funciona para mí.
Kat se mofó de su sarcasmo.
─¿De que te quejas Xypher? Ya estás muerto.
Él se rió.
─Sabes, por una vez, está bien ser yo.
Kat sólo lamentaba no compartir su estado. Ella miró a Sin.
─¿Algún consejo de cómo matarlos?
─Ninguno. La última vez nos llevó a tres de nosotros atraparlos… atraparlos, no matarlos., porque nunca pudimos descubrir como hacerlo. Son unos repugnantes sodomitas.
Genial. No podía esperar a conocerlos.
De repente, algo se estrelló detrás de ellos. Kat se volvió para ver a Acheron entrando en la cámara con Zakar y el resto de su grupo.
─Sellad la puerta detrás nuestra, ─pidió Ash  a  Deimos.
Kish frunció el ceño.
─Um, no es por discutir ni nada ¿Pero  no tuvimos que pelear para abrirlo?
Una hembra Dolophonus lo miró con dureza.
─Bien, si  quieres dejarlo abierto y dejar que todos los demonios.
─Ciérralo, por favor.
Ella sonrió con satisfacción.
─De alguna manera pensé que estarías de acuerdo.
Deimos y su hermano gemelo Phobos se apoyaron contra la roca que sellaba la puerta. Estaban ensangrentados y jadeando, como el resto de ellos.
─Bien, ─dijo M'Adoc mientras se limpiaba la sangre de la herida en la ceja─. Al menos solo hay siete.
─Los cuales son aproximadamente veinte veces peores y más fuertes que los otros, ─añadió Sin.
─Oh Dios,─dijo Kat con excitación ─ como si quisiera que salieran.
Decidiendo que estaba en medio del juego, flexionó los brazos y manifestó unas espadas en sus manos mientras Zakar se acercaba. Sin le dio la Vara que habían cogido de la tumba de Ishtar.
─Simi, ─dijo Ash bruscamente─. Lleva a Artemisa al Olimpo.
Simi soltó un afectado suspiro.
─Un día lamentaras el no dejarme comérmela.
─Simi...
─Ya voy, ya voy,─ se quejó ella antes de obedecer.
Sin pasó y miró a Ash con malestar.
─¿Tenias que  hacer eso?
Ash se encogió de hombros.
─Olvida a los Dimme. Si ella muere, tendrías que luchar contra mí en mi verdadera forma. ¿Estás  listo para eso?
─Hoy no. Estoy un poco cansado por la batalla.
Sin hacerles caso, Zakar puso la Vara en la cerradura. Cuando  trató de cerrarla, la Vara se rompió.
─Creo que esperamos demasiado  tiempo. No se volverá a cerrar.
Kat observó los dedos del Dimme que empujaban en la grieta.
─Están despiertos y listos para echar la piedra abajo.
─¿Qué demonios mata a los Dimme? ─preguntó Xypher ─.
Todos se miraron los unos a los otros cuando un profundo resplandor verde estalló saliendo de la tumba. Los demonios gallu de fuera aporreaban ahora la puerta, tratando de romperla. Los Dimme gritaban más alto, resquebrajando la piedra aún más.
¿Cómo hace alguien para matar algo que es invencible? La pregunta le rondaba a Kat en la cabeza hasta que estuvo mareada por ella. Y cuando volvió a mirar a la tumba, se le ocurrió una nueva idea.
Kat se volvió hacia Sin.
─Creo que estamos haciendo la pregunta equivocada. Olvida lo de matarlos. ¿Cómo los atrapaste la vez pasada?
─Tres dioses Sumerios y un cántico.
Kish suspiró.
─Es una lástima que sólo tenemos uno de tres.
─No, ─dijo Ash ─. Tenemos tres de tres. Zakar, Sin y Katra.
Sin se congeló cuando capto el pensamiento de Ash. Era brillante. Por salvarle la vida a Kat, puede que hubiese salvado el mundo entero.
─El intercambio de sangre.
Ash asintió con la cabeza.
─Kat comparte contigo ahora la sangre sumeria. Ella  puede actuar como el tercer Dios.
Sin sonrió cuando encontró la mirada esperanzadora de Kat. Él miró a Zakar y por primera vez, realmente sintió que podrían sobrevivir a esto.
─¿Recuerdas cómo los encerramos?
─Sí, pero la Vara se ha roto. Necesitamos algo para usar como llave.
─¿Serviría el sfora? ─pregunto Kat a Sin. ─Puede avanzar y retroceder en el tiempo.
No estaba seguro, pero valía la pena probar.
─Creo que lo hará. Todo lo que podemos hacer es intentarlo.
Kat se quito el collar y se lo dio a Sin.
─¿Qué tenemos que hacer?
Después de darle a Zakar el sfora, Sin la colocó a ella en el medio de la tumba mientras él se movía hacia la derecha y Zakar a la izquierda. Tan pronto como estuvieron en posición, Sin comenzó a cantar en Sumerio
─Soy el único, el guía de los demonios de esta tierra.
─Convocamos las fuerzas que nos crearon y nos dieron a luz.
─A todo el que está aquí ahora y antes.
─Protegemos y vigilamos con nuestro corazón.
─Por  las vidas de otros nos entregamos.
─Siempre protegeremos aquellos que viven.─ Sin dijo las palabras dos veces antes de que Zakar se uniera a él.
Kat contuvo el aliento, tratando de concentrarse en aprender las palabras sumerias mientras veía la mano del Dimme avanzar deslizándose por el agujero. Los golpes de Kessar y su ejército resonaban aún más alto cuando ella se unió al  canto.
En cualquier momento, uno, si no ambos grupos de demonios iban a irrumpir en la sala con ellos.
El sfora se volvió  rojo brillante.
─¡Zakar!─ La voz de Kessar sonó en el cuarto. ─¡Libera los Dimme!
Zakar vaciló en su canto.
─Quédate conmigo, Hermano,─ dijo Sin, su voz sorprendentemente calma.
Con todo Kessar gritaba a Zakar para que les ayudase.
Zakar bajó la mano que sostenía la sfora. Su voz hizo más débil mientras los  Dimme se reían.
Kat miró para Sin.
─No te muevas ─le advirtió él─. Tenemos que quedarnos donde estamos para que esto funcione.
 Zakar respiraba más pesadamente ahora mientras Kessar seguía ordenándole que  liberara a los Dimme.
─No dejaré que me controles más, ─dijo él con los  dientes apretados. El sudor perlaba su  frente mientras luchaba por su libertad ─. No soy suyo. No engañaré a mi hermano. No otra vez.
Vamos, Zakar, ella susurró silenciosamente. No nos falles.
Pero sobre todo, ella rezaba para que no se fallara a si mismo.
Pero cuando lo miró, vio al demonio elevarse para tomar posesión de él y esto la aterrorizó.
Tan  rápido que apenas pudo parpadear, Ash se movió para pararse tras de Zakar y susurrarle algo al oído.
De repente, los ojos de Zakar se volvieron completamente blancos. Levantó su mano con el sfora y comenzó a cantar otra vez con renovado fervor. Kat estaba desesperada por saber que iba a pasar, pero no se atrevió a romper su propio cántico para preguntar.
Un fuerte viento atravesó la habitación. Era tan fuerte que los Dolophoni eran lanzados unos contra otros. Xirena se envolvió en sus alas. El pelo de Kat volaba alrededor de su cara.
Se sintió como si estuviese clavada al suelo y aunque esto podía tirar de su pelo y ropa, no podía desplazarla. Los Dimme golpeaban buscando su libertad, sus gritos se mezclaban con el canto.
Más luz inundó la sala cuando los gallu se abrieron paso a través de la puerta.
─¡Atacad! ─gritó Deimos, corriendo para enfrentarse a ellos ─. El caos total estalló cuando los gallu asaltaron su grupo mientras Kat, Zakar, y Sin continuaban enviando a los Dimme de regreso.
El sfora se volvió más brillante un instante antes de un Dimme escapara.
Kat tuvo que esquivarlo cuando voló sobre su cabeza, pero se mantuvo en el lugar.
─Déjala ir, ─dijo Sin ─. Sólo sigue cantando. Sella la tumba de los demás y luego nos encargaremos de ella.
Kat se mantuvo enfocada incluso cuando los demás luchaban prácticamente encima de ella. Observó como la tumba finalmente comenzó a cerrarse. El tiempo parecía haberse detenido antes de que los gritos de los Dimme fueran finalmente silenciados.
Cubierto de sudor, Zakar presionó el sfora en la cerradura y la selló antes de desmayarse sobre el suelo.
Kat estaba por ir hacia él hasta que vio a Kessar por el rabillo del ojo. Antes de que pudiera parpadear, él apartó a uno de los Dolophoni y embistió contra Sin, apuñalándolo por la espalda, directamente  al corazón.
Ella no podía respirar cuando lo miró horrorizada.
─¡No! ─gritó.
Kessar se rió malvadamente.
Los ojos de Sin se ensancharon un instante antes de que cayera de rodillas. Fue entonces que ella se dio cuenta de que Kessar había tomado la espada de Sin, que había sido forjada por la gente Sin. Esta podía matar un gallu y también a Sin…
Su visión se nubló por la furia, ella arremetió contra Kessar con un rayo divino salido de sus manos. Y luego lo golpeó con otro y otro hasta que lo fijó al suelo. Estaba tan absorta en él que no percibió al otro demonio que corrió a su espalda y la golpeó. Kat se enderezó inmediatamente y se volvió sobre su nuevo atacante. Ella convoco una daga en su mano y embistió contra el demonio. Este la esquivó, luego trató de morderla.
Kat lo barrió con sus pies clavándole después la daga entre los ojos.
Ella se levantó, buscando a Kessar para matarlo también... Desafortunadamente, no lo vio. Pero vio sin embargo a Sin en un charco de su propia sangre.
Aterrorizada, corrió hacia él.
─¿Sin?
Él temblaba cuando ella tiró de él a sus brazos.
─Te tengo, bebé,─susurró ella, colocando la mano en su herida. Kat susurraba mientras trataba de curar la herida. Pero esta no se cerraba. ¿Cómo podía ser?
─No entiendo...
─Es un arma sumeria, dijo Ash  mientras se arrodillaba al lado de ellos ─. Una diseñada para matar a sus dioses.
Alzó la vista e hizo algo que nunca había hecho antes. Rogó.
─Cúralo, por favor. Haré lo que sea.
 ─No puedo, Katra. No de esto.
─Él no puede morir. ¿No lo entiendes? Por favor... por favor, Papá, ayúdale.
El corazón de Ash se rompió cuando escucho el desesperado amor en su tono. Kat estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para proteger a Sin. Él recordó un tiempo en su vida cuando se había sentido de esa manera con Artemisa. Y ese amor se había vuelto contra él y arruinado su vida. Lo había dejado destrozado y vacío. Perdido y condenado.
Podía darle a Kat el conocimiento para salvar a Sin, ¿Pero y si Sin se parecía a Artemisa y le causara dolor? ¿Volvería ella la mirada atrás a este momento en el tiempo y lo maldeciría de la misma forma en que él lo hizo con su propio pasado? ¿Se odiaría a si misma más tarde por éste desesperado momento dónde todo su mundo era lo único que amaba y nada importara más que conservar a Sin cerca de ella?
No interfieras con el libre albedrío. Ella quería a Sin. ¿Quién era él para detener su decisión de sacrificarse por él?
Ash controlaba el destino. Pero el corazón humano era su propio maestro, con razón o equivocado. Bueno o malo.
El temor, la agonía, y el amor estallaron en su interior mientras apretaba los dientes. ¿Qué debía hacer? ¿Proteger a su hija de un futuro que podría o no pasar, o darle la única cosa que más quería?
Pero al final, sabía que no tenía ninguna opción. La decisión era de ella, no suya. La vida era una serie de opciones hechas y las consecuencias que siguieron.
Por favor no dejes que le haga daño. No dejes que lamente su amor de la manera en que yo lamento el mío. Por favor...
Respirando profundamente, habló.
─Dale tus poderes, Kat.
Ella frunció el ceño.
─¿Qué? No tengo el poder de curarme.
─Lo sé. Pero tus poderes son de los panteones Atlante y Griego. No son sumerios. Esos poderes negarán la hoja de la espada. Lo salvará. Confía en mí. Pero tendrás que darle tus poderes permanentemente.
Kat no pudo respirar cuando oyó esas palabras. Nunca había estado sin sus poderes... esto la dejaría indefensa. Vulnerable.
─No lo hagas, Kat, ─dijo Sin, los dientes le castañearon por el dolor de su herida ─. No te debilites por mí.
Esas palabras consolidaron su convicción. Con el corazón palpitándole con fuerza, se inclinó y lo besó. Y cuando lo hizo así, convocó sus poderes desde lo más profundo de su interior y dejó que la abandonaran para llenar el cuerpo de él.
La cabeza de Sin fue a la deriva ante la sensación de sus suaves labios y del poder que de repente lo llenó. Él estaba tendido allí incapaz de respirar cuando cada vista y sonido fueron amplificados. Sabía que Kat era poderosa, pero la magnitud de sus poderes lo golpeó con fuerza.
Lo que ella le estaba entregando…
Por él.
El hecho de que ella nunca hubiera abusado de tanto poder o hubiese herido a alguien con él llenó su mente e hizo que la amara mucho más.
Ella se apartó para mirarlo.
Sin acunó su cara en las manos mientras la contemplaba maravillado. Ella era realmente el alma más hermosa que había encontrado alguna vez.
─Te amo, Kat.
Los ojos de ella centellearon con travesura.
─Lo sé.
Vigorizado, Sin se levantó. Kat estaba de pie a su derecha y Ash a su izquierda. En el instante en que estuvieron de pie, los demonios retrocedieron. Todos los que fueron capaces se desvanecieron.
─Oh vamos, ─Sin se burló ─. Cobardes.
Pero ya no había ningún signo de ellos.
Deimos se limpió la mejilla con la mano mientras sus compañeros remataban a los demonios que estaban heridos y muertos.
─¿Alguien sabe a dónde fue ese Dimme?
Nadie tenía una respuesta. Uno tras otro, todos negaron que la hubieran visto irse.
Deimos soltó un pesado suspiro.
─Bueno esto apesta, ¿eh?
─No donde estoy parado. Si vivimos, será un maldito buen día, ─se mofó Kish.
─Él tiene realmente un punto. Confía en la única persona en la sala que está actualmente muerta. ─Asintió Xhyper.
Sin se movió hacia Zakar quién todavía temblaba y sudaba aunque estuviera de pie.
─El demonio está todavía en mí, ─susurró.
─Lo sé. ─Sin tiró a su hermano contra él ─. Y no vamos a dejar que gane.
Kat miró los daños a su alrededor. Había cuerpos de demonios en todas partes. Los Dolophoni que estaban heridos cauterizaban sus heridas. Estaba agradecida de que hubieran sido capaces de limitar su batalla a esta caverna.
¿Pero serían capaces de hacerlo la próxima vez?
─¿Puede un Dimme acabar el mundo?
Sin se apartó de Zakar.
─No tan fácilmente como podrían hacerlo siete. Además, ella debería ser fácil de reconocer. No tendrá ninguna habilidad social y estará hambrienta.
Kat esperaba que tuviera razón.
─¿Cuándo atacan convierten a los que muerden en uno de los suyos?
Sin negó con la cabeza.
─No. Sólo matan.
─Bueno eso es algo, creo.
M´Adoc se acercó para dirigirse a Sin.
─Nosotros patrullaremos los sueños en busca de los gallu que escaparon.
─Y  yo advertiré a los Dark Hunters, Chthonians y Escuderos para que los vigilen, ─dijo Ash.
Kat suspiró ante la carnicería.
─Supongo que eso es todo lo que podemos hacer. Eso y limpiar nuestras heridas.
─Sí, ─dijo Kish ─ pero ahora hemos salvado el mundo. Tienes que sentirte bien por ello.
Sin  estuvo de acuerdo.
─Lo hago. Pero me sentiré muchísimo mejor cuando él encuentre a Kessar y su grupo, y al Dimme y elimine esa amenaza completamente.
─Créeme, ─dijo Kat, apoyándose contra él ─. Todos nos sentiremos mejor.
Sin entrelazo sus dedos con los de ella antes de hablarle a Ash.
─¿Puedes localizarlos?
─No. Están fuera de mi radar. La mejor defensa que tenemos contra ellos eres tú.
Sin pensar, Sin puso su brazo alrededor de Kat. Tan pronto como lo hizo, vio la mirada de advertencia de Ash.
Ash cruzo los brazos cuando se acerco a ellos lentamente.
─Si alguna vez le haces daño, dios o no, voy a darte una patada en el culo.
Sin se rió.
─No te preocupes. Moriría antes dejar que algo le pasara.
─Recuerda eso, y tendrás una vida larga y libre de dolor.
Kat se rió mientras el amor por ambos estallaba en su interior.
Uno tras otro, los Dream Hunters y Dolophoni se marcharon.
─¿Xypher? ─lo llamó Kat cuando también se marchaba.
Él se giró hacia ella.
─Hablaré con Hades inmediatamente para conseguir tu libertad.
Xypher torció su labio.
─Humano por un mes. No puedo esperar.
Pero enterrado en ese tono disgustado, oyó la esperanza subyacente y la anticipación.
Con un gesto de la cabeza, desapareció.
Ash ofreció su mano a Xirena.
 ─¿Lista para volver a Kalosis?
─Siempre lo estoy. El mundo humano sencillamente tiene a demasiados humanos para mí, que no sería malo si pudiera comer algunos. De esta manera, es demasiado cruel ser tentada de esta forma. Déjame volver a mi cuarto de compras.
Ash hizo una pausa.
─Me pondré en contacto con vosotros cuando pueda. Mientras tanto, sabéis donde encontrarme.
Sin se volvió hacia  Zakar,
─Vamos, hermano. Vamos a casa.
Zakar sacudió la cabeza.
─Creo que necesito algún tiempo a solas.
Sin frunció el ceño.
─¿A dónde vas a ir?
─No sé. El mundo ha cambiado… y yo también. Tengo que encontrar mi lugar otra vez en él. No te preocupes. Estaré en contacto.
Kat sintió la tristeza de Sin cuando su hermano desapareció.
─Él quiso decir lo que dijo. No va a salir para hacer daño.
─Lo sé. Solo es difícil verlo partir así. ─Él inclinó su cabeza contra la de ella─. Sólo espero que encuentre lo que necesita.
Kat palmeó su costado sus antes de que apartarse de su lado para recuperar el sfora. Ella cerró sus dedos alrededor. Parecía tan pequeño e insignificante, aunque contenía la destrucción del mundo.
─Bien, superamos esta crisis. No puedo esperar a ver lo que viene después.
Kish salió de las sombras.
─¿Um, tíos, podemos irnos ahora a casa?
Sin tomó la mano de ella.
─Sí, nos vamos a casa.
***
Kessar se mantuvo alejado mientras observaba los restos de su gente. Habían sufrido un golpe atroz hoy. Pero no estaban vencidos. Incluso aunque esta fuera una situación difícil, había todavía esperanza.
Y la esperanza lo había visto durante tiempos peores que éste.
Dejando a su gente para atender sus heridas y establecer sus casas, vagó por las nuevas cavernas que habían encontrado para usar solo en tal caso.
Pero francamente, estaba cansado del ocultarse. Si debían arriesgarse, necesitarían a un aliado. Uno del que pudieran depender que estuviese tan enfadado y fuese tan sangriento como lo era él.
Uno quién odiara a los humanos tanto como él, si no más...
Cuando Kessar se detuvo un momento en la parte de atrás de la caverna, el viejo adagio pasó por su cabeza. El Enemigo de mi enemigo es mi amigo.
Dibujando un círculo sobre el suelo, lo llenó con la imagen de un dragón... un antiguo símbolo de una raza maldita que habían sido una vez sus enemigos.
La guerra hacia extraños compañeros.
─¡Strykerius! ─gritó él, convocando una clase diferente demonio desde esta casa.
Un pesado humo apareció desde el círculo para formar la imagen de hombre que Kessar no había visto en siglos. Alto y bien musculoso, tenía el pelo negro corto y una repugnante actitud más que a la par de la de Kessar.
Stryker lo miró con frío desdén.
─Pensé que estabas muerto.
Kessar se rió antes de quitarse los lentes de sol para mostrar a Stryker sus encendidos ojos rojos.
─Estoy vivo... y tenemos que hablar.

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