miércoles, 4 de enero de 2012

Cap 11

—¿Mamá?
Sam se despertó de golpe ante el sonido de una voz muy infantil que estaba aprendiendo a hablar. Estaba tendida en la cama, preguntándose si lo había soñado.
No lo había hecho.
—Shh, munchkin, no tan alto. Tenemos invitados. —Kerryna continuaba hablando en esa dulce octava que reservaban las madres para los niños cuando se apartaba fuera de su rango de audición.
Sam maldijo en voz baja. Si oía o veía a otro niño más…
Últimamente parecía que los dioses estaban disfrutando castigándola. Y quiso llorar cuando la pena la estranguló. ¿Por qué no había podido criar a sus propios hijos? ¿Verlos crecer y sostenerlos todos los días de su vida? Ese había sido el plan. Ella y Ioel, envejeciendo juntos…
Malditos seáis, dioses.
No. Tenía a su hermana para culparla por su pérdida y no había cambiado nada. El dolor estaba todavía allí y era rabioso y sangrante.
Supéralo, Amazona. Eres una Dark‑Huntress. Madre de toda la raza humana que protegía. Salvaba sus vidas incluso a pesar de haber sido incapaz de salvar las vidas de su propia familia.
La ironía de aquello la había frecuentado durante siglos. Y eso era lo que le había dado la fuerza para desgarrarle el cuello a su hermana incluso mientras la pequeña perra rogaba piedad.
Piedad, mi culo
Eso no estaba en ella. Ya no. No lo había estado desde el día en el que cruzó al otro lado y vio los verdaderos horrores de la vida que había apilado no solo sobre ella, si no en incontables otros. Imágenes del pasado la abrasaron mientras se tumbaba allí y la dejaban con su dolor. Deseando.
Ayúdame por favor
Un ligero ronquido tras ella atrajo su atención desde el pasado para darse cuenta que un enorme y musculoso brazos estaba echado protectoramente sobre ella. Al hecho de que un cálido cuerpo estaba presionado contra el suyo.
Dev.
Él solo la había sujetado igual que si fuera absolutamente preciosa. Igual que lo había hecho una vez su marido…
La ternura barrió a través de ella. Como había extrañado despertar de esta manera. La sensación del cuerpo de un hombre entrelazado con el suyo. De su áspero vello contra las piernas. Su duro pene presionado contra la cadera. Ella no sabía por qué le gustaba estar con Dev. Él había atravesado directamente los muros sin pararse a echar siquiera un vistazo. La mangoneaba, lo cual odiaba apasionadamente y a veces era el arquetipo de un tío salido.
Era arrogante. Terco…
Y arriesgaba su vida para mantenerla a salvo. Incluso ahora no tenía qué haber estado aquí y con todo allí estaba.
Igual que un osito de peluche. Se rió silenciosamente ante el pensamiento. No había nada mimoso en Dev. Era todo vigoroso músculo y era enorme.
La mirada fue al tatuaje del doble arco y la flecha sobre su brazo. Él no había hecho el sacrificio que ella había hecho, pero entendía la llamada. Sam tragó. Ya no quiero estar muerta…
Había estado sola durante demasiado tiempo. Había sido herida y absorbido las lágrimas durante siglos. Nada había sido nunca fácil.
Hasta ahora. Por alguna razón, Dev alejaba el dolor que ella sentía. De alguna manera hacía que las cosas fueran mejor con su retorcido humor y su peculiar perspectiva.
Aquello estaba mal. Ella era una Dark‑Hunter y él un Were‑Hunter. Se suponía que eran enemigos.
Con todo no lo sentía de esa forma. Y ahora mismo con su respiración cayéndola sobre la piel y sus brazos rodeándola, lo deseaba. Quería bañarse en el calor que le daba. Respirarle hasta que estuviera borracha de su esencia…
Dev se despertó ante el suave beso que le habían dado. Tierno y caliente, prendió fuego en él cuando Sam restregó el cuerpo desnudo sobre el suyo. Sus senos presionados contra el pecho, recordándole porque estaba tan encantado de ser un hombre.
Le pellizcó los labios con los colmillos antes de que volviese a bajar la mirada hacia él. Su camisón se había ido, lo había lanzado al suelo antes de despertarlo a él, y sus rizos se esparcían alrededor de sus cremosos hombros. Sus ojos eran una vez más marrón oscuro. Ella era la Dark‑Hunter y ahora mismo, él era su dispuesta víctima.
Él le sonrió.
—Ahora, esta es la forma de despertar a un tío.
Ella sacudió la cabeza, causando que aquellos rizos saltaran hermosamente.
—No… esta es la forma de despertarle.
Antes de que pudiera preguntarle qué quería decir, se deslizó por su cuerpo y sumergió la cabeza para tomarle en la boca. La mente le dio un giro cuando el placer atravesó todo su ser.
Sí, ella definitivamente tenía razón en ese asunto. Esta era una manera mucho mejor de despertar a un tío. Ah, demonios, estaría encantado de despertar de tan buen humor cada día si empezase de esta manera. Él jadeó aire bruscamente cuando su lengua bajó por la longitud antes de tomarle profundamente en la boca. Los ojos se le quedaron en blanco mientras se sacudía por entero.
Hundió la mano en sus suaves rizos color miel mientras la observaba saborearle. Condenada si no era la más increíble mujer que hubiese conocido. Adoraba el hecho de que no fuese tímida o inhibida en ninguna manera. Ella le amaba como si fuera la última vez que tocaría a un hombre. Como si debieran morir en un minuto y esta fuera la última oportunidad de vivir.
Su intensidad y habilidades eran increíbles. Él posó la mano contra su mejilla cuando surgieron sus poderes. ¿Qué pasaba con ella que podía alimentar sus habilidades de la manera en que lo hacía? Más que eso, le tocaba en un lugar que ninguna mujer lo había hecho antes.
El corazón.
Toda su vida, había estado solo. Sí, había estado rodeado de gente, pero ninguno le había visto siquiera. Nunca había permitido que la gente, ni siquiera sus hermanos, se acercaran tanto a él. No después de que perdiera a Bastien y Gilbert. Cuando era un joven cachorro, había adorado a sus hermanos mayores y entonces ellos habían muerto protegiendo a Aimee…
Él nunca se recuperó de su pérdida. No realmente. Ese era el motivo por el que siempre había sido tan protector con su hermana y su madre. Quería hacer que sus hermanos se sintieran orgullosos. Hacerles saber que incluso aunque se hubiesen ido, el mocoso cachorro que dejaban atrás podía valerse por sí mismo.
La vida era una mierda. Lo sabía tan bien como cualquiera y odiaba lo mucho que ésta había jodido a Sam. Quería apartarla del dolor que había sido lanzado hacia ella. Alejarla del mundo hostil en que ambos vivían.
Pero ahora mismo, ella era la única que lo alejaba a él del dolor y la miseria.
Sam gruñó mientras mordisqueaba a Dev. Siempre le había encantado la forma en que sabía un hombre. La manera en la que olía y sentía. Y Dev. Él era más dulce que ninguna cosa.
Hambrienta por más, le dio un último lametón antes de arrastrarse por encima de su cuerpo y empalarse a sí misma sobre él. Él emitió un profundo y masculino gruñido. Ella le levantó la mano desde los pechos de modo que pudiera mordisquear y acariciar las almohadillas de sus dedos mientras lo cabalgaba suave y fácil. Oh, como deseaba quedarse con él de esta manera para siempre.
Pero había leones arañando las puertas. Enemigos tras de ellos y un mundo que dependía de ellos para luchar por ello, ella entendía la llamada. Creía en su causa. Con todo, ahora mismo, lo que quería era algo para sí misma. Un momento de paz y conexión.
¿Era demasiado pedir?
—Eres tan hermosa —dijo Dev mientras deslizaba la mano entre las piernas de ella de modo que pudiera aumentar su placer.
Sam siseó.
—¿Todos los bearswain son tan tiernos?
Él se rió ante su pregunta.
—Como no acostumbro a dormir con osos machos, ¿Cómo podría saberlo?
Ella se unió a su risa. Entonces su risa murió bajo una ola de supremo placer. Dejó que flotara a través de ella, haciéndola estremecerse y temblar.
Hasta que su mirada cayó accidentalmente en la puerta y la realidad irrumpió su humor. Pronto oscurecería. Podía sentirlo. Entonces tendría que dejarle ir y cazar a los Daimons que estaban tras ella. Tanto por la seguridad de él como por la suya. No podía permitir que los Daimons volviesen al Santuario. No cuando ponía en peligro a su familia.
No lo permitiría.
¿Por qué no puedo tener un solo momento de paz?
Porque había vendido su alma para salvar al mundo.
Dev sintió que algo en Sam había cambiado. Se había erigido un muro entre ellos incluso aunque estaban desnudos uno en brazos del otro. Él apartó la mano.
—¿Te hice daño?
—No, bebé. Definitivamente no me has hecho daño.
Pero había una sombra en sus ojos. Una de dolor. Como desearía poder alejarla de ella.
Dev se incorporó de modo que pudiera sostenerla mientras continuaba meciéndose contra él. Enterró la cara en su cuello y la saboreó mientras continuaba acariciándola al compás de sus empujes. Su aroma volvía salvaje al oso dentro de él.
Sam se alivió en la sensación de Dev sosteniéndola. Hundió las manos a través de su largo pelo, dejando que se enredaran con sus rizos. Dioses, era maravilloso. No era como si cada día una mujer fuese lo bastante afortunada para encontrar un hombre como él.
Con un agudo gruñido, Dev se salió de ella y le dedicó una mirada tan caliente, que hizo que le chisporroteara la sangre. Antes de que ella pudiera preguntar que iba mal, cambió su peso y la depositó de costada en la cama. Utilizó su muslo para separarle las piernas y entrar profundamente en ella desde atrás. Completamente acoplado a su alrededor, se condujo más profundamente a su interior.
Se sentía expuesta y al mismo tiempo poderosa.
—¿Qué estás haciendo?
Le cubrió el pecho con la mano antes de susurrarle en el oído.
—Así es como un oso toma a su mujer.
No podía pensar cuando él aceleró sus embates y remontó su placer. No sabía si era a causa de sus poderes o qué, pero nunca en su vida había experimentado nada como eso. Cada empuje era un estudio del éxtasis definitivo.
Y entonces ella se corrió, fue el orgasmo más intenso que había tenido jamás.
Dev se rió suavemente en su oreja hasta que se unió a ella. Entonces, todavía duro, permaneció dentro de ella, sosteniéndola cerca mientras respiraba de forma desigual. Su calor la envolvía y la hacía sentirse dichosamente a salvo y extrañamente segura.
Sam podía sentir su corazón latiendo contra el omoplato mientras saboreaba este momento y su calor.
—No me sorprende que seas un salido. Eres realmente bueno en lo que haces.
Él le apartó el pelo de la mejilla antes de depositar un tierno beso allí.
—No degrades este momento, Samia. Nunca he hecho esto con ninguna otra mujer. Es algo que reservamos para nuestras compañeras.
—¿Entonces por qué lo haces conmigo?
—Porque, tan estúpido como suena, me importas de una manera que nunca me había importado nadie. En general, no me gusta realmente la gente. Tolero a mi familia, pero al final del día prefiero estar solo. Tú eres la única mujer a la que alguna vez he buscado.
¿Se atrevería a creerlo? Parecía imposible y con todo…
Ella quería que fuese verdad porque también lo entendía. Se sentía de la misma manera en lo referente a él.
—¿Por qué?
Él le besó la nariz.
—No tengo idea. A parte de mi hermana pequeña y sobrinas, tú eres la mujer más furiosa que he conocido. Todo lo que puedo imaginarme es que estoy enfermo de la cabeza o que soy un completo masoquista.
Ella le dio un codazo en el estómago.
—¡Ow! —él gruñó al mismo tiempo que su teléfono empezó a sonar—. ¿Ves lo que quiero decir? Tengo que ser adicto al abuso para estar contigo. —Se estiró sobre ella hacia la mesilla de noche para coger el teléfono para poder responder. Su pelo cayó sobre ella cuando le dedicó una mirada que conseguía ser tanto adorable como maliciosa—. Se buena conmigo, Amazona, o te tocaré con mi teléfono y te proporcionaré visiones.
—Probablemente, también lo harías.
Sonriendo, se giró antes de responder.
Sam se envolvió con la sábana mientras se daba cuenta de que sus poderes estaban de vuelta y que las sábanas no la estaban contaminando…
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no estaba captando cosas de otras personas?
—¿Estás seguro de ello? —Dev se echó el pelo hacia atrás y se rascó la cabeza mientras escuchaba a quien quiera que estuviese al otro lado de la línea—. Sí, bien. Confío en ti. Estaremos atentos y te hará saber si sucede algo —colgó el teléfono y la miró—. De acuerdo con Ash, no fue Nick el que dejó entrar al Daimon.
—¿Qué?
—Él jura que fue alguien fingiendo ser él.
Ella arrugó la nariz mientras volvía a la conversación con el idéntico Gautier.
—No lo sé. El Nick que vimos era bastante convincente.
—Cierto, pero Ash no nos mentiría. Quizás se guarde cosas, pero no mentiría, especialmente en algo como eso.
Eso era verdad. Y mientras estaba sentada allí, recordó la punzada que había tenido sobre que algo en Nick no estaba bien. ¿Había descubierto al impostor?
—Así que, si no era Nick, ¿Quién era?
—Esa es la pregunta para la que ninguno tiene respuesta.
Sam se reclinó contra el cabezal de cobre de la cama mientras le daba vueltas al pensamiento en la cabeza.
—¿Por qué vino Nick a nosotros? ¿Intentaban volvernos contra él?
—Eso tendría sentido. Hacer una cuña entre él y la gente que son sus protectores.
—¿Pero por qué? —No importaba cuantas vueltas le diera, no podía dar con la razón para utilizar a Gautier.
—Quizás es tan simple como que quieren estar cerca de ti y Gautier era el único al que podían suplantar.
Eso quizás funcionase y Dev tenía razón. Tan desconfiados como estaban ahora mismo, sería difícil conseguir acercarse a ellos.
—¿Pero por qué no atacaron?
—Puede ser que no quisieran meterse con mi familia. Como Nick, nuestra gente es capaz de conseguir entrar directamente en la habitación contigo y abrir el portal. Menos sanguinario que entrar por la puerta principal y luchar para abrirse camino hacia ti.
Otro punto válido.
Llamaron a la puerta.
Dev utilizó sus poderes para manifestar ropas sobre el cuerpo al mismo tiempo que ponía una manta más gruesa para cubrirla.
—Adelante.
Sam estaba impresionada con su tiempo de reacción. Ese hombre era definitivamente experto en muchas cosas.
La puerta se abrió para mostrar a un Charonte llevando una enorme bandeja de comida.
—Xedrix pensó que quizás tuvieseis hambre.
Sam sonrió a Dev.
—No sé tú, pero yo tengo un gran apetito.
Sonriendo, Dev salió de la cama para coger la bandeja. Justo cuando la alcanzó, el Charonte le arrojó la bandeja y la utilizó para conducirlo de vuelta a la pared. Dev le dio un cabezazo, pero eso no le hizo nada al demonio. Agarró a Dev por el pelo y le mordió tan profundamente en el cuello, que se lo rasgó literalmente.
Dev retrocedió cuando la sangre cayó a chorros bajando por la camiseta con tanta rapidez, que sabía que no pasaría mucho tiempo hasta desangrarse. Alejándose a trompicones, manifestó una toalla e intentó sellar la herida.
Incluso aunque estaba desnuda, Sam salió de la cama y le lanzó una patada de tijera al demonio mientras Dev luchaba por permanecer consciente. No iba a permitir que le hiriese aún más. No si podía evitarlo.
Dev usó sus poderes para vestirla rápidamente con un par de pantalones vaqueros, botas y camiseta. Mientras que apreciaba verla desnuda, sabía que ella no tenía la misma preferencia. Aunque prefería su vida antes que su modestia.
¿Por qué diablos no puedo hacer que deje de sangrar? Era como si hubiese un hechizo que garantizara que no fuera a sobrevivir.
El Charonte se lanzó a por ella.
Sam lo cogió por la barbilla y le hundió tres veces el puño en la tráquea en una rápida sucesión. Tosiendo, el demonio trastabilló alejándose. Sam lo persiguió, golpeándole y evitando mordiscos con todo lo que tenía mientras tomaba ventaja.
Dev estaba impresionado con sus habilidades, pero era hora de detener eso mientras pudiera. Él fue a unirse de nuevo a la lucha y arrancarle a aquello la cabeza de los hombros.
Ningún maldito demonio me mata y vive. Si iba a caer, se llevaría al Charonte al infierno con él.
Riéndose, el Charonte levantó a Dev con una mano y lo lanzó contra la pared, a metro y medio por encima del suelo, entonces se volvió sobre Sam y se envolvió a sí mismo alrededor de su cuerpo. En un momento ella estaba luchando. Al siguiente, ella y el demonio se habían ido.
Dev se recostó en un montón sangriento en el suelo, horrorizado y atónito por lo que había sucedido.
El demonio se la había arrancado llevándosela fuera de este plano de existencia.

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