miércoles, 4 de enero de 2012

Cap 13

Dev se detuvo en la puerta de la oficina del Santuario. Igual que hacía siempre que entraba y veía el escritorio vacío de su madre, sintió un nudo en el estómago. Nadie había movido nada de lo que estaba sobre él. No habían tenido corazón para hacerlo. Incluso el último bolígrafo que su madre había usado estaba justo donde lo había dejado, al lado del teléfono. Era tan extraño. Y mientras se mantuviera de esa manera, él seguía esperando verla ahí, mirando por encima del borde de las gafas mientras esperaba que él dijera algo.
Tenía sentimientos encontrados en lo que a ella se refería. La había amado más que a nada y sin embargo…
No había sido realmente amorosa. Una verdadera mama osa en todo el sentido de la palabra, había sido feroz y severa. Aunque podía mostrar afecto, especialmente hacia aquellos que favorecía como Griffe, Bastien, Kyle y Aimee, no había sido fácil para ella. Había esperado sólo lo mejor de ellos y había sido realmente rápida para dejarles saber cuándo le fallaban. Más que todo, jamás se había abstenido de castigar severamente a cualquiera de ellos, incluyendo a sus favoritos, cuando creía que la habían jodido o que habían puesto en peligro a la familia.
Pero no era por eso por lo que estaba allí o por lo que estaba estimulado. La única cosa que necesitaba tener en la mente ahora mismo era a Samia.
Había ido allí buscando a Aimee. Estaba sentada en el escritorio a lo largo de la pared justo como lo hacía cada día mientras se encargaba del papeleo. Como su madre, podía ser realmente desagradable cuando se interponían en su camino o la interrumpían, pero había una bondad innata en ella que suavizaba incluso sus peores estados de ánimo.
—Hola, cariño —dijo con una sonrisa cuando alzó la mirada y le vio. De alguna forma, siempre había sido capaz de diferenciarlo de sus idénticos hermanos—. ¿Cómo les está yendo en el Club Charonte?
—Nos estaba yendo genial hasta que un demonio entró y raptó a Sam.
Ella jadeó.
—¿Has visto a Fang? Traté de llamarle pero saltó directamente el buzón de voz. —Y esa era la razón por la que había regresado al Santuario. Necesitaban que Fang siguiera el rastro del demonio tan pronto como fuera posible.
—Está con Remi ayudando a descargar un envío en el congelador. ¿Necesitas que te ayude a buscarla?
Eso explicaba la mala recepción telefónica. El acero del congelador era tan grueso que ni siquiera un arma nuclear sería capaz de penetrarlo.
—Gracias, pero preferiría que te mantuvieras al margen esta vez. No quiero estar sacándote de otro mundo demoniaco en un futuro próximo y estoy seguro que Fang siente de la misma manera.
Ella emitió un sonido de irritación.
Cuando comenzó a salir, le detuvo.
—¿Dev?
—¿Sí?
—¿Estás bien? —Vio la preocupación en su rostro mientras le estudiaba—. Te ves… extraño.
¿Extraño? Se sentía horrible. No sabía por qué pero seguía reviviendo la noche en que sus hermanos habían muerto. Estaba devorado por ese mismo sentimiento de indefensión y lo odiaba. No podía soportar la idea de que alguien que le importaba estuviera en peligro.
Sam no es nada para ti. No realmente. Ellos eran poco más que extraños.
No se sentía así. Había una parte de ella que vivía dentro de él aún cuando sabía que jamás podrían ser nada más que amigos.
Quizá sexo ocasional.
No pienses en ello. Especialmente no con su hermana mirándole. Eso simplemente era espeluznante como el infierno.
—Estoy bien. —Nunca dejaría a Aimee saber la verdad. Por otra parte, nunca dejaba a nadie saber cómo se sentía. Lo escondía detrás de chistes y sarcasmo.
Era más seguro así.
Cerrando la puerta, destelló al congelador donde Fang y Remi estaban almacenando carne.
Alzando una pesada caja hacia un estante, Remi frunció los labios ante la inesperada aparición de Dev.
—Era de suponer que aparecerías cuando todo el trabajo pesado estuviera hecho. Siempre has tenido un don especial para eso.
Ignorando a Remi, Dev se dirigió hacia Fang que estaba sobre una escalera de mano.
—Fang, necesito tu experiencia en demonios.
Fang se alejó de las cajas de carne que estaba reorganizando para mirarle.
—¿Por qué?
Dev le miró con cara de gilipollas.
—Por demonios, obviamente.
Fang le sacó el dedo mientras se bajaba de la escalera.
—De nuevo, ¿Por qué vivo aquí con ustedes?
Remi bufó.
—Porque amas a nuestra hermana y ella no se irá. Créeme, lo sé. He tratado de ahuyentarla durante años.
Fang negó con la cabeza hacia Remi y luego se volvió hacia Dev.
—¿Qué sucede?
—Uno de los empusae se llevó a Sam y no podemos encontrarla. Necesito que me digas donde buscar.
Fang emitió un silbido bajo.
—Un empusae no es una cosa fácil de rastrear. ¿Estás seguro de qué fue uno de ellos quien la raptó?
—Eso es lo que Chi dijo.
—Ella lo sabría. —Fang se rascó la barbilla—. Maldición. Esto no es bueno. Dame un minuto para consultar a mi gente y luego me pondré en contacto contigo.
—¿Podrías darte prisa? Tengo el presentimiento de que el empusae que se la llevó es el mismo que vino aquí disfrazado de Nick. Si tengo razón, entonces está trabajando con Stryker, y de ser así, puedes apostar que no están tratando bien a Sam en el Hotel Central de Daimons.

Lazaros rugió a través de Kalosis en su forma de dragón. La furia quemaba profundamente en su interior mientras usaba sus poderes para encontrar a Stryker, que estaba a solas en su estudio, en la sala principal. Voló hacia la pared del edificio sin disminuir la velocidad. Justo cuando debería haberse estrellado contra ella, usó sus poderes para atravesarla.
El señor de los Daimon arqueó una ceja cuando Lazaros se manifestó en su verdadera forma demonio ante su ricamente tallado escritorio. Pero aparte de eso, no tuvo ninguna otra reacción real.
Porque Lazaros, como todos los empusae que descendían de la diosa Empusa, sólo tenía una pierna en su forma de demonio. Pero una pierna era todo lo que necesitaba para patearles el culo a sus enemigos.
Y ahora mismo, quería clavar su pie directamente en el esfínter de Stryker.
—¿Por qué no me dijiste que Nick Gautier era el Malachai?
Stryker dejo escapar un largo y sufrido suspiro mientras se ahuecaba la cabeza con las manos y se recostaba en su acolchada silla de cuero.
—¿Qué pasa con todos ustedes mariquitas que esa simple palabra hace que regresen a mí con el rabo entre las piernas lloriqueando sobre cómo se mearon encima porque le vieron? Sí, él es el Malachai, ¿y a quien mierda le importa?
Lazaros se movió para lanzarle una ráfaga de energía.
Stryker capturó la ráfaga y se la envió de vuelta multiplicada por diez con un contraataque tan poderoso que inmovilizó al demonio contra la pared que estaba encima de la chimenea de mármol. Apretó el agarre, dejando que el demonio se retorciera en una agonía.
—Gautier no es el único con talento. Harías bien en recordar que yo, también, tengo poderes de Dios. Y realmente, no estoy asustado de usarlos.
Lazaros rugió de rabia.
—Oh, cállate. —Stryker usó sus poderes para amordazarle.
Al menos, tanto como pudo. El demonio aún gruñía y bramaba como un animal enjaulado.
Stryker dejo escapar un suspiro frustrado mientras bajaba al demonio al suelo.
—Te envíe por Gautier porque sabía que sería fácil de manipular en este momento. Sus poderes están creciendo pero aún no se comparan con los nuestros. Si no fueras tan idiota, hubieses sido capaz de poseerlo como yo quería y volver a los otros contra él.
Necesitaba que Nick huyera.
Pero ese era su plan de apoyo en caso de que el primero fallara. Y más vale que eso no pasara.
Y ahora mismo, quería a Samia.
Miró a Lazaros.
—Si te libero, ¿puedes ser un demonio adulto durante cinco minutos?
Lazaros le devolvió la mirada con un gruñido de rabia.
—No lo creo, pero voy a retirar la mordaza de todos modos, simplemente porque es la clase de tío que soy. No me hagas arrepentirme. Si lo haces, no te amordazaré la próxima vez. Te decapitaré.
Lazaros dio un paso al frente, pero sabiamente controló su estupidez.
—Eres un gilipollas.
—Viene con el paquete de Rey de los Malotes. Sería algo difícil gobernar al ejército de los malditos si fuera el Rey de la Bondad.
Lazaros le fulminó con la mirada.
—Oh, deja de hacerme perder el tiempo con esas patéticas miradas. Y hablando de eso, ¿Qué cursi excusa me darás esta vez para explicar que Samia no esté contigo?
—Fui atacado en la calle por algo que jamás había visto antes.
Stryker se burló de eso.
—Los llaman mosquitos. Sé que son bastante más grandes en Nueva Orleáns pero…
—Deja el sarcasmo. Era un demonio con los poderes mezclados de un Dark‑Hunter y un Daimon.
Stryker se congeló mientras una campana poco deseada le sonaba en la cabeza. Una campana que había logrado mantenerse fuera de juego desde hacía unos años. Era bueno saber que finalmente había resurgido.
—¿Cael?
—Sí, así fue como la otra mujer le llamó.
—Hijo de puta…
Stryker paseaba alrededor de su oficina mientras la mente giraba con la nueva información. La esposa de Cael, Amaranda, había sido una Apolita en Seattle. Aún no estaba seguro de cómo un clan de Apolitas, no sólo le había dado refugio a un Dark‑Hunter sino que además le habían protegido, pero aún así, era cierto. Unos pocos años atrás un ataque había dejado a Cael y a su esposa convertidos en Daimons.
Nadie había oído nada de ellos desde entonces.
¿Por qué estaban aquí? ¿Por qué ahora? ¿Habían descubierto su truco con la sangre de demonio? ¿O había algo más manteniéndolos con vida? No podía imaginarse a un Dark‑Hunter tomando una vida humana, ni siquiera por la pura razón de sobrevivir…
Quizás la esencia demoníaca que Lazaros había sentido dentro de ellos era el mismo truco que él y su ejército estaban usando para darle poder a su existencia de Daimon. ¿Qué le haría esa sangre a un Dark‑Hunter?
Era una posibilidad muy intrigante.
—¿Te dijo algo?
—Básicamente, me dijo que muriera silenciosamente. Algo así como lo que me dijiste tú.
Stryker hizo una mueca al escuchar el miedo en el tono de Lazaros. Esto no podía ser bueno. No para ellos. Se negaba a creer que era una coincidencia. No creía en las coincidencias.
Todo sucedía por una razón. Todo. Lo que le hacía preguntarse si Cael había sabido que Stryker enviaría a Lazaros por Samia. O ¿era Cael uno de sus protectores también?
Entornó la especulativa mirada sobre el demonio.
—¿Les dijiste algo?
Por la mirada en el rostro de Lazaros era obvio que el demonio quería derramar sus tripas en el suelo. Era una lástima que careciera de las habilidades o del coraje para hacerlo. Stryker siempre estaba dispuesto a tener una buena pelea.
—Por supuesto que no.
—Bien. —No tenía que matar al bastardo después de todo—. Ahora, sé un pequeño demonio obediente. Vete y déjame pensar.
Lazaros dio un paso hacia la puerta, y entonces se detuvo.
—No he terminado con ella, Stryker. Asesinó a mi familia, y ahora que me has liberado, no descansaré hasta que sostenga su corazón en mi puño.
Y esa era la razón por la que Stryker había descendido a los dominios de su tío abuelo Hades. Una vez que había investigado el pasado de Samia, había descubierto los orígenes del pacto de su hermana y el demonio con el que lo había hecho. La estúpida de Samia había asumido que fue un Daimon quien asesinó a su esposo e hija.
No lo fue.
Los Daimons no podían hacer tratos de esa naturaleza. Solo los dioses y semidioses podían, y Samia tenía suerte de que Artemisa la hubiese cubierto después de que Sam hubiese matado salvajemente al hermano de Lazaros. Pero por ese raro acto de altruismo por parte de Artemisa, Samia hubiese sido asesinada inmediatamente. En cambio, Artemisa había encerrado a Lazaros en el tártaro para mantenerlo alejado de su mascota, la guerrera Amazona.
Ahora, Stryker tenía la llave de la existencia del demonio semidios.
—Bien. Sólo asegúrate de que me la traerás antes de asesinarla. Mis necesidades están por encima de las tuyas, y si me fallas en esto, te juro que lo que te haré hará parecer el castigo de Prometeo un viaje de placer por la playa.
Samia era la clave para asesinar a su padre y adueñarse del mundo. Nada iba a detenerlo esta vez.

Fang los destelló dentro de un pasillo oscuro y lleno de maldad. De no ser por la visión afilada de Dev, estaría ciego. Colocó la mano sobre el hombro de Dev para evitar que siguiera andando.
—Recuerda, Oso, déjame hablar a mí. No hables a menos que Thorn te pregunte algo.
Dev se encogió de hombros para alejarse de su toque. No sabía quién era Thorn pues Fang se había negado a dar detalles. Honestamente, no le importaba. Todo lo que importaba era el hecho de que esta… persona había tomado a Sam bajo custodia y sólo eso garantizaba su muerte.
—Yo no juego esta mierda enigmática, Lobo.
—Y yo no quiero limpiar tus entrañas. Ni tampoco decirle a Aimee que su amado hermano fue estaqueado sobre el piso. ¿Comprendes?
—Entendido.
—No creo que lo entiendas. Thorn es la encarnación del mal. Piensa en Savitar con esteroides.
Eso logró que Dev vacilara. Savitar supervisaba el consejo del Omegrion ante el que todos los Were‑Hunter respondían. Nadia sabía quién o que era. Solo sabían que era lo más cercano a omnipotente que un ser podía ser y que cualquiera que se cruzara en su camino no vivía lo suficiente para arrepentirse.
De hecho, Savitar había extinguido a una especie entera de Were‑Hunter cuando ellos habían incursionado en algo que le irritaba. Desde entonces, todo el mundo trataba de eludirle.
—Entendido. Thorn manda aquí. Mantener mi boca cerrada.
Inclinando la cabeza hacia él, Fang se apartó para conducirle por un espeluznante y oscuro pasillo que parecía extenderse infinitamente. No había luz en absoluto. Sin embargo, Fang navegaba por el pasillo como un profesional. No fue hasta que se acercaron a una puerta que Dev pudo ver la luz del fuego bailando a través de la grieta en la parte inferior.
Dev aún no estaba seguro de donde era aquí. Un minuto habían estado en el congelador donde Fang hablaba con su “gente” y al siguiente Fang los había teletransportado a una especie de vacío sin luz que le recordaba al Reino de las Tinieblas.
O a un mal episodio de Night Gallery.
Sin embargo, tampoco era eso. Era casi como un vacío… como el espacio sin estrellas.
Tirando de él para detenerle, Fang llamó a la puerta. El sonido hizo eco alrededor de ellos. Un latido de corazón después, una luz salió del techo para iluminar la puerta, así que Dev pudo ver la construcción medieval que incluso tenía remaches alrededor de la parte externa de la puerta. El acero que estaba al nivel de los ojos se arremolinó y formó el rostro de una mujer demonio con ojos rojos brillantes y colmillos.
Ella los recorrió con la mirada antes de hablar.
—El maestro está ocupado.
Fang no dudó.
—Necesito verle.
Siseó, mostrando sus colmillos.
—Déjame pasar, Shara. No estaría aquí si no fuera importante.
Ella le chasqueó la lengua.
—Eres valiente, Lobo. Muy valiente. O quizás estúpido es un término mejor. De todos los seres que sirven aquí, tú deberías saberlo mejor.
Se derritió de nuevo en la puerta.
—¿Quién es ella? —le preguntó Dev a Fang.
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió lentamente sobre una bisagra tan bien engrasada que no emitió ni siquiera un sonido susurrante.
La luz se derramó en la sala, hiriéndole los ojos hasta que estos se ajustaron a ella.
El demonio era ahora una mujer hermosa y esbelta de aproximadamente veintidós años. Con orejas puntiagudas y corto cabello negro, llevaba puesto un vestido rojo y transparente que dejaba todas las partes de su cuerpo expuestas a ellos.
Lamiéndose los labios, le dirigió a Dev una ardiente mirada que le dejó extrañamente frío. No estaba interesado en ninguna mujer en este momento, excepto por cierta Amazona.
Cerró la puerta y los condujo desde una pequeña y espartana antecámara hacia un oscuro cuarto donde antiguas armas colgaban de las paredes como decoración. Espadas, hachas, lanzas… Algunas otras que Dev ni siquiera podía identificar. En una esquina, había un enorme y finamente tallado escritorio con un mullido sillón. Las tallas eran tan intrincadas que parecía que las gárgolas cobrarían vida en cualquier segundo y atacarían.
Fang le condujo hacia una silla individual, o trono sería un término más apropiado. Como el escritorio, era enorme y tallado con cabezas de dragones. A medida que se acercaban, las tallas abrían los ojos para mostrar pupilas rojas y amarillas que se centraban en ellos con interés.
Uno de los dragones soltó un eructo de fuego, impidiéndole a Fang acercarse más.
Dev frunció el ceño ante el hombre que estaba sentado allí. Impecablemente vestido con un traje negro de seda y lana, había dejado el primer botón de su camisa negra desabrochado. Dev vio el atisbo de una cicatriz que le atravesaba la clavícula donde parecía que alguien había intentado cortarle la garganta alguna vez.
Sus facciones eran tan perfectas que habría lucido femenino de no ser por el aura letal de estoy-planeando-limpiarme-los-dientes-con-tu-columna-vertebral que poseía. Entrecerró en Fang una fría y oscura mirada, y después la desplazó hacia Dev.
—No puedes tenerla.
—¿Perdón? —preguntó Dev en un tono ofendido.
Recorrió a Dev con una mirada desdeñosa.
—Si te dejo tener a Samia, Lazaros la matará. Dolorosamente. Créeme, os estoy haciendo un favor a los dos manteniéndola aquí.
Dev negó con la cabeza.
—Yo puedo protegerla.
—Y estás haciendo un trabajo realmente admirable en ello. Si yo fuera Samia, estaría encantadísima por tus cuidados.
Su tono era tan condescendiente que Dev necesitó de todo su autocontrol para no lanzarse a por su cuello.
Thorn ignoró la furia de Dev y continuó hablando.
—Arrogancia… Como me encanta el sonido de la estupidez desenfrenada después de un largo y deprimente día. —Levantó su copa y la hembra demonio se acercó para llenarla con algo que parecía más sangre que vino—. Dile a tu oso, Lobo, que no está equipado para enfrentarse contra nuestros enemigos.
—Lo intenté, Thorn, no escuchará.
—Lástima que nunca lo hacen. Al menos no hasta que es demasiado tarde para hacer algo más que reunir sus restos. —Thorn bebió un sorbo de su bebida mientras sus ojos cambiaban de un espeluznante verde a un amarillo brillante que hacía juego con algunos de los ojos de dragón que continuaban mirándolos fijamente—. ¿Saben cuál es el problema de ver el futuro?
—¿Te quedas sin bancos suficientes para guardar todas tus ganancias de lotería?
Thorn emitió una risa corta y seca ante el sarcasmo de Dev incluso mientras Fang aspiraba aire con fuerza y le dirigía una mirada de advertencia a Dev.
—No puedes eludir al libre albedrío. Esa es la maldición de tu existencia.
Dev puso las manos sobre las caderas.
—Gracioso, siempre pensé que el libre albedrío era un regalo.
podrías pensarlo. Lo que prueba lo ingenuo que eres.
 Quizás era ingenuo, pero ahora mismo este gilipollas estaba empezando a cabrearle con su teatro y sus advertencias de película clase B. Era todo lo que podía hacer para no lanzarse a estrangularle.
Como si presintiera su intención, Fang le puso una mano sobre el hombro para recordarle que la cautela era la clave para obtener lo que quería de Thorn. Si era como Savitar, agredirle abiertamente podría causar la muerte de Sam.
Por ella, y sólo por ella, se acorralaría el temperamento.
Fang se aclaró la garganta.
—Me dijiste una vez que hay más de una clase de muerte.
Thorn saboreó un largo trago antes de responder.
—En efecto.
—Entonces, ¿qué clase de muerte tendrán ellos?
Una de las comisuras de la boca de Thorn se arqueó hacia arriba.
—Sabes que no puedo responder a eso, Lobo. Bueno, podría…pero eso podría cambiar las cosas y eso apestaría. Podría no hacerlo, pero ¿quién soy yo para alterar esas posibilidades? —Miró por encima del hombro—. Shara, sé un amor y ve a buscar a nuestros dos últimos huéspedes aquí, en el Hotel California.
—Puedes entrar cuando quieras, pero jamás puedes irte...
La referencia a la canción de los setenta de Eagles no se le escapó a Dev.
¿Cuál es su problema? gesticuló Dev a Fang.
Los ojos de Fang se abrieron a modo de advertencia para que se comportara, algo que era prácticamente imposible para alguien que vivía para irritar a los demás.
Thorn se puso de pie.
Dev dio un paso atrás, no por miedo, sino por respeto. Había una sólida aura acerca de él que era antigua y letal. Algo que decía que a pesar de sus impecables modales y habla, era mucho mejor rajando gargantas que conversando. Y por alguna razón, Dev tenía una imagen de él envuelto en llamas.
Thorn miró a Dev.
—Disculpa mi descortesía. Les ofrecería a ambos algo de beber, pero confía en mí, no queréis nada de lo que tengo. Jamás.
Okey, lindo jefe, Fang. Este tío no era Acheron. Era espeluznante como la mierda y definitivamente chiflado. Dev nunca había pensado que conocería a alguien que haría parecer a Ash y a Savitar normales, pero Thorn…
Que los dioses les ayudaran si ellos alguna vez combinaban fuerzas…
Y eso le hacía preguntarse que podría haber hecho Thorn con Sam. ¿Estaba ella a salvo?
No la he herido. Palabra de Scout”.
El se tensó ante el sonido de la voz de Thorn en la cabeza. Le buscó con la vista y encontró una mirada de complicidad en el rostro de Thorn.
Si, Oso, lo escucho todo, y Sam está bastante a salvo”.
Dev apretó los dientes, recordándose a sí mismo mantener los pensamientos a raya debido al extraño poder de Thorn.
Unos segundos más tarde, Shara regresó con… Dev no estaba seguro de qué eran esos dos. A primera vista, parecían Daimons, pero había algo más. Otra capa de poderes que no tenía sentido alguno.
Thorn los señaló con su copa.
—Amaranda. Cael. Conozcan a Fang, que es uno de sus colegas, y a su cuñado, Dev.
Amaranda era una criatura extraordinaria. Con un vestido de verano rosa pálido, su piel morena desmentía su raza nocturna. Y con un aura salvaje que podría hacerle la competencia a Thorn, Cael estaba vestido con un chaleco negro sin camisa debajo y un par de pantalones rasgados.
La mirada de Dev fue directamente a la marca de doble arco y flecha expuesta en la cadera de Cael.
—¿Eres un Dark‑Hunter?
Cael le dedicó una sonrisa con colmillos.
—Algo así.
Ajá… Dev estrechó la mirada sobre él mientras sus defensas se ponían a toda marcha.
—¿Qué tipo de Dark‑Hunter?
Thorn emitió una risa siniestra antes de explicar.
—Un Dark‑Hunter que estúpidamente se enamoró de una Apolita que lo convirtió en Daimon para salvar su vida. —Se volvió hacia Fang—. ¿Ves el porqué traté de decirte que el amor es más siniestro que cualquier cosa que yo jamás podría hacer? Estoy convencido de que esa es la razón de que el anillo de bodas de Acheron sea negro con calaveras y huesos cruzados sobre él. —Hizo una pausa para dirigirle a Fang una mirada mordaz—. Pero tú tampoco me escuchaste. —Indicó a Amaranda y a Cael con un movimiento de la barbilla—. No podía soportar ver a tan buenos guerreros desperdiciados así que los tomé bajo mi ala.
Dev tenía la sensación de que ser tomado bajo el ala de Thorn sólo era ligeramente mejor que ser atropellado por un camión Mack que luego diera marcha atrás sólo para asegurarse.
—¿Cómo es eso?
—Nos salvó —dijo Amaranda—. Estábamos huyendo de mi gente y de la de Cael.
Dev le dirigió una mirada seca.
—¿Te parece? Ustedes viven de almas humanas y la gente tiende a cabrearse un poquito por ello. Malditos bastardos podridos. No puedo imaginar por qué eso sería una mala cosa.
Cael se tensó como si quisiera golpear a Dev por atreverse a usar el sarcasmo contra su mujer.
—De hecho, no tocamos humanos y nunca lo hemos hecho. Nos alimentamos de demonios corruptos. Son mucho más aceptables para todos los involucrados. Menos calorías. Llenan más.
Oh, ahora se sentía estúpido. Cael tenía razón. Nadie podía culparle por esa comida.
—¿Así que ellos son Hellchasers como yo? —le preguntó Fang a Thorn.
Thorn le saludó con su copa antes de dársela a Shara para que la retirase.
Fang intercambió una mirada confundida con Dev.
—Pero, ¿por qué están ellos aquí?
Thorn chasqueó la lengua.
—Estás preguntando cosas que están por encima de tu grado de pago, Lobo. Retírate y no te preocupes por eso. Todo lo que necesitas saber es que ellos son tus compañeros de juego. Comparte la caja de arena o sé azotado por no hacerlo.
Pero Dev aún estaba completamente confuso.
—¿Cómo puede Cael servirte a ti y a Artemisa?
Thorn se burló de eso.
—A Artemisa no le importa si es de un modo u otro, especialmente no ahora.
Dev estaba sorprendido por su actitud arrogante. La diosa podía ser extremadamente cruel cuando te atravesabas en su camino.
—¿Qué quieres decir?
Thorn le dio una palmadita en el hombro.
—¿Quieres seguir discutiendo sobre ellos o preferirías hablar sobre tu novia y su futuro bienestar?
—Sam no es mi novia.
—Mi error entonces —Thorn dio un paso atrás—. La pondré en libertad bajo tu custodia ya que eso es lo que los dos quieren. Yo creo que ambos son unos jodidos idiotas. Pero es su elección. Dios no quiera que alguna vez yo interfiera con el libre albedrío.
En lugar de alivio, un temblor de aprensión atravesó a Dev.
—¿Así de fácil?
Thorn se rió.
—Nada es nunca así de fácil, Oso. Stryker quiere a tu cariñito para así poder destruir el mundo tal como lo conocemos. Arrogantemente proclamas que puedes protegerla mejor de lo que yo puedo hacerlo, incluso cuando yo comando un ejército y vivo en un sitio al que ellos no pueden llegar. Yo digo que deberíamos poner eso a prueba. La mejor bestia gana y todo eso.
A Dev se le pusieron los pelos de punta mientras las sospechas crecían. Tenía que ser un truco. No confiaba en Thorn lo suficiente ni para parpadear en la misma habitación que él, la comadreja era demasiado astuta.
Espera por ello… Definitivamente había un truco por venir.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó Dev.
Thorn chasqueó los dedos y un portal se abrió en la pared.
—Tengo una tarea para ti, Oso. ¿Alguna vez has oído del cinturón de Hipólita?
—¿Por el que Hércules tuvo que luchar contra las Amazonas para obtenerlo?
Thorn inclinó la cabeza hacia él casi con respeto.
—Una simplificación esperada, pero sí. Es ese por el que Hércules tuvo que luchar para reclamarlo. Y no sé si te habías dado cuenta de esto o no, pero resulta que Samia es la prima de Stryker.
Ahora, ese era un intrigante cotilleo fuera de tema que Dev realmente no esperaba oír, y no estaba seguro de que no lo hubiese malinterpretado.
—¿Qué quieres decir?
Thorn habló más lentamente, de nuevo en ese tono paternalista que hacía que Dev quisiera enterrar su puño directamente en la mandíbula del hombre.
—Hipólita, la abuela de Sam, ¿la legendaria reina Amazona? Su padre era el dios de la guerra, Ares. Ya que Ares es el bisabuelo de Samia, eso hace que Stryker y ella sean primos, por así decirlo.
Eso explicaba un montón sobre las habilidades de lucha de Samia.
—¿Sam sabe esto?
—Yo esperaría que ella supiera quién es su bisabuelo. Eso no fue nunca un secreto. Hipólita estaba bastante orgullosa del hecho de que era una semidiosa.
Dev no podía culparla. Él lo hubiese difundido también si pudiese afirmar tal cosa, pero nada de eso era importante para lo que estaba pasando ahora mismo.
—¿Qué tiene eso que ver conmigo?
—Realmente nada, excepto que después de que Hércules robara el cinturón éste cayó en manos de los hombres por un tiempo, porque creían que impregnaría al portador con ciertos poderes.
—¿Es así?
Los ojos de Thorn se tornaron de un rojo intenso.
—Sí y no. Parece que una pieza vital de la historia nunca fue contada.
—¿Y esa sería?
—Que el portador debe ser un descendiente directo de Hipólita para que funcione. —El tono de Thorn cambió del caballero refinado al profundo y barítono demonio—. Quieres a Sam de regreso… consíguele ese cinturón para que pueda protegerla y la dejaré ir contigo.
Oh, sí. Esta misión iba a ser una dura rival para aquella en la que su hermana le pidió ayuda cuando había querido sacar a Fang del infierno de los demonios.
—¿Y dónde está ese cinturón?
Sin duda estaba en un lugar que apestaba, era caliente, y más letal que una granja de veneno de cobra.
Thorn emitió un profundo sonido de agravio.
—¿Qué? ¿Quieres que te dibuje un mapa? ¿Qué te lleve de la manita y te señale donde está como un perro de caza?
El chasqueó los dedos. La pared a su izquierda titiló antes de que un reloj gigante negro de resina apareciera. Su rostro era el de un dragón con vibrantes ojos rojos que curiosamente hacían juego con los de Thorn. Sus manos eran las alas del dragón.
El irritable anfitrión de Dev señaló el reloj.
—Tienes un día, Oso. Veinticuatro horas desde este mismo segundo. Regresa con el cinturón o Sam se quedará aquí… igual que tú. —Hizo una pausa antes de añadir la condición final—. Para siempre.
Ese era un largo tiempo para permanecer en cualquier sitio y Dev tenía la sensación de que Thorn no iba a hacer su estancia aquí como un paseo a Disney World, a menos que uno contara la tortuosa parte de Piratas del Caribe.
—¿Y si me niego a jugar este juego?
Su expresión era siniestra y fría como el hielo.
—Ya lo estás jugando. Te detienes ahora y te echaré, y Sam se queda aquí hasta que el infierno se congele. Tal vez incluso un día o dos después de eso.
A Dev no le gustaban las condiciones propuestas, quería agarrar a Thorn y bajarle los humos. Sabía que él no asustaba al señor demonio, pero sabía de una persona que a lo mejor podría.
—Acheron probablemente tendrá algo que decir al respecto.
Thorn arqueó una real ceja.
—¿Vas a ir a llorarle como un bebé con un juguete roto para que te lo arregle?
Dev dio un paso hacia adelante y le hubiese atacado por ese comentario si Fang no le hubiese retenido e impedido el ataque suicida.
—No lo hagas —susurró Fang.
No lo hagas, mi culo.
Sin embargo, hizo que el sentido común le volviese a funcionar. Muerto, no podría ayudarla en absoluto. No podría hacer mucho por sí mismo, tampoco.
Y ese sentido común le rogaba que le dijera a Thorn que se metiera por el culo esa parte de su cuerpo que estaba seguro Thorn mantenía apretada lo suficientemente fuerte como para formar un diamante.
Una imagen del hermoso rostro de Sam le destelló en la mente. A ella no le gustaba estar rodeada de cosas desconocidas. Por encima de todo, no querría estar encerrada en una jaula, sin importar cuán doradas fueran las barras que la rodeaban, al igual que no le gustaría a él.
—Entonces, ¿qué vas a hacer, Oso?
Dev levantó la pierna y se dio una palmada en el muslo sarcásticamente.
—¡Córcholis! Voy a escoger la puerta Número Dos, Bob. Ya sabes, ¿la que invita directamente al suicidio con un lado de mutilación y dolor? Alista mi peludo culo para esa y no llegues tarde.
Fang maldijo mientras Cael reía.
Cael intentó poner una expresión seria, pero no pudo.
—Es una maldita pena que vayas a morir, Oso. Realmente creo que podríamos haber sido amigos.
Había diversión en los ojos de Thorn, pero el resto de él no movió ni un músculo.
—Tienes cuatro pistas para encontrar la ubicación —miró el reloj—. Las manecillas están corriendo.
—¿Me vas a dar las pistas, viejo? ¿O las tengo que adivinar?
Thorn le dio una palmadita en la mejilla como haría un profesor con un niño travieso.
—Con una vista clara de los bancos de los Campos Elíseos, las mentiras ocultan el cinturón desde lejos. En el borde de la noche más oscura, la posición llenará tu vista. Para ver lo que nunca fue encontrado, mira alrededor del círculo. Para reclamar lo que los dioses robaron, debes hacer frente al más poderoso remolino.
Dev tenía la repentina urgencia de sacarle a golpes la satisfacción del rostro.
—Sabes, la migraña que tendré por todo eso realmente no me ayudará a encontrar el lugar.
—Tienes tus pistas, Oso. Buena suerte.

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