Esta era una de las noches más increíbles de la vida sumamente larga de Alexion, pero todo su tiempo con Danger era especial.
Aún así, él nunca había visto nada como esto. Estar sentado en medio de la gente como si no fuera diferente de ellos… no había palabra que pudiera describir ese milagro. Él los había oído reírse en el cine, retener el aliento en las partes tensas e incluso hablar a su alrededor. A diferencia de otros aficionados al cine, la conversación no lo había molestado en lo más mínimo.
Por un rato, había sido uno de ellos.
No era de extrañar que Acheron buscara esto. Ahora lo entendía totalmente.
Demonios, hasta le gustaron sus pies pegados al piso del teatro. Pero la mejor parte fue cuando Danger levantó el apoyabrazos para que pudieran compartir su paquete de palomitas de maíz. Ella había apoyado su cabeza contra su pecho y allí, en la oscuridad, se habían abrazado.
—Así que esto es lo que se siente siendo normal, ¿huh? —le preguntó mientras dejaban el teatro en medio de la muchedumbre.
—Sip. Bastante agradable, ¿verdad?
Alexion asintió mientras veía grupos de jóvenes adultos y adolescentes yéndose juntos. Envolvió su brazo sobre los hombros de Danger. Un aroma de magnolias llenó su cabeza, adoraba el olor de esta mujer.
—¿Tú ves muchas películas en el cine? —le preguntó.
Ella pasó su brazo alrededor de la cintura de él mientras dejaban el edificio. Había algo increíblemente íntimo en esto.
—No muchas. Paso muchas noches en casa cuando no estoy eliminando manadas de Daimons.
No podía entender semejante soledad forzada cuando ella, a diferencia de él, tenía una opción en el asunto.
—¿Por qué?
—Me hace sentir sola salir —ella señaló una pareja cerca del edificio que se besaba en el estacionamiento—. Me recuerda lo que ya no tengo, y lo que no volveré a tener después de que te marches.
Alexion la hizo detener y la acercó hacia él. Acunó su cuerpo en el suyo y cerró sus ojos, deseando que la vida de ambos fuera diferente.
—Si pudiera, te daría lo que deseas.
—Gracias. Lo aprecio.
Él le levantó su barbilla para que ella lo mirara.
—Siempre estaré contigo, Danger.
Danger podía ver la sinceridad de sus palabras en sus ojos. Eso significaba mucho para ella. Aún así no era suficiente.
—Pero no lo sabré, ¿verdad? —los ojos de él se oscurecieron con remordimiento, haciéndola arrepentirse de sus palabras. Lo último que quería hacer era lastimarlo—. Está bien, Alexion. No pienso arruinar el momento. Estoy realmente agradecida de que tengamos esta noche.
—Yo también —él le dio un apretón antes de tomar su mano y llevarla hacia su coche.
No dijeron mucho mientras volvían a la casa. Era, en promedio, una noche tranquila. Mientras pasaban por delante de la pequeña casa blanca donde nació Elvis Presley, Danger lo miró.
—¿Sabes quién es Elvis?
Alexion sonrió.
—El Rey del rock and roll, nena. Desde luego lo conozco. Simi lo adora.
Ella rió.
—Un día tengo que conocer a esta Simi —ella indicó la casa con una inclinación de su cabeza—. Él nació justo allí, y pasé por delante de esta casa una docena de veces cuando él tenía sólo unas semanas, sin imaginar nunca que el niño en el interior tendría tanto impacto sobre la cultura americana.
—Sí. Ese es el más extraño de los poderes de Acheron. Él hubiera sabido exactamente qué le esperaba al niño.
Qué no daría ella por esa capacidad. Sería lo mejor, ser capaz de ver el futuro.
—¿Tú puedes saberlo?
—No sin la sfora. Acheron no me deja canalizar poderes que él cree que no puedo manejar.
Danger frunció el ceño.
—¿Por qué cree que no puedes manejar ese?
—Porque hay veces cuando ni siquiera él puede.
—¿Como cuáles?
Alexion expulsó un largo aliento y estuvo quieto unos segundos antes de contestar.
—Es duro saber que la desgracia está a punto de golpear a alguien y no intervenir para mejorarlo.
—¿Entonces por qué no interviene?
—Porque la gente aprende de sus errores, Danger. El dolor y el fracaso son una parte natural de la vida. Es como un padre que mira a su hijo caerse mientras está aprendiendo a caminar. En vez de mimar al niño, tú lo pones de pie y lo dejas intentarlo otra vez. Ellos tienen que tropezar antes de que puedan correr.
Ella sacudió su cabeza en negación. Esto le parecía insensible.
—No estoy de acuerdo. Me parece cruel. La mayoría de la gente consigue un poco más que una rodilla pelada.
—La vida es cruel a veces.
Verdad. Ella lo sabía mejor que nadie. Su corazón se apretó mientras veía las caras de su familia.
Ellos habían estado en camino a Alemania cuando la guarnición de su marido los había alcanzado.
Danger cerró sus ojos mientras veía ese día claramente en su mente.
—¡No, Michel! Él es mi padre.
No hubo ninguna piedad en su cara, ninguna compasión en sus acerados ojos azules.
—Él es un aristo. Muerte a todos ellos.
—Entonces mátame también. No te dejaré llevarlos mientras respire.
Y entonces él le había disparado… directamente en el corazón que lo había amado tanto.
—Aristo puta —había gruñido él cuando ella yacía muriendo mientras su padre la sostenía—. Muerte a todos ustedes.
El último sonido que ella había oído había sido el tiro que le quitó la vida a su padre también.
La cólera y el dolor aumentaron dentro de ella mientras esos antiguos recuerdos se unían con su rabia por lo que pasaría con Alexion. Todavía no podía creer que hubiera aprendido a confiar en otro hombre. Pero ahora que lo tenía, no quería dejarlo ir.
—¿Realmente crees que necesitamos arrancar nuestros corazones?
Su respuesta fue automática.
—Una flor no puede crecer sin la lluvia.
—Demasiada lluvia y se ahogan.
—Y aún así la más hermosa flor de loto es la única que crece en el fango más profundo.
Ella resopló ante sus palabras.
—No vas a dejarme ganar ésta, ¿verdad?
—No hay nada para ganar, Danger. Como John Lennon dijo una vez, “la vida es lo que pasa mientras estás haciendo otros planes”. Es sucio y desgarrador, pero al mismo tiempo, es un viaje emocionante.
Ella sacudió la cabeza.
—Me asombra que conozcas tanto sobre nuestra cultura e íconos.
Él se encogió de hombros.
—Tengo mucho tiempo en mis manos.
Danger lo compadeció. Había veces en que su vida era monótona... ella sólo podía imaginarse cuanto más lo sería la de él. Pero como era obvio que los dos tenían distintas opiniones sobre cuánto conflicto necesitaba la humanidad, volvió a su tema original.
—Sabes, siempre he querido entrar y ver el museo del lugar de nacimiento de Elvis.
—¿Por qué no lo has hecho?
—Cierran antes de que oscurezca. Pero tienen un Festival Elvis en junio. Hay mucha diversión y hay por lo general un Daimon o dos en la muchedumbre.
Él se rió.
—El modo en que dices eso me hace preguntarme qué parte es negocio y qué parte es placer.
Ella sonrió.
—Me gusta ser un superhéroe. No muchas personas son lo suficiente afortunadas para ayudar a otros.
—Muy cierto.
Mientras manejaba, Danger tuvo un extraño sentimiento.
—¿Estamos siendo vigilados otra vez?
Alexion sacudió su cabeza.
—No sé por qué, pero Stryker parece estar como en suspenso.
De todos modos, sus poderes clarividentes continuaban sonando, diciéndole que algo extraño iba a pasar.
No fue hasta que llegaron a su casa que ella entendió por qué. En su camino de entrada, esperándolos, había un Aston Martin VanquishÀ negro.
Ese era un coche que ella nunca había visto por estos parajes antes.
—¿Qué diablos hace Viper aquí? —preguntó ella.
Alexion frunció el ceño. Viper era un Cazador Oscuro asignado a Memphis, Tennessee, a dos horas de Tupelo.
—Esa es una buena pregunta.
Mientras Danger entraba y aparcaba al lado del Aston Martin, un alto, hermoso hombre de pelo negro salió del coche. Incluso aunque ellos tenían prohibida la luz del sol, Viper todavía tenía una tez olivácea que lucía bellamente bronceada, algo que había heredado de los antecedentes moros de su madre.
Como uno de los originales Trece de la Fama que había viajado con Pizarro a la ciudad inca de Tumbes, él había llegado a América casi quinientos años antes en busca de oro y gloria. Los incas habían escrito de Viper y su grupo, "Estos hombres eran tan audaces que no temían al peligro… los extraños viajaron a través del mar en grandes casas de madera”.
Hasta este día, Viper no le temía a nada.
Danger no podía imaginarse qué lo había traído tan lejos de casa. Ella sólo lo había encontrado una vez en persona, pero había hablado con él en la Internet y por teléfono algunas veces.
Como la mayor parte de los Cazadores Oscuros, el español estaba vestido todo de negro. Tenía un par de pantalones pinzados negros y una camiseta muy ajustada. Su cabello era corto y estaba elegantemente arreglado. Mientras esperaba que dejaran el coche, se quitó sus anteojos de sol y los tiró sobre el asiento.
Él no le contestó. En cambio, se dirigió directamente a Alexion. Sin una palabra, él enterró su puño en el estómago de Alexion, después le tiró un revés.
—¡Detente! —gritó Danger mientras corría hacia ellos.
Alexion se enderezó con una mirada en su cara que amenazaba la vida de Viper. Por un instante, ella medio esperó que matara al español.
Por suerte, consiguió refrenarse.
Pero cuando Viper se movió para volver a golpear a Alexion, él fue arrojado hacia atrás por algo. Xirena salió de la manga de Alexion en su forma de sombra como lista para matar.
—No, Xirena —dijo Alexion enérgicamente—. Todo está bien.
La demonio miró airadamente a Viper, quien se santiguó.
—¿Qué eres? —preguntó él, su tono amenazante.
—Ella es una demonio —explicó Danger—. ¿Y qué diablos estás haciendo? ¿Por qué lo atacaste?
Viper se volvió hacia ella con una mirada llena de odio.
—Él mató a Euphemia esta noche.
Danger cubrió su boca ante la mención de la esclava griega que estaba colocada en Memphis con Viper. Euphemia era una hermosa mujer rubia que había sido salvajemente divertida e impertinente.
—¿Efie está muerta? —preguntó Alexion—. ¿Cuándo?
La mirada llena de odio de Viper se estrechó sobre él.
—No te hagas el estúpido conmigo. Stryker me ha dicho todo sobre ti. —Él miró a Danger con desprecio—. Y tú lo ayudas.
—Sí, lo ayudo porque él no está matando a nadie. Es Stryker.
Pero Viper no estaba escuchando. Intentó otra vez alcanzar a Alexion, pero Xirena fue tras él con un siseo.
—Xirena, vuelve a mí.
La demonio ahora le siseó a Alexion. Pareció menos que contenta antes de regresar a la forma de sombra y volver a escurrirse bajo su ropa.
Danger levantó una ceja. Ese era un talento interesante.
—Tú sabes que no la maté —le dijo Alexion a Viper con una voz tranquila—. Estás alterado y quieres culpar a alguien, respeto eso. Pero sabes que Danger nunca sería capaz de hacer daño a otro Cazador Oscuro.
Ella vio la angustia en los ojos de Viper. La pena. Él conocía a Euphemia hacía mucho tiempo y esto obviamente lo estaba matando emocionalmente.
—Ellos cortaron su cabeza.
Danger lo tomó en sus brazos para ofrecerle consuelo.
—Lo siento tanto, Viper. En serio.
Los brazos de él estaban tensos alrededor de ella mientras su pena la alcanzaba y le traía lágrimas a los ojos.
—¿Cómo pudieron hacerle eso a ella?
Danger no lo entendía. Nunca lo haría.
—No lo sé.
Alexion se movió para estar a la distancia de un golpe.
—¿Realmente crees que somos responsables, Viper? ¿Honestamente?
Ella podía ver la indecisión en su cara mientras se alejaba. Él le dirigió una maligna mirada.
—Danger, dime la verdad. ¿Has tenido algo que ver con esto?
Ella sabía que él conocía la respuesta a eso. Pero podía entender y respetar su necesidad de confirmación. Sin duda, él se sentía bastante traicionado.
—¿Cuándo murió Efie?
—Hace tres horas.
Danger metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su factura del restaurante y las entradas al cine.
—Como puedes ver, estuvimos aquí, en la ciudad, todo el tiempo. No hay modo de que pudiéramos haber estado en Memphis.
Él miró los boletos y asintió.
—Entonces Stryker nos está mintiendo. ¿Por qué?
—Él es un Daimon —dijo ella simplemente—. Nos quiere a todos muertos.
Viper sacudió su cabeza.
—Yo he conocido a Kyros durante siglos. Confiaba en él.
—Kyros, directamente, no está pensando en este momento —dijo Danger—. Pero nosotros tenemos que mantener claras nuestras cabezas o las perderemos.
Él asintió.
—No les creí cuando comenzaron con su mierda. Ash ha sido demasiado amable conmigo durante años. No me equivoco juzgando a alguien muy menudo.
—Y no lo has hecho —dijo Alexion.
Lágrimas brillaban en los ojos de Viper mientras un músculo se contraía en su delgada mandíbula.
—Efie no se merecía lo que le pasó. Hombre, es un desperdicio de una buena mujer —su atormentada mirada se volvió a ella—. Quiero a los que son responsables. Quiero sentir su sangre en mis manos.
—Los tendremos —le aseguró Danger.
Viper miró a Alexion.
—Siento haberte atacado.
Alexion se encogió de hombros.
—Es comprensible, dadas las circunstancias, y perdonable.
Danger le ofreció una sonrisa. Eso era parte de por qué ella lo amaba así. Él entendía a la gente de un modo en que pocos lo hacían.
Viper suspiró mientras observaba a Alexion.
—Sólo tengo una pregunta. Si no eres el destructor de Ash, ¿por qué estás aquí?
La respuesta de Alexion fue seca y sarcástica.
—Para hacer amigos e influir en la gente. —Viper frunció el ceño mientras Danger reía—. Lo de influenciar gente es cierto —dijo Alexion estoicamente—. Pero realmente no me preocupo por hacer amigos. Lo que realmente me preocupa son los Cazadores Oscuros. Kyros y Stryker tienen razón sobre...
Danger se aclaró la garganta, interrumpiéndolo mientras reconocía, por previos encuentros con Cazadores Oscuros, adonde conducía este discurso en particular: al desastre.
Alexion podía entender las emociones y acciones de la gente, pero no sabía cómo hablar con ellos.
—¿No hemos tenido una discusión sobre este asunto? —le preguntó ella.
Él le dirigió una mirada de fastidio.
—Bien, ¿entonces qué sugieres que diga?
Ella lo palmeó juguetonamente en el estómago.
—Observa y aprende —ella se volvió hacia Viper—. ¿Cuánto tiempo has conocido a Ash?
—Como tú, desde la noche en que fui convertido en Cazador Oscuro.
Ella asintió.
—Correcto, ¿y qué te dijo Ash la noche que lo conociste?
Viper se calló durante un minuto como si estuviera volviendo a vivir el evento en su cabeza.
—Básicamente, dijo que él estaba allí para mostrarme cómo sobrevivir.
—Correcto. Y si él pensaba eso, ¿entonces por qué enviaría a alguien para matarte ahora?
Ella vio la verdad en los ojos de Viper mientras él comprendía.
—No lo haría.
—No, no lo haría —ella tocó su brazo con comprensión—. No te sientas mal. Yo misma olvidé esa parte, pero ese es el rollo que Ash le da a cada Cazador Oscuro la primera vez que los encuentra. Después pasa las siguientes pocas semanas enseñándonos cómo luchar y cómo vivir. Más que eso, conseguimos todo el dinero que podemos gastar, casas grandiosas y criados. Si fuéramos simplemente peones prescindibles de su ejército, ¿por qué tomarse semejante cuidado con nosotros?
Viper se rió siniestramente de eso.
—Tienes razón. Di mi lealtad, sangre, y sudor a la armada española y a ellos les importó un demonio qué comía o dónde dormía. Y mi paga apestaba.
Ella asintió.
—Los únicos Cazadores Oscuros que alguna vez he matado fueron quienes se alimentaron de la gente —dijo Alexion enfáticamente—. Esa es la única cosa que Acheron no soportará. Y es la razón por la que soy enviado. Si estás dispuesto a dejar a los humanos solos y lo pasado... pisado, Acheron también. Puedes ir a casa en paz. Pero si piensas que él te está mintiendo y que puedes hacer lo que quieras a los humanos sin temer al justo castigo, entonces irás a casa en pedazos.
Danger vio el destello de los ojos de Viper ante la amenaza. Medio esperó que atacara a Alexion otra vez.
Para su alivio, no lo hizo.
Después de unos tensos segundos, Viper se alejó.
—Kyros está llamando para reunir a los Cazadores Oscuro en el área pasado mañana por la noche. Dice que tiene algo para mostrarnos sobre Acheron que probará su culpa por encima de todo lo demás… —él miró a Alexion—. No estaré allí.
Danger sonrió.
—Buen hombre.
—Lo intento la mayor parte de las noches —Viper inclinó su cabeza a ellos—. Mejor me voy. Estamos cortos de Cazadores Oscuros en Memphis ahora, y Danger está drenando estos poderes de mierda. Por no mencionar que lo último que necesito es la brisa del alba.
Ella asintió.
—Hasta la vista, francés —Él miró a Alexion—. Y tú, rarito.
Alexion se rió.
—Adiós, mi amigo.
Danger miró cómo Viper volvía a su coche. Mientras se iba, una profunda tristeza la asaltó.
Euphemia estaba muerta…
El dolor del pensamiento caló profundamente dentro de ella.
—¿Cuántos Cazadores Oscuros más van a matar?
Alexion fue a ella y la sostuvo cerca.
—Todo estará bien.
—¿En serio? —ella lo sostuvo contra sí mientras mórbidos pensamientos y pena por sus compañeros la atravesaban—. Lo que más me molesta es que ellos la atacaron en Memphis. Cómo pudo Stryker atacar allí y estar aquí al...
—Bolt-hole —dijo Alexion, interrumpiéndola—. Él puede mandarlos a cualquier lugar y tiempo. Un minuto puede estar aquí en su casa y en el siguiente, en Moscú.
—¿Entonces cómo lo detenemos?
Él le dirigió una dura mirada.
—Tú no. Ese es mi trabajo.
—¿Y si fallas?
—No es una opción. Lo detendremos. Lo prometo.
E incluso mientras él decía esas palabras, Danger tuvo la horrible premonición de que no lo harían. Sintió algo frío y siniestro en lo más profundo de sí.
Bueno, no siempre se ganaba. Ella lo sabía mejor que nadie.
Ash recorría el piso de su cuarto del trono agitadamente. Con sus emociones en confusión, intentaba obstruir las imágenes que lo atormentaban.
—No interferiré —era un mantra que había estado cantando todo el día, y aún así... ¿cómo podía no hacerlo?
Las vidas y el bienestar de gente por la que él se preocupaba estaban en juego.
Estiró su mano y los monitores a su izquierda mostraron imágenes de su vida humana. El horror de todo ello. La humillación. El dolor y el terror. Y todo porque dos mujeres habían intentado "salvarlo".
Él no le haría eso a Ias. Interferir con el destino o libre albedrío humano…
Era desastroso.
—¿Acheron?
Los monitores quedaron en blanco y él se congeló cuando oyó una voz en su cabeza que no esperaba.
—¿Savitar?
—¿Cuánta gente tienes en esa cabeza tuya que tienes que hacer esa pregunta?
Él se rió del seco humor del hombre. Savitar conocía mejor que nadie exactamente cuántas voces oía Acheron en cualquier momento.
Una misteriosa niebla azul siseó frente a él. Dos segundos más tarde, esta se convirtió en un hombre que tenía casi la misma altura que él. Sólo Savitar osaría entrar en sus dominios sin una invitación… bueno, él y Artemisa, pero Artemisa era toda otra pesadilla.
Pareciendo estar físicamente en los treinta años, Savitar se paraba frente a él con una irónica sonrisa y los brazos cruzados sobre el pecho. Vestido con un par de pantalones de playa blancos y una camisa azul de mangas cortas que llevaba sobre una camiseta blanca, no se parecía para nada a lo que realmente era. No parecía el ser que tenía la sabiduría de los años y suficiente poder para competir con Ash. Por otra parte, en realidad Savitar podía ser aún más poderoso.
Había sólo un modo de saberlo sin dudar, pero Ash lo respetaba demasiado para averiguar.
Delgado y musculoso, Savitar no había cambiado mucho desde el día en que por primera vez se cruzó en su camino, excepto su guardarropa, pero el de Ash había cambiado mucho más.
Coloridos tatuajes cubrían los antebrazos de Savitar. Su ondulado pelo negro caía justo por debajo de sus orejas y él lo llevaba en un casual, sencillo estilo. Sus ojos eran una vibrante sombra de lavanda. Esos ojos eran eternos, poderosos, y hasta un poco inmorales.
No, eran muy inmorales.
Ash no estaba nunca seguro de qué lado iba a estar Savitar. Sólo Savitar sabía eso, y no siempre lo compartía.
—¿Cómo está Simi? —preguntó Savitar.
Ash echó hacia atrás una esquina de su foremasta para mostrarle el tatuaje de Simi.
—Bien. Está descansando ahora. La mantuve afuera hasta muy tarde.
—No deberías abusar tanto de tu demonio. Ella necesita su descanso.
Ash ignoró su comentario. Los dos sabían que él nunca abusaría realmente de Simi.
Savitar caminó por el cuarto, su mirada buscando en cada esquina y grieta.
—Tienes aquí un lugar muy estéril.
—Estoy seguro de que el tuyo es un estudio de hedonismo.
Savitar rió, después se puso serio.
—No puedes ir a ellos, Atlante. Si lo haces matarás a Stryker.
Ash cerró sus ojos, deseando poder ver su propio futuro tan fácilmente como lo hacía Savitar. Pero al menos Savitar estaba dispuesto a compartir sus visiones por una vez.
—¿Estás seguro?
—Tan seguro como de que estoy de pie aquí —Savitar destelló desde el trono para pararse directamente detrás de Ash—. Tal vez no estoy ahí después de todo.
Ash inmediatamente giró para que Savitar no estuviera a sus espaldas; más que nadie, Savitar conocía cuánto odiaba él que alguien apareciera detrás suyo.
—No me empujes, Savitar —gruñó—. Hace mucho tiempo que he dejado de ser un neófito.
—No, no lo eres. Pero si quieres atacarme, entonces hazlo. No puedo interferir con tu libre albedrío más de lo que tú puedes interferir con el de ellos.
Savitar levantó su mano y extendió sus dedos. Colores bailaron y giraron en vibrantes diseños en el aire alrededor de ellos. Bailaron entre sus dedos.
—Todo en el universo está cambiando ahora mismo. Realineándose. Pero tú sabes eso. Sé que puedes sentirlo.
Ash rechinó sus dientes mientras el dolor lo recorría. Él sabía exactamente por qué el universo todavía estaba cambiando para acomodar lo que nunca debería haber pasado.
—Cometí un error.
—Nick Gautier.
Ash asintió.
—Lo maldije a morir y alteré muchas otras vidas en el proceso. Vidas de gente que amo.
Savitar le dirigió una dura mirada.
—Y ahora sabes por qué no amo a nadie. Por qué nunca lo hice y nunca lo haré —él bajó su voz—. Presta mucha atención a mis palabras, hermanito. El amor sólo destruye.
Ash se negaba a creerlo. Él lo sabía bien.
—El amor salva.
Savitar se mofó.
—¿Cuántas veces te ha destruido el amor hasta ahora?
Ash sonrió amargamente de aquellos recuerdos.
—Eso no era amor. Era estupidez.
—Todavía no has aprendido tu lección, Atlante. Mientras sigas sintiendo como un humano y ames, estás paralizado. Es por eso que, once mil años más tarde, la perra griega todavía tiene sus garras en ti. Deséchala y abraza tu destino.
—No —dijo Ash enfáticamente—. Mi compasión es lo que me impide hacer algo incluso más imbécil. Sin es… Tú no quieres vivir en el mundo que existiría si alguna vez abrazara mi destino.
—¿Estás tan seguro?
No, no lo estaba. Savitar podía ser brutal e insensible a veces.
—El amor siempre es salvación.
—Entonces puedes quedártelo. Tengo mejores cosas que hacer que recorrer un cuarto, debatiendo qué hacer —su forma comenzó a desvanecerse.
—Espera —dijo Ash.
Él reapareció.
—¿Sí?
Ash vaciló, pero tenía que saber.
—¿Cómo lo está haciendo Nick?
Savitar se encogió de hombros con indiferencia.
—Está alejado de todo lo que alguna vez conoció. Asustado y apenado. Creo que es seguro decir que ha tenido mejores días.
Ash no quiso pensar en eso. Era sólo culpa suya que Nick estuviera muerto y sufriendo. Y era por lo que él había enviado al cajun a Savitar para el entrenamiento. El cajun necesitaba una compasión que en este momento Ash no estaba seguro que pudiera darle.
—Gracias por entrenarlo.
—No hay necesidad de agradecerme, Atlante. Un día, yo te pediré un favor.
—Y te lo haré.
—Lo sé —de pronto el velo estoico cayó de la cara de Savitar—. No tengo intención de ser condescendiente, Acheron, pero estoy orgulloso de lo que te has convertido. Has aprendido mucho y lo has usado sabiamente, a diferencia de algunas personas que conozco…
Ash asintió. Savitar tenía sus propios demonios que ocultaba. Pero cada uno lo hacía.
—Espero que encuentres la paz, hermano —le dijo a Savitar.
Savitar se mofó.
—La paz va de la mano con una conciencia tranquila.
—Entonces ambos estamos seriamente jodidos.
Savitar se rió.
—Sí, lo estamos.
Ash se calló durante un minuto mientras pensamientos y guiones jugaban en su mente.
—¿Pregunta?
—¿Respuesta?
Él dirigió una mueca irritada a Savitar. Había veces en que Savitar disfrutaba provocándolo.
—¿Matar a Stryker sería algo tan malo?
—Sólo tú puedes contestar eso.
—Odio cuando juegas al profeta conmigo. Pero supongo que lo merezco.
Savitar se encogió de hombros.
—Todos nosotros respondemos a alguien.
Esas palabras sorprendieron a Ash. Encontraba difícil de creer que Savitar le permitiera a alguien tener algún poder sobre él.
—¿Y quién sostiene tu cadena?
—Si te dijera eso, sabrías demasiado sobre mí.
—Tú ya sabes demasiado sobre mí.
Savitar no comentó sobre eso.
—La vida es la que nosotros hacemos —dijo él lentamente—. No me necesitas para que te diga que pasaría si mataras a Stryker. Tú conoces esa respuesta —él se movió para pararse al lado de Ash—. Permitiste que tus emociones te controlaran en Nueva Orleáns y, ¿qué pasó?
Desastre completo y absoluto.
Ash se mordió la lengua para evitar preguntar si Alexion sobreviviría a la batalla que venía con Stryker. Si la respuesta fuera no, entonces no había forma de que él no fuera a interferir.
No tengo que meterme en esto.
—No te preocupes, Atlante —dijo Savitar silenciosamente—. Una cosa puedo asegurarte… por tus propias acciones, serás salvado.
—¿Y Alexion?
—Por él, estará condenado. Pero eso ya lo sabías.
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