domingo, 19 de febrero de 2012

LFB cap 5

  Velkan  estaba dolorido con algo que era solo segundo al empalamiento. Sus poderes de Dark-Hunter deberían haberle curado para ahora… esto le indicaba que tan graves habían sido sus heridas para que estuviese todavía dolorido de ellas.
            Él se volvió cuando oyó que la puerta se abría.
            Era Esperetta, y allí por un segundo él regresó quinientos años atrás cuando habían compartido esa habitación, cuando ella había estado dispuesta a unirse a él cada noche.
            Una vez que él había reclamado su casa después de su muerte, le había costado grandes dolores hacer que su habitación bajo el corredor fuese justo igual a como cuando ella había vivido aquí. Pero aunque sus cosas personales habían estado allí, ella nunca la había usado más que para vestirse. En contradicción a las costumbres de aquella época, ella había compartido esta habitación con él para dormir…y para otras cosas cuyo recuerdo lo calentaban completamente.
            Haciendo una mueca de dolor, él todavía podía imaginar la manera en que su olor había impregnado sus sábanas y almohadas…
            La manera en que se había aferrado a su piel.
            Se fuerte, Velkan. Tenía que serlo. La última cosa que quería era dejar que ella lo hiriera más de lo que ya lo había hecho.
            Ella entró vacilando un poco antes de bajar la bandeja sobre la mesa junto a su cama. Su largo pelo estaba recogido en una cola de caballo y se veía extremadamente cansada.  Aún así  seguía siendo la mujer más hermosa que él hubiese visto. “¿Todavía prefieres tu filete servido con  cebollas y manzanas guisadas?”
            Su pregunta lo sorprendió. No podía creer que ella recordase eso. Asintiendo, él la miró levantar la tapa de plata del plato y descubrir las cebollas.
            “¿No vas a comer?” le preguntó cuando ella le tendió el plato.
            “Acabo de desayunar algo. Realmente no tengo hambre.”
            Él negó con la cabeza ante ella. “Coge el plato del pan y comparte esto conmigo”
            “Lo necesitas tú”
            “Sobreviviré y puedo enviar a por más. Ahora trae el plato.”
            Ella arqueó una ceja ante su tono irritado.
            “Por favor,” añadió él, suavizando su voz.
            Retta se detuvo ante eso. Este era un hombre que solía impartir órdenes. Que ella supiera, él nunca había usado la palabra “por favor” antes. Su corazón se suavizó, tomó el plato e hizo lo que él le dijera.
            “Gracias”, dijo ella cuando él dividía su comida con ella. “Ya de paso, tengo un hueso que comentar contigo”
            “¿Solo uno?”
            Ella sonrió a pesar de si misma. “Por el momento”
            “Entonces no puedo esperar a oírlo”, dijo él antes de probar su filete.
            “¿Bram y Stoker”?
            Él se rió profundamente, un sonido resonante.
            “Era apropiado, creo yo”
            Retta le gruñó. Pero no había mencionado su habitación, la cual ella había visto la noche de su llegada. Eso había sido un misterioso recordatorio de su pasado, y eso lo le había dicho lo mucho que Velkan la amaba. Incluso si él lo negaba, ella sabía la verdad. Todo había permanecido igual como si él hubiese estado esperando su regreso en algún momento.
            Cuando lo había visto, se había sentado en las escaleras y llorado su propia estupidez..
            Forzándose a apartar ese pensamiento, se aclaró la garganta. “¿Tuviste que darle a ese hombre ese tremendo libro sobre mi padre?”
             Él encogió esos anchos hombros antes de limpiarse la boca. “Estaba estacionado en Londres en aquel tiempo y aburrido. Él había estado trabajando en un libro y le había llamado Radu al personaje principal—el cual, sin ofender a tu tío, no es ni de cerca tan apropiado como Vlad Drácula. Además, no es culpa mía que el libro saliese. Este debería haberse olvidado completamente si no fuese por la película de décadas más tarde.
            Ella entrecerró los ojos mirándole con sospecha. “Oí que también metiste la mano en eso.”
            “Ese es un rumor del cual soy inocente”
            “Uh-huh”. Incluso si así fuera, ella no estaba realmente enfadada con él. Al menos no ahora. Hace un siglo, habría querido arrancarle la cabeza de los hombros, pero extrañamente, ahora que estaba aquí, sentía una extraña especie de paz. Era tan bizarro.
            Él dejó su plato a un lado.
            “No se te ha atravesado, ¿verdad?”
            “No tengo hambre realmente.”
            El único problema era que ella tenía era morirse de hambre… y no era de comida. Lo que ella realmente quería era probar un poco de esa deliciosa boca suya. Él era pecaminoso y decadente. Siempre lo había sido, y había pasado tantísimo tiempo desde que ella había tenido un beso.
            Velkan apenas podía centrarse cuando su cuerpo ardió por probar el de su esposa. Cuan cruel era estar así de cerca de ella y no permitirse saciar la necesidad que quemaba tan furiosamente dentro de él.
            Ella terminó su comida, entonces se movió a retirar el plato de él. Cuando lo hizo, se volvió a mirarlo. Eso fue un error.
            Incapaz de detenerse, él enterró su mano en su suave pelo castaño y tiró de ella más cerca de él. Él esperaba que ella lo empujase a un lado.
            No lo hizo.
            En lugar de eso, ella encontró sus labios con notable pasión. Era como si quisiese devorarle.
            Velkan gruñó ante su entusiasmo. Esto había sido la última cosa que había esperado de ella. Pero Dios, que bien sabía. Este era el momento más increíble de su vida y todo en lo que podía pensar era en atraer su cuerpo desnudo al de él.
            Retta no podía tener bastante de el cuando se inclinó a si misma en sus brazos. Al menos no hasta que pasó sus manos con impaciencia contra sus costillas y lo sintió encogerse de dolor por sus heridas. “Lo siento”, jadeó ella, retirándose.
            Pero él no la dejó ir lejos. La atrajo de vuelta a él y le dio un beso tan abrasador que la derritió completamente. Con una sonrisa bromista, ella mordisqueó sus labios. “Todavía estás herido”.
            “Tú vales un poco de dolor”, susurró antes de enterrar sus labios contra su garganta.
            Retta gimió cuando escalofríos la recorrieron, y su cuerpo se incendió inmediatamente. Había pasado mucho tiempo desde que habían estado juntos. Ella lo había olvidado todo excepto lo bien que se sentía esto. Lo bien que se sentía Velkan. Inclinándose hacia atrás, ella tiró de él con ella hasta que su peso la presionó sobre la cama. Todavía sus labios no dejaban su cuello mientras le desabotonaba la camiseta. Sus ojos estaban oscurecidos con el hambre cuando acunaba su pecho mientras su pulgar se deslizaba bajo el cordón para acariciar su piel. Ella tembló ante su cálido toque mientras le quitaba la camiseta por la cabeza
            Su piel estaba todavía quemada y se veía rugosa, pero incuso así, ella nunca había visto nada más exquisito. Él era tan delgado y bien formado que ella podía ver la línea exterior de cada músculo sobre su pecho. Y recordó la primera vez que lo había visto desnudo. Él había vacilado, temiendo herirla. Y ella había estado asombrada por el tamaño de él. Por el contraste de su masculino cuerpo con el de ella. Donde ella era suave, él era duro. Donde la piel de ella era lisa, la de él estaba surcada por cicatrices de batalla y callos. Y su esencia…
Era caliente y masculina, decadente.
Temblando, ella se echo atrás y se deshizo de su sujetador, dejándolo caer al suelo.
Velkan apenas podía respirar. El todavía no podía creer que ella le estuviese permitiendo tocarla. No después de toda la rabia que ella había arrojado. Todos los insultos que había tenido que devolverle a lo largo de los siglos. Si fuese inteligente, la hubiese enviado a hacer las maletas. ¿Pero cómo podía? Más allá de la rabia, él sabía la verdad.
Todavía la amaba. Todavía la deseaba.
Ella lo era todo para él.
Y ella quizás cambiase de idea…
Eso sería demasiado cruel. Cruel incluso para la hija de Vlad el Empalador.
Con ojos oscurecidos por el deseo y la pasión, se apartó de la cama para sacarse ella misma los pantalones. Velkan pensó que iba a morirse cuando ella llegó a sus medias. Su respiración se convirtió en cortos, agudos jadeos cuando ella se lamió los labios, riéndose de él, excitándolo. Las puntas de sus dedos fueron bajo la tela negra.
“¿Quieres que me vaya?” preguntó ella vacilando mientras él esperaba a que ella bajase esa maldita excesiva pieza de tela.
¿Qué? ¿Estaba loca? ¿O solo planeaba enfriarle?
“Infiernos, no,” gruñó él.
Sonriendo, se quitó lentamente las medias de sus piernas hasta que pudo salir de ellas. En ese momento, era una lucha no correrse con solo ver su desnudez. Maldición, ella tenía el cuerpo más caliente que los dioses habían otorgado a una mujer.          
Cierto que sus pechos no eran muy grandes y sus caderas eran un poco anchas, pero no le importaba. No había mujer más perfecta.
            Retta adoraba el poder que ella sentía cuando él la miraba con los ojos entrecerrados. Aún así, ella podía decir cuan impaciente estaba él. Pero eso no era nada comparado a cuan malamente quería ella saborearle.
            Ella apartó a un lado las mantas que cubrían el cuerpo de Velkan, entonces se arrastró hacia atrás en la cama entre las piernas de él sin romper jamás el contacto visual con él. Con la boca seca, ella finalmente bajó la mirada hacia el bulto al fondo de su pijama. Ella podría haber jurado que lo oyó lloriquear.
            Pero todavía no se había movido mientras ella movía su mano de modo que pudiese cubrirle a través de la tela. Él siseó como si estuviese siendo torturado, y aún así ella sabía por la mirada de alivio de su cara que él estaba disfrutando inmensamente. Esto aún no era bastante. Su corazón martilleó cuando todo su cuerpo se incendió por él, ella hundió su mano dentro de la goma de sus pantalones para sacarle fuera. Su piel estaba tan caliente y lisa cuando ella tocó su pene. Él ya estaba mojado y goteando. Acarició su extremidad, haciendo que él arqueara su espalda como si estuviese siento torturado sobre el potro.
            Riendo con placer ante su respuesta, ella apartó su mano de modo que pudiese probar la salada dulzura de él.
Velkan estaba absolutamente en llamas cuando él la vio lamer la punta de su dedo. Pero eso no fue nada comparado a lo que sintió cuando ella agarró la banda elástica de sus pantalones para quitárselos. Él levantó sus caderas para ayudarla incluso aunque la lentitud de ella empezaba a fastidiarle. Él quería saborearlo, y al mismo tiempo quería estar dentro de ella con tal desesperación que apenas podía contenerse. Era todo lo que podía hacer para no cogerla y voltearla debajo de él.
            Pero su paciencia se esfumó cuando ella tiró sus pantalones sobre su hombro, bajando después la cabeza para tomarlo en la boca.
            La visión de su pelo sobre su propio regazo mientras le probaba era más de lo que él podía soportar. Ella alzó la mirada y encontró la de él con nada más que un hambre cruda en su mirada… Él tuvo que apretar sus dientes para aguantar su orgasmo. Pero era difícil y él no quería terminar tan rápidamente.
            El tubo que recostarse y quedarse mirando el techo solo para controlarse, y aún así el todavía sentía el húmedo calor de su boca cuando ella lo lamía desde la base a la punta.
            Retta gruñó profundamente cuando vio a Velkan apretar la sábana en sus puños. Él levantó su pierna entre las suyas, y cuando su muslo tocó su centro ella casi se corre con el agudo placer de ello. Ella le debía tanto y no iba a dejarle hasta que él supiera lo mucho que sentía lo que les había hecho a ambos.
            Con su cuerpo palpitando, ella fue depositando besos en su camino desde su pene hasta su ombligo. Entonces se movió hacia sus caderas de modo que ella pudiese lamerle mientras él hundía sus dedos profundamente dentro de ella. Cerrando sus ojos, saboreó su contacto mientras se movía para así montarse sobre sus caderas.
            Él movió su mano y acunó su mano cara antes de besarla, y en ese momento cada mal pensamiento que ella había llevado de él se fundió y no pudo recordar que había en él que la había hecho escapar. Cerrando sus ojos, ella saboreó su lengua y su boca. Saboreó la sensación de sus manos sobre su cara antes de descender por si misma sobre él.
            Velkan tembló cuando ella lo tomó dentro durante todo el camino hasta su empuñadura. Él había soñado con este momento los últimos quinientos años. Y todos esos sueños palidecían en comparación a este único momento. Él inhaló la dulce fragancia de su piel cuando ella lo montó lenta y fácilmente.
            Esto era todo lo que él había querido en toda su vida. Esperetta en su cama. Su cuerpo dentro del de ella. Él dejó escapar un profundo gruñido mientras ella continuaba montándolo, conduciéndolos a ambos hacia su mutuo placer. Ella mordisqueó y lamió la yema de su dedo mientras él trazaba suavemente la curva de sus labios.
            Necesitando tocarla, él dejó caer su mano hacia debajo de modo que pudiese tomar su pecho en su mano y juguetear con su duro pezón con su palma. Elevando sus caderas se introdujo aún más profundo en ella.
            Retta sonrió y tomó la mano de Velkan en las suyas mientras les daba a ambos lo que necesitaban. La mirada de placer de su cara solo hacía eco de la suya propia. Se sentía tan bien volver a estar con él. Tan natural. Por primera vez en siglos, ella honestamente se sentía igual que si estuviese en casa.
            Y ella jamás se volvería a marchar otra vez.
            Ese pensamiento la barrió un instante antes de que su cuerpo se estremeciera y convulsionara. Su cuerpo explosionó en una gloriosa inundación de éxtasis. Gritando, se inclinó hacia delante sobre Velkan cuando aceleró sus embates, aumentando aún más su placer.
            Y cuando él se corrió, susurró su nombre igual que una jadeante plegaria. Eso le dio más esperanza que ninguna otra cosa de que él le perdonara.
            Con el corazón acelerado, ella se tendió sobre su pecho mientras él la sostenía cerca de la luz del fuego. No había sonido alguno en la habitación a excepción de su respiración y el sonido de su corazón retumbando bajo su mejilla. Cerrando los ojos, ella inhaló su esencia y acarició los músculos de su brazo.
            Velkan permaneció en silencio mientras sentía cada parte del cuerpo de ella presionado contra el suyo. Él amaba la sensación de su piel sobre la suya. De su mano acariciando su brazo.
Pero él sabía que esto no podía durar.
Sabía que no podía confiar en ella.
            No importaba la manera en la que él se sentía ahora mismo, el pasado estaba anclado con fuerza en su mente. Y era ese pasado el que no quería revivir. Aprendiendo a seguir a través de cada día mientras una parte patética de él había seguido mirando la carretera, pensando, no, rogando, que ella volviese a él.
            Quizás estuviese con él ahora, pero ella no había confiado en él. Nunca lo haría. Y lo quemaba más que un potente veneno.
            “¿En qué estás pensando?” susurró ella.
            “Me preguntaba cuando cogerías el próximo vuelo para salir de aquí”
            “No me voy a ir Velkan.”
            “No te creo. Tienes un trabajo al que regresar. Una vida a la que volver.”
            Retta se quedó callada ante eso. Él tenía razón… y estaba equivocado. “Había tenido otro trabajo en el pasado al que podría regresar. También puedo dejar este. Yo pertenezco aquí, contigo.”
            Él no dijo nada, pero la duda en sus ojos la atravesó.
            “¿Me darías al menos otra oportunidad?”
            “¿Para qué?”
            “Para ser tu esposa”
            “¿Crees que podría hacerte feliz? Yo estoy aquí destinado en Rumania. En los confines del mundo que tú habías abrazado. No serías feliz sin todas las comodidades a las que estás acostumbrada. Además, los Dark-Hunters no están casados. Ni siquiera se supone que tengan ningún tipo de lazos sentimentales cualquiera que sean.”
            “Entonces recupera tu alma y libérate.”
            “¿Y si no quiero eso?”
            Su pregunta la tomó con la guardia baja. “¿Seguirías sirviendo a Artemisa?”
            “Soy inmortal, y un animal, ¿recuerdas? Vivo para la guerra.”
            “¿Elegirías eso antes que a mí?”
            Sus ojos negros la quemaron. “Tú elegiste mucho menos que eso por mí”
            Retta apartó la mirada avergonzada. El tenía toda la razón. Con el corazón pesado, se apartó de él. Su mirada calló sobre zonas de su cuerpo donde la piel estaba todavía ampollada debido a su rescate. “Entonces supongo que no hay futuro para nosotros.
            Él dejó escapar cansado un suspiro. “Nunca lo tendremos, Esperetta.”
            Ella apretó sus dientes con frustración. “¿Entonces nos divorciamos?”
            “¿Por qué preocuparse? La muerte ya nos ha separado”
            No es verdad. Estúpidamente se habían separado ellos, no la muerte.
Retta se movió de la cama y agarró sus ropas antes de vestirse sin otra palabra. Ella no sabía que decir.
“¿Así que esto es todo entonces?”
“Lo es”
Ella asintió cuando abrió la puerta al pasillo. Entonces vaciló. “Tengo que decir que estoy sorprendida”.
            “¿Por qué?”
            “ Tú cobardía. Siempre pensé que tenías más agallas que eso.”
            Él se giró en la cama dándole la espalda. “Entonces estamos iguales”
            “¿Cómo así?”
            “También te juzgué mal. Una vez pensé que valía la pena morir por ti.”
            La puerta se cerró de golpe delante de las narices de ella.
            Retta se quedó allí mirando fijamente la puerta de madera, con la boca abierta, sus palabras resonando en sus oídos. Ella taladró la puerta con la mirada, medio tentada de pegarle una patada y golpearle a él. Pero no le daría esa satisfacción.
            Bien. Si él quería jugar de esa manera, que así fuese. Lejos estaba de ella el discutir. Como él había apuntado, ella tenía una vida en América. Levantando su barbilla, dio media vuelta y caminó hacia su habitación al final del corredor.
            Y con cada paso que ella daba, más lágrimas escapaban de sus ojos cuando el dolor la atravesó. Con el corazón roto, abrió la puerta para encontrar a Raluca en su habitación, sacudiendo la cabeza ante ella.
            Retta se aclaró la garganta. “No me mires así. Tú no lo entiendes.”
            “Lo entiendo,” Raluca cruzó la corta distancia entre ella y le tendió su mano.
            Necesitando sentir consuelo, Retta tomó la mano de Raluca y entonces jadeó cuando un agudo calor la atravesó. Este la sacó fuera de esta habitación al interior de un ligero vacío que era abrasador y espantoso. Ella oyó el viento gritando en sus oídos cuando algo azotó contra su cuerpo. Ella levantó su mano para proteger sus ojos de una repentina luz que perforaba la oscuridad.
            No lejos en el señorío, ella se encontró a si misma en una pequeña villa donde ella se había refugiado con Velkan después de que sus familias se hubiesen enterado de su matrimonio. La familia de él lo había repudiado y su padre había votado por ver a Velkan muerto. Y había sido su propio padre quien los había encontrado primero.
            Completamente incorpórea, ella permaneció en la esquina donde ella podía ver a Velkan, quien estaba arrodillado al lado de su comatoso cuerpo. Aunque se habían estado escondiendo, él no había llevado la armadura de guerrero. Estaba vestido con una simple túnica y mangas. Para su completo shock, había lágrimas en sus ojos cuando sostenía sus manos en las suyas y le besaba la punta de los dedos. Ella nunca lo había visto tan vulnerable.
            “No dejaré que te haga daño,” susurró, bajando su mano de su cara. “Raluca te mantendrá a salvo por mí. Por favor no te enfades por que te esté dejando. Es la única manera que conozco de liberarte para que vivas la vida que te mereces.” Él la levantó de modo que sus labios estuvieran a solo unos centímetro los de ella. “Te quiero, Esperetta. Siempre” Y entonces él presionó sus labios contra los suyos antes de apartarse con un gruñido.
            Aún así, ella vio la solitaria lágrima que se había deslizado por la esquina de su ojo, bajando por su mejilla. Él la había limpiado antes de que se diese la vuelta y abriese la puerta de su villa.
            Allí ante él estaba el padre de ella con su arma. Vestido en armadura, su padre no llevaba yelmo que cubriera sus duras, características facciones. Su largo pelo negro caía sobre sus hombros mientras entrecerraba sus ojos negros en su marido. Ella hizo una mueca de dolor al ver la rabia contorneando la cara de su padre. Nunca ni una sola vez había visto este lado de él. Para ella, su padre había sido solo amoroso e indulgente. Bueno. Velkan sacó su espada y permaneció allí de pie como si tomase todo de ellos.
            “Te has excedido en número, muchacho,” gruñó su padre. “¿Es así como quieres morir?”
            “En batalla, por supuesto. Es como lo prefiero.” Velkan volvió a mirar por encima de su hombro. “Pero tienes que prometerme que permitirás que mis sirvientes se lleven a Esperetta a casa para el entierro. ¿Todavía lo juras?”
            Su padre frunció los labios antes de asentir.
            Velkan clavó la hoja de su espada en el suelo al lado de sus pies. “Entonces me rendiré a ti…” él se detuvo antes de decir, “Misericordia”, entre sus apretados dientes.
            Dos de los hombres habían desmontado antes de que ellos fueran a coger a Velkan. Tan pronto como lo sujetaron, su padre desmontó de su caballo. Él se adelantó con un enfadado pavoneo.
            “Ella está muerta,” escupió Velkan intentando liberarse. “Déjala descansar en paz”
            Su padre bufó cuando entró en la villa y se movió hasta quedar a su lado. Retta contuvo la respiración cuando vio el dolor que oscureció su ceño. Sus labios temblaron levemente cuando se inclinó sobre su cuerpo. Él levantó su mano para presionarla contra la boca y nariz de ella de modo que pudiese mantenerlos cerrados.
            “Te lo dije,” dijo Velkan, su voz bordeando la rabia. “Ella está muerta”
            Su padre arrancó la daga de su vaina cuando se volvió a Velkan con una fiera maldición. “Ella no es nada más que una puta Danesti”. Y entonces su padre hundió la daga directamente en su corazón,
            Velkan dejó escapar un grito tan angustiado que hizo que cada vello de su cuerpo se le pusiese de punta mientras se liberaba de los dos hombres que lo sostenían y agarraba su espada. Antes de que pudiese liberarla, le dispararon dos flechas a la espalda—una directa a su hombro, la otra a la izquierda de su espina dorsal. Velkan se fue de lado, y cuando se derrumbaba, otra flecha impactó en su pierna. Él gritó alcanzando la espada caída. Hasta que otra flecha fue encajada en su antebrazo.
            “¡No lo matéis!” rugió su padre. “¡Todavía no!” Él alejó la espada de Velkan de una patada antes de clavar más profundamente la flecha que tenía Velkan en la espalda. Velkan gruñó, intentado apartarse, pero no había nada que él pudiese hacer.
            En vez de eso, miró hacia dentro en donde estaba ella. “Esperetta,” jadeó en un tono que estaba empapado con la tragedia y la pérdida.
            Su padre aferró a Velkan  por el cabello y le dio la vuelta. “Ella es la menor de tus preocupaciones, bastardo.”
            Velkan intentó luchar, pero estaba demasiado herido para tener mucho efecto sobre los caballeros que estaban mejor armados. Incapaz de soportarlo, Retta se volvió. “Sácame de aquí, Raluca. Ahora”.
            Ella lo hizo, pero todavía no había llevado a Retta de vuelta a la mansión. En vez de eso, Raluca la llevó a donde su padre estaba torturando a su marido. La respiración de Retta se retuvo en su garganta cuando vio como sangraba y se convulsionaba cuando ellos le ponían atizadores calientes sobre la piel.
            “¡Basta!” gritó aterrada, cerrando sus ojos y cubriendo sus oídos. “Llévame a casa. Ahora”
            Para su instantáneo alivio, Raluca la obedeció.
            Retta la miró con enojo. “¿Cuál era el objetivo de esto?”
            “Que entendieseis”
            “Lo he hecho, ¿de acuerdo? Estaba dispuesta a—”
            “No, no vos. Yo sé que estabais lista para empezar de nuevo. Pero ahora sabéis por que el Príncipe Velkan no lo está. Vos no podíais siquiera ver lo que vuestro padre le hizo a él y ni siquiera habéis visto lo peor de esto.” Los ojos de Raluca brillaron con rabia cuando la miró. “¿Qué creéis que hubiese dado si pudiera simplemente cerrar sus ojos y decirme que le llevase a casa?”
            Retta tragó a través del nudo que tenía en su garganta. Raluca tenía razón. Él había aguantado el infierno por ella.
            “No puedo deshacer lo que hice y él no me perdonará. Si tienes algún truco mágico en tu bolsa que nos de una tierra en común, entonces sácalo. Pero a estas alturas, no soy la única que está siendo obstinada aquí. Y no soy la única que tiene que perdonar. Me he disculpado. No hay más que yo pueda hacer.”
            Raluca dejó ir su mano antes de asentir brevemente. “Tenéis absoluta razón, Princesa. Perdonadme.”
            Y antes de que ella pudiese si quiera parpadear, Raluca se desvaneció de la habitación.



***



Velkan se tensó cuando sintió una presencia detrás de él. Se volvió rápidamente en la cama para encontrar a Raluca  mirándole con una inquietante mirada.
            “¿Algo va mal?”
            “Sí.” Ella se estiró y tocó su brazo.
            Velkan aspiró entre sientes cuando su visión se desdibujó. De repente ya no estaba en su habitación. Estaba en completa oscuridad con un tremendo peso oprimiéndole el pecho. Era caliente y asfixiante. Opresivo. Algo olía como a tierra putrefacta. Húmeda y fría. Esto lo asfixiaba. Él no podía respirar cuando un podrido terror cruzó a través de su cuerpo. Desesperado, empujó a través de la oscuridad.
            Esta no cedía.
            Más desesperado que antes, empujó incluso más fuerte. Solo que esta vez, causó que algo cayese sobre él. Él tosió y se ahogó cuando toda su cara fue cubierta con pesada y sucia tierra. El peso de esta era torturante. El fuerte sabor arenoso, llenó su boca y su nariz cuando intentaba empujar y cavar, intentando liberarse de esto.
            Él nunca había sentido nada igual a eso. Cada movimiento solo hacía que empeorara. Cada segundo pasaba con atroz lentitud mientras luchaba contra su prisión. Parecía haber pasado una eternidad antes de que él finalmente se librara de ello. Tosiendo y vomitando tierra, se encontró a si mismo emergiendo de un sepulcro que solo tenía un simple nombre y una fecha.

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