viernes, 6 de enero de 2012

BRM cap 12

Aimee dejó caer el plato mientras el dolor la atravesaba. Tratando de respirar, se recostó contra el fregador.
—¿Ocurre algo?
Ella miró a Tony, uno de sus cocineros y asintió con la cabeza.
—Sólo una rara punzada.
Como era humano no le haría nada bien explicarle lo que estaba pasando con ella y sus poderes.
Fang estaba herido.
Lo podía sentir. Y más que eso, tenía una sobrecogedora necesidad de encontrarlo.
¡Ahora!
No lo hagas
Él no la quería a su alrededor. Lo había dejado más que claro. Y aun así, ella no podía sacudirse el sentimiento interior que le decía que era imperativo llegar a él. Estaba muy cercano a la muerte. Cerrando los ojos, dirigió su atención y vio a Vane luchando contra Daimons mientras un grupo de ellos se alimentaban de Fang. Ella vio sus collares claramente en la oscuridad y supo que eso los había dejado indefensos para la pelea.
Serían devorados.
Incapaz de soportarlo, se olvidó del plato y corrió hacia la casa Peltier. Dev había terminado sus funciones hacía una hora.  Se transportó a sí misma hacia su puerta y llamó.
—Entra.
Ella abrió la puerta para encontrarlo en su cama, viendo la tele mientras hojeaba una revista de motocicletas.
—Los lobos que me salvaron están en serios problemas. No puedo dejarlos solos en esta pelea y podría necesitar refuerzos.
Dev no dudó.
—Llevaré a Etienne y Colt. Tú ve por Alain.
Agradecida por su entendimiento, lo dejó para ir a la siguiente habitación para llamar a la puerta de Alain. Antes de que incluso pudiera levantar su mano, su móvil sonó. Aimee respondió para encontrar al lobo Fury en la otra línea.
—¿Estabais hablando en serio sobre ofrecer protección a Vane y Fang? —su voz sonaba mortalmente seria.
—Sí, ¿por qué?
—Porque su padre los ha traicionado y los ha dejado por muertos. No hay nada que yo pueda hacer, pero espero que vosotros seáis capaces de salvarlos.
Ella escuchaba mientras él la llenaba con más detalles de lo que su visión le había provisto. Sobre todo, le dio su locación exacta.
—¿Por qué me estás diciendo esto?
—Porque se los debo, pero no puedo hacer más. Sálvalos Aimee, por favor.
—Haré todo lo que pueda.
—Gracias y yo trataré de mantener a la manada lejos. Además, no le digas nada a nadie acerca de esta llamada, especialmente no a Vane o Fang —colgó antes de que pudiera responder.
Ella frunció el ceño ante sus palabras de despedida. Qué petición tan rara.
Sacudiendo su cabeza, guardó su teléfono, llamó a la puerta de Alain y le contó lo que estaba pasando. Como Dev, se levantó inmediatamente para unírsele.
Una vez que estuvieron reunidos, los llevó hacia donde había visto a Vane y Fang en su visión y hacia la locación que Fury le había dado. Los Daimons ya habían volado cuando ellos llegaron.
A su izquierda, Vane sostenía a Fang, quien estaba ahora en su forma de lobo. Ella corrió hacia ellos con sus hermanos justo detrás.
—¿Vane?
El miró hacia arriba, con un ceño furioso hasta que se percató que no eran Daimons. Su enojo se fundió bajo un severo gesto de confusión.
—¿Qué estáis haciendo aquí?
Ella dudó en decirle la verdad. Nadie necesitaba saber la extensión de sus poderes o su de habilidad de afinarse en la posición de los seres con una exactitud sorprendente. Y sobre todo, no deseaba traicionar a Fury.
—¿Qué pasó? —preguntó, tratando de cambiar su atención hacia ellos.
Vane sacudió su cabeza como si estuviera tratando de despertar de una pesadilla.
— Fuimos atacados…
—Mira —dijo Alain, dando un paso adelante—. No quiero ser grosero pero los Daimons están ahí fuera y con fuerza esta noche y mientras la mayoría de ellos son cobardes, hay suficientes Spathi por los alrededores y no queremos ser tomados en desventaja. Regresemos al Santuario y entonces hablaremos.
Aimee no podía estar más de acuerdo.
Vane los miró con sospecha.
Dev puso su mano sobre el hombro de Vane.
—Vosotros salvasteis a Aimee y mi padre les dijo que seríais bienvenidos en cualquier momento. Lo dijimos en serio. Ahora vamos. Limpiaremos y cuidaremos de vosotros.
Aimee no se movió hasta que todos ellos desaparecieron. Miró la zona mientras los eventos de la noche jugaban en su mente. La agonía de Vane y Fang persistía aquí como un fantasma que la acosaba.
Anya estaba muerta y su manada se habían vuelto contra ellos. Ella entrecerró los ojos por el dolor que sentía por Fang. Esto no sería fácil para él.
Tratando de ayudar, apareció de nuevo en el Santuario. Sus hermanos habían llevado a Fang al cuarto de examinación de Carson mientras ellos y Vane, quien se había vestido a sí mismo con un nuevo par de pantalones y camiseta, permanecían en la oficina, relatando los eventos a sus hermanos.
Carson estaba en la otra habitación, solo, examinando a Fang.
Ella permaneció al lado de Dev y esperó silenciosamente mientras ellos hablaban. Era sorprendente cuánto horror había visto en sus visiones que Vane no dejaba salir. Pero, tal vez no era tan extraño. Admitir que tu padre tenía la intención de mataros, a ti y a tu hermano, sin razón alguna tenía que ser duro para él. ¿Quién querría decírselo a completos extraños?
Mientras ellos hablaban, fue a buscar comida para Vane. Lo trajo de las escaleras y lo colocó en el escritorio de Carson.
Vane sonrió con gratitud.
—Gracias.
Ella inclinó la cabeza hacia él
—¿Necesitas algo más?
El miró melancólicamente hacia la puerta de la habitación donde Carson estaba tratando a Fang.
—Supongo que no.
Aimee le tocó el hombro con simpatía, sabiendo que la única cosa que necesitaba era ver a Fang normal y completo. Que hubiera sobrevivido al ataque.
Y por alguna razón que ella no podía decir, también lo necesitaba.
Carson salió de la sala de examinación un tiempo después de que Vane hubiera terminado de comer y ella hubiera llevado los platos a la cocina.
Vane se levantó inmediatamente.
Ella podía ver, por la tristeza en los ojos de Carson, que no eran buenas noticias.
—¿Y bien?
Vane golpeó sus manos contra sus muslos con agitación nerviosa.
Carson lo miró y suspiró.
—Está completamente sin respuesta.
Vane frunció el ceño.
—¿Eso qué significa?
—Está retraído en sí mismo, probablemente por el shock, y no responde a nada de lo que hago.
Esa noticia no pareció satisfacer a Vane más de lo que satisfizo a Aimee.
—¿Y respecto a sus heridas?
—Sanarán, pero no estoy seguro sobre su estado mental. Los huesos y las heridas, los puedo arreglar, pero lo que está mal con él… tal vez necesitéis un psicólogo.
Vane lo empujo para pasar tras él.
—Tonterías.
Abrió la puerta completamente para ver a Fang descansando en la mesa en su forma de lobo. Excepto por la sutil elevación y caída de sus costillas, sería fácil confundirlo con un cadáver. Ni siquiera se movía.
Aimee se movió para mirar mientras Vane lo abrazaba.
—¿Fang? Vamos chico. Levántate.
Fang lo ignoró completamente.
Vane crispó sus puños en la piel de su hermano y apretó lo suficientemente fuerte para hacer que Aimee se estremeciera.
—Maldita sea. ¡Levántate!
Fang no respondió en absoluto. Sólo estaba ahí, sin moverse, sin parpadear. Era como si hubiera dejado este mundo y hubiera ido a algún lugar más lejano.
Carson se fue hacia la parte opuesta de la mesa. Gentilmente, retiró las manos de Vane de la piel de Fang.
—No está realmente con  nosotros. Es como si su mente no pudiera manejar lo que les pasó a los dos y se hubiese retirado profundamente dentro de él.
Vane sacudió la cabeza en negación.
—Él es más fuerte que eso. Siempre ha sido fuerte…
—Incluso el más magnífico roble puede ser derrumbado por el susurro de un viento si viene de la más poderosa tormenta.
Ella tragó el nudo que le quemaba en la garganta por las emociones empáticas que la golpeaban. Una y otra vez, veía a Fang como había estado el día que le había llevado el filete mientras esperaba a su manada. Tenía un gran poder e integridad. ¿Cómo podía haberle pasado esto?
Estaba de acuerdo con Vane. No tenía ningún sentido.
—¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó ella.
Carson suspiró.
—No tengo idea. Diría que llamarais a Grace Alexander y vierais si ella puede ayudar.
Vane frunció el ceño.
—¿Quién es ella?
Carson alisó la piel de Fang donde Vane la había apretado.
—Ella está casada a un semi-dios Griego y es una psicóloga licenciada. Es la única que conozco que puede alcanzarlo.
Vane tomó la cabeza de Fang y la colocó en un ángulo de tal manera que lo miraba con los ojos en blanco.
—¡Mírame Fang! Por todos los demonios, no hagas esto. Te necesito lúcido. No podemos estar aquí. ¿Me escuchas? Tienes que levantarte para poder luchar.
Carson quitó sus manos nuevamente.
—No creo que más violencia sea la respuesta. Déjale descansar esta noche. Tal vez esté mejor por la mañana.
Dev y Alain se acercaron.
—¿Quieres que lo movamos?
Carson negó con la cabeza.
—Creo que es mejor si permanece aquí durante algún tiempo. Pero estoy seguro que a Vane le gustaría un lugar más confortable para pasar la noche.
Aimee puso su mano sobre el hombro de Vane.
—Ve, date una ducha caliente y descansa un momento. Estaré aquí con Fang hasta que regreses.
Vane dudó.
—No sé.
Ella golpeteó su brazo y sonrió.
—Está bien, Vane. Te llamaré si algo cambia. Lo prometo.
Asintió desanimado. La agonía en sus ojos avellana era sobrecogedora. Ella les pidió a los dioses que, de alguna manera, pudiera disminuir el dolor ahí, pero no había nada que pudiera hacer por él, excepto que regresara Fang, y en este momento parecía imposible.
Suspirando, se impulsó a sí mismo y siguió a Dev y Alain lejos del cuarto. Colt permaneció tras ella mientras Carson regresaba a su escritorio a hacer el papeleo.
Aimee cogió una sábana del armario para envolver a Fang. Deslizó su mano a través de su suave piel, acariciándolo tan tiernamente como podía.
—Aquí estoy Fang —susurró—. Cuando estés listo para enfrentar al mundo de nuevo, no estarás solo. Vane esta aquí y nosotros estamos aquí. Para ti.
Si las palabras lo alcanzaron, ella no tenía idea. Él ni siquiera parpadeó.
Ella miró hacia arriba y captó la mirada de Colt.
Su mirada estaba vacía y era escalofriante.
—Yo sé cómo es ese estupor en el que él está. Es el mismo en el que estuve yo cuando mi hermana fue asesinada.
—Lo recuerdo —dijo ella pensando en la noche cuando Colt había aparecido en su puerta después de que él y su hermana los hubieran dejado durante un año. Su madre había sido una osa Arcadian… la niñera de su padre.
Colt y su hermana habían nacido ahí. Y sólo el regresó a ellos.
Familia era familia y ellos le habían dado la bienvenida y lo habían mantenido a salvo. Él era como un hermano para ella también.
Lo gracioso era que cuando ella lo llamaba primo o primito, la gente pensaba que era de cariño. No tenían idea que en realidad eran primos.
Aimee señaló con la mandíbula hacia la puerta. 
—¿Por qué no vas y descansas? Estaré bien aquí con él.
—¿Estás segura?
Ella asintió.
—Carson estará justo afuera.
—Si necesitas algo…
—Lo sé, gracias.
Aimee esperó hasta que estuvo a solas con Fang. Recostándose, colocó su rostro contra su cuello y lo sostuvo cerca.
—Donde quiera que estés Fang. Necesitas volver con nosotros.

Fang se movió bruscamente mientras escuchaba una suave voz susurrándole.
—¡Aimee! —gritó.
Nadie respondió. Había oscuridad a todo su alrededor. Se sentía apretado y pesado como carámbanos de hielo. Congelándolo mientras caminaba con dificultad a través de una lúgubre agua que parecía atravesar su cuerpo. Le castañeaban dientes, tenía las manos envueltas a su alrededor.
—¡Vane!
Aún no había respuesta. ¿Estaría muerto?
¿Era esto el infierno?
Era la única explicación racional. ¿Qué más sería tan horrible?
—No estás muerto.
Giró bruscamente hacia la voz que venía detrás de él.
Tampoco había nadie.
—¿Quién dijo eso?
—Lo hice yo.
Se giró de nuevo mientras escuchaba en su oído una vez más. Ahí no había nadie.
—¿Quién eres?
—Soy Misery.
Él la vio entonces. Un delgado despojo de ser con flotante pelo negro que remarcaba la piel blanca más pálida que había visto. Estaba tan pálida que tenía un ligero tinte como cenizo. Sus penetrantes ojos eran negros y grandes. Parecía estar casi vacía.
—¿Dónde estamos?
Ella sonrió desanimadamente.
—En el Reino de las Tinieblas.
Fang frunció el ceño ante la respuesta.
—¿El qué?
—Estamos cautivos en un lugar entre la vida y la muerte. Fuiste atacado por Daimons y tomaron suficiente de tu alma para que no estés vivo. Sin embargo no estás realmente muerto. Una parte de ti todavía vive en el reino humano. Ahora estás atrapado en las sombras como el resto de nosotros.
—¿El resto de quienes?
Ella levantó la mano y él vio legiones a su alrededor. Tipo zombis, se golpeaban y gruñían, caminando con dificultad en la misma agua pesada que se le pegaba.
—Somos almas perdidas que han sido relegadas a este lugar por crueldad.
Él sacudió la cabeza tratando de que todo tuviera sentido. ¿Cómo era que él podía estar ahí?
—No entiendo. ¿Cómo fue que llegaron?
Ella bajó su brazo y la luz se desvaneció.
—Soy un demonio que fue atrapado hace siglos. Mi familia todavía me busca, pero nunca me encontrarán. Deberé vivir toda la eternidad aquí en esta agonía. Incapaz de escapar sin ayuda humana. Incapaz de dormir o comer comida real. No hay nada que hacer excepto sufrir y añorar —suspiró—. Pero tarde o temprano, tu cuerpo mortal morirá y serás liberado… no como yo. Incluso si escapo, nunca seré realmente libre.
Fang sacudió de nuevo la cabeza.
—Tonterías. Esto es sólo un sueño. Una loca pesadilla.
Ella rió.
—Si tan sólo lo fuera.
Aún así, se rehusó a creerlo. Ella estaba mintiendo. Tenía que estar haciéndolo. Se giró lejos de ella y se abofeteó a sí mismo. Con fuerza.
—Vamos Fang, despierta.
Misery lo siguió.
—Todos pasamos por un período de negación. Pero no lo cambia para nada. Estamos aquí y aquí permaneceremos.
—¡Vane! —gritó Fang tan alto como pudo, ignorándola a ella y a su nefasta predicción.
Se enfocó tan fuerte como pudo, tratando de alcanzar a través de este reino a su hermano.
¡Vamos hermano, escúchame!
—Demonios, ¡Vane! ¡Despiértame!
¡Vienen los Recolectores! ¡Vienen los Recolectores! Frenéticas voces gritaban en la oscuridad.
Misery tomó su brazo.
—Ven, tenemos que escondernos.
—¿Escondernos de qué?
—De los Recolectores. Si te encuentran, destruirán esa parte de ti y estarás para siempre aquí atrapado como su esclavo.
Él se burló.
—¿Qué mierda es esta?
Ella lo empujó hacia delante rumbo a una tenebrosa grieta.
Fang empezó a decirle cosas pero se mordió la lengua. ¿Qué pasaba si no era una retorcida pesadilla? Él era un Were-Hunter. De todas las criaturas, él sabía que había mucho más en el universo que el orden “natural”.
Mejor estar a salvo que apenado hasta que se diera cuenta exactamente de lo que estaba pasando ahí.
Se empujó a sí mismo profundamente dentro del estrecho y escarpado espacio. Aparte de la bruma, podía escuchar algo acercándose. Parecía como balbuceos humanos o un parloteo demoníaco sin sentido. Espeluznante y amenazador incluso para el más sólido de los corazones.
Se acercaba.
Aun más cerca, hasta que pudo ver la figura de su gran y retorcido cuerpo. Como Misery, el aire flotaba a su alrededor. Musculoso y alto, le recordaba a los ogros y trolls con grandes y afiladas uñas.
Se acercó a una de los zombis que había visto. Tomándola, le atravesó el cuello con los dientes. Ella gritó, entonces se quedo en silencio y tiesa mientras el Recolector parecía inhalar su esencia. Dejó caer su cuerpo sin vida a un lado y buscó otra víctima.
Misery colocó un dedo sobre sus labios para recordarle que permaneciera en silencio.
“¿Qué están haciendo?” Proyectó hacia ella.
“Te lo dije, están tomando una parte de ellos y dejándolos atrapados en este lugar para siempre. Ahora son esclavos de los Recolectores y harán cualquier cosa que pidan”.
“¿Con qué propósito?”
“Los Recolectores llevan las partes recolectadas a los demonios y otros de su clase como intercambio para utilizar el cuerpo de los demonios para poder escapar de aquí por un tiempo. Nos conducen hacia la tierra para poder hacer un trueque con nosotros. Pero no son los únicos de los que hay que tener cuidado. Hay otros demonios que tratarán de esclavizarte o torturarte. Es un lugar peligroso para todos nosotros”.
Fang no se movió hasta mucho tiempo después de que los Recolectores se fueran. Misery escaló primero. Dudando y temerosa, le recordó a un tímido conejo.
—Ya se fueron, creo.
Fang estaba desconcertado por todo esto.
—No entiendo cómo puedo estar atrapado aquí. Soy un Were-Hunter.
—Y yo soy un demonio con poderes mucho más grandes que los tuyos, lobo. Este es el vórtice entre dimensiones, un lugar de mala muerte de inimaginable crueldad. 
—¿Entonces por qué me estás ayudando?
Ella le echó una insidiosa media sonrisa.
—Misery adora la compañía.
—No eres graciosa.
Ella rió mientras bailaba a su alrededor.
—No te preocupes Were-Hunter. Ahora ven, debemos estar fuera de la principal vía de entrada antes de que los Recolectores regresen.
Fang no estaba tan seguro de que debiera seguirla, pero no tenía razón para dudar de ella. Tenía razón, no sabía nada acerca de este reino, de sus peligros y  sus habitantes.
—Tiene que haber una forma de salir de aquí.
Misery rió.
—Siempre esperanzado. Me gusta. Pero toda la esperanza del universo no hará que aparezca una puerta cuando no la hay. Créeme.
El deseó poder hacerlo. Pero no era ingenuo. Nunca lo había sido. Siguiéndola cautelosamente, trató de ver a través de la oscuridad. Era opresiva.
Finalmente llegaron a un hueco parecido a una cueva y aun así se curvaba arriba hacia el sombrío cielo. Fang se detuvo en la entrada.
—¿Qué es este lugar?
—Yo lo llamo hogar. Ven, Lobo.
Contra su mejor juicio, entró.
Misery rió de nuevo mientras se balanceaba delante de él. Ella le recordaba a un niño mientras brincaba y bailaba con un ritmo que sólo ella podía escuchar.
Fang no estaba muy entusiasta y mientras entraba en el delgado corredor, finalmente entendió su sexto sentido. Allí había cientos de demonios.
Misery se giró para mirarlo con una radiante sonrisa mientras un grande y feo demonio se manifestaba a su lado.
—Mira, Ceryon. Traje el desayuno.

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