jueves, 16 de febrero de 2012

DSM cap 13

    
Ash se rió con ganas cuando Artemisa lo ancló a ella en los temblores de su último orgasmo. Suspirando en completa satisfacción, ella lo mantuvo cerca hasta que el último pequeño temblor sacudió su cuerpo.

-Ah,- jadeó en su oreja cuando pasó un brazo alrededor de su cuello, mientras sus largas, y bien formadas piernas, se deslizaban de alrededor de la cintura de él hacia el suelo a fin de que ella pudiese soportar su propio peso.

Ash se quitó el sudor de la cara con una mano. Cada músculo en su cuerpo estaba punzando de la maratón al que ella lo había sometido en las últimas seis horas. Su largo cabello rubio estaba húmedo mientras todo su cuerpo estaba cubierto por un fino brillo de sudor. Él gustosamente le dio la bienvenida a la fresca brisa que susurraba desde la barandilla.

Apoyándose contra la pared, Artemisa se rió seductoramente.

- Seguramente no te darás por vencido tan fácilmente, Acheron. Sólo dos más y podrás irte. ¿Me pregunto que posición deberíamos probar para el próximo?

Él se apartó y le dedicó una retorcida sonrisa mientras convocaba una toalla y la usaba para pasarla por su pecho.

- Realmente, ese fue tu sexto y ahora tú misma me alimentarás antes de que me vaya.

Completamente desinhibido por su desnudez, él se pasó la toalla por los hombros y la sujetó allí con ambas manos.

Su expresión cayó inmediatamente.

- ¿Qué?-  Ella miró sobre el hombro de él su reloj de arena colocado en el estante por encima de la cama. Estaba todavía medio lleno de arena. – Estás equivocado, Acheron. Solo han sido cuatro veces desde que empecé a cronometrar.

Apoyando un brazo sobre la pared en la que ella estaba, él saboreó la sensación de haberla superado otra vez. Un día ella aprendería a no jugar estos juegos con él. ¿Pero qué diablos? Al menos esto lo mantenía en sus zapatos.

- Desde cuando tú comenzaste a cronometrar tu tiempo, sí. Pero no desde que yo comencé a cronometrar el mío.

Él chasqueó sus  dedos y cinco relojes de arena aparecieron al lado del de ella. Cada uno había empezado justo antes de que sus orgasmos comenzaran. Un reloj de arena marcaba la hora desde que empezó el primero hasta que él le había dado el sexto dentro del tiempo marcado.

Todos habían desaparecido excepto los dos últimos, pero era el cuarto reloj de arena el que era importante. Sujeto entre las manos de dos gárgolas negras cuando los últimos granos de arena caían rápidamente desde lo alto hasta el fondo, era su llave para la libertad. Él mantuvo su mano extendida y éste salió disparado del estante a la mano que esperaba de modo que pudiera enseñárselo a ella.

- Este empezó antes, justo antes de que consiguieras tus dos últimos orgasmos y te desvanecieras de la habitación para retrasar nuestro pacto. Tú volviste después de que   reloj de arena había terminado y empezase otra vez, pero el mío estaba todavía corriendo… marcando el tiempo desde cuando terminaron esos dos hasta estos cuatro. Ahora he cumplido con nuestro pacto, Artie. Has tenido tus seis orgasmos en una hora.

Ella gritó indignada.

- ¡No! Eso no fue lo que acordamos. Tú --
-Sí, lo fue – dijo él serenamente, cortándola antes de que devolver el reloj de arena a su estante. - Esa fue la redacción exacta de nuestro trato. Tú estableciste los términos y yo los acaté. Ahora tienes que liberarme durante diez horas.

Ella cerró las manos y las apoyó en sus caderas mientras su cara se volvía tan roja como su pelo. Él sabía que tenía que estar conteniendo su lengua para evitar llamarle mentiroso. Pero ella sabía que él tenía razón – él no podría mentir. Una vez que daba su palabra, era inquebrantable.

- ¡Te odio!

Él bufó.

- No continúes diciéndome eso, Artie. Es cruel elevar mis esperanzas.

En su cólera, ella retiró de un golpe su pelo sobre su hombro mientras seguía echando humo por él. Su mirada se centró en su cuello expuesto, lo cual causaba que su estómago rugiera.

Ella se detuvo instantáneamente. Sus ojos verdes se hicieron más oscuros mientras sus latidos aumentaban.

Incapaz de aguantar la tentación, Ash la atrajo hacia él con un brazo, sumergió su cabeza, y presionó sus labios a la vena palpitante que lo seducía igual que el canto de una Sirena. La dulce fragancia de su sangre hizo que su propio corazón latiera más rápido cuando abrió la boca para saborearla. Él notó sus incisivos creciendo hasta que él supo que eran lo suficiente largos como para que le dieran lo que él necesitaba.

Con un profundo gruñido de su garganta, él hundió sus colmillos en el cuello de ella y saboreó la vida que fluía dentro de ella. Alimentándose era la única vez que él en realidad quería estar en su presencia. La única vez que ella no lo enfurecía más allá de su mejor tolerancia.

Aquí, por un momento, él encontró su sosiego. Su sangre lo calmaba al tiempo que nutría su hambre. Sin separarse de ella, él le separó otra vez los muslos y se introdujo de nuevo a sí mismo en su cuerpo.

Levantando sus piernas del suelo, ella lloriqueó de felicidad mientras sus manos vagaban por su espalda mientras él continuaba tomando lo que él necesitaba.

Él pronto estaría libre de ella…





Susan levantó la mirada del suelo cuando Ravyn entró en el cuarto con un aire de distracción rodeándole. Había algo extraño en su conducta. No era como si estuviese preocupado. Normalmente cuando él estaba en un cuarto, él estaba en el cuarto.

- ¿Estás bien?

Con cara sombría, se frotó detrás del cuello con la mano.

- No lo sé. Las palabras de Nick siguen dándome vueltas en la cabeza. Igual que hurones o alguna otra cosa vil y mala. No es que los hurones sean particularmente malos, ellos tienen buen sabor cuando estoy en forma de leopardo.

Susan hizo una mueca de desagrado.

-Eso es asqueroso.

Él le guiñó un ojo.

- Lo sé, solo bromeaba. No me gusta ningún tipo de carne cruda… excepto la carne de hembra.
- ¡Ew! Eso es peor, tú caníbal necromaniaco.
- ¿Quieres decir necrofílico?
- No. Necromaniaco como en “Lunatic With The Dead”.

Él pareció considerarlo.

- Realmente, ¿No sería in-necromaniaco, como en “los no muertos”?

Susan levantó las manos en señal de rendición. Ella sabía cuándo había sido superada oralmente.

– Volviendo al tema de Nick. ¿Qué te preocupa exactamente?
-Después de que salieras, él siguió diciendo que él pensaba que uno de los nuestros, un Dark-Hunter, traicionaría al resto de nosotros.

Eso le preocupaba a ella, también. Era realmente un pensamiento espeluznante, pero a le resultaba difícil de creer que los hombres y mujeres que había conocido arriba se volvieran unos contra los otros. Allí parecía haber tácito respeto y hermandad existente entre ellos.

- Chico, como dijo Erika, él es simplemente como un rayo de sol, ¿no te parece?

Ravyn no pareció encontrar el humor en su comentario sarcástico.

- Sí, pero creo que él tiene razón. ¿Puedes imaginarte cuando daño podría hacer un Daimon que poseyese el cuerpo de un Dark Hunter?

Más del que ella realmente quería pensar. Los Daimons habían hecho bastante daño en forma de Daimon. Imaginarse uno enmascarado como un buen tipo… eso podría ponerse feo realmente rápido.

- ¿Qué tan fácil podría suceder eso? Quiero decir, que vosotros pateáis el trasero de los Daimons, ¿correcto?
- No lo sé – ellos ya cogieron a dos de nosotros y estuvieron condenadamente cerca de matarme. Es suficiente para hacer que me pregunte cuanto del sinsentido de Nick es cierto y que no. Él inclinó la cabeza como si se diese cuenta de que esas palabras realmente la estaban preocupando.

A ella no le gustaba el pensamiento de ser el cebo de un Daimon. Pero tampoco que lo fuera él.

- No te preocupes por eso, Susan. Solo pensaba en voz alta.-  Él se movió para poner en sus manos la carpeta que traía.
- ¿Qué es esto?
- Un Regalo de Leo.

Susan lo dejó a un lado cuando vio a Ravyn retirarse de regreso hacia la pared. Algo realmente no estaba bien con él. Era como si él sintiese algo que ella no podía, y eso le recordó a una mascota que clavaba los ojos en la pared. Y al igual que la mascota, eso la ponía nerviosa.

- ¿Oye?

Él la miró.

- Quiero hablarte acerca de algo que dijo Erika antes cuando tú estabas preocupado.

Él la miró con ceño.

- No llevo calzones púrpura en la cama y no persigo juguetes de gato cuando me los arrojan al suelo delante de mí.

Susan quedó aturdida por su inesperada respuesta. Ajá. Era obvio que el hombre tenía algunos asuntos ocultos.

- ¿Y eso? ¿De qué me estás hablando? – preguntó ella con una risa.

Él se vio perplejo por su pregunta.

- ¿No es eso lo que ella te dijo de mí? Normalmente lo es… y definitivamente no es verdad.

Susan no podría hablar mientras trataba de contener la risa. Lo más seguro, es que no considerase chistoso se objeto de burla, pero fue difícil de ocultar. Su boca se abría y cerraba como un pez mientras buscaba una respuesta adecuada.

Finalmente logró controlarse lo suficiente para hablar.

- Bueno, ciertamente puedo garantizar la falta de calzones por mí misma. He estado allí abajo lo suficiente como para saberlo. Por lo que respecta a lo otro… eso puede ser interesante. ¿Quizás deberíamos intentar un experimento?

Ravyn negó con la cabeza ante ella.

- Así que, ¿Cuál es la pregunta entonces?

Susan vaciló cuando consideró que quizás él respondiese. Por no mencionar, que ella estaba un poco cautivada por la escabrosa apariencia que tenía parado en la habitación como si estuviese preparado para pelear con alguien.

-Erika dijo que, por regla general, no permites que la gente esté cerca de ti más de veinticuatro horas.

Él asintió con la cabeza.

- Es cierto.

Ella no podía imaginarse como toleraba él esa clase de aislamiento. A ella le gustaba estar sola, pero no siempre. Había definitivamente veces cuando quería tener amigos encima. O honestamente, cuando necesitaba tener a alguien alrededor de ella.

- ¿Y eso por qué?

Con diversión en su cara, soltó un bufido.

- ¿Por qué por si no lo has notado la mayoría de las personas son como un dolor en el trasero? Me ahorro el problema a mi mismo de tener que tratar con ellos y evito acercarme a ellos para empezar.

A pesar de la sinceridad de su tono, ella no compró esa respuesta. Vino demasiado automáticamente, como si la hubiese estado ensayando repetidamente. De hecho, ella aprendía cada vez más sobre este hombre. Había una inexpresividad extraña que llegaba a sus ojos cada vez que él no estaba siento honesto, o cada vez que escondía algo.

Él tenía esa mirada ahora.

Levantándose, ella caminó hacia él. Ellos estaban tan cerca que ella  podría sentir el calor de su piel. Oler la definida, hormigueante fragancia de su loción para después de afeitarse. Su expresión se volvió precavida.

- Háblame, Ravyn.

Él apartó la mirada mientras un velo descendía sobre sus facciones. Susan colocó su mano contra el  músculo que se marcaba en su mandíbula. La barba oscura de su mejilla rasparon amablemente la palma de su mano mientras sentía una conexión interior para con él. Esto le recordaba una domesticada bestia salvaje.

Sus ojos llamearon como si su acción le irritase.

- No necesito que me apacigües, Susan. No soy un niño.
- Bien –dijo ella seriamente. – Yo no soy una niñera. Personalmente me gusta evitar a la mayoría de niños, desde que ellos son rudos, maleducados, y normalmente huelen igual que alguna extraña mezcla de zumo y fruta.- Ella frunció el ceño cuando sus palabras la golpearon con un toque de humor. - Espera un momento, ya lo tengo, tú me recuerdas a un niño.

Él le dedicó una mirada irritada.

Ella le sonrió al  tiempo que palmeaba su mejilla a modo de broma. Algo que le recordó que realmente estaba acariciando a un leopardo salvaje y que podría arrancarle el brazo si quisiera. Ese pensamiento envió una sensación extraña a través de ella. Ella realmente tentaba al diablo.

- Lo siento,- dijo ella, no con temor, pero sintiéndose culpable por que a él no le hiciera gracia su comentario. – No pude resistirlo. Ella bajó su mano de su cara antes de tomar su enorme, cicatrizada  mano entre las de ella. -Ahora sabes que soy periodista, así que podrías responder a mi pregunta, o dejar que siga preguntándote hasta volverte loco.

Ravyn se expresó con un bajo gruñido salido de lo más profundo de su garganta. No estaba en su naturaleza confiar en las personas. Aun cuando había sido mortal, siempre había preferido mantener sus asuntos personales—eso, personales.

Pero él conocía ya lo bastante a Susan como para darse cuenta de que ella no estaba bromeando. Ella se quedaría pegada a su cola como un perro de caza al acecho de un zorro. En cierto modo, él en realidad respetaba su persistencia y alguna parte extraña de él realmente quería ser honesta con ella. Él quería tener alguien que le conociera.

Para ahorrarles a los dos una enorme cantidad de tiempo y dolor, él le contestó.

- ¿Honestamente? No quiero a las personas a mí alrededor por dos razones: O te traicionan o se mueren sobre ti. De cualquier manera, estás jodido y te pasas todo el tiempo obsesionado por lo que no viste venir. O que hiciese algo o no hiciste nada para causarlo. No te ofendas, pero no me gusta ser herido y solo tiendo a evitarlo.

Él vio compasión en sus ojos azules mientras ella acariciaba su mano con su pulgar.

 - Háblame sobre eso. Mi papá nos abandonó cuando yo era demasiado joven incluso para recordar como era. Él donó su esperma, luego huyó de sus responsabilidades. Mi madre nunca le mencionó, pero yo sé que nunca volvió a ser la misma después de que él se marchase. Hasta el día en que murió, ella se había negado a salir con nadie. Y cuando me metí en problemas con mi carrera, todas esas personas que se hacían llamar mis amigos, huyeron como ratas asustadas en un barco que se está hundimiento. Personas que había conocido y en quienes creía, incluso la única persona que creía amar. Los únicos que se quedaron fueron Jimmy y Angie, y aunque parezca mentira, Leo… y no me sacó para que me viniese abajo. Intenté con todas mis fuerzas no hundirme.

Si bien iba en contra de su naturaleza, Ravyn la atrajo a sus brazos y la sujetó quedamente contra él para darle todo el consuelo que pudiese. Al bajar la mirada vio la débil cicatriz en su muñeca.

- Dime algo, Susan.
- ¿Qué?
- ¿Cuándo intentaste quitarte la vida?

Susan tragó al recordar aquella horrible, fría noche de noviembre. Había ocurrido una semana después de que Alex la hubiera dejado, y ella se había visto obligada a dejar su casa para mudarse a un pequeño apartamento infestado de cucarachas.

Ellos incluso le requisarían el coche aquella tarde.

En un día de fiesta.

- Fue el día de Acción de Gracias,- susurró ella mientras sentía las lágrimas pinchando sus ojos. - Jimmy y Angie no habían podido pasarlo conmigo porque sus padres habían venido desde el pueblo. Ellos me habían invitado, pero lo último que quería era poner cara de felicidad cuando todo en mi vida salía mal. Sin mencionar que no quería contestar ninguna pregunta de sus padres acerca de los reportajes en las noticias que habían estado viendo, dónde yo no salía bien parada.
Así que allí estaba yo, en mi horroroso apartamento. A solas, pensando en mi madre, y en cuanto la echaba de menos, y me di cuenta en ese momento, que todas las cosas que yo había querido de niña – mis sueños de tener una familia y carrera – se habían ido todos. Todas las cosas por las que había trabajado tan duramente se habían esfumado, una a una. No había nadie que se quedara a mi lado a través de todo ese escándalo. Alguien que sujetase mi mano y me dijera que todo iba a ir bien y que estaría allí para mí. Sólo me tenía a mí, y yo estaba demasiado cansada para dar otro paso sola. Estaba muy herida y no había nadie que entendiese siquiera por lo que estaba pasando. Nadie que hubiese visto desmoronarse su vida entera para nada. Así que decidí que el mundo estaría mucho mejor sin mí.

Él la acunó contra su pecho.

-Pero no moriste.
- No,- dijo ella, sorbiendo las lágrimas de regreso. - Después de que me hubiese cortado las venas, me di cuenta de lo estúpida que estaba siendo. Más que eso, me di cuenta de que si me mataba, entonces esos bastardos que me habían hecho caer en una trampa ganarían. No les importarían que me fuese. Probablemente se sentirían satisfechos, y eso me dio la fuerza que necesité para sobrevivir. Después de todo lo que me habían quitado, no iba a dejarlos que me quitaran nada más. Así que llamé una ambulancia y me prometí a mí misma que nunca sería tan débil otra vez. Mis enemigos pueden tomar lo que quieran de mí, pero mi vida es mía y mientras respire, tendrá valor. No me daré por vencida. No otra vez.

Ravyn sintió algo cálido atravesándolo al oír sus palabras. Ella era asombrosa. Y era más fuerte de lo que alguien tenía derecho a ser.

Era extraño, pero de toda la gente que él había conocido en larga vida, con la excepción de Cael, ella era la única que realmente podía entender sus sentimientos. Ella sabía de primera mano de lo que él hablaba cuando se trataba de perder algo.

- Diablos, somos un buen par, ¿verdad?- dijo él quedamente.
- Podría ser peor.

Sus palabras le asombraron.

- ¿Cómo Así?
- Podríamos ser Nick.

Él se rió suavemnet ante su interminable humor. Algunas veces era seco y oscuro, pero nunca le fallaba. Ella lo llevaba puesto como una armadura.

- Buen punto.

Aclarándose la voz, ella se apartó. Él no se perdió su sutil gesto de enjugarse una lágrima con su dedo meñique antes de volver a mirarle

- ¿Cuál es su pacto de todas maneras? ¿Por qué tiene él la marca del arco y la flecha en su cara mientras el resto de vosotros los tenéis en zonas más privadas?
- No tengo ni idea. Nunca he visto antes un Dark-Hunter que lo tuviese en un lugar tan obvio. Creo que Zoe podría haberse acercado cuando le dijo si Artemisa le había abofeteado.

Susan le sonrió al pensar en ello.

- Bien, si él fue tan amable con ella como lo ha sido para el resto de nosotros, podría entender su motivación.
- Sí, pero en cierto modo siento lástima por él. Él no es el mismo hombre que solía chatear en la Web. Él era sarcástico todo el tiempo, pero puedo respetar eso. Ahora él está amargado y enojado.

Ravyn negó con la cabeza cuando recordó como solía ser Nick. No había nada que él pudiera hacer para cambiar eso. Sólo el tiempo le permitía a Nick recobrar alguna semejanza de lo que había sido antes.

- Ya basta de hablar de Nick. Necesitas revisar esa carpeta. Leo piensa que es una prueba que nos puede ayudar con los Daimons.

Eso captó su interés inmediatamente. Ella se volvió para coger la carpeta y se sentó con las piernas cruzadas en el colchón para leerlo.

La ingle de Ravyn dio un tirón ante eso y no estaba seguro por qué… bueno, de acuerdo, lo estaba. Había algo muy invitador acerca de esa posición que hacía que inapropiados pensamientos lo traspasaran. Él tenía que otorgarle crédito, ella era caliente en la cama y sobre el suelo, y él se preguntaba cómo sería en otros lugares como en el mostrador de la cocina, la ducha, y fuera en el bosque, bajo las estrellas.

Su cuerpo realmente ardía ante esos pensamientos.

Pero ella estaba completamente enfrascada en su trabajo ahora mismo. Ella ni siquiera parecía saber que él estaba en la habitación cuando empezó a pasar páginas y a leerlas. Su frente arrugada, ella agarró la computadora portátil y abrió el Google.

- ¿Quieres algo de beber?
- Café,- dijo ella en un tono distraído mientras agarraba un lápiz y empezaba a hacer anotaciones.
- ¿Solo?
- Con crema y azúcar, o un caramelo Macchiato es siempre bienvenido.
-Ooo, una mujer Starbucks tras mi propio corazón.

Eso finalmente le hizo levantar la mirada.

- Esa es la mejor parte de vivir en Seattle. Veinticuatro tiendas en un radio de diez bloques. Es la única cosa que no extraño de vivir en D.C.

Él se rió.

-Bien, veré de conseguirte alguno.

Ella volvió a su investigación mientras él iba por el café.

Ravyn se detuvo en la puerta un segundo solo para observarla. Se veía hermosa pero cansada. Sobre todo, se veía decidida. Él recordó un tiempo cuando él había tenido esa clase de fuego. Un tiempo cuando él había vivido para la emoción de la caza. No estaba seguro de cuando esos sentimientos se habían desvanecido. Cuando había aprendido la complacencia de solo ir a través de los movimientos de la vida. De encontrar a una compañera temporal para el sexo de una noche y dejarla para luego encontrar una nueva la siguiente.

Ahora él se preguntaba que sería tener una mujer que conocía sus preferencias. Tener una mujer que lo supiera todo de él y a quién no le importara que fuese ambos, leopardo y hombre.

Reprimiendo esos pensamientos antes de lo metieran en problemas, dejó el cuarto y se dirigió arriba. Por más que Susan le atrajese, ella estaba fuera del menú. No había esperanza para ellos, él ya había tenido su compañera, y se había jurado a si mismo para Artemisa. Por más que pudiese desearlo de otra manera, no había ninguna clase de futuro para ellos. Él fue a la cocina para encontrar a Terra trabajando apresuradamente en la cocina cuando ayudaba a preparar aperitivos para sus clientes del club.

Ella hizo una pausa al verlo

- ¿Necesitas algo?
- Yeah, él necesita irse.

Suspirando con disgusto, él se giró para ver a Phoenix detrás de él.

- Déjame, Nix. No estoy realmente de humor para tus estupideces.
- Ya, eso es por que eres un minino.

La cólera que pasó a través de él fue tan despiadada que Ravyn realmente se sorprendió de no ir a por la garganta de su hermano. Ravyn se volvió lentamente con la mirada centelleante.

- ¿Yo? ¿Yo soy el minino?
- Eso es lo que he dicho.
- Uh-hum. ¿Si soy el cobarde aquí, entonces por qué yo estoy muerto y tú estás vivo?¿No estabas emparejado hace cuanto, doscientos años, y nunca te vinculaste con Georgette? ¿Qué estabas esperando, Phoenix? Hubo varias lunas azules durante ese período.

Gruñendo de rabia, Phoenix empezó a ir por él solo para que Terra lo golpease de vuelta.

- El Santuario, Nix.

Con la respiración trabajosa miraba a Ravyn con ganas de sangre.

Terra dejó escapar un profundo suspiro.

- Deja la cocina, Phoenix. Puedes ir sobre tus dos piernas o te puedo cargar.

Su mirada fija se deslizó para la de ella.

- No te atrevería.
-Oh, confía en mí.- dijo ella casi mortal. - Lo haría y soy lo bastante hombre como para  hacerlo, también.

Él le frunció los labios antes de salir de la cocina por la puerta de vaivén que llevaba al club.

Terra se limpió las manos en su delantal antes de que se volviese a mirar a Ravyn.

- ¿Ahora donde estábamos?
- Café.
- Un café marchando.

Impresionado por la compañera de Dorian, Ravyn la observó cuando ella se movió hacia el mostrados donde estaban las cafeteras. La compañera de su hermano era una bestia interesante. Ella no se pareció en nada al tipo de Dorian. Y por alguna razón, la curiosidad de Ravyn le venció.

- ¿Estás vinculada con Dorian?

Ella hizo una pausa al llenar la taza grande para contemplarle.

- Sí. A diferencia de Phoenix, él no es un minino.

Ravyn se rió a pesar de sí mismo como ella volvió a llenar la taza y luego sacó un termo que llenó también.

- ¿Cuánto tiempo hace que estáis emparejados?
-Setenta y cinco años-. Ella colocó la taza grande y el termo con un pequeño envase de azúcar y crema en una bandeja para él.
- ¿Cuánto tiempo hace que estáis vinculados?
- Cuánta curiosidad.- su mirada se clavó en la de él, y para su sorpresa, ella le contestó. - Setenta y cinco años. Dorian nunca quiso volver a casa y encontrar a su compañera muerta después de todo lo que ustedes habían tenido que pasar. Él dijo que los Destinos nos unieron por una razón y su lugar estaba al lado del mío, incluso en la muerte.

Un nuevo respeto creció dentro de Ravyn por su hermano. Pero más que eso, él recordó el horror de la noche  en que su pueblo había sido destruido. Cuando los hombres habían comenzado a caer alrededor de ellos, habían supuesto que sus compañeras no habían sobrevivido.

Habían corrido de regreso a casa sólo a descubrir simplemente cuantos de clan no se habían vinculado a sus compañeras.

El golpe más duro para Ravyn había sido su madre. Dado que sus padres supuestamente se amaban y respetaban el uno al otro, él solo había asumido que estaban vinculados. Pero aparentemente su padre no la había amado lo bastante.

- Gracias, Terra,- dijo él, tomando la bandeja.
- ¿Ravyn?

Él hizo una pausa para mirarla.

- Dorian piensa en ti todo el tiempo y se siente responsable de no haberse acercado para defenderte de Phoenix.- ella miró alrededor como si le diera vergüenza el habérselo confesado. – Solo pensé que te gustaría saberlo.

A Ravyn se le formó un nudo en la garganta. Así que tenía un hermano que todavía lo amaba. No es que eso cambiase nada. Dorian era todavía demasiado cobarde para hacerle frente a los demás o hacer saber a Ravyn que él no estaba de acuerdo con que lo hubiesen exiliado.

Así sea. Él había vivido estos pasados trescientos años sin ellos, él ciertamente podría vivir más tiempo.

Él inclinó su cabeza hacia Terra antes de dejarla para regresar con Susan que roía su lápiz hasta no poder más.

- Vas a romperte los dientes con eso -. Él colocó sobre suelo la bandeja al lado de ella.

Ella parecía estar perpleja por sus palabras.

- ¿Qué?

Él señaló el lápiz.

- ¿Tienes hambre?

Ella lo miró y se rió.

- No, es una mala costumbre que inicié en escuela elemental. Mi viejo jefe solía decir que él podía adivinar cuando andaba detrás de algo bueno por el número de lápices mordidos sobre mi escritorio -. Ella dejó a un lado el lápiz y estiró por el café.
- Asumo por el estado del lápiz que has encontrado algo.

Ella echó la crema y añadió azúcar.

- Sí y no. Aparentemente la esposa del jefe de policía murió un par de meses atrás al visitar Europa con su hijo.
- ¿De veras?

Ella asintió con la cabeza

- He bajado algunas fotos de ella en los diversos acontecimientos sociales, pero nada me llama la atención.- cogiendo la taza de café en una mano, ella sostuvo en alto una hoja de papel de la carpeta donde Leo había escrito una nota pequeña: Hace que El Sombrerero Loco parezca Cuerdo. - Creo que Leo tenía razón.
- Pues bien, asunto terminado.

El teléfono de Ravyn empezó a sonar, lo sacó de sus pantalones y contestó.

- Soy Ravyn.

Era la voz de Otto.

- Oye, Ravyn, tenemos aquí una situación en la que te necesitamos. ¿Puedes encontrarte con nosotros en Post Alley?
- ¿Cuándo?
- ¿En quince minutos?
- Allí estaré. Él colgó el teléfono para ver la mirada interrogativa de Susan. - Otto me quiere en Poste Alley-.
- ¿Por qué? Pensaba que tú tenías que estar descansando.

Ravyn negó con la cabeza.

-Otto no dijo por qué, pero debe ser importante para que él llame.

Susan asintió en acuerdo.

- ¿Puedo pillar un medio de transporte?
- ¿Por qué?
- Curiosidad. Vamos. Tú eres un gato. Seguramente tú, de todas las personas, puedes apreciar eso.
- No sé… - vaciló Ravyn.
- Oh, no uses ese tono conmigo. O voy contigo o voy por mi cuenta.
- ¿Y si no quiero que vayas?

Ella le dio una mirada malhumorada.

- Sabes, te verías realmente raro con vestido y tacones altos.
- ¿Qué se supone que quieres decir con eso?
- Quiero decir que no eres mi madre. Ahora deja de discutir y ayúdeme a encontrar mis zapatos.

Por la expresión en su cara ella podía decir que él no era feliz, pero le ayudó a buscar sus zapatos, los cuales estaban enterrados bajo una pila de los papeles de Jimmy.

No les llevó demasiado tiempo alcanzar el callejón, el cual no estaba muy lejos de Pike Market.

Ellos habían cogido el Porche de Phoenix y se acaban de bajar cuando oyeron la agravada voz de Zoe en la oscuridad.

- No me haga subir corriendo esa cuesta, Daimon, y derramar mi café. Si lo hago, te aseguro que sufrirás despiadadamente antes de que te mate.
- Esa mujer es muy rara,- dijo Susan a Ravyn cuando le seguía hacia la voz de Zoe.

Ellos sólo habían dado unos pocos pasos más antes de se toparan con Dragon.

- ¿Qué estáis haciendo vosotros aquí?- les preguntó él.
- Me llamó Otto - dijo Ravyn.

Dragón hizo una pausa.

- A mí también. Qué tan extraño que nos quiera a ambos aquí. Fuera a descubierto.

Eso era extraño. Susan miró de acá para allá entre los hombres.

- ¿Dijo que quería?
- No lo hizo- contestaron al unísono.

Dragón y Ravyn intercambiaron una mirada cautelosa.

- ¿Soy solo yo -preguntó Ravyn.- o repentinamente tienes un mal presentimiento acerca de esto?

Ellos oyeron a Zoe emitir un grito de guerra.

Los hombres emprendieron una carrera mortal subiendo la cuesta. Sin pensar, Susan corrió detrás de ellos, pero cuando alcanzaron lo alto de la cuesta y ella vio a Menkaura, Cael, y Bella también allí, ella se dio cuenta de que era una trampa.

Y ellos todos habían caído directamente en ella.

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