viernes, 6 de enero de 2012

BRM cap 26

Fang se despertó en un callejón del Barrio Francés, con la cabeza latiéndole mientras el sol del mediodía se asomaba entre los edificios que rodeaban las sombras donde debía haberse derrumbado. Le dolía cada parte de su cuerpo de lobo.
¿Cómo había llegado hasta allí?
Cambiando el peso de su cuerpo, vio la sangre que cubría su pelaje, pero no era su sangre. Aunque le dolía todo, no estaba herido. Pese a que su cuerpo estaba completamente empapado como si se hubiera revolcado en la sangre. Incluso la podía saborear en su boca.
Se transformó en humano para poder hacer aparecer una botella de agua y, por lo menos, enjuagarse la boca para quitarse el caliente sabor metálico. Le resultaba denso en las papilas gustativas y le hacía sentir náuseas.
Después de quitarse el mal sabor, se recostó contra la tibia pared de ladrillos mirando la celosía del balcón que había sobre su cabeza.
¿Qué había pasado? Le pasaban por la cabeza imágenes de la noche anterior, como si hubiera estado de juerga, borracho. Vio de nuevo a Aimee en su habitación. Pero no le había hecho daño. Las otras imágenes no eran tan claras. Estaba él con otra gente… uno de ellos un Were-Hunter.
Una pantera…
Estaba peleando con otros, dos… ¿o eran tres? Pero no sabía por qué. Intentó ordenar las imágenes, cerrando los ojos. Aún así, seguían turbias y confusas. Había gruñidos e insultos. Puños y espadas. Metal destellando mientras corría la sangre.
—¿He matado a alguien? 
Recordaba que había… ¿un hombre peleando con él? Quizás era un demonio. La imagen no estaba lo suficientemente clara como para recordarlo. Lo único que hacían era confundirle. Le latía la cabeza.
Como necesitaba algo en lo que centrarse, hizo aparecer un teléfono y llamó a Aimee.
—¿Fang?
Soltó un suspiro de alivio en el momento en que oyó su suave voz. No sabía qué tenía, pero le calmaba hasta el fondo de su ser.
—Eh, nena. Yo…
—¿Dónde estás?
Arqueó una ceja ante el tono cortante. Sonaba extraña y como si tuviera pánico.
—No lo sé. En un callejón en alguna parte.
—¿Qué te pasó anoche? —Ahora las palabras eran acusadoras—. Intenté localizarte y no pude.
—¿Qué sucede?
—La policía te está buscando.
Aquello le golpeó como un puño. Se pasó la mano por el pelo intentando encontrarle un sentido a todo aquello.
—¿Qué?
—Quieren interrogarte. Mataron a dos humanos y a un Were-Hunter anoche. Greg, que había llegado hace unos días, se enrolló con una chica y no volvió. Le encontraron de madrugada con heridas de mordiscos. Alguien le había arrancado la yugular —se detuvo antes de susurrar—. Todos creen que has sido tú, Fang.
Pues claro. Porque, afrontémoslo, en una ciudad que hervía de demonios, Daimons y Weres, ¿quién más podría haberlo hecho? La ira le recorrió al pensar que él y sólo él entre tanta gente y animales, era considerado el culpable.
—¿Qué les hace pensarlo?
—Encontraron una camiseta desgarrada en el callejón junto al cuerpo. Tenía tu olor por todas partes.
Ah. Eso era un poquito más incriminatorio de lo que hubiera querido. Sus palabras también trajeron una imagen de alguien que iba tras él en las sombras. De que alguien le arrancaba la camiseta mientras peleaban pero no podía recordar nada más.
¿Por qué estaban luchando?
Tragando con fuerza, Fang apretó el teléfono en la mano.
—¿Tú qué crees?
—Yo… no lo sé. Estabas fuera de control cuando estuve contigo anoche.
Asesino. En realidad, no lo dijo pero tampoco hacía falta. Su tono lo decía todo y le destrozó que dudara de él siquiera un poco después de todo lo que habían pasado juntos. ¿Por qué no podía una persona, sólo una vez, tener fe en él?
Pero no. Siempre pensaban lo peor en lo que a él concernía.
Estaba bien, estaba acostumbrado a que la gente y los animales no confiaran en él. ¿Por qué debería confiar ella? Su propio hermano le había considerado débil y egoísta. ¿Por qué debería Aimee ser diferente?
—¿Dónde los mataron?
—A los humanos en Exchange Place y a Greg en un callejón de Royal.
Fang miró hacia la señal que podía ver desde el callejón.
Royal.
—Mierda —suspiró.
—¿Qué?
Fang dejó caer la cabeza mientras el miedo le recorría. A lo mejor lo había hecho después de todo. No podía recordar no haberlo hecho y obviamente había peleado con alguien por algo importante. Y alguien que no había sido él había sangrado profusamente. Y lo que era peor, tenía sangre en la boca y por todo el pelaje.
Como si hubiera mordido a alguien en a yugular…
Mierda, mierda, mierda. Era culpable. Tenía que serlo.
No, nunca harías algo así.
¿O sí? Con el demonio en su interior, era capaz de cualquier cosa y anoche el demonio estaba fuera de control. Y estaba hambriento de sangre.
Pero no quería decirle todo eso a Aimee.
—Nada. ¿Sabes a qué hora se cometieron los asesinatos?
—Los de los humanos, no. Greg murió sobre las dos de la madrugada.
Imágenes de una pantera Arcadiann le bombardearon mientras se veía a sí mismo atacando a una de ellas. El tío era humano, después pantera y otra vez humano mientras chocaban.
—¿Qué era Greg?
—Pantiras Arcadius.
Mierda por partida doble.
Después de todo quizás sus dudas no iban mal encaminadas. Empezaba a parecer que era culpable.
—Me tengo que ir.
—¿Qué vas a hacer?
—No lo tengo claro.
—Fang. Ten cuidado. Por favor.
Era sincera y eso le conmovió profundamente.
Podría tener dudas sobre su moralidad, pero aún se preocupaba por él.
—Y tú también.
Colgó y deslizó el teléfono en el bolsillo. Se recostó contra la pared de ladrillo rojo y se pasó las manos por el pelo intentando aclarar lo que había pasado. Nada estaba claro. Todo lo que recordaba eran emociones. La ira. El hambre.
¿Qué he hecho?
De repente, sintió como si alguien o algo le estuviera observando… miró a su alrededor pero no vio nada extraño. Ni con los ojos ni con los sentidos. Al menos no hasta que un cuervo grande aterrizó sobre la puerta de servicio de hierro negro. Ladeó la cabeza como si estuviera mirándole con intensidad.
Sí… un pájaro. Un jodido pájaro le estaba poniendo de los nervios.
Definitivamente, estoy perdiendo la cabeza. Y aún así la sensación de que le observaban persistía mientras que nada a su alrededor lo parecía. El sol naciente había barrido las sombras en las que se encontraba cuando despertó. Nadie podía verle desde donde estaba sentado. No sin estar en algún sitio desde donde él también pudiera verle.
Excepto el pájaro.
Pero salvo por el hecho de que no había Were-Hunter de esa especie, pensaba que el pájaro sentía por la manera en que le miraba. Dios, ¿cuán patético soy para llegar al punto de que un pájaro me inquiete?
Y entonces escuchó el ruido de una moto tronando alto en la calle. Era un pedazo de máquina y podía oír la velocidad a la que cambiaban las marchas cuando el conductor aceleraba. Alguien que sabía conducir. El sonido creció y creció hasta que se hizo casi ensordecedor.
Joder, tío, cómprate un silenciador.
Al menos eso era lo que pensaba hasta que entró chillando en el callejón hasta pararse delante de él. Una Honda 2000 F&C Valkiria reluciente que tenía el sonido gutural del poder puro y duro y un dibujo de llamas pintado sobre el negro brillante.
El conductor llevaba un sólido traje Aerostitch blindado y un casco negro azabache. La única nota de color eran las grebas de plata que iban de las muñecas al codo y las placas a juego de las botas de motero.
Miró a Fang mientras ponía la moto en punto muerto.
—Podrías querer correr.
—Y una mierda. Yo no corro. El hombre movió la cabeza mientras apagaba el contacto de la moto, ponía el pie y pasaba una pierna por encima.
—Haz lo que quieras.
Y entonces Fang lo oyó…
Un sonido que le había perseguido cada minuto que había pasado en el Reino de las Tinieblas. Un sonido que hizo que se le helara la sangre. Era inconfundible y claro y disparó la rabia que hervía en su interior.
El sonido de un Reaper…
No, uno no.
Muchos.
Ese tirón de miedo enfermizo le llenó el estómago. Pensaba que esas batallas habían quedado atrás. Pero era obvio que el recién llegado no solo sabía de ellos. Se estaba preparando para combatirlos.
—¿Quién eres?
—Zeke.
Extendió la mano y la moto se transformó en una espada brillante y desmesurada como nada que Fang hubiera visto antes.
El cuervo voló desde la cerca. Tan pronto como llegó a la espalda de Zeke, se transformó en una mujer vestida con un mono de cuero ajustado, corsé y un abrigo negro largo. El pelo corto y negro caía en una melena lacia que enmarcaba las facciones perfectas y los ojos negros como el carbón. Elegante y letal, era asombrosamente hermosa.
Chasqueó los brazos hacia abajo y al hacerlo se le cubrieron las manos con una armadura y garras. Zeke la miró por encima del hombro.
—Ella es Ravenna y esta es tu última oportunidad de marcharte mientras puedas.
Fang negó con la cabeza.
—Contad conmigo.
Ravenna le barrió con una mirada de incredulidad.
—Eres tonto, lobo. Yo correría si pudiera.
Y entonces el infierno se desató, literalmente, al llegar los Reaper. Salieron en masa desde las paredes de ladrillo y del suelo bajo sus pies. Por lo menos dos docenas aunque era difícil diferenciarlos. Luchaban como una unidad coherente y su estrategia habitual era sobrecoger al oponente, tirarlo al suelo y hacerlo pedazos.
Fang hizo aparecer una espada, no la que le había dado Thorn, si no otra.
—¿A estos puedo matarlos?
Zeke atropelló a uno y pateó a otro. Hizo un arco amplio con la espada decapitando a otro de un solo mandoble.
—Absolu-jodida-mente.
Fang cogió al primer Reaper que pudo y le abrió de arriba abajo. Gritó y cayó al suelo mientras otro le llegaba por la espalda.
Ravenna le atacó por detrás.
—No cambies de forma —le advirtió antes de girar para enfrentarse a otro.
Fang no tenía previsto hacerlo. Como lobo, no era oponente para ellos. No podía morderles y eso le dejaba con nada salvo correr.
Y esta vez, los quería muertos. Todos esos meses de estar encerrado en el infierno con ellos, siendo mordido y arañado hervían por su cuerpo. Quería venganza y se la iba a tomar en cada Reaper que pudiera alcanzar.
Balanceó la mano intentando volar a un demonio pero Ravenna le agarró de la muñeca.
—Eso solo los hará más fuertes. Los Reaper son especiales. Sólo mano a mano.
Al menos le explicaba las reglas antes de que cometiera algún error. Gracias, Thorn, cabrón. Fang le dio una patada al siguiente y Zeke apuñaló a otro. Su número pareció duplicarse durante unos minutos, como si estuvieran pidiendo refuerzos.
Al menos hasta que Ravenna lanzó un chillido agudísimo. Fang golpeó el suelo queriendo aullar cuando el dolor le atravesó la cabeza. Era atroz. Aunque no era el único que lo sentía. Los Reaper retrocedieron chillando hasta que, al final, desaparecieron.
Fang se levantó del suelo, con los oídos zumbándole, fulminándola con la mirada. Quería arrancarle la cabeza por la agonía que latía en su cráneo.
Zeke se arrancó el casco de la cabeza y tenía el aspecto de sentirse como él. Tenía el pelo castaño oscuro de punta en la parte de adelante por el casco y el sudor pero el resto le caía hasta los hombros. Con una barba de dos días, parecía letal a pesar de la belleza casi angelical de sus facciones.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que no hagas esa mierda? —Le preguntó a Ravenna apretándose los oídos con la mano.
—Estaban pidiendo refuerzos. ¿Quieres que la próxima vez les deje cogerte?
—Depende de lo que me dure la migraña.  Joder, mujer, la próxima vez es mejor que me apuñales la cabeza —Zeke flexionó la mandíbula como si intentara aclararse la cabeza.
—No me tientes.
Fang se levantó, sacudiendo la cabeza para aliviar el dolor y miró los cuerpos negros con forma de pájaro que les rodeaban. La sangre corría por la acera mientras algunos se retorcían en la muerte. Disolvió la espada y tomó aliento.
Zeke y Ravenna se volvieron hacia él.
—Buen trabajo —le dijo Zeke.
Fang asintió agradecido mientras seguía mirando los cuerpos.
—¿Qué ha originado esto?
Ravenna le dio unos golpecitos en el pecho, justo encima del corazón.
—Tienes a Phrixis en tu interior, colega —señaló los restos de los demonios—. Querían sus poderes, lo que significa que si te mataban conseguían los de él y los tuyos. Eres la Estrella de la India, cariño.
Fang no podía aceptarlo. No tenía sentido.
—¿Cómo es que pueden estar aquí?
Zeke extendió la mano y soltó un chorro de fuego que consumió los cuerpos.
—Siempre han estado aquí. Nunca los habías visto hasta tu desafortunado viaje a sus dominios y abriste los ojos. La puerta entre este mundo y el suyo casi no está vigilada, así ir y venir no es tan difícil para algunas especies como ésta.
Fang entrecerró los ojos cuando al final lo comprendió.
—Así que, ¿también sois Hellchaser?
Zeke resopló como si Fang le hubiera insultado.
—No. Nosotros trabajamos para la parte buena de la ecuación —casi escupió las palabras.
¿Y Fang no? ¿Qué quería dar a entender Zeke exactamente?
—Tío, háblame en un idioma que comprenda porque ahora mismo, estoy perdido. La última vez que lo comprobé, yo era uno de los buenos.
Zeke negó con la cabeza.
—Puede que lo fueras pero el cabrón para el que trabajas ciertamente no lo es.
—¿Qué quieres decir?
—Yo respondo antes los arcángeles Samael y Gabriel. Aunque se supone que Thorn está de nuestro lado, es el hijo de sangre de nuestro más amargo enemigo y por lo tanto, no sabemos dónde radican sus lealtades. Él dice que con nosotros pero no me fío de él en absoluto. Dado quién es su padre y su pasado, es sólo cuestión de tiempo que cambie de bando y nos deje con el culo al aire.
—¿El más amargo enemigo?
Las facciones de Zeke se volvieron de piedra.
—Lucifer.
Fang jadeó de incredulidad cuando la realidad le golpeó en las tripas. ¿Thorn era el hijo de Lucifer? ¿Por qué no se había dado cuenta?
Porque estabas desesperado. La vida de Aimee estaba amenazada y no le importaba nada más. No había que extrañarse de que Thorn hubiera sido tan reservado.
—¿Qué he hecho?
Ravenna le dio una palmada fuerte en el hombro.
—Has vendido tu alma al bando equivocado, colega. Felicidades.
Fang todavía se negaba a creerlo.
—Pero lucha contra los demonios.
Zeke soltó un largo suspiro.
—Hasta ahora, sí. Quién sabe lo que nos depara el mañana. Algo que he aprendido desde que hago esto es que la gente cambia, la gente traiciona y en que en la única persona en que puedes confiar eres tú mismo.
Ravenna le lanzó una mirada severa.
Zeke bufó.
—Como si no me cortarías la garganta si alguien te diera la oportunidad.
Ella asintió y se rió.
—Vale. Eso es verdad. La verdad es que te odio la mayor parte de los días.
Fang les ignoró intentando entender qué estaba pasando.
—Esperad. ¿Me lo podéis explicar? Thorn no ha estado muy comunicativo con eso de la información. ¿Qué es exactamente lo que hacemos y cómo encajáis vosotros en la ecuación?
—Venga ya, Fang —dijo Ravenna como si estuviera hablando con un crío que no tuviera habilidades cognitivas—. No creerás de verdad que el panteón griego y el atlante son los únicos que luchan en el bando bueno, ¿verdad? O que los Daimon son los únicos demonios que hay. Sabes de los Caronte, los Gallu, los Dimme, los Recolectores y los Reapers. Los demonios babosa como Misery… Hay miles de tipos y todos nosotros, sin importar el panteón o la fuente de poder a la que pertenezcamos, tenemos soldados para combatirlos.
Fang la miró suspicaz.
—¿Qué eres tú?
—Mitad humana, mitad demonio Kalios.
Los Kalios eran demonios benévolos. Lo había aprendido en el Reino de las Tinieblas. Al único de su especie que había conocido lo despedazaron los Recolectores mientras trataba de ayudarle.
Miró a Zeke con los ojos entornados.
—¿Y tú?
—Nací humano. Ahora estoy clasificado como Necrodemian, cuya traducción libre es muerte a los demonios o ejecutor de demonios. Al contrario que un Hellchaser, tengo la habilidad de matar demonios sin consecuencias mientras siga ciertos protocolos que, la verdad, me revientan la mayoría de los días.
—Mientras que nosotros sólo los mandamos de vuelta a donde pertenecen.
Zeke le hizo un saludo sarcástico.
—Lo vas pillando.
Fang se puso las manos en las caderas.
—Todavía no entiendo cómo me han arrastrado a todo esto.
Ravenna le palmeó el hombro comprensiva.
—El último de los Malachai ya no existe y con ello los poderes oscuros más antiguos se están uniendo de nuevo para tomar la tierra. Nuestros soldados se están congregando y tú, amigo mío, te has metido de cabeza en esta batalla.
—Sólo intentaba proteger a Aimee.
—Y ese sentimiento es lo que ha originado la condenación de muchas almas buenas.
Fang suponía que era así. Pero no aminoraba el hecho de que había puesto su vida entre rejas. Y todo esto porque quería tomarse una cerveza espumosa…
Y había terminado queriendo una osa.
—¿Así que Thorn es malvado? —Le preguntó a Zeke.
—Es el hijo de uno de los poderes más oscuros nunca conocidos. Y su padre era un soldado en quien se podía confiar que luchaba por el bien hasta que cambió de bando. Al contrario que su padre, Thorn ha resistido esa tentación la mayor parte del tiempo —Zeke soltó un suspiro que sonó cansado—. Al final, la verdad es que no lo sabemos. Muchos miembros de su ejército se ha sabido que han cambiado de bando y hemos tenido que abatirlos… generalmente después de haber cometido la misma equivocación que tú cuando mataste a Phrixis. Cuando los demonios matan a un Hellchaser se hacen más poderosos y es más difícil para nosotros matarlos. Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿Thorn no informa a sus Hellchaser a propósito para que los demonios se hagan más poderosos en beneficio de su padre? ¿O es que es así de olvidadizo?
Ravenna soltó un bufido burlón.
—¿O, como yo sospecho, es solo un jodido loco al que le gustan los juegos mentales?
Fang también quería una respuesta a eso.
—Apostad a que le preguntaré.
—Tendrías la misma respuesta que nosotros. O te pondrá contra la pared o te prenderá fuego —Zeke le echó una sonrisita de suficiencia—. A propósito, la parte del fuego duele de verdad. No sé qué es lo que tiene el cabrón en el puño pero quema como nada que hayas sentido. Y que no se te olvide, mantente en su lado bueno.
Genial. Sencillamente genial. Mantente en el lado bueno de un hombre que ha sido engendrado por el mal en estado puro.
—Así que no estoy mejor aquí de lo que estaba en el Reino de las Tinieblas.
Ravenna se rió.
—¿Estás loco? Por supuesto que estás mejor aquí. Aquí puedes dormir de verdad sin temor que te traten brutalmente y hay comida de verdad que puedes comer. Pero… llevas una X en la espalda tan grande como la señal de prohibido de la I-10. Porque los demonios sólo quieren obtener más poder y tú eres extra atractivo para ellos. Un Were-Hunter poseído. Realmente tienes suerte de que yo no intente matarte.
Fang ignoró el último comentario.
—¿Cómo salgo de esta?
Zeke se rascó la barbilla.
—Bueno, mis jefes no son mucho más comunicativos que el tuyo en cuanto a la información. Podemos intentar resucitar a Phrixis y sacártelo de adentro, lo que es un asco y podría no funcionar. Y también podría matarte. O podemos encontrar a quien le convocó y romper la cadena que usó. Eso erradicaría al cabroncete.
—¿Y por qué Thorn no me dijo todo eso?
—Ya te lo he dicho, no sabemos realmente de qué lado está. Tienes que preguntarte si lo que quiere es que el demonio te devore y se vuelva más poderoso para luchar contra nosotros. O si quiere que tú seas más poderoso para luchar contra ellos. Y puesto que no sabemos si ganará el Fang Bueno o el Fang Malo, está jugando un juego muy peligroso.
—Personalmente, quiero fuera de mí al demonio. ¿Cómo encontramos al que le convocó?
Ravenna arqueó una ceja.
—Estamos en Nueva Orleáns, nene. ¿Tienes una ligera idea de cuanta gente puede haberlo hecho?
—Bueno —dijo Zeke—, hay una tercera manera.
—¿Qué es…?
—Un acto de tan pura bondad y desinterés echa fuera al demonio.
A Fang le gustó como sonaba aquello. Al menos tenía toda la pinta de que funcionaría y no le mataría… a lo mejor.
—¿El qué? ¿Salvar a un infante?
Zeke se encogió de hombros.
—No lo sé. Los PQS no son muy específicos.
—¿PQS?
Ravenna respondió por él
—Los Poderes Que Son.
—Genial. ¿Entonces qué hago? ¿Me quedo tan tranquilo esperando que el demonio se marche o a que el que lo convocó se lance por casualidad bajo mi moto?
Ravenna dejó escapar una risa siniestra.
—Abróchate el cinturón, colega. Va a ser un vuelo movido.
—Gracias, Bette. Lo cierto es que me gustaría algo un poco más concreto.
Zeke levantó el casco del suelo.
—Bueno, es lo mejor que podemos hacer por ahora. Lo siento.
¿Lo siento? A Fang le encantaría hacerle comerse la palabrita.
—Has mencionado a un Malachai. ¿Qué es eso?
Zeke dio un golpe en el suelo para sacudirse el polvo de los Reaper que al final habían dejado de arder.
—La explicación más sencilla es pensar en ellos como un ejército de ángeles caídos. Demoníacos, fríos y capaces de hacer pedazos cualquier cosa que se ponga en su camino.
—Dijiste que sólo quedaba uno.
Zeke asintió.
—Hubo un tiempo en que había dos ejércitos. Los Sephirii que luchaban por el bien y los Malachai que eran puro mal. Ahora queda sólo uno de cada. El último Sephiroth es un esclavo y el último Malachai ha desaparecido. Creíamos que estaba muerto hasta que, hace unos meses hubo una ruptura en el éter.
—¿Una ruptura?
Zeke asintió con la cabeza.
—Adrian, el último Malachai, tuvo un hijo del que no sabíamos nada. De alguna forma se las apañó para que el nacimiento del pequeño cabrón escapara a nuestro radar. Cuando acceda a sus poderes, habrá un clamor inequívoco.
—¿Dónde está este último Malachai?
—Esa es la putada. No lo sabemos. Intentamos encontrarle pero quienquiera que está escondiéndole está decidido a mantenerle en secreto y no sabemos por qué.
—Seguro que eso no es nada bueno.
—Sí… ya puedes jurarlo, te has asignado un puesto muy tenue. Vigila tu espalda, lobo.
Zeke tiró su espada al aire. Se transformó de nuevo en la moto. Ravenna se transformó en cuervo y levantó el vuelo mientras Zeke ponía en marcha la moto.
—Intentaré echarte un ojo, lobo. Desconfía de las sombras y mantén los ojos abiertos para que Phrixis no te controle.
Asqueado con el giro de los acontecimientos, Fang esperó hasta que se hubieron ido. Todavía no tenía claro nada de anoche ni de su futuro, pero estaba seguro de una cosa, no tenían intención de permitir que la policía le interrogara hasta que no supiera más de lo que había pasado.
Y sobre todo, hasta que no supiera de que iba todo esto.
Durante los últimos meses, Fang había evitado a los polis y a su familia y había aprendido exactamente qué quería decir Zeke cuando habló de la diana en su espalda. Se sentía como si hubiera vuelto al Reino de las Tinieblas y los demonios, uno tras otro, le persiguieran.
Pero lo peor eran las lagunas que seguía teniendo en las que no podía recordar lo que había hecho.
Dónde había estado.
Aún estaba vivo pero eso era lo único de lo que tenía la certeza. Y al hacerse más frecuentes las lagunas, temía acercarse a Aimee. Podría despertarse con todo tipo de heridas que no podría explicar. Marcas de mordiscos, heridas, cardenales.
Si pudiera saber cómo se las había hecho.
Estaba muriendo más gente y Were-Hunters y estaba empezando a pensar que él era el culpable. Todas las mañanas se despertaba cubierto de sangre sin explicación de qué lo había causado.
Fang se internó más en el pantano, esperando que si se mantenía alejado de todos no les causaría daño. Pensar en herir a Vane o a Bride o, más importante, a Aimee, le torturaba.
¿Por qué no podía recordar lo que hacía por la noche? Quería con desesperación estar con Aimee y contarle lo que estaba pasando pero no se atrevía. Primero estaba evitando que lo detuvieran. Y segundo temía hacerle daño sin intención durante una de sus lagunas.
Había estado tan cerca la última vez que la había visto. Si no le hubiera dado aquel rodillazo…
Fang no quería pensar en ello. No podría seguir viviendo sabiendo que la había herido.
¿Qué está pasando?
—¡Quiero que salgas de mí! —Le gruñó a Phrixis, que estaba en su cabeza, incitándole a matar.
¿Por qué no podía tener un poco de paz?
Lo peor de todo es que quería ver a su sobrino y a Aimee. Quería que por un momento alguien le abrazara sin que sospechara de él de la manera en que él sospechaba de sí mismo. Pero no los pondría en peligro.
No hasta que no supiera la verdad.


Aimee colgó el teléfono frustrada mientras se sentaba en el sillón de la oficina de su madre. Quería hacer un billón de pedazos del inútil aparato.
—¿Aún no le has localizado?

Levantó la vista y se encontró a Dev de pie en la puerta mirándola con aire preocupado en la cara.
—¿De qué me hablas?
—Sé que estás llamando a Fang.
Pensó en mentir, pero ¿para qué molestarse? Su hermano lo olería.
—Estoy preocupada por él.
—No te culpo. Los cuerpos se van acumulando y Stu ha llamado hoy para decir que han montado un destacamento especial para cogerle.
Stu le había mantenido al día sobre los asesinatos. Todos y cada uno parecían obra de un animal. Como si hubiera sido un lobo o un perro.
Aunque los asesinatos más sangrientos habían sido los de Were-Hunters, todos Arcadianns, que habían muerto. Ningún animal común tenía las facultades para hacerlo. Había otro Were-Hunter cazándoles.
Aimee se tragó el nudo que tenía en la garganta considerando la posibilidad sobre la que no quería pensar.
—¿Crees que es culpable de haberlos asesinado?
Dev suspiró.
—Ocho de los muertos eran Were-Hunters. No pinta bien para él.
No. No pintaba bien. Y el que no quisiera hablar con ella lo hacía mucho peor. Sin mencionar que ya no estaba en casa de Vane. Nadie sabía dónde estaba.
Y eso hacía que quisiera llorar.
—¿Aimee?
Miró por encima del hombro de Dev a Maman que llamaba desde el salón. Se levantó y se dirigió hacia él para dejarle el sitio a su madre.
—¿Sí?
Dev se hizo a un lado para que Maman pudiera entrar.
—Se ha convocado una sesión especial del Omegrión. Creo que deberías asistir.
Aimee frunció el ceño ante aquella petición tan inusual.
—¿Por qué?
—Porque es sobre Fang.
Se le cayó el corazón a los pies tan deprisa que se mareó. Dev la sujetó contra sí.
—Voy contigo.
Asintió, agradecida por el apoyo.
—Gracias por decírmelo, Maman.
Su madre inclinó la cabeza.
Dándole una palmadita en el hombro a Dev, Aimee le dejó y subió las escaleras para vestirse con un traje gris conservador. Nunca había estado antes en un concilio y no tenía ni idea de qué podía esperar.
Dev se reunió con ella al final de la escalera, vestido con vaqueros y una camisa azul oscura. Se erguía al lado de Maman. Aimee se paró mirándolos a ambos. Su madre era tan escultural y exquisitamente bella. Como una reina hasta la médula de los huesos. Poseía tal elegancia femenina que Aimee siempre se había sentido como el patito feo en comparación.
Aunque no siempre estaban de acuerdo, amaba a aquella mujer con todo el corazón. Y deseaba poder ser más como ella y hacer que se sintiera orgullosa.
Dev parecía el protestón encantador de siempre. Aunque no poseía el refinamiento de Maman, que había pasado a Zar y a Alain, tenía un carisma práctico y realista que resultaba absolutamente atrayente.
—¿Estamos listos, mes enfants?
Aimee le cogió la mano a Dev.
—Estamos listos.
Maman los transportó a Neratiti, la misteriosa isla hogar de Savitar. Era una isla en constante movimiento por el mundo mientras Savitar, que era un devoto surfista, buscaba la ola perfecta. Era un ser con miles de contradicciones y misterios. Y alguien a quien Aimee sólo había visto unas pocas veces en su vida. Para ser sinceros, la asustaba de muerte.
Pero no estaba en la habitación cuando llegaron. Aimee respiró hondo de alivio y se tomó un momento para mirar alrededor de la gran sala circular. Estaba decorada en borgoña y oro y tenía grandes ventanales abiertos que iban desde el techo dorado hasta el mármol negro del suelo bajo sus pies. Suntuosamente decorado, podría haber resultado hortera pero, de alguna manera, los colores y diseños tan elaborados se fundían para crear un hermoso lienzo.
Una gran mesa redonda se situaba en medio de la sala y un trono impresionante se erguía a un lado. Suponía que era el sitial de Savitar.
La mayoría de los Katagaria ya estaban allí, sentados a la mesa. Aimee retrocedió, intimidada. Dev se mantuvo a su lado con apariencia estoica que la hacía preguntarse qué estaba pensando.
Maman sonrió con suficiencia ante los sitios vacíos mientras se detenía junto a una pantera alta y de pelo oscuro.
—Parece que los Arcadianns se mantienen en su verdadera forma, ¿eh, Dante?
—Los mismos gallinas de siempre, Lo. Ni siquiera aquí nos hacen frente solos.
Miró por encima de Maman encontrándose con la mirada de Aimee.
Maman sonrió con calidez al presentarlos.
—Mi hija, Aimee. Aimee te presento a Dante Pontis.
Aimee extendió la mano hacia él.
—Eres el dueño de El Infierno, en Minnesota.
Aunque no era un santuario oficial, era un club muy conocido.
—Lo conoces —estrechó su mano y después se la tendió a Dev—. Me alegro de volver a verte.
—Yo también.
Aimee frunció el ceño ante la familiaridad entre ellos.
—¿Cómo es que os conocéis?
Dante guiñó un ojo.
—Expediciones de exploración… y otras cosas.
Aimee levantó las manos como protestando ante lo que iba a decir.
—Eso fue antes de que Dante se emparejara.
Dante se tocó el corazón. El amor en sus ojos lo decía todo.
—Y no lo querría de ninguna otra forma, Dev. Algun día espero que conozcas una dicha como la que Pandora me ha otorgado.
—Ya. No decías esa cuando estaba preñada.
Dante se rió.
Fury y Vane entraron en la sala con las caras sombrías.
Aimee se les acercó inmediatamente.
—¿Sabéis algo de Fang?
—No —la voz de Vane estaba llena de emoción—. Esperaba que tú sí.
Negó con la cabeza mientras el resto de miembros aparecían y tomaban asiento a la enorme mesa redonda.
Ella y Dev retrocedieron cuando dos grandes puertas se abrieron por poderes primigenios que estremecieron la sala. Savitar, vestido con una túnica larga y flotante que le recordaba un diseño egipcio, avanzó con un aura de poder tan poderoso que hizo que los pelos de la nuca se le erizaran.
El pelo largo y oscuro flotaba sobre sus hombros. Lo llevaba trenzado y lucía una perilla bien recortada y cuando pasó la vista por la sala, los profundos ojos lavanda parecían brillar.
Cada uno de los miembros se puso de pie mientras caminaba hacia su trono. Parecía estar furioso y un pánico muy patente parecía emanar de cada criatura presente.
Savitar les lanzó una mirada iracunda.
—Posad el culo, animales y gente. No me apetece estar aquí más de lo que os apetece a vosotros, así que vamos rápido y así podréis salir de mi vista. Vamos de prisa con la pedagogía de mierda. Os escucho… —se detuvo como si estuviera resistiendo el deseo de golpear algo—. ¿Quién coño ha escrito esta mierda? “Bienvenidos a la Cámara del Omegrión. Nos reunimos aquí, un representante de cada rama de las dos patrias. Venimos en paz… —se paró para bufar con sorna patente—, para hacer la paz.” Soy vuestro mediador, Savitar, y si a estas alturas no lo sabéis, tendrían que daros en la cabeza con un martillo neumático y reemplazaros porque sois demasiado estúpidos para representar a vuestras patrias. Pero por si acaso se os ha olvidado o sois densos, soy la suma de todo lo que fue y un día volverá a ser. Yo hago orden del caos y caos del orden que es por lo que estoy metido en esta mierda. Así que vamos a ello antes de que empiece a arrancaros los pelos.
Su mirada fue directa a Maman.
—Nicolette, últimamente ha habido cierto número de quejas contra el Santuario.
El pánico de Aimee creció.
Maman, por el contrario, mantuvo la compostura.
—¿Quejas? ¿De quién?
Savitar se inclinó hacia un lado mirándola con los ojos entrecerrados.
—Un grupo de chacales que dicen que no sólo te negaste a ayudarles a que aprehendieran a un criminal buscado si no que también informaste al tal criminal de dónde estaban y le soltaste sobre ellos.
Nicolette abrió la boca pero Savitar levantó la mano para hacerla callar.
—Una manada de lobos dijeron que, cuando uno de los empleados de tu Santuario les atacó en un callejón fuera del Santuario sin mediar provocación, no sólo disculpaste sus acciones si no que te negaste a entregarles. Así mismo, permitiste a sabiendas que Wren fuera falsamente acusado y le perseguiste en este mismo Consejo. Y que tú, personalmente, atascaste a un tigre en tu propia casa. Ha habido otros que aseguran que seleccionas y eliges a quién ayudar y cuándo en lugar de dar la bienvenida a todos como juraste hacer. ¿Qué tienes que decir?
Maman ni siquiera pestañeó.
—Mienten.
Vane se puso de pie.
—Apoyo a Nicolette completamente.
La atención de Savitar se desvió hacia él como un potente láser.
—Chico, ni siquiera he empezado contigo todavía. En este momento, tu palabra no significa mucho.
Aimee le lanzó una mirada asustada a Dev.
Dev le cogió la mano y la mantuvo apretada incitándola a que mantuviese el silencio.
Savitar clavó una mirada severa en Nicolette.
—¿Hiciste o no hiciste que tu hijo avisara a Constantine de que el grupo de chacales iban a por él?
—Atacaron a mi hija en mi propio club. Amenazaron su vida.
Aimee miró el asiento vacío que fue de Constantine. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué no estaba aquí para apoyar a Maman?
Savitar no le dio tregua.
—Deberías habérmelo dicho, Nicolette. Soltar a su enemigo sobre ellos va en contra del código de neutralidad y lo sabes. Y aún no has contestado a mi pregunta. ¿Se lo dijiste?
—Sí. Yo, y no mis hijos, informé a Constantine que iban tras él.
Sintió como se tensaba la mano de Dev ante la mentira. Dev había sido el que advirtió a Constantine. Maman estaba protegiéndole ofreciéndose a sí misma para el bloque de ejecución.
—Y cuando Eli Blakemore y su manada te contaron bajo juramento que su hijo y sus amigos habían sido atacados en las afueras de tu club, ¿no entregaste a los culpables?
Aimee dio un paso adelante.
—¡No! —Soltó Dev en su cabeza—. Savitar te matará.
Pero está mal.
Aimee, no avergüences a Maman. Sabes lo que tienes que hacer.
Sí, lo sabía. Pero era muy duro quedarse quieta y escuchar como atacaban a su madre con hechos que estaban siendo exagerados.
Maman levantó la barbilla con la dignidad de una reina.
—No creo en su manada ni en las mentiras que cuentan.
—¿Te negaste a entregarles a su atacante?
Por ella… Las lágrimas sin derramar la ahogaban al darse cuenta de en cuántos problemas había metido a su madre. No era de extrañar que fuera tan severa a veces. Aimee sabía que Savitar era insensible, pero verlo…
¿Qué había hecho? Había puesto en peligro a su madre para salvar a su amigo.
Y Maman se estaba echando toda la culpa para protegerlos.
Oui. De hecho, lo hice.
Savitar movió la cabeza.
—¿Y cuando nos reunimos aquí y dimos orden de arresto contra Wren, no mentiste a los miembros de este consejo?
—No. Dije lo que creía que era la verdad.
—¿Estás segura?
Absolutamente. Sí.
Savitar dejó escapar un suspiro cansado mientras se acariciaba la barbilla, pensativo.
—Lo… de todos los miembros de este consejo, tú sabes cómo va. ¿En qué estabas pensando?
—Lo que estaba pensando es que Constantine, como Regis de este consejo, debía ser avisado. Sus perseguidores llegaron y pusieron un cuchillo en la garganta de mi hija y atacaron a mis hijos. Si no me preocupara mi licencia, les habría destruido allí mismo. Pero en vez de hacerlo, pensé que era justo advertir a Constantine que esa gente —escupió la palabra—,  no harían honor a las leyes del santuario y que no se molestara en buscarlo.
Savitar se inclinó hacia delante.
—Limani significa santuario. Decirle a un enemigo marcado dónde encontrar a aquellos que quieren matarlo no está en el código. ¿Y qué hay de la otra acusación?
—Blakemore es un cerdo. Su hijo atacó a Wren en el callejón de atrás y le cogimos allí, y de nuevo atacó a mi hija que estaba intentando ayudar a Wren.
—Tengo declaraciones juradas de diez miembros de su manada que juran que Wren fue quien atacó primero.
—En defensa propia.
—Fue el primero en derramar sangre —el tono de Savitar era gélido.
Y aun así, Maman no retrocedió y por eso Aimee sintió un nuevo respeto por su madre.
—Y Blakemore le habría matado allí mismo si yo le hubiera entregado. No condenaré a morir ni siquiera a un enemigo cuando le acosan los matones.
Savitar se puso de pie, lo que hizo que alguno de los miembros del consejo jadearan. Maman, sin embargo, no movió un músculo.
Savitar se acercó.
—Si dices la verdad, ¿por qué no me informaste?
—No pensé que mereciera la pena molestarte.
Savitar se detuvo cerca de su silla.
—Pues te equivocaste. Con efecto inmediato, tu licencia se suspende durante seis meses. Una transgresión más y será indefinidamente —Savitar se volvió hacia Vane—. Y tú… Te dije que trajeras contigo a tu hermano.
Ahora fue el turno de Vane de no mostrar emoción alguna.
—No sé dónde está.
Savitar le lanzó una cortante mirada llena de ira.
—¿Esperas que me lo crea?
—Es la verdad.
Eso no le gustó para nada al muchachote. Parecía que Savitar iba a desatar una ira infernal sobre todos ellos.
—Muy bien. Ya veo que necesitas un incentivo para obedecerme. Me traes aquí a Fang en cuarenta y ocho horas para someterle a juicio o destruyo la manada Kattalakis —miró a Fury con los ojos entrecerrados—. A ambas. ¡Se levanta la sesión! —Rugió la última orden mientras desaparecía.
Los miembros, visiblemente agitados, empezaron a desaparecer no sin antes hacer varios comentarios insidiosos sobre Fang y los Peltier.
Aturdida por lo que había ocurrido, la mayor parte de lo cual había sido por su culpa, Aimee se acercó a su madre.
—¿Maman?
Su madre no mostró la más mínima emoción. Pero Aimee podía sentirlo. Sabía lo duro que había sido para su madre. Sin licencia, cualquiera podía atacarlos. No tenían refugio. Todo aquello por lo que Maman había luchado se había hecho pedazos.
¿Qué he hecho?
Dev se dejó caer junto a su madre.
—Maman, todo se arreglará.
Le cogió la mano y lo miró como si se asombrara de su tamaño.
Non, mon fils. Quiero que te vayas y reúnas a la familia. Marchaos y no volváis hasta que volvamos a tener licencia.
Dev negó con la cabeza. Tenía la mandíbula crispada y esa mirada obstinada de acero que conocían tan bien.
—No podemos dejarte.
Maman le abofeteó. Con fuerza.
—No me cuestiones. Ve y haz lo que te digo. ¡Ya!
Las facciones de Dev se endurecieron. Nicolette podía ver el deseo de devolver el golpe, pero Dev sabía por qué lo había hecho. Maman estaba preocupada y actuaba bajo el impulso animal. Acababa de arriesgar su vida para proteger la de ellos.
Sin una palabra más, se desvaneció.
Aimee encontró la mirada de Vane mientras se acercaba para hablarle.
—¿Qué vas a hacer?
—¿Tú qué crees? —Le gruñó.
Se llenó de horror.
—No puedes entregar a Fang a ése… —monstruo era lo que quería decir, pero sabía que no podía. Savitar podía oírla y sólo los dioses sabían qué le haría.
—Tengo mujer y un hijo. Mi compañera está embarazada de nuevo, Aimee, y es humana. ¿Crees que puedo entregarla por un hermano que ya ni siquiera me habla?
Maman se puso de pie. Barrió a Vane con una mirada fría y hostil.
—Todo esto es culpa tuya. Vosotros, lobos, me habéis echado encima todo esto. Antes de que viniérais estábamos en paz y ahora…
—¿Nosotros? —Gruñó Vane—. ¡Mi hermano no se habría visto envuelto en todo esto si no hubiera sido por tu hija! Me arriesgo a perder mi manada y a mi compañera, ¿y por qué? ¿Por una osa?
Aimee retrocedió como si la hubieran abofeteado con esas palabras.
Vane le lanzó una mirada dura y fría.
—Más te vale que encuentres a mi hermano y me lo traigas.
—¿Y si no puedo?
—No te gustaría que contestara a esa pregunta, osita. Créeme.
Aimee se encogió al darse cuenta de qué iba todo aquello. Vane iba a traicionar a Fang por última vez y quería que ella fuera la herramienta con qué hacerlo.

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