Un temeroso pavor atravesó Geary cuando vio la fatalidad en los ojos de los que los enfrentaban. “Realmente estoy cansada de esos tíos.”
Arik dejó escapar un disgustado sonido del fondo de su garganta. “Créeme, comparto tus sentimientos completamente.”
Eso realmente no la aliviaba. “¿Qué sugieres que hagamos?”
Arik se encogió de hombros con una indiferencia que ni siquiera podía empezar a concebir. “Ellos son nueve y nosotros dos. Ellos tiene los poderes de un dios y nosotros somos humanos.” Él le dedicó una misteriosa sonrisa tipo Sean Connery en James Bond. “Por lo tanto, sugiero que corramos. Rápido.”
Antes de que ella pudiera pensar en responder, Arik la movió en dirección contraria a la del que parecía ser el ejército de la oscuridad que estaba dispuesto a arrebatar sus vidas. El corazón de Geary latía apresuradamente cuando él la tomó de la mano y la dirigió a través del callejón y bajando la calle adoquinada a un ritmo que haría que un velocista se sintiera orgulloso.
Casi respiró tranquila cuando pensó que eso daría resultado, pero la esperanza murió rápidamente cuando una de las mujeres apareció en frente de ellos salida de ningún lado para bloquearles la salida.
La diosa chasqueó ante Arik. “¿Qué pasa, Skotos? Nos bañamos juntos y todo. Seguramente no quieres dejarnos sin al menos decir hola.”
“Hola,” Entonces sin vacilar, Arik dejó ir a Geary y golpeó a la diosa apartándola de su camino.
Dando un giro, la diosa lo contrarrestó con un asombroso golpe en su plexo solar. Arik hizo una mueca, entonces la volteó con tanta fuerza, que ella tropezó.
Geary agarró algo de la cintura de la mujer que se parecía a una de las porras de los clubes sujeto a su cinturón. Ella tiró hasta liberarlo antes de golpear a la diosa con el en la espalda. Una cegadora luz estalló ante ese contacto y fue seguido por una ráfaga de poder tan fuerte, que las golpeó a ambas.
¿Estás bien?” preguntó Arik.
Todo lo que Geary pudo hacer fue asentir.
Él la besó en la mejilla antes de coger la porra y dirigirla a los otros.
Confundida por la sobre carga que continuaba ardiendo a través de su cuerpo, Geary se tambaleó mientras él se dirigía a contraatacar otra vez a los gemelos.
“Megeara…”
Susurró esa profunda e hipnótica voz en su mente. Era la misma que la había estado llamando desde hacía semanas. Pero no tenía tiempo para ello. Geary sacudió la cabeza para aclararse.
“Escúchame, Megeara. Usa el medallón que llevas. Colócalo bajo tu lengua y déjame entrar en ti.”
“¿Qué?” jadeó ella.
“Solo hazlo, chiquilla, y yo me encargaré de ellos por ti. Créeme. Puedo protegerte.”
Claro, ella estaba ida, realmente ida, y aunque ese pensamiento pasó por ella, ¿Qué perdía por intentarlo? A ella y Arik ya le habían pateado bastante los traseros. ¿Qué daño podría hacer esto?
Después de todo, ellos estaban luchando con una banda de dioses que querían matarlos, y dado todo lo que había visto en los últimos minutos, ¿Qué eran unos pocos saltos más de fe?
“No puedo creer que esté haciendo esto.” Cogió la pequeña moneda y se la puso en la boca, bajo la lengua. Hizo una mueca ante el sabor metálico y salado. Pero eso fue un nanosegundo antes que algo cálido invadiera su boca. Lo que quiera que fuese, no se detuvo allí. Pasó a través de ella igual que lava, calentando su cuerpo y acelerando su corazón.
Y cuando eso la traspasó, las imágenes llenaron su mente. Imágenes de un antiguo mundo. De un vestíbulo cubierto de oro. Vio la cara de una hermosa mujer rubia cuyos mercuriales ojos formaban misteriosos remolinos plateados.
Palabras susurradas atravesaron a Geary en un lenguaje que nunca había oído antes.
Entonces algo se encajó a presión. Geary sintió como si hubiese sido relegada a un lado de su cuerpo de modo que no era nada más que un fantasma, observando a los otros—aún así ella estaba todavía en su cuerpo. Solo que alguien la controlaba. Era una sensación extraña. Ser consciente y no responder. No importaba lo que intentase, su cuerpo ignoró sus instrucciones.
Uno de los dioses se movió a atacarla. Ella se rió ante el cálido poder que se derramaba a través de ella antes de dirigirse hacia el hombre para enfrentarlo. Él la atacó. Ella se agachó igual que un experimentado profesional y le golpeó en la rodilla. Siseando de dolor, se hundió en el suelo sujetando su rodilla.
Ella se levantó rápidamente, para extender entonces su brazo y darle un puñetazo en la barbilla. Aquello lo envió dando vueltas, directamente al suelo.
Deimos se aproximó a ella. No estaba segura de cómo es que lo conocía, pero así era.
Él se enderezó. “Aekyra Apollymi?”
¿Eres tú, Apollymi?
Incluso aunque su pregunta había sido hecha en Atlante, ella lo conocía y, mejor aún, respondió de la misma manera. “Naiea.”
Él se alejó otro paso de ella. Cuando lo hizo, las manos de ella se calentaron incluso más. Ella las extendió de golpe y una ráfaga emanó de sus dedos inundando el callejón con luz.
Dos segundos después, los dioses salieron volando como si les hubiese golpeado con rayos.
Arik levantó su mano para escudarse la cara cuando sintió el calor del ataque de la ráfaga de un dios atlante. Pero lo que más lo asombró fue el hecho de que sintiera el impacto de algo que no había existido en once mil años viniendo de Megeara.
“¡Apollymi!” gritó Deimos en Atlante. “Esta no es tu lucha. Retírate.”
“Naiea, Olygaia eta.”—Sí, lo es, Olímpico. Era la voz de Megeara y al mismo tiempo hablaba el Atlante como una nativa. “Anekico ler aracnia.”
Victoria de la Araña. Ese era un dicho Atlante que quería decir. “La Paciencia gana el día”
“Ki mi ypomonitikosi teloson semerie.”
Y hoy mi paciencia se ha acabado. Incluso a través de sus dientes apretados, su voz sonaba alta, clara, y furiosa cuando escupió las palabras en un tono que podía decir alcanzaría todos los pasillos del Olimpo.
Más importante, era suficiente para convencer a los Dolophoni para que no quisieran si quiera un pedacito de la Destructora cuando esta estaba de ese humor. Deimos miró a los otros antes de llamarlos a replegarse.
Ellos se desvanecieron instantáneamente.
Arik se limpió la sangre de sus labios mientras se aproximaba cuidadosamente al lado de Megeara. Incluso aunque le faltaban sus poderes, podía sentir la esencia de Apollymi emanando del cuerpo de Megeara. Sus ojos remolineaban en color y ribeteados de plata. Rabia y venganza sangraban de cada parte de ella.
Ella se movió para ir tras los otros, pero el la hizo detenerse antes de que perseguirlos y posiblemente herir a Megeara en el proceso.
“Ochia, Apollymi. Anekico ler aracnia epitrepedio. Efto ler kariti u topyra.”
No, Apollymi. Deja que la victoria vaya a la araña. Este no es el momento o lugar.
Ella le siseó y lo hubiese quitado el collar de los labios de Megeara. La brusquedad de esto causó que ella se derrumbara contra él. El la sostuvo en sus brazos y la mantuvo allí hasta que la diosa se vio forzada a abandonar el cuerpo de Megeara. Él la sujetó cerca mientras temblaba.
Geary apenas podía respirar cuando una extraña debilidad invadió cada parte de ella. Antes había sido tan fuerte; ahora era como un recién nacido. Inclinando su cabeza contra el cuello de Arik, estaba agradecida por su apoyo, por que en ese momento no podía ni levantar sus propios brazos.
“¿Qué fue eso?” preguntó débilmente.
“La diosa Atlante Apollymi. Incluso aunque está atrapada en Kalosis, puede extenderse y algunas veces poseer personas y los elementos. Sus poderes son una miseria en este plano para lo que deberían ser si ella estuviese libre, pero aún así son impresionantes.”
“¿Por qué lo hizo? ¿Por qué me poseyó?”
“Por que te necesita para que la liberes y si ellos te matan, no tendría ninguna esperanza.”
“No lo entiendo.”
“Debe haber sangre Atlante pura en tus ancestros. Creo que es por eso que puedes oírla cuando la mayoría no pueden. Es la única cosa que tiene sentido… Antes de que fuese destruido, había dos razas que habitaban en la Atlántida. Los nativos que habían nacido del Panteón Atlante y los Apolitas que se habían refugiado allí después que los echaran de Grecia. Apollymi necesita la sangre de un Atlante para romper el seño y convocarla. A causa de eso, debería protegerte mientras le sirvas.”
Geary tuvo que echarse atrás para tomar su collar en la mano y ver lo que estaba escrito en él. “Pensé que solo era una moneda.”
“No. Ese medallón era usado por sus sacerdotisas. Siempre que estuvieran en peligro, harían como hiciste tú, se lo colocan en la boca, y ella las protegería.”
Woh, vaya una infernal póliza de seguridad. No había muchas personas que pudiesen tener una diosa a su servicio y llamarla. Hacía que Geary se preguntara que haría Apollymi de tratarse de una falsa alarma.
Entonces otra vez, dado lo fácil que Apollymi había dejado a los Dolophoni fuera de combate, Geary no quería pensar siquiera en ello. Con ese tipo de poder, Apollymi podría volverse fácilmente contra la persona que la ilícitamente la había convocado.
“¿Por qué nuestros atacantes simplemente no me la sacaron de la boca una vez empecé a pelear con ellos?”
“Son del panteón Griego. Dudo que conozcan ese truco o estoy seguro que lo habrían hecho.” El la deslizó lentamente por su cuero hasta que estuvo de pie.
A Geary le tomó medio segundo antes de que fuese capaz de sostenerse otra vez. Y incluso entonces, sus piernas estaban tan débiles que se apoyaba en el brazo de Arik para sujetarse. Su cálido aroma y fuerza la estabilizaban incluso más, y estaba agradecida por su presencia. “¿Cómo es que conoces el truco?”
Él le dedicó una diabólica sonrisa. “Beneficios de ser un ex -Oneroi. Desde que puedo viajar a través de los sueños de cualquiera, conozco mucho trucos que los otros dioses no.”
“Pero no como pelear con esos tipos en forma humana.” Le recordó ella.
Él la miró un poco avergonzado, lo cual ella encontraba intrigante y cautivador. “Bueno, no y ganamos. Pero en mi propio cuerpo y en mi reino…Soy letal.”
Geary podía sentir los músculos de sus bíceps trabajando bajo su mano mientras miraba fijamente esos ojos claros. En sus sueños, ella había besado esa boca cientos de veces. Había pasado su lengua sobre la incipiente barba de su barbilla y había lamido cada centímetro de él. Le asombraba que él hubiese estado tan cautivado por ella como ella lo estaba por él. Pero más que eso, lo encontró casi imposible de creer.
“¿Realmente viniste aquí por mí?”
Él asintió, sus ojos la abrasaban con su calor. “Sí.”
“¿Y estás decepcionado?”
Una esquina de su boca se elevó en una seductora sonrisa. “Solo por que no me has arrancado las ropas y me hayas tenido… en chocolate.”
Geary sacudió la cabeza ante él cuando se dio cuenta de otra de las cosas que había descubierto en las últimas veinticuatro horas. Ella debería estar horrorizada y en cierto modo lo estaba. Pero en otro creía realmente el que fuese un dios en el plano humano. Al menos ahora entendía parte de lo que le había estado sucediendo.
Aunque esto no lo hacía mejor, la explicación iba camino de salvar su mente.
Ella se apartó un paso de el mientras intentaba comprenderlo todo. “Realmente no logro entender todo esto. “¿Cómo es que me encontraste primero en mis sueños?”
Él tomó su mano en las suyas y la sostuvo mientras se explicaba. “En donde vivo tenemos habitaciones que son igual que cámaras. No tenemos que usarlas, pero nos conectan con los humanos con más facilidad—pueden amplificar nuestros poderes, y nos da algún lugar para que no se nos moleste mientras lo hacemos. El único inconveniente es que estas permiten que sea más fácil monitorearnos por nuestros poderes mientras estamos allí. Siempre que estamos en el strobilos, podemos asomarnos y vagar entrando y saliendo de los sueños. Siempre que encontremos a alguien que esté teniendo un vívido sueño nos dirigimos a ellos.”
“Y tú te dirigiste al mío.”
Él asintió.
Increíble. Ella no podía imaginarse siendo capaz de hacer eso. Para espiar a las personas y participar en sus sueños. “¿Cómo es estar en los sueños de alguien?”
“Es igual que bañarse en Gelatina. Se siente algo espeso y a veces abrumador. Nunca sabes lo que vas a encontrar. Muchos de los Skoti se que prefieren las pesadillas, desde que les proporcionan más adrenalina.”
Eso no sonaba igual a lo que había leído de los Oneroi. “Lo que he investigado, dice que tu gente cambia de canal y dirige los sueños, que vosotros causáis.”
“Alguna vez lo hicimos. Los Oneroi son extremadamente activos en conceder sueños y los usan para manipular tanto a los dioses como a la humanidad. Entonces un día uno de mis hermanos cometió el error de hacer que Zeus ansiara una cabra… sexualmente. Él lo hizo como una broma, pensando que sería divertido y que el cabeza de los dioses se merecía bajar un poco los humos después de haberlo insultado. Zeus, una vez recuperó el sentido, estaba tan indignado que hizo que nuestros insistentes amigos, los Dolophoni, nos rodearan y nos entregaran a él. Un pequeño grupo, incluido el único responsable, fueron severamente castigados y el resto de nosotros castigados a no tener emociones de ninguna clase.”
“¿Por qué?”
“Sin ambición, envicia, humor, y el resto de emociones de la gama, Zeus pensaba que eso evitaría que nos metiéramos con él o cualquier otro dios otra vez.”
Geary podía entender su razonamiento, pero parecía un poco cruel castigar a alguien por las acciones de un estúpido. “¿Y funcionó?”
“No exactamente. Sin nosotros para dirigir los sueños e inspirar a las personas, ciertos humanos y otras criaturas empezaron a volverse locas. Zeus comprendió que nosotros necesitábamos ayudar a canalizar los sentimientos reprimidos y ayudar a las personas y otros seres a crear lo que deseaban en un ambiente contenido. Los sueños suponían un desagüe necesario para todo el mundo. Así que se les encargó a los Oneroi que ayudaran a otros en sus sueños. Esto funcionó durante un tiempo, hasta que nos dimos cuenta que en el reino de los sueños recuperábamos las emociones. Temor, amor, pasión…estaban todas allí, y siempre que encontrábamos una clase de persona especial, estas se amplificaban extremadamente. Pero una vez que dejábamos el mundo de los sueños, las emociones que se nos había prestado se evaporaban y nos dejaban vacíos y fríos otra vez.”
Ella podía ver a donde se dirigía. “Así que algunos de vosotros se hicieron adictos a las emociones. Igual que una droga.”
Él asintió. “Esos que se convierten son llamados Skoti.”
Geary recordó que Zebulon había llamado a Arik Skotos. “Lo dices como su fuera algo malo”
“En mi mundo lo es. A los Skoti se los considera incontrolables, y si no prestan atención a las advertencias de los Oneroi se les caza y son severamente castigados o asesinados.”
Ella frunció el ceño. “¿Por qué?”
“Los dioses nos temen y por lo tanto quieren controlarnos de la manera que sea.”
“Pero si no tienes sentimientos, ¿Cómo puede importar el castigo?”
“Por que es la única emoción que se nos ha dejado”
“No”, le corrigió ella. “El dolor físico no es una emoción. Es una respuesta biológica a un estímulo negativo. No importa que todavía lo tengas.”
“Sabes, la explicación racional no ayuda realmente. De todo modos, apesta ser uno de nosotros.”
“Lo siento”. Geary se estiró para apartarle un mechón de pelo de la frente. Era inconcebible que él estuviera allí con ella y real. Que fuese de carne y hueso y para todos los intentos y propósitos humano. Que extraño.
No sabía si debería sentirse enfadada o halagada o ambas al ver que él había venido solo para conocerla.
Ella le apretó la mano. “¿Y que hay acerca de Solin? ¿Él está realmente emparentado contigo?”
“Sí. Él es mi primo, pero nosotros los dioses se los sueños nos consideramos hermanos y hermanas tengamos o no otro parentesco. El padre de Solin era Phobethor y su madre una humana. Él no sabía que era un semidiós hasta que entró en la pubertad y se manifestaron sus poderes. Su madre lo repudió y los Oneroi empezaron a cazarlo. Él nos odia a todos desde entonces.”
Ahora estaba empezando a entender. “Lo cual es por lo que dijo inicialmente que no tenía un hermano.”
“Exactamente.”
Geary se quedó en silencio mientras digería hasta el último pedazo. Dios, todo esto era tan complicado. Increíble, realmente. ¿Cómo hacía una mujer que solo quería limpiar el nombre de su familia para encontrarse en una situación como esta? “¿Así que a dónde nos lleva esto?”
“¿Confusa?”
Ella se rió. “No tienes idea”
“Cierto, no había entendido la confusión hasta que me encontré flotando en alta mar”
Ella dejó escapar una pequeña risita al recordar como se conocieron. “Ya que ahora estás siendo tan honesto, ¿Cómo es que acabaste allí?”
“Hades. Después de que me hiciera humano, me lanzó y me puso en tu camino. Supongo que debería estarle agradecido de que no me lanzara sobre una calle llena de gente en algún lugar, o bajo un camión.”
Geary sacudió la cabeza ante su humor. “Hades”. La llenó una amarga diversión. “Y pensar que solía mofarme de mi padre por creer que los antiguos dioses eran reales. Pensé que estaba loco y se lo dije en muchas ocasiones. Pero el siempre insistía en que ellos tenían que haber vivido.” Ella suspiró al recordar la manera en que él los había descrito y las peculiaridades que había inventado para el panteón. “¿Qué tan viejo es Hades de todas formas?”
“Él es un bastardo gruñón que odia a todos excepto a Persephone.”
Bueno, eso tenía sentido. Ella era su esposa después de todo. “¿Y como es ella?”
Las facciones de Arik se suavizaron. “Es estilosa y delicada. Menuda y tímida. Nada pretensiosa. Realmente me recuerda un montón a tu prima Tory.”
“¿De verdad?”
“Sí, y Thia es casi idéntica a Artemisa, el mismo largo pelo rojo, la altura, el egoísmo, y una actitud maliciosa.”
Por alguna razón, eso no sorprendía realmente a Geary. “No bromeas, ¿huh? ¿Qué hay acerca de mí? ¿Soy igual a alguno de los dioses?”
Él entrecerró los ojos como si se lo pensara antes de responder. “Atenea, excepto que ella tiene el pelo negro y suele llevar su propio búho sobre el hombro. Pero tus maneras son muy similares, y al igual que tú, vive una vida de celibato.”
“Oh gee, gracias por eso.”
Él le tomó la mano para besar el dorso de sus nudillos. A pesar de su enfado, el gesto la calentaba. “Es verdad, pero está bien. Me gusta eso de ti.”
“Estoy segura que no.”
Él le tomó la cara entre las manos y la miró. “Megeara, no hay de ti que no me guste.”
“¿Puedes decir eso honestamente?”
Él le acarició las mejillas con los pulgares. “De acuerdo, no me gusta cuando te alejas de mí, pero con excepción a eso…”
Ella se rió. “Claro, supongo que eso tiene sentido. Atravesaste una dimensión para venir aquí y yo te alejo. Puedo ver hasta donde puede llegar a molestar eso.”
Arik sonrió ante su tono juguetón. Con todo, se lo estaba tomando mucho mejor de lo que él había pensado. “¿Todavía quieres encontrar la Atlántida ?”
Su cara se ensombreció. “No si eso significa la vida de alguien. No haré ese trato. Créeme, allí no hay nada que merezca mi vida y definitivamente nada que merezca la de algún otro.”
Una punzada de culpa lo atravesó cuando se dio cuenta de que él había hecho un pacto sin vacilación.
“¿Algo va mal?” preguntó ella frunciendo el ceño.
“No.” Mintió él. “Solo estoy asombrado por la mujer que tengo en frente. Por tu compasión y bondad.”
Ella se le quedó mirando con cierta duda, pero por una vez no discutió. En vez de eso cambió de tema. “Dime algo, Arik. ¿La Atlántida era Hermosa?”
“Igual que un sueño”
Ella cerró los ojos como si estuviera intentando imaginársela.
Él se inclinó para susurrarle a la oreja. Cuando habló, sus labios rozaron la suave piel de su mejilla, lo cual solo aumentó su apetito por ella. “Esta noche mientras duermas, te llevaré allí y dejaré que lo veas por ti misma.”
La alegría iluminó sus ojos. “¿De verdad?”
“Cruzo mi corazón[1]”.
Geary sintió que las lágrimas en la parte de atrás de sus ojos ante el solo pensamiento de verlo. Pero más que eso era el temor de lo que quizás le estuviese esperando en sus sueños. “¿También estarán esos asesinos en nuestros sueños?”
Él apartó la mirada antes de responder. “Probablemente. Pero no te preocupes por ellos. Puedo manejarlos en ese reino. Y si yo no puedo tú siempre puedes cambiar otra vez de canal. Tengo que decir que es el truco más ingenioso que he visto nunca.” Le guiñó él.
Ella se sonrojó ante el recuerdo. Sacudiendo la cabeza, se estiró para pasar su mano por la barba de su mejilla. Era tan extraño estar con él sabiendo todas las cosas que habían compartido. “¿Y cuantas mujeres has visitado en sus sueños?”
Él vaciló. “¿Esa es una de esas preguntas a la que si no respondo correctamente, te podrás furiosa conmigo?”
Ella se rió. “Probablemente.”
Frunciendo el ceño, él vaciló antes de responder. “Si esto hace que te sientas mejor, eres la única por la que quise ser humano.”
Irónicamente, eso era justo lo que ella necesitaba oír. “Eres un tonto, Arikos.”
“Solo en lo que a ti concierne.”
Todavía no podía creerse que estuviese allí por ella. ¿Quién habría hecho tal pacto? “¿Qué hacemos ahora?”
“Bueno, si puedo tenerte desnuda en mis brazos, yo voto por que nos vayamos.”
A ella eso le sonaba bien… ambas partes, realmente. “De acuerdo. Pero quiero asegurarme de que no pondremos en peligro a ninguna otra persona. ¿Crees que Solin nos ayudará?”
“Esa es una pregunta difícil de responder. Solin es un poco auto-absorbente y altamente impredecible. Aunque tengo que decir que me sorprendió que rescatara a los otros antes, así que tal vez puede que haya una oportunidad de que también nos ayude.”
“De acuerdo, entonces. Intentémoslo con él y veamos que es lo que piensa.”
Pero una hora más tarde, después de que hubiesen ido a la Villa de Solin y le hubiesen explicado todo, Geary descubrió que Arik tenía razón. El egocéntrico bastardo no tenía intención de ayudarlos.
Vestido con un par de pantalones con una ligera camisa azul abierta que mostraba su bronceado abdomen de seis tabletas, les bufó antes de tomar un sorbo del brandy que tenía en la mano. “Ellos vendrían a por mí si te ayudase, y no te ofendas, nadie ha sangrado por mí, así que no esperes que yo sangre por nadie. Todos vosotros podéis iros al infierno por lo que me importa.” Entonces bajó el vaso vacío de golpe y miró fijamente a Arik. “Ya te he ayudado bastante. Has traído a Zebulon bajo mi trasero y ahora a los Dolophoni. Me llevó siglos llegar a un punto muerto con ellos y me gusta tan poco nuestra pequeña guerra fría como para ponerla en peligro por ti.”
“Entiendo.”
“Bien. Ahora si me disculpas, tengo algunas cosas de las que ocuparme.” Él se marchó dejándolos solos en su estudio.
Geary dejó escapar un suspiró cuando se volvió a mirar a Arik, quien se sentó al lado de ella sobre el sofá de cuero. “Es un pequeño asqueroso desgraciado, ¿verdad?
Para su sorpresa, Arik lo defendió. “No lo juzgues tan duramente. Tienes que recordar que durante siglos estuvo perseguido por la humanidad y cazado por los nuestros. Su resentimiento y rabia son más que comprensibles.”
“¿Es compasión lo que sientes?”
Arik se detuvo mientras sopesaba la ternura en su interior. “Si, creo que lo es.”
“¿Cómo te hace sentir?”
“Extraño y reconfortante, pero más que nada inquietante.” Y lo era. No estaba seguro si le gustaba tener emociones o no. Tenía sus ventajas como también sus desventajas.
Megeara se estiró para apretar su mano. “¿Tanto como vivir sin ellas?”
Él jugó con sus frágiles dedos, disfrutando de la sensación de su mano en las suyas. “Es duro. Imagínate un mundo sin tacto. Un mundo donde puedes ver los colores y todo, pero no puedes sentirlos. Un hermoso día claro nunca te quita la respiración. La sonrisa de un niño no te hace sonreír. No ves un conejito y piensas, que mono. No sientes absolutamente nada. Es como estar envuelto en un grueso algodón todo el tiempo”.
“¿Y cuando alguien te toca?”
“Puedo sentir la presión, pero no las sensaciones. No hay sangre corriendo a través de mis venas, haciendo que mi corazón lata más rápido. Ni excitación o escalofríos. Pero la parte más extraña es cuando estoy contigo, ni siquiera tengo que tocarte para sentirlo. Me pongo duro solo con pensar en ti.
Geary tragó saliva cuando sintió subir sus propios escalofríos. Nadie le había dicho nunca una cosa así. Y mientras lo contemplaba, se dio cuenta de algo… “Nunca has dormido con alguien de carne y hueso, ¿verdad?”
“No”
Asombrada, ella recordó la experiencia que poseía. En la cama, era de lo más creativo.
Sus ojos azules la cautivaban con su necesidad y sinceridad cuando rozó sus labios contra su mejilla, susurrando después en su oído. “No hay nada que desee más que tocarte, Megeara. Quiero probar tu piel con mi lengua. Saber que se siente al deslizarme dentro de ti mientras tú me mantienes cerca.”
Sus pechos se endurecían mientras el calor la recorría. Debería estar ofendida por su franqueza. Pero no lo estaba. Extrañamente la encendía. Nadie había sido nunca tan descarado y abierto con ella antes.
Y había cruzado mundos para estar con ella.
Su respiración la quemó en el cuello mientras frotaba su mejilla con la suya.
Se iría en dos semanas. No había esperanza de algo más con él que no fuese una breve relación física. Eso era la última cosa que ella quería. “¿Arik? ¿Cuáles son las probabilidades de que sobrevivas a esto?”
Su expresión se tornó oscura cuando se incorporó a mirarla. “Es difícil decirlo. Como humano, mucho menos que cero, pero una vez que Hades me devuelva mis poderes de dios, mis oportunidades aumentarán exponencialmente.”
“¿Así que vienes aquí para echar un polvo conmigo y te vas?”
Arik se detuvo. Si, ese había sido básicamente su plan, el cual Hades había cambiado al exigir la vida de ella a cambio.
Soy un completo bastardo.
Y en ese momento él tenía un mal epitafio. “Tienes razón—esa era mi intención. No soy mejor que Solin. Estoy tan obsesionado con la novedad de ser humano contigo que nunca pensé pasar de mi cegada obsesión. Tú te entregas tan libremente en tus sueños que supuse que vivías tu vida de la misma manera. Pero no lo haces. Creo que es por eso que eres tan desinhibida en sueños. Mantienes cada cosa embotellada dentro de tí.”
“Si.” Dijo ella en voz baja. “Aquí soy tan reservada que ese es el único lugar en el que me siento libre de vagar sin que nadie intente juzgarme.”
Él asintió y por primera vez incluso, sintió culpa. Real, verdadera y amarga. Más que eso, se preocupaba por ella. No quería herirla de ninguna manera, y no sabía como detener la maldición que ya había puesto en marcha.
Cuando la había visto en medio de la lucha, casi le da un ataque al corazón. Él realmente había temido por ella.
Oh, esto se estaba poniendo demasiado complicado.
“He cometido un error viniendo aquí, Megeara. Lo siento. Debería haber contentado con quedarme en tus sueños.” Si solo hubiese sido capaz. De haberse quedado allí, ellos lo habrían conducido completamente fuera de su vida.
Ahora solo quería quedarse aquí con ella para siempre.
Si solo pudiera…
Geary lo atrajo al interior de sus brazos y lo sujetó cerca de ella. No sabía que pensar sobre nada de esto, pero entonces quizás no debiera pensar en nada. Había apreciado mucho esos sueños con él. Él era tanto ingenuo como experimentado. Confiado y receloso. Nunca había conocido a nadie igual que él.
No de su tipo. Él era un Dios convertido en humano que vivía una existencia que ella solo podía empezar a entender.
Pero ella lo quería.
Hoy él le había dado su sueño de llevarla a la Atlántida y la había dejado sostener una pieza de esta en sus manos.
Y si se suponía que iban a morir, entonces ella quería asegurarse de que él tuviera la cosa que más deseaba.
Levantándose del sofá, tomó su mano y tiró de él para ponerlo de pie.
Él frunció el ceño. “¿A dónde vamos ahora?”
“A Algún lugar en el que podamos estar solos para que así pueda desnudarte y montarte en el suelo.”
[1] Cross my Heart= Típica expresión americana que se hace para hacer una promesa. Es como decir “Lo Prometo”.
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