jueves, 16 de febrero de 2012

DSM cap 2

En muchas partes del mundo y en diferentes religiones, el concepto del infierno ha sido durante mucho tiempo el lugar donde los muertos eran castigados por el mal cometido en vida.

En el infierno Atlante, el reino de Kalosis, había almas malas en abundancia, pero  niguna de ellas estaba siendo castigada por lo que habían hecho mientras estaban vivos. De hecho, la mayor parte tenía almas tranquilas, vidas pacíficas. Como Urian - un Daimon Spathi que una vez había llamado hogar a Kalosis y que muy a menudo decia, “ no estámos malditos, tíos, estámos realmente jodidos”.

Y era verdad. Todos estaban siendo castigados no por sus pecados, sino por algo que una reina Atlante olvidada había hecho hace siglos para devolverle el golpe a su antiguo amante.  En una rabieta contra el dios griego Apolo, había enviado a sus soldados para asesinar al hijo y a la amante de éste. Por hacer algo así, ella había condenado a toda su gente Apólita no sólo a una vida en la oscuridad, también a corta vida de tan sólo veintisiete años. Una vida que se terminaría en su cumpleaños, cuando su cuerpo despacio y dolorosamente se hiría deteriorando en un período de veinticuatro horas, hasta que no hubiera nada más que una débil capa de polvo.

Era un destino frío e insensible, uno que cada hombre y mujer en Kalosis habría tenido, si su líder Stryker no hubiera encontrado una puerta mítica que le permitió descender del mundo de los humanos a éste reino donde había encontrado a otro Dios. Un Dios cuya furia había puesto en ridículo la de Apolo.

Atrapada dentro del reino del infierno por su propia familia porque había temido sus poderes, Apollymi no iba a dejar que Apolo continuara con su crueldad. Ella había acogido al hijo maldito de Apolo, Stryker, adoptándolo y le había enseñado como cosechar y usar almas humanas para alargar su vida. Una lección que Stryker había compartido de buena gana con otros de su raza cuando los trajo a Kalosis para poder vergarse y servir a Apollymi. Ahora él mandaba sobre las legiones de Daimos que trataban a los patéticos humanos como si fueran ganado.

Y aunque le debiera tanto, Stryker odiaba a la diosa que había salvado su vida y lo había adoptado.

Sentado en el salón de banquetes de su casa. Miraba como sus guerreros Spathi celebraban su última victoria.

- ¡Muerte a los humanos! – gritó uno de sus guerreros por encima del alboroto.
- ¡Joder, eso no! – contestó otro.- Los necesitamos. ¡Muerte a todos los Dark Hunters!

Una repetición estruendosa sonó por el estéril pasillo. Stryker se hechó hacia atras en su trono, mientras miraba como Apolitas y Daimos se felicitaban unos a otros por su éxito más reciente, la captura de Ravyn Kontis. El oscuro pasillo estaba iluminado solamente por velas cuando vertieron la sangre Apolita, la única cosa que podía sostener sus cuerpos malditos, en jarras y se la echaron por encima.

Como otro Spathi más, Stryker preveía un mundo mejor. Un mundo donde su gente no fuera condenada a morir a los veintisiete años. Un mundo donde pudieran andar a la luz del día, todo lo que el había asumido que no pasaría desde que era niño.

Y todo porque su padre se había tirado a una puta y luego se enfadó cuando los Apolitas la mataron. Apolo los había maldecido a todos ellos….hasta a Stryker, que era el hijo más querido del antiguo Dios.

Pero eso sucedió hace once mil años. Una vieja, vieja historia.

Stryker era el presente y los Daimos que estaban frente a él, el futuro. Si todo iba según lo planeado, ellos en un día cercano reclamarían el reino humano que les había sido quitado.  Personalmente, él preferiría haber empezado por otra ciudad, pero cuando el funcionario humano se había acercado a él con un plan para ayudar a librar Seattle de los Dark Hunters, no se pudo negar, ya que era una oportunidad perfecta para comezar a alinear a la raza humana con la de los Apolitas y los Daimos. Una cosa que pocos humanos sabían era que una vez que los Dark Hunters fueran eliminados, no habría nadie para salvar sus almas. Se abriría la veda en todo el mundo.

- ¿Cuántos Dark Hunters hay en Seattle? – preguntó a su subjefe.

Igual que los Daimos que había, Trates era alto y delgado, con el pelo rubio y los ojos marrones oscuros, el epitome de la belleza juvenil. Arqueó las cejas mientras pensaba un segundo.

- Una vez que Kontis esté muerto, quedarán siete.

Stryker arrugó los labios.

- Entonces nos divertiremos pronto.

El silencio siguió a sus palabras.

- ¿Cómo es eso?

Stryker giró la cabeza para ver a su hermanastra más joven acercarse al trono esculpido, de forma decidida y valiente. A diferencia de los Daimos Spathi que había en su casa, ella no le tenía ningún miedo. Vestida con un traje de gato de cuero negro que ceñía su ágil y musculoso cuerpo, ella subió a la tarima para apoyarse contra el brazo de su silla. Sus ojos oscuros no mostraban ninguna emoción cuando enarcó una ceja de forma interrogante.

- Él todavía no está muerto.-dijo él lentamente, pronunciando bien cada palabra. - He aprendido que con esos bastardos no hay que dar nada por supuesto.

Ella le lanzó una media sonrisa sarcástica antes de coger su móvil y llamar.

En teoría, el teléfono no debería funcionar en este reino infernal. Pero no iban a dejar a los humanos tener algo mejor que ellos, por eso sus Spathis habían buscado y encontrado una onda preternatural que podía llevar la señal entre Kalosis y el mundo humano. Una mala broma que a ellos les venía muy bien.

Satara le dirigió a Stryker una aburrida mirada, mientras éste oía como el veterinario Apolita de Seattle contestaba el teléfono.

- ¿No está muerto todavía?.- preguntó ella burlándose del comentario anterior de Stryker.

Él sólo podía oír el débil refunfuño del Apolita al otro lado de la línea.

Satara sonrió de forma diabólica.
- “Ooo”-dijo ella, arrugando la nariz de forma seductora.- Eres tan repugnante, castrándolo antes de que muera. Me gusta.

Stryker estiró la mano y le quitó el teléfono de las manos.

- ¿Qué has hecho qué?

A través de la estática de la línea, el podía oír la sudoración del Apolita.

- Yo….ummm….planeo esterilizarle, mi señor.

Stryker lo vio todo rojo.

- No te atrevas a hacer eso.
- ¿Por qué no? -preguntó Satara en un tono ofendido.

Stryker la fulminó con la mirada cuando respondió al veterinario.

- En primer lugar, no quiero a Kontis fuera de la jaula hasta que esté muerto, es demasiado peligroso para arriesgarse, y en segundo lugar, es un adversario digno de respeto-masculló.-Se ha ganado el derecho a morir con algo de dignidad.

Satara se mofó.

- Algo de dignidad. Su cabeza le va a explotar. ¿Dónde está la dignidad en salpicar sesos por todas partes en una jaula para gatos, por querer meterse bajo las faldas de una puta humana? Si él hubiera merecido respeto realmente, nunca lo habríamos agarrado tan fácilmente.

Stryker apretó el teléfono con fuerza.

- El engaño no es algo digno de nuestras especies.
- ¡Ah!, sal de la Edad de Piedra, Strykerius. Ya no existen los duelos nobles. En este mundo es mejor conseguir la victoria a cualquier precio.

Quizás, pero el recordaba un tiempo y un lugar en donde las cosas no funcionaban de esa forma y después de once mil años era demasiado viejo para cambiar sus costumbres.

- Incluso así, el es un primo nuestro y…….

Ella se burló de él.

- Los Were-Hunter le dieron la espalda a los Apolitas y Daimos hace tiempo. 
Ellos ya no se consideran nuestra familia.
- Algunos lo hacen.
- Kontis no lo hace.-disparó ella. - Si lo hiciera, nunca habría sido capaz de vender su alma a los Dark Hunters y alistarse en sus filas. Durante cientos de años él ha cazado y matado a nuestra gente. Yo digo que castren al muy bastardo y lleven puestas sus pelotas como trofeo.

Trates se encogió ante sus palabras, como hicieron varios otros machos que estaban en el cuarto, algunos por instinto se las habían tapado.

Y Satara se pregunta por qué ningún hombre se le acerca…

- Dejénlo intacto.- ordenó Stryker al Apolita mientras fulminaba con la mirada a su hermana.- Estaré allí después del ocaso para comprobarlo yo mismo, y es mejor que esté como cuando lo capturaste.

Antes de que el Apolita pudiera responder, Stryker colgó el teléfono y lo metió en su cinturón.

Satara hizo rodar sus ojos.

- No puedo creer que tengas clemencia con el enemigo. Tú que cortaste la garganta de tu propio hijo para apaciguar a Apollymi.

Actuando por puro instinto, Stryker la alcanzó y la agarró por el cuello para hacerla callar.

- Suficiente.-gruño cuando sus ojos se encontraron. - A menos que quieras ver la naturaleza exacta de mi piedad, tendrás un tono más respetuoso cuando te dirigas a mí. No me preocupas a quien sirves. Dejaré que Artemisa encuentre a otra criada. Una palabra más y te haré callar enternamente.-empujándola lejos de él, se levantó.

El silencio reinó en el salón mientras él miraba a los Spathis allí reunidos. Físicamente no había ninguno que pasará los veintisiete, cada miembro de su clan era tan hermoso como un ángel…de la muerte.

Y él tenía que dirigirlos.

Hizo caso omiso de su hermana, y se dirigió a todos ellos.

- Nos han dado la rara oportunidad de trabajar con los humanos para destruir a los Dark Hunters en Seattle y hacernos un hueco en su mundo. Pero que nadie piense ni por un segundo que esta guerra esta terminada. Tan pronto como Acheron descubra que faltan sus Dark Hunters, vendra él mismo para ver lo que sucede.

Stryker le lanzó uan mirada feroz a Satara.

- ¿ Estás lista para combatir al líder de los Dark Hunters?
Sus ojos centellearon por la sed de sangre cuando ella frotó su garganta.
- Con cada aliento.
Stryker se burló.
- La valentía suicida no nos llevará a ninguna parte. Apolly protege a ese bastardo suyo. Nunca morirá a manos de un Daimon…
- Morirá a manos de un humano.-dijo Trates a su derecha. 

Stryker asintió con la cabeza.

- Eso llevará mucha planificación y una ejecución cuidadosa. Mata a Acheron y los otros Dark Hunter serán fáciles de manipular o eliminar.- miró alredor para ver como su ejército afirmaba con la cabeza para mostrar su acuerdo.
- ¿ A quién matamos después?.-preguntó Trates.

Stryker pensó en los siete Dark Hunters que quedaban. Cada uno de ellos había sido un guerrero feroz en su vida humana. No serían un blanco fácil.

Pero con la ayuda de los humanos, ellos tenían cierta ventaja esta vez. Como los Apolitas y los Daimos, los Dark Hunters no podían sobrevivir a la luz del día, pero sus ayudantes humanos si podían. Lo que es más, los Dark Hunters no podían sentir a un humano del mismo modo que podían sentir a un Apolita o Daimon. Los humanos podían moverse fácil y sigilosamente entre ellos y darles un golpe mortal inesperado. Por no mencionar el pequeño juramento que habían hecho los Dark Hunters de conservar la vida humana aún a costa de la suya propia…

Ese juramento sería su perdición.

- Dejaremos que los humanos elijan. Esta es su guerra. Les apoyaremos por el momento, pero al final, si fallan será su entierro y no el nuestro.








Susan había recuperado sus esperanzas cuando aparcó delante del refugio de animales. Aunque fácilmente podría ser una perdida de tiempo.

O podría ser su billete de vuelta….

-Ah, está cerrado, Pollyana. - intentó morderse cuando agarró su monedero.

Odiaba la parte optimista que todavía vivía dentro de ella. ¿Por qué no moriría?

Pero no, ella siempre tenía que tener esperanza aun cuando era inútil.  ¿De todos modos, en qué se equivocaba ella? Otra gente había conseguido ser cínica…¿Por qué ella no?

Estoy maldita, lo sé.

Suspirando con repugnancia, salió de su coche y se dirigió hacia la entrada. Empujó la puerta y se puso a caminar hacia el área de recepción que estaba muy bien iluminada.

De pie, detrás de un mostrador había una adolescente rubia y alegre que metía papeles en las carpetas de un archivo.

- Hola.-dijo ella, echando un vistazo a Susan.- ¿Puedo ayudarte?
- Gatos, busco gatos.

La muchacha le lanzo una rara mirada. Y Susan no la culpaba. No podía haber habido menos entusiasmo en su voz aunque lo hubiera intentado. En realidad, podría haber estado frunciendo el ceño cuando lo dijo. No estaba completamente segura de lo que hacía. Era difícil esconder tanta repugnancia como ella le tenía a esas criaturas cuadrúpedas y escalofriantes que le habían hecho la vida miserable cuando era niña.

La muchacha señaló a la izquierda.

- Ellos están ahí.
-Gracias.- Susan se dirigió hacia la puerta azul clara que estaba marcada irónicamente con la palabra GATOS.

Empujó la puerta y cuando esta se abrió tuvo que luchar contra el impulso de volver corriendo a su coche, tenía el pecho totalmente contraído. Y eso que había tomado Benadryl hacía media hora para evitar las molestias.

- Era de esperar.-dijo ella, sacando un Kleenex de su bolso, mientras intentaba controlar la alergía que le provocaban esas bestias. Sus ojos comenzaban a hincharse, ella podía sentirlo.

Estornudó en voz alta, luego se frotó ligeramente la nariz.

- ¿Dónde estás, Angie?- preguntó con los dientes aprentadosen un susurro bajo desde el centro.

Estaba pensando en marcharse cuando se fijo en el gato más extraño que había visto en su vida. Largo y delgado, parecía como si alguien hubiera encogido a un leopardo al tamaño de un gato de casa. Pero lo que le llamaba realmente la atención, más que la belleza de su pequeño cuerpo era la oscuridad de sus ojos. Ella nunca había visto un gato con ojos negros.

Y parecía realmente enfadado.

Ella agachó la cabeza para estudiarlo. Había algo en el gato que le hacía parecer muy inteligente.

- Oye, Gato con Botas, ¿Eres infeliz aquí?.- estornudó otra vez.

Blasfemando se limpió la nariz, sintió como ojos empezaban a molestarle. - No puedo culparte. Preferiría ser golpeada con un martillo eléctrico a permanecer aquí encerrada.

- Hola. ¿Le interesa ese gato?

Ella se giró al oír la voz de Angie. Con el pelo negro corto y los ojos marrones, Angie miró alrededor nerviosamente, podría afirmar que Angie no quería que nadie supiera que eran amigas. Captando el mensaje, Susan miró hacia el gato y podría haber jurado que este levantaba una ceja esperando su respuesta. Sí, el Benadryl trabajaba en algo más que en su pecho.

- Por supuesto.
- Déjeme mostarle un cuarto donde podrá jugar con él durante unos minutos.-era obvio que Angie había estado practicando aquel discurso un rato.

Menos mal que Angie era veterinaria y no un agente secreto, o le pegarían un tiro en un latido de su corazón. Pero Susan no dijo nada más cuando Angie suavemente agarró al leopardo en miniatura y lo puso en una jaula de transporte para llevarlo a un pequeño cuardo juego.

Haciendo una pausa en la puerta, Angie sonriendo le dio la jaula.
- Tomése su tiempo. Debe asegurarse de que conoce al gato antes de llevárselo a casa.
- Eso haré.-dijo Susan en el mismo tono afectado.

Tomó la caja, sosteniéndola tan lejos de su cuerpo como podía y entro en el cuarto sin ventansa, pensó que estaba vacía hasta que vio al marido de Angie de pie de ella. Era detective, el había sido amigo suyo durante años también.

- Hola, Jimmy.

Él le puso un dedo en los labios.

- Baja la voz. Podría haber alguien fuera. Escucha. ¿Por qué crees que le dije a Angie que nos encontraramos aquí? No puedo permitir que nadie sepa que me he encontrado con un periodista después de lo que pasó anoche.

Ooo, él estaba seriamente paranóico.

- ¿Alguien como quién?.-susurró ella.-¿Qué pasó anoche?

Él no respondió. En cambio, cogió la jaula de su mano y la puso al lado de la puerta antes de dejarla en la esquina más apartada.

- No sabes lo que he visto, Sue. -susurró él. - De lo qué ellos son capaces. Mi vida, tu vida….todos nosotros. Para ellos no somos nada. Nada.

Su corazón se encogió temeroso ante el pánico que ella vio en los ojos azules claros.

- ¿Quiénes son ellos?
- Hay un encubrimiento desde arriba, y no sé hasta donde llega, pero realmente es mucho.

Susan se inclinó con impaciencia. La exposición de encubrimientos de alto nivel había sido su especialidad.

- ¿Encubrimiento de qué?
- ¿Recuerdas esos niños desaparecidos de los que te hable? ¿Los estudiantes de colegio que se habían escapado, de los cuales estabamos consiguiendo informes? He encontrado a un par de ellos. Muertos. He sido apartado del caso y me han dicho que está siendo manejado por un destacamento de fuerzas especiales que no éxiste. Que no debería precuparme por ellos.

Un escalofrío recorrió su espeina dorsal ante aquellas palabras.

- ¿Estás seguro?
- Por supuesto que lo estoy.-dijo furiosamente.- Encontré pruebas …y cuando fui a denunciarlo, me dijeron que sería mejor que dejara de investigar. Pero seguí haciéndolo y ahora mi compañero Greg a desaparecido también, y…...- él tragó con fuerza.- Les paso primero a ellos, ahora van a por mí.
- ¿Quién?
- No me creerías si te lo dijera. No lo creo yo y sé la verdad. - sus estaban dilatados por el miedo.- Esta noche Angie y yo dejamos la ciudad.
- ¿Dónde vais?
- A cualquier parte lejos de aquí. A cualquier parte donde la gente no este aliada con el diablo.

Susan enfrió sus palabras cuando una onda de sospecha llegó hasta ella.

- ¿Y quién es el diablo?.
- Te dije que no me creerías. No lo hago yo y lo ví. ¿Entiendes? Ellos están aquí y vienen a por todos nosotros.
- Jimmy…..
- Sh. No me sermonees. Sal de la ciudad, Sue, mientras puedas. Hay cosas aquí que no son humanas. Cosas que no deberían estar vivas y nosotros somos su alimento.

Ella hizo una mueca.

- ¿Qué demonios pasa?¿Esto es una broma pesada?
- No.-gruñó él.-Puedes pensar que soy estúpido si quieres, pero no es ningún juego. Pensé que sería seguro hablar contigo aquí en el refugio. Y voy y averiguo que uno de ellos trabaja con Angie. Precisamente aquí. En esta clínica. Él podría estar escuchando ahora mismo, y podría contárselo a los demás. Ninguno de nosotros está seguro.
- ¿Quién está aquí?

Él tragó con fuerza.

- El otro veterinario. El Doctor Tselios. Él es uno de ellos.
- ¿Ellos, quiénes?
- Vampiros.

Susan apretó los dientes mientras luchaba contra el impulso de poner los ojos en blanco. Una batalla que asombrosamente ganó. Seguramente, Angie y Jimmy no serían tan crueles para jugar con ella. No cuando ellos sabían lo mucho que aborrecía su trabajo en El Inquisitor.

- Jim….
- ¿No crees que sé que sueno como un loco?. -silbó, cortándola. -Yo era como tú, Sue. Pensaba que era todo una mentira, también. ¿No existen los vampiros, verdad? Somos la cumbre de la cadena alimenticia. Pero no es verdad. Ellos están ahí y tienen hambre. Si sabes lo que es bueno para tí, te irás de este infierno. Por favor escríbelo y avisa a otra gente antes de que los maten también.

Claro era lo que su reputación necesitaba. Más heridas. Gracias, Jim.

Los ojos de Jimmy se estrecharon como si supiera lo que estaba pensando.

- Bueno ahora lo sabes, Sue. Hice todo lo posible por salvarte. Puedes hacer lo que quieras, pero yo me marcho.

Antes de que pudiera decir algo más, el cogió la jaula de la gata y la dejó en el suelo al lado de sus pies, y  se marchó.

Susan estornudó.

Mientras se frotaba ligeramente la nariz, a través de la puerta abierta pudo ver a Angie, que la contemplaba con el ceño fruncido. Ella entró en el cuarto y cerró la puerta tras de si.

- ¿Qué le dijiste a Jimmy?
- Nada. ¿Por qué?
- Quiere que me marche con él ahora mismo.

Susan suspiró por el miedo en la voz de su amigo.

- ¿Te dijo el motivo?

Ella sacudió la cabeza.

- No exactamente. Dijo que demasiadas personas desaparecían y morían, y que él estaba asustado, porque los responsables vendrían después a por él. Quiere que nos vayamos a Oregon a casa de sus padres.
- ¿También te dijo lo de los vampiros?
- ¿El qué?. -por la cara de Angie, Susan podría decir que Jimmy no le había contado aquella parte.
- Sí. Según él, los vampiros quieren matarnos a todos. No te ofendas, Ang. Pero pienso que Jimmy necesita ayuda. ¿Ha estado haciendo muchas horas extras?

La cólera llameó profundamente en los jos de Angie.

- Jimmy no está loco, Sue. Ni mucho menos.

Tal vez, pero ella no quería discutir con su amiga.

- Sí, pues gracias por la noticia caliente.

Cuando ella abrió la puerta, Angie la paró.

- Espera. Lleváte el gato.

Ella la miro boquiabierta.

- ¿Perdón?
- Por favor. Por cualquier motivo, Jimmy está aterrorizado. Llevate el gato para guardar las apariencias y yo lo recogeré después del trabajo.

Sue se encogió ante el pensamiento, pero ella haría cualquier cosa por su mejor amiga.

- Vale, pero me debes una. Una muy grande.
- Sí.

Gruñendo, Susan recogió la caja y siguió a Angie al mostrador.

Angie le dio algunos papeles mientras ella escribía en un documento lo que tendría que pagar por la adopción.

- No se olvide de pasar un tiepmo con él hasta que se acostumbre a usted.-ella tenía otra vez ese tono raro y afectado.
- Ningún problema.
- Espero que disfrute de su nuevo animal doméstico,.-dijo la recpcionista.

Sí, cuando los cerdos vuelen,

- Gracias.-dijo Susan con una sonrisa falsa,que haría cualquier político orgulloso.

Estornudando otra vez, se dirigió hacia su coche y puso la caja en el asiento trasero.

-Muchas gracias, Gato con Botas.-dijo ella mirándolo con malicia.-Espero que aprecies lo mal que lo voy a pasar por ti.





Angie miró como Susan salía del aparcamiento y se digirió hacia el interior para recoger e irse a casa. Suspirando con alivio, se dio la vuelta y vio que Jimmy que estaba al otro lado de la puerta que conducía al área de empleados le hacía señas para que saliera.

Un minuto, articuló ella.

Iba a coger su abrigo del mostrador cuando vio a Theo dirigirse hacia ella. Su hermosa cara estaba más pálida de lo normal cuando cerro de golpe la puerta del cuarto de gatos. Dos minutos más tarde, su ayudante Darrin, salió del cuarto de gatos.

Los ojos marrones oscuros de Theo ardían enojados.

- ¿Dónde está?.-exigió Theo cuando se paró delante de ella.

Angie estaba aturdida por su cólera y acusando el tono dijo.

- ¿Quién?
- El gato.-Él escupió aquellas palabras como si hubiera hecho mal.-El que entró esta mañana temprano. ¿Dónde mierda está?
- ¿El qué fue adoptado?

Angie se encogió cuando hablo la recepcionista.

- ¿Hay algún problema con él?

Theo y Darrin la miraron con hostilidad.

- Sí. Que es salvaje.
- Ah. …- Angie comenzó a decir que iría a recuperar el gato cuando vio a Jimmy hacer gestos raros por la puerta. Parecía como si le dijera que corriera hacia él. Ella miró con el ceño fruncido a su marido.

Theo se dio la vuelta para ver lo que ella miraba. Jimmy dejó caer sus manos y trató de parecer despreocupado.

Algo oscuro apareció en la cara de Theo cuando se dio la vuelta.

- ¿Darrin?
-¿Señor?
-Cierra con llave la puerta y echa el cierre al refugio.

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