miércoles, 4 de enero de 2012

Cap 7

Sam le hizo una mueca a Dev.
—¿Qué quieres decir con que encontraron a dos demonios drenados?
Deslizó el teléfono dentro del bolsillo.
—Ésta mañana la policía encontró los restos expuestos para que todo el mundo los viera. Por suerte, los demonios se encontraban en su forma humana, por lo tanto no tuvimos que hacer la rutinaria limpieza. Pero eso hizo que Ash pensara que fue hecho como una advertencia para nosotros y no para asustar a los humanos. ¿Por qué otro motivo los abandonarían expuestos cuando la policía asumiría que la matanza era una pandilla de gente desafortunada que fue asaltada?
Eso tenía sentido para ella, pero tenía una pregunta.
—¿Si estaban en su forma humana, cómo sabía Acheron que eran demonios?
—Sus restos fueron enviados al representante subdirector médico del municipio de Orleans. Simone es una mitad demonio casada con un semidios mitad demonio y viven con dos fantasmas. Si eso no es suficiente, su jefe es un Escudero con un largo historial de encubrimientos de hechos sobrenaturales en el radar de los humanos. Créeme, ella reconoce a los demonios cuando los ve, tanto antes como después de que les haga la autopsia.
Sam soltó una obscura, y corta risa.
—Éste es un pueblo interesante.
—Lo es ¿no? Y tienes que darte cuenta que Acheron puede diferenciar entre un demonio y un humano también. No es como si confundiera uno por otro.
Ese era un punto muy válido. Pero aún le preocupaba.
—¿Alguna idea de quién los mató y por qué?
—En absoluto. ¿Tienes alguna idea? Ash dijo que fueron completamente drenados de sangre. Aparte de eso, se veían normales. Simone piensa que es algún tipo de ritual demoníaco donde otro grupo necesitaba su sangre para algo. ¿Por qué más los drenarían? No es el usual modus operandi para muertes de demonios.
Sam se quedó en silencio mientras recordaba lo que había visto anoche a través de los ojos del demonio babosa…
El demonio en el suelo mientras los Daimons se alimentaban de él.
Oh por Dios. En ese preciso momento sabía exactamente lo que había pasado.
—Los Daimons lo hicieron.
El frunció el ceño.
—¿Qué?
Ignoró su pregunta cuando una mala premonición la atravesó. No tenía ninguna duda en la mente sobre lo que había pasado y para quién estaba destinado el mensaje.
Para ella.
—¿Acheron podría conseguirme una fotografía de los demonios que encontraron?
Dev frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Tengo un mal presentimiento. Vi a los Daimons matar a un demonio en su vestíbulo y me pregunto si fue uno de los dos que la policía encontró en la calle.
Él frunció el ceño.
—¿Cuáles son las posibilidades de eso? Creo que es un tiro poco probable.
—¿Y si no lo es? —¿Y si en verdad querían que supiera lo que estaba pasando?
Podría ser una especie de juego mental o algo completamente distinto.
De cualquier manera, tenía que saberlo.
Dev sacó el teléfono y comenzó a mandar un mensaje. En menos de un minuto recibió la contestación. Lo revisó, y después sostuvo el teléfono para que ella pudiera verlo.
—¿Te parece familiar?
Las imágenes se expandieron hasta que pudo ver a las dos víctimas en el suelo.
Sus pálidas facciones estaban contorsionadas por los últimos momentos terribles de sus vidas. Sus rostros eran una máscara permanente de su tortura. La peor parte era que reconocía a uno de ellos.
Oh sí, eso en verdad no era bueno para ellos.
Sam se encontró con la mirada de Dev.
—El de la derecha. Vi a los Daimons matándolo.
El color abandonó la cara de Dev mientras miraba la fotografía.
—¿Estás segura?
Asintió.
—El demonio babosa era su sirviente. Había varios Daimons alimentándose de él hasta que murió. Lo vi todo… Bueno, no su muerte realmente, pero lo sentí como el demonio babosa, así que no hay ninguna duda de que los Daimons alimentándose de él fue lo que le mató. Hicieron esto.
Dev maldijo.
—Están tomando los poderes de los demonios de la misma forma que toman los de los Were‑Hunters.
—Eso tiene que ser lo que les permite caminar a la luz del día. Tiene que serlo. Nada más tiene sentido.
Aún había una duda en sus ojos.
—Pero no obtienen esa habilidad cuando derrotan a uno de los nuestros, y nosotros caminamos a la luz del día.
—¿Por qué hacerlo entonces? Los Daimons básicamente tienen los mismos poderes que la mayoría de los demonios. La mayoría del tiempo… excepto a la luz del día. No hay otra razón para que elijan como blanco a la población de los demonios. No cuando los humanos son presas tan fáciles para ellos. Sabes que un demonio no se limita a acostarse y dejar que se agasajen. No sin una lucha brutal, de ahí los moratones en los cuerpos.
Dev lo consideró. Podía tener razón. ¿Por qué los Daimons se alimentarían de un demonio?
—¿Piensas que esa es la razón por la que intentaron atraparte? ¿Para ver si podían obtener algunos poderes de ti?
—No. La sangre de Dark‑Hunter los envenena.
Oh sí, se había olvidado de eso.
—¿Entonces por que vendrían tras de ti?
—No tengo ni idea. ¿Quizá porque los vi?
—¿Cómo sabrían eso?
Sam se encogió de hombros.
Dev se metió el teléfono en el bolsillo mientras trataba de pensar en lo que los Daimons podrían querer de Sam. Pero seguía topándose con un muro.
—¿Te dijeron algo cuando aparecieron en tu casa? ¿Obtuviste algo de ellos?
—Lo que obtuve fue inútil. Malditos demonios. Más preocupados sobre su vida amorosa que por mí. Lo único que decían es que me iban a llevar con Stryker.
—¿El comandante Spathi?
—Sí. O era alguien más sentado en su trono rodeado por Daimons en su centro de mando.
Dev dejó escapar un silbido bajo.
—Estás en problemas. Ese es un hombre seriamente perturbado que está cabreado con Acheron y Apolo de la peor forma. No hay nada que no haría para matar a cualquiera de ellos.
—¿Por qué?
—Asumo que odia a Ash por ser el líder de los Dark‑Hunters. A Apolo porque es el padre de Stryker.
Sam jadeó ante la última cosa que esperaba escuchar.
—¿Qué?
Dev asintió.
—Apolo creó la raza Apolita con la intención de utilizarlos para derrocar el imperio Atlante, después Grecia y finalmente el panteón olímpico. Quería gobernar el mundo y desplazar a Zeus como el rey de los dioses. Pero cuando los Apolitas mataron a la amante y al hijo de Apolo, se enfureció con ellos y en su locura olvidó que estaba maldiciendo a su propio hijo medio Apolita y a sus nietos también. Stryker nunca lo superó y desde entonces ha estado buscando una manera de matar a su padre. Maldita sea toda esa búsqueda de venganza. No es que le culpe. También estaría buscando sangre si tuviera que ver a mis hijos morir porque mi padre era un flameante imbécil que no podía mantener el pene dentro de los pantalones.
Sam sostuvo la mano en alto mientras trataba de digerir todo lo que le estaba diciendo. Pero no tenía sentido. Si lo que Dev estaba diciendo era verdad, Stryker tendría…
La edad de Acheron, que sería alrededor de once mil años de edad.
No. No era posible.
—Espera. No hay Daimons tan viejos. La mayoría de ellos caen después de algunas décadas. Algunos afortunados, una vez en luna azul, llegan a los cien o más. Pero nunca…
—Stryker tiene un ejército de gente que tiene miles de años de edad.
Sam se negó a creerlo.
—Tonterías. —¿Cómo podía eso haber evitado el remolino de chismes de los Dark‑Hunter?
Dev sacudió la cabeza, la mirada ardiendo en la de ella con sinceridad.
—No, en verdad. Sé que esto es un hecho. Todos los Daimons Spathi tienen miles de años de edad.
Ella todavía lo encontraba difícil de creer. Tenía cinco mil años y en todo ese tiempo nunca había visto a un Daimon más de unas pocas décadas. Los Dark‑Hunters eran demasiado hábiles cazándolos. Siempre encontraban a su presa.
—¿Cómo?
—Son realmente buenos en lo que hacen. Asesinar humanos y sobrevivir.
—No, no eso. ¿Cómo sabes que están ahí? Todo podría ser una mentira como el Temible Pirata Roberts donde hay un hombre diciendo que es Stryker, cuando el verdadero Stryker ha estado muerto durante siglos.
Dev sonrió como si apreciara su referencia de Princesa Bride.
—Uno de los sirvientes de Ash es el hijo de Stryker y él mismo tiene más de once mil años. He tenido un montón de charlas con Urian sobre su padre y su historia.
Eso la golpeó como un puñetazo en los intestinos.
—¿Y Acheron nunca ha estado en la necesidad de hablarnos sobre esto?
—¿Y arriesgarse a que enloquecieran? ¿Por qué habría de hacerlo?
Porque Daimons con ese tipo de entrenamiento debían de ser difíciles de matar.
—¿No crees que necesitamos saber esto?
—¿Has vivido cuántos siglos sin eso?
Sí, pero el conocimiento era poder y tenían el derecho a saber con quién y contra qué estaban peleando.
—Eres como Acheron.
—Tomaré eso como un cumplido.
—No fue concebido como tal.
—Lo sé. Pero te irrita el hecho de que no me estás irritando. —Su sonrisa se ensanchó—. Puedo vivir con eso.
Ella entornó los ojos.
—Como sea.
—No te pongas así, mujer. Vivo de ella. Y nada de esto es pertinente al porqué los Daimons ahora están tras de ti.
Ni de broma.
—Esa es la cuestión.
Dev se puso serio mientras le dedicaba una mirada que enfrió todo el camino hasta su perdida alma.
—No. La verdadera pregunta es ¿cuántos más de ellos van a venir por ti?

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