Susan aspiró profundamente cuando se dirigió hacia la casa del Jefe en el 18 de Avenue South, no muy lejos de South Lucille Street. La noche, estaba completamente tranquila con la luz de luna espolvoreando cada casa convirtiéndolas en sombras.
- Es difícil creer cuan trágico puede ser el mundo cuando se ve de esta manera, ¿verdad?
- Sí.- Ravyn estuvo de acuerdo. – Es por lo que no me molesta ser un Dark Hunter. Hay algo en la serenidad de noche que apacigua el alma.
Susan sonrió divertida.
- Pensé que tú no tenías alma.
Él la miró de reojo mientras conducía.
- Hablaba metafóricamente.
- Ooo, esa es una enorme palabra para ti.
Por su cara podía asegurar que disfrutaba de sus bromas.
- Se amable conmigo, o puede que te deje aquí sola.
- Considerando lo cerca que está de amanecer, no creo que quieras enemistarte conmigo, ¿verdad?
Él le dedicó una fingida mirada taciturna que era positivamente maravillosa. A ella realmente le gustaba que él pudiera entender sus y seguirle la corriente. Demasiada gente confundía sus comentarios sarcásticos con el desprecio. Pero ese era su mecanismo de defensa. Ravyn no sólo lo entendía, él parecía disfrutarlo realmente.
Antes de que ella pudiera decir algo más, él detuvo el coche un bloque por encima de la casa y apagó el motor.
- No creo que debamos darle ninguna advertencia.
Susan no podía estar más de acuerdo. Personalmente, ella ni siquiera pensaba que debieran estar allí. Ella recorrió la mirada alrededor del oscuro y silencioso barrio de la clase media. No hubo una sola luz sola en ninguna de las casas. Ningún movimiento. Nada que le dijera que ella y Ravyn no eran las últimas dos personas vivas sobre la tierra.
Esto era un poco extraño.
- ¿Crees que aún están en casa?- preguntó ella.
- No lo sé. Amanecerá en poco tiempo. Estoy seguro que el Jefe tiene que trabajar, así es que si no están, estoy seguro que no andarán muy lejos.
Ella asintió, luego frunció el ceño cuando un pensamiento le pasó por la cabeza.
- Esta puede ser una pregunta estúpida, ¿Pero podrías llevarme la corriente?
- Claro.
- ¿Qué vamos a hacer exactamente aquí?
Él la miró arqueando una ceja.
-El plan pelear con los tipos malos y ganar el día.
Ella asintió ante su tono seco.
- Buen concepto, ¿Alguna idea de cómo llevarlo a cabo?
- Ninguna.
Él salió del coche y cerró la puerta de golpe.
Boqueando, Susan saltó del mismo y lo alcanzó al otro lado de la carretera.
- Espera un momento. Estás de broma, ¿verdad?
- No – dijo él con toda sinceridad. - Voy irrumpir en su casa y luego enfrentarle.
Ella casi se ríe ante eso.
- ¿Puedo decirte cuán estúpido pienso que es tu plan?
- Acabas de hacerlo. Él dejó las llaves en la palma de ella que llevaba la marca de emparejamiento y plegó sus dedos sobre ellos. – Siéntete libre de regresar en cualquier momento. De hecho, realmente deseo que lo hagas.
Él empezó a alejarse.
Ella tiró de él para detenerlo cuando el miedo pasaba a través de ella.
- Vas a conseguir que te maten, Ravyn, ¿Lo entiendes?
Un tic apareció en su mandíbula.
- Pelear con los daimons es lo que hago, Susan. Es por lo que fui creado.- él levantó la mirada hacia el cielo que se volvía más claro a cada minuto que pasaba.- Además, es una cuestión discutible. No tengo tiempo de regresar al Serengeti antes de que amanezca. Esto acaba hoy. En mis términos. No los de él.
- Al amanecer. Vaya un cliché.
Él negó con la cabeza cuando se volvió y caminó hacia la casa del jefe.
Susan se quedó allí indecisa. Cada parte de ella gritaba por que cogiese el coche de Phoenix y se largase. Que condujese hasta que todo aquello hubiese quedado atrás.
Pero cuando miró a Ravyn, quien se dirigía con decisión hacia la casa del jefe, supo que no podía hacerlo. Él había estado solo durante todos estos siglos. Si él realmente se estaba dirigiendo hacia su destino, entonces él iría con él.
Eres una idiota.
Sí, lo era. Y quizás también moriría esa mañana. Pero al menos se habría enfrentado al hombre que era responsable de las muertes de Angie y Jimmy. Se lo debía tanto a ella misma como a ellos. Quería mirar de frente al hombre responsable de su destino a los ojos y decirle personalmente la clase de bastardo que era.
Metiendo las llaves en su bolsillo, ella corrió para alcanzar a Ravyn.
Ravyn no esperaba que Susan se uniese a él, pero cuando la sintió tirando de su mano, no pudo evitar sonreír interiormente. Él enlazó sus dedos con los de ella antes de que la rodease y se dirigieran hacia la casa del jefe.
- ¿Crees que tiene sistema de alarma?- susurró Susan cuando Ravyn halló una ventana lo suficientemente baja para mirar por ella.
- Probablemente.
- ¿Entonces cómo entramos?
Él cubrió el cristal con la mano y cerró sus ojos para sentir si había alguna energía eléctrica alrededor de la ventana. La había. Colocó ambas manos sobre el cristal y usó sus poderes para interferir con la conexión eléctrica. Luego despechó la ventana y la abrió.
Solo les recibió el silencio pues la alarma parecía no detectar ninguna intrusión.
Susan negó con la cabeza ante él.
- ¿Cómo lo haces?
- Es un mago, Mama,- dijo él, citando la canción de Heart, con una sonrisa abierta antes levantarla e introducirla al interior.
Tan pronto como ella estuvo a salvo, se unió a ella, luego deslizó la ventana y la cerró. Se tomó un minuto para reacomodar las cortinas en su lugar.
La casa estaba completamente oscura y silenciosa. Cortinas de un marrón oscuro ribeteado de oro se cerraban sobre cada ventana de modo que no pudiese penetrar ningún rayo de sol. Definitivamente la residencia de la bestias nocturnas que tenían una seria alergia a la luz del día.
La casa estaba decorada con una mezcla de mobiliario contemporáneo y antiguo. Pero aun así, parecía una casa común. Había fotos en la pared de Paul, sus hijos, y su esposa.
Susan clavó los ojos en las fotos, especialmente en la de los chicos. Parecían tan normales. Hasta que te dabas cuenta de que su ropa era idéntica a la que ella había llevado siendo niña. Sus hijos no eran los veinteañeros que parecían. Ellos tenían que estar al final de los treinta.
De repente, ella y Ravyn oyeron el chirrido de la puerta del garaje al abrirse. Alguien volvía a casa.
- ¿Qué hacemos?- jadeó ella nerviosa, mirando alrededor por un lugar en el que esconderse.
- Vamos a esperar – dijo Ravyn en voz alta.
Indiferente al peligro que estaban enfrentando, él se apoyó contra el brazo del sofá de cuero color café con los brazos cruzados sobre el pecho. Cruzando también los tobillos parecía a todas luces alguien que esperaba a que un hijo descarriado volviese a casa después de haber pasado toda la noche fuera.
Ella no podía concebir su exteriorizada calma. Y realmente no le estaba su estrategia. Era una buena cosa que el hombre no trabajara para el Pentágono. Lo de “Lo resolveré como me parezca” simplemente no iba con ella.
- No te preocupes, Ben - un hombre dicho, cerrar una puerta que ella estaba segura guiada para el garaje. – Lo cogeremos.
- No puedo creer que ese bastardo mintiera.- las voces se acercaban más.
Susan retrocedió hacia las sombras y murmuró una pequeña plegaria para que todo saliese bien.
- Como ya dije, no me preocupa. Él pagó por su mentira. Cogeremos a Kontis y a los demás. Acuérdate de mis palabras.
- Recordadas y anotadas.- dijo Ravyn en un tono sarcástico cuando los dos hombres se les unieron en el cuarto.
Paul y Ben se pararon en seco.
- ¿Qué estás haciendo aquí?- exigió Paul, su cara paso del pálido al rojo.
Ravyn no se movió ni parpadeó siquiera.
- Oí que me estabas buscando. Así que prefería ahorrarte el problema de buscarme.
A Paul pareció recuperar el control de sí mismo al tiempo que adoptaba la postura y el tono calmado de Ravyn.
- Hmm… interante. ¿Así que, qué hacemos ahora? ¿Acabamos con esto?
Ravyn se encogió de hombros.
- Claro. ¿Por qué no?
- No me gusta ese plan,- dijo Paul, intercambiando una mirada presumida con su hijo.
Bueno, al menos ella y Paul estaban completamente de acuerdo en algo. A ella tampoco le gustaba la idea.
- ¿No? Preguntó Ravyn poniendo la mano en su barbilla introspectivamente.- ¿Entonces que propones?
- Que te matemos.
Ese plan todavía le gustaba menos.
Afortunadamente, Ravyn estaba de acuerdo
- Tengo que decir que no me gusta su plan. Sobre todo...- vaciló como si buscase la palabra correcta mientras agitaba la mano alrededor de su cara en círculos.-…esa parte de mi muerte, creo.- su cara se volvió mortalmente fervorosa cuando se cruzó otra vez de brazos.- Preferiría matarte a ti.
La amenaza no pareció preocuparle a Paul en absoluto.
- No puedes hacer eso.
- ¿Por qué no?
Él dio un paso hacia ellos.
- Si muero, vosotros dos nunca seréis absueltos de los asesinatos. Siempre estaréis perseguidos por la policía.
Ravyn se rió.
- Siempre. Ese es un concepto que ni siquiera eres capaz de asimilar.- Él se puso serio.- Confía en mí, humano. Eso toma un significado completamente nuevo en mi mundo. Pero eso no viene al caso. Creo que realmente subestimas a tu gente y el alcance de su atención. Más que eso, realmente sobreestimas el que yo de una mierda por ellos. Soy un Were Hunter, gilipollas. He pasado seiscientos años siendo perseguido por cosas más espeluznantes y más listas que tú.
- Creo que te equivocas. Creo que tú realmente subestimas a los de mi clase.
Ravyn se detuvo cuando sintió algo extraño recorriéndole la columna. Era como si hubiese múltiples Daimons en la casa, pero no podía ser. Él no había sentido nada cuando entraron ellos y Ben estaba frente a él…
- ¿De veras?
- ¡Ravyn!
Ravyn se volvió para ver a Susan en manos de otro Daimon. ¡Diablos! ¿Cómo pudieron meterse después de él?
Pero entonces lo supo. Él podía sentir la presencia de un Daimon, pero realmente no podía precisar el lugar. Debían de haber abierto algún portal en algún lugar de la casa.
Ahora no había manera de decir cuantos de ellos podría haber quizás allí.
Paul sonrió con aire satisfecho.
- Te presento a mi cuñado. Él algunas veces viaja con mis hijos para evitar que se hagan daño.
Ravyn fulminó al Daimon con la mirada, pero sabía que si se movía para recuperar a Susan, el Daimon podría arrancarle la garganta.
- Déjala ir.
Sonriendo burlonamente, el Daimon negó con la cabeza.
- ¿Porqué deberíamos hacerlo?- preguntó Paul, atrayendo la atención de Ravyn de nuevo al jefe. – Nosotros tenemos ahora todas las cartas.
Ravyn encerró su mirada en la de Susan, cuya cara estaba llena de pánico, y él odió que ella estuviese en peligro.
Ella intentó lanzar al Daimon sobre su cuerpo o romper su presa, pero no pudo hacerlo. Él la sujetaba con tanta fuerza que la única manera de liberarse sería matarle y desde que ella cubría el corazón del Daimon…
Estaban jodidos.
Sonriendo, Paul se dirigió hacia las cortinas y movió hacia atrás un panel muy ligeramente.
- Oh mirad. El amanecer. Qué fantástica oportunidad-. Él se volvió lanzándole una siniestra sonrisa a Ravyn.- ¿Por qué no ves esto por ti mismo, Dark Hunter?
- Sabes que no puedo.
- Cierto. Pero realmente creo que vas a hacerlo.
- Y una mierda.
- Bien entonces.- él miró más allá de Ravyn al Daimon.- ¿Terrence? Mata a la zorra y toma su alma.
- ¡No!- gritó Ravyn. – No te atrevas a hacerle daño.
- Si no te gusta este panorama, ¿Qué tal este? Mueres dolorosamente a fin de que pueda disfrutar de tu sufrimiento y a cambio dejo irse a Susan con un documento escrito que diga que tú mataste a todos los estudiantes de los que mi esposa e hijos se alimentaron. Tú mueres, mi esposa es vengada, mis hijos están protegidos, y Susan vive, tan pronto como jure olvidarse de mí y de todo lo que ha visto.
Ravyn bufó ante la sola idea.
- Eso requería que yo confiara en ti. No tengo garantías de que si yo muero, ella viva.
- No tienes más elección que confiar en mí, Dark-Hunter.
Ravyn maldijo, odiaba el hecho de que Paul estuviese en lo cierto.
- ¿Y cómo se llevaría eso a cabo exactamente?
- Simple. Ambos vais hacia la ventana. Ella la abre, tú te fríes y entonces ella puede salir a través de ella y marcharse. Obviamente ni Terrance ni Ben podrán ir tras ella.
Ravyn le dio un par de vueltas en su mente, luego negó con la cabeza.
- Vacía tu arma así de modo que sepa que no le disparás por la espalda cuando corra por el césped. Eres jefe de policía. No es como si alguien fuera a preguntarte.
Por su cara, era obvio que a Paul no le gustó la idea, pero estuvo de acuerdo.
- No puedes hacer esto,- dijo Susan, su voz una mezcla de miedo y cólera. - No te ayudaré a morir.
-Sí, lo harás, Susan,- dijo Ravyn serenamente. – Es la ley de la selva. Haces lo que tienes que hacer para sobrevivir. Y tu supervivencia depende de mi muerte.
- Ni siquiera estás tratando de sobrevivir. ¿No deberías estar peleando por ello?
- No. Estoy permitiendo que mi compañera sobreviva. Esa es nuestra forma de ser.
Susan apretó los dientes cuando el dolor y el pesar la destrozaban. No era su manera de ser. Ella no quería tener que matarle para vivir. Eso no estaba bien.
Ravyn miró al jefe.
- Dale a ella las balas.
¡No! su mente lloró cuando intentó pelear con Terrence. Maldito el bastardo y su condenado Bondo. Ella tenía que liberarse de él. Tenía que hacerlo. No podía dejar morir a Ravyn.
No de esa manera.
Paul sacó el arma de la pequeña funda de a su espalda y la descargó en su mano. Luego le dio las balas a Susan.
Ravyn estrechó su mirada fija en Paul.
- Dispara contra la pared para que me asegure que está vacío.
Con cara disgustada, Paul hizo lo que él le pidió. El arma solo dio un “clic” probando que estaba vacía.
- ¿Satisfecho?
- De que su arma está vacía, sí. Con esta solución, apenas.
Él se volvió a mirar a Susan.
Ella dejó de forcejear. Su corazón se congeló ante la amarga determinación que vio reflejada en sus ojos negros. La sombría determinación que marcaba sus hermosas facciones.
- No lo hagas, Ravyn. Podemos encontrar otra manera de salir de esto.
Ravyn le ofreció una reconfortante sonrisa, pero lo que quería en realidad era tocarla por una última vez. Sentir la suavidad de su piel.
- Está bien. He tenido una vida realmente larga.
Susan sintió como las lágrimas le picaban tras los ojos. No podía creer que estuviese dispuesto ha hacer eso por ella. Que se condenase a si mismo a ser una Sombra para salvar su vida.
Y en ese momento, ella se dio cuenta de que realmente le amaba.
Más que eso, ella no quería vivir si él moría.
El Daimon la condujo a la ventana.
- Abra el pasador, Susan,- dijo Paul con sarcasmo. – Después Ravyn podrá unirse a ti en la ventana para ayudarte a salir.
Ella separó las cortinas solo lo suficiente para que su mano pudiese alcanzar el pasador. Pero al hacerlo, un pensamiento la golpeó. Ella sabía como salir de esa.
Cómo salvar Ravyn.
- Ya está abierto.- dijo ella.
Asintiendo, Terrence se alejó de la ventana para ponerse a salvo en una esquina de la habitación cercana a Paul.
- Bien.- dijo Paul con una sonrisa. – Ahora ve a comprobar la luz del día, Dark Hunter.
Con el corazón latiendo a toda velocidad, Susan sintió a Ravyn a su espalda cuando se le acercaba. Ella cerró sus ojos y saboreó la fuerza de él. El calor de su cuerpo calentando el de ella.
Y su convicción aumentó.
- Sé que acabo de conocerte, Susan – susurró Ravyn contra su oreja. -Pero creo que te amo.
Ella congeló su mano sobre el pasador cuando una ola de cólera la recorrió. En lugar de calentarla, esas palabras pasaron sobre ella como hielo. Mirándole sobre su hombro, ella lo fulminó con la mirada.
- ¿Lo crees? ¿Crees que me amas? ¿No lo sabes?
Con cara perpleja, la miró ceñudo.
- ¿Por qué estás tan enfadada? Estoy tratando de morir aquí… por ti. Noblemente.
- Entonces deberías haberte muerto y no abrir la boca para joderme. ¿Lo crees? ¿Piensas? ¿Qué es eso? Obviamente es solo deseo por tu parte, por que si huvieses pensado por un simple segundo, habrías sabido que me molestaría. ¡Ugh!- queriendo matarle realmente, ella agarró la pesada cortina y antes de que alguien se diese cuenta de lo que estaba haciendo, tiró de ella con todas sus fuerzas.
La barra de las cortinas se soltó de la pared. Todavía enfadada con el bestia que tenía detrás de ella, retrocedió un paso a fin de que la cortina cayese sobre Ravyn para protegerle cuando el cuarto se inundo con la luz del día.
Los Daimons gritaron de dolor cuando la luz los alcanzó y estallaron en fuego. Susan escudó su propia cara del horror de sus muertes. Si sólo pudiese proteger su nariz. El hedor a carne quemada era nauseabundo.
Y en menos de un minuto, ambos estaban muertos. Negros montones de ceniza sobre la verde alfombra Persa.
- ¡Ben!- gritó Paul lleno de angustia - ¡No! – él se volvió contra ella con su ardiente furia.- ¡Tú, jodida perra! Te mataré por esto.
Él se abalanzó sobre ella, sólo para tener a Ravyn, ahora en forma de leopardo, lanzándose a por él. Lo dos de ellos le pega al piso duro. Ravyn le pegó un cruel mordisco en el hombro.
Girándose, Paul se puso en pie y mantuvo su brazo herido pegado a él, entonces corrió en tropel al interior de la casa, hacia la escalera, con Ravyn pisándole los talones.
Susan les siguió, entonces se detuvo en seco cuando un hombre enormemente alto salió de las sombras en lo alto del rellano. Él estaba vestido con un par de pantalones vaqueros, un jersey negro de cuello alto y una cazadora de motocicleta. Ravyn se quedó a medio camino subiendo las escaleras mientras Paul continuaba adelante hacia el lado del hombre.
-Stryker,- jadeó él, empezando a señalar hacia abajo a ellos.- ¡Mátalos!
Susan se quedó con la boca abierta cuando reconoció el nombre del Daimon.
Así que ese era el infame líder que Nick había mencionado. Alto y delgado, con pelo completamente negro y llevando un par de gafas de sol negras, él no se parecía a los otros daimons que eran todos rubios.
Pero aún así era una vista impresionante. Un aura de brutal y frío poder emanaba de él. Tenía un aire que decía que valoraba la crueldad y que estaba allí por sangre.
La sangre de ellos.
Ravyn cambió a forma humana, conjurando sus ropas antes de enfrentar al daimon.
- ¿Por qué debería matarlos?- preguntó Stryker a Paul en un tono aburrido.
La cólera de Paul se transformó en una mirada de confusión.
- Él es un Dark-Hunter. Muerte a todos los Dark Hunters…¿correcto?
No había error posible en el temor que se notaba ahora en su voz.
- Ese es mi lema.- asintió Stryker.- Pero hoy parece que mi agenda es un poco diferente.
Él agarró a Paul por la garganta y lo lanzó contra la pared, dónde lo sujetó a tanta altura que los pies del hombre más bajo no tocaban el suelo.
Paul agarró la mano de Stryker entre las suyas mientras su cara se volvía roja mientras intentaba soltarse.
La cara entera de Stryker reflejaba la furia del infierno.
- Estás mintiendo bastardo. Traicionaste mi confianza y me apuñalaste por la espalda.
- No hice nada de eso,- Paul se ahogó en audibles sollozos. – Yo-yo- yo no le toqué.
- Sí, lo hiciste.- Stryker lo separó de la pared, para luego volver a golpearlo ruidosamente otra vez. - Cuando apuñalaste a Trates, mi mano derecha, mi segundo al mando, tú en esencia me apuñalaste. A mí. Y nadie me apuñala. ¿Entiendes, patético estúpido? Si dejara que vivieras después de lo que has hecho, me volvería débil, ineficaz a los ojos de mis hombres, y no puedo permitirlo.
Ravyn dio un paso subiendo las escaleras.
- ¡Alto!- lo amenazó Stryker. - Esto no te concierne, Dark-Hunter. Tú y tu mujer sois libres de iros.
Ravyn negó con la cabeza.
- No puedo y lo sabes. Incluso aunque es un saco de mierda, yo hice el juramento de salvar a los humanos de los Daimons.
Stryker dejó escapar un suspiro cansado antes de encararle con dureza
- ¡Spathis!
Antes de que pudieran moverse, veinte Demonios aparecieron en el cuarto. Tres estaban por Susan mientras el resto estaba en las escaleras entre Stryker y Ravyn.
Ravyn corrió hacia ellos solo para que ellos se moviesen para mantenerlo en lo bajo de las escaleras alejado de ella.
Ella ni siquiera trató de pelear, ya que era obvio que los Spathis eran más que capaces de patear sus traseros y tomar sus nombres.
Stryker se volvió a Paul y abrió su boca para exponer sus colmillos.
- Antes de que te mate, quiero que sepas que en el minuto en el que el sol se ponga esta noche, daré rienda suelta a mis guerreros sobre cada humano al que has ayudado. Cada uno, como castigo por tu traición. Ningún patético cazará a uno de mis Daimons. Jamás.
Los ojos de Paul se salían de sus órbitas
- No. ¿Cómo puedes hacer esto? Nosotros íbamos a combinar nuestros hombres y regir Seattle. ¡Éramos aliados!
- ¿Eso crees? ¿Después de que hayas matado a Trates? Pero ahora tengo un aliado mucho mejor que tú.
Sin otra palabra, Stryker se quitó sus gafas y luego hundió sus colmillos en la garganta de Paul.
Asqueada por la vista, Susan giró su cara y cerró sus ojos con fuerza un instante antes de que ella oyese el doloroso grito de Paul. Este se oyó en toda la casa y mandó escalofríos hasta su alma. A pesar de todo lo que había hecho, ella todavía sintió ástima por él. Nadie mereció morir de esa manera.
Ella incluso podía oír sus pies golpeando contra la pared mientras él continuaba rogando piedad mientras Ravyn trataba de abrirse paso a la fuerza entre los Daimons para ayudar a Paul. Pero era inútil.
De repente todo se quedó en absoluto silencio.
Esto hizo eco a través de la casa y le puso a ella los pelos de punta. ¿Eran ellos los siguientes?
Hubo un ruido contundente sobre el rellano.
Sintiéndose mareada, ella se giró para ver a Paul descansando sobre el suelo a los pies de Stryker mientras él se pasaba su antebrazo por la cara para quitar la sangre de Paul de sus labios y barbilla.
Volviendo a ponerse sus gafas, él pasó despreocupadamente por encima del cuerpo y caminó con parsimonia escaleras abajo hasta detenerse frente a Ravyn. Stryker se relamió los labios mientras hacía una mueca como si el sabor no fuese con él
- Lo que un gusano. Su patética alma apenas se puede calificar como inservible
- ¡Tú bastardo!- Ravyn trató de alcanzarlo pero los daimons no le dejaban.
Stryker meramente se rió.
- Sí, y yo gozo con ese título.
- ¿Lo matamos, My Lord?- preguntó uno de los daimons.
Stryker ladeó la cabeza como considerándolo.
- Hoy no, Davyn. Hoy, mostramos un poco de misericordia a nuestro digno adversario. Después de todo, él me enseñó que no puedes confiar en el ganado humano. Sólo otros inmortales conocen las reglas de la guerra.
Él penetró a través de las tropas de Daimons para colocarse delante de Ravyn.
- Tengo que decir que me has impresionado, Kontis. Has sobrevivido a todo lo que he lanzado sobre ti. Y la manera en que te has manejado aquí…, realmente, me he preguntado como saldrías de esto.
Sus rudas facciones se suavizaron cuando miró a Susan a continuación
- Me recuerdas a mi propia esposa. Ella era un infierno de mujer, y al igual que tú se peleaba conmigo aunque estuviésemos peleando con otros.
Por alguna razón ella aun no podía comenzar a entender, ella realmente sintió una punzada de compasión por él. Era obvio que había amado mucho a su esposa.
- Solo hay una cosa que siempre he respetado. La fuerza -. Él devolvió su atención a Ravyn. – Pelearemos esta batalla otra noche, Primo. Por ahora… paz.
Y con eso, el portal se abrió y Stryker pasó a través de él. Los Daimons los soltaron a ella y Ravyn y rápidamente fueron trás de él.
Susan se quedó allí, completamente aturdida por lo que había visto y oído.
- ¿Es parte de la maldición?
- No-. Ravyn se veía igual de perplejo que ella.- Creo que hemos podido ser testigos de primera vez que han hecho esto los Daimons.
Susan dejó escapar un largo suspiro.
- Diablos. Ha sido un día infernal y aún no son ni las seis y media.
- Dímelo a mí.
Simplemente agradecidos de que ambos estuvieran vivos, ella le sonrió y se empujó a si misma a sus brazos. Cerrando los ojos, lo mantuvo cerca… hasta que sus anteriores palabras se repitieron en su cabeza.
- ¿Crees que me amas?
- No vamos a comenzar con eso otra vez, ¿Verdad?
- Sí, lo haremos. ¿Cuán despiadado es eso? Aquí estaba yo pensando que significaba algo para tú por que estabas dispuesto a morir por mí, y lo siguiente que averiguo es que ni siquiera sabes si me amas o no. ¿Qué preferías morir a permanecer vivo y qué? ¿Estar emparejado conmigo? Muchas gracias. No estabas haciendo ninguna declaración de lealtad. Estarías dispuesto a morir por cualquier bollito que conocieras.
Él la miró con el ceño fruncido.
- Eso no es verdad. Si fuese algún bollito no habría intentado hacer esto significativo.
- ¿Pero habrías muerto de todas maneras por ella?
- No he dicho eso.
- ¡Lo insinuaste!
Cuando abrió la boca para seguir discutiendo, él capturó sus labios con los de él y la besó apartándola de la luz del sol.
Susan se ablandó cuando su lengua se enredó con la de ella. Su cabeza empezó a dar vueltas cuando sus emociones empezaron a mezclarse hasta llegar a una sola…
La única que amaba a este hombre.
Ravyn lamió los labios de ella de forma juguetona antes de que volviera a presionar su frente contra la de ella.
- ¿Te sientes mejor?
- No sé. Creo que necesito otro beso para asegurarme.
Riéndose, él la acogió en sus brazos y la besó otra vez.
Yeah, eso lo estaba consiguiendo. Ella definitivamente se sentía mejor. Al menos hasta que se dio cuenta de algo.
- ¿Cómo vamos a volver a casa?
- Parece que vas a ser tú quien conduzca.- Él miró hacia el rellano de las escaleras dónde estaba Paul.- Tenemos que salir y llamar a la policía.
- Yeah, yo ya no quiero estar más aquí. Ya he visto suficiente muerte para una temporada.
Él la besó una última vez antes de retroceder un par de pasos y convertirse en leopardo.
Susan se detuvo cuando bajó la mirada y sonrió. Así que ahora esta era su vida…
Era demasiado bizarro incluso para ella.
- Sabes, siempre he querido acariciar a un gato salvaje.
- Nena, puedes acariciarme siempre que quieras.
Era tan extraño tener su voz en su cabeza.
- No eres como Ash, que puedes leer mis pensamientos o esas cosas, ¿verdad?
- No.
Oh, gracias a dios. Ella no sabía por qué, pero la idea había rondado en su cabeza. Aliviada, se inclinó y hundió su mano en su suave y peluda piel. Y luego estornudó, y estornudó otra vez.
- Recuérdame. Benadryl. Creo que podemos necesitar comprar algunas acciones en la compañía.
Sorbiendo, se enderezó y se dirigió hacia la puerta solo para darse cuenta de que el sol era todavía doloroso para Ravyn aún en forma de leopardo.
Él realmente retrocedió con un siseo en vez de pasar por la puerta.
El corazón de Susan se dolió cuando se quitó su abrigo para envolverlo alrededor de él.
- Eso no ayudará.
Ella jadeó al oír la voz de Dorian o Phoenix. Levantando la mirada, ella se encontró a los gemelos en la sala de estar, junto con su padre. Temerosa de que estuvieran allí para hacerle algo a Ravyn ya que él no tenía la protección del santuario aquí, ella se colocó entre ellos.
- ¿Qué estáis haciendo aquí?
Gareth se adelantó con ese paso relajado y predatorio que le recortaba a Ravyn. Entrecerrando su mirada fija, él husmeó el aire alrededor de ella como si captase algo que lo extrañase.
Ravyn inmediatamente se transformó a su forma humana.
- Déjala ir. Tu pelea es conmigo, no con ella.
Antes de que Ravyn o ella pudiesen moverse, Gareth agarró su mano y le dio la vuelta para ver la marca de emparejamiento. Sus dedos se le clavaron en la muñeca.
- ¿Le amas?
- Eso no es asunto suyo.
-Déjala ir.- gruñó Ravyn.
Gareth no hizo. En lugar de eso, volvió esa mirada fría hacia Ravyn.
- Sería tan fácil matarte aquí y ahora.- Y entonces algo extraño destelló en sus ojos. - A pesar de lo que tú crees, quise a tu madre más que a mi vida. Quería unirme a ella, pero ella se negó. Su mayor temor era el que muriésemos y os dejásemos a todo vosotros huérfanos. Pensé en eso por la noche. Lo enfadada que habría estado de saber lo que habíamos hecho contigo.
Susan levantó la mirada para ver la angustia en los ojos de Ravyn.
Gareth volvió su mirada hacia ella.
- Estabas en lo cierto y me alegro de que él te tenga.- Él soltó su muñeca. - No espero que nos perdones. Pero ahora necesitas que os llevemos a casa por la luz del día.
Gareth le tendió la mano a Ravyn.
Ravyn vaciló cuando todo el dolor de su pasado lo bañó. A fin de cuentas, él todavía era ese niño que amaba a su padre. Ese niño que solo quería ir a casa otra vez. Pero la casa que él había conocido había sido hecha pedazos trescientos años atrás. No había manera de regresar a la familia que él había conocido.
Él miró a Susan, cuyos amables ojos esperaban expectantes a que respondiese a su padre. Ella era su familia ahora, y él sabía que haría cualquier cosa por esa mujer.
Pero para protegerla… para amarla, él tendría que vivir.
Él no estaba listo para perdonarlo todo, ni mucho menos. Todavía, su padre estaba haciendo un esfuerzo, y él no era el tipo de hombre que rehusaba una oferta honesta.
Inseguro de su futuro, Ravyn tomó la mano de su padre.
- ¿Phoenix? Trae a Susan a casa.
Susan observó como Ravyn y Gareth se desvanecían.
- ¿Qué está haciendo?
- Cálmate,- le dijo Dorian.- Nadie va a lastimarle.
- Bueno, yo podría,- dijo Phoenix en un tono hosco.- ¿Dónde diablos es mi coche?
Susan se rió cuando sacó las llaves de su bolsillo y las mantuvo en el aire.
- Un Bloque más arriba.
- ¿Está dañado?
- No.
Phoenix dejó escapar un suspiro aliviado cuando Dorian se rió.
Dorian tomó las llaves.
- Lo llevaré a casa.- dijo Dorian y después desapareció de la habitación.
Phoenix trató de alcanzar a Susan.
- ¿Confías en mí?
- Ni un poco, pero confío en que Ravyn te arranque la cabeza si dejas que algo me suceda.
Él bajó la mirada a su palma marcada
- No contestaste la pregunta de mi padre. ¿Le amas?
- ¿Por qué te importa?
- Porque si lo haces, únete con él. Acepta mi palabra en eso. El peor infierno imaginable es saber que has perdido lo que más deseabas por que ser un cobarde. No cometas mi error.
Y en ese momento, ella descubrió un nuevo profundo respeto por Phoenix.
Poniéndose se puntillas, lo besó en la mejilla.
- Gracias.
Él asintió antes de que ella pusiese su mano en la de él. En un instante ellos estaban de vuelta en el Serengeti.
Las siguientes dos semanas pasaron como un borrón mientras regresaban a sus vidas.
Con ayuda de Leo, junto con la ayuda de los Escuderos que trabajaban para asuntor Internos en Seattle, fueron capaces de poner todas las muertes de las que se culpaba a Susan y las que le pertenecían a Ravyn dónde correspondían.
Sobre los hombros de Paul.
A ella se le permitió incluso escribir su historia y publicarla por la Prensa Asociada. Y tan pronto como su escrito acerca de haber sobrevivido cuarenta y ocho horas con un loco asesino en serie que era también jefe de policía golpeó los grandes sindicatos, los periódicos de todo el país quisieron contratarla para que trabajase con ellos.
Y para ser honestos, ella realmente lo consideraba. Tener un trabajo legítimo otra vez era todo lo que había soñado.
Pero para hacer eso, tendría que dejar a Ravyn…
Era una tarde fría, en la que soplaba una suave brisa, cuando enterraron juntos a Angie y Jimmy. A causa de ser de día, Ravyn no pudo estar con ella en forma humana. Pero él había insistido en que ella lo llevase como un gato a fin de que pudiese estar a su lado.
Esa fue la cosa más amable que alguien había hecho alguna vez por ella. Ella mantuvo la cesta de viaje del gato cubierta con una tela oscura, y durante el servicio ella lo acarició a través de los barrotes.
Cuando terminó y ellos volvieron a su casa, él la había sostenido durante horas mientras lloraba y recordaba todos los años que había pasado con ellos dos.
Y con cada hora que ella y Ravyn pasaban juntos, ella se daba cuenta de que lo amaba incluso más.
- ¿Susan?
Ella salió de sus pensamientos cuando oyó la voz de Ravyn. Levantándose de su silla delante del ordenador, ella se dirigió hacia el vestíbulo, luego bajó hacia el balcón de modo que pudiera mirar hacia abajo a la habitación donde Ravyn estaba.
- ¿Sí?
- El Post al teléfono. Tienen que tener una respuesta.
Ella vio el miedo en sus ojos. Todavía no se habían emparejado oficialmente. Ravyn quería que ella tuviese todo el tiempo que necesitara, pero su fecha límite se acercaba amenazadoramente, y si no se emparejaban pronto, él sería impotente.- De acuerdo, se la daré.
Ravyn tragó cuando vio a Susan regresar a la oficina de él. Él tenía la furtiva sospecha de que ella estaba a punto de aceptar el trabajo en D.C. Después de todo, era su sueño.
Pero su sueño le mataba. Él no quería que se fuera. Quería que se quedara.
Se fuerte. Como animal, sabía que no podías meter a alguien en una jaula y esperar que vivieran. Ella tenía que tener libertad de hacer su propia vida… con o sin él.
Su corazón latía apresuradamente, él volvió a su dormitorio y acarició el teléfono. Parte de él quería escuchar su conversación, pero no le haría eso a ella.
Dependía de ella darle las noticias.
Sentándose, él recogió el libro que había estado leyendo y trató de centrarse en ello. No podía. Todo lo que conseguía era pensar en cómo sería su vida sin ella.
Y ya conocía la respuesta. Él había estado viviendo de esa manera durante siglos.
La puerta de su habitación se abrió. Levantó la mirada para ver entrar a Susan con una mirada sombría en su cara.
Era eso. Venía a comunicárselo y entonces haría las maletas. Preparándose a si mismo, observó como se acercaba a un lado de la cama y le tendía su último artículo. Sin duda este la consolidaría como una verdadera periodista otra vez.
Él se esforzó en ocultar su dolor cuando lo recogió para leerlo y su corazón se deslizó a su estómago.
YO ME CASÉ CON EL HOMBRE GATO DE SEATTLE
Así es, mi marido tiene una caja de arena. Al menos no se extravía en la noche…
- ¿Qué diablos es esto?
- Mi artículo.
- No entiendo.
Ella se rió.
- Tengo que devolvérselo a Leo. Lo he llamado y me dijo que podía tener mi antiguo trabajo.
- Pensé que odiabas ese trabajo.
- Ya no. Acabo de darme cuenta de que podría divertirme mucho más trabajando para él que para el Post o el Wall Street Journal. Sin mencionar, que puedo abrazar al más guapo hombre gato de la ciudad.
Ravyn todavía no podía creerlo.
- ¿Te quedas?
- ¿Estás sordo, gatito? Sí. ¿Ahora vas a hacer de mí una mujer decente, o qué?
Ravyn se rió cuando tiró de ella hacia él e hizo desaparecer la ropa de ambos.
- Sí, pequeña. Intentaré asegurarme de que nunca te extravíes, jamás.
Susan se estremeció cuando el aire frío acarició su piel, seguido inmediatamente por el calor de la mano de Ravyn cuando él la deslizaba bajando por su columna vertebral. Su pelo se apartó de su cara recogiéndose en una cola de caballo a fin de que ella no estornudase demasiado.
Ella se rió de su consideración. Presionándose contra él, ella bajó su cabeza a fin de que pudiese saborear sus labios. Todavía era difícil de creer para ella que después de esto ya nunca estaría otra vez sola.
Ravyn estaría allí para ella.
Él era su familia. Al igual que Leo, y incluso Otto y Kyl. Ellos eran algo parecido a sus primos homicidas, pero eran familia. Eso era más de lo que ella nunca había esperado.
No, Ravyn era más de lo que ella alguna vez había esperado. ¿Cómo podía ser el Sr. Injusto, ser tan correcto? Esto no tenía sentido y sin embargo, él lo era. Ella no podía imaginarse estar así de cómoda con ningún otro hombre. Él era perfecto para ella.
Cuanto más descubría de él, más le amaba.
Los sentidos de Ravyn se revolucionaron rápidamente cuando saboreó la dulzura de su boca. En todos estos siglos, él nunca había pensado en tener otra compañera y todavía, aquí estaba ella.
Susan. Suave, irritante, hermosa. Ella era más de lo que él había soñado alguna vez.
Apartándose, acarició su mejilla con la de ella e inspiró la esencia floral de su pelo…
Al menos hasta que ella estornudó.
Él sonrió antes de girarla en sus brazos.
- ¿Qué estamos haciendo?- preguntó ella.
-El ritual,- respiró en su oreja. Él tendió su mano marcada ante ella. –Pon tu palma marcada contra la mía.
Susan lo hizo, entonces él entrelazó sus dedos con los de ella y acarició su cuello con su rasposa mejilla. Ella adoraba la sensación de su piel raspando la de ella. Esto enviaba escalofríos por todo ella.
-Ahora necesito que me guíes al interior de tu cuerpo.
Susan bufó como se dio cuenta de que con su brazo cruzando sobre su pecho mientras él estaba detrás de ella, era más fácil decirlo que hacerlo.
- Para que conste, no soy Stretch Armstrong. ¿Cómo se supone que he de hacerlo?
Él se rió antes de besar su mejilla y hacer que todo su cuerpo ardiera cuando él ahuecó su pecho en su mano libre y acarició su pezón con los callos de su palma.
- Puedo hacerlo yo entonces, pero tú tienes que decirme que me aceptas como tu compañero.
- Eso es por lo que estamos desnudos, ¿no?
- Susan,- dijo él, su tono gravemente serio. - Éste es un paso importante para mi gente. Por nuestras leyes, no me está permitido tomar a una mujer como mi compañera a menos que ella me acepte a mí y nuestros caminos al cien por cien. No soy un Katagario, imponiéndote mi voluntad a la fuerza. Soy Arcadio y nosotros nunca rompemos lo sagrado de esto.
Ella se reclinó de modo que pudiese encontrar la mirada de medianoche de Ravyn.
- Nunca he estado más segura acerca de algo en mi vida, Ravyn. Te quiero como mi compañero.
- ¿Para la eternidad?
- Para la eternidad.
Sus facciones se suavizaron cuando sumergió su cabeza para mordisquear la parte de atrás de su cuello. Susan tembló un instante antes de que él se deslizase por sí mismo profundamente en su. Su mano ardió cuando se elevó sobre las puntas de sus pies, entonces se dejó resbalar hacia abajo encima de él, acogiéndole hasta su empuñadura.
Él mantuvo una mano en su cadera mientras su brazo cruzaba su cuerpo, sujetándola contra él. Era el momento más increíble de su vida. Así que esto era emparejarse…
Ella quería eso.
Ravyn gruñó profundamente en su garganta mientras empujó contra sus caderas, y ella le encontraba golpe a golpe. Ella estaba tan caliente y mojada que casi lo condujo al borde, pero él quería cronometrarlo cuidadosamente. Ésta era la primera vez que harían el amor como los compañeros y él quería que se corrieran juntos.
Ella era suya. Una oleada de posesividad le consumió. Mientras vivieran, él nunca más podría tomar a otra mujer. Solo Susan lo sostendría, y no era solamente porque los Destinos lo decretaran. Era porque la amaba. Profundamente. Con cada parte de sí mismo.
Había habido un tiempo cuando ese tipo de compromiso, lo hubiese enviado a salir corriendo por la puerta, pero después de todos estos siglos, él estaba deseando tenerla en su vida.
Ella no era simplemente otra amante que tomar y dejar. Ella era una compañera. Una amiga. Solo ella sabía como le gustaba que le acariciase las orejas. Y aunque esto hacía que le picase la mano, ella siempre se aseguraba de acariciarlas en la noche mientras se tendían en la cama. Justo como estaba haciendo ahora.
Su toque enviaba escalofríos sobre él, y cuándo se corrieron juntos, fue el momento más maravilloso de toda su vida.
Él rápidamente soltó su mano antes de que su unión fuese más allá. Él no estaba listo para unirse a ella completamente todavía.
No hasta que ella estuviera tan comprometida a él como él lo estaba a ella.
Ella todavía tenía su propia vida para vivir y él no quería entrar por la fuerza allí. Habiendo sido su vida arrebatada por el egoísmo de una persona, él no iba a hacerle lo mismo a ella.
- Te amo, Susan,- dijo él, besándola amablemente en la mejilla.
Susan ronroneó mientras continuaba acariciando su oreja con la mano.
- Yo también te amo, Ravyn.
No hay comentarios:
Publicar un comentario