jueves, 12 de enero de 2012

A parte 31

11 de Diciembre, 9529 A.C.


Traté de dormir, pero sólo lo hice irregularmente. Éste sería el peor día de mi vida. Hoy, mi propio padre, me ataría a un Dios...
Cuando fue hora de ir al templo, encontré a Acheron en el corredor fuera de mi habitación usando el peplo de coloración insulsa que utilizaba para ir a los juegos. Como siempre, estaba colocado sobre su cabeza para protegerlo de los demás.
Era bueno de su parte venir conmigo, incluso cuando yo sabía que él no quería. Deseaba sostener su mano para que me diera coraje, pero no me atrevía por miedo de dirigir la atención hacia él. Lo último que querría sería que lo hirieran por mi culpa.
Sin una palabra, siguió tras de mí y mis sirvientas mientras dejábamos el palacio. Pensé que Padre me esperaría fuera, pero me dijeron que él ya estaba en el templo.
Dudé, ahí, en la calle, mientras me abandonaba el coraje y me dejaba con las piernas temblorosas.
Girándome, encontré la mirada de Acheron.
—¿Debería correr?
—Ellos siempre me traían de vuelta cuando trataba de hacerlo y me hacían sufrir mucho por el intento.
Mi estómago se encogió, incluso más, mientras recordaba la vez que lo había sacado de la Atlántida. El me había dicho que sería castigado por mis acciones, pero nunca me había dicho como.
—¿Qué te hizo el Tío después que te alejé de...
El colocó su mano sobre mis labios y sacudió la cabeza.
—Nunca querrías saberlo.
Miré en sus ojos plateados y vi el dolor que estaba ahí y fue entonces cuando entendí completamente porque él no había dejado atrás la vida que nuestro tío le había enseñado. Recordé lo que me había dicho en el burdel.
Sin otra habilidad, no había nada que cualquiera de nosotros pudiera hacer. Ninguna manera de mantenernos a nosotros mismos.
“Traté de encontrar un trabajo honorable”
Sus palabras me atormentaban ahora.
Acheron tenía razón. Me encontrarían y me castigarían.
Tomando una profunda inhalación para llenarme de coraje, me giré y me dirigí hacia el distrito de los templos.
Había una multitud esperando por mí para celebrar el hecho de que estaba siendo vendida contra mi voluntad a un Dios. Seis pequeñas niñas permanecían con canastas de pétalos de rosa rojos y blancos en sus manos. Las diseminaron a mis pies mientras me llevaban hacia el templo de Apolo.
En la puerta, encontré a mi padre. El me sonrió hasta que su mirada pasó sobre mi hombro para ver a mi alto “guardia”
Un gruñido curvó sus labios.
—¿Qué está haciendo él aquí?
—Le pedí que viniera.
Padre empujó a Acheron por la espalda.
—El no puede estar aquí. Es impuro.
—Lo quiero aquí.
—¡No!
Miré atrás para ver como Acheron levantaba la barbilla como si sus palabras no lo hiriesen, pero vi el dolor en su mirada.
—Esperaré por ti afuera, Ryssa.
Padre hizo un sonido de disgusto y supe que era sólo miedo de hacer una escena frente Apolo lo que lo impedía hacer cualquier cosa. Sin embargo, después habría castigo para Acheron. De eso no tenía duda.
Alargue la mano hacia mi hermano, pero Padre me empujó hacia la puerta. Lágrimas se asomaron a mis ojos mientras me asfixiaba. Traté de hablarle a Acheron, pero no podía hacer que mi voz cooperara.
Acheron se alejó, hacia la multitud.
Quería verlo. Necesitaba su fuerza, pero no había nada que pudiera hacer.
Contra mi voluntad, me arrastraron hacia el templo y hacia un destino del cual yo no quería ser parte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario