domingo, 19 de febrero de 2012

DH cap 13

Geary se sentó delante del espejo de cuerpo entero, exhausta por su día y todavía extrañamente emocionada ante la perspectiva de estar con Arik. Ella no había tenido una cita en casi un año, y la última que tuvo había sido particularmente mala. Había cometido el error de aceptar una oferta para cenar de un hombre que había conocido en el supermercado. Desde que había pasado algún tiempo en Europa, solía enfrentar diferentes culturas. Pero este tío…
            Había sido mandón, controlador y lo peor de todo había monopolizado toda la conversación en la cena—la cual había versado en lo fantástico que era él y como sería el mundo un lugar mejor si él fuese emperador. Por supuesto, en su opinión,  él habría sido arrastrado por las calles y apedreado quince minutos después de que hubiese tomado el cargo.
            Había sido tan afortunada—era una pena que el hombre no hubiese sido Coronado emperador antes de su cena.
            Ese había sido el único momento en su vida que realmente consideró arrastrarse por la ventana del cuarto de baño para escapar de una cita desagradable.
            Si tan sólo no hubiese llevado un vestido corto y tacones altos…
            Esta noche llevaba pantalones y unos Clarks [1] de tacón bajo—sólo por si a caso.
            “Geary, el Sr. Arik está aquí para vuestra cita.”
            Ella sonrió ante la ruidosa voz de Tory, la cual fue seguida por un agudo maullido de Kichka, y se sintió de nuevo abrumada con gratitud de que nadie hubiese salido lastimado hoy. Geary honestamente no habría sido capaz de sobrevivir sabiendo que ella había matado a alguien en su búsqueda.
            Nada valía el sacrificio de una vida humana.
            Haciendo a un lado ese pensamiento antes de convertirse en una completa llorona, Geary comprobó su maquillaje una vez más, especialmente porque no solía llevarlo y esperaba que no se lo hubiese aplicado demasiado oscuro, o, más exactamente, que no pareciese un actor de Kabuki [2].
            “Puedes hacerlo,” le dijo a su reflejo, intentando inyectarse confianza. Sólo era una cena. Podría sobrevivir a eso. No había compromisos. Sólo dos humanos cenando y teniendo una agradable conversación…
            La cual esperaba no terminase con Arik pensando que era un dios todo poderoso del universo conocido.
            Tiró su ligero suéter debajo de Kichka, la cual maulló en protesta antes de golpearla indignada con una pata, dirigiéndose entonces a la sala, donde Tory estaba sentada con una copia de la República en la Grecia antigua de Platón sobre su regazo. Geary se rió. “¿No debería aburrirte leer eso?”
            “No realmente. Hay algunas cosas en él que pasé por alto la última vez. El hombre es realmente, realmente profundo.”
            Geary sacudió la cabeza. “Eres una muchacha enferma, Tor. Enferma, enferma, enferma.”
            “Lo sé. Me viene de familia.” Ella miró a Geary significativamente por encima de sus gafas.
            “Es verdad”. Concordó Geary. “Nosotras venimos de una larga estirpe de personas que vivían para leer aburridos textos—creo que por eso todos murieron jóvenes. De completo aburrimiento.”
            Tory le sacó la lengua.
            Geary se detuvo cuando vio a Arik esperando en la puerta. Estaba realmente arrebatador en un traje negro con una camisa blanca de seda que tenía dos botones desabrochados para mostrar un delicioso cuello bronceado. Su pelo negro caía en ondas alrededor de su cara y hombros mientras que esos cristalinos ojos azules irradiaban calor e intensidad. Por primera vez desde que se había conocido, estaba completamente afeitado, lo cual hacía que pareciese más domesticado y civilizado. Pero sólo un poquito. Todavía tenía esa aura de crudo poder que emanaba de él.
            Cuando se acercó, él le tendió un ramillete de rosas blancas. Geary sonrió ante el gesto cuando las tomó en sus manos y las llevó a su nariz para poder inhalar su dulce aroma. “Gracias”.
            “Un placer.” Entonces cruzó la habitación y le entregó un ramillete más pequeño a Tory, quien dejó su libro boca abajo y sonrío feliz.
            “¿Para mí también?”
            Él asintió. “Es lo menos que puedo hacer por la mujer que me presentó las crujientes Pop-Tarts.
            Tory chilló cuando las cogió y enterró su cara en sus suaves pétalos. “Adoro las rosas. Gracias.”
            “No hay de qué.”
            Geary le besó en la mejilla antes de darle sus rosas a Tory para que cuidara de ellas. “¿Estás segura que vas a estar bien tú sola?”
            Tory bufó. “Tú eres la única que se lleva hoy las broncas, no yo. Yo estoy bien. Vosotros dos iros y divertíos. Tengo suficiente material aquí para entretenerme con él. Seguiré con Platón.”
            Geary echó una ojeada a la montaña de libros de la antigua Grecia sobre la mesa de café y supo que Tory se quedaría levantada leyendo toda la noche. La chica estaba realmente enferma. “De acuerdo. Pero si necesitas algo, llama a Teddy. Él dijo que se quedaba esta noche en casa.”
            “Lo haré, Capitán”.
            Arik abrió la puerta para que Geary saliese. Ella se detuvo cuando vio la limusina de Solin en la calle, esperando por ellos. “¿Debería estar asustada?”
            Él le ofreció su brazo. “En absoluto. Solin ya me ha prevenido de cómo comportarme esta noche. Nada de manoseos públicos sin importar lo mucho que me enciendas. Incluso me enseñó como utilizar la cubertería para que no pudiese avergonzarte.”
            Geary frunció el ceño, preguntándose si estaba bromeando. No parecía ser el caso, pero seguramente…
            Sus pensamientos oscilaron cuando subió al coche con Arik detrás de ella. Una extraña sensación de Deja vú pasó a través de ella, junto con la fragancia de su loción de afeitar y la fuerza de su cuerpo. Él era un espécimen superior, que hacía que cada parte de ella se levantara y rogase atención.
            Cómo desearía que hubiese más de Thia en ella. Si lo hubiera, ella y Arik estarían juguetones y desnudos en la parte de atrás de la limusina y el pobre George se quedaría ciego por sus estridentes juegos. Pero ella no era esa clase de mujer. Todo lo que podía hacer era soñar…
            Arik contuvo la respiración cuando Megeara se deslizó sobre el asiento a la ventanilla opuesta. La manera en que se movía, lenta y grácil, le recordaba a ella misma resbalando sobre su cuerpo. Si este fuese un sueño él habría sido capaz de traerla hacia él y besarla hasta que estuviesen desnudos y cegados por el placer.
            Su hinchado pene ardía de necesidad. Pero desafortunadamente, esto no era un sueño y ella probablemente querría su cabeza si lo intentaba… y no se refería a la única que tenía sobre los hombros.
            “Te ves increíble,” dijo él cuando George abrió la puerta.
            Ella se sonrojó. “Gracias. Tú también te ves fantástico.”
            Él sonrió. “Bien. Solin puede vivir otro día.”
            “¿Qué quieres decir?”
            “Fue el que me dijo que debía llevar esta noche. Sin embargo no sabía si podía confiar en él o no. No es la más confiable de las personas.”
            Sus ojos se suavizaron como si entendiera. “Vosotros dos tenéis una extraña relación, ¿verdad?”
            “Podría decirse que sí. Esto medio me recuerda a un pez globo y una barracuda.”
            “Interesante analogía. ¿Así que, cuál eres tú y cual Solin?”
            Él le guiñó el ojo. “Dejaré que lo decidas tú.”
            No estaba segura de que eso no lo insultara, Geary no habló mientras se dirigían a un viejo café de la playa. Su corazón se aceleró cuando abandonaron el coche y ella se dio cuenta en donde estaban.
            Arik se detuvo al advertir su vacilación. “¿Va todo bien?”
            Ella tuvo que forzarse a responder a pesar del nudo de tristeza que se había instalado en su garganta. “Si. Perdona. Sólo estaba pensando en algo.”
            “¿En qué?”
            Ella señaló una vieja pared de ladrillo a través de la calle que estaba al lado de unas escaleras de piedra que se habían desgastado con el tiempo, el uso, y los elementos. “Mi hermano y yo solíamos subirnos a ese muro cuando éramos niños. Nos imaginábamos que ese era el muro de Troya.” Ella lo miró avergonzada. “Sí, lo sé, éramos niños extraños. Jason jugaba a que era Héctor y yo siempre era Aquiles. Nos lanzábamos bolas de tierra y piedras gasta que uno de los dos estaba sangrando o mi padre nos gritaba que nos detuviésemos. Después nos atacábamos furtivamente el uno al otro y planeábamos nuestra venganza.”
            Ella respiró profundamente para alejar el dolor. “Dios, como habíamos jugado. Entonces cuando nos hicimos mayores, Jason solía venir aquí a sentarse ante este café y esbozar lo que él pensaba que habría sido esta área hacía siglos.” La mesa de la esquina es la que él solía pedir por que tenía la mejor vista mientras comía allí o tomaba una cerveza. Parecía como si la mesa estuviese esperando por el joven que nunca volvería a pasar otra vez por allí.
Con ojos nublados, se volvió a mirar a Arik cuando todos esos recuerdos la atravesaron. Jason había pasado horas contándole sus conceptos para sus dibujos. Había sido tan preciso y detallado en sus descripciones que hubo veces en la que había jurado que él debería haber vivido en ellas para conocerlas tan bien. Como se preguntaba que habría sido él ahora. Que pensaría de ella…
            Sacudiendo la cabeza, intentó disipar sus recuerdos agridulces y la pena que causaban.
            “¿Puedes imaginarte lo que debió haber parecido la isla hace cien años? ¿Doscientos?” le preguntó a Arik.
            Arik deseó tener sus poderes. Si los tuviese, le habría concedido su deseo. En un abrir y cerrar de ojos, podría haberle mostrado exactamente lo que había parecido ese lugar—de primera mano.
            Entonces otra vez, él había tenido ese poder en otro reino. “Te apuesto a que cuando duermas esta noche, lo verás.”
            Él vio la duda en sus ojos antes de que respondiera. “Claro. ¿Por qué no? Sueño cosas bastante extrañas.”
            ¿Cómo cuales”
            Ella parpadeó antes de echar a andar. “Nada. ¿Comemos?”
            Detestaba que escondiera tanto de si misma a él.
            Especialmente cuando sabía lo mucho que estaba ocultando. Pero bueno, él la conocía desde hacía tiempo.
            En la mente de ella, ellos apenas acababan de conocerse y eran como extraños.
            Lamentando la necesidad de eso, Arik la condujo hacia el café. Solin lo había instruido sobre como saludar al Maitret y pedir un lugar, pero seguía siendo muy extraño. Era extraño como las personas dejaban tales trivialidades fuera de sus sueños. Simplemente pasaban de la persecución y no perdían el valioso tiempo en tales cosas. Si alguien quería comer, estaban en el restaurante, comiendo. No había nada de eso de tener que reservar mesa o esperar.
            Los sueños realmente superaban a la realidad.
            Después de esperar un poco, Arik y Megeara fueron ubicados en una mesa con vista al mar. Incluso aunque estaba oscuro, todavía podían oír el oleaje y ver la espuma cuando acariciaba la orilla. Las luces de los barcos y los edificios en la distancia brillaban igual que estrellas que hubiesen caído a la tierra, mientras el olor de la comida cocinándose hacía que su estómago gruñese y se encogiese.
            Arik estaba sorprendido por la sensación. Él nunca había tenido realmente hambre anteriormente. Y las luces y sonidos lo abrumaban trayendo un peculiar dolor en su pecho. No entendía la fuente de ello. Se sentía triste y feliz sin razón aparente, y cuando miraba a Megeara todo lo que quería hacer era estirarse y tocarla. Preguntarle si la vista y los sonidos la hacían sentirse de la misma manera.
            “Nunca he comido aquí antes,” dijo Megeara mientras desataba su menú. “¿Qué me recomiendas?”
            Él frunció el ceño cuando miró su menú y se preguntó qué debería sugerir. “No lo sé. No pensé en preguntarle eso a Solin. ¿Es algo que se sabe normalmente en una cita?”
            Ella le miró arqueando las cejas. “Solo si la cita ha comido en el restaurante antes.” Entonces lo regañó. “No me digas que nunca has tenido una cita.”
            Arik se dio cuenta que había cometido otro error. Nunca creería que había llegado a la edad que aparentaba sin haber salido con una mujer—eso sería completamente ilógico de un hombre humano que se preciase a si mismo. “No, las he tenido… solo que no así.”
            Ella todavía seguía sin creérselo. “¿No así como?”
            Piensa, Arik, piensa. “Con una mujer.”
            Ella arqueó otra ceja mientras le dedicaba una burlona sonrisa. “¿Has tenido citas con hombres?”
            Terreno peligroso. Solin tenía razón. Era un imbécil. “No, no. Lo que quiero decir es que nunca le he pedido a una mujer una cita formal. Generalmente paso una tarde o dos con ellas y luego las dejo.” Ahí, eso sonaba mejor y era la verdad.
            “¿Entonces qué?” Preguntó ella, su voz teñida por la rabia. “¿Las dejas esperando por una llamada de teléfono que nunca llega? Que tipo tan maravilloso eres.”
            ¿Por qué el sarcasmo? ¿Qué había dicho que la había enfadado?
            “No, eso no es lo que quería decir.” ¿Cómo podía un hombre meterse a si mismo en tantos problemas con solo palabras? Pero podía apreciar por su lenguaje corporal y la furia en sus ojos que no se estaba ayudando a si mismo en absoluto. “¿Por qué estás siendo tan hostil conmigo, Megeara?”
            “No soy hostil. Simplemente estoy intentando entenderte a ti y las cosas que me dices. ¿Lo que quiero decir es cómo te las has arreglado en Nashville entendiendo tan poco a la gente y el como funcionan las cosas?”
            ¿Nashville? ¿De qué estaba hablando? Él nunca había oído tal cosa antes.  Constantemente era sorprendido por ella. “¿Qué es Nashville?”
            Ella le dedicó una “obvia” mirada. “Es donde clamas que me has conocido, ¿Recuerdas?”
            Él negó con la cabeza. “No. Fue en Vanderbilt donde nos conocimos.”
            “Sí, y Vanderbilt está localizado en Nashville, Tennessee.”
            Arik se congeló cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer. En sus sueños ella nunca había mencionado de qué ciudad era el colegio, y puesto que él no estaba en su plano no había manera de que lo supiera.
            Se aclaró la garganta cuando intentó, otra vez, cubrir su equivocación. “Oh, ha pasado mucho tiempo.”
            En vez de estar conforme, ella parecía incluso más suspicaz. “Seis años no es tanto tiempo, especialmente no para un hombre que me recuerda tan bien. Y no veo como un hombre crecido en la Grecia rural podría olvidar su viaje a una bulliciosa ciudad americana tan fácilmente. ¿Qué está pasando Arik?” Ella entrecerró sus ojos sobre él. “No nos conocimos allí, ¿verdad?”
            “Por supuesto que sí,” dijo él a la defensiva. No tenía ninguna opción excepto restarle importancia al asunto. “¿Por qué te mentiría sobre eso?” 
            Geary no sabía que pensar. Pero algo no estaba bien con esto. Ella podía sentirlo en sus entrañas y verlo en la cara de él. Estaba ocultando algo extremadamente importante acerca de su encuentro. “¿Cómo voy a saberlo? Pero no eres quien dices ser, ¿no es así?”
            “Lo soy”
            Sí, claro. “Sé honesto conmigo, Arik. ¿Quién infiernos eres?”
            “Te lo he dicho. Soy Arik Catranides.”
            “Sí, sigues diciendo eso, pero ¿Por qué no te creo?”
            “No puedo imaginármelo. Es la verdad.”
            Aún así, sus entrañas le advertían que pusiese distancia entre ellos. Si hubiesen estado solos, ella lo habría hecho. Pero tenían un montón de gente a su alrededor y ella quería algunas respuestas. “Dime la verdad, Arik. ¿Por qué estás aquí conmigo?”
            “Yo solo quiero pasar tiempo contigo.”
            Respuesta equivocada. “Continúas diciendo eso.”
            “Porque es la verdad. Lo juro.”
            Ella apretó los dientes cuando una ola de rabia la atravesó. ¿Por qué no podía decirle lo que estaba pasando? Honestamente, ya estaba cansada de sus crípticas maneras y sus secretos sin desvelar. “No te creo.”
            “¿Entonces que crees?”
            No lo sabía, pero cuanto más lo pensaba, menos sentido tenía. Algo no estaba bien con esto. Con él. Lo sabía. Y sus constantes negaciones la hacían sentirse como si se estuviese volviendo loca.
            Desviando la mirada, ella captó la visión de un increíble e intenso hombre que se estaba dirigiendo directo hacia ellos. De al menos un metro ochenta y dos de alto y con un aura de “no me mires o te patearé el culo,” llevaba un largo abrigo de lana negro y gafas de sol incluso aunque era de noche. Tenía una pequeña perilla y el pelo negro corto. Había algo siniestro en él. Era como si estuviese buscando a alguien con el que luchar y al que matar.
            Ella tuvo que arrastrar su mirada de él, de vuelta hacia a Arik. “¿Lo conoces?”
            Él siguió su línea de visión para ver al hombre que se estaba dirigiendo ahora hacia ellos. Había una conocedora sonrisa sobre los sardónicos labios del hombre cuando se detuvo ante la mesa cercana a ellos. El “asesino” hizo volar su abrigo con una floritura, y cuando lo apartó, apareció el tatuaje de un doble arco con una flecha sobre su bíceps medio escondido por su manga.
            “Buenas noches, tíos,” les dijo en Griego cuando tomó asiento.
            “Buenas noches.” respondió ella.
            Arik simplemente inclinó su cabeza. Pero no había perdido su tirantez. No le gustaba el recién llegado y era obvio.
            “¿Es amigo tuyo?” preguntó ella en voz baja.
            Arik maldijo en silencio la presencia del Dark-Hunter. Guerreros Inmortales al servicio de Artemisa, protegían a la humanidad de cosas que querían hacer presa de ellos. No dudaba que el Dark-Hunter pudiese sentir la esencia del alma de Arik. Incluso aunque era técnicamente humano en este momento, todavía tenía el alma de un inmortal, y desde que los Dark-Hunters eran protectores de las almas humanas ellos sabrían que Arik no era humano.
            ¿Podría ser el momento que eligió el Dark-Hunter para aparecer incluso peor? Megeara ya sospechaba bastante. La última cosa que Arik necesitaba era que ella se preguntase acerca de vampiros inmortales cazadores.
            Y entonces lo sintió. Fue un susurro contra su alma. Una caricia.
            Una amenaza.
            Los Dolophoni lo habían encontrado. Su presencia en este plano era inconfundible. Estaban allí y estaban buscando pelea. Él echó un vistazo alrededor del restaurante y la calle pero no podía encontrar nada fuera de lugar. Todos a su alrededor, a excepción del Dark-Hunter, eran humanos.
            “¿Va algo mal?” Preguntó Megeara cuando advirtió la inquietud de Arik.
            Él sabía que la sonrisa que le ofrecía era extremadamente falsa. “No. Nada.”
            “No parece que no te preocupe nada. Te ves realmente nervioso de repente. ¿Qué? ¿Le debes dinero o algo al tío que está cerca de nosotros?”
            Como desearía que fuese así de simple. No, él debía a un dios Griego un alma humana y a una docena más su vida, Sí… bueno, era hora de poner un alto al menos a un lado de ese asunto. “Sólo necesito un momento. Espera aquí y volveré pronto.”
            Geary frunció el ceño cuando Arik se levantó y la dejó sola. Ella no sabía que la preocupaba más, el hombre extraño de la mesa de a lado que la miraba como si él supiese un secreto que ella no sabía o la peculiar conducta de Arik.
            “Tienes un amigo interesante,” dijo el hombre.
            Geary inclinó su cabeza cuando notó un ligero acento en su griego. “¿Eres escocés?”
            Él se rió antes de responderle en inglés. “Solía ser algo parecido a eso.”
            Geary frunció el ceño ante sus palabras. ¿Qué? ¿Algo parecido a un escocés? ¿Era un Picto? Él tenía el porte de uno de su antigua raza… Sí, claro. Eso sólo lo haría tener unos cientos de años.
            Ella enterró su sarcasmo antes de hablar de nuevo. “¿Conoces a Arik?”
            El hombre asintió antes de fijar la mirada en la dirección en la que había desaparecido Arik. “Lo conocí hace mucho tiempo. Me ayudó a salir de una mala situación. Él ha ayudado a un montón de personas a lo largo de los años.”
            Había una extraña nota en su voz, dudosa. Y eso la hacía preguntarse si Arik sería traficante o algún otro criminal. “¿Ayudarles cómo?”
            “Con esto y aquello.”
            La vaguedad estaba empezando realmente a fastidiarla y hacía que sus sospechas aumentases. ¿Por qué no le decía al menos que tenía razón y que estaba metido en algo altamente ilegal?  Quizás eran distribuidores de armas—Solin nunca le había respondido a su pregunta de que hacía para vivir. Ah, jezz, esa sería su suerte. Liarse con fugitivos buscados.
            Fantástico.
            Ella levantó su vaso de agua en una burlona mueca. “Gracias por ser de tanta ayuda.”
            Él la saludó a su vez. “Ha sido realmente un placer. Que tenga una buena noche.”
            Tener una buena noche. ¿Por qué eso no parecía posible? Por que estoy cenando con un proveedor de armas. O algún otro tipo de criminal. Ella desistió de ese pensamiento a favor de otro. ¿Dónde estaba Arik? Él debería haber vuelto ya.
            Como oyese su pregunta, el hombre de la otra mesa inclinó su cabeza como si escuchase el aire a su alrededor. Su cara se volvió de piedra antes de levantarse y saltar sobre la pequeña cadena que separaba el recinto del café de la calle. Se dirigió rápidamente hacia el lado del edificio y se desvaneció sin ni siquiera volver la vista atrás por su abrigo.
            ¿No era aquella una acción furtiva?
            Geary sabía a dónde se estaba dirigiendo y lo que intentaba hacer no era de su incumbencia y aún así sintió una profunda compulsión de seguirle.
            No seas estúpida. Él podía ser un policía de incógnito o algo parecido. Diablos, incluso podía ser de la CIA. Interpol. Scotland Yard. Incluso un asesino o un alienígena. Su imaginación se desbocaba con las posibilidades.
            Pero antes de que pudiese detenerse, su curiosidad ganó y ella se apresuró a dirigirse en la misma dirección por dónde él había desaparecido.
            Incluso cuando iba, se llamó a sí misma cada nombre que pudo pensar. ¿Cuán estúpido era esto? ¿Qué clase de idiota perseguía a un hombre que parecía un asesino y que se dirigía hacia quién sabe donde? Me pegaré a las sombras, y si se pone malo, o se ve aterrador, regresaré corriendo.
            Eres una imbécil, Geary, ¡una completa imbécil!
            Pero el severo silencio se detuvo en el instante en que entró en el callejón para encontrar a Arik en medio de una pelea con los mismos gemelos con los que le había visto luchar en sus olvidados sueños. En un instante, la pelea ocurrida en la playa regresó a ella.
            Geary se  congeló al tiempo que jadeaba ante la imposibilidad de lo que estaba viendo. Esto no podía estar sucediendo.
            El hombre al que había seguido se aproximaba lentamente a los gemelos, con un propósito. Arik estaba sangrando cuando pateó a uno de los gemelos y el otro se giraba para enfrentar al recién llegado.
            “Permanece fuera de esto, Dark-Hunter,” advirtió el gemelo al hombre al que ella había seguido. “Esto no te concierne”.
            Él sacudió la cabeza. “Arikos y yo vamos juntos. Si quieres pelear con él… eso me involucra a mí.”
            El gemelo se lanzó por él, pero Arik  hacia él y lo estampó contra la pared. La mirada de Arik se encontró con la suya y vio su preocupación por ella. “Coje a Megeara,” gritó al so llamado Dark-Hunter. “Mantenla a salvo.”
            El otro gemelo arrancó literalmente a Arik de su hermano antes de abrir un cuchillo de mariposa de un movimiento y clavarlo en el costado de Arik. La sangre  empapó instantáneamente su camiseta y goteó sobre la mano del hombre.
            Geary ahogó un grito cuando vio el dolor en la cara de Arik. Él jadeó un instante antes de que sus ojos se entrecerraran con rabia.
            “Ahora no estamos en el reino de los sueños,” gruñó el gemelo en su oído, “y no eres tan duro, ¿verdad, Skotos?”
            Arik siseó antes de alejar con un cabezazo al gemelo apartándolo de él. Entonces Arik tiró del cuchillo en su costado y lo sostuvo en un ensangrentado puño. “No me despidas, cabrón. Allí o aquí, todavía puedo patearte el culo.” Él se movió para estacar al gemelo, sólo para tener al otro abalanzándose sobre él.
            El Dark-Hunter cogió al atacante de Arik y lo pateó de regresó.
            Geary se volvió para ir a la policía y en vez de eso corrió a los brazos de un hombre que tenía un porte tan letal y un cuerpo tan sólido que debía de ser contratado como bala de cañón de destrucción. Su cara presagiaba la cólera del infierno cuando la hizo a un lado e hizo un gesto con la mano hacia fuera.
            Los cuatro hombres golpearon el suelo con dureza, como si hubiesen sido derribados por algo invisible. Incluyendo a Arik, quien estaba tendido sobre su espalda.
            Pero los gemelos saltaron para ponerse de pie inmediatamente y cuando decía “saltaron para ponerse en pie” quería decir  “saltar”. Ellos se separaron literalmente del suelo por lo menos un metro y medio para terminar cayendo justo en frente del recién llegado.
            Ellos se quedaron ante él unidos en fuerza y poder. Era como si existiesen en perfecta simetría.
            “Permanece fuera de esto, Zebulon.” Advirtió el de su derecha con la voz llena de veneno. Era tan crudo y primario que envió un aterrador escalofrío sobre Geary.
            Zebulon sacudió su cabeza como si no pudiese creerlos. “Vosotros, tíos, venís a mi ciudad, no llamáis, no escribís. ¿Y esperáis que os deje correr desbocados delante de los humanos? De veras, Deimos, no pongas tus pies aquí a menos que quieras sangrar.”
            El otro gemelo enseñó los dientes. “Él nos pertenece.” Él se volvió hacia Arik, después se congeló.
            “No soy tu perra, Phobos. No me sacarás de la perrera para ponerme un collar. No esperes que me incline por lo que digáis vosotros. Ahora estás en mi terreno. Piensa en ello.”
            Deimos curvó su labio. “Se nos ha enviado aquí por él. Como te atreves a interferir con los dioses.”
            ¿Dioses?
            Geary retrocedió un paso cuando oyó otra vez la voz femenina en su cabeza diciéndole que tomara nota. ¿Nota de qué? ¿De que su inteligencia había volado? ¿Del hecho de que estaba teniendo una alucinación masiva?
            Estaba perdiendo la cabeza… lo sabía. Pero incluso así, tenía que atender a Arik. Él estaba sangrando mucho y permanecía tendido en el suelo como si estuviese entrando en shock.
            Zebulon bufó ante los gemelos. “¿Habéis olvidado la descripción de mi trabajo? ¿O es que no prestasteis atención el día en que rompí algunas cabezas en el Olimpo? Joder con vuestra gente es lo que hago. Es para lo que vivo y la verdad vosotros ya me habéis cansado.”
            Los gemelos se desvanecieron instantáneamente.
            Ignorándola a ella, Zebulon inclinó su cabeza hacia el Dark-Hunter. “¿Estás bien, Trieg?”
            “No soy el único que está sangrando, ZT, esa pregunta te la responderá mejor Arikos.”
            Geary estaba ya a su lado. Arik estaba tumbado en el suelo con su mano sobre la herida que sangraba abundantemente. La sangre cubría sus dedos y hacia que su estómago se revolviese al verlo. La herida era tan profunda, que ella podía ver el hueso. El sudor cubría su cara mientras mantenía la mandíbula apretada para soportar el dolor.
            Ella le apartó el pelo de la frente. “Necesitamos conseguirte una ambulancia.”
            “No realmente,” chasqueó Zebulon a sus espaldas. “Solo necesitas apartar el culo y dejarme verlo.”
            Antes de que pudiera responder o moverse, Zebulon la hizo a un lado y rompió la camiseta abierta de Arik.
            Geary se encogió ante la herida que había dejado el cuchillo. “No lo lastimes.”
            Zebulon curvó sus labios ante ella. “¿Crees que me habría tomado la molestia de venir aquí para herirle? Si hubiese querido hacerle daño, se lo habría dejado a esos dos payasos Twiddle Dumb y Dumber.” Volviéndose a Arik, Zebulon depositó su mano a unos centímetros sobre la herida y cuando la movió hacia delante y atrás la herida se cerró por sí sola.
            Geary se quedó allí, pasmada, mientras el shock se extendía sobre ella.
            Por su puesto que la herida se había curado sola. Claro. Eso tenía perfecto sentido, ¿no es verdad? Arik la había dejado sola en el café y un extraño tipo Escocés la había dirigido a una batalla con dos hombres que habían estado en sus sueños, quienes podía saltar tan alto como un canguro biónico con esteroides, y otro tío aterrador que podía curar las heridas con su mano.
            Todo eso tenía sentido.
            Si estuvieses hasta arriba de drogas ilegales.
            “De acuerdo, estoy soñando. Alucinando. Producido por el estrés. Hoy ha sido un día difícil y esto es mi mente intentando protegerse de… de cosas. Montones de cosas.”
            Los tres hombres fruncieron el ceño ante ella, lo cual solo sirvió para sacar su temperamento.
            “Oh, a lo menos estoy menos sana que vosotros tres por estar hablando conmigo misma.”
            Trieg se aclaró la garganta. “Creo que deberías borrarle la memoria, ZT. Haz esa cosa de los Were-Hunter de modo que vuelva a la normalidad y olvide todo acerca de nosotros.”
            Zebulon bufó. “Soy Chthonian, Trieg. Nosotros no hacemos eso.”
            Sonriendo en respuesta, Trieg se frotó la nuca. “Pienso que deberías empezar a hacerlo.”
            Geary retrocedió un paso y apuntó con ambos dedos índices por encima de su hombro derecho.” Y creo que debería irme a mi casa.” Ella señaló con un dedo hacia los hombres, parpadeó e hizo un pequeño chasquido que venía de soltar el aire entre sus dientes. “Tíos que tengáis una fantástica noche… con lo que quiera que hagáis los de vuestra clase. Nos vemos.” Ella se volvió y se alejó caminando, entonces se volvió de nuevo con un saltito hacia ellos. “Se me olvidaba, no os ofendáis, pero no quiero volver a veros a ninguno otra vez. Buenas noches.”
            Con una rápida palabra de agradecimiento a ZT, Arik se levantó del suelo y corrió tras Megeara. Justo cuando estaba por dejar el callejón él le dio alcance y la sujetó para que se detuviera.
            “Megeara—”
            “Geary”, gruñó ella.
            “Geary”, dijo él, esperando aplacarla mientras le frotaba el brazo por si quizás la hubiese lastimado al agarrarla para que se detuviera. “Por favor. No quería que vieras nada de esto.”
            “¿Ver qué?”Preguntó ella con un poco de histeria en su voz. “No he visto nada. Allí no había personas aterradoras. Nada anormal.” Ella le dio unas palmaditas sobre su bíceps, después sonrió como si nada estuviese mal. “Me voy a ir ahora a casa y mañana iré a que los doctores busquen un tumor en mi cerebro. Una sesión de pruebas completa. En profundidad. Sea lo que sea que esté mal conmigo, lo encontraremos y lo solucionaremos. Llegados a este punto, mi voto está entre un tumor o una prueba de alienígenas del espacio. Ninguna de las dos me satisface.
            “No tienes un tumor y no hay alienígenas del espacio dando vueltas por aquí. No estás loca.”
            “¿No?” Su cara era de horror. “¿Entonces qué soy yo?” Ella alzó sus manos antes de que él pudiera responder. “No, espera. La mejor pregunta es, ¿Qué eres ?”
            Arik no estaba seguro de cómo responder. Pero ya no había necesidad de mantenerla en la ignorancia, sobre todo desde que ella había visto demasiado. Era hora de ser completamente honesto. “¿Sabes que es un Oneroi?”
            El sarcasmo en su voz se hizo tan profundo que podía rivalizar con un campeón de natación. “Un dios griego del sueño. Casualmente tuve que estudiar ese material antes de que me permitieran doctorarme, ¿Sabías?”
            “Lo sé,” dijo él con calma. “Los Oneroi son dioses del sueño.” El hablaba lentamente, pronunciando cada palabra con cuidado. “Tú me conoces, Geary. Me has conocido por mucho tiempo…”
            Ella dejó escapar una risa nerviosa y él pudo ver la realidad en sus ojos cuando levantó la mirada hacia él. “¿Qué estás diciendo? ¿Eres un Oneroi?”
            Él asintió lentamente.
            Geary se rió. Con fuerza. Hasta que se dio cuenta de que él no estaba disfrutando de su risa.
            Se congeló cuando la recorrió un escalofrío.”Eres un dios, ¿huh? Entonces dime algo que sólo un dios sabría.”
            Él no vaciló siquiera en su respuesta. “La primera noche en que te encontré en tus sueños, te estabas bañando en un río de chocolate. Tu cuerpo entero estaba cubierto con él y entonces juntaste tus manos bajo el agua, entonces bebiste el chocolate. Yo llegué por detrás y te besé en el cuello, luego te di un recipiente para que ambos bebiéramos de él. Tú llenaste la taza, entonces vertiste el chocolate sobre mí y lamiste—”
            Ella colocó su mano sobre la boca de él para evitar que continuara hablando. “Tú estuviste allí.”
            “Estaba allí.”
            La incredulidad se derramó a través de ella. No podía ser. No era lógico. “¿Qué hay sobre Vanderbilt?”
            “Soñaste con ello ocasionalmente. Reviviendo el horror de eso. Yo fisgoneé un poco.”
            Geary dejó caer su mano cuando recuerdo tras recuerdo de ella haciendo el amor con el Arik de sus sueños pasó por su mente. Para descubrir ahora que eso fue real…
            Eso la jodió. “¿Fisgonear un poco? No, tío, tú has fisgoneado un montón.” Geary se sintió mortificada cuando varios recuerdos atravesaron por su mente. “Yo no sabía que tú eras real. No. No puedes ser real. Todo esto es una broma. Me estás mintiendo.”
            “Es real, Geary.” El tomó la mano de ella en las suyas y las sostuvo contra su pecho de modo que ella pudiese sentir el latido de su corazón. “Yo soy real.”     
            Ella bajó la mirada a donde lo habían apuñalado. No había sangre. Ni su ropa estaba rasgada donde ella había visto tu herida con sus propios ojos.
            Pero todavía había sangre sobre las manos de ella.
            Su sangre.
            Él se veía igual que cuando él la había piropeado. Igual que se había visto cuando la había dejado en la mesa y se había esfumado.
            Su mirada osciló sobre su hombro hacia donde Trieg los estaba observando desde las sombras.
            Ella sacó su mano de las de Arik e indicó hacia Trieg. “Y él es sólo evidentemente raro.” Ella se apartó de Arik y al instante se encontró caminando de nuevo hacia Zebulon. De acuerdo, la preocupaba que pudiese solo aparecer igual que salido de la nada, sin advertencia, pero ya había tenido bastante.” ¿Y cual es tu problema que siempre te acabas interponiendo en mi camino?”
            El respondió con una sádica sonrisa. “Ella es susceptible, Skotos. Puedo ver el encanto.”
            Arik bufó. “Oh, no tienes idea”
            Cuando intentó moverse para pasar enfrente él, Zebulon la detuvo.”No quiero ser grosero, ¿Pero qué diablos? Yo vivo para esto. No puedes empezar a hablar sobre lo que has visto aquí esta noche.”
            Oh, eso era no tenía precio. “Fantástica amenaza la que tienes aquí, gran ZT. Últimas noticias, no había querido ver nada. Tu gente me arrastró en contra de mi voluntad, no hay de otra, y ¿A quién iba a decírselo de todas maneras? La última cosa que quiero es arrastrada y encerrada por que vi… algo que ningún humano racional había visto antes.
            Zebulon le dedicó una engreída sonrisa que llevaba ambas, diversión e irritación. “No creo que entiendas lo que está pasando aquí, ¿Lo entiendes?”
            “Ni un poco, y, no te ofendas, me gusta de esa manera. Reglas de desorientación.
            Aún así la bestia no la dejaba pasar. Zebulon inclinó su cabeza hacia Arik. “El Skotos ha arriesgado su vida al venir aquí para estar contigo, Geary. Esos dos que lo atacaron. Son asesinos y estoy seguro de que volverán. Probablemente con refuerzos. Y ahora que los has visto, irán por ti también, lo cual es la razón por la que yo todavía estoy hablando contigo. Me siento moralmente obligado a advertirte al menos que van a abrir fuego contra ti. Ahora en teoría yo puedo matarlos a todos y salvarte, pero eso entonces sólo abriría una lata de gusanos y pinta tan asqueroso que realmente no puedo. Mejor dejarte morir que sacarlos a fuera. ¿Ves mi dilema?”
            Ella le dedicó una irónica sonrisa. “En realidad no. El único dilema que yo veo es que mi inminente muerte te da igual. ¿Hola? ¿Has oído algo de lo que acabas de decirme?” ¿Cómo podía estar sucediendo esto?
            “Lo oí, pero cuando llegues a mi edad, entenderás que algunas cosas es sólo mejor dejarlas solas. La muerte es natural.”
            “Oh, claro,” dijo ella, recorriendo su cuerpo con una mirada despectiva. “Eres un anciano. ¿Qué tienes a todo esto? ¿Veinticinco?”
            A él le divirtió definitivamente la respuesta. “Más bien veinticinco mil años. Pon o quita algunos cientos de años. A mi edad nosotros realmente no llevamos ya la cuenta.”
            Geary tragó ante ese profundo y seco tono. “Estás bromeando, ¿no es cierto?”
            Él negó con la cabeza.
            Ella miró a Arik, quien duplicó el gesto. Nerviosa y de repentinamente dudosa, volvió a mirar a Zebulon. “¿Tienes veinticinco mil años?”
            “Bueno, si estabas buscando algo preciso, veintisiete mil quinientos cuarenta y dos, ¿Pero importa realmente?”
            Geary se quedó boquiabierta. No había forma de que pudiese ser tan viejo. “Eso debería colocar tu nacimiento durante el Período Aurignaciano.”
            “No del todo; ese me precede por algunos cientos de años. Pero estoy cerca.”
            Ella apenas podía comprender lo que le estaba diciendo mientras hacía un recorrido a través de la antigua, antigua historia. “Y eso debería hacerte—”
            “Un cromagnon,” dijo él con una falsa sonrisa, “así que, sí, cuando me llamas bárbaro hombre cavernario, lo soy. Literalmente. Diablos, incluso conozco un par de Neandertales que una vez me patearon el culo por todo lo que ahora es Toledo, España. Pero ahí está la parte divertida. Tu novio es incluso más viejo que yo y él es considerado un bebé por su familia.” 
            Y dado lo absurdo de esas declaraciones, el mayor de todos los fastidiosos pensamientos pasó por su cabeza. “Ambos estabais ya durante la época de la Atlántida.”
            Así fue como Arik había reconocido su colgante. Como había sabido acerca del lugar.
            Oh, Dios, esto era verdad.
            Ellos eran…
            Ella ni siquiera podía completar el pensamiento. No podía.
            Trieg se movió hacia ella para tocarla con simpatía en el hombro. “Te deja un poco atónito cuando lo oyes por primera vez. Deberías haber visto mi cara la noche en que conocí a Artemisa. Una pequeña advertencia para ti, amor. Acostúmbrate. Y hablando de eso tengo que ir a patrullar. Buenas noches a todos.”
            Sí, claro, deja que el hombre con colmillos vuelva a su vida. ¿Por qué no? Ella no tenía nada mejor que hacer que ser acechada por la pareja mortal que la quería muerta.
            Y el Señor Friki-Neandertal-Cromagnon.
            Hablando del Diablo, Zebulon la miraba con una divertida sonrisa que con gusto borraría de su cara.
            Arik era el único que parecía apreciar la seriedad de todo esto.
            Zebulon volvió su atención a Arik. “Así que, tío, ¿Por cuanto tiempo tendré que vigilar a los Dolophoni?” 
            Arik dejó escapar un cansado suspiro antes de responder. “Yo me iré de este mundo en dos semanas… si ellos no me matan primero.”
            Zebulon asintió. “¿Piensas honestamente que van a dejarte ir a casa?”
            Su rabia estaba reflejada en los ojos de Arik. “La verdad no. Me imagino que estoy básicamente muerto de una manera u otra.”
            “Bien.” Dijo Zebulon secamente. “No eres tan estúpido como pensé que eras. Mi única advertencia para ti es que te mantengas lejos de mis calles y fuera de la vista del público. No me gusta limpiar esa clase de líos.”
            Arik parecía incluso menos divertido de lo que se sentía ella. “No soy exactamente un hombre ordenado.”
            “Entonces nos entendemos. Mantén los riffi-raffe [3] fuera de mi cescep o trapearé el suelo con todos vosotros.”
            “Lo haré lo pueda.”
            Zebulon inclinó la cabeza antes de fundirse literalmente en la nada.
            Geary se sintió dividida entre el ultraje, el dolor y el miedo. Parte de ella quería abofetear a Arik por haberla metido en esto mientras que otra parte sólo quería huir tan lejos como pudiera. Lo que ganó fue su sarcasmo. “Gracias por la cita. Fue explosivo. Realmente deberíamos hacer esto alguna otra vez. Realmente me gustan esas experiencias cercanas a la muerte que tenemos siempre que estamos juntos. Son muy vigorizantes.”
            Él se estiró para tocarla. “Geary—”
            “No me toques” siseó ella apartándose de él. “No te atrevas.”
            Arik retiró la mano renuente. Entendía su enfado y tenía completo derecho a tenerlo. Era gracioso como no había tomado en consideración cómo la afectaría este asunto antes de que él hubiese venido aquí. Honestamente, no le había importado.
            Pero ahora era diferente. Ahora le importaba en maneras que nunca había sido capaz de imaginar antes.
            Y sólo había estado con ella por un breve tiempo. ¿Qué pasaría después de que hubiesen pasado más tiempo juntos?
            ¿En qué había pensado cuando había hecho su pacto con Hades? ¿Cómo podía haberla ofrecido tan fácilmente?
            Eso había sido algo egoísta, y ahora que podía sentir, entendía exactamente cuan egoísta era. Y lo lamentaba cada parte de él. Ella se merecía mucho más que lo que él le había hecho.
            Ella se merecía algo mucho mejor que él. Lo que había hecho estaba mal. Ahora lo sabía, pero no podía cambiarlo.
            Geary sacudió la cabeza. “Yo sólo no lo entiendo. Me mentiste acerca de quién eras. ¿Por qué?”
            Arik tragó cuando oyó el dolor en su voz. Era tan intenso que lo sentía el mismo. “¿Por qué? ¿Qué hubieses pensado si hubiese venido a ti y te hubiese dicho que soy un dios de tus sueños que quería conocerte en el mundo humano? ¿Me habrías dado la bienvenida o me habrías echado encima a las autoridades?”
            “Esto es absurdo”, admitió ella.
            “Sí,” dijo él, intentando hacerla entender por qué necesitaba estar cerca de ella. “NO puedes imaginarte el mundo en el que nací, Geary. Allí no hay risas, no hay disfrute o felicidad, y entonces una noche accidentalmente te encontré. Tú quien sonreías ante el calor del sol cuando éste acariciaba tu piel. Tú quien tenías… ¿Cómo lo llamaste esa vez? Un choco-orgasmo de comer un Hershey´s Kiss[4]—lo que quiera que sea eso. Sientes cosas a un nivel que la mayoría de la gente nunca imaginaría. En todos los siglos que he vivido, nunca he conocido a nadie como tú. Y durante dos semanas yo sólo quería estar contigo. Sentirte, humano a humano, y entender este mundo tan vívido a través de tus ojos.”
            Geary no sabía que pensar. Nadie le había hablado tan apasionadamente, nunca habían sido tan apasionados con ella. ¿Qué podría decir a eso?
            “Solo quería saber que era ser humano, Megeara. Sólo por un rato. Para tocarte como un hombre y oír el verdadero sonido de tu voz cuando dices mi nombre, y no la voz que estaba distorsionada por tus sueños.” Él se estiró hacia ella vacilando y tomó sus manos en las de él.
            “No puedes imaginarte lo bien que se siente esto cuando nunca has conocido el toque gentil sobre tu piel.”
            Algo dentro de ella se derritió ante la sinceridad de su tono. La sinceridad en esos pálidos ojos azules. El sentía cada palabra que decía. “¿Así que no te estás muriendo?”
            Él sacudió la cabeza. “No, en el sentido que tu usas la palabra, no. Pero tendré que regresar a mi mundo y lo más seguro es que muera allí. Aparentemente al venir aquí jodí a algunas personas importantes quienes no tienen intención de dejarme vivir después de esto.”
            “¿Entonces por qué viniste aquí si sabías que van a matarte por esto?”
            “Honestamente, entonces no lo sabía, pero incluso si lo supiese, dudo que me hiciera cambiar de idea. Aún así volvería por ti.”
            ¿Cómo podía decir eso y aceptarlo? ¿Cómo podía el verla a valer su vida? “Estás loca, ¿no es cierto?”
            “Solo contigo”
            Geary cerró sus ojos dejando que cada cosa que había sucedido en los últimos minutos se hundiera en ella. Era tremendo. Sentía como si algo hubiese cambiado su interior. Ya no sabía en qué creer. Ya no sabía que era real y que no lo era.
            Instintivamente se llevó la mano al colgante—necesitaba sentir algo sólido que la ayudara a mantener los pies sobre la tierra. Pero en el instante en que lo tocó, su corazón se detuvo cuando su anterior discusión pasó por su mente. “Tú sabes donde está la Atlántida.” Eso era un hecho.
            Él asintió.
            La incredulidad la bañó cuando cada parte de la presencia de él en su mundo la golpeó. “Entonces mi padre tenía razón. Existe. Justo aquí. Justo donde él decía que estaba.”
            Arik asintió otra vez confirmando sus palabras. “Estabas nadando sobre su puerto esta tarde cuando encontraste la caja. Estuviste justo allí, Geary. Realmente la tocaste.”
            Las lágrimas cayeron de sus ojos ante el pensamiento de que había completado su tarea. De ella sosteniendo en su mano una de las llaves de su promesa. “¿Estuve allí realmente?”
            “Sí. Estuviste justo allí, Megeara. Al igual que lo estuvo tu padre.”
            Ella se cubrió la boca con la mano cuando retrocedió un paso. Una cosa era sospecharlo, pero era completamente diferente saberlo.
            “Entonces estuvimos allí.” Dijo ella con una vertiginosa risa. “La encontramos.”
            Pero Arik no reflejaba su alegría. Él estaba tenso y serio cuando la miró con una advertencia. “Esas eran las buenas noticias para ti. La pregunta es, ¿Quieres conocer las malas?”
            En realidad no. Quería saborear las buenas noticias. Al menos por un segundo o dos. Pero no había utilidad en retrasar lo inevitable. Como decía el viejo cuento para niños, uno nunca podía escapar de los problemas. No había lugar lo bastante lejano para evitarlos. “Oh, claro, ¿Qué podría ser peor que lo que sucedió aquí esta noche?”
            Él se encogió de hombros. “No lo sé. ¿Lo es el hecho de que la diosa Artemisa hiciese estallar hoy nuestro barco o no?”
            Geary parpadeó cuando esas palabras penetraron en ella. Honestamente, en todos sus salvajes pensamientos, ese era uno que la había eludido. Prefería con mucho el pensamiento de que Arik era un contrabandista de armas o asesino.
            “¿Perdón?” preguntó ella, esperando que quizás estuviese jugando con ella.
            “Me has oído bien. Artemisa es una de muchos que quieren que te mantengas apartada de la Atlántida.”
            “¿Y qué he hecho yo para merecer ese privilegio?”
            “Básicamente lo de esta noche,” dijo una profunda voz masculina tras ella. “Te has metido en un lugar que no te correspondía.”
            Geary se volvió ante la extraña voz, entonces se tensó al ver al resto de las personas que habían atacado a Arik en sus sueños.
            Oh. ¡Mierda!


[1] Clarks = Zapatos muy conocidos por su comodidad.
[2] Kabuki = Actor de un “drama” teatral japonés que se maquilla la cara como si fuese una máscara o un demonio.
[3] Riffi-Raffe: Coloquismo que se utiliza para referirse a “líos”, “problemas”.
[4] Hersey´s Kiss: Conocida marca de chocolate americana especializada en bombones y snacks.

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