jueves, 12 de enero de 2012

A parte 38

23 de Junio, 9529 AC

Amanecía cuando dejé, sola, el palacio. Era una estúpida búsqueda la que me proponía, pero no podía detenerme. Hoy Acheron cumpliría diecinueve.
En mi corazón sabía que nadie le daría un regalo por el aniversario de su nacimiento. Me preguntaba si incluso sabría el día exacto en el que había venido a este mundo. Y pensé en la celebración que había planeado y que nuestro padre había arruinado devolviéndole a la Atlántida.
Apreté su regalo bajo mi himation mientras caminaba a través de las abandonadas calles hacia el local en el que ya había estado antes.
Llamé a la oscura puerta y pregunté por Catera. Después de una breve espera, apareció con el ceño fruncido.
—¿Mi señora? ¿Por qué estáis aquí?
Le sonreí con amabilidad.
—Quiero ver de nuevo a Acheron. Solo por unos minutes.
La tristeza oscureció sus ojos.
—Desearía poder ayudaros, mi señora, pero ya no está aquí.
Un helado terror me rasgó el corazón.
—¿Qué? ¿A dónde ha ido?
—No sé a dónde se lo llevaron.
—¿Llevaron? —susurré la palabra cautelosamente, esperando que no quisiese decir lo que pensaba.
Desafortunadamente, lo hacía.
—Fue arrestado hace varios meses. Los guardias del rey vinieron al atardecer. Irrumpieron por la puerta exigiendo que se les mostrara al real impostor. Acheron fue sacado de su cama mientras estaba durmiendo y lo encadenaron, entonces lo arrastraron fuera de aquí y no he vuelto a oír nada desde entonces.
Mis dedos se entumecieron, sentí caer mi regalo al suelo mientras me quedaba allí demasiado atónita para moverme.
—¿Mi padre lo ha secuestrado?
Por supuesto que lo había hecho. Debería haberme dado cuenta de eso yo misma. No dudaba que hubiese enviado a sus hombres el mismo día que escuchó la charla de los senadores. ¿Qué clase de tonta era que no lo comprobé?
Pero claro, había estado demasiado ocupada pensando en mi inminente destino con Apolo. Me avergonzaba no haber puesto a Acheron por delante. No había manera de decir lo que le habían hecho.
Mi único consuelo era el conocimiento de que Padre no podía matarlo. No sin matar también a Styxx.
Catera recogió mi regalo y lo envolvió devolviéndomelo.
Le di las gracias por costumbre y me marché.
Acheron tenía que estar en algún lugar del palacio. No importaba lo que costase, iba a encontrarle y sacarlo de allí.

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