viernes, 6 de enero de 2012

BRM cap 22

Unas semanas más tarde, Fang todavía no se había marchado.
Soy un majara total.
No, era un retrasado mental y no podía hacerse a la idea de abandonar a Aimee. Prefería quedarse allí y ser desdichado en donde, al menos, podía abrazarla cuando nadie estaba alrededor antes que irse y ser completamente desgraciado sin ella.
Pero cada día que se quedaba, era peor.
Thorn había estado en lo cierto. Había todo tipo de mierda fraguándose en el Santuario. A Wren le habían echado a la calle después de que se hubiera juntado con la hija de algún político y ahora los Peltier y el Omegrión entero estaban que ardían tras el tigre para matarle por algo que su propio primo había dicho en la última reunión del consejo.
Nicolette estaba convencida de que el niño era una amenaza para su preciosa familia y Aimee estaba empeñada en que todo era un malentendido. Madre e hija habían estado peleando por eso constantemente y hubo un momento o dos en que Fang casi había ido por la garganta de Nicolette por la forma en que le hablaba a su hija.
«Por favor, Fang. Déjale ir. Es mi madre y la amo.» Eso fue todo lo que Aimee alguna vez dijo, pero era difícil no hacer nada mientras su madre la trataba como una mierda.
En lo concerniente a Wren, Fang estaba de acuerdo con Aimee en que eso tenía el regusto de los parientes lejanos de Wren intentando echar mano a su herencia. Pero no había manera de demostrarlo. Ahora mismo estaban los de su sangre buscando implacablemente al tigre y una manada de tigres le acechaban.
Fang lo sentía por él y esperaba lo mejor en lo que a Wren se refería.
Esa noche él estaba sirviendo en la barra con Sasha, Etienne, Colt, y Cherif. De todos los hermanos Peltier, Dev era su favorito, pero Cherif era el segundo más cercano. Cherif carecía de la actitud desagradable de Remi. En cambio, tenía un aura de malencarado que pregonaba que no tenía que forzarse o intimidar para reinar absolutamente.
Simplemente era así, y muerte a cualquiera que quisiera echarlo abajo de aquel trono.
Sasha era otro Katagari Lykos que se quedaba ahí de vez en cuando, dependiendo de su humor. El último sobreviviente de su manada, era técnicamente el guardaespaldas de una diosa. Pero ya que su diosa se había casado, sus deberes habían sido aligerados, lo que significaba que siempre que se aburría, venía a pasar el rato con el resto de los animales en el Santuario.
Alto y rubio, Sasha tenía un carácter desagradable y un sarcasmo cortante que podía, definitivamente, apreciar. En conjunto, a Fang le gustaba el otro lobo, pero la naturaleza de su especie hacía que les resultara difícil estar alrededor el uno del otro demasiado tiempo. Puesto que no eran de la misma manada eran extremadamente territoriales allí.
El gemelo de Kyle, Cody, estaba sentado en la barra al lado de Sasha, bebiendo una Coca Cola. Se atragantó con su bebida.
Frunciendo el ceño, Fang se volvió para ver qué lo había desencadenado. Su mirada penetrante se concentró en Aimee que llevaba una ajustada camiseta de tirantes y un par de vaqueros cortos que eran demasiado cortos.
—Ah, demonios no —dijo antes de que ni siquiera pudiera pensarlo—. No vas a trabajar con eso.
Cherif estuvo de acuerdo.
—¡Escucha, escucha! Lleva tu culo de vuelta escaleras arriba y cámbiate antes de que Mamá o Papá te vean.
Ella les dirigió a todos una mirada echando chispas a lo «iros al diablo».
—¿Es que habéis nacido en el sol? Hace un calor sofocante aquí y a diferencia de vosotros perdedores, soy yo la que tiene que ir de acá para allá con los pedidos.
Fang se burló.
 —Entonces alégrate de que no te pongamos una parka.
Ella lo miró con los ojos entrecerrados.
 —No tienes ninguna autoridad sobre mí, lobo. —Le dio un recorrido a su hermano con una mueca en los labios—. Y tú incluso menos.
Cherif sacó el teléfono de su bolsillo.
—Voy a llamar a Mamá. Ahora mismo.
Ella le siseó:
—Te odio. Te juro que un día te voy a envenenar la comida. —Entonces volvió su furia hacia Fang—. Y no pienso hablarte durante el resto de la noche.
Por él estupendo, mientras ella se cubriera. No pensaba tenerla paseándose alrededor de esa manera con el cuerpo que tenía. Ya tenían bastantes problemas manteniendo las manos de hombres y animales fuera de ella.
Cherif sostuvo su botella de cerveza en alto hacia Fang.
—Ahí tú, hermano.
Riéndose, Fang sostuvo la suya en alto para entrechocar el culo de las botellas en un brindis de solidaridad contra la moda femenina común que sólo se veía bien en una mujer con la cual no mantenías una relación.
—Oye, Fang, tienes una visita.
Frunció el ceño ante la voz de Dev en su auricular.
—¿Vane o Fury?
—Ninguno.
Fang posó su botella mientras fruncía el ceño. La única otra persona en la cual podía pensar sería Thorn, pero Thorn no entraba por lo general por la puerta principal.
Su respiración se atascó mientras un dolor abrasador le atravesaba el hombro donde estaba la marca de Thorn.
¿Qué demonios?
Tratando de no mostrar el dolor, exploró la estancia hasta que sus ojos cayeron sobre Varyk. No sabía cómo lo conocía, pero el nombre saltó en su cabeza como un faro.
Vestido con un traje de lino ligero y con su pelo inmaculadamente peinado, parecía tan fuera de lugar allí como Fang parecería en el yate de lujo de un millonario.
Sacándose el auricular y apagándolo, Fang se encontró con él en la mitad de la barra.
—¿Qué haces aquí?
Antes de que Varyk pudiera contestar, Sasha estaba allí, parecía como si estuviera contemplando un fantasma.
—¿Sobreviviste?
La mirada de Varyk se dirigió a él despacio. A diferencia de Sasha, sus rasgos estaban completamente sin expresión.
—Traidor.
Había bastante veneno en aquella única palabra para abastecer a un ejército de cobras.
Sasha soltó un gruñido profundo y desnaturalizado.
—No traicioné a nadie.
Por la cara de Varyk era obvio que no creía ni una palabra de ello.
—Y aún así sobreviviste mientras el resto de nosotros era cazado en la tierra.
—Para esatr muerto, te ves terriblemente bien.
—Hay más ironía en esa declaración de la que te das cuenta, tramposo. Ahora sal de mi vista antes de que decida que matarte es más importante para mí que las leyes pamplineras de Savitar.
Sasha comenzó a alejarse, luego se detuvo.
—Lera tomó su decisión basada exclusivamente en mi edad.
—Y mi hermano era más joven que tú y a pesar de eso fue sacrificado. Sal de mi presencia,
Sasha, o pierde la vida.
Sasha se marchó.
Fang no habló hasta que el lobo se hubo marchado.
—¿Qué os pasa a los dos?
Varyk, obviamente era uno a quién no le gustaba explicarse, se encogió de hombros dejándolo de lado.
—Historia pasada. Tú, sin embargo, eres mi presente.
—Ah, bueno. ¿Tengo que llevar puesto un lazo?
Su cara no mostró diversión, Varyk sacó un retazo de tela.
—¿Reconoces el olor?
Fang captó la bocanada, incluso antes de que se lo pusiera en la nariz. El hedor era inequívoco y le hizo salirse de sus casillas.
 —Misery.
Él asintió con la cabeza.
—Escapó. No puedo encontrarla. He alertado a Wynter y ahora te aviso a ti. Estoy seguro de que está en el cuerpo de algún otro. La pregunta es... en cuál. Mantén tus ojos abiertos ya que la pones cachonda. Esperamos que entre en contacto o la joda de modo que podamos encontrarla y devolverla a donde pertenece.
—Estaré atento por ella.
Varyk inclinó la cabeza antes de darse la vuelta y dejar la barra. Fang se colocó de nuevo el audífono y lo encendió mientras Varyk se detenía en la puerta donde Dev estaba plantado.
—Siento la necesidad de una alfombra de piel de oso.
Dev se mofó.
 —Qué gracioso. Yo pensaba que la cabeza de un lobo quedaría bien en la repisa de mi chimenea.
—Vigila tu espalda, oso.
—Tú mejor vigila tu frontal. Quiero ver tu cara cuando te derribe.
Varyk lo apartó en su salida por la puerta.
Fang sacudió la cabeza.
Dev presionó su auricular más profundo.
—¿Qué quería de ti, Fang?
—Nada. Sólo asuntos de lobos.
Incluso a esa distancia, podía ver la mirada furiosa de Dev. Ignorándola, Fang volvió a la barra donde Aimee había vuelto. Ahora vestida con una camiseta y vaqueros, todavía le ponía duro.
Pero al menos no podía quejarse de ese atuendo.
—Mucho mejor.
Agarrando rápidamente su bandeja del mostrador, ella le gruñó:
—Cállate la boca, lobo.
—Uy —dijo Cherif cuando ella se alejó con paso airado.
Fang habría ido tras ella, pero no podía con la mitad de su familia mirándolos En cambio, proyectó sus pensamientos a Aimee.
¿Sabes qué? Voy a dirigirme a aquella mesa de colegialas que han estado mirándome toda la noche como si fuera el último trozo de filete en Nueva Orleáns, y a hablarle a aquella pequeña pelirroja. ¿Qué te parece?
Aimee miró la mesa y se puso rígida.
Te sacaré los ojos.
Entonces ¿por qué estás haciendo que me enfade por ti?
Ella tuvo la decencia de parecer un poco avergonzada mientras limpiaba una mesa.
Porque eso es diferente.
No lo creo así.
Ella le sacó la lengua antes de irse a tomar un pedido.
Fang soltó una carcajada.
Aimee trató de ignorar a Fang mientras se dedicaba a su trabajo. Esa noche andaban un poco faltos de personal, que era por lo que estaba allí abajo en vez de leyendo arriba. Matt había llamado diciendo que estaba enfermo y Tara estaba actuando de un modo extraño. Aimee vio ahora mismo cómo ella confundía los pedidos, lo cual no se correspondía en absoluto con su carácter.
Aimee se acercó a ella cuando ésta se encaminaba de vuelta a la cocina con un plato de pollo frito.
—¿Algo va mal, chica?
Tara sacudió la cabeza.
—Sólo estoy cansada y ésta gente es imbécil. ¿Te he dicho alguna vez cuánto odio la vida?
Aimee resopló.
—Aproximadamente tanto como yo lo hago la mayoría de los días.
—Lo sé. Es sólo que... —Hizo una pausa para mirar hacia la barra donde los hombres estaban reunidos—. Fang me pone los pelos de punta.
Aimee no podía haberse quedado más asombrada si le hubiera lanzado el plato de pollo encima.
—¿Fang?
Tara asintió con la cabeza.
 —No me gusta el modo en que me mira.
—¿Fang? —repitió Aimee, incapaz de creer esa discusión.
¿Es que a la chica se le había ido la olla?
Drogas... definitivamente drogas.
—Sí, Fang. —Tara tembló—. Sus ojos siempre están sobre mí. Como si fuera a atacar o algo así.
Aimee frunció el ceño al volver la vista hacia Fang, quién estaba de espaldas mientras hablaba con Colt. No parecía que tuviera ninguna preocupación o interés por ellas en absoluto.
—Estoy segura que no tiene ninguna intención de ello.
—Sí, vale. Ya sabes que él tenía a una chica arriba anoche.
El estómago de Aimee se le cayó hasta el suelo ante lo que Tara estaba implicando. Sus hermanos habían construido un cuarto insonorizado que en teoría era un lugar para poner a cualquiera que tuviera problemas con sus poderes mientras se le mantenía fuera de la vista del público. En realidad, se había convertido en un lugar donde cualquiera de los guarros de sus hermanos solteros, podían pasar el rato con cualquier mujer que captara su interés.
—¿En el armario?
—Sí. Los oí.
Durante un momento, Aimee dudó. Luego se negó a creerlo. Fang no era un putero como Dev. Además, había estado con ella después de que todos se habían acostado anoche y podía atestiguar el hecho de que él había terminado rígido y necesitado de «una manita» de ella.
Dio unos pasos alejándose de Tara, y usó sus poderes de ponerse en contacto con él.
¿Oye, guapo? ¿Estuviste molestando a Tara?
¿Quién es Tara?
La camarera de detrás de mí.
Fang se giró para mirar. Pareció tan perplejo como ella se sentía.
¿Molestándola para qué?
Eso era exactamente lo que ella pensaba.
No importa, cielo. Era una estupidez.
Nunca había tenido conocimiento de que Fang mirara a otra mujer. Sólo tenía ojos para ella y, a diferencia de Dev, Etienne, y Serre, no era un jugador. Sabía eso.
Así que ¿A qué juego estaba jugando Tara?
Quizás se lo esté imaginando...
Ese era el argumento más probable.
Sacándoselo de la cabeza, Aimee volvió de vuelta al trabajo.

Fang salió del trabajo antes y se dirigió a su cuarto. Estaba rígido y dolorido por todas las horas que había estado en forma humana y necesitaba desesperadamente ser un lobo durante un rato. Se acostó en su cama en su forma real y suspiró.
Pero aún así, echaba de menos a Aimee. Podía oírla abajo en la barra y sentirla con su alma.
Cerrando los ojos, esperó a que ella se uniera a él.
Eran apenas pasadas las dos cuando apareció en su cama. Los dos habían estado compartiendo la cama durante las últimas semanas. Ella dormía como humana mientras que él mantenía su forma de lobo. Iban a “jugar” al cuarto de él, ya que ese estaba lo bastante alejado para impedir que cualquiera de su familia alcanzara a oírles. Pero dormían en el cuarto de ella por si acaso su familia llamaba a la puerta.
En el momento en que lo hacían, Fang destellaba fuera antes de que entraran. Era un juego peligroso el que jugaban.
Uno que significaría su vida si los pillaban, pero en su mente, eso era de más valor que eso.
Suspiró cuando ella acarició el pelaje de su cuello. Nada en el mundo se sentía mejor que el modo en que lo tocaba. Sus dedos hacían magia sobre su piel y pelaje.
Inclinándose hacia abajo, Aimee frotó su cara en su piel y le dio un apretón.
 —Te eché de menos.
Fang se volvió humano y rodó sobre sí. Completamente desnudo, la arrastró a sus brazos para abrazarla estrechamente.
—También te eché de menos.
Aimee suspiró de felicidad cuando sus labios tocaron los de ella. Aquel cuerpo fuerte y desenfrenado era todo lo que necesitaba en su vida. Y el impulso de escaparse con él nunca fue más fuerte de lo que lo era esa noche.
Sólo quería estar con él. Alargando la mano hacia abajo, le ahuecó y se rió por modo en que él se estremeció y suspiró.
Fang quería quedarse allí, así para siempre, cuando ella arrastró su mano bajando por la longitud de su polla. Aunque no hubieran hecho nada más que magrearse, estaba perdiendo rápidamente la paciencia en eso.
Quería mucho más, pero no quería presionarla en nada, sobre todo considerando el odio que sus padres se habían tenido el uno al otro. Si realmente fueran compañeros, entonces querría que ella le aceptara completamente sin reservas o duda.
Al relajarse en la cama, su sentido de demonio se activó. Hubo un ligero crujido en el corredor.
Preocupado porque fuera uno de sus hermanos, ladeó la cabeza y entonces maldijo.
Era Wren.
Y estaba aquí para matar a Nicolette.

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