martes, 21 de febrero de 2012

DCR cap 19

Una cosa era planear un ataque, pero otro asunto completamente diferente llevarlo a cabo. Kat los detuvo antes de que pudieran salir y dirigirse hacia la cámara donde estaba la tumba.
—Haré un rápido. Veamos si saben que se ha roto el sello y nos esperan. 
Sin levantó la mano por un minuto. Se la quedó mirando con cada parte de su corazón en los ojos, brillando allí para que ella lo viera.
—No permitas que te hieran.
Kat sonrió juguetonamente.
—Sigue pensando de esa manera y voy a pensar que realmente me quieres.
—Te amo, Katra, y no quiero enterrarte.
Ella sabía exactamente cuan difícil era para él decir esas palabras. El hecho de que las dijese ante ellos como testigos…
Nada la había tocado más.
—No te preocupes, volveré para atormentarte antes de que puedas extrañarte.
—Mejor que lo hagas. Sin ti, quizás realmente me las arregle para cultivar un ego—Puede que los dioses lo prohíban—él la besó rápidamente, después la envió fuera.
Kat cambió a su forma de sombra para flotar a través de las zigzagueantes cavernas sin ser vista ni oída. Donde quiera que fuera, no parecía haber mucha actividad. Los demonios no parecían estar reuniendo sus fuerzas.
—¿Cuándo empezaremos a rodear a los humanos?
Ella se congeló ante el sonido de una aguda voz femenina que venía de una sala justo encima de ella.
Se aproximó a esta cuidadosamente, entonces se giró para encontrarse a una mujer y a Kessar recostados ante el fuego.
—Al final de la semana,—dijo Kessar.—No hay necesidad de tenerlos allí demasiado pronto. Odio escucharlos gemir y llorar. Berreando como patéticas criaturas.
Ella sintió un ligero mareo. Él no tenía idea de que el sello estaba roto….Oh esto era bueno. Finalmente algo de suerte para ellos.
Sonriendo, dio un paso atrás.
Y chocó contra algo sólido.
El corazón de Kat dejó de latir cuando se estiró y tocó un brazo. Por favor se uno de nosotros, por favor se uno de nosotros…ella se volvió lentamente, esperando encontrar a Xypher o a uno de los otros.
No lo era.
Era un alto demonio macho que la miraba igual que al pavo asado en un bufet el Día de Acción de Gracias. Él no debería ser capaz de verla, y de algún modo lo hacía.
—¡Kessar! Tenemos un espía entre nosotros.—él se estiró a por ella.
Kat se desvaneció instantáneamente y regresó con Sin y los otros.
—Houston, tenemos un problema. Me descubrió un demonio y está pidiendo ayuda.
Sin maldijo.
—Pero,—añadió rápidamente,—las buenas noticias son, que no saben que el tiempo se redujo.
Deimos encontró la mirada de Sin.
—Con algo de suerte, pensarán que Kat estaba sola.
Sin asintió.
—Necesitamos
Tenemos que separarnos para evitar que descubran cuantos estamos aquí.—él se volvió a su sirviente.—Kish, quédate con Simi y Xirena y seguidnos a Kat y a mí. Nos dirigiremos a la tumba para detener el reloj.
—Nosotros desviaremos a los demonios.—dijo Deimos.—Y armaremos toda clase de infierno.
—Gracias.
Deimos inclinó la cabeza ante Sin.
—¿Estamos todos listos?—él miró alrededor a sus hermanos quienes parecían gozar ante la inminente lucha. Dejando escapar un sangriento grito de guerra, él y el resto de los Dolophoni corrieron a través de las cavernas.
Gracias a los dioses que no estaban sobre la cima de una montaña de nieve con todo ese ruido. Seguro que habría habido una avalancha.
M´Adoc se puso un dedo en el oído y esperó hasta que se desvanecieron.
—Odio sus dramáticos…y decibelios niveles.
Entonces él, D´Alerian y M´Ordant se dirigieron tras ellos a un paso mucho más tranquilo.
Kat miró a su alrededor.
—¿Dónde está Xypher?
—Él fue a vigilarte.
—No lo ví.
—Eso es por que estaba haciendo mi propio recorrido.
Ellos se volvieron para verlo pálido.
—¿A dónde fuiste?—preguntó Sin.
—Zakar. Sé por que el reloj está en marcha y no va a gustarte lo más mínimo. Le empotraron la cerradura en el pecho.
—Sin se sintió enfermo ante las noticias.
—Estás bromeando.
Él negó con la cabeza.
—Supongo que algún hechizo hizo que el reloj funcionara—
—Causando que se acelerara. Zakar es parte demonio y parte dios. La combinación debió haber causado eso.
Xypher asintió.
Kat se encogió ante el pensamiento del pobre Zakar y el dolor que debía estar pasando.
—¿Podemos sacar la cerradura?
—Puedes verlo, pero no lo creo.
La cara de Sin estaba dura, fría y furiosa.
—Kessar me está cobrando la muerte de su hermano.
—No,—dijo Xypher, su voz espesa,—él le está cobrando a Zakar el ayudarme. Sangriento bastardo.
Kat puso su mano en el brazo de Sin para consolarlo incluso cuando sabía por lo que estaba pasando. ¿Cómo podía un simple toque aliviar el dolor que el debía sentir?
—Llévanos a él.—dijo él furioso.
Xypher lo hizo.
Sin se sintió palidecer cuando vio a su hermano sobre sus rodillas cerca de la tumba que retenía a los Dimme. Vestido solo con un par de jeans, Zakar estaba desplomado contra la piedra con sus manos encadenadas aparte.
Él corrió al lado de su hermano.
—¿Zakar?
La cara de Zakar estaba contorsionada por el dolor cuando se encontró con la mirada de Sin. Una compasiva agonía atravesó a Sin. Había dado cualquier cosa para ahorrarle esto a su hermano.
—¿Te das cuenta de lo que han hecho?—preguntó Zakar.
—Sí.
Los ojos dorados de Zakar se enterraron en los de él.
—Entonces mátame y para esto.
—No vale la pena salvarme. Acaba con mi sufrimiento.
—No.
Costándole respirar, Zakar miró a Kat.
—Díselo, Katra. No tenemos tiempo para discutir. Los demonios están listos para combatir a los otros y ellos estarán aquí en breve. Puedo oírlos. Dile que me mate y detenga su liberación.
Kat vaciló. ¿Cómo podía decirle a Sin que asesinara a su propio hermano gemelo? Esa sería la peor clase de crueldad—lo cual no dudaba que fuese el plan de Kessar.
Esto mataría a Sin de dolor. Fuera de todos los poderes que ella tenía, porqué no tenía una para detener el…
Kat se detuvo cuando una idea
Kat se detuvo cuando la golpeó una idea.
—Espera. Tengo un plan.
Ella fue hacia Zakar para estudiar como estaba empotrada la cerradura en su pecho. La visión de aquello hizo que se encogiera. Kessar lo había hecho tan dolorosamente como era posible. Forzándose a tragarse la bilis, se encontró con la esperanzada mirada de Sin.
—Simi puede sacar la cerradura y yo puedo curar instantáneamente la herida.
—¿Estás segura?
Ella asintió.
—Absolutamente.
Sin cogió la cabeza de Zakar entre sus manos.
—Creo en ti, Hermano. Quédate conmigo y saldremos de esta.
Los ojos de Zakar estaban llenos de esperanza cuando Simi se movió hacia él. Ella liberó la cadena a sus espaldas.
—Esto va a lastimarte mucho. Lo siento,—entonces tiró de ello hasta liberarlo.
Zakar dejó escapar un desgarrador grito antes de desmayarse, en los brazos de Sin. La sangre manaba de su boca y espalda.
Doliéndose por ambos, Kat tomó a Zakar de Sin y lo dejó deslizarse contra ella.
—Lo tengo. Ve a poner a cero el reloj.
Tan pronto como Sin se estiró a por esto, ella puso su mano sobre la espalda de Zakar y cerró los ojos para curarle. No debía tomarle demasiado tiempo revivirlo o sería demasiado tarde.
Antes de que Sin pudiese insertar la Vara, el reloj voló de sus manos.
Kat maldijo cuando se dio cuenta que sus poderes no estaban funcionando. Zakar no estaba sanando.
Una sensación de temor la consumió. No podía ser cierto.
Y en ese instante, supo que había sucedido.
Kessar.
Volviéndose, o vio de pie en la entrada con el reloj en sus manos.
—Realmente no crees que ibas a poder ganar tan fácil, ¿verdad? ¿Que hayas enviado a tus conspiradores a atacar mis demonios y que no hubiese sabido donde encontrarte? Que vergüenza.
Sin corrió hacia él, pero Kessar lo derribó contra el suelo sin siquiera tocarle. Hizo lo mismo cuando Xypher intentó atacarle.
—Tengo la Tabla del Destino y vosotros no tenéis poderes.
—Y una mierda.—gruñó Xypher.—Yo te la robé.
Él sacó un medallón de su bolsillo.
Kessar se rió cuando levantó el brazo para mostrar un pequeño medallón idéntico colgando de su puño.
—¿Realmente crees que soy tan estúpido? Si realmente me lo hubieses robado, te habría perseguido por todos los vestíbulos del Olimpo para recuperarlo. Como dije, ahora no tenéis poder.
Xirena bufó.
—Yo tengo el mío.
—Y la Simi tienes los suyos.
Pero antes de que ellas pudieran si quiera moverse hacia él, Kessar retrocedió y las encerró en la habitación. El sonido de piedra contra piedra al arrastrarse los rodeó y los encerró con un resonante estruendo. Kat corrió hacia la puerta, pero era un fragmento de una sólida losa de piedra que se necesitaría de un elefante para poder moverla.
Y no se movía. ¡Maldición!
Kat dejó escapar un disgustado suspiro.
—No puedo creerlo. Estamos atrapados aquí, con los Dimme, mientras la cerradura esta del otro lado.—ella se volvió hacia Sin.—¿Cuánto transcurrirá hasta que recuperemos nuestros poderes?
Sin se veía tan enfermo como se sentía ella.
—Unas cuantas horas de acuerdo a la última vez.
—Maravilloso.—dijo ella con sarcasmo.—¿Y cuanto tenemos hasta que las putas despierten?
—Menos de dos.
Ella imitó la voz del Sr. Rogers.
—¿Podeis decir jodidos, chicos y chicas? Sí, creo que podeis.
Sin la ignoró como él fue al lado del Zakar. Un músculo pulsó en su mandíbula cuando tiró de su hermano hacia él y lo sostuvo calladamente en la oscuridad.
Kat quería llorar por él. Con el corazón dolido, se movió para quedarse a su lado y le rodeó tiernamente los hombros.
—Lo siento, Sin. No sabía que esto se volvería de esta manera.
—Lo sé.
Pero eso no cambiaba nada. Zakar todavía estaba muerto y ellos estaban atrapados. Kat se dejó caer de rodillas para sostenerlo mientras él sostenía a su hermano.
—¿Akra—Kat?
Ella se volvió a la llamada de Simi.
—¿Sí, duzura?
La Simi va a ir a hacer que akri venga y esto se ponga mejor.
Como desearía que eso fuese tan fácil. Pero su padre estaba tan atrapado como lo estaban ellos.
—Yo ya lo he intentado.
Kish estudió a Simi por un minuto.
—¿Por qué no enviamos a las Demonios ahí fuera para que recuperen la Vara y nos la traigan?
—Ellas no pueden luchar solas contra el número de demonios de fuera.—dijo Xypher.—Son dos contra doscientos. Sería una matanza.
—Voy a traer a akri.—Simi se desvaneció.
Sin no había dicho ni una palabra. El solo sostenía a su hermano y se veía como si también le hubiesen arrancado el corazón.


No entiendo tu mal humor.
Ash puso los ojos en blanco cuando se paró frente al sofá de Artemisa mientras ella lo fulminaba con la mirada.
—No estoy de mal humor, Artie. Solo estoy jodido siempre que andas cerca. Eso no es nada nuevo para ti.
Antes de que ella pudiera responder, apareció Simi.
Artemisa frunció el labio.
—Oh saca eso de mi templo antes de que moje la alfombra.
—Tú no tienes alfombras,—le recordó Ash, aburrido por su ataque contra Simi.
—El suelo entonces.
Simi le siseó a Artemisa.
Ash ignoró a la diosa y se volvió a Simi.
—Hey, bebé, ¿Qué necesitas?
—Akra-Kat está en problemas, akri. Esos demonios la han cogido y ella no tiene poderes. Ellos van a dejar que los que son realmente demonios se la coman.
Artemisa se levantó y se acercó, su cara pálida.
—¿Qué quieres decir con que ella no tiene poderes?
—Ellos cogieron ese medallón que succiona los poderes de un dios y lo usaron con Akra—Kat. Ahora ellos van a matarla.
Antes de que Ash pudiera moverse, Artemisa se desvaneció. Un instante después, reapareció.
—Quizás debas venir conmigo.
—¿Tú crees?—Sin la abriría en canal. Pero Ash necesitaba confirmación verbal de Artemisa antes de poder actuar.—¿Me estás liberando de mi promesa?
—¡Sí, ahora ayúdame a proteger a mi hija!

Kat levantó la Mirada cuando una sombra cayó sobre ella. Su corazón se detuvo cuando vio a Acheron.
—Estás aquí.
Usando el pulgar, él indicó a Artemisa sobre su hombro.
—Nada igual que una osa preocupada por un cachorro.
Él frunció el ceño al ver a Zakar en brazos de Sin.
Sin dejó a su hermano en el suelo cuando vio a Ash y Artemisa, pero para su crédito, no atacó a la diosa.
—¿Qué sucedió?—preguntó Ash.
Kat tragó antes de hablar.
—Kessar lo mató. Yo iba a curarle, pero mis poderes se han ido.
Ash se encontró con la agónica mirada de Sin.
—No te preocupes, Sin. Ya has perdido bastante. No voy a ver que te suceda otra vez.
Arrodillándose en el suelo al lado del cuerpo, Ash puso la mano sobre el pecho de Zakar. Dos latidos después, Zakar jadeó mientras se incorporaba. Convulsionándose, tosiendo.
El alivio en la cara de Sin era palpable.
—Gracias, Acheron.
Ash inclinó la cabeza antes de echar una ojeada al resto de la caverna.
—¿Puedes detener a los Dimme?—preguntó Kat esperanzada.
Ash se rascó un lado de la cara mientras lo consideraba.
—Yo no controlo la Vara. No es Atlante. Solo Sin o Zakar pueden detenerlos.
Sin ayudó a su hermano a ponerse de pie. Zakar parecía tener algo de problema al respirar, pero estaba vivo y eso era todo lo que importaba. Y con cada respiración que daba, parecía ponerse más fuerte.
Sin encontró la mirada de Ash.
—Nosotros necesitamos nuestros poderes.
Ash se volvió a Artemisa.
Ella se quedó mirando a los hombres pálida.
—¿Qué?
La irritación de Ash con ella era más que aparente.
—Kat es un Shifon. Aún débil, puede tomar los poderes. Uno de nosotros va a tener que compartirlos con ella y el otro tendrá que quitarle la Tabla a Kessar y volver aquí con ella.
Artemisa arrugó la cara.
—Yo no toco a ese demonio. Me repugna.
—Entonces tendrás que compartir un poco de poder con Kat... y Sin.
 Artemisa humeó. Todo el que la conocía sabía que a la diosa no le gustaba compartir.
—Bien. ¿Pero quien la protegerá a ella si tú fallas en conseguir la Vara?
—Simi… y confía en mí, no fallaré.
Kat no estaba tan confiada.
—¿Y que pasa si Kessar te coge los poderes antes de que cojas la Vara?
Ash sonrió diabólicamente.
—Voy a esperar que la tabla no me pueda quitar todos mis poderes. Todavía tendría bastante poder para hacer algo de daño.
A Kat no le gustaba como sonaba ninguna parte de eso.
—¿Esperar? No es el momento de esperar.
Ash le guiñó un ojo.
—Es el momento perfecto para esperar.
Cuando la situación se vuelve más horrible, lo que más necesitas es esto.
Sin bufó.
—Tú sabes que algo va a fallar.
—Probablemente.—los ojos de plata de Ash centellearon como si saboreara el pensamiento.—Siempre lo hace.
Artemisa cruzó los brazos sobre el pecho.
—No me gusta este plan. Quiero uno donde mis poderes se queden conmigo.
—No hay otro plan y realmente no tengo tiempo para pensar en uno.—Ash indicó la tumba con un movimiento de la barbilla.—Tendrás una mejor oportunidad negociando con Apollymi de lo que la tendrás con ellos. El único que puede contenerlos es Sin y para ello tiene que recuperar sus poderes.
Kat le dedicó a su madre su mejor puchero.
—Por favor…te necesitamos. Yo te necesito.
Artemisa le tendió la mano a Kat a regañadientes.
Kat sonrió a su madre, agradecida de que por una vez estuviese siendo razonable.
—Gracias.
—Mejor que estés agradecida.—Artemisa los miró a todos con hostilidad.—Todos vosotros.
Sin no estaba tan cómodo cuando Kat intentó tocarle.
—¿Estás segura que no lo invertirás y tomarás el poco poder que me queda para dárselo a Artemisa?
Ella entendió perfectamente su temor. Aún así, no pudo resistirse a molestarlo.
—Supongo que tendrás que confiar en mí, ¿huh?
—Sin vaciló. En lo más profundo de su interior, estaba aterrado de tocarla. Kat podría matarlo. No solo físicamente, si ella lo traicionaba…
No habría vuelta atrás y él sabía que nunca se recobraría. Era más vulnerable ahora de lo que había sido nunca antes. Todos los siglos de traición estaban allí y querían que saliese corriendo por la puerta.
Pero cuando la miró, su corazón realmente creyó que ella jamás le haría daño otra vez. No intencionadamente.
Es ahora o nunca…
El corazón le retumbó en el pecho cuando le tendió la mano y esperó por su traición.
Kat cerró los ojos y convocó sus disminuidos poderes. Sintió un pequeño cambio eléctrico que la atravesaba cuando se extendió a través de los poderes de su madre para encontrar aquellos que le habían sido robados hacía milenios a Sin. Una vez los encontró, dejó que volviesen a Sin.
Artemisa saltó hacia atrás.
—Me estás debilitando demasiado.
Sin se congeló cuando se dio cuenta que Kat no lo había traicionado… para ser exactos, el tenía poderes que no había sentido en miles de años. Y se sentía malditamente bien.
Kat le había devuelto cada cosa que le había quitado. Todo. Tenía todos sus poderes de dios de regreso. Llevando su mano a los labios, le besó los nudillos.
—¡Hey!—lo avisó Ash.—Si quieres mantener esa boca atada a tu cabeza, te sugiero que pongas más distancia entre esa y su piel.
Sin se rió cuando la bajó.
—Lo siento.—él se volvió a Ash.—Estoy realmente listo para la batalla.
—Bien. Hagámoslo.

Él podía sentir la sangre bombeando a través del cuerpo cuando él y Zakar, quien estaba vestido como Sin, se dirigieron a la lucha. El olor de la sangre en el aire era débil y penetraba en su cabeza. Él retiró sus labios en anticipación de lo que se acercaba.
La lujuria de la sangre en su interior era feroz mientras rogaba por un sabor que olía. Era una bestia que había vivido en el que siempre le había sido difícil de contener, especialmente en batalla. Esta ansiaba alimentarse, recordándole cuanto tiempo había pasado desde la última vez que se había alimentado. Debía de haber tomado un pequeño mordisco de Artemisa antes de embarcarse en esta búsqueda.
Pero ya era demasiado tarde.
Entró en la cámara principal de la caverna. Los Dolophoni todavía estaban de pie... al menos todos excepto los dos tendidos en el suelo. M´Adoc estaba en un rincón, eliminando a dos demonios con un golpe de espada.
Ash encontró la mirada de D'Alerian antes de que un demonio se lanzase a por él y este lo matara.
Dos demonios se movieron a atacar. Los incisivos de Ash crecieron cuando su cuerpo entró en modo de batalla. El asió al primer demonio cogiéndolo por la garganta con una mano y lo estampó contra el suelo, entonces se giró para agarrar al otro. La bestia en su interior quería arrancarle la garganta al demonio. Pero él escogió una muerte más humana. Le disparó un rayo justo entre los ojos.
—Kessar.—gritó él, dirigiendo a Zakar a través del combate cuando marcó a su líder en la espalda.
El humor en la cara del demonio se convirtió en la incredulidad cuando vio allí a Acheron. El alcanzó el medallón de su muñeca y sostuvo en alto, entonces empezó a cantar en sumerio.
Ash se rió cuando sintió su piel volviéndose azul.
—¿Qué te hace pensar que ese antiguo amuleto va a funcionar conmigo?
Ash se estiró por el medallón, entonces maldijo cuando este lo quemó. Había olvidado que los símbolos de otros panteones no se llevaban bien con él. No es que importase. El dolor era una cosa de la que podía encargarse. Cerrando su mano sobre la Tabla, apretó los dientes contra el angustioso ardor que le quemaba la palma y los dedos.
Esta le estaba succionando los poderes. Pero todavía tenía los suficientes para hacer daño.
Arrebatando la Tabla, le la lanzó a Zakar, entonces le pegó un cabezazo a Kessar quien se tambaleó hacia atrás.
Kessar dejó escapar una diabólica carcajada cuando se detuvo a si mismo y se enderezó.
Un mal presentimiento atravesó a Ash.
—¿De qué te estás riendo?
El demonio se enderezó antes de inclinarse contra Ash y susurrarle al oído.
—Por traer a Zakar de regreso y entregarle la Tabla con tu sangre en ella, acabas de abrir la tumba de los Dimme. Felicidades, Apostolos. Eres el heraldo de Telikos... el fin del mundo.

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