domingo, 19 de febrero de 2012

DH cap 16

“HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA”.
            M´Adoc se volvió desde la ventana donde estaba mirando la pared de agua de su palacio para ver a Deimos entrando en su suite privada sin invitación. Él dejó escapar un suspiro lentamente y en silencio, cayendo inmediatamente en su apariencia sin emociones.
            “Cuan coloquialmente americano viniendo de ti, Demon.”  Él barrió al semidiós con una estudiada burlona expresión la cual sólo M´Ordant o D´Alerian sabía que no era fingida y forzó a su voz a permanecer constante y suave. “Por tu escasamente ensangrentada presencia aquí doy por hecho que has fallado en matarle… otra vez.”
            Demon entrecerró los ojos. “Puedo hacerlo sin la connotación condescendiente. 
            Uniendo sus manos detrás de la espalda, M´Adoc cruzó el piso para encontrarse con Deimos en medio. “Ambos sabemos que no siento tal cosa. Pero para ser justos, puedo pasar sin la incompetencia. ¿Cuán difícil es sacar a un dios limitado del plano de los mortales?”
            “Malditamente imposible cuando él tiene a un Chtonian y un dios atlante observándolo.”
            M´Adoc tuvo que esforzarse en ocultar su confusión. “¿Por qué se interesaría Acheron en esto?”
            “Él no, su madre. ¿La recuerdas? ¿Una perra alta rubia cabreada que mandó a toda su familia al olvido por una costra[1]?”
            Los labios de M´Adoc pugnaron por sonreír, pero estaba tan acostumbrado a cogerse a si mismo que era demasiado fácil ocultarlo. “Fue más que una costra y ella está encerrada en Kalosis, ¿Cómo puede ella ser un problema?”
            “No completamente, no lo es. Alguien rescató uno de sus pequeños medallones especiales de sacerdotisa y ahora está en manos de la mujer que tiene especial interés en que no lastimemos a su compañero de juegos… o a ella. Parece que ella tiene un problema con morir prematuramente. Figúrate.”
            M´Adoc no podían divertirle menos las deducciones de Demon. “Bueno, eso también te fastidia, ¿no es así?”
            “Eso nos fastidia a todos, Oneroi. Si quieres que se haga, sugiero que lo hagas tu mismo.”
            M´Adoc no tenía que esforzarse realmente en mantener su tono sarcástico. “Nunca pensé que viviría para ver el día en que un simple mortal podría asustar a los Dolophoni. Tu gente se ha vuelto realmente blanca con el paso de los siglos, ¿no es verdad?”
            Demon curvó su labio. “Llamándome cobarde no va a servir para que me dirija al suicidio. Como ya he dicho, tenemos circunstancias atenuantes. Tú fuiste el único que me dijo cuan fácil era matarle. ¿Entonces por que no intentas manchar tus manos de sangre por una vez?”
            Por lo poco que él sabía, las manos de M´Adoc estaban cubiertas con más sangre que las de un cirujano en sus sesenta y cinco años de carrera. Él no tenía problema en ejecutar a los latosos, solo tenía que tener cuidado de que los otros dioses no se enteraran. La idea de que un Oneroi quitase una vida sin su explícita aprobación tendía a ponerlos nerviosos. “Mi trabajo es proteger.”
            “Sí, tu propia espalda. Y la mía es cuidar de los de mi equipo—uno de los cuales está ahora muerto.” Él dio un paso adelante para asegurarse que M´Adoc entendía su rabia. “Sabes, nunca he eludido el matar a alguien o algo. Pero esto… esto es diferente. No voy a perder otro hermano innecesariamente. Esto está fuera de control.” Él vaciló antes de añadir un comentario final. “Ellos están actualmente en casa de Solin—bajo su protección. Estoy seguro que lo recuerdas, también.”
            Por supuesto que lo hacía. Él y Solin habían luchado el uno con el otro en más de una ocasión. Ambos habían salido con cicatrices de esas peleas.
            Pero esto no estaba de aquí no allí.
            M´Adoc se agarró firmemente las manos tras la espalda, tentado de enviar un ataque directamente a la cabeza de Demon, pero él no podía dejar que Demon supiera que eso era algo más que un golpe rutinario o que le había molestado el que fallase. Debía permanecer en perfecta calma todo el tiempo. A Demon le encantaría tener una excusa para volver a los dioses en contra de M´Adoc, y él lo sabía. Era una línea peligrosa la que pisaba.
            Él inclinó su cabeza. “Gracias por tus servicios, Demon. Me aseguraré de convocar a una mujer la próxima vez que necesite consultar con las Furias, ellas son mucho más maliciosas y competentes.”
            A Demon no se le escapó esa bravata, cuando lo miró con desprecio. “Un día, M´Adoc, vas a aprender por que me llaman Demon.”
            Y un día Demon iba a aprender por que M´Ordant y D´Alerian se referían a él como Fonias[2]—Cazador.
            Mientras tanto, M´Adoc tenía un problema del que encargarse y se aseguraría que esta vez el trabajo se hacía correctamente. Dejaría que Arikos tuviese un par de días de paz de modo que se relajase un poco. Entonces cuando bajara la guardia, M´Adoc se aprovecharía de la ventaja.

           
            Arik sonrió  mientras Megerara le abotonaba su camisa. Incluso aunque había dormido juntos, ese simple acto parecía algo más íntimo. Sus manos eran delicadas cuando introducía los botones a través de los ojales. Su ligero toque hacía que sus pezones se endurecieran y que su cuerpo ardiese. Su aroma pesaba en el aire, y todo lo que quería hacer era llevársela a algún lugar privado donde pudiese estar con ella a solas por el resto de la eternidad.
            Ella lo miró. “¿Va todo bien?”
            “Bien, ¿Por qué?”
            “Tienes una mirada extraña”
            “Sólo estaba pensando en lo muy besables que son tus labios.” Y antes de que se diera cuenta siquiera de lo que estaba haciendo, ya la estaba besando otra vez.
            Geary suspiró mientras se fundía en los brazos de Arik. La sensación de su cuerpo acerado era electrificante, y hacía que quisiera arrancarle las ropas y tener otro encuentro con él. Si sólo pudiera. Pero ahora mismo tenían muchas cosas en las que pensar.
            Ella se retiró cuando un escalofrío pasó por su cabeza. “Crees que irán tras de Tory para tenerme a mí, ¿verdad?”
            Arik se apartó ceñudo. “¿Disculpa?”
            “Los Dolophoni. Ellos no irán tras ella para hacer que tú y yo vayamos por ella, ¿verdad?”
            Para su alivio, él negó con la cabeza. “No es su estilo. Sólo matan a quien se les ha enviado a matar. No se preocupan por gente que esté presente a menos que esa gente los ataque. Realmente son bastante éticos, lo cual para los dioses y asesinos es una hazaña asombrosa.”
            “¿Entonces por que vienen tras de mí si no es para cogerte a ti?”
            “Alguien te quiere muerta.”
            Su tono libre de emoción la hizo estremecerse. “Recuérdame después que necesitamos trabajar en tu tacto.” Geary sacudió la cabeza mientras intentaba entender. “¿Quién podría quererme muerta? Yo no he hecho nada.”
            “Has estado excavando alrededor de la Atlántida. Es por eso que hicieron volar el barco. Los dioses no quieren, bajo ninguna circunstancia, que se moleste ese lugar. Y matarán a quien amenace ese secreto.”
            “¿Qué secreto es ese?”
            “Supongo que el motivo por el que se destruyó. Nadie sabe realmente que sucedió el día en que se desvaneció. Lo que se hundió allí se hundió con rapidez, y aquellos que saben la verdad la han mantenido oculta desde entonces.”
            Geary inclinó su cabeza cuando recordó algo de su investigación. “Platón escribió que fue el orgullo y la presunción de los humanos lo que causó que los dioses la destruyeran como castigo”
            Arik frunció el ceño. “Platón escribió una parábola acerca de una nación que fue destruida antes de que sus ancestros hubiesen nacido. Él no sabía nada de la verdad. Nadie que ha estado cerca de descubrir cosas sobre la Atlántida ha vivido demasiado para poder contárselo a nadie.”
            Ella retrocedió cuando el dolor la atravesó. “Eso es por lo que ha muerto mi familia, ¿no? Nos acercamos demasiado.”
            Él asintió con suavidad. “Lo siento, Megeara. Pero sí. Tu padre estaba demasiado cerca del sitio original.”
            Una solitaria lágrima se deslizó por su mejilla, pero la limpió rápidamente.
            “Vea por mí, Megeara, y te prometo que te vengarás sobre esos que te han hecho daño—esos que se han llevado a los que más amabas. Ven aquí, niña, y deja que ambas les demos lo que se merecen. Por vanidad nos arrebataron a las personas que más amábamos. Ayúdame y te ayudaré.” Esa era la misma enfadada voz de mujer que Megeara siempre había oído.
            “¿Apollymi?” Susurró su nombre.
            “Esa soy yo. Y te protegeré, niña, si me escuchas. Habría salvado a tu padre, pero él no quiso mi ayuda y lo mataron. Te ahorraré una muerte prematura.”
            “¿Te está hablando ella?” preguntó Arik en un susurro.
            Si hubiese sido cualquier otro el que le hubiese hecho esa pregunta a Megeara, ella lo habría negado. “Ella dice que los dioses le quitaron lo que más amaba.”
            “Su hijo. Al menos eso es lo que Zeus clama. Su marido, Archón, mató a Apostolos, y con la pena ella destruyó a toda su familia.”
            Pero eso no tenía sentido. “¿Entonces por qué quiere vengarse contra los dioses griegos y no contra los suyos propios?”
            “Por que Apolo afirmó hace tiempo que él había sido el único en matar a Apostolos. Por otro lado los griegos y los atlantes tenían una tregua muy frágil. Ellos habían guerreado entre sí durante siglos. Los atlantes habían intentado matar al hijo de Apolo, pero él se las arregló para arrebatar el bebé del útero de la reina antes de que naciese y sustituirlo por otro niño que fue el que mataron. Él llevó entonces a su hijo Strykerius a Delphi, donde fue criado por las sacerdotisas de Apolo.”
            Eso no tenía sentido. “Si Apolo salvó a su hijo, ¿Por qué asesinaría al hijo de Apollymi?”
            “Por que veinte años después Apolo tuvo otro hijo en la Isla Griega de Didymos. Los asesinos atlantes irrumpieron en el palacio a media noche y asesinaron al bebé y a su madre, quien era la santificada amante de Apolo. Para vengarse de los Atlantes por el crimen que habían cometido, Apolo clamó, que él había matado a Apóstolos, entonces maldijo a todos los de su línea de sangre a morir horriblemente en su veintisiete cumpleaños—la edad de su amante muerta. Eso fue lo que enfadó a Apollymi. Al igual que Apolo ella quería vengar la muerte de su hijo, pero Apolo era el dios mayor, así que la encerró en Kalosis, donde está sentada ahora, planeando su venganza contra él y el resto del panteón Griego.”
            Megeara inclinó su cabeza al tiempo que captaba una extraña nota en la voz de Arik. “Pero tú no crees eso.”
            Arik apartó la mirada. “He conocido a Apollymi y conozco a Apolo… el no es un dios tan poderoso. Nunca he visto todavía un dios que pudiese enfrentarse a la Destructora. Incluso su propia familia le tiene miedo, y con toda la razón. Dicen que le llevó menos de diez minutos enviarlos a todos al olvido mientras ellos se reunían en su propia antesala. Conociendo a los dioses como los conozco, estoy bastante seguro de que ellos no dudaron en matarla. Entonces se desató una lucha infernal, y de todo un Panteón sólo quedó uno de ellos todavía en pie.”
            “Apollymi”
            Él asintió.
            Un malicioso pensamiento la atravesó. “¿Entonces ella podría darme lo que me prometió? Podría salvarte y restaurar la reputación de mi padre sin que nadie saliese herido.”
            Él ahuecó la cara de ella en sus manos y la miró con intensidad. “Escúchame, Megeara. Los dioses no hacen actos de caridad. Ninguno de ellos te ayudará sin obtener algo a cambio. Pregúntate a ti misma que es lo que quiere Apollymi de ti.”
            “Libertad.”
            El negó con la cabeza. “Nunca es tan simple, amor. Apollymi quiere venganza y no le importa quien sufra por ello. Si ella estuviese libre, destruiría el mundo entero. Todo el mundo. Nadie sería capaz de detenerla. Eso es por lo que está prisionera y por lo que todo el mundo quiere mantenerla allí.” Su mirada se intensificó. “Ella no puede ser liberada.”
            Geary lo entendía. Tenía sentido. Y aún así estaba ahora tan cerca de su meta. Su padre había tenido razón y ella podría probarlo sin una sombra de duda. Podría limpiar sus logros…
            ¿Pero a qué costo? ¿Valía la pena?
            Y todavía Apollymi llenaba su cabeza con  promesas de venganza.
            “La venganza sólo destruye al que la busca.” Geary hizo una pausa cuando recordó lo que su abuelo le dijera en Nueva York después de que hubiese regresado a vivir a los Estados Unidos. Durante la Segunda Guerra Mundial, toda su familia había sido atacada por una partida Nazi cuando celebraban su cumpleaños. Con sólo nueve años, su abuelo había sido herido, cegado y dado por muerto.
            Mientras estaba inconsciente, protegido por los cuerpos sin vida de su familia, un hombre misterioso vino y lo salvó. El hombre había vendado a su abuelo y lo había llevado a América donde había empezado su vida.
            Como una enojada adolescente, Geary le había preguntado a su abuelo si él había pensando en aquellos que le habían arrebatado todo.
            Su abuelo le había palmeado cariñosamente la mano. “Por supuesto que lo hago, Megeara, nunca ha habido un cumpleaños desde ese día en el que no oyera el fuego de las armas. Que no los viese derribando la puerta de nuestro hogar para matarnos a todos. La última cosa que vi antes de que me cegaran fue a mi madre muriendo mientras intentaba protegerme. Mi hermana de catorce años siendo arrastrada para ser violada y asesinada. ¿Realmente crees, un poco, que no recuerdo ese día constantemente y me pregunto por qué sólo yo sobreviví? ¿Si no hubiese sido mejor que me hubiese muerto, también? Aún así aquí estoy y doy las gracias por ello. Por que de haber muerto ese día, tú no estarías aquí.”
            La rabia por lo que le había pasado quemaba en su interior.  Yo me habría vengado de ellos. No habría sido capaz de vivir hasta que ellos pagases por sus crímenes.”
            Él había asentido al entender. “Yo también pensaba así, y incluso reservé el pasaje para volver a Europa después de la guerra para encontrarlos.”
            “Pero no fuiste.”
            “No, Mi Ángel Salvador”—ese era el nombre que le había dado a la persona que lo había traído a América”—vino otra vez a mí como si supiese lo que estaba planeando y me dijo que es por nuestras acciones que somos destruidos o salvados. La elección es nuestra. Me dijo que él no me salvó ese día para verme morir por mi estupidez. Y me dijo que la venganza sólo destruye al que la busca. Si elegía ir, él no me detendría. Pero me preguntó si las vidas que yo podría arrebatar allí me librarían del odio y el dolor. Así que elegí quedarme aquí y dejar ir el pasado. Sí, aquello todavía me ronda, pero no me domina. Y por estar aquí, conocí a tu abuela y te tengo a ti para calentar mi corazón y aplacar mis dolores. Mi único arrepentimiento es que nunca vi la belleza de tu sonrisa con mis propios ojos.”
            Él le había sonreído entre lágrimas y había acariciado su corazón. “Pero siento que eres hermosa aquí y que no hay niñas más preciosas en el mundo que tú y tus primas. Me alegro de que aunque alguien me hizo un daño enorme, mi legado final sobre este mundo no sea el de pagar daño con daño sino de amor y amistad. Siempre se nos conocerá por nuestras acciones. Dejemos que sean siempre buenas.”
                     Geary se tuvo que aclarar la garganta cuando resurgieron los recuerdos e hicieron que sus ojos se llenaran de lágrimas. Quería muchísimo a su abuelo Theo. Él era un buen hombre y jamás lo heriría si podría evitarlo. Había perdido bastantes personas en su vida. No dejaría que enterrarse a nadie más que amara.
            “La búsqueda ha terminado.”
            La frente de Arik se frunció con incredulidad. “¿Lo dices en serio?”
            Ella asintió. “Creo que la explosión del barco fue un aviso, ¿huh? Creo que deberíamos dejarlo tal como está antes de que alguien más salga herido.”
            “¿Crees que Tory dejará que lo hagas?”
            Él tenía razón, pero eso no importaba. “La embarcaré de vuelta a casa si dice algo.”
            “¿Iría?”
            “Pataleando y gritando.” Geary se encogió ante el pensamiento de cuan enfadada estaría la chica. Pero la prefería viva y enfadada que muerta y feliz. “Algunas veces no queremos lo que es mejor para nosotros—otra cosa que su abuelo siempre decía-“pero lo necesitamos de todas formas.”
            Arik nunca dejaba de asombrarse con ella. Él estaba tan acostumbrado a que las personas pensaran sólo en sí mismas que su altruismo lo deslumbraba. El entregar una meta que significaba tanto para ella para mantener a alguien a salvo…
            Era milagroso.       
            Y por que sabía lo mucho que esto significaba para ella, él quería que lo obtuviera. Nadie debería estar tan cerca de su sueño sin lograrlo. A él le parecía cruel.
            Ese sería su último regalo. Antes de que muriese quería ver la alegría por redimir a su padre en su cara. “¿Qué hay de nuestro compromiso?”
            Ella lo miró sin entender. “¿Cómo podría ser posible? Tú mismo dijiste que todos los dioses estaban en contra de esto.”
            “Podemos intentarlo. Te llevaré de vuelta al lugar y podemos salvar un par de piezas accidentalmente que no causarían dado que se supiera de ellos—lo suficiente para probar que tu padre no estaba loco—y entonces le diremos a Tory que el lugar es demasiado inestable para excavar. Dile que parte de lo que excavamos cayó sobre nosotros y que escapamos por los pelos. Podemos cortar la línea de vida y hacer que parezca real. Entonces podrán decir que la Atlántida necesita permanecer en el fondo del mar donde los dioses intentan que descanse.”
            Geary se quedó atónita por la belleza del argumento. Hasta que la realidad impactó sobre ella. “He dado la localización en mis últimos informes.”
            “Miente. ¿Quién lo sabrá? Puedes darles una localización en cualquier lugar. Diles que la localización está a las afueras de los bancos de Mykonos.”
            “Pero si alguien excava…”
            “No encontrarán nada y no morirán. La gente ha estado buscando a  la Atlántida desde hace once mil años sin encontrarla. Esto es sólo un capítulo más en esta crónica. Tú todavía tendrás pruebas irrefutables de que la Atlántida existió. Nadie será capaz de discutirlo.”
            ¿Funcionaría? Sonaba demasiado bueno para ser verdad. “¿Estás seguro de que los dioses estarán tranquilos?”
            “Creo que sí. Sólo necesito el número de Kat.”
            “¿Por qué?”
            Arik vaciló antes de responder. No delataría a Kat y su relación con los dioses. Si ella quería que Megeara lo supiera, sería Kat quien tendría que decírselo, no él. “Necesitamos otro submarinista para el proyecto. Sólo por si acaso. Ella tiene más nivel que Teddy y creo que ella entenderá nuestras razones para mantener esto oculto.”
            “Buen punto. ¿Quieres que la llame?”
            Eso arruinaría sus intenciones de ocultárselo. Él necesitaba explicárselo a Kat antes de que volviesen. La última cosa que necesitaba de ella era que intentara asesinarlos otra vez. “Prefiero hacerlo yo mismo.”
            Retrocediendo unos pasos, Geary lo miró con suspicacia. “¿Hay algo acerca de Kat que no me has dicho?” La sospecha era profunda en su mirada. “¿Ella es una de vosotros?”
            “No”. Eso era honestamente la verdad. Ella era toda una clase por si misma.
            “Entonces la llamaré yo.”
            ¿Cómo hacía para meterse a si mismo en esos problemas? Kat los haría volar sin su explicación. “¿Por qué no esperamos hasta mañana para hablar con ella entonces? Déjala descansar esta noche”
            “De acuerdo”
            Él dio gracias a que Geary no insistiera en ello. Por la mañana quizás tuviese una idea mejor.
            De repente alguien llamó a la puerta del estudio.
            “Disculpadme,” dijo Solin suspirando enfadado desde el otro lado. “La última vez que lo comprobé, esta era mi casa. ¿Por qué estoy encerrado fuera de mi propio estudio?”
            Arik se dirigió a abrir la puerta. “Por ninguna otra cosa que por fastidiarte, Hermano. ¿Por qué sino?”
            Solin frunció el ceño cuando entró en la habitación. “Oh, eso es bastante fácil de hacer. Básicamente el hecho de que respires lo hace”.
            Arik cerró la puerta y se volvió a mirarlo. “También te quiero.”
            “Por supuesto que sí, igual que una plaga en tus partes.”
            Bueno, al menos Solin entendía la naturaleza de su relación. “¿Qué te trae de regreso?”
            “¿Qué parte de mi casa no has entendido?”
            Arik contrarrestó con su propio argumento. “¿Esa parte de que podemos quedarnos aquí si lo necesitamos?”
            Solin abrió la boca para responder, entonces la cerró. El se quedó callado durante unos momentos antes de volver a hablar. “Dije eso, ¿verdad?”
            “Lo dijiste.”
            “Bien,” dijo irritablemente, “Quedaos. Pero mientras que lo hacéis poned una sábana o algo debajo la próxima vez que queráis retozar sobre mis suelos de madera. Esto es… repugnante.”
            Geary farfulló ante su indignación. “¿Cómo sabías…?”
            “Es un semidiós,” respondió Arik en un molesto tono, cortándola. “Nunca permanezcas demasiado cerca de uno si quieres mantener secretos.”
            Sus mejillas se sonrojaron dejándole saber lo avergonzada que estaba por ello. “Bueno, eso no es justo.”
            Solin la miró arqueando las cejas.
            “Parece que tienes un problema con la justicia, ¿no es así?”
            “No me gustan las cosas desordenadas, si eso es lo que quieres decir. Debería haber un grado de justicia en el mundo.”
            Solin bufó mirando a Arik. “Es graciosa.” Él volvió a mirarla fríamente. “Dulzura, en nuestro mundo, la justicia no funciona. El que tiene mayor poder gana. Es por eso que nos matamos los unos a los otros sin dudar.”
            Ella miró a Arik confusa antes de responder. “Pero nos ayudaste a Arik y a mí. ¿Por qué lo harías si realmente piensas de esa manera?”
            Solin se encogió de hombros. “¿Qué puedo decir? Es más agradable arrebatar la victoria de las manos del crédulo. Los de tu clase hacéis el más delicioso sonido de agonía cuando sois traicionados.”
            Había una parte de ella que quería creer que estaba bromeando, pero otra parte no estaba tan segura. Él sonaba demasiado sincero. Ella miró a Arik, quien estaba casi tan escéptico como lo estaba ella.
            “¿Estás con ellos entonces?” preguntó Arik.
            Solin le dedicó una exasperada mueca. “Si lo estuviera, ¿Crees que os dejaría quedaros aquí?”
            Arik se encogió de hombros. “No lo sé. Esto no te haría daño. No es que el que nos dejes quedar no vaya a hacer que ellos te odien más de lo que ya lo hacen. Si no otra cosa, nuestra presencia aquí debería joderlos, lo cual sería un beneficio para ti. Como dices, sería una manera de arrebatarle la victoria al crédulo.”
            Solin se volvió completamente estoico. Su cara, su comportamiento, incluso su voz. “No defenderé ni explicaré mis acciones ni a ti ni a nadie. Mis motivos son únicamente míos. Buenos, malos, indiferentes.”
            Geary inclinó la cabeza cuando oyó algo acerca en él mientras hablaba. Un ligero temblor en su voz. “¿A qué tienes miedo?”
            Solin le contestó con una mueca. “No temo nada.”
            “Temes intimar, ¿no es verdad?” preguntó ella. Es por que eso que no dices nada acerca de ti mismo. Es por eso que prefieres andar perezosamente a través de los sueños que dormir con mujeres de carne y hueso.”
            “Gracias, Dra. Ruth.” Se necesitaría una motosierra para cortar el veneno y el sarcasmo de su voz. “Pero honestamente no creo que sepas incluso las cosas más básicas acerca de mí. Hasta que lo hagas, deberías guardarte tus opiniones para ti misma.”
            “Tienes razón, no lo sé. Pero la pregunta es, ¿Lo sabe alguien? ¿Puedes nombrarme un único amigo que tengas o hayas tenido en el pasado?”
            “No necesito amigos. Todo lo que hacen es comer tu comida, beber tu cerveza, entonces cuentan tus secretos la primera vez que haces algo que les desagrada. No te ofendas, pero cuando tienes muchos enemigos como los tengo yo, aprendes a mantener tus secretos bajo llave. ¿No es verdad, Arikos?”
            La mirada de Arik se encontró con la de ella y se suavizó de una manera que hacía que el corazón de ella se acelerase. “Algunas veces vale la pena confiar en la gente adecuada.”
            Solin contestó con una mueca. “Tan putrefacto sentimentalismo y crédulo hasta el final—ambos harán que finalmente os maten. Así es, después de todo, como te convertí.” Él hizo una pausa para causar efecto antes de caminar hacia Geary para decirle. “Deberías haberlo visto, Megeara. Estaba tan seguro de que podía ganarme en una pelea. Estaba totalmente convencido de ello cuando hice lo inesperado.”
            “¿Y qué fue?” preguntó ella.
            “Volví a mi amante humana contra él. Ella estaba en estado de sueño y no tenía idea de lo que estaba haciendo realmente. Arik, siendo el buen Oneroi que era, no lucharía con ella. Proteger a los humanos a toda costa—ese era su credo. A menos que el humano sea mestizo.” Él escupió las palabras como si le amargaran. “Entonces merecen morir por ningún otro crimen que el hecho de que su padre saliese a los barrios bajos y se tirara encima de alguna puta que no podía mantener las piernas cerradas.”
            Solin invadió su espacio personal, haciendo que ella retrocediese un paso cuando sus ojos ardientes ojos azules la miraban. “Así que no me hables de justicia. No tengo paciencia para eso o para ti, y eso, pequeña humana, es todo lo que necesitas sabes de mí.”
            Apartándose, Solin los miró a ambos con desprecio. “Quedaos o marchaos. Realmente me importa una mierda. Pero si os quedáis, quiero que continuéis vuestros juegos arriba en una cama, igual que la gente civilizada.” Entonces se volvió y los dejó.
            A Geary le llevó un par de minutos recobrar su compostura por su injustificable rencor. “Bueno, ¿No es  el Señor “Dichosa Alegría”?”
            Arik no respondió mientras estudiaba el suelo.
            Geary se tomó un momento para considerar todo lo que Solin les había dicho, incluyendo el fragmento de la historia que explicaba otro misterio en su relación. “Así que él fue el que te convirtió. Me sorprende que incluso le hables.”
            Él respiró profundamente antes de responder. “Honestamente, preferiría que me sacaran el cerebro por la nariz, pero quería quedarme contigo y sin los permisos nunca me habrías permitido permanecer cerca de ti. No tenía otra elección que no fuera el llamarle. Además, no puedes culparle realmente. Tiene todo el derecho a odiarnos.”
            Su pecho se encogió ante el pensamiento de que Arik había buscado un amargo enemigo por ninguna otra razón que el estar con ella. Eso era increíblemente romántico, si no fuese estúpido. “La compasión se ve bien en ti, Arik. Deberías usarla más a menudo.”
            El tomó su mano en las suyas y jugó con sus dedos. “Lo estoy intentando, pero honestamente, prefiero llevarte a ti.” Él le ofreció una sonrisa que le calentó el corazón.
            “Ooo, eso está bien.”
            Él se llevó su mano a los labios para mordisquearle los dedos. “Es la verdad.”
            Dios, se estaba enamorando de ese hombre… dios… o ya lo estaba. Ellos se conocían desde hacía poco tiempo y aún así parecía que hubiese sido desde siempre. Ella le había confiado todo, y allí estaba él, intentando ayudarla.
            ¿Cómo podía dejarle ir?
            Ella ya conocía la respuesta. No podría. Había llegado a significar demasiado para ella. Y cuando ese pensamiento la traspasó, fue seguido por otro. Había alguien que sabía más acerca de esto que Tory o incluso Arik.
            “Apollymi?” ella dejó ir su mente, esperando que la diosa Atlante no la hubiese abandonado.
            “¿Sí, niña?”
            “¿Hay alguna manera de liberar a Arik de su trato sin matarle? ¿Podría ser mortal?”
            “Un dios puede hacer cualquier cosa. Libérame y cumpliré cualquier deseo que tengas.”
            “¿Lo juras?”
            “Sobre la vida de mis Charontes. Libérame y nunca te faltará nada de lo que quieras mientras vivas.”
            Geary tomó a Arik en sus brazos y lo mantuvo cerca de ella. Estaba agradecida de que no pudiese oír sus pensamientos o su conversación con la diosa.
            Él se sentía tan bien en sus brazos… nunca le dejaría ir.          
            No hagas un trato con un dios, le advirtió su mente. En todas sus lecturas antiguas ella no podía recordar una sola vez en que un pacto había obrado a favor de la persona que lo hacía.
            Ni una sola vez.
            Pero aquello era ficción y esto era real. Apollymi era real, así como también Arik y Solin.
            Geary permitiría que Arik la llevase de vuelta a la Atlántida y entonces dejaría que Apollymi la guiase. Después de todos esos siglos, la diosa sería otra vez libre.
            La única esperanza de Geary era que Apollymi mantuviese su palabra. Pero aún así, Geary lo dudaba con fuerza.
            ¿Qué elección tengo?
            Ella no permitiría que muriese si podía detenerlo. Y estaba dispuesta a hacer un pacto con el diablo para salvar la vida de Arik.


[1] La frase original “over a hangnail” = padrastro o cutícula inflamada
[2] Lo más cercano sería Fonoi: asesinatos personificados, hijos de Eris, divinidad griega que personificaba la discordia

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