miércoles, 4 de enero de 2012

Cap 18

—¿Qué estás haciendo aquí?
Dev hizo una pausa cuando encontró a Remi en la sala de la Casa Peltier. Por deferencia a los Dark‑Hunters y a otras criaturas nocturnas que los visitaban de vez en cuando, esta era la única habitación en la casa donde estaba permitido que fluyera el brillo del sol.
Había sido la habitación favorita de su madre y Dev había gastado muchas horas dentro, jugando con sus sobrinas y sobrinos.
Hoy, sin embargo, no vio la belleza del cuarto o el gusto impecable de la decoración de su madre. Hoy, era sombrío aun con el sol resplandeciendo.
El tono de Remi le irritó como un cuchillo en la espalda.
—¿Qué? ¿No puedo volver a casa?
—No me ladres a mí, imbécil. Sólo pensé que te habías convertido en el riñón interno de tu nuevo amorcito y como ella no está aquí...
—Ella no es mi amorcito —Dev empezó a dirigirse hacia las escaleras, pero Remi le detuvo.
Por una vez, había preocupación real en los ojos de Remi.
—Qué te pasa, ¿mon frere? ¿Realmente?
Eso consiguió hacerle sentir como un tonto. Era más fácil recibir las puyas eternas de Remi que lidiar con su afecto fraternal.
Eso solo le debilitó.
—Nada, Rem. Sólo estoy cansado.
Vio la duda en los ojos de Remi.
—Si tú lo dices.
Dev dio un paso, entonces hizo una pausa mientras las palabras de Sam acerca de su hermano más rudo le traspasaban. Era tan incongruente con todo lo que sabía acerca de él. Y todavía la curiosidad hundía sus nocivas garras en él para que tuviera que tener una respuesta.
—¿Escuchas en realidad a las Indigo Girls y ves Ojala fuera cierto?
La cara de Remi palideció.
—¿De qué hablas?
Dev habría estallado de risa, pero el puro impacto de hacer confirmar a Remi el disparate de Sam le impidió hacerlo. Queridos dioses, era cierto. Su hermano tenía un lado totalmente suave que nunca habría adivinado.
Remi probablemente todavía lloraba al ver Bambi....
Maldición. ¿Qué era lo siguiente? ¿Dobermans amamantando gatitos? Todo el concepto le trastocó toda la percepción del orden natural del mundo. Era tan totalmente jodido...
—Nada. Fue simplemente un pajarito que oí en mi oído.
Remi frunció los labios y los ojos le llamearon de forma asesina.
—Si, bueno, me conoces mejor que eso. Veo películas sangrientas de horror y escucho death metal.
Y él escuchaba a Amy Ray y Emily Sailors. El pensamiento era graciosísimo porque su hermano lo había negado. Honestamente, a él también le gustaban. Pero tampoco lo admitiría nunca.
Contuvo una sonrisa mientras se dirigía arriba hacia su cuarto. Pero en el momento en que abrió la puerta y su mirada cayó en la cama arrugada, su diversión murió bajo un recordatorio amargo de Sam haciendo el amor con él. Cada sentido que poseía fue lleno repentinamente de recuerdos de ella y le golpeó como una patada en los huevos.
¿Cómo podía haber llegado a ser tan importante para él cuando acababan de conocerse?
Y aun así no podía negar el dolor que sentía por no estar con ella.
«Amé a tu padre en el primer momento que puse los ojos en él. No podía creer que siendo tan precioso hubiese sido cortado de la sangre y hueso de mis enemigos y todavía... él es el único con quien podría verme a mí misma alguna vez y estoy agradecida de que las Destinos lo vieran de la misma forma en que yo lo hice. Estaría perdida y desolada sin él».
Esa fue la única conversación que había tenido con su madre sobre emparejarse. Sus padres habían sido una de las raras parejas de Were‑Hunters que fueron emparejados desde la primera vez que habían tenido sexo.
Para el resto de ellos podría tomar docenas de encuentros.
O nunca.
Él bajó la mirada a la palma desnuda. Cuando había sido más joven, lleno de sueños estúpidos, había intentado imaginarse a que se parecería su símbolo de emparejamiento. Mientras los símbolos del clan eran similares para la especie, cada uno era único para la pareja. Y cuando era niño, se pintó uno solamente para verlo.
Como hombre, había estado agradecido de que nadie le hubiera marcado. Al ser una unión de dos personas, también venía con un pesado compromiso. Uno del cual nunca podrían volver a salir.
Cerró el puño apretadamente. No necesito una compañera. Estaba más feliz solo.
Pero cuando pensó en Sam, supo que era totalmente una mentira. Sería más feliz con ella.
Y ella no tenía ningún uso para él en absoluto.

Se suponía que Urian se encontraría con su fuente en el Santuario para que pudiera recoger más información acerca del plan de Stryker para Acheron. Él y Davyn siempre habían intentado escoger lugares donde no hubiera posibilidad de que cualquiera de las personas de Stryker los viera juntos. Si Stryker alguna vez se enterase de que Urian todavía hablaba con su viejo amigo, mataría a Davyn inmediatamente.
Y no sería rápido.
Se frotó el cuello donde su padre le había cortado la garganta en un momento de ira porque Urian había intentado ser feliz durante cinco segundos. El recuerdo amargo de esa noche nunca se encontraba muy lejos de la superficie y lo tenía grabado con sangre sobre el corazón. Había adorado a su padre durante toda su vida, había cometido toda clase de atrocidades para complacerle.
¿Y para qué?
¿Para qué el bastardo pudiera matar a su esposa y luego cortarle el cuello la primera vez que le disgustó?
Un día tendré mi venganza.
Aunque fuese lo último que hiciera, mataría a Stryker por lo que le había arrebatado.
—Vamos, Davyn, ten algo bueno para mí —Urian se acercó a la barra para pedir una cerveza mientras esperaba.
Colt se la entregó. Sin una palabra, Urian se paseó hasta el área de juego.
Revisó el reloj. Davyn se estaba retrasando. Algo altamente inusual en él.
¿Se habría enterado Stryker? El mero pensamiento hizo que se le helara la sangre.
Repentinamente, un cosquilleo familiar le bajó por la columna vertebral alertándole de que había un Daimon en el local. Escudriñó el bar medio abarrotado, buscando a su amigo.
Vio un destello de blanco cabello rubio en un rincón lejano y se dirigió hacia él.
No fue hasta que le tuvo a la vista que se percató que no era Davyn. Ésta era una mujer y cuando se dio la vuelta en su dirección, sintió como si alguien le hubiera atontado de un puñetazo.
No, no podía ser...
No era posible.
—¿Tannis?
La mujer le miró frunciendo el ceño como si el nombre y su cara no significaran nada para ella.
Excepto que para él ese nombre lo había significado todo.
El tiempo se detuvo mientras fue llevado de regreso al día en el que su hermana menor había muerto. A diferencia de él y sus hermanos, ella había sido demasiado gentil y amable para tomar una vida humana para poder vivir. Así que ella se había marchitado hasta convertirse en polvo en su vigésimo séptimo cumpleaños. El dolor de su decaimiento había provocado que ella gritara hasta que la garganta le sangró. Y aún así no había tenido paz. Ni misericordia. Había sido la muerte más tormentosa imaginable.
Una dada a ella por la maldición de su abuelo.
Después de que recogieran sus restos y los sepultaran, nunca volvieron a mencionar su nombre en voz alta.
Pero Urian la recordaba. ¿Cómo podría olvidar alguna vez a la niñita que había protegido y defendido? Por la que él habría matado para proteger.
Antes de que Apolo les hubiera maldecido, la habían llamado Diana para honrar a su tía abuela Artemisa. Entonces, después de que su abuelo hubiera maldecido a su raza, Stryker se había negado a volver a llamarla Diana. No había querido recordatorios de la familia olímpica que les había traicionado. Especialmente, dado que Artemisa fue la que creó a los Dark‑Hunters para que los cazaran y los mataran.
Diana había estado más que feliz de cambiar su nombre.
Pero ésta no era Tannis.
Ella está muerta. La había visto corromperse en polvo con sus propios ojos. Aún así, esta mujer era una copia física completa de ella, excepto por la forma en la que se movía. Mientras Tannis había sido vacilante y delicada, esta mujer era confiada y decidida. Fluida. Se movía como un guerrero listo para matar.
Antes de que pudiera recapacitar, cerró la distancia entre ellos.
Medea se giró cuando una sombra cayó sobre ella. Esperando que fuera su informante, se quedó anonadada cuando vio la cara de su padre.
Pero este hombre era diferente. En lugar del corto pelo negro teñido de su padre, el de él era largo y blanco nieve, peinado hacia atrás en una cola de caballo. Era también un poco más alto. No evidente al principio, aunque innegable mientras él se acercaba.
Aun así, no se podía negar la similitud de sus facciones. Éste era el doble de su padre.
—¿Quién eres tú? —preguntaron simultáneamente.
Medea vaciló cuando él no contestó de inmediato. ¿Por qué estaba siendo reservado cuando era obvio que era un pariente suyo que no había conocido? ¿Tal vez un primo de su padre del que aún no estaba enterada?
La curiosidad la venció así que contestó primero.
—Soy Medea.
—Medea...—pareció quedar perplejo por su nombre—. Soy Urian.
Urian.
Se quedó sin aliento ante el nombre del hermanastro misterioso de quien ella había sabido, pero nunca había esperado conocer. Él era ahora un sirviente de Acheron. Enemigo para todos ellos desde que traicionó a su padre.
—¡Sucio traidor! —escupió.
No se lo tomó muy bien ya que la agarró del brazo y la atrajo bruscamente hacia él.
—¿Quién eres tú?
Ella quería ver el impacto en su cara cuando ella le dijera la verdad.
—Tú hermana.
Urian pestañeó dos veces mientras asimilaba las noticias. Sólo había tenido una hermana. No había forma de que pudiera tener otra y no saberlo.
—¿Cómo?
—Stryker se casó con mi madre, entonces se divorció para casarse con la tuya. Estaba embarazada de mí por aquel entonces y él nunca lo supo.
La mandíbula se le aflojó. ¿Por qué no le había contado Davyn sobre esto? Davyn le había contado que la primera esposa de Stryker había regresado, pero una hermana...
Una hermana viviente, real. ¿Por qué mantendría Davyn eso en secreto? Repentinamente recordó a Acheron diciéndole.... ¡mierda! El bastardo había eliminado ese recuerdo. ¿Por qué Ash haría eso?
Y con ese pensamiento vino un sentimiento realmente malo.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Visitando lugares de interés.
Él se lo pensó mejor, especialmente con alguien engendrado por su padre.
—Eres espía de Stryker.
Ella liberó el brazo de su agarre de un tirón.
—No utilices ese tono conmigo, niñito. Tú le serviste también y durante bastantes más siglos.
Ese pensamiento le enfermó.
—Y pagué un precio muy alto por esa estupidez ciega. Confía en mí.
Ella escudriñó su cuerpo.
—No sé. Para mí, te ves bastante saludable y feliz.
—Sí, correcto. Déjame decirte algo, niñita, era su favorito. Su orgullo y su alegría por encima de todos los demás. Durante miles de años presté servicio a su lado, haciendo todo lo que me pidió. Todo. Sin pregunta o vacilación. Y en un parpadeo, porque me atreví a casarme sin su permiso, me cortó el cuello. Literalmente.
—Te cortó la garganta porque te casaste con su enemiga.
Sí, correcto. No tenía nada que ver con quien se casó y todo que ver con el ego de su padre. Stryker no podía soportar el pensamiento de alguien cuestionando su autoridad.
Ni siquiera su propio hijo.
—Me casé con una mujer amable y gentil que nunca lastimó a un alma en su vida. No era una guerrera. Era una inocente transeúnte cuyo único error fue enamorarse de un monstruo. —Y humanizarle. Hacerle preocuparse de alguien aparte de sí mismo y vendería el alma si así pudiera tener un momento más con ella— No te engañes ni por un minuto. Stryker se volverá contra ti, tal como se volvió contra mí.
—Estás equivocado acerca de eso.
—Por tu bien, hermana. Espero, por los dioses, estarlo —pero lo malo era que tenía mejor criterio. Era sólo cuestión de tiempo antes de que su padre fuera tras de ella, también.

Sam se sintió perdida en la casa de Nick. Era enorme. Pero, afortunadamente tenía todas las ventanas cerradas aunque sabía por los detalles en la protección que, por alguna razón, él podía caminar a la luz del día. Nadie estaba seguro de porqué y Ash se rehusaba a hacer comentarios sobre eso.
Ellos habían aventurado todo tipo de suposiciones. Desde que él era en realidad un demonio en la Central Daimons, hasta el hecho de que él dormía con Artemisa. Los rumores de los Dark‑Hunter podían ser tan creativos como entretenidos.
Personalmente, creía que era el resultado del hecho de no haber sido asesinado como el resto de ellos.
Él se había suicidado por venganza. De alguna manera, estaba convencida, eso había alterado sus poderes de Dark‑Hunter y le había provocado algo más que al resto de ellos. Sospechaba que Acheron sabía lo que él era y temía decírselo al resto de ellos.
Quizás la gente allegada a él, la que estaba encargada de protegerle, era un resultado de su renacimiento antinatural. Cualquiera que fuese la verdad, Ash y Nick lo guardaban a buen recaudo.
Sam suspiró mientras apartaba esos pensamientos. Por mucho que lo considerara cuidadosamente, no recibiría una respuesta. Y ahora mismo, debería estar durmiendo. Pero parecía no poder conseguirlo. Tenía las emociones demasiado en carne viva y sangrando.
Quería a Dev, y eso era lo único que no podía tener.
Sin pensar, extendió la mano y tocó una de las fotos en la pared de Dev y Nick jugando al billar. En el momento en que lo hizo, sus poderes surgieron y vio ese momento ocurriendo con claridad cristalina.
—Ven aquí, tú, pequeño luchador —Dev se reía mientras acercaba a Nick al borde de la mesa para su tiro—. Pégale a eso y te pagaré cien dólares.
Nick se quedó mirando boquiabierto.
—¡Amigo! Eres tan... hum, ¿tengo que pagarte si pierdo?
Sonriendo abiertamente, Dev negó con la cabeza y despeinó el pelo corto de Nick.
—No, pero tendrás que lavar los platos durante una semana.
—Eso apesta.
Dev chasqueó la lengua.
—¿Eres un cobarde?
—Oh estás acabado, Oso. Abre la cartera. Papá va a mostrarte como se hace. —Nick alineó el tiro.
Dev bailó alrededor de la mesa, tratando de distraerle.
—Tu madre es un hámster y huele a bayas de saúco.
Nick se mofó de la referencia al Monty Python.
—No sé de que hablas, Grizzly Adams. Eres aquel cuya madre está cubierta de pelaje. Mi mamá sólo usa lentejuelas.
Dejó volar el taco y las bolas se esparcieron en todas direcciones sobre la mesa. Increíblemente, hizo el disparo en el hueco superior de la izquierda como un profesional.
—¡Ja! —gritó triunfalmente.
Dev bufó.
—Tiro con suerte —pero no había sido afortunado. Dev había usado sus poderes para poner la bola en el hueco correcto. Nick no tenía ni idea.
Pretendiendo estar disgustado, Dev había retirado el dinero y se lo había entregado a Nick.
—La próxima vez, niño, es doble o nada.
—Tonto. La próxima vez no me arriesgaré a perder.
Dev sacudió con fuerza la barbilla hacia el dinero en la mano de Nick.
—Así que, ¿qué vas a hacer con todo eso?
Nick lo enrolló y se lo deslizó en el bolsillo.
—Voy a llevar a mi mamá a Brennan a comer por el Día de la Madre. Ella no ha estado allí antes y siempre lo ha querido.
Dev le palmeó en la espalda.
—Está bien, Tahúr del Billar. Que lo pases bien. Mejor regreso al trabajo antes de que tú me dejes completamente limpio.
Nick había vuelto a colocar las bolas sobre la mesa cuando Dev volvió a su posición en la puerta.
Sam tragó ante su bondad, que hizo más profundo su dolor. Dev, a diferencia de Nick, no había cambiado ni un poco.
—¿Qué estás haciendo?
Ella brincó ante el sonido de la profunda voz de Nick detrás de ella.
—Sólo estaba mirando tus fotos.
Nick avanzó para ver la suya y de Dev. Había una tristeza en sus ojos que, realmente, le trajo un nudo a la garganta.
—Tuvimos un montón de buenos momentos en aquellos tiempos. Mi mamá acostumbraba ahorrar para enmarcar todo lo que podía.
Las ponía sobre la pared y las rotaba al azar. Había sido un juego que ella había jugado con Nick para recordarle las cosas que ella pensaba que eran importantes en su vida.
Amigos. Familia. Sonrisas.
Su mamá había sido una gran dama.
Sam se aclaró la voz.
—Tú y Dev parecéis bastante tensos.
—Él fue siempre un buen amigo para mí por esa razón me alegro de que le enviaras a casa.
Sus palabras no concordaban con los sentimientos que recibía de él cada vez que estaba junto a Dev.
Ni correspondían a las emociones que ella percibía de él ahora mismo.
—¿Entonces por qué le odias?
Nick se puso rígido.
—No le odio. Solamente estoy disgustado... básicamente con el mundo entero. Dev le permitió a mi mamá dejar el Santuario con un Daimon disfrazado como Dark‑Hunter.
—Dev no lo haría nunca...
—Lo sé, Sam. —Ella sintió su dolor mientras él decía esas palabras con voz temblorosa—. Él no tenía ni idea de que la había puesto en peligro y sé que nunca lo hubiera hecho intencionadamente. Pero no puedo lograr sobreponerme a esa noche y no puedo perdonar a alguien que intervino en su muerte. Simplemente no puedo.
Ella podía comprender eso.
—Es difícil estar viviendo con esa clase de culpabilidad todo el tiempo.
—No tienes ni idea.
—Estás equivocado, Nick. Sé exactamente cómo es observar a la gente que amé más que nada ser asesinada mientras estaba impotente para salvarlos. Yo, que dediqué mi vida entera a pelear, no podía salvar a las mismas personas que había prometido amar y proteger. ¿Cómo pude no haberlos salvado?
Un tic empezó en su mejilla.
—¿Cómo estás viviendo con eso?
Ella contestó honestamente.
—Coléricamente. Cada día. Cada noche. Quiero sangre, y todo el asesinato en el mundo nunca lo cambia. Nunca lo alivia.
Él dejó escapar un suspiro cansado.
—¿Así es cómo me sentiré siempre?
—A menos que puedas encontrar otra razón para vivir. Encontrar algo que te de paz.
Él bajó la mirada hacia ella.
—¿Has encontrado tú esa paz?
Sí, ella lo había hecho. Pero era tan melodramático y trillado que no podía obligarse a admitirlo.
—Un sabio una vez me dijo que la paz tiene que llegar desde el interior. Tenemos que aprender a conocernos a nosotros mismos antes de que podamos ubicarnos en el mundo.
Nick frunció los labios.
—Acheron.
Ella sonrió.
—¿Te lo ha dicho a ti, también?
—No. No hablamos mucho estos días, pero suena como a algo que él diría —la mirada se le oscureció—. No confíes en Acheron, Sam. Él no es lo que parece.
Ella sintió....
Sam se concentró, pero no pudo conseguir descifrarlo exactamente. Había algo que Nick sabía que ninguno del resto de ellos conocía. Fue como si odiara a Acheron por la misma cosa acerca de él que protegía.
Tenía poco sentido, pero no había ninguna duda en lo que sintió. Nick conocía un gran secreto sobre Ash.
Y conocía uno acerca de sí mismo que moriría antes de entregarlo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, intentando obligarle a expresar lo que ella estaba sintiendo.
Él se rehusó a explicarse.
—Créeme, hay bastante más sobre él y no es realmente a nuestro favor —con eso, se fue de pronto para dejarla a solas.
Sam frunció el ceño ante su hostilidad. Parte de ella sabía que había bastante más de Ash de lo que permitía ver a los demás. Pero ante todo no creía ni por un instante que alguna vez pudiera lastimar a cualquiera de ellos.
Nick por otra parte...
No confiaba en él en absoluto. Estaba infectado por la maldad. Estaba segura de eso.
Con el corazón pesado, retomó el camino de regreso a su cuarto, deseando que Dev estuviera con ella.
Hice lo correcto.
Él estaba a salvo y eso era todo lo que importaba.
Sam acababa de llegar a la habitación cuando sintió que la mano le comenzaba a arder. Siseando, sopló a través de la palma, tratando de apaciguarlo.
Justo cuando estaba lista para gritar del dolor, dejó de arder.
Para su instantáneo horror, observó como un diseño se dibujaba a través de la carne. Allí, en la palma, había una marca que se parecía a una garra de oso.
Oh mierda.
Estaba emparejada....

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