jueves, 12 de enero de 2012

A cap 18

Tory apretó los dientes ante lo indigno de la postura. Sus manos estaban encadenadas a una tabla sobre la cabeza. Las piernas tenían una tanto más de libertad, pero estaban igualmente encadenas en una amplia postura y ella lo odiaba. Era tan degradante ser maniatada así, y no ser capaz de liberarse. Ni siquiera podía rascarse la picazón de la nariz y eso la volvía loca.
Más que nada, le dio una mejor comprensión de lo que Acheron pasó y que la hizo querer matar a todos los que lo habían traicionado. ¿Cuántas veces habría estado atado así? ¿Salvajemente golpeado mientras aquellos a su alrededor alentaban y se burlaban? O peor, ¿tomando placer sexual de su humillación?
Hoy finalmente llevaron a cabo la castración de Acheron, por un crimen que sé que no cometió. Aún puedo escuchar los gritos de insoportable dolor. Los gritos rogando por piedad y muerte. La forma en que sollozaba de un modo en que nunca antes lo había oído llorar. No creo que sepa cómo el sonido de su miseria hacía eco a través de las paredes. Cómo esos gritos marcaron mi alma. Y dudo si seré capaz de silenciarlos de mi corazón.
Las palabras de Ryssa le llegaron. Ahora entendía completamente lo que Ash había sufrido como ser humano. Un peón de sus enemigos. Un peón de las brutales maquinaciones de personas que no tuvieron respeto por su vida o sus sentimientos. Asaltado, traicionado y abusado. Era increíble que siguiera cuerdo. Que no fuera despiadado y frío con un mundo que fue así con él. El hecho de que pudiera encontrar un mínimo de compasión la asombraba. Y no iba a dejar que estos imbéciles la utilizaran para lastimarlo.
Con rabia y determinación creciendo en su interior, tiró de las cadenas de sus manos tan fuerte como pudo.
Sonó una risa.
—Podrías olvidarlo. Lo único que conseguirás es hacerte daño. Y aún si te liberas, nunca sobrevivirías a los Daimons y demonios que te comerán en el instante que dejes esta habitación.
Se detuvo para mirar a Satara de pie a unos cuantos metros vestida con un traje negro, esta vez con el cabello de un profundo rojo borgoña. ¿Qué pasaba con los dioses que constantemente jugaban con su cabello?
Centró la mirada sobre Satara.
—Sabes, toda mi vida he estado orgullosa de ser griega, pero debo decir que después de ti y Artemisa, estoy empezando seriamente a odiar algo de mi herencia. ¿Es congénito o hay algo más que te hace ser una perra?
Siseó como una gata a la que se le ha pisado la cola.
—No me insultes, humana. Se supone que no debo hacerte daño. Al menos en teoría. Aunque pensándolo bien, un pequeño desarreglo en tus plumas no sería tan malo.
Tal vez eso debió atemorizarla, pero por alguna razón que no pudo imaginar, no lo hizo.
—De verdad, ¿Por qué quieres asesinar a tu tía con tanto ahínco?
Satara se mofó.
—Sirve a su engreído y corrupto trasero por once mil años y verás a qué extremos llegas por liberarte. Le ofrecí a Acheron un trato hace siglos para liberarnos y el bastardo se negó. Se merece el infierno que ella le ofrece y más. Pero yo no. A diferencia de él, no me até voluntariamente a ella. Fui forzada y de una manera u otra, me liberaré.
—Cuando Ash venga por mí…
Rió, cortando las palabras de Tory.
—No vendrá aquí, cariño. No puede. Estás en el reino del infierno Atlante. Si tu amante pone un pie aquí buscándote, su madre se libera y el mundo termina. Piensa demasiado en la humanidad para permitir que eso suceda. Así que eres mía por un tiempo. Personalmente, creo que deberíamos tener un poco de distracción.

Ash convocó a Simi fuera de su cuerpo.
Inclinando la cabeza, lo estudió como una niña pequeña.
—¿Qué sucede Akri? Te ves muy triste.
No quiso contestar la pregunta, ya que probablemente la molestaría y eso era lo último que quería.
—Te voy a dejar en el Santuario mientras hago algo.
—¿Qué vas a hacer?
Cometer suicidio probablemente, pero eso no importaba. Sólo el bienestar de Tory importaba. Sin embargo, si iba a luchar, para lo que estaba preparado, Simi podría salir para pelear a su lado y no podía permitir que la hirieran por su causa.
—Compláceme, Simikee. Voy donde tú no puedes.
Arrugó la nariz con disgusto.
—Vas a ver a esa vaca, ¿No? Bien. La Simi se quedará, así no tendrá que oír esos soplidos, resoplidos ni ninguna cosa que revuelva el estómago de un demonio. Akri, ¿Tienes idea de lo que es tener náuseas siendo un tatuaje? No es divertido, cree a tu Simi cuando dice esto.
Sacudió la cabeza, asombrado que pudiera hacerlo reír cuando se sentía tan mal.
—Te creo, Simi. Ahora quédate. —La llevó abajo donde Dev, Angel, Kyle y el resto de los osos estaban teniendo una pelea de algún tipo. Algún cliente debió hacerle un comentario a Aimee y ellos estaban contemplando hacerlo el plato especial del día siguiente.
—Voy a dejar a Simi aquí un rato —le dijo a Dev—. ¿Podríais cuidarla? —Era una pregunta retórica.
Al menos eso pensó hasta que Dev negó con la cabeza.
—Vamos a ir contigo.
Frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
—Sabemos lo que estás planeando —dijo Angel—, y vamos a ir contigo.
Estaba completamente asombrado. Cuando vio a Valerius, Talon, Kyrian, Julian, Zarek, Sin, Vane, Kyl, Katra, Fang, Tabitha y Fury entrando, todo lo que pudo hacer fue encogerse confundido.
¿Por qué estarían todos ellos ahí?
—¿Qué está pasando? —Les preguntó.
Kyrian le lanzó una divertida mirada.
—No hay uno de nosotros aquí por quien no hayas arriesgado el trasero, por algunos, más de una vez. Alexion nos contó lo que pasó con Tory y estamos aquí para cubrirte la espalda no importa qué hayas planeado.
Talon asintió.
—Wulf ya está en camino también. Llegará aquí apenas aterrice el avión y Otto lo traerá tan rápido como pueda. Él también planea unirse.
Valerius corrió a Tabitha hacia atrás.
—Tabitha no peleará. Regresará a casa pronto, pero quería hacerte saber que estará en espíritu.
Tabitha hizo una mueca.
—Es por el bebé, sino, estaría rompiendo pelotas por ti, Ash. Sabes eso.
Ash sonrió.
—Lo sé, Tabby.
—Los otros Dark-Hunters quisieron estar aquí —dijo Talon—, pero como el sol no se ha puesto aún no pudieron. Sin embargo, una vez que la resplandeciente esfera baje, estarán aquí si los necesitamos.
Estaba asombrado por la disposición a sangrar por él. Lo conmovió en un nivel que no sabía que existía. Es por eso que quería mantener su pasado en secreto. ¿Estarían dispuestos a apoyarlo si conocieran su pasado? ¿O serían como todos los demás y pasarían encima suyo?
Como Merus…
Aún así, este gesto significaba todo para él.
Miró a Kat.
—No te quiero en esta pelea.
Le gruñó.
—Papá…
—Sin discusiones —dijo cortándola—. Si Simi se queda fuera de la pelea, tú también.
Sin lanzó una grave y malvada risa.
—Me alegra tanto que sea tu padre. Y que por esta vez podamos vernos mano a mano.
Señaló con el dedo a Sin.
—Tú estás fuera de mi dormitorio esta noche. Y tú… —Giró hacia Ash—.  Simplemente me irritas. Tory es una muy buena amiga. Si algo va mal y me necesitas, más os vale que me llaméis. De otra manera, iréis todos a parar a la caseta del perro. —miró hacia atrás a su esposo—. Tú estarás en ella de todos modos.
Sin acogió su ira afablemente.
Zarek los ignoraba con su habitual desdén.
—Esto aún no significa que me gustes, Acheron. Pero te lo debo por mi esposa y mi hijo. Arriesgaría la vida por ti, porque sin ti, no tendría una mierda y lo sé.
Esa era, probablemente, lo más cercano a una declaración de amor que el hombre podría articular y honestamente lo conmovió.
—No esperaba que ninguno de vosotros me apoyara. Lucharemos no sólo contra Daimons, también lo haremos contra demonios.
Sin resopló.
—Vivo para desgarrar a los demonios. Que traigan a los bastardos.
Zarek asintió.
—Estoy de acuerdo… Adelante con la lluvia. Una cosa que aprendí de Astrid es que no se trata de encontrar refugio en una tormenta. Se trata de aprender a bailar bajo la lluvia. No me importa qué es lo que asesino, siempre y cuando me vuelva sangriento mientras lo hago.
Talon sonrió.
—Estamos aquí por ti T Rex. Así cómo has estado para nosotros.
Pensar que siempre había creído que estaba solo. Mientras entrenaba a los Dark-Hunters, o peleaba con los Were-Hunters para ayudarlos, nunca esperó que le devolvieran el favor.
—Gracias, chicos. No estoy acostumbrado a tener gente a mi espalda. —Siempre lo entregaban a sus enemigos o lo engañaban. Era bueno saber que no estaba solo—. Sé que todos teneis familia que os quieren, así que si deseais marcharos…
Vane se mofó.
—No estaríamos aquí si no quisiéramos. Val y tú peleasteis por salvar a mi hermana cuando nadie más se hubiera molestado. Y eso no lo olvido.
—Yo no he olvidado lo que los Dark-Hunters hicieron por Maggie y por mí —dijo Wren serenamente.
Fury asintió.
—Sí, somos familia. Psicótica, bizarra, con un revoltijo de personalidades que probablemente nunca se entenderán, pero aquí estamos. Ahora vamos a patear algunos culos.

Satara le sonrió cruelmente a Nick mientras lo enfrentaba a Tory.
—Piénsalo, amor. Es la venganza perfecta, ¿No es así?
Miró fijamente a la mujer, quién debía ser la más miserable de las criaturas. Alguien realmente necesitaba darle una paliza.
Satara lo dejó para ir al lado de Tory.
—Sé que no es mucho para admirar. Pero puedes pretender que me estás follando a mí. —Se paró directamente detrás de Tory, la rodeó para ahuecar los senos para que Nick los inspeccionara—. Piensa en lo mucho que mataría a Ash saber que violaste a su mujer mientras no tenía el poder de detenerte. Piensa en la culpa y agonía con la que tendría que vivir día tras día, pensando en ella gritando y suplicando por piedad mientras no había nadie que la ayudara. De sus gritos, llamándolo cuando no podía estar con ella. Es la venganza perfecta.
Tory se tiró hacia atrás y estrelló la cabeza contra la cara de la mujer.        
—Mejor alégrate de que esté atada, perra.
Satara enterró la mano en el cabello de Tory y tiró con fuerza hacia atrás.
—Es hora de amordazarte.
Una tira de paño apareció sobre el rostro de Tory.
Satara cortó la blusa con una daga con mango de oro. La arrastró contra la piel hasta que enganchó la cuchilla debajo del sujetador.
—Vamos, Nick. La pequeña perra te humilló en el Santuario. Toma tu venganza contra ella y Acheron.
Se aproximó lentamente. Cautelosamente.
Trató de gritar a través de la mordaza pero el sonido no salió. Aterrorizada, tiró de las cadenas y odió estar tan imposibilitada para defenderse.
Satara cortó el sujetador, derramando los senos hacia afuera.
—Es toda tuya.
Nick tomó el cuchillo de su mano.
Tory sintió lágrimas de frustración anegar sus ojos. ¿Cómo podía cualquier hombre digno hacerle esto a una mujer? Nunca lastimaría a otro ser de esta manera. El hecho que Satara, como mujer, orquestara la violación de otra, la hacía la más repugnante de las criaturas.
Y más valía que la mataran después, porque una vez que estuviera en libertad, los mataría.
Con los rasgos completamente impasibles, Nick tocó el filo de la cuchilla.
Satara resplandecía de satisfacción.
—Adelante, amor. Hazme sentir orgullosa.
Detuvo la mano y la miró.
—¿Sabes algo Satara? Sólo hay una persona por quien he dado todo para hacerla sentir orgullosa. —Agarró con firmeza el cuchillo, sacándose las gafas. Tory jadeó al darse cuenta que tenía los mismos ojos de plata que Acheron.
Encontró su mirada antes de volver la vista hacia Satara, quien reía con repugnante vanidad.
—Y esa persona no eres tú. —En el instante en que las palabras salieron de sus labios, enterró profundamente la daga en el vientre de Satara.
Trastabilló, jadeando mientras se cubría la herida. La sangre fluía entre los dedos. El rostro era una máscara de dolor e incredulidad.
—¿Qué estás haciendo?
—Abrazando mí destino. —Arrebató las llaves del bolsillo. Rodeándola, removió la gruesa cadena de plata del brazo de Tory y la dejó caer al piso donde aterrizó con un ruido sordo.
Satara dejó escapar un grito para alertar a su hermano mientras corría hacia la puerta.
Nick arrojó la daga al cuerpo de la mujer con precisión mortal. Ésta se estrelló contra la parte baja de su espalda y la mandó directamente al suelo.
Tory estaba demasiado atontada como para moverse mientras Nick abría las cadenas que sostenían los brazos en alto.
—¿Por qué me ayudaste?
Cuando se enderezó después de liberarle los pies, cerró la blusa sobre su pecho. Luego se sacó la chaqueta y se la extendió.
—No me malinterpretes. Odio a Ash con cada parte de mi ser y lo mataré algún día, ten en cuenta mis palabras. Pero no tengo que imaginar el dolor que sentiría si te torturara. Vivo con ese dolor cada maldito día por su causa. Escucho la voz de mi madre clamando por mi ayuda. Para que salvara su vida mientras la estaban torturando y asesinando. Por ella, soy mejor hombre de lo que Ash es. No dejaré que un inocente muera por vengarme. Tú no mereces morir más de lo que mi madre lo merecía.
Revolvió la cabeza, tratando de entender.
—Pero me amenazaste en el Santuario.
—No, sólo quise agitarlo. Nunca le haría daño a una mujer. Mi madre me crió bien.
Ella observó el cuerpo sin vida de Satara.
Se mofó ante la lástima en su rostro.
—No era una mujer, créeme. Se merecía más de lo que le hice, les hizo cosas peores a otros, incluyéndome. No volveré a ser un peón para nadie más otra vez. —La dejó para ir a sacar la daga de la espalda de Satara.
Lo siguió.
—Es Atlante, ¿No es verdad?
Sonrió vilmente.
—Asegúrate de decirle a Ash que la tengo.
Entonces la tomó del brazo y la arrastró hacia la puerta.
En el instante en que la abrió, se dio cuenta que estaban en una habitación que daba a un pasillo lleno de Daimons y demonios.
Se encogió mientras Nick maldecía por lo bajo.
—No podemos ir por ese camino, ¿Verdad?
Negó con la cabeza.
—No a menos que desees ser comida. —Estaba por empujarla cuando lo imposible sucedió. El portal en el centro del salón se abrió.
Flameaba brillante y dorado.
Y cuando se disipó, Acheron y Urian estaban ahí de pie, desafiantes, enfrentando a los Daimons.

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