Cuando Jeff había dicho que había un grupo de Daimons dirigiéndose a una fiesta, Raphael había dado por hecho solo habría seis Daimons en una fiesta humana. —Tú sabes, es clásica fiesta con quinceañeros o universitarios humanos metiéndose unos con los otros y bebiendo.
El tipo de fiesta que él normalmente desbarataba de modo que pudiera proteger a los humanos contra los Daimons que querían darse un banquete con sus almas.
Lo que el científico espacial había olvidado mencionar a Raphael era el pequeño hecho de que los Daimons estaban entrando en una recepción de una boda Apolita. Algo que él, para si mismo, no se había dado cuenta hasta que entró en el barco que estaba lleno de altas, maravillosas personas rubio pálido.
Oh, claro, un hombre de más de uno ochenta, calvo y de color, todo vestido de negro realmente no iba a destacar entre los elegantemente vestidos vampiros nórdicos. Raphael tuvo que admitir eso ahora mismo mirando a los Apolitas y Daimons que se quedaron mirándolo enfadados haciéndolo sentir igual que el último filete en el Club Kennel.
Todo estaba en silencio, el único sonido que podía oír, incluso con su desarrollado oído, era el latir de su propio corazón. Aunque había sangre en sus copas—él podía olerlo—no parecía ser de ningún humano alrededor que debiera salvar.
Excepto por, quizás, él.
Uno de los Apolitas más cercano a él arqueó una frente antes de hablar
- ¿Del lado de la Novia o del Novio?
- Estoy con el catering – dijo Raphael en tono llano.
Un Daimon se adelantó para echarle un frío, salvaje vistazo.
-Sí, a mi me pareces comida.
- No podemos alimentarnos realmente de él, puesto que su sangre es venenosa para nosotros, pero matarle debería de servir de entretenimiento para la velada ¿Tú que crees?
Yeah, él había entrado derechito a la guarida del león. Había por lo menos doce Daimons que pudiera detectar. Y otros veinte Apolitas. Los apolitas no peleaban normalmente contra los Dark-Hunters, puesto que a los DH se les tenía prohibido tocarlos hasta que traspasaran la línea, empezaran a recolectar almas, volviéndose de eso modo Daimons. Entonces la guerra era abierta entre ellos.
Sin embargo, este grupo no se parecía demasiado preocupado en mantener la tregua tácita que había entre los Dark Hunters. Ellos estaban realmente sedientos de sangre.
Y ahora iban a atacar.
Alcanzándola debajo de su abrigo, Raphael cogió su estaca de acero y la hundió en el corazón del primer Daimon que se acercó. Con un grito angustiado, el Daimon estalló en el polvo. Dos más vinieron a por él. Al primero le asestó un golpe que lo lanzó de vuelta al suelo, a los brazos de otro Daimon, mientras agarraba de un tirón al segundo y lo apuñalaba en el pecho.
Antes de que pudiera recuperarse de la matanza, los Daimons corrieron sobre él igual que hormigas sobre un cubo del azúcar. Él golpeó el suelo con la cara mientras los otros le sujetaban. Él podía sentir algo mordiéndole en la espalda como la herida hecha por un cuchillo, pero era difícil de decir mientras trataba de quitárselos de encima.
Celena sabía que estaba rompiendo las reglas, pero Raphael no tenía por que saberlo. Todo lo que ella iba a hacer era asegurarse de que él estaba bien, después regresaría a su casa. Nadie sabría siquiera lo que había hecho. Nadie.
Ella aparcó su coche tan cerca de os muelles como pudo antes de sacar el localizador y ver dónde estaba Raphael. Un millar de temores la destrozaron mientras volvía a vivir la noche en que Sara había muerto. Celena había estado intentando llegar a ella. Habían estado juntas al teléfono móvil mientras corría para llegar a tiempo.
La última cosa que había oído eran los gritos de Sara mientras estallaba en llamas.
La pena amenazó con abrumar a Celena. Ella no podía perder a otro Dark Hunter. Y especialmente no Raphael. Lo amaba demasiado para dejarlo morir.
Sin una clara idea de lo que tenía que hacer para ayudarle si él estaba en un aprieto, ella corrió hacia los barcos, entonces se detuvo en seco.
Eso era un caos total.
Pero más que eso, allí no había signos de Raphael por ningún lado. Él parecía estar enterrado bajo una enorme montaña de Daimons y Apolitas en el centro del barco.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, ella encontró la mirada de la mujer vestida de novia solo un instante antes de que ella sacara una estaca de su abrigo.
- ¿Raphael?- gritó Celena, dirigiendo hacia la batalla.
Un Daimon se giró a ella entonces. Celena lo alejó de una patada y siguió hacia el grupo más grande. Ella sabía que era donde Raphael tenía que estar.
No podía ver nada mientras empujaba, pateaba y luchaba hasta que finalmente hasta que vió a dónde había llegado. Raphael se sacaba a un Daimon de encima, mientras otro intentaba sujetarlo en el suelo. Pero lo que hizo inflamar su pánico fue ver a uno de los Daimons acercándose a ellos con un hacha.
Si le cortaban la cabeza a Raphael, se habría acabado.
Los Daimons retrocedieron mientras alguien tiraba de ella desde atrás. Reaccionando por puro instinto, Celena golpeó a su asaltante con la parte posterior de su cabeza y se lanzó hacia Raphael que todavía seguía en el suelo. Por la comisura del ojo vio como caía el hacha.
Ella se envolvió a si misma alrededor de la cabeza de Raphael y esperó el dolor que haría el hacha cuando la lacerara.
Este nunca llegó.
Hubo un silencio repentino que se extendió hacia fuera como congelando todas las cosas en el lugar. Con el corazón latiendo a toda prisa, Celena abrió los ojos para mirar a los Apolitas y Daimons que permanecían sobre ella. Ella se giró para encontrarse con el Daimon que sostenía el hacha. Solo que esta había desaparecido.
Esta estaba en las manos del novio quien miraba, no a ellos, si no a los otros con una mirada severa.
- ¡Ya basta!- rugió él.- ¡Se supone que esto es mi boda!- él miró hacia la novia, cuya cara estaba pálida y sus labios temblorosos.- Y estáis trastornando a Chloe. Solo me quedan cinco años más con ella antes de que me muera y la última cosa que quiero es tener que dejar unos pocos recuerdos que hayan sido arruinados por un atajo de estúpidos sedientos de sangre.- Él centró su mirada en aquellos que debían ser Daimons. - ¡No más sangre!
El Daimon al lado de Celena encrespó el labio.
-Él mató a mi hermano.
El novio gruñó.
-Tu hermano era un descerebrado y tuvo suerte de que no lo matara yo. Te dije que no debías causar ningún problema esta noche, ¿No es verdad?
El Daimon se volvió avergonzado.
El novio tiró el hacha al suelo antes de acercarse a ellos. Para completo shock de Celena, él le tendió la mano.
Ella intercambió una mirada incierta con Raphael antes de tomarla, agarrándose a él, y permitiendo que la pusiera de pie.
- No puedes dejarlo ir.- dijo otro Daimon con desprecio.
- Es mi boda y puedo hacer lo que me plazca. Se supone que esta es una noche de celebración.
- Entonces celebrémosla matando a un Dark Hunter.
El novio parecía disgustado.
- Que alguien estaque a ese bastardo, por favor, y por los Dioses, Benny La preparación parecía disgustada. -Alguien estaca que bastardo, por favor, y por los dioses, y sacad el polvo de Benny de la mesa. Eso me disgusta y está mezclándose con la sangre.
Él ayudó a Raphael a levantarse.
-No te preocupes. No es sangre humana. Es de los nuestros
Raphael no estaba seguro de que pensar cuando encaró al apolita frente a él. Habían podido matarles a él y a Celena. Le estaba costando un poco creer que fueran a dejarlos marchar.
- ¿Por qué estás haciendo esto?- preguntó Raphael.
El novio miró a la novia.
- Porque la vida es demasiado corta para pasarla peleando cuando puedes estar con quien amas. Y el amor es demasiado raro para malgastarlo con pequeñas preocupaciones.- Él tomó la mano de su esposa en la suya y la apretó. –Soy afortunado de tener a Chloe y no tengo intención de dejar que una guerra que no he empezado me robe un solo segundo de mi tiempo con ella. Ve en paz, Dark Hunter.
Raphael estaba sorprendido por sus palabras, pero más aún por su caridad.
- Eres un buen hombre.
El Apolita bufó.
- Supongo que nos veremos dentro de cinco años, ¿huh? Si muero pacíficamente, entonces soy bueno. Si no, entonces nos veremos otra vez las caras como enemigos.- él indicó la rampa con un movimiento de su barbilla.- Ahora iros antes de que cambie de opinión.
Decidiendo no presionar su suerte, Raphael pasó su brazo alrededor de Celena para acercarla a él y protegerla mientras salían del barco. Él no dejó de caminar hasta que estuvieron dentro del muelle de atraque de su propio barco. Él se detuvo brevemente en la proa para darse la vuelta y ver que los Apolitas y Daimons volvían a su fiesta.
- ¡Eso fue mazo sorprendente!- Él levantó la mirada para ver a Jeff en las sombras.
Él le recordaba a Raphael un chiquillo que acababa de salirse con la suya. – Pensé que estabas muerto. Tío, estaba en proceso de llamar a Acheron para pedirle ayuda cuando os vi salir a los dos. ¿Cómo lo has hecho?
En vez de quitar su brazo alrededor de Celena, Raphael inclinó su cabeza contra la suya.
– Suerte… de cuya habilidad asumiré el control algún día.
La cara de Jeff se puso pálida cuando se dio cuenta de que Celena estaba allí. Él realmente tragó.
- Estoy muerto, ¿verdad?
Raphael contuvo la respiración cuando se encontró con la mirada especulativa de Celena. Él esperaba que lo apartase de ella y se fuera a por Jeff. En lugar de eso, ella envolvió el brazo alrededor de las caderas de Raphael.
-Hice un reparto con Raphael, y se parece que ahora estás libre de mí.
Una pequeña sonrisa asomó en los bordes de los labios de Raphael mientras la miraba a ella a la luz de la luna.
- Vamos a casa, Jeff.
- Vale, déjame empacar y—
- No - él dijo tenso.- Ve a casa ahora mismo y no te detengas hasta que estés a salvo en tu habitación. Puedes recoger tus cosas después.
Jeff pareció querer discutir, pero por suerte para su escudero, el chico captó el tono de su voz e inmediatamente se marchó. Y tan pronto lo hizo, Raphael hizo lo que se había estado muriendo por hacer. Él finalmente besó a Celena. Ella gimió ante el sabor de Raphael cuando su lengua se enroscó con la suya. Él ahuecó su cara entre sus manos mientras inhalaba el agudo olor de su piel y aftershave.
Era una combinación impresionante, y todo lo que quería hacer era quitarle la ropa y lamer cada centímetro de su cuerpo. Ella sabía que no tenía ningún asunto con él, y por una vez le traían sin cuidado las reglas. Los Apolitas habían tenido razón.
Había algunas cosas más importantes que algo tan trivial.
Raphael dejó de besarla.
- ¿Porqué viniste a por mi?
- Tenía miedo de que estuvieras en peligro.
Él negó con la cabeza.
- Sabes que fue asombrosamente estúpido de tu parte. Yo soy carne rancia para ellos, pero tú… Tú eres un buffet. Eres malditamente afortunada de que te dejaran ir.
Ella le sonrió antes de repetir sus anteriores palabras
- Sí, bueno, algún día haré de la suerte mi habilidad.
Él se rió antes de besarla otra vez.
-Y eso todavía no me dice porqué viniste tras de mí. Rompiste una docena de reglas por seguirme esta noche.
Y por alguna razón eso no le preocupaba. Nada le había importado excepto verlo a salvo.
- Lo sé, pero no podía dejarte morir.
- ¿Porqué?
Ella se mordió el labio mientras el lado razonable de su cerebro le pedía que no dijese nada más. Pero todos los años en los que estuvo ocultando los sentimientos a ese hombre salieron a la luz, y después de estar con él para esta última semana, ella no podía ocultarlo más.
- Porque te amo.
Raphael no habría podido estar más sorprendido que si ella lo hubiese apuñalado. Él permaneció allí de pie en completo shock viendo como los ojos de ella se dilataban levemente. En todos los siglos que él había vivido, sólo otra única mujer le había dicho esas palabras... Y ella había muerto en sus brazos en su noche de bodas bajo el asalto de sus enemigos. Él nunca había tenido la oportunidad de probarla.
Nunca tuvo ocasión de demostrarle lo mucho que la amaba.
Él no iba a desaprovechar esa oportunidad con Celena. Con el cuerpo ardiendo, la levantó en sus brazos y la llevó a bordo de su barco.
- ¿Qué estás haciendo?- preguntó ella mientras envolvía los brazos alrededor de su cuello.
- Carpe Noctem[1]. Estoy aprovechando la noche. Pero sobretodo, estoy aprovechando a la mujer que tengo en mis brazos.
Celena no dijo otra palabra mientras él la llevaba bajo cubierta. Tan pronto como estuvieron fuera de la vista de cualquier transeúnte, ella rasgó literalmente la camisa de su espalda de modo que pudiese tocar finalmente el cuerpo con el que frecuentemente había soñado todos esos años. Su carrera como escudero estaba acabada, pero a ella no le importaba. La única cosa que le importaba ahora mismo era estar con Raphael.
Ella tembló mientras que él le quitaba su camiseta por la cabeza y ahuecaba su pecho a través del sujetador.
Cerrándola los ojos, ella saboreó el calor de su mano mientras apartaba el satén a un lado para acariciarle la piel. Ella capturó sus labios con los suyos cuando febrilmente le abrió la bragueta, sumergiendo después su mano para tocarlo.
Él siseó en respuesta, haciendo que se elevara la satisfacción de ella.
- Chico – susurró las palabras contra sus labios.- cuando rompes las reglas, rompes realmente las reglas.
Celena no respondió mientras que él le bajaba las medias por las piernas.
Ella aspiró agudamente entre los dientes cuando lo vió acuclillarse a sus pies. Levantando su pie, ella dejó que le quitara los zapatos, que él lanzó sobre su hombro antes de desnudarla.
Sus ojos oscuros destellaron un instante antes de que le quitara las bragas. El cuerpo de ella se incendió cuando lo recorrió con su hambrienta mirada.
Agachándose, ella delineó el contorno de sus labios mientras que él lamía suavemente las yemas de su dedo. Ella había soñado con este momento mil veces. Él era la principal razón de que ella nunca tuviese una cita, otro hombre nunca parecía poder comparársele. Ellos no eran tan guapos. Tan peligrosos. Tan prohibidos.
Y ahora ella finalmente iba a saber que se sentía al tenerlo…
Raphael no podía respirar mientras se ponía en pie. Todavía no podía creer que Celena estuviera aquí con él. Que ella, que vivía para las reglas y los reglamentos estuviera dispuesta a sacrificar su juramento de Escudero.
Su corazón latía apresuradamente, él bajó su mano para acariciar la suavidad de su abdomen, después bajó a los cortos, cris pados cabellos hasta que encontró lo que buscaba. Él gimió ante la sensación de su mojado calor contra sus dedos mientras que ella lo frotaba ligeramente con su mano.
Incapaz de aguantarlo más, él la presionó contra la pared y la besó apasionadamente. Celena se aferró a él mientras levantaba una pierna para envolverla alrededor de sus caderas. Aceptando la invitación, él se condujo profundamente dentro de ella.
La cabeza de Raphael empezó a dar vueltas cuando un inimaginable éxtasis se derramó a través de él. Celena casi había muerto para protegerlo. Ninguna mujer había hecho jamás tal cosa antes por él.
Su fuerza, su valor…
Era distinto a cualquier cosa que hubiese conocido. Y ahora ella se encontraba con él estocada tras estocada mientras hacían el amor furiosamente.
Él sonrió mientras que cada embate era acompasado por el sonido de los coleteros en los extremos de sus trenzas raspándose contra la pared.
Celena enterró sus labios contra la garganta de Raphael mientras se esforzaba por no pensar en lo que iba a suceder mañana. Ella no podría quedarse con él. Lo sabía. Él era un Dark Hunter. Pero aquí en este momento, él era suyo, y eso era todo lo que importaba.
Arqueando su espalda, ella gritó con cada poderosa embestida de él en su interior mientras se agarraba a él.
Él sumergió su cabeza para capturar su pecho y lamerlo al mismo compás que sus embestidas.
Ella acunó su cabeza contra su cuerpo mientras era abrumada por el placer., este aumentaba con cada embate hasta que finalmente no pudo aguantar más. Su cuerpo en miles de zarcillos de éxtasis. Raphael gruñó mientras sentía el clímax de Celena. Queriendo darle aún más, él aceleró sus embestidas y la observó mientras echaba su cabeza hacia atrás y gemía.
Su sonrisa se esfumó de su cara mientras alcanzaba su propio orgasmo. Enterrándose profundamente dentro de ella, él se estremeció con la fuerza de esto.
Respirando entrecortadamente en su oído, ella acarició suavemente su espalda mientras él regresaba poco a poco de su orgasmo. Ese era uno de los más asombrosos momentos de su vida. No se debía al sexo, sino por que estaba siendo sostenido por una mujer que estaba dispuesta a sacrificarse por él. Una mujer que estaba dispuesta a romper las reglas.
Pero sobre todo, la mujer a quién amaba.
Él la besó tiernamente en los labios.
- No te vayas, Celena.
- Estaré aquí hasta mañana.
- No.- dijo él, su voz se quebró con las densas emociones que se estaban produciendo en su interior.- Quiero decir que no te vayas. Nunca.
Apenas fue un susurro.
- ¿Qué estás diciendo, Raphael?
-Te amo.
Ella no podía creer en sus oídos. Eso era más de lo que ella hubiese esperado.
-No tienes que decir eso.
- No es lo que estoy diciendo. Es lo que estoy sintiendo.
Emocionada por sus palabras, ella lo abrazó firmemente.
- ¿Qué va a ser de nosotros ahora?
- Parece que tendré que unirme otra vez a la raza humana.
- ¿Estás seguro?
Raphael guardó silencio mientras lo consideraba. Si continuaba siendo un Dark Hunter, tendría que dejarla ir.
Las palabras del Apolita sonaron en la cabeza de Raphael. Él había estado solo durante todos esos siglos. Ninguna vez en todo ese tiempo una mujer le había hecho sentir emociones tan fuertes como las que tenía por Celena. Ella lo hacía, loco y enojadamente feliz…
Pero sobretodo, ella le hacía creer que podía volar.
Él no quería vivir sin eso. Sin ella.
-Sí, estoy seguro. Es decir, si estás dispuesta a afrontar la prueba de Artemisa.
- Por ti, mi pirata, caminaría a través de los fuegos del infierno.
[1] Carpe Noctem= Aprovecha la Noche. Como curiosidad, decir que esta es la frase de Valerius en su propio libro ^^.
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