miércoles, 4 de enero de 2012

Cap 10

Dev anduvo al acecho por la mansión que tenía Nick en la Calle Bourbon buscando alguna señal del pequeño capullo. Tenía que haberse ido a algún lado. No era como si Nick hubiese desaparecido simplemente en la nada. Y este seguía siendo el lugar más probable para encontrarle. No importaba el qué, Nick siempre volvería a su hogar. El hecho de que estuviese aquí como un Dark‑Hunter solo después de haber muerto hacía un par de años lo decía todo. Artemisa normalmente requería que pasasen un mínimo de cien años antes de que un Dark‑Hunter volviese a la ciudad en la que había sido asesinado ‑la idea era que después de esa cantidad de tiempo cualquiera de sus amigos inmediatos o familia estuviesen muertos y los recuerdos no fuesen tan duros. Pero Nick necesitaba su piedra de toque, esta casa y su ciudad. No podía funcionar sin ellos. Era como si Nueva Orleáns alimentase su alma, lo cual Dev podía entender. Y ahora mismo estaba agradecido por eso porque traería a Nick de vuelta a su círculo.
Claro, Ethon le había dicho que se había pasado antes para buscarle y no estaba allí, pero no era lo mismo.
Ethon no había salido para matarle. Solo quería herir al Cajun.
Dev tenía intención de utilizar las entrañas de Nick como cordones de zapatos, pero primero necesitaba un olor fresco de Nick. Nadie me traiciona. Nadie. Había habido demasiado entre él y Nick para que Dev lo dejase ir. El hecho de que el pequeño escurridizo Cajun hubiese traído a los Daimons a su hogar ‑no, a su habitación‑ era una declaración de guerra. Nick los había ofrecido a todos ellos a los Daimons y Dev quería un trozo de él con tanta intensidad que ya podía saborearlo. Por no mencionar el pequeño hecho de que Nick había herido a Sam.
Oh sí, el bastardo iba a pagar con su vida.
Pero Nick no estaba aquí y por el aspecto y el débil olor de las cosas, no había estado aquí en un par de días. La casa parecía haber sido abandonada. La cama no estaba desecha. No había toallas sucias o siquiera la humedad en el lavabo que indicara que se había lavado los dientes o bañado. Su Jaguar XK-R estaba todavía aparcado en el garaje. Ninguna de sus ropas o zapatos parecían haber desaparecido.
Extraño. ¿Dónde podía haber ido? Nick les había dicho a sus perros guardianes que se iba a la cama. Nadie parecía haberle visto desde entonces y eso había sido hace cuatro días.
Dejando el inmaculado dormitorio, Dev se detuvo en el corredor de arriba cuando captó un vistazo de una de las fotos en la pared que componían un enorme montaje de la temprana vida de Nick, algo que su madre debía haber colocado allí. Aunque Nick podía ser un arrogante gilipollas, por lo general no era vanidoso.
La foto que atrajo su atención era una suya, de la madre de Nick, Aimee y Nick, los cuales debían rondar los quince años en aquella época. Las mujeres habían intentado sacar una buena foto con él, pero Nick había sido Nick, golfillo e inquieto. Así que Dev había llegado por detrás de él y lo había envuelto en una llave de cabeza. La madre de Dev había sacado la foto que tenía a Nick riendo mientras Dev fingía estrangularle y Aimee y la madre de Nick habían fingido sorpresa. Era una foto realmente divertida.
Y ese único momento hizo que diese un paso atrás en lo que estaba haciendo. ¿Cómo podía haberse convertido ese chico en el hombre que había amenazado a la familia de Dev? Nick había luchado a su lado contra la manada de lobos hacía apenas unos meses. El Santuario era tan hogar para él como lo era esta casa y aunque Nick ya no era así, no había sido tan diferente.
¿Lo era? ¿Podía haberlos traicionado a todos ellos?
¿Y si no lo hizo y estás equivocado con respecto a él? ¿Y si tenía una razón para lo que ha hecho?
Estaba ocurriendo algo extraño. Lo sabía, en las entrañas.
Ahora que pensaba en ello, Nick no habría abierto una brecha en el Santuario sin una maldita buena razón. El Cajun podía ser muchas cosas, pero nunca había sido un tránsfuga.
—Chico, ¿En qué te has metido?

Tenemos un problema.
Acheron se congeló cuando Urian se materializó directamente frente a él. Gracias a los dioses que se había puesto la parte inferior del pijama antes de venir a la cocina para conseguirle a su esposa una tarrina del helado Chunky Monkey[1] que se le había antojado. Sino Urian ahora estaría ahora ciego y él incluso más jodido por la interrupción.
—¿Te criaron en un granero?
Un ruidoso golpe sonó en la puerta de atrás.
Acheron puso los ojos en blanco ante el sarcasmo de Urian cuando era obvio que había lanzado el sonido como un “jódete” hacia él. Por suerte para ti, acabo de tener un fantástico sexo con mi esposa que me pone en tan feliz lugar que ni siguiera tus gilipolleces pueden molestarme. De otra manera, Urian habría sido una mancha llameante en la pared.
—¿Qué ocurre?
—Dev no le da al crack.
Acheron lamió el dorso de la cuchara antes de dejarla en el fregadero.
—Nunca pensé que le diera… a la quetamina, quizás, pero nunca al crack. ¿Por qué lo dices?
Urian observó como Ash devolvía la tarrina del helado al congelador.
—Acabo de venir de charlar con uno de mis viejos amigos. —Un término que Urian reservaba para describir a uno de los Daimons que todavía servían a su padre. En una ocasión, Urian había sido la mano derecha de Stryker. Pero eso había sido antes de que Stryker hubiese asesinado a sangre fría a la esposa de Urian y le cortara a él el cuello, dejándolo entonces por muerto. Y pensándolo bien, Urian era tal jodido bastardo que guardaba un enorme resentimiento contra su padre por ello.
Sí…
A Stryker le faltaban unas cuantas tuercas.
—Me dijo que los Daimons son capaces de tomar en sus cuerpos el alma de los demonios gallu y que Stryker está convirtiendo a su armada con su sangre.
Acheron se congeló ante esas palabras. Los poderes de los sumerios gallu eran intensos. El mal definitivo, uno de ellos en el cuerpo de un Daimon sería un arma infernal. Más que eso, los mordiscos de los gallu convertían a las víctimas en abejas descerebradas. Uno podía convertir a miles.
Mierda. Un Daimon ahora sería capaz de hacer más de su tipo.
Ash podía tumbar a uno sin sudar una sola gota, pero un Dark‑Hunter normal…
Eso sería realmente sangriento. Si no fatal.
—¿Qué es lo que está planeando Stryker? —le preguntó a Urian.
Le dedicó a Ash una mirada que le hacía dudar de su funcionamiento mental.
—Lo que quiere siempre. Matar a mi abuelo y subyugar a los humanos.
Ash volvió a la expresión de “¿no me digas?”
—No pregunto la meta, Urian. Eso ya lo sabía. Lo que necesito es la estrategia. ¿Por qué está convirtiendo a su gente?
El teléfono de Ash sonó. Empezó a ignorarlo hasta que vio que era de Ethon.
¿Ahora qué?
Suspirando, miró el cuenco de helado derritiéndose sobre el mostrador. Tory odiaba la sopa de helado. Él lo congeló de nuevo, entonces lo envió escaleras arriba a donde ella lo esperaba en la cama mientras respondía a la llamada. Buena cosa que su esposa estuviese acostumbrada a sus rarezas y entendería el porqué no se lo entregaba él mismo.
Sin embargo eso no evitaba el hecho de que quisiera lloriquear por la interrupción de lo que había planeado hacer con el helado y su esposa…
Algunos días su trabajo realmente apestaba. ¿Por qué no podía la humanidad limpiar detrás de sí mismos?
Desagradecidos bastardos.
Abrió el teléfono de golpe.
—Nick está trabajando con los Daimons —dijo Ethon sin preámbulos.
—Encantado de oírte también, Espartano. ¿Te importa decirme por qué crees eso?
—Porque el pequeño mierda intentó secuestrar a Sam del Santuario. Estaba allí en toda su gloria, ofreciéndola a nuestros enemigos. —Ethon continuó hablando después de eso, pero Acheron no oyó ni una sola palabra de ello.
En su lugar vio imágenes en su cabeza que no podía ubicar. Algo estaba profundamente mal en todo aquel panorama. Él sabía que estaba vinculado por sangre a Stryker, pero Nick había estado luchando contra ese vínculo…
¿Había sucedido algo para ponerle de nuevo bajo las órdenes de Stryker?
No. De ninguna manera. Nick era demasiado obstinado para ello. Ni siquiera Ash podía controlarle.
Colgó el teléfono y se encontró con la curiosa mirada de Urian.
—Ve al Club Charonte y monta guardia sobre Dev y Sam. Algo viene a por ella, no me importa quien o qué, protégela.
—Vale. ¿Qué está pasando?
—Solo hazlo. —Ash no se justificaba a sí mismo ante otros. Nunca. Honestamente no tenía idea de por qué Stryker querría a Sam, pero cualquiera que fuera la razón tendría que ser diabólica. Stryker no se movía sin propósito y precisión. Y ya que las acciones de Stryker afectaban directamente a Ash, no podía utilizar sus poderes para ver que demonios estaba haciendo el bastardo.
Urian se desvaneció.
Ash convocó a su Charonte protector, quien actualmente residía sobre el bíceps en la forma del tatuaje de un dragón. Simi se despegó a sí misma para tomar forma humana frente a él. Aparentando alrededor de los diecinueve, era un poco más baja de uno ochenta y cinco aunque ella podía escoger la altura que quisiera. Su largo pelo negro con una raya roja en el frente hacía juego con la suya y estaba vestida con una falda corta de tela escocesa, botas altas de motorista, y un corsé de cuero negro.
Ella sonrió mostrando un par de brillantes colmillos.
—Hola, akri. ¿Vamos a ver ahora la película con Akra-Tory, Marissa y N.J.? La Simi quiere ver ese enorme hombre ogro verde porque le recuerda a su tío…
—Todavía no —Odiaba interrumpir su torrente de palabras, pero algunas veces Simi tenía tendencia a divagar eternamente. Lo cual le encantaba, era realmente divertido como el infierno, pero ahora mismo tenían que mantenerse centrados—. Necesito un favor, Sim.
Sus ojos se iluminaron mientras se frotaba las manos con excitación.
—¿Me comeré algo que no te gusta? ¿Puedo comerme por fin a la diosa zorra? ¡Estará sabrosa con la salsa correcta! Saqué la amarga de su menú —sonrió ampliamente.
Ash rió antes de besarla en la frente.
—Absolutamente no. Quiero que vayas arriba y cuides de Tory por mí.
Simi jadeó.
—¿Akra-Tory está bien? Nuestro bebé no está herido, ¿verdad?
Cuando le dijo por primera vez a Simi que Tory estaba embarazada, había estado aterrado de que Simi se pusiera celosa ya que ella era técnicamente su bebé y lo había sido durante once mil años. En su lugar, se había emocionado tanto por ello, como lo estaban ellos, y ahora se proclamaba en parte propietaria.
—Ella está bien, Sim. Es solo que no quiero dejarla sola mientras hago algo. —Y si alguien era lo bastante imbécil para venir a por su esposa y lo bastante poderoso para romper la protección que había puesto alrededor de su casa, quería a Simi aquí para hacerlo pedazos.
Simi era la única persona a la que confiaba su esposa.
—Dile a Tory que he tenido una emergencia y que volveré realmente rápido.
Simi inclinó la cabeza sospechosamente.
—¿A dónde va Akri que la Simi no puede ir con él?
—Fuera, Sim. Ahora por favor protégela y recuerda, cualquiera que intente hacerle daño, no te contengas, bebé y date un banquete con sus entrañas.
Ella lo saludó antes de desvanecerse.
Ash convocó sus ropas de calle: Un largo abrigo de cuero negro, pantalones vaqueros negros y una camiseta, antes de emitirse a sí mismo desde su pequeña y modesta casa en Nueva Orleáns al templo de Artemisa en el Monte Olimpo. Desde el exterior el templo era hermoso. Hecho de oro con escenas de bosque y naturaleza blasonados por todas partes. Pero, al igual que Artemisa, era definitivamente un caso de fachada.
Los intestinos se le encogieron de rabia cuando se vio obligado a ir al lugar donde la diosa zorra lo había torturado una vez. Odiaba este templo con una pasión tan profunda como un millar de soles. Ahora que estaba libre de Artemisa y había descubierto lo que era estar con alguien que realmente le amaba, era difícil volver incluso de visita. Se obligó a calmar once mil años de amargo resentimiento cuando atravesó las doradas puertas, deteniéndose entonces en seco.
El templo estaba completamente vacío. Ni siquiera las doncellas de Artemisa estaban allí. Oh, esto no es bueno. Se sintió enfermo cuando reconoció lo que eso significaba.
Nick, pobre hijo de puta. ¿Qué estás haciendo?
El chico siempre había poseído una vena suicida y esto hacía que Acheron se sintiese enfermo de ver cuanto habían jodido él y Artemisa la despreocupada vida de Nick. La culpabilidad lo corroía, pero no había nada que pudiera hacer por el pasado.
Esto era sobre el futuro.
—¿Artemisa? —la llamó Ash. Su profunda voz hizo eco a través de la sala de mármol.
Ella apareció instantáneamente frente a él. Perfecta en la manera en que solo una diosa puede serlo, estaba vestida con su acostumbrada túnica blanca que abrazaba su voluptuoso cuerpo. El largo pelo rojo enmarcaba un rostro tan perfecto que era incluso difícil mirarla. Con todo los siglos de estar bajo su pulgar le robaron la capacidad de apreciar cualquier otra cosa a excepción de su ausencia y estaba realmente agradecido por cuando llegó.
Ella se mordió la larga y roja uña del pulgar mientras cambiaba su peso de un pie al otro. Ash dejó escapar un largo y sufrido suspiro. Por la nerviosa forma en que se crispaba, sabía que algo iba mal.
—¿Qué está pasando?
Ella se mordió el labio antes de responder, e intentó parecer inocente. Falló miserablemente.
—¿Qué quieres decir?
—Maldición, Artemisa, no juegues a esta mierda conmigo. He terminado. ¿Dónde está Nick?
—¿Nick quién?
Gruñendo, le agarró el brazo y tiró de ella hacia él. Sí, fue más brusco de lo que debería haber sido, pero ella lo había golpeado brutalmente durante siglos y entonces había intentado matar a su esposa. Tenía suerte de que fuese un dios compasivo, de otra manera…
—Sé que él está aquí. He rastreado sus poderes. Pareces olvidar que soy uno del puñado de dioses que puede hacer eso.
Ella tragó antes de indicar con un gesto hacia su dormitorio.
Más náuseas lo consumieron cuando se dio cuenta de lo que eso significaba.
—¿Lo has atado a ti?
Ella se deshizo de la mano sobre el brazo.
—¿Acaso es de tu incumbencia? Me dejaste, ¿recuerdas?
Le asombraba que ella lo hiciera sonar como si él fuera el único malvado teniendo en cuenta lo que ella le había hecho pasar. Pero ella tenía razón en una sola cosa. No era asunto suyo. Nick era un adulto… lo que diablos quiera que fuese el.
No obstante, esto era inaceptable. Ella se había atado a uno de los seres que lo querían muerto.
Fantástico. Solo fantástico. Veía ese tren acercándose y desafortunadamente, tenía el pie atrapado en los raíles.
—Das demasiado trabajo —gruñó él. Pasando junto a ella, usó sus poderes para abrir de golpe las puertas de su dormitorio. Estas resonaron con estruendo cuando golpearon las paredes.
Al momento que entró en la habitación, se congeló.
Como esperaba, Nick estaba desnudo en su cama. Sin embargo, estaba atenazado por alguna clase de fiebre. Totalmente inconsciente, todo su cuerpo brillaba con sudor. Pero lo que más preocupó a Ash era que Nick murmuraba en un lenguaje que Ash no conocía. Como dios, se suponía que no había ningún idioma que no pudiese hablar o comprender.
No tenía idea de lo que estaba diciendo Nick. ¿Era un guirigay? Y con todo sonaba demasiado preciso y formado para ser al azar. El vello de la nuca se le puso de punta.
Ash fulminó a Artemisa con la mirada.
—¿Qué le has hecho?
Artemisa se encogió de hombros mientras se movía a quedarse a unos pocos metros de la cama de blanco marfil cubierta por dorados drapeados.
—Nada. Él ha estado enfriándose durante todo el día hasta ahora.
—Ardiendo, Artie. La palabra es “ardiendo”. —¿Por qué no podía aprender bien los coloquialismos?
—Oh, lo que sea —esa lánguida actitud hizo que quisiera estrangularla. Nick podía haber muerto y su única preocupación sería como deshacerse de su cuerpo sin que los otros dioses la viesen.
Intentando no pensar en ello, Ash alzó los párpados de Nick para ver que sus ojos eran rojo demonio. Su piel ardía igual que los fuegos del infierno. Los colmillos de Nick estaban más largos de lo habitual. Serrados.
¿Qué estaba pasando? ¿Estaba mutando en alguna otra cosa?
Sobre todo, ¿Quién o qué tenía control sobre él?
—¿Cuánto tiempo ha estado así? —hizo un sonido de disgusto antes de que ella pudiese responder. Que pregunta tan estúpida. El tiempo no significaba nada para Artemisa—. ¿Dijo algo antes de caer enfermo?
—No.
Preocupado, Ash utilizó sus poderes para indagar en lo que había sucedido entre ellos. Todo lo que vio fue que tuvieron sexo y entonces Nick se derrumbó por el dolor.
No se había movido desde entonces. Pero cuando Ash indagó más profundamente, fue de este Nick a otras encarnaciones de Nick. Y allí vio…
—Oh, mierda.
Artemisa saltó.
—¿Qué?
Ash la ignoró mientras sacudía a Nick con una cruel ráfaga divina directa a su corazón.
Nick salió de golpe del coma. Especialmente una vez que vio que fue Ash quien le había golpeado. Se movió para agarrar a Ash, pero le esquivó, alejándose de su alcance. Nick dejó escapar un furioso gruñido.
—¿Qué diablos estás haciendo aquí, gilipollas?
Ash puso un poco más de distancia entre ellos. No por miedo de que Nick lo hiriera, si no por miedo a que quizás él hiriese a Nick.
—Debería preguntarte lo mismo. —Él fulminó a Artemisa con la mirada—. Habría pensado que tenías mejor juicio.
Nick se lanzó hacia él.
Ash escudó su cuerpo de modo que Nick no pudiese acercarse a él, de nuevo por proteger a Nick. El Cajun tenía unas formas y una boca que socavaban toda la paciencia de Acheron y lo motivaban a la violencia más rápido de lo que Artemisa lo conseguía.
—¿Recuerdas qué sucede cuando un demonio se disfraza como alguien? —preguntó Ash.
Olvidando el hecho de que estaba totalmente desnudo, Nick respondió con desprecio.
—¿Qué clase de estúpida pregunta es esa? Por supuesto que lo sé.
La victima duplicada quedaba en coma…
O moría.
Ash entrecerró la mirada sobre Nick.
—¿Cuál es el último día que recuerdas?
—Hoy. Martes.
Ash sacudió la cabeza.
—Es sábado, Nick. Has estado en coma durante tres días y medio —él usó su poder para levantar la mano de Nick y frotarla contra la barba en sus mejillas que confirmaba lo que Ash estaba diciendo.
Eso finalmente se llevó algo de su rabia.
—¿Qué? —Entonces se tensó—. Deja de jugar con mi mano, tú jodido pervertido.
Ash le liberó y manifestó una sábana sobre él.
—Lo dudo, no soy el que está con la polla colgando. Ten algo de dignidad.
Nick se apartó de él de un tirón antes de envolver la sábana alrededor de su cintura.
Ash ignoró su odio.
—Solo para que lo sepas, Gautier, tengo un par de Dark‑Hunters y Were‑Hunters que quieren un trozo de tu culo por que creen que has atacado el Santuario.
Nick jadeó.
—No he estado cerca de allí desde que atacaron los lobos.
—Lo sé. Solo te estoy poniendo al tanto de lo que está pasando desde que has sido lo bastante amable para prestarle tu cuerpo a alguien que se ha estado haciendo pasar por ti y volviendo a tus protectores en tu contra.
Nick maldijo, entonces miró a Artemisa como si recordara su presencia. Él realmente se ruborizó antes de volver a fulminar a Ash con la mirada.
—Voy a matar a Stryker.
—Mantente alejado de él. No tienes suficiente dominio sobre tus poderes todavía como para pensar siguiera en ir a por él. Créeme. Todo lo que harías ahora mismo es convertirte en una encantadora tarta de carne picada.
Nick se quedó en silencio antes de que dijese algo que lo traicionase a sí mismo. Tenía más habilidades de lo que Acheron sabía y por alguna razón parecían estar creciendo exponencialmente. No era el debilucho neófito. Pero Ash no necesitaba saberlo.
Todavía no.
Nick retrocedió cuando una peculiar oleada le atravesó. Había estado teniendo muchas últimamente y no sabía por qué. Agudas e intensas, le dejaban sin respiración. Otra se le disparó por la columna, conduciéndolo de rodillas.
—¿Nicky? —Artemisa corrió a su lado.
Nick la mantuvo al margen mientras extrañas imágenes le danzaban en la cabeza. Vio cosas cambiando en su pasado… Gente que no conocía y otros que habían muerto…
¿Qué demonios…?
—¿Estás bien? —preguntó Ash.
No, pero no iba a admitir eso ante Ash. Nadie conocería nuevamente sus debilidades. Lo que estaba pasando era asunto suyo. Ash ya lo había traicionado una vez. No iba a darle otra oportunidad para destrozar su vida, tal como era.
Y en la cabeza, oyó las voces que se habían ido haciendo más ruidosas últimamente. Voces que querían que hiriera a la gente a su alrededor. Eran tan seductoras y con ellas venía el poder tan fiero que era difícil de resistir.
Sintió que los ojos se le volvían rojos.
Había un poder crudo y primordial acercándose y estaba deseoso de sangre. La única pregunta era: ¿De quién?

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