Fang yacía en su cama como un lobo, su mente estaba atrapada por los poderosos demonios que se enfrentaban dentro de él mientras convertían su cuerpo aún más. Sólo era vagamente consciente de los sonidos del mundo exterior.
Ahora veía las cosas en infrarrojo mientras dormía. Cada diminuto insecto en su cuarto. Cada criatura que caminaba por delante de su cuarto en el corredor. Era consciente de todo a un nivel que nunca había imaginado, pero estaba incapacitado para responder. Parecía un espectador externo que no podía traspasar la vitrina sin importar con cuánta fuerza la golpeara.
—¿Fang?
Vane. Reconocería esa voz profunda de barítono en cualquier parte. Pero en la mente de Fang, Vane no era nada más que una silueta rojiza de pie al lado de su cama. Había una mujer con él. Una que olía dulce y del todo a humana. Ella se mantenía tan cerca de Vane que parecía arropada por él.
Fang trató de tender la mano a su hermano, pero no pudo. Era casi como estar de vuelta en el Reino de las Tinieblas donde sólo las voces podían alcanzarle. Sólo que ahora él no podía entender las palabras que su hermano le estaba diciendo. Éstas estaban desordenadas y mal construidas cuando él y la mujer las decían.
Agachando la cabeza, Fang suspiró cansadamente.
—¡Ay! ¿Qué va mal, lobito? ¿No puedes despertarte?
Fang se quedó rígido como una baqueta al oír la voz chirriante de un demonio.
—Alastor.
No sabía cómo es que conocía el nombre de la criatura, no obstante lo sabía.
Su cuerpo directamente adoptó el comportamiento de un depredador letal. Fang bajó la cabeza y miró al demonio acercarse con su visión periférica, preparado para abatirle con precisión mortal cuando llegara el momento.
Pequeño y nervudo, el demonio era feo y tenía la piel grisácea. Y lo peor, apestaba a azufre y sangre. Su nariz aguileña y la cabeza calva le hacían parecer una gárgola. En la oscuridad de su ensueño algo plateado destelló.
Fang reaccionó por instinto. Agarró la mano del demonio para ver una daga sostenida allí. Riéndose de la audacia, o más bien de la estupidez, envolvió su otra mano alrededor de la garganta del demonio y le levantó de sus pies.
En el momento en que lo hizo, vio los pensamientos de Alastor en su mente. Oyó a su propia madre convenciendo al demonio para que secuestrara a la compañera de Vane y se la llevara a ella, de modo que Bride no pudiera completar el ritual de apareamiento con Vane. Este era un pacto que su madre había hecho con el demonio para capturar a todas sus compañeras para impedir que tuvieran ni siquiera una pequeña posibilidad de ser felices.
O para ser más directos, para impedirles procrear y propagar sus naturalezas animales las cuales su madre despreciaba tanto.
Una furia cruda explotó en su interior.
—Tú, bastardo putrefacto —gruñó mientras la sed de sangre de su demonio se abría paso en su interior rugiendo a la vida.
Le dieron ganas de arrancarle la cabeza al demonio con sus manos desnudas y darse un banquete con sus entrañas. Nunca había experimentado algo como esto.
—Sólo estaba haciendo lo que me dijiste.
El lloriqueo de la voz del demonio fue como una silla chirriando a través del suelo. Provocó que los pelos de la nuca se le erizasen y no movió un dedo para contener su fiebre de sangre.
Antes incluso de que Fang se diera cuenta de lo que estaba haciendo, hundió los dientes en la garganta del demonio a fin de poder probar su sangre.
¡Para!
El sonido de su conciencia tuvo éxito en alcanzarle. Ahogándose en el líquido espeso que sabía cómo metal caliente, se obligó a retroceder. Alastor se deslizó hasta el suelo, sujetándose el cuello mientras patéticamente rogaba por su vida.
Una parte de Fang exigía que matase a la bestia llorona que estaba a sus pies. Era lo que se merecía. Pero la parte de él que era lobo rechazaba matar por placer.
Los Katagaria sólo mataban para proteger o defender. Nunca mataban por diversión.
Al menos no a menudo.
Pero el lobo en él tampoco podía dejar ir al demonio mientras Alastor plantease siquiera un atisbo de amenaza para su familia, la que los lobos mataron sin remordimiento.
—Tú da caza a alguno de nosotros o a aquellos a los que amamos de nuevo, y te juro que no me detendré hasta que te tengan que recoger en tantos trozos que pensarás que te han pasado por una trituradora.
Alastor se doblegó hasta el suelo mientras le agradecía su misericordia.
—Nunca cazaré otra vez, amo. Lo juro.
Y desapareció al instante.
Fang se enjuagó los labios que todavía estaban cubiertos de la sangre fétida del demonio. Maldijo por lo que había hecho. Pero lo peor, era el deseo que todavía sentía de causar dolor y matar.
El demonio era fuerte dentro de él y era duro resistirlo.
—No lo haré —se gruñó a sí mismo.
Jamás.
Él era un Were-Hunter, no un demonio, y no se abandonaría a ese infierno. No se convertiría en uno de ellos. Por nada. Sin importar la tentación o el hambre. Se mantendría firme.
¡Despiértate!
No podía. Un pánico frío le consumió al tambalearse por la oscuridad que no tenía forma o sustancia, buscando cualquier cosa que lo devolviera a su cuarto. ¿Le habría relegado Thorn de vuelta al infierno después de todo?
No, esto era peor que el Reino de las Tinieblas. No había cuevas o cualquier otra cosa aquí. Esto le recordaba a una marcha por un desierto interminable que no tenía bordes o límites. El paisaje era de obsidiana y no había tregua.
—¿Fang?
Oyó a Aimee llamándole, sin embargo no podía localizarla en el negrura opresiva. Eso fue aún más aterrador para él que estar encerrado allí.
—¿Aimee?
—¿Fang? Despiértate, cielo.
Aquella preciosa voz de sirena...
Si tan sólo ella pudiera encontrarle otra vez.
—¡Aimee! —gritó hasta que su garganta estuvo en carne viva, pero no pareció que, esta vez, ella le oyera.
¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podría haberle ocurrido esto de nuevo?
Algo le golpeó con fuerza detrás de la cabeza.
En un momento, estaba perdido en la oscuridad y, al siguiente, estaba en su cama con Aimee inclinada sobre él con sus rasgos deformados por el miedo y la preocupación.
Aimee comenzó a apartarse bruscamente mientras Fang cambiaba de lobo a humano, pero el pánico en los ojos de él la inmovilizó. Con respiración desigual, él se aferró a sus manos como si fueran una cuerda de salvamento para él y temiera que ella la retirara.
Esto la hizo sufrir por él.
—¿Estás bien?
La agarró con fuerza y tiró de ella hasta sus brazos donde la sostuvo en un abrazo aplastante.
Ella frunció el ceño al darse cuenta de que él estaba temblando por completo. Temiendo por él, envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo para ayudarle lo mejor que podía.
—¿Qué es?
—Nada.
Pero ella no era tonta. Algo había le pasado otra vez. Algo que él no quería compartir.
Fang la abrazó estrechamente, permitiendo que su olor y sus brazos le anclaran de vuelta en el mundo de la vida. Cerró sus ojos e intentó poner en orden sus nervios y su respiración. Parecía un idiota por actuar de esta forma…
Pero el trauma del Reino de las Tinieblas todavía estaba fresco e hiriente. No quería volver allí jamás. No quería irse a dormir jamás sin contar con un modo de regresar.
Con estrés postraumático y débil, lo que quería era sentirse seguro de nuevo. Pero era como si ya no tuviera ningún control sobre sí mismo. Ningún control sobre nada.
Era un sentimiento que odiaba.
Aimee se apartó de golpe para mirarle. Le posó la mano en la mejilla mientras exploraba sus ojos con su mirada penetrante.
—Has estado dormido durante dos días. Estaba empezando a preocuparme el que te hubieras perdido otra vez.
Se la quedó mirando con incredulidad. ¿Dos días? ¿De verdad había sido tanto tiempo?
—¿Qué?
Ella asintió con la cabeza.
—Hoy es Acción de Gracias y ya has dormido la mayor parte del día.
Fang sacudió la cabeza cuando aquellas palabras penetraron en él. ¿Cómo es que había pasado tanto tiempo y él no lo había sabido? Tenía la sensación de que sólo se había acostado para descansar.
Aimee frunció el ceño.
—¿No oíste cuándo Vane y su compañera entraron para hablar contigo un poco, hace rato?
—No —mintió, no queriendo admitir ante ella lo cerca que había estado de caer de vuelta en el estado comatoso en el cual había estado anteriormente—. ¿Están todavía aquí?
Las cejas de ella se alzaron mientras erguía la cabeza con recelo.
—¿No oíste el escándalo en el cuarto contiguo hace unos minutos?
—¿Qué escándalo?
Ella hizo señas en dirección a la pared donde un espejo gigantesco estaba montado. Era extraño que nunca hubiese mirado a través de él en su sueño. Sólo a través de la puerta.
—La compañera de Vane, Bride, tumbó a tu madre en el cuarto de al lado cuando Bryani vino aquí para matarte. Bride de hecho, la enjauló durante la lucha... ¿de verdad estabas dormido durante todo esto?
Se quedó pasmado con lo que Aimee describió. ¿Su madre había venido a por él?
¿Era por eso por lo qué había visto a Alastor?
Pero la parte más increíble era que un humano había derrotado a su madre... eso requería coraje y fuerza. Y un cargamento gigantesco de estupidez.
—Supongo que lo estaba.
Ella sacudió la cabeza.
—He oído de tipos con el sueño pesado antes, pero caramba, lobo. Tú eres especial. —ella dio un paso atrás—. Vane y Bride están todavía abajo si te apetece verlos antes de que se marchen.
Puede que tuviera sentimientos encontrados al respecto, pero su hermano necesitaba saber que él estaba vivo y de vuelta en el mundo real. Al menos por el momento.
Al paso que iba, podría ser succionado de vuelta al infierno en un abrir y cerrar de ojos.
Sin una palabra, Fang se vistió con una camiseta negra de manga larga y vaqueros antes de levantarse y casi caerse de nuevo. Se enganchó al poste de cama, aborreciendo el hecho de que todavía estuviera débil. Necesitaba su fuerza en plena forma cuanto antes.
Ella puso sus manos sobre él para estabilizar su equilibrio. Aquel toque inocente le quemó el centro de su ser. Cubrió la mano derecha de ella con su izquierda y le dio un apretón suave.
Aimee se detuvo ante la inusitada acción de Fang. Normalmente él la apartaría, le diría que estaba bien y le reñiría por tratarle como si estuviera indefenso. Aquello sólo le dijo lo agitado que se encontraba él por lo que fuera que le estaba ocultando.
Era un lobo fuerte y orgulloso.
Ella retrocedió para darle espacio mientras éste se encaminaba hacia la puerta y salía fuera. El hecho de que no usara sus poderes también fue muy revelador.
Aimee le siguió por el pasillo hasta la escalera y hacia la cocina que estaba animada con la actividad. Una de las pocas veces al año en que el Santuario estaba cerrado al público, Acción de Gracias siempre había sido una celebración para ellos, una época en que celebraban un banquete enorme. Todos los Were–Hunters que vivieron en la Casa Peltier se reunían para festejar y pasar el rato y, este año, también tenían a varios de los antiguos Dark–Hunters, y a Acheron y Simi, entre la concurrencia.
Todo el mundo reía y se divertía. Sus ovaciones resonaban en la cocina donde Cherif y Etienne servían más patatas y carne y añadían un montón de salsa barbacoa a las mismas, ya que Simi todavía debía tener hambre. Riéndose al pensar en la gótica demonio Caronte que podía comerse el peso de un elefante en comida, les devolvió el alegre saludo a sus hermanos mientras ayudaba a Fang en la puerta.
Hizo un alto allí mientras Fang siguió hacia la barra y la mesa donde Vane y Bride estaban sentados juntos y agarrados de la mano. Se mantuvo ahí de pie y se movió fluidamente, pero ella pudo sentir su daño e inquietud. Su cólera sepultada ante el hecho de que Vane no había estado allí para él.
—Buena suerte —susurró ella en voz baja. Esperaba que todo se resolviera entre ellos.
Su mirada se dirigió a Fury quién se quedó petrificado y parecía afligido en el momento en que vio a Fang erguido y en movimiento. Lo sentía por todos ellos, por la familia que ahora había recuperado una parte de ellos la cual estaba de vuelta.
Con un nudo en la garganta, ella exploró el cuarto en busca de su propia familia... Alain estaba sentado con Tanya y sus pequeños, alimentándolos con palitos de miel tratando de evitar que Zar se los robara en broma. A Kyle y Cody riéndose de algo que Colt había dicho mientras Carson les arrebataba una cerveza a los gemelos. Mamá y Papá se sentaban al lado, agarrados de las manos mientras se susurraban el uno al otro como dos adolescentes humanos deseando estar a solas y sabiendo que no podrían. Dev sentado conversando y riendo con Remi, Acheron, Jasyn, Quinn y Simi, mientras esta se abría paso ante un plato de pavo relleno y jamón.
No podía imaginar no tenerlos en su vida. Por todo, la familia era la familia, y con todo, Fang y sus hermanos, en este momento, recelaban los unos de los otros.
Esto le rompía el corazón.
Fang quería darse media vuelta y marcharse al darse cuenta de que todos los ojos en el Santuario estaban puestos en él. La mayor parte de ellos no tenían ni idea de que él se hubiera despertado y se sentía como un monstruo en un laboratorio donde todo el mundo trataba de entender lo que estaba equivocado en su ADN.
Pero él no era un cobarde.
Haciendo caso omiso del frío nudo en su estómago y envolviéndose los brazos alrededor, Fang mantuvo su mirada fija en su objetivo, su hermano y su compañera. Aun cuando Bride estaba sentada, podía decir que ella era alta y rellenita, justo como le gustaban a Vane sus mujeres. Con el pelo castaño rojizo y los ojos tan brillantes que bailaban llenos de vida, ella era exquisita. Y el amor en su mirada cuando miraba a Vane era algo excepcional. Algo que siempre debería ser apreciado y no hacer nunca mal huso de él.
A su hermano le había ido bien por sí mismo y eso sólo provocó que el nudo en su interior se apretara mucho más.
Fang hizo todo lo posible por ignorar a todos los demás Were–Hunter, a Acheron y a Simi mientras caminaba hacia ellos. Eran la única cosa que le importaba y cuando se acercó su cólera creció.
Fang odiaba lo que estaba sintiendo, pero no podía detenerlo. El resentimiento y la amargura aumentaban en su interior. Cómo se atrevía Vane a marcharse y encontrar la felicidad mientras él había sido torturado y maltratado. Las imágenes de los demonios golpeándole, de las heridas que le habían cortado profundamente hasta el hueso pasaban por su mente. Una vez más, recordó el hambre implacable y la sed que nunca había sido saciada. Los meses de penosa agonía.
Todo ese tiempo Vane había estado con Bride…
Apisonando su rabia, Fang le ofreció la mano a Bride en el instante en que llegó hasta ella.
Ella vaciló un momento antes de tomar la mano en la suya y él sintió el modo en que Bride tembló de incertidumbre. El olor de su nerviosismo era espeso en sus fosas nasales y el lobo protector en él deseó apaciguarla. No era culpa suya que él hubiera estado encerrado en el Reino de las Tinieblas. Era la compañera de su hermano y él la honraría como si no importara lo que estuviera sintiendo por dentro.
—Ella es hermosa, Vane. Estoy contento de que la hayas encontrado —le dio a su mano un apretón suave antes retirarse y encontrara la mirada conmocionada de Fury.
Al menos el bastardo tenía la decencia de parecer avergonzado. Bien que debería. Era todo lo que Fang podía hacer para no darle un puñetazo por reemplazarle en el afecto y la lealtad de Vane.
Pero la presencia de Fury en el cuarto no era ni de cerca tan ofensiva para Fang como lo era la de Stefan. Stefan que había sido el cabecilla que les golpeo a Vane y a él y que luego los encadenó al árbol para los Daimons se los comieran. Stefan quien había mandado matarlos. Obviamente las cosas habían cambiado mientras Fang había estado aislado.
Ahora, el grandísimo gilipollas de su padre estaba sentado a una mesa con toda la pinta de haber recibido una buena paliza. Sin duda, se la merecía.
Stefan rechazó encontrar la mirada penetrante de Fang.
Vane se puso de pie.
—¿Fang?
Fang no se detuvo en su camino de vuelta a la cocina. Tenía miedo de que si lo hacía, atacaría a su hermano por abandonarle en el Reino de las Tinieblas y la última cosa que quería era echar a perder la felicidad que compartían Bride y Vane. Vane merecía ser feliz y Fang no tenía ningún derecho a hacerle daño. Él sabía que Vane habría movido cielo y tierra para sacarle... si tan sólo hubiera respondido cuando Fang había llamado.
Dioses, sus emociones eran absolutamente bipolares y volátiles en lo que a Vane concernía.
Aquel dolor y daño todavía estaban en carne viva en su interior. Los meses de brutal supervivencia no podían deshacerse con un simple encuentro. Necesitaba tiempo para aceptar por lo que él había pasado.
A lo que se había relegado.
Con una sonrisa indecisa en su hermosa cara, Aimee le encontró en la puerta de cocina. La camiseta que llevaba ella hoy le quedaba un poco más ceñida al cuerpo y esto hizo que una onda viciosa de lujuria le consumiera. Gracias a los dioses algo anulaba su dolor.
Antes incluso de que se diera cuenta de lo que había hecho, alargó la mano hacia ella y puso su brazo por encima de sus hombros. Ella envolvió su brazo alrededor de su cintura y le ayudó a atravesar la cocina y a subir de vuelta hasta su cuarto.
Fang no habló en todo el camino subiendo la escalera de caoba mientras el olor a lavanda de Aimee le atrapaba.
Una vez en su cuarto, se tumbó devuelta en la enorme cama con baldaquín mientras ella le cubría con un edredón de alegre colorido.
Con mirada suspicaz, ella se colocó a su lado.
—Sé que algo malo te pasa, lobo. Tú nunca estás tan silencioso.
Fang resopló en un pobre intento humorístico. Probablemente no debería mencionar nada de esto y a pesar de ello se encontraba confiando en ella incluso contra su mejor juicio.
—Si mi madre está derrotada y Stefan está allí abajo en la barra con Vane y Fury y no están luchando a muerte... —no terminó el pensamiento.
Ya se había hecho una buena idea de lo que esto significaba.
Alguien estaba ahora a cargo de aquellos dos clanes.
Y ese no era él.
Esto le picó profundamente dentro. Las cosas habían cambiado tan dramáticamente y él se sentía absolutamente solo. Desvinculado. Aturdido. Pero sobre todo, profundamente traicionado. Tal vez debería haberse quedado en el Reino de las Tinieblas. Era obvio que aquí ya nadie le necesitaba. Vane había seguido adelante con su vida.
Su clan entero se había reestructurado bajo el mando de algún otro.
¿Qué iba a hacer él ahora? Se sentía perdido y odiaba esa sensación.
Aimee sintió la confusión de Fang y le hizo querer gritar por no poder ayudarle. No podía soportar sentirse tan indefensa. Sobre todo, no quería ver a sus familias separadas en el momento en que más se necesitaban los unos a los otros.
—Sabes que tu hermano te venía a ver cada día mientras estabas inconsciente. Incluso hoy, él se aseguró de venir a verte. Fury estaba aquí también.
—Lo sé.
Y aún así estaba tan triste.
Sin pensar, ella se acomodó en la cama a su lado y envolvió sus brazos a su alrededor para abrazarlo estrechamente. Era el único modo de consolarle que ella sabía.
Fang cerró los ojos mientras su corazón latía con fuerza por el calor de su abrazo. Nadie le había abrazado jamás de esta manera antes.
Nadie.
No había nada sexual en esto. Era un abrazo destinado a consolarle. Y ya podían tener los dioses misericordia de su despreciable alma, porque lo hizo.
Colocando su mano en la de ella, mucho más pequeña, sintió que algo dentro de él se rompía y en aquel momento, él supo una verdad que le asustó incluso más que el demonio que vivía en su interior.
Él la amaba.
Esto hacía que lo que él había creído que sintió por Stephanie, hacía todos aquellos años, fuera una farsa. Este no era el enamoramiento de un lobo joven fascinado con una hermosa loba que era codiciada por la manada. Esto era el ensangrentado y herido corazón de un animal que nunca había sido, en realidad, abierto antes.
Aimee había venido por él y había estado de pie a su lado cuando nadie más lo estuvo. Ella sola había luchado para salvarle del infierno.
Incluso ahora...
Que los dioses me ayuden. Él no debería sentir de esta manera. Debería echarla por la puerta y, a pesar de eso, no se sentía con valor para destruir la serenidad de ese momento con ella. La ternura dentro de él que su toque despertaba.
Por primera vez en toda su vida estaba en paz.
Sin una palabra, ella arrastró la mano hacia arriba para pasarla por su pelo. El cuerpo de él estaba al rojo vivo, recordándole el hecho de que había pasado literalmente meses desde que había estado con una mujer.
Y él la deseaba con una locura que le estaba consumiendo. Una locura que tenía que rechazar por el bien de ambos.
—Aunque estoy disfrutando enormemente de esto, Aimee, vas a tener que parar.
—¿Por qué?
—Porque te deseo tan endemoniadamente que casi puedo paladearlo.
Ella le derribó poniéndole boca arriba. Su mirada de un azul cristalino sólo se añadida a la necesidad en él por tenerla. Aquellos delicados dedos, tan suaves y reconfortantes, jugaban sobre sus labios mientras ella le sonreía. Entonces, ella hizo la cosa más asombrosa de todas, bajó su cabeza y le besó.
Fang gruñó ante su sabor. Ante el calor de su aliento entremezclado con el suyo al bailar sus lenguas juntas. Él se rindió a la magia de su boca.
Durante un momento, todos sus pensamientos se dispersaron.
—No —dijo él, retrocediendo—. No podemos hacer esto.
—Lo sé. Lo siento.
Besándole ligeramente en la mejilla, ella se levantó despacio y se colocó bien la ropa.
Su polla tiró bruscamente cuando los pechos de ella se marcaron aún más por aquella acción. Maldición, ¿es que ninguno de sus hermanos o sus padres le dijeron nunca que no se paseara por ahí de esa manera? Sus pezones estaban duros y perfilados de un modo que le torturaban todavía más que los demonios que tenía.
Dioses, saborear sólo uno de aquellos...
El lobo en su interior estaba salivando
—¿Estás hambriento?
Sí, lo estaba, pero no de comida.
—No. Estoy bien.
Ella asintió con la cabeza.
—Estaré en mi cuarto si me necesitas.
¿Desnuda? Él casi gimió en voz alta cuando aquella imagen pasó por su mente con una claridad que debería ser ilegal. Maldita sea su estampa, sal de mi cabeza. Pero la imagen de su cuerpo desnudo estaba ahí y esto le levantó ampollas.
Tan pronto como ella se marchó, posó su mano en su polla para intentar aliviar un poco el dolor que ella había causado. No sirvió de nada. Estaba tan duro, que podría remachar un clavo con su erección.
—¿Qué voy a hacer?
Si la tocaba, violaría todas las leyes del Omegrión y la familia de ella fijaría sus pelotas al espejo que colgaba sobre la barra.
Así que, se aguantaría. El quejarse... no le daría lo que él realmente quería, lo cual era estar dentro de su cuerpo pecaminosamente delicioso.
—¿Fang?
Oyó la voz de Vane al otro lado de su puerta. Tirando de las sábanas sobre su regazo para esconder lo que Aimee le había ocasionado, suspiró ante la bienvenida interrupción, aún cuando temiera ver a su hermano otra vez.
—Entra.
Vane abrió la puerta.
—¿Qué tal?
Fang habría estado divertido con su inusual vacilación, pero ahora mismo poco podía producir una respuesta así por su parte. No mientras su cuerpo estuviera así de hambriento.
Un silencio embarazoso llenó el cuarto mientras se miraban el uno al otro.
Vane se apoyó contra la puerta cerrada.
—No me puedo creer que por fin estés despierto. De verdad pensé que te había perdido.
—Sí, bueno, tendrás que perdonarme por ser un gilipollas egoísta —Fang se encogió cuando aquellas palabras volaron de su boca antes de que pudiera detenerlas.
Vane se puso rígido al reconocer la cita.
—¿Me oíste?
Fang apartó la mirada, renuente a contestar. Entonces cambió de tema.
—¿Por qué está Stefan abajo?
—Markus ha caído y Stefan ya no es líder. Puse a Fury a cargo de la manada.
Fang no podía haberse cabreado más si su hermano le hubiera dado una bofetada. Sin embargo, eso es exactamente lo que él había hecho al poner a Fury como su líder.
Debería haber sido él.
—Él no es lo bastante fuerte para liderar.
—Con mi apoyo lo es.
Y con el apoyo de Vane, Fang no podía desafiarle por el liderazgo. Bueno, podría, pero esto rompería su unión y los debilitaría ante los demás, dejándoles accesibles al ataque. Que era exactamente lo que los otros lobos machos harían. Perfecto. Le habían suprimido completamente sus derechos de nacimiento.
Markus estaría emocionado.
Vane se adelantó con cautela mientras observaba la expectación solemne de Fang. Este no era el reencuentro que él había esperado cuando Fang finalmente salió de su coma. Había soñado con este momento una y otra vez. Fang despertando, contento de estar vivo. Su hermano abrazándole...
Pero algo era diferente ahora. Había un aire alrededor de Fang mucho más mortal que cualquier cosa que Vane hubiera sentido proveniente de él con anterioridad.
Su hermano estaba enfadado y había una amargura hacia él que no comprendía. ¿Por qué se sentiría así dado que él había puesto a Vane y Fury en esa situación?
—Has estado desconectado durante meses.
—Créeme, lo sé —sus ojos destellaron con malicia brutal.
Frustrado, Vane suspiró.
—¿Qué quieres de mí?
—Nada, Vane, sólo quiero que seas feliz.
Su boca podría haber dicho eso, pero su tono no. Vane trató otra vez de aliviar la tensión entre ellos.
—Lo soy. Finalmente. Bride es mejor de lo que nunca merecí. Y ambos tenemos un cuarto para ti en nuestra casa.
Fang hizo muecas ante su oferta.
—No sé. Vosotros estáis recién emparejados. La última cosa que necesitas es a tu hermano, el deficiente mental, asustando de muerte a tu mujer.
Era un comentario clásico de Fang. Una de las réplicas sarcásticas que Vane había estado ansiando oír a lo largo de todos esos meses pasados.
—Bride no se asusta fácilmente.
—Probablemente sea cierto si tú eres la primera cosa que ve por la mañana.
Vane se rió de su jocosidad. Su pecho se apretó al darse cuenta exactamente de cuánto había echado de menos a su hermano en realidad, mientras Fang había estado inconsciente. No había nadie más en el mundo como él.
—Te queremos con nosotros.
Fang se tiró de la cama como si estuviera a punto de atacar.
—No soy tu hijo, Vane —gruñó con una rabia inesperada—. No soy un niño. Soy un lobo adulto y realmente no creo que tenga sitio con tipos como vosotros.
Él asintió con la cabeza, pero se negó a echarse atrás. Sabía perfectamente que no debía dejar a Fang percibir sus emociones. Esto sólo haría al lobo en él más volátil.
Así que intentó cambiar de tema a algo más seguro.
—Hay algo más que tienes que saber sobre Fury.
Fang se burló:
—Él es mi hermano. Aimee ya me lo dijo.
Esto le sorprendió muchísimo. Exactamente, ¿cómo de íntimo era su hermano con la osa?
Eso no podía ser bueno.
—¿Quieres verle? —preguntó Vane.
—La verdad es que no. Por si lo has olvidado, nosotros dos no somos exactamente amistosos.
—Sí, lo sé. Pero él ha sido una gran ayuda protegiendo a Bride.
—Estoy contento de que lo tuvieras.
El tono de su voz desmintió aquellas palabras.
Vane frunció el ceño ante su actitud, que comenzaba a tocarle las pelotas. Había estado manteniendo su carácter bien sujeto, pero empezaba a deslizarse bajo el constante asalto del que no era merecedor.
Lo estaba intentando, pero Fang no hacía ningún esfuerzo en absoluto.
En cambio Fang siguió atacando y la parte de lobo de Vane se estaba realmente hartando de él.
—¿Por qué estás tan enfadado conmigo?
Fang estaba a punto de estallar por dentro. Su furia era volcánica y ansiaba arremeter contra Vane de la peor manera.
¡Tú me fallaste, gilipollas!
Pero ese no era el único veneno que ardía en su interior. Era el hecho de que mientras Vane le había fallado, él le había maldecido por estar atrapado. De manera que su hermano le había dicho cosas malas e hirientes.
Y totalmente inmerecidas.
Él quería sentir, ahora, el mismo amor y lealtad por su hermano que había sentido la noche en que Anya había muerto. Pero él ya no estaba allí, ni sobre todo, ese daño.
Fang no era el mismo y tampoco lo era Vane.
Reacio a luchar más cuando esto no cambiaría nada, Fang se retiró.
—Mira, todavía no me siento bien. ¿Por qué no vas y pasas el tiempo con tu compañera y Fury?
—¿Y tú? Tú también eres mi familia.
Sí, vale.
Lo gracioso es que él ya no se sentía así.
—Sólo imagínate que todavía estoy en coma. Estoy seguro que eso te resultará bastante fácil de hacer.
Vane retorció su cara con un gesto de disgusto.
—Ah, que te jodan, bastardo egoísta. ¿Sabes?, Fury y yo fuimos los únicos que te mantuvimos seguro mientras estabas en la cama, inútil para nosotros. ¿Y ahora te atreves a marcarte esa actitud conmigo? Eres un amargado de mierda.
Fang barrió a Vane con una risa de desprecio.
—Ya, como que tú no sabes nada sobre ser egoísta.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Me abandonaste para buscarte la cola y luego cuando no me levanté a tu orden, te aliaste con un bastardo que odias. No olvides que conozco tu amor por las correrías de Fury tan profundamente como el mío. ¿Dónde estaba tu lealtad en todo esto?
Vane lanzó su mano y empotró a Fang contra la pared.
—Mejor alégrate de haber estado enfermo o te haría tragar esas palabras.
Fang le sacudió con una onda de las suyas. Esto hizo añicos los poderes que Vane usaba para sujetarle y dejó a su hermano tambaleante mientras él quedaba libre.
—No eres el único que puede dominar la magia, capullo.
Vane alzó la vista desde donde había aterrizado en el suelo contra la pared con la consternación marcada en sus rasgos.
—¿Cómo hiciste eso?
—Hay mucho sobre mí que no sabes, adelphos. Da gracias que no quiero mostrártelo todo. Ahora sal de aquí.
Vane se puso de pie. No, este no era el mismo Fang con quien había atravesado una amarga infancia. Algo estaba seriamente mal en su hermano y no tenía ni idea del qué.
Pero si Fang no se lo decía, no había nada que pudiera hacer.
Se pasó la mano por la boca.
—Muy bien. Siéntate ahí y púdrete.
Cerró con un portazo cuando se marchó.
Aimee salió disparada de su cuarto ante el sonido y se detuvo en el corredor al verle.
—¿Estás bien?
—No, no lo estoy —Vane fulminó con la mirada la puerta cerrada mientras se imaginaba astillar tanto a ésta como abrirle la cabeza a Fang de par en par—. Estoy a un paso de matar a ese idiota.
—¿Fang?
—¿Es que hay otro aquí?
Con expresión aturdida, ella asintió con la cabeza.
—Un buen número bajo este techo, de hecho, y estoy emparentada con varios de ellos. ¿Pero por qué querrías hacer daño a tu hermano después de todo por lo que él ha pasado?
—¿Después de todo por lo que ha pasado? —se mofó Vane—. ¡ Por favor! Suenas como él. Lamenta haber yacido en la cama y haber sido alimentado en la boca, porque no podía enfrentarse a la misma realidad que el resto de nosotros tuvimos que encarar y le tare sin cuidado lo que nos ha estado pasando a Fury y a mí. Apenas sobrevivimos a la caza. He tenido que combatir a un demonio y a Daimons y…
—¿Y tú crees que Fang quería estar en aquel coma?
Vane le dijo con desprecio:
—Ya oíste lo que Carson y Grace dijeron. Podría haber salido de ello en cualquier momento de haber querido.
Aimee sacudió la cabeza.
—No, Vane, no podía. Créeme.
—¿Qué te crea? No —dijo cuando su amargura se incrementó profundamente dentro de él. Cómo se atrevía ella a apoyar a Fang—. Conozco a mi hermano mejor que nadie y sé exactamente lo egoísta que es. Todo de lo que se preocupa es de él mismo.
—Vane... estás equivocado. Fang no estaba en coma. Estaba atrapado en el infierno. Yo lo sé porque fui la que entró y le sacó de allí. Tú combatiste a un único demonio. Él combatió a cientos.
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