Satara se emitió a sí misma directamente en Kalosis. Por una vez, Stryker no estaba en el vestíbulo o -La Sala de Guerra,- como una vez había sido apropiadamente designado. De hecho, la habitación estaba extrañamente vacía, con su trono situado solo sobre el estrado.
El inesperado silencio era extraño.
Todos los Daimons que normalmente se reunían aquí debían estar en sus propias casas, las cuales se alineaban en las oscuras calles que formaban este reino dónde el sol estaba eternamente proscrito.
La leyenda Atlante decía que este era el palacio de Misos, el diós Atlante de la Muerte y la Violencia , Archon, el pacífico rey de los Dioses, creo este reino para controlar a Misos y mantenerle prisionero, junto con todos sus siervos que hacían presa de todos los Atlantes y de la humanidad.
El trono negro esculpido con Dragones, Calaveras y tibias de Stryker había sido creado por Thasos (la personificación Atlante de La Muerte ) para el propio Misos mientras se encargaba de que todo maldito fuera enviado a Kalosis para ser castigado. Finalmente, Archon había enviado a su reina, Apollymi, a este reino para mantenerla alejada mientas su hijo vivía.
Después de que su amado hijo hubiese muerto, Apollymi había dejado su prisión en este reino y había destruido a todo el panteón Atlante – tal como los Destinos habían profetizado. Y cuando ella se abrió paso a través de Grecia, inclinándose por destruir todo el mundo, algunos de los Dioses griegos encontraron la manera de devolverla a su prisión en Kalosis.
Nadie supo cómo lo habían hecho y ni una sola vez, en todo este tiempo, hubo ninguno de ellos que dijese la más mínima palabra.
Pero no había pasado mucho tiempo en su nueva prisión cuando Apollymi se extendió al exterior mentalmente y convocó a Stryker de modo que pudiese enseñarle como robar las almas humanas para salvar a su gente.
Ese había sido un día infernal…
Y Satara estaba agradecida de que su hermano hubiese vivido, porque a través de él, ella tenía la oportunidad de acabar con su esclavitud como doncella de Artemisa de una vez por todas. Eso si podía encontrar al desaparecido bastardo para contarle sus noticias.
Sabiendo que su tiempo era sumamente finito, ella se lanzó a través de los cuartos del palacio, buscándole.
Por raro que parezca, ella le encontró donde menos se lo esperaba… en su dormitorio.
Y no estaba solo. Había media docena de Daimons, hombres y mujeres, tumbado sobre él y en su cama. Sin contar los dos que estaban en el suelo delante de ella.
Ella sabía que la asombraba más, el hecho de que fue una orgía o el hecho de que Stryker realmente estuviese teniendo sexo con alguien. Dada su frialdad, honestamente no había pensado que él se tomaría la molestia.
No obstante, él no parecía estar particularmente involucrado con las dos mujeres y un hombre que estaban tratando de complacerle. Más bien, él parecía aburrido y preocupado.
- Disculpad,- le habló Satara. Todos ellos se congelaron ante el sonido de su voz.- En realidad odio interrumpir esto, pero tengo una situación que creo que Stryker estará muy interesado y no tengo tiempo para esperar a que ustedes acaben.
Stryker apartó a la mujer que estaba encima de él y se enderezó.
- Dejadnos.
Sin una sola palabra, recogieron rápidamente sus ropas y pasaron junto a Satara, hacia la puerta.
Stryker no se dio prisa cuando cogió una túnica y se la puso por encima mientras se levantaba de la cama.
Bien. Si su desnudez no le molestaba a él, ciertamente no le iba a molestar a ella.
Enfrentándola, se limpió un poquito de sangre que tenía en la esquina de su boca con el dedo el cual lamió a continuación.
- ¿Desde que interrumpiste mi cena y todavía tengo hambre, podrías ser breve?
Satara estaba asombrada por sus palabras.
- ¿Eso era la cena?
Él la miró con aburrimiento cuando acortó la distancia entre ellos
- Sí. Me gusta jugar con mi comida antes de comérmela.
Eso sonaba más al cruel daimon que ella conocía. Pero no era por eso por lo que ella estaba allí.
- Acheron se ha liberado del Olimpo y yo he sido llamada al templo de Artemisa. Pensé que querrías saber que él está en Seattle ahora con sus Dark Hunters.
Stryker dejó escapar un largo, enojado suspiro.
- Imagino que era demasiado esperar que ella lo hubiese retenido por más tiempo.- él se detuvo antes de volver a mirarla.- ¿Eso es todo?
- No. Él estuvo en el Serengeti hace algunos minutos y descubría algo muy intrigante.
Susan se sobresaltó cuando Ravyn sujetó una bolsa de hielo contra su ojo.
- Para una mujer que puede defenderse por si misma en una pelea, no puedo creer que te hayas golpeado con una puerta indefensa.
Ella entrecerró sus ojos en él.
- Dado el tamaño de mi moratón, yo discutiría la parte indefensa. Esa puerta tiene un buen gancho de izquierda. Además, no es culpa mía. Estaba distraída.
- ¿Por qué?
Su culo, la verdad sea dicha, pero ella no estaba dispuesta de darle la satisfacción de saber que ella había estado tan concentrada en su cuerpo que no había prestado atención por dónde andaba.
- No me acuerdo.
-Uh-huh-.
- No, no me acuerdo.
Él le apartó el pelo de la frente con una simple caricia mientras mantenía en hielo sobre el chichón.
- Esta noche estuviste asombrosa, por cierto.
- Gracias, pero ni la mitad de bien que todos vosotros, chico.
Su corazón se apretó cuando inadvertidamente pensó en Belle y justo después de eso vino otro pensamiento aún más perturbador que el de antes. Era una imagen de Ravyn tendido sobre el suelo… siendo ejecutado de la misma manera.
Mirándole ahora, ella no podía sacárselo de la cabeza. La muerte de Belle había sido demasiado fácil para conformarse. Para ser tan poderosos, los Dark Hunters tenían un horrible talón de Aquiles.
No obstante, la mayoría de los seres, sobrenaturales o de otra forma, morían generalmente cuando se les cortaba la cabeza. Realmente no había manera de dar marcha atrás a menos que fueses el personaje de una telenovela o de una película de terror.
De repente, alguien gritó desde el piso de arriba, causando que Susan saltase y se diese contra la bolsa de hielo. A esto le siguió el ruido de pies corriendo y algo muy grande cayéndose al suelo.
- ¿Y ahora qué?- suspiró ella, cansada de la constante pelea por sus vidas. Honestamente, ella solo quería algunos minutos de paz.
- No lo sé-. Ravyn le dio la bolsa de hielo antes de que fuese a mirar.
Susan dejó la bolsa en el colchón antes de salir detrás de él. Subieron corriendo las escaleras hacia el pasillo.
Toda la familia de Ravyn estaba allí, junto con otro par de Weres y la médico que ella había visto a su llegada.
Pero fue Jack quien llamó su atención. Él estaba sentado sobre el piso, llorando con sus brazos envueltos alrededor de sus piernas, meciéndose.
- ¿Qué ha pasado?- Le preguntó Ravyn a Terra, quien permanecía a un lado mirando perpleja a Jack.
Los ojos de Terra estaban profundamente tristes.
- Patricia murió hace algunos minutos a causa de sus lesiones.
Susan se sintió enferma por las noticias.
- No hay derecho,- gimió Jack tirándose del pelo. - Ella nunca le hizo daño a nadie. ¿Por qué está muerta? ¡Por qué!
La doctora le dio unas palmaditas a Jack en la espalda antes de levantar la mirada hacia Dorian.
- Creo que vosotros deberíais volver al trabajo. Yo me encargaré de Jack.
Ellos asintieron antes de obedecer.
El padre de Ravyn se tomó un momento para entrecerrar los ojos en su hijo y fruncir los labios con repugnancia.
- ¿Por qué estás aquí todavía?
Ravyn no le dio la satisfacción de mostrar emoción alguna.
- Yo también te quiero, Papá.
Su cara estaba tan contorsionada por la furia que Susan esperaba que él saltase a por Ravyn. Y él probablemente lo habría hecho si Dorian no lo hubiese sacado a fuera.
La cara de Ravyn no dejó traslucir nada, pero sus ojos hablaban del daño que le había hecho el rechazo de su padre. Y en ese momento, ella odió a su padre por el dolor que le causaba a Ravyn.
Con el corazón quebrándose por Jack y Ravyn, Susan se volvió para bajar de nuevo las escaleras hasta que se dio cuenta de que Ravyn no la seguía. En lugar de eso, él fue junto Jack y se arrodilló en el piso al lado de él. La doctora se asombró un poco pero no dijo nada mientras Jack sollozaba.
- ¿Por qué no pudo al menos estar despierta durante algunos minutos?- murmuró Jack. – Solo quería hablar con ella una última vez. Quería decirle cuando la quería. Lo mucho que ella significaba para mí.
Ravyn extendió la mano y tocó su antebrazo para reconfortarle.
- Ella lo sabía, Jack.
Él negó con la cabeza.
- No, no lo sabía. Siempre me quejaba cada vez que ella me pedía que hiciera algo. ¿Por qué me quejé continuamente? Debería haber hecho algo, una sola vez, sin quejarme. Oh Dios, solo la quiero recuperar. Lo siento tanto, Mamá.
Los ojos de Susan se llenaron de lágrimas cuando lo escuchó y recordó cuanto dolor había sentido cuando se enteró de la muerte de su madre. Había sido el peor momento de su vida. Todavía lo era. Y al igual que Jack, ella había pensado en todas las cosas que ella había querido cambiar. Cuántas cosas había querido decir, que ya no podría.
Ella observó en silencio mientras Ravyn continuaba sentado en el suelo al lado de él. Lo dos sentados hombro con hombro con sus espaldas contra a pared mientras la doctora se apartaba para dejarles espacio.
Ravyn dejó escapar un suspiro cansado.
- ¿Sabes lo que yo más extraño de mi madre? Ella solía cantar por las noches mientras tejía a la luz del fuego.
Jack levantó la mirada con el ceño fruncido.
- Tu madre no tejía. Ella era un Were.
- Sí, lo sé. Era un pasatiempo extraño el que tenía, pero ella lo amaba. Hacía toda clase de cosas, pero sus guantes eran mis favoritos. Yo siempre podía sentirla cuando los llevaba puestos. Oler su perfume. Por alguna razón, nunca podía conservarlos. Así que ella me hacía uno nuevo igual al que todavía tenía, lo besaba, lo ponía en mi mano, y luego me decía “Mi pobre pequeño gatito mejor será que no extravíes o haré unos con tu piel”. Yo me reía, me marchaba con ellos, y volvía a perder uno a cada rato.
- A mi mamá le gustada leer,- susurró Jack. - Cuando era niño, la subscribí para uno de esos clubes de lectura donde consigues un ramo gratis, no me di cuenta de que tenía que pagar los portes. Ella fingió estar tan entusiasmada, pero me sentí como un completo estúpido cuando mi hermana Brynna me dijo que mamá tuvo que pagar los libros. Así que hice que Erika me contratara para llevarles los libros de la escuela a casa durante dos meses para pagarle la deuda a mamá.
Ravyn parecía consternado ante eso.
- ¿Y sobreviviste?
Jack realmente intentó sonreír.
- Bueno, digamos solamente que me gané cada centavo y aún más.- sorbiendo por la nariz, él miró a Ravyn.- ¿Deja de dolor alguna vez?
No había nada excepto cruda agonía en que esa mirada oscura cuando Ravyn clavó los ojos en el suelo delante de ellos.
- No realmente. Siempre habrá una parte de ti que extrañe. Verás algo que te recuerda a ella y querrás contárselo, solo para darte cuenta de que ella ya no está más allí. Entonces sentirás su pérdida otra vez.
Otra lágrima se deslizó por la mejilla de Jack.
– No me estás ayudando, Ravyn.
- Lo sé, amigo-. Él se giró para mirar con sinceridad a Jack. - Pero eventualmente harás las paces contigo mismo, y eso es la cosa más importante. Eventualmente, incluso podrás sonreír otra vez cuando pienses en ella.
Jack borró las lágrimas de sus mejillas y dejó escapar un cansado suspiro.
- Gracias por hablar con conmigo.
- No hay problema. No hay nada peor que quedarse solo para acongojarse. Si quieres hablar, ya sabes dónde estoy.
-En el sótano.
Ravyn asintió.
- ¿Vas a estar bien?
- Sí. Tad y Jessica se encargan de todo. Solo tengo que recoger a Brynna cuando llegue en pocas horas.
Ravyn le palmeó en el brazo antes de levantarse y darse cuenta que ella estaba todavía allí, observándolos. Él realmente se sonrojó antes de pasar de largo, de regreso al sótano.
Susan se quedó allí por un momento, completamente abrumada por la ternura que ella sintió por él, y cuando esto surgió, ella se dio cuenta de lo fácil que sería acabar enamorándose de Ravyn. De hecho, una parte diminuta suya ya lo estaba. La mayoría de hombres habrían sido tan insensibles en esa situación que no tendrían compasión en absoluto por alguien más.
Y entonces ella se dio cuenta de otra cosa. Eso era por lo que él toleraba a Erika. Ella podría sacarle de quicio, pero en su mente ella era la cosa más cercana que tenía a una familia.
Eso era por lo que probablemente él la tolerara, a ella, una desconocida, a su lado. Él sabía cuánto le dolía a ella la pérdida de Angie y Jimmy.
Sintiéndose extrañamente llorosa, ella le siguió hasta el sótano, dónde estaba revisando las notas de Jimmy. Él le daba la espalda mientras la luz caía sobre su pelo. Susan cerró sus ojos e inspiró su cálido perfume. Necesitando estar cerca de él, cruzó el cuarto y se presionó a sí misma contra su espalda, luego envolvió sus brazos alrededor de su cintura.
Ravyn realmente tembló ante la ilimitada ola de ternura que pasó a través de él con sus acciones. Sus emociones se estaban agitando en su interior. Cólera y odio por la muerte de Belle. Dolor y compasión por Jack. Y algo que él aún no podía comenzar a analizar por Susan.
Él se volvió en sus brazos para capturar sus labios con los de él. Ahuecó su cara en sus manos mientras exploraba cada pulgada de su boca decadente. Ella sabía a miel y cielo.
La cabeza de Susan dio vueltas cuando literalmente rasgó la camiseta de Ravyn por su espalda. No sabía por qué, pero tenía que tenerle. Ahora mismo. Aquí mismo.
Él bajó la mirada con la más tierna expresión atontada cunado ella sacó la camiseta por sus brazos.
Él le dio una abierta sonrisa taimada.
-Si tienes tanta prisa…
Las ropas de ambos desaparecieron.
Susan se reía incluso cuando el aire frío la hacía tiritar. Al menos hasta que él la jaló hacia sí y la inmovilizó contra la pared. Mareada con la sensación de su duro cuerpo contra el de ella, envolvió sus piernas alrededor de su cintura y enterró sus labios contra su cuello para chupar su piel espinosa incluso aunque su nariz se congestionaba.
Ravyn presionó su mejilla contra las de ella mientras saboreaba cuan suave y caliente era su cuerpo. Él adoraba la sensación de sus piernas alrededor de él, de sus diminutos rizos haciéndole cosquillas en el estómago mientras sus senos se presionaban contra su pecho. Era la sensación más dulce que alguna vez había conocido.
Incapaz de soportarlo, él se empujó a sí mismo profundamente en su cuerpo. Ella gritó al tiempo que clavaba sus uñas en los hombros de él. Él apoyó su cabeza contra la pared hasta que ella comenzó a estornudar. Su cuerpo apretado alrededor del de él, mejoraba simplemente lo bien que ella lo sentía.
Hasta que ella estornudó otra vez.
Él gimió cuando se dio cuenta que su pelo estaba en la cara de ella.
-Esto realmente apesta.- Él la apartó para ver su nariz congestionada.- ¿Estás bien?
Ella contestó con otro estornudo.
Irritado y realmente queriendo rasurarse el cuerpo entero, él la ayudó a salirse de ella y retrocedió para darle espacio para que pudiera recuperarse.
Susan se sentía fatal cuando inhaló por la nariz. Por no mencionar, que él le recordaba a un niño pequeño al que le habían robado su caramelo. Esto estrujó su corazón. Pobre Gato con Botas.
Pero ella no iba a dejar que algo tan mezquino les robase ese momento.
Mirándole, ella presionó el dorso de su mano contra su nariz para abrir las vías a fin de que pudiese respirar mejor.
Ravyn estaba a punto de convocar sus ropas cuando Susan se arrodilló delante de él. Antes de que él pudiera moverse, ella lo acomodó gentilmente en su mano.
Un escalofrío atravesó su columna ante la sensación de su sus dedos masajeando su bolsa.
- ¿Qué está haciendo, Susan? Tú eres alérgica.
Ella le contempló, se lamió los labios, y le dio la mirada seductora más caliente que alguna vez había visto en la cara de una mujer.
- Algunas cosas son dignas de sufrir.
Y lo siguiente que supo, es que ella había sumergió su cabeza para lamer suavemente su punta. Su pene se irguió en respuesta a su lengua caliente, dulce. Él gruñó desde lo profundo de la garganta cuando ella lo metió tomó más de él en la boca.
Su corazón latía a toda velocidad, él enterró su mano amablemente en su pelo y se inclinó hacia adelante con un brazo contra la pared a fin de que él la pudiera observar. De cuando en cuando, ella se retiraba para estornudar, pero después regresaba.
En toda su vida, jamás lo habían tocado de esa manera. Dios, cómo la admiraba, incluso aunque sabía que no tenía derecho a estar con ella. Él destruía todo lo que tocaba, y todavía él desesperadamente quería quedarse con ella. Si solo pudiera…
Susan se relamió los labios antes de volver a él otra vez. Ella adoraba su sabor. Pero sobre todo, ella amaba la gentil expresión de su cara mientras la miraba. La sensación de su mano acariciándola tiernamente mientras ella le daba placer.
Y cuando él se corrió, ella no se apartó. En lugar de eso, ella continuó hasta que no hubiese dejado nada. Ella se apartó apoyándose en la pared de modo que pudiese mirarlo a él. Una lenta, cariñosa sonrisa se extendió por su cara mientras se la quedaba mirando.
- Eres la mejor.- suspiró él acariciando sus labios con los dedos.
Ella chupó su pulgar.
- No realmente, pero me alegro de que tú lo creas.
Él le ayudó a levantarse, después la giró de modo que la espalda de ella quedase contra su pecho. Él se envolvió los brazos a su alrededor y la mantuvo contra él. Ella podía sentirle acariciándola contra la parte de atrás de su cabeza.
- ¿Qué va a ocurrir con nosotros, Ravyn?- preguntó ella quedamente.
- No lo sé. Pero ahora mismo me alegro de que estés aquí conmigo.
Susan se dolió al saber que no podría permanecer así. Y lo peor de eso estaba en el hecho que ella no podía volver a su antigua vida. Ella sabía cosas de su mundo que la obsesionarían para siempre.
Pero ninguno de ellos más que el hecho de que ella tendría que tratar con Ravyn en el futuro sin ser una parte de la vida de él. ¿Por qué tenía que sentirse de esa manera con un hombre que ella sabía no podía tener? Para ella no era justo desear la única cosa que nunca podría reclamar.
Entonces lo sintió, el cosquilleo suave de los colmillos de él contra de su cuello. Ella gimió de lo bien que se sentía mientras arqueaba la espalda en expectación de lo que estaba por venir.
Ravyn ahuecó sus senos en sus manos y acarició sus sensibles pezones con su palma mientras su aliento le escaldaba la piel. Luego él bajó una mano para darle acariciarla antes de deslizarse a si mismo una dulce pulgada cada vez hasta estar profundamente enterrado en ella.
Ella gimió ante lo bien que lo sentía empujando en ella. Él cogió sus manos en las de ella y la llevó a su boca a fin de que pudiera mordisquear su palma.
Susan no podía explicarlo, pero ella se sentía como si fuese una parte de ese hombre. Como si estuviesen conectados. Eso no tenía ningún sentido para ella. No había explicación. Ella nunca se había sentido así en toda su vida.
Ella no se sentía sola. Incluso aunque el mañana la asustara, ella no tenía miedo. Nada pareció tener importancia para ella mientras estuviera con Ravyn.
Ravyn inhaló la dulce fragancia dulce de su piel. No había nada sobre esta tierra que oliese mejor que su Susan. Nada que se sintiese mejor que su piel deslizándose a través de él. Su mano tocando su cara. Cerrando los ojos, él saboreó ese toque precioso.
Él no sabía como iban a hacer para evadirse de esto, pero una cosa era cierta. Él no iba a dejar que nada le ocurriera. Nunca. Él le devolvería su vida. Se merecía al menos eso.
Y entonces la sintió apretarse a su alrededor un instante antes de que alcanzase el orgasmo. Él apretó sus dientes y la sujetó en sus brazos mientras aceleraba sus empujes hasta que él pudiera unirse a ella allí.
Ambos respiraban pesadamente cuando se recostaron en la puerta. Ravyn no quería moverse, pero desafortunadamente su cuerpo se deslizó del de ella y le dejó sintiéndose extrañamente vacío. Él no quería dejarla. Ni siquiera por un segundo.
Ella se volvió para sonreírle antes de que le mordiese el labio inferior.
- ¿Estás todavía congestionada? Preguntó él.
- Sí, pero tú vales la pena.
Él se rió de eso antes de besarla. Él apenas la había saboreado antes de que él sintiera un horrible dolor picante en su palma.
Su corazón dejó de latir ante la sensación que no había sentido en cientos de años.
No podía ser…
Susan siseó, sacudiendo su mano como para enfriarlo.
- Que...- su voz se debilitó cuando ella vió en su palma lo que él estaba viendo en la suya.
La marca.
- ¿Ravyn?- jadeó ella.
Su visión se oscureció ante el conflicto de emociones que tenían lugar en su interior.
- No puedo emparejarme.
No como un Dark-Hunter. ¿No era posible… verdad?
¿Qué diablos era esto?
- ¿Pero eso es lo que es, verdad?-preguntó ella frunciendo el ceño confundida.
Él asintió, incapaz de creer en maldita suerte. Él estaba muerto. ¿Cómo podía formar una pareja? Esto desafiaba a la lógica. Él no podía tener hijos, no podía comprometerse.
Y después de esto, él ni siquiera podría tener relaciones sexuales otra vez…
- Malditos seáis, Destinos – siseó él.
¿En qué estarían pensando?
Susan agarró su mano para ocultar el meticuloso intrincado trabajo. No sabía que era lo que había esperado de él, pero enfado seguro que no era.
- No sabía que yo fuese tan repugnante para ti.
La cólera se evaporó de su cara.
- ¿Cómo puedes pensar eso? Pero diablos, Susan, ¿Entiendes lo que esto significa?
- Sí. Estás jodido.
Ravyn volvió a inclinar su cabeza.
- No puedo creerlo.
- Bueno, mira el lado bueno de las cosas, en estos tiempos si le dije a las personas que tu gente existe, ellos me encerrarían y se reirían contigo.
- No tiene gracia.
Ella levantó su mano para plantarla en su cara.
- Lo sé. Mira, te pondré las cosas fáciles. Tú te emparejas conmigo y entonces podré dejarte ir y serás libre para, perdona el juego de palabras, merodear como un gato alrededor de quién tu quieras.
- Eso no funciona así.
Susan frunció el ceño.
- ¿Qué quieres decir?
- Mientras tú vivas, no podré tener relaciones sexuales con nadie excepto tú.
- Y, si no nos emparejamos, tú eres un eunuco.
- Básicamente, sí.
Un pequeño temblor de miedo la traspasó mientras consideraba lo que él acababa de decirle. Siempre que ella viviera…
- No vas a matarme, ¿verdad?
Él se vió tanto asombrado como ofendido por su pregunta
- ¿Qué? ¿Estás loca? ¿Por qué haría eso?
- Veamos, diez segundos después de que te conocí, arrancaste la garganta de un tipo y ahora me estás diciendo que mientras que yo esté viva tu estarás jodido. Asesinar parece ser el mejor curso de acción para ti incluso aunque yo voto fuertemente en contra de ello.
- No te preocupes. No puedo matarte. Juré proteger la vida humana.
Ella no sabía que la ofendía más de todo eso. El hecho de que consideraría matarla o el hecho de que solo la librara de eso un juramento.
- Bueno, gee, gracias, cariño. Estoy encantada de significar tanto para ti.
Su cara se iluminó.
- No iba en serio.
-Uh-huh.
Él apoyó su frente contra la de ella y dejó escapar un frustrado suspiro.
- No puedo creer que esté emparejado con alguien que es alérgico a mí.
- ¿Tú? Yo soy la única que debería estar teniendo un mal momento ¿Cómo tengo que presentarte a la gente? ¿Hola, este es mi… qué? ¿Otra cosa? ¿Compañero? ¿Mascota?
Él cerró sus ojos y apretó sus dientes.
- ¿Por qué debe ser cada relación que tengo tan condenadamente imposible?
Susan echó marcha atrás e inclinó la cabeza de él a fin de que su mirada y la de él estuvieran a la misma altura.
- Hey, ahora, ¿Que clase de conversador pesimista eres tú Hombre Gato? Yo soy la única que debería estar enloqueciendo aquí fuera. Quiero decir, demonios, tú puedes pegarme pulgas o algo por el estilo.
Él se rió.
- Te daré algo mejor.- él le dio unas palmadas juguetonas en el trasero.
- Mejor deja de hacer eso. Podría atraerte con engaños a la luz del sol y luego hace que te castraran.
- No necesitas la luz del día para eso. Todo lo que tienes que hacer es salir por esa puerta y no regresar en tres semanas.
Su humor murió ante sus horribles palabras.
- No quiero hacerte eso, Ravyn.
- ¿Por qué no? ¿Qué importancia tiene de todas maneras? No podemos vivir juntos. Acheron nunca lo permitirá.
-Él no es deteniendo a Cael.
Ravyn se detuvo a considerar eso. Ella estaba en lo cierto.
- ¿Tienes alguna idea de lo que conllevaría vivir conmigo?
Ella arrugó su nariz como si ella oliese algo sucio.
- Si tú eres como la mayoría de hombres, probablemente quieres decir calcetines y ropa interior sucia en el piso. El asiento del inodoro levantado por la noche. Comerte toda la mantequilla de cacahuete y no decírmelo. Pero, -ella lo dijo en serio – no esperes que yo limpie la caja del gato. Erika necesita tareas, también.
Él quedó aturdido por ella. Ella siempre podía encontrar humor en todo.
-Tu vida estará en constante peligro.
- ¿Disculpa? ¿Tienes amnesia? ¿Te has perdido las últimas cuatro docenas de ataques sobre nosotros? Y eso sin contar que la jamba de la puerta casi me decapita.
-Susan, estoy hablando en serio.
- También yo. Quiero decir, sí, habría tenido tiempo para enamorarme de ti y realmente me gustaría que fueses humano. Pero nadie es perfecto. La gran mayoría de los hombres son perros y no gatos… y yo soy alérgica a ti—
Él cortó sus palabras completamente con un beso.
- Mira, no tenemos que decidir esto ahora mismo. Te estoy pidiendo el resto de tu vida. Literalmente. No hay tal cosa como el divorcio en nuestro mundo. Tenemos tres semanas para decidirnos. Así que quiero que tú realmente entiendes lo que estás firmando, ¿ok?
-Bueno, pero no olvidemos que en esas tres semanas, podemos estar muertos o en prisión, lo cual para ti significaría la muerte de todas maneras.
- Cierto.
Susan dejó que él la jalara a sus brazos. Ella honestamente no estaba segura de esto y se alegraba de que él le diese tiempo para pensar en ello. Pero ella no podía dejarle solo y sin ninguna clase de contacto humano otra vez. Eso era solo grave y cruel. Especialmente dado lo amable que él había sido con ella a través de todo esto.
Aún así, tenían un largo camino y se volvía más espeluznante a cada minuto. Ella no sabía lo que le depararía el mañana. Solo esperaba que para ellos, hubiese ese mañana.
- ¿Qué quieres decir con, se escaparon?
Trates suspiró cuando encaró al bastardo humano al que más bien dejaría seco antes que tratar con él. Pero Stryker quería esta alianza humana aún si él pensaba que era estúpida y los rebajaba. Así que ahí estaba él, jugando con el Jefe de policía cuando lo que él realmente quería hacer con Paul Heilig era rajar su garganta y beber su podrida alma.
- Los teníamos atrapados en un callejón cuándo Acheron llegó y mató a cada Daimon que allí había. Ahora vamos a retirarnos hasta que él se vaya.
- ¡Tonterías! Tú me prometiste--
- Escúchame, humano,- siseó Trates a través de sus colmillos agarrados con fuerza.- Tú no quieres entrometerse con ese Dark Hunter. Él no es como los demás.
- Ellos todavía se deben a la noche y cuando algo vive perpetuamente en el lado oscuro de la luna, todo lo que tienes que hacer es sacarlo a la luz para matarlo.
Trates sostuvo en alto sus manos.
- Estoy aquí para decirte lo que dijo Lord Stryker. Haz lo que quieras. Este es tu funeral -. Él se volvió para convocar el portal para regresar a Kalosis.
Pero tan pronto como le dio la espalda a Paul, el jefe de policía se lanzó contra él.
Trates siseó cuando sintió un profundo, golpe de dolor en su corazón. Quedándose sin aliento, él bajó la mirada para ver una pequeña hoja de espada perforando su pecho… directamente a través de su marca de Daimon.
Paul sacó de un tirón su espada un instante antes de que el daimon explotase en polvo de oro.
- Estás equivocado en eso, Trates. Es tu entierro.
Y pronto sería el de muchos más. Si Stryker era tan cobarde como para hacer lo necesario para proteger a sus hijos, entonces estaba perdido. Pero Paul no era igual.
Él ya había perdido a su esposa a manos de un Dark-Hunter, él no estaba dispuesto a perder a sus hijos. No importaba como fuese, él iba a conservarlos.
Ravyn Kontis todavía vivía y mientras lo siguiera haciendo, Paul podría oír la voz de su esposa gritando que la vengara. Y mientras un solo Dark Hunter vagara por las calles de su ciudad, sus hijos estarían en peligro.
Eso no podía permitirlo.
Sacando el teléfono móvil de su cinturón, él llamó a su jefe sustituto.
- Oye, necesito una orden de registro.
- ¿Para?
Si Trates no le dijera donde se estaba ocultando Ravyn, él conocía a una persona que haría.
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