viernes, 6 de enero de 2012

BRM cap 25

Fang no podía respirar mientras yacía en la cama en forma de lobo. Su hombro marcado lo estaba matando. La marca ardía de una manera que lo hacía querer arrancarse su propio brazo.
¿Qué está mal conmigo?
El dolor era agonizante mientras golpeaba la cama con una pata, tratando de enterrarse dentro del cubrecama blanco y azul. Nada aliviaba el dolor. Ninguna posición o estiramiento.
Jadeando, sintió como si sus entrañas hubieran sido arrancadas. Estoy dando a luz al alien de Alien… Cada sonido era demasiado alto para sus oídos. Cada latido de corazón arrasaba a través de su cráneo.
Quería matar algo.
El aroma de sangre colgaba de sus fosas nasales, tentándolo. Llamándolo…
Si matas a los osos podrás tomar sus poderes y tener a Aimee.
Frunció el ceño ante la extraña voz en su cabeza. ¿Se estaba volviendo loco?
¿Qué han hecho ellos realmente por ti? Nada. Echaron a tu hermano fuera y lo dejaron sin ayuda para él y su compañera. No se preocupan por ninguno de vosotros. Págales con la misma moneda por lo que les hicieron a Vane y a Wren.
Muerte a los osos…
Fang sacudió su cabeza, tratando de aclararla de esa hostil furia. ¿Qué estaba mal con él? Se sentía ebrio mientras los sonidos hacían eco a su alrededor y su visión disminuía.
—¿Fang?
Escuchó la voz de Aimee, mientras ella aparecía en su habitación. Lucía como una dulce golosina, de pie, enfrente de su tocador, con la luz brillando desde la ventana para iluminar su pálido cabello. Las sombras jugaban en su piel, cortando ángulos a través de su hermoso rostro. Le recordaba la manera que ella lucia la primera vez que la vio en el Santuario.
Pero esa noche, él no quería su gentileza.
El demonio interior quería su sangre.
Vete de aquí —le gruñó a ella.  No quería estar a su alrededor mientras se sintiera así. No tenía control sobre sí mismo o el demonio. Iba creciendo más y más y estaba manando a través de cada parte de él.
Violento y letal, tenía miedo de sí mismo.
No sabía cuánto tiempo podría aguantarlo. Que los dioses la ayudaran si eso se liberara mientras estaba con ella. La amenaza y el deseo de causarle dolor eran siempre fuertes y demandantes.
No me hagas lastimarla…
Pero no estaba seguro si podría tolerarlo. El hambre dentro de él era demasiado grande.
Aimee vaciló ante el feroz sonido de Fang en su cabeza. Algo estaba obviamente mal con él. Sin estar segura en cuanto a qué era, se movió más cerca y extendió una mano para acariciar su pelaje.
—¿Qué va mal, bebé?
Él se volvió hacia ella y le sacó la mano de un golpe como si se hubiera vuelto loco. En un minuto era lobo y al siguiente humano.
Se bajó de la cama, acosándola. Completamente desnudo, su cuerpo estaba cubierto con una fina capa de sudor. Sus mejillas oscurecidas con barba, mientras su húmedo cabello caía sobre sus ojos. Cada músculo de su bronceado cuerpo estaba apretado y tenso como si estuviera tirando hacia atrás de un amarre.
Una nueva ola de temor la consumió mientras retrocedía. Había un movimiento depredador en su caminar. Uno que decía que estaba tasándola como presa.
—Háblame, Fang.
—¿Y decir qué? —Él continuó su avance hasta que la presionó contra la pared y levantó su cabeza. Había una luz en sus oscuros ojos que era verdaderamente atemorizante. Era una luz que le advertía ser cautelosa y que le decía que éste no era el lobo que ella había aprendido a amar.
Éste era aquel que había visto ese primer día en el Santuario. El lobo feroz que aterrorizaba a todo el mundo.
Él enterró su cara en su cuello e inhaló profundamente mientras le acariciaba una mejilla con una mano.
—Ya puedo saborear tu sangre.
Hundió sus dientes en su piel.
Protestando, Aimee lo golpeó de vuelta con un fiero puñetazo en el plexo solar.
—¿Qué estás haciendo?
Él asió su brazo y la acercó contra sí en un agarre hecho de acero.
—Esto es lo que quieres, ¿no es así? ¿Que tu lobo te ataque?
Aimee se retorció en su ofensivo agarre.
—¿Quién eres tú?
—Soy Fang, nena. ¿No puedes verlo?
No. Este no era Fang. Algo estaba definitivamente mal. Él ni siquiera olía bien.
Entonces lo vio. El más diminuto flash de rojo en sus ojos. Y en un instante, ella supo que era.
Estaba poseído.
—No… —jadeó ella mientras el terror la consumía.
¿Lo había seguido algo desde el Reino de las Tinieblas?
Él trató de morderla de nuevo.
Aimee reaccionó por instinto. Le dio un rodillazo en la entrepierna tan fuerte como pudo, y lo empujó hacia atrás. Él se tambaleó y cayó, agarrándose a sí mismo.
Por favor, deja que sea solo el demonio quien sienta eso y no Fang. A Fang no podría herirlo por nada. Pero el demonio era otra historia.
Ella se detuvo a su lado y lo miró desde arriba, sufriendo por su dolor, pero no tanto como para estar dispuesta a ser su víctima.
—Si puedes escucharme, Fang, necesito que lo apartes y regreses a mí.
Sus ojos llamearon en rojo sangre en la oscuridad mientras se ponía de pie. Sin ninguna respuesta en absoluto, la agarró con rudeza.
Aimee gimió de dolor.
Ese simple sonido pareció alcanzar cualquier parte del Fang real que estaba aún ahí. Ella vio el arrepentimiento en su mirada mientras la soltaba.
La pura angustia retorció sus rasgos mientras se encogía hacia atrás.
—Corre, Aimee. ¡Vete!
Ella vaciló, no queriendo dejarlo ahí. Pero pudo ver que él se estaba conteniendo a sí mismo por un delgado margen y haciendo todo lo que podía para no lastimarla. Quedarse ahí sólo le haría peor.
—Conseguiré ayuda.
Sus piernas colapsaron un instante antes de caer al suelo donde se retorció como si estuviera en profunda agonía. Nuevamente se transformó a su forma de lobo.
Aimee retrocedió, desesperada por calmarlo.
Pero primero tenía que asegurarse que no la lastimara. Dolida, supo que no tenía más opción que la de irse. Era lo mejor para ambos.
Sin la más mínima idea sobre qué hacer, se transportó al Club Caronte, la discoteca y bar que Xedrix y compañía habían abierto con la ayuda de su hermano Kyle. Seguramente un demonio sabría y sería capaz de decirle cómo ayudar a Fang con su presente dilema. No pudo pensar en nadie más que pudiera tener una pista.
Si Xedrix no podía ayudarla, no sabía qué haría.
El club estaba lleno esta noche con estudiantes universitarios, jóvenes locales y turistas, bailando mientras los demonios se movían entre ellos como parte del grupo.
Si los humanos sólo supieran…
Pero no eran ellos quienes le preocupaban. Sólo Fang le inquietaba.
Música hip-hop a todo volumen retumbaba a través del club mientras las luces centelleaban y danzaban a través de la gente, los demonios, el suelo y la barra. La multitud se arremolinada a su alrededor en parejas o grupos mientras los demonios trataban de mezclarse. Unos pocos mostraban sus cuernos, pero los humanos parecían aceptarlos como falsos. Algunos de ellos incluso mostraban su piel real moteada de colores, pero también, los humanos los felicitaban por su maquillaje.
Extraño.
Aimee detuvo a un Caronte macho con cuernos rojos y piel naranja y roja cuando pasó junto a ella con una bandeja vacía bajo el brazo.
—Ey, ¿Dónde está Xedrix?
Él le lanzó una mirada sospechosa.
—Soy la hermana de Kyle Peltier y necesito hablar con él.
Eso pareció convencerlo. Presionó un micrófono en su oído.
—Xed, hay una osa aquí abajo para ti. —él asintió, luego la miró de regreso—. Está en camino.
—Gracias.
El demonio le indicó el camino hacia el área del bar con espejos.
Ella vio una puerta abierta y una habitación escaleras arriba que debía ser una oficina. Ésta tenía una ventana de espejo donde Xedrix sin duda, miraría y espiaría a sus trabajadores y clientes.
Vestido en vaqueros y una camiseta azul suelta, Xedrix bajó las escaleras. Aimee tenía que darle crédito. Para ser demonio, era condenadamente atractivo. Ese cuerpo delgado estaba definido y el cabello negro enmarcaba sus casi perfectos rasgos.
Pero la desolada expresión en su cara era casi divertida mientras se detenía a su lado.
—Esto no puede ser bueno para mí.
—También me alegro de verte.
—Sí. ¿Qué necesitas ahora?
—Información sobre un demonio.
Sus rasgos se endurecieron.
—No nos hagas enfadar. Eso no nos gusta.
Ella le lanzó una mirada asesina.
—Si alguien estuviera poseído por un demonio, ¿cómo consigues expulsarlo?
—Llama a un sacerdote. —él empezó a apartarse de ella.
Aimee le agarró por el brazo y lo hizo detenerse. Todo en su postura rezumaba impaciencia.
—Estoy hablando en serio, Xedrix. Y no es un humano. Es Fang. ¿Tienes alguna idea de cuánto daño puede hacer un demonio en el cuerpo de un Were-Hunter?
—Oh, mucho. —su tono era tan seco como el Sahara—. Definitivamente, apestaría ser su víctima.
Ella no apreció su humor.
—¿Qué puedo hacer?
—Yo dejaría la ciudad.
—¡Xedrix!
Él levantó las manos en una postura exagerada de desesperanzadora inocencia.
—¿Qué es lo que quieres que diga? ¿Frota su pancita peluda? Ni siquiera sé qué clase de demonio tiene. En caso de que no lo hayas notado, hay cientos de especies de nosotros. Y estás hablando con un demonio que viene de una de las clases no posesivas. Nosotros matamos lo que sea que se cruce en el camino. O que nos destrocen los nervios. —él le lanzó una mirada muy puntual para enfatizar eso. —La posesión es… —Su voz se desvaneció cuando miró por encima de ella.
Aimee giró para ver a una hermosa mujer rubia que le miraba airadamente con los brazos en jarras.
—¿Estabas a punto de decir algo? —le incitó la mujer.
—Ah… la posesión es para grandes demonios que tienen… muchos poderes.
En realidad, era entretenido verlo retorcerse. Obviamente, la mujer rubia significaba mucho para él y no quería hacerla enfadar.
La rubia ofreció su mano a Aimee.
—Soy Kerryna, ¿y tú serías?
—La hermana de Kyle —contestó Xedrix tan rápido que Aimee se dio cuenta que él y Kerryna tenían una relación tan cercana que no quería que Kerryna malinterpretara el por qué estuviera hablando con ella—. Aimee. Y ya se iba.
Aimee soltó la mano de Kerryna para corregirlo.
—No, aún no me voy.
—Sí, sí te vas. Adiós. Ahí está la puerta. El pomo gira a la izquierda. Las bisagras se abren para adentro. Deberías usarla. Mantenerlas en funcionamiento. Sigue respirando. Aquí todos estamos genial.
Aimee suspiró ante su sarcástica retahíla. Ignorándolo, habló con Kerryna.
—Tengo que saber cómo romper una posesión. ¿Podrías sugerir algo?
Kerryna frunció el ceño.
—¿Qué clase de demonio?
—No lo sé. ¿Hay alguna diferencia?
—Oh, definitivamente. Están aquellos que puedes matar, aquellos que puedes expulsar y aquellos que se convierten en una parte permanente de ti. Estos últimos, citando la frase favorita de Xedrix, realmente apestan.
Aimee deslizó una mirada fija sobre Xedrix, antes de retornar su atención a Kerryna.
—¿Cómo sé lo que tengo?
—Llévame con eso.
Xedrix hizo un sonido inhumano de protesta.
—Oh, diablos, no.
Kerryna le lanzó una mirada reprobatoria.
—Xedrix…
Él, inmediatamente, dio un paso atrás.
—Sé que soy un Caronte y que diferimos de nuestras hembras, pero tienes que respetar el hecho de que soy Caronte y que nosotros defendemos a nuestras hembras hasta el final. Tú eres mi hembra. Solo soy protector.
Kerryna le sonrió.
—Entonces ven con nosotras y deja de lamentarte.
—No me estoy lamentado. —Miró a Aimee como si estuviera considerando su completo desmembramiento—. ¿Por qué cada vez que te veo, me haces ir a un lugar al que no quiero ir? Creo que debería estar agradecido de que no sea nuevamente el infierno.
—Deja de ser un bebé, demonio. Vamos a ver a Fang.
Xedrix hizo una mueca de disgusto.
—¿Qué es lo que hay entre ese lobo y tú? ¿No podemos mejor pegarle un tiro y sacarlo de su miseria?
—Yo te dispararía primero.
—Al ritmo que vamos, desearía que lo hicieras.
Kerryna lo golpeó juguetonamente en la barriga.
—Sé bueno, Xed, o te dispararé yo misma.
—Sí, akra.
Sacudiendo su cabeza ante el sarcasmo, Aimee los llevó de vuelta a la habitación donde había dejado a Fang.
Estaba vacía.
Xedrix cruzó sus brazos sobre su pecho.
—¿Dónde está?
Frustrada y preocupada, Aimee exploró la habitación con la mirada. La cama estaba todavía desordenada, pero el tocador y el baúl de cajones estaban perfectos. Todo estaba donde tenía que estar, excepto por la presencia de Fang.
—No lo sé. Estaba hecho bola en el suelo por el dolor cuando lo dejé.
Kerryna fue hasta el punto como si supiera de alguna manera dónde había estado. Tocando el suelo, jadeó.
—Oh, esto es malo.
A Aimee se le cayó el alma a los pies ante el desalentador tono.
—¿Qué?
—Está poseído por un primus. Un poderoso primus.
Aimee no estaba segura de qué era eso, pero el tono con que lo dijo no era bueno.
—¿Puedes lograr sacar el demonio?
—No lo sé. —Kerryna se puso de pie—. Si tuviera a mis hermanas, podría. Pero sola… no lo sé.
—Entonces, ¿qué hacemos?
Fue Xedrix quien contestó.
—Matarlo.
—¡Xedrix! —espetó Aimee.
—¿Qué?  —Él le lanzó una mirada de inocencia, que hubiera resultado cómica si no fuera la vida de Fang lo que estaba en discusión—. Los lobos son buenos para comer. No tan sabrosos como otras cosas, pero no son malos. Y añadiéndoles salsa barbacoa. Podría con ello.
Queriendo servirlo a él en el Santuario, ella miró a Kerryna.
—Puedo rastrearlo y encontrarlo. —Aimee cerró los ojos y pensó en Fang.
Pero por una vez, no había nada ahí.
Nada.
¿Cómo podía ser esto? Sus poderes eran de dios. Siempre podía rastrear. Y sin embargo, no había ninguna señal de él. Era casi como si estuviera muerto.
El mero pensamiento fue suficiente para hacerla querer morirse. Eres más fuerte que esto…
Aimee los enfrentó con una calma que no sentía.
—No puedo encontrarlo.
Kerryna observó de nuevo el suelo.
—Es un poderoso demonio. Estoy segura que puede enmascarar su olor para cualquiera excepto un dios.
—Entonces, ¿qué hacemos?
Xedrix se encogió de hombros. Su ambivalencia le estaba llegando a los nervios.
Entrecerrando sus ojos, Kerryna se tocó la barbilla.
—Menyara, creo.
Aimee frunció el ceño ante un término que nunca había escuchado antes.
—¿Es esa alguna clase de rara ceremonia?
Kerryna rió.
—No, es una persona. Ella vive aquí en Nueva Orleans y es quien me ayudó cuando recién llegué. Creo que si alguien puede ayudarte, es ella. —Le devolvió una mirada punzante a Xedrix—, dado que no puedes soportarla, ¿seguramente me dejarás ir  allá sola?
Él llevó su puño izquierdo hasta su hombro derecho y se inclinó burlonamente.
—Sí, akra. Tu placer es mi eterna miseria.
Kerryna resopló.
—Te recordaré eso esta noche cuando quieras irte a la cama.
Él se mostró horrorizado por la amenaza.
—Era una broma, bebé. No dije en serio ninguna palabra.
Ella le palmeó cariñosamente la mejilla.
—Ya veremos.
Aimee apenas tuvo tiempo de concentrarse antes que Kerryna la sacara de la habitación de Fang hasta una pequeña cabaña, una casa azul brillante. Aún en la oscuridad, el azul destacaba. Colorida, pero omnipresente en diseño, se veía como cualquiera de las cientos de casas en el Barrio Francés de Nueva Orleans. Cortinas de encaje blanco se asomaban por debajo de gruesas cubiertas blancas. Difícilmente se veía como la morada de alguien que pudiera vencer a un poderoso demonio.
Pero si Hello Kitty atacara… ¡ten cuidado!
Kerryna llamó a la puerta.
Después de una pequeña pausa, una hermosa mujer Afro-americana les abrió, sonriéndoles. Su largo cabello rizado enmarcaba su rostro que era elegante y exótico. Vestida con un suéter amarillo brillante que hacía juego con la cinta de pelo que usaba para sostener su cabello fuera de su frente, y vaqueros, poseía un aura de fiero poder que agitaba el aire que las rodeaba.
No había duda que esta mujer podía enfrentar a un demonio y ganar.
—¿Kerry-bell? ¿Qué te trae a la puerta de Menyara, niña? —Le extendió una mano a Aimee—. Pasa, ma petite osa, y siéntete como en casa.
Aimee con los ojos muy abiertos, pasó una trepidante mirada a Kerryna.
—¿Cómo sabes quién soy? —preguntó a Menyara.
Una lenta sonrisa curvó sus labios y arrugó su nariz.
—Sé mucho acerca de este mundo, niña. El visto y el no visto. Ahora pasad, hay una cálida taza de té de manzanilla Egipcia esperando, con mucha miel.
Aimee la siguió dentro de la pequeña casa que estaba decorada como si fuera el interior de una pirámide Egipcia. Estatuas de dioses cubrían el marco de la chimenea recordándole a un altar. Papiros pintados cubrían las paredes. Decorada en negro, dorado y café la casa tenía una sensación hogareña. Era como entrar en la casa de una amada abuela.
Aimee tomó asiento en una pequeña silla de brazos mientras Kerryna se sentó en el sofá al tiempo que Menyara servía el té.
Kerryna tomó una taza de su mano.
—Estoy segura que sabes por qué estamos aquí.
Menyara sostuvo la tapa de la tetera mientras servía una taza para Aimee.
—En realidad, sí. Pero hay mucho en flujo en este momento. Poderes alineándose y repeliéndose —le extendió la taza a Aimee. —Te has hecho el más poderoso de los enemigos, chère. Uno que no se detendrá ante nada por verte muerta.
—Eso no me interesa. Es Fang por quien estoy preocupada.
Ella inclinó su cabeza antes de servirse su propia taza.
—Él camina por una ensombrecida línea de decepción. Pero no está en mino decirte lo que ha hecho. Sólo él puede hacerlo.
—¿A qué te refieres?
Menyara extendió su mano y una perfecta bola de fuego apareció en el aire frente a su cara.
—Creamos cosas por nuestras acciones. —Ondeó su mano sobre la bola de fuego para agrandarla—. Cada acción que tomamos moldea nuestras creaciones —cortó la bola a la mitad con su mano desnuda y se disolvió en cenizas que se extinguieron en la alfombra—. Y esto puede destruirlas.
Tal vez estuviera espesa, pero Aimee no veía la conexión entre esa bola de fuego y lo que le estaba sucediendo a Fang.
—Todo eso está bien y es bueno, pero…
—No hay ningún pero, niña. Fang está en su camino. Debe ver a través de él.
Bueno, bien por ella, pero dado lo que había visto, él estaba pasando un momento realmente difícil.
—¿No puedo ayudar?
—No. No hay nada que hacer. Sólo él puede vencer al demonio en su interior.
—¿No hay algún exorcismo?
Menyara se arrodilló en el suelo, frente a Aimee y tomó sus manos entre las suyas y las sostuvo.
—Dentro de nosotros están piezas de lo que consideramos negativo. —Miró a Kerryna por encima de su hombro—. Los demonios son buenos o malos. Como tú, tienen muchas facetas. Esta es la esencia interior o senda, si prefieres, que todos poseemos y nos guía a través de nuestras vidas. Algunas veces esas voces que nos llevan son recuerdos susurrados que viven profundamente  en nuestro interior y nos causan tal dolor que no tenemos más opción que dejarlos salir y lastimar a aquellos que nos rodean. Pero otras veces, la voz es amor y compasión, y ésta nos guía a un lugar más gentil. Al final, nosotros, solos, debemos escoger qué senda caminaremos. Nadie puede ayudarnos con ello.
Aimee sacudió su cabeza.
—Yo no lo creo así. Nuestros caminos colisionan unos con otros por alguna razón. Como tú con la bola. Un movimiento y podemos alejar el odio y el dolor.
Menyara palmeó su mano.
—Ahora estás pensando, niña. Pero recuerda, es un poderoso demonio lo que está dentro de él. Uno que está hambriento de sangre y que no será fácilmente apaciguado. Mira en tu corazón y sabrás la verdad.
Kerryna apretó su taza ante esas palabras.
—Me dijiste que el corazón nos vuelve ciegos.
Menyara le rió a Kerryna.
—Lo hace, en verdad. —se sacó un anillo de su dedo y se lo extendió a Aimee—. Usa esto, niña. Te protegerá.
—¿De qué?
—Cuando llegue el momento, lo sabrás.
Aimee observó el granate que era tan oscuro que parecía negro. Asentado en un antiguo trenzado de placas de oro, era hermoso.
—Tu vaguedad me recuerda a un hombre llamado Acheron Parthenopaeus. Por casualidad no estareis relacionados, ¿no es así?
Ella se rió.
—Somos viejos amigos y como yo, Acheron sabe cuándo la verdad hará daño. Debes encontrar tu propio camino en ello. Por las mismas leyes del universo, tengo prohibido intervenir.
—Oh, cielos. Gracias. —Se puso el anillo, después se detuvo—. Lo siento, Menyara. No quise sonar tan desagradecida.
—Lo sé, niña. No temas. Ahora, se está haciendo tarde y deberías regresar a tu casa. Tu lobo regresará a ti cuando sea el momento adecuado de hacerlo.
Aimee asintió, luego les dijo adiós a las dos. Y ahí estaba ella pensando que iba a pasar una tranquila sesión de mimos mañaneros con Fang. En vez de eso, estaba aterrorizada por él.
Transportándose de nuevo a su habitación, escuchó un montón de charlas animadas en el vestíbulo. ¿Qué diablos sucedía? Era tarde y la mayoría del personal debía haber terminado su turno.
Curiosa, abrió la puerta y fue a las escaleras. Abajo estaba su familia entera, junto con Jasyn, Max, Colt, Carson y Justin. Mientas descendía las escaleras, escuchó la discusión.
—Entonces, ¿qué dice la policía?
—Que fue uno de los tres asesinatos de esta noche. Están pensando que es algo relacionado con pandillas, pero dado que Stu es un escudero Dark-Hunter, él lo sabe mejor. Dijo que parecía más el ataque de un demonio.
Aimee trastabilló en el último escalón.
—¿Estás bien? —preguntó Dev.
—Sólo probando la gravedad.
Riendo, él sacudió su cabeza.
Aimee se enderezó, luego se les unió.
—¿De qué estáis hablando?
—Greg, el pantera Arcadiann que vino hace dos días, fue encontrado muerto en un callejón de Royal Street. Otros dos cuerpos fueron encontrados en Exchange Place. Esos eran humanos.
Kyle le lanzó una sonrisa maléfica.
—Fueron drenados completamente de sangre, así que la policía piensa que son vampiros.
Ella frunció el ceño.
—¿Asesinatos Daimon?
—No. —dijo su padre en tono grave—. Aún tenían su alma. Esto era un demonio sediento de sangre.
Y Aimee sólo podía pensar en el único demonio en la ciudad que estaba muriendo por sangre.
El que estaba dentro de Fang…

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