19 de Marzo de 9531 A.C.
Hoy decidí enseñar a Acheron a leer con algunos de los pergaminos que tengo en mi cuarto. Apenas habíamos empezado cuando noté algo diferente en él.
Las esferas en su lengua habían desaparecido.
—Te las has quitado. —cogí aliento incapaz de creer lo que estaba viendo.
Su expresión era una mezcla entre la vergüenza y el orgullo.
—Me he decidido a creerte. Dices que aquí estoy a salvo y nadie me llevará otra vez. Quiero creerlo. Así que me las quité y confío en que los dioses me mantengan aquí contigo.
Ahuequé mis manos en su cara y me gustó aún más que no se pusiera rígido. Le atraje a mis brazos y le abracé con fuerza.
—Aquí estás a salvo, hermanito. Te lo juro.
Por primera vez, me pasó los brazos alrededor y me devolvió el abrazo.
Nada me ha conmovido más en mi vida.
Oí a alguien aclarándose la garganta. Soltándole vi a Petra en la puerta que nos traía vino y queso.
—Pensé que os gustaría un bocadito.
Asentí con la cabeza apartándome.
—Sería estupendo. Gracias.
Asintió con la cabeza y colocó la bandeja en una mesita auxiliar.
Acheron se quedó mirándola hasta que nos dejó solos y entonces dijo,
—¿Alguna vez has pensado en casarte, Ryssa?
Dudé y serví las copas.
—Alguna vez y me pregunto por qué Padre no me ha buscado un marido. La mayoría de las princesas están casadas mucho antes de llegar a mi edad. Pero Padre siempre dice que no encuentra a nadie que considere digno. —sonreí—. La verdad es que no tengo prisa. He visto a tantas de mis amigas casadas con ogros que si Padre quiere tomarse más tiempo para encontrarme un marido agradable, desde luego que puedo esperar. ¿Por qué lo preguntas?
—Pensaba en Petra y su esposo. ¿Te has dado cuenta de la forma en que se ríen cuando están juntos? Y cuando se separan están tristes. Como si no pudieran soportar estar separados ni siquiera unos minutos.
Asentí.
—Comparten un gran amor el uno por el otro. Es una pena que no todas las parejas casadas sean como ellos.
—¿Nuestros padres eran así?
Desvié la mirada evocando imágenes de cómo habían sido mis padres antes del nacimiento de Styxx y Acheron. En aquellos días se amaban apasionadamente. Casi nunca se separaban y mi padre idolatraba a mi madre con un amor que parecía no tener fin.
Y entonces nacieron sus hijos. Desde aquel desafortunado día mi padre no podía soportar estar cerca de mi madre. La culpaba por Acheron.
Has sido la puta de un dios. No lo niegues. No puede haber salido de tu vientre de otra forma.
Cuanto más proclamaba mi madre su inocencia, más parecía odiarla mi padre. Al final dijo que Zeus la había engañado y no había tenido ni idea de su presencia en la cama.
En vez de aplacar a mi padre, su confesión le enloqueció incluso más y prohibió cualquier contacto con ella.
—No, Acheron. —dije en voz baja mientras le tendía una copa—. No se ven casi nunca, salvo por cuestiones de estado. Padre prefiere la compañía de Styxx y sus senadores mientras Madre pasa gran parte del tiempo perdida en sus copas—. Y yo lo odio. Tiempo atrás mi madre había sido maravillosa. Ahora era una borracha amargada.
Me miró tenso como si entendiera por qué.
—¿Piensas que algún mujer me querrá algún día?
—Pues claro que sí. ¿Por qué lo dudas?
Tragó con fuerza y me contestó en voz tan baja que casi no podía oírle.
—¿Cómo podría amarme alguien? Idikos dice que soy una vergüenza para la gente decente. Que soy un bastardo sin padre y una puta despreciable. Seguramente ninguna mujer decente querrá nada conmigo.
—Eso es una completa mentira. —dije con vehemencia—.Te mereces el mundo entero y te aseguro que encontrarás una mujer, a parte de mí, que aprecie lo maravilloso que eres.
Volvió a tragar con fuerza.
—Si alguna vez soy tan afortunado te juro que ella nunca dudará de mi amor.
—Serás tan afortunado.
Me sonrió, pero era una sonrisa vacía y había en sus ojos suficiente dudas como para que los míos se llenaran de lágrimas.
Aclarándome la garganta, intenté distraerle.
—Vamos a aprender las letras, ¿te parece?
Se volvió hacia los pergaminos y durante cuatro horas lo vi esforzarse con un fervor que no había antes. Y cada vez que le oía hablar sin aquellas esferas en la lengua se me elevaba el corazón. Era una gran victoria y un día cercano ganaría esta batalla y su pasado quedaría en el olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario