Artemisa esperó hasta que todos los poderes se desvanecieran de su templo.
Salvo que no fue así. Sintió que los poderes primarios de Acheron se fueron, pero aún quedaban más. Poderosos. Fríos. Calculadores.
Salvo que no fue así. Sintió que los poderes primarios de Acheron se fueron, pero aún quedaban más. Poderosos. Fríos. Calculadores.
Eso no era Acheron.
Y cuando Soteria cruzó las puertas de su sala de baño hacia la Sala del Trono con un caminar mortal, la sangre se drenó completamente de la cara de Artemisa. No había duda que la mujer quería un pedazo de ella y que estaba dispuesta a pelear.
Pese a todo se negó a permitir que la chica viera su pánico.
—No eres nada para mí, humana.
Tory se burló, y le habló en un griego perfecto.
—Oh, estás equivocada sobre eso, Artemisa. No soy un nada. Soy la que te va a patear el culo si alguna vez te vuelves a acercar a Acheron.
Artemisa extendió su mano e hizo a Tory volar a lo largo de la habitación.
—Tú no eres amenaza para mí.
Tory levantó sus manos y justo cuando iba a golpearse contra la pared, dejó de moverse. Abriendo sus ojos, se sorprendió al encontrarse flotando sobre el piso a unos cuantos centímetros de la piedra con la cual Artemisa tenía intención de golpearla.
Artemisa gritó de indignación mientras Tory se reía de alivio. Estos poderes eran grandiosos.
Manteniendo sus manos a cada lado, se colocó de nuevo en el piso de la habitación. Artemisa corrió hacia ella y la agarró por el cuello. Tory se deslizó fuera de su agarre, y la empujó.
—Oh, perra, por favor. —Estiró su mano y presionó a Artemisa contra la pared.
—¡Suéltame!
Tory apretó su agarre sobre ella.
—Por todas las veces que has herido a Ash, tienes suerte de que no te arranque el corazón del pecho ahora mismo. ¿Cómo pudiste?
Se formaron lágrimas en los verdes ojos de Artemisa mientras luchaba para liberarse.
—Lo amo.
Tory sacudió la cabeza.
—¿Cómo puedes decir eso? Ni siquiera entiendes lo que significa. Amar no es avergonzarte de ser vista con la persona que te importa. No se trata de castigo o de daño.
Sintiendo compasión por la diosa, Tory la dejo ir.
—El amor es lo que te da la fuerza necesaria para enfrentar cualquier cosa sin importar lo brutal o aterradora que sea. Es lo que hizo que Ash permitiese ser golpeado en lugar de decirle a su padre acerca de ti. Es lo que le hizo permitir ser destripado en el suelo a tus pies en lugar de avergonzarte públicamente. Y tú escupiste en su amor y lo rechazaste. Para ser una diosa, eres patética.
Artemisa la miro desdeñosamente.
—Eres humana. A nadie le importa si duermes con una puta.
Tory hizo algo que nunca en su vida había hecho antes. Abofeteó a una persona.
Artemisa gritó y trató de agarrarla, pero Tory aferró sus muñecas en sus manos y la empujó. Le brindó una mirada asesina a la diosa para hacerle saber que iba en serio.
—Si alguna vez insultas a Acheron de nuevo, que dios me perdone, pero te voy a hacer lo que le permitiste a tu hermano hacer con él. Voy a cortarte la lengua. Acheron es el hombre al que amo y nadie, nunca, tiene problemas con él sin tener problemas conmigo.
Artemisa liberó una de sus manos y trató de golpearla, pero Tory capturó de nuevo su muñeca.
—No eres mejor que yo —le gruñó Artemisa—. Lo sacrificarías en un instante para salvarte.
Tory sacudió su cabeza.
—Estás equivocada. No hay nada en esta tierra, encima o debajo de ella, que valore más que a Acheron. Y ambos tenemos suficiente de ti. Que tengas una gran eternidad y si quieres seguir teniendo esa eternidad, mantente alejada de mi camino y deja a Acheron en paz.
Artemisa curvó sus labios.
—No has terminado conmigo totalmente, humana. Soy la madre de su hija.
Eso le hizo sentirse mal.
—Tienes razón. Eres la madre de Katra, pobre de ella. Pero estás equivocada en una cosa.
—¿Y esa sería?
Tory dejó que el poder de la Destructora se uniera con el de Ash dentro de ella. Un minuto, era normal y en el próximo, sintió que su cabello se convertía en un rubio blanco que se extendía a su alrededor mientras rayos la rodeaban y salían de sus manos.
—Ya no soy humana —dijo con una demoníaca voz—. Soy la Atlantia Kedemonia Theony la Guardiana de los dioses Atlantes. Y ahora mismo sólo hay uno de ellos, caminando por el mundo y para salvarlo de otro doloroso recuerdo creado por ti, estoy dispuesta a bañarme en tus entrañas, perra. En cuanto a Kat, es una chica grande, estoy segura de eso, ya que solía vivir con ella. Va a sobrevivir a la muerte de su madre. Confía en mí, tengo experiencia de primera mano con ese tema.
Artemisa la miró sorprendida.
—¿Destruirías el mundo entero por él?
—Sí, lo haría. ¿Lo harías tú?
Artemisa apartó la mirada.
—Y es por lo cuál que vas a desearle lo mejor y salir de nuestras vidas. La próxima vez que te vea, Diosa, será mejor que me lleves regalos que me hagan sonreír, de lo contrario el panteón griego estará buscando una nueva diosa de la caza. ¿Me entiendes?
—Entiendo. —Pero sus ojos decían que ya estaba tramando alguna forma de molestarlos.
—Que así sea.
Los enemigos eran una desafortunada parte de la vida. No hay nada que Tory pudiera hacer al respecto, salvo cumplir su promesa si Artemisa descubría tener el suficiente coraje como para ir tras de ella de nuevo.
Nadie se llevaría algo suyo sin luchar, y por Ash, ella daría la vida.
—Adiós, Artemisa, y por tu propio bien, en caso de que encuentras a alguien que te ame de la misma forma en que Ash lo hizo, cuida mejor de él.
Con estas palabras, Tory regresó a Nueva Orleáns, donde encontró a Ash esperando en el sofá de su apartamento. Se puso de pie antes de inspeccionar su cuerpo en busca de heridas, en realidad era bastante adorable.
—¿Estás bien?
—Te dije que iba a estar bien.
Su mirada estaba llena de dudas.
—¿No te hizo daño?
—Nop —levantó sus manos para mostrarle exactamente cuan sana estaba—. Estoy muy bien.
El alivio en sus ojos la tocó profundamente mientras él se inclinaba hacia abajo para depositar un ligero beso sobre sus labios. Ay, cómo amaba a este hombre.
—Me siento mal por lo que te hice —respiro pesadamente—. Nunca quise herirte.
—Lo sé, cariño. —Ella le sonrió—. ¿Qué fue lo que le dijiste a Wulf? ¿A veces las cosas tienen que ir mal, para que puedan ir bien? Si no te hubieras alimentado de mí, no tendría los poderes que necesitaba para estar contigo. Así que no te sientas mal, Ash. Porque yo no lo hago.
Se estremeció como si ella lo hubiera golpeado y se sintió mal por él.
—Nunca quise que me vieras así.
—¿Verte como qué?
—Como un monstruo. Desprecio mi verdadera forma.
Ella sacudió la cabeza mientras él ponía sus brazos alrededor de su cintura.
—No puedo imaginarme por qué, muy aparte de que me mataras, eres realmente lindo en una forma muy de Papá pitufo.
—¿Papá pitufo? —Hizo un sonido de total sufrimiento y le frunció el ceño—. No me veo como Papá pitufo.
—No, bebé —le dijo en un fingido y sarcástico tono mientras juguetonamente palmeaba sus mejillas—, en absoluto. Te ves como sexo envasado. ¿Está tu ego mejor? —Una ceja se alzó ante sus palabras. Al menos hasta que ella se estiró para tomarlo en su mano. Tomó aliento bruscamente mientras ella lentamente desabrochaba sus pantalones. —¿Qué estás haciendo?
Ella lamió sus labios ante el calor que corría por sus venas.
—Todavía me estoy sintiendo bastante... animada por esa alimentación. Y honestamente, Papá Pitufo, te ves lo suficientemente bien como para comerte.
Ash apenas podía respirar, mientras ella se arrodillaba en el suelo frente a él y abría su bragueta. Cuando lo miró, sus ojos brillaban con amor un instante antes de que lo tomara en su boca.
Toda la razón desapareció de su cabeza mientras la observó provocarlo y lamerlo.
—¿Has estado leyendo ese libro de nuevo, verdad?
Ella se rió y la sensación de su garganta vibrando en torno a él fue más de lo que pudo soportar. Antes de que pudiera detenerse, su cuerpo se liberó. Ash se inclinó contra la pared mientras su cuerpo convulsionaba. Honestamente, fue uno de los mejores orgasmos que había tenido y el hecho de que ella no se había apartado, sólo lo hacía mejor.
Hasta que se dio cuenta de lo que había hecho. Maldijo ante su estupidez, mientras esperaba que ella lo regañara.
—No fue mi intención, Tory. Debí advertirte.
Ella le frunció el ceño mientras cerraba sus pantalones.
—¿Advertirme sobre qué?
Él apartó la mirada, incapaz de mirarla.
—Normalmente tengo más control. Te prometo que te daré tiempo para alejarte en el futuro.
Tory se levantó y giró su barbilla hasta que encontró su mirada.
—Ash, no hay nada de ti que me parezca repugnante. Nada. Ni tus ojos. Ni tu raro cuerpo azul. Y sobre todo no algo que yo he iniciado. De hecho, me encanta tu sabor y que pierdas el control. Esto significa que lo estoy haciendo bien.
Agarrando su mejilla, la acarició con su nariz, deleitándose en la suavidad de su piel contra la suya.
—Eres demasiado buena para ser verdad.
—Sólo dices eso porque no hay un martillo por aquí.
Él se rió e inclinó su cabeza para acariciar su cuello.
—Estoy tan agradecido de que no me encuentres repulsivo.
Ella acarició su oído con sus dedos.
—Sólo recuerda que tienes que avisarme antes de soltar colmillo sobre mí de nuevo.
La miró con un ceño.
—¿Soltar colmillo?
Ella sonrió juguetonamente.
—Sí, es un término de la serie de vampiros que L.A. Banks escribe. Deberías leer sus libros alguna vez. Son geniales.
—Con un sustento como ese, ¿Cómo podría negarme? Pero primero, creo que tenemos que leer un poco más de ese libro tuyo, el “Chupar su pepino”.
Ella se rió hasta que el pepino le hizo pensar en comida.
—Oye, ¿Todas esa cosa sangrienta significa que ya no puedo comer?
—No, Tory —le dijo sonrientemente—. Simplemente no necesitas comer comida de verdad. Puedes saborearla, pero no va a saciar el hambre de sangre. Vas a tener que alimentarte cada par de semanas.
—¿O me convertiré en la señora pitufo?
Él se rió.
—No, sólo yo hago eso. Tú te convertirías en...
—¿Qué?
—Estaba pensando en el término de Simi. Una diosa perra.
Ella juguetonamente le dio un puñetazo en el estómago.
—¡No te atrevas a llamarme así! Eres un hombre malo.
Ash se puso serio al darse cuenta de la forma en la que estaban jugando y bromeando. Ni una sola vez en toda su vida había estado tan a gusto con alguien. Ella sabía todo acerca de él.
Todo.
Y nada de eso le importaba. Su pasado no era nada.
Pero ella era su futuro.
Tomando su mano, la llevó hacia su cama, donde tenía la intención de hacerle el amor durante el resto del día. La besó mientras desaparecían sus ropas y la colocaba en la cama.
—Te amo, Soteria.
Tory lo acercó hacia ella, envolvió su largo, y delgado cuerpo contra él y lo abrazó fuertemente.
—Sagapo, Achimou. Sagapo.
Su griego lo calentó mientras los vellos en la coyuntura de sus muslos provocaban su estómago y hacían que su cuerpo comenzara a endurecerse de nuevo.
—Agapay, Sota.
Tory le frunció el ceno.
—¿Agapay?
Él asintió.
—En Atlante significa Te amo. Sota es el equivalente Atlante de tu nombre.
Tory amaba ese sonido, sobre todo la forma tan sexy en la que rodaba su lengua, en ese musical acento suyo, y amaba aún más el que estuviera compartiendo su lenguaje con ella.
—¿Cuál sería el equivalente de tu nombre?
—Acho.
—Agapay, Acho.
Él jugó con su cabello mientras le sonreía.
—Siempre he odiado el Atlante, pero no cuando tú lo hablas.
Ella no podía imaginarse por qué, considerando lo hermoso que era. Podría escucharlo hablar todo el día, y cada vez que lo hiciera, derretirse nuevamente. La ponía extremadamente caliente.
Acariciar su hombro le hizo preguntarse otra cosa.
—Por curiosidad, ¿cuántos idiomas sabes?
—Soy un dios, Tory. Los sé todos. Y cuando entres en contacto con ellos, también los sabrás.
Eso, ahora, es definitivamente impresionante. Se mordió el labio en regocijo y luego sus ojos se abrieron ampliamente.
—Oh oh, tengo otra pregunta. Tú eres omnisciente, ¿verdad?
—Para la mayoría de cosas, sí.
—Entonces tienes que responderme esto, porque necesito saberlo. ¿Qué es el final de todo?
Él se encogió de hombros.
—Esa es fácil.
—Entonces dime.
—La letra G.
Gimiendo, Tory lo golpeó en la cabeza con una almohada.
—Eres un caso perdido, Achimou. Por esto, vas a tener un castigo. —Rodó, hasta que él estuvo bajo ella.
Ash tomó aliento mientras ella rodeaba su pezón con su lengua. Ahora, este era el tipo de castigo que un hombre podía esperar con entusiasmo.
—¿Qué más puedo hacer para enojarte?
Ella besó la piel de sus costillas.
—Podrías dejarme.
Él gimió ente el pensamiento.
—Nunca haría eso, Tory. Nadie puede vivir sin corazón y eso es lo que eres para mí.
Tory se recostó sobre él y lo abrazó. Hasta que otro horrible pensamiento se le ocurrió. Se tensó y se levantó para poder encontrar su mirada.
—Ash, espera... ¿Artemisa es dueña de tu alma?
—No, yo no soy realmente un Dark-Hunter. A diferencia de ellos, no le he dado voluntariamente mi alma. Usó mis poderes para engañarme y revivirme en contra de mi voluntad. Pero porque soy un dios, no pudo llevarse mi alma. Siempre la he tenido.
—Pero tienes el tatuaje del arco y flecha.
El cuál en este momento no estaba en su cuerpo.
—Sólo porque no quería que los otros Dark-Hunters supieran que no era uno de ellos. Sólo quería que me trataran como si fuera normal. Es la misma razón por la que tengo colmillos cada vez que están cerca, a pesar de que retroceden a menos que esté por alimentarme.
Ella sostuvo su cabeza en su mano y trazó círculos sobre su pecho.
—Sabes que no tienes que ser normal a mi alrededor, ¿verdad?
—Lo sé.
—Bien.
Y por el resto de la noche, Ash se tomó su tiempo al hacerle el amor. Mostrándole exactamente lo mucho que significaba para él y cuánto la atesoraba.
Fue justo después de la medianoche, cuando finalmente se quedó dormida de puro agotamiento. Su cuerpo totalmente saciado, Ash la cubrió con una manta antes de dejar la cama y vestirse con pantalones de cuero negro y una larga camiseta de los VG Cat Rat mangual. Colocándose su largo abrigo, se transportó de Nueva Orleáns al Monte Olimpo.
Por primera vez no fue a ver a Artemisa. En cambio, caminó a lo largo del templo de los destinos. En el momento en que puso un pie en el vestíbulo, Atropo, Cloto y Laquesis aparecieron para bloquearle el paso hacia el resto de su dominio. No es como si pudieran. Como Destino Final, él las gobernaba y ellas lo sabían.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Le preguntó Cloto, con voz chillona por su nerviosismo.
—Quería hablar contigo.
—Sobre qué.
Miró a Atropo que era alta, rubia y que lo odiaba con una pasión que él nunca llegó a entender. En ese momento, le permitió ver cada onza de la furia dentro de él.
—Si alguna vez cortais el hilo de la vida de Soteria de nuevo no hay poder existente que evite que desgarre vuestras gargantas. Vosotras tres me habéis jodido por última vez. Durante todos estos siglos, os he dejado en paz. Ahora, os estoy advirtiendo que me devolváis el favor, porque la próxima vez que os metan con mi destino, voy a terminar el vuestro
El miedo en sus rostros le dijo que lo habían entendido y aceptado totalmente su sugerencia. Perfecto.
Estaba cansado de jugar. Cuando se trataba de Soteria, no tenía sentido del humor. Cualquiera que la amenazara, se condenaba a morir.
Es así de simple.
Ella le había enseñado a aceptar finalmente lo que era. A la mierda con los demás. Porque ahora no sólo era el héroe de su madre, sino también de la pequeña mujer que poseía su corazón.
Por ella, haría cualquier cosa.
Incluso destruiría el mundo.
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